N/A:¡Gracias por su comentarios/alertas/favoritos a esta historia! Es maravilloso que se tomen el tiempo de leer más de cinco mil palabras por capítulo, (porque créanme que escribirlas es épico) Da gusto saber que les gusta AECSD :D

Espero no ir demasiado veloz; pero debemos recorrer tres años para llegar a lo que es la Introducción y posteriormente continuar en el Presente y de ahí hasta el final (¿Tengo sentido? -en verdad espero que sí...) Y también espero no haberme pasado de miel hoy, si así fue, pues me lo hacen saber ;)

No quiero aburrirles más, así que disfruten la lectura y pasen a saludarme al final!

Capítulo VII


Recibe la noticia algo tarde.

Desde esa última ocasión en el hospital, las cosas mejoraron con Peeta notablemente. No pudo, ni quiso seguir huyéndole y no se arrepentía; la verdad era que el joven panadero le hacía pasar momentos muy agradables. Y aunque ninguno volvió a mencionar ese momento íntimo del hospital, Katniss volvió a permitir que la buscara.

Por eso ahora mismo se halla en ese estado de ansiedad.

¿Por qué Peeta no le dijo que fue asignado a su primera misión en el distrito seis?

Según los rumores que escuchó la joven, los envían allá por al menos un par de semanas. ¿Es que Peeta no ha pensado en despedirse? ¿Qué no ha pensado en ella?

Cuando pide a la jefa de enfermeras que le permita ir con las doctoras más avanzadas; la mujer le niega el permiso, alegando que no la considera preparada para ir allá.

-¿Es que será peligroso? –pegunta lo joven con inquietud,

No recibe respuesta.

En cuanto termina su turno, está dispuesta para ir a buscar a Peeta y gritarle un par de cosas desagradables; pero en cuanto atraviesa las puertas del hospital, el joven agente ya la está esperando, como ha sido su costumbre por estos pocos meses.

-Hola, Katniss ¿cómo…? –la pregunta muere en sus labios conforme la joven se acerca a él. –Ya lo sabes –no es una pregunta, confirma que lo sabe.

-¿Cuándo pensabas decirme? –Quisiera hacer muchos reclamos; pero es lo único que puede decir para mantener el control de sus duras palabras. Su furia estalla cuando por segunda ocasión en el día, no recibe las respuestas que pide saber – ¡No pensabas hacerlo!

-Katniss no… –Peeta coloca sus brazos en los hombros de la joven, pero esta los aparta bruscamente.

-¡No me toques! –Grita y aunque el joven se ve repentinamente dolido, ella endurece su corazón porque es obstinada y está muy enojada con él ¿Es que no confía en ella? –No me toques –repite de nuevo antes de darse la vuelta y echar a correr sin rumbo alguno.

Extraña a su familia, extraña a Gale, extraña sus bosques, ¡Rayos! ¡Incluso extraña a esa bola de pelos que es Buttercup! De pronto se siente sola, tan sola, que sigue corriendo hasta que llega a algún punto de las orillas del campo de entrenamiento, en donde no hay muchas personas. Se aferra a la verja como si fuera lo único en el mundo que puede sostenerla y entonces finalmente deja escapar unas lágrimas que pronto se convierten en llanto.

Deja salir toda la pena acumulada por años; permitiendo que en la soledad su firme voluntad sea quebrantada. Sus sollozos sacuden su cuerpo y con ligeros temblores sus manos agitan la valla. Parece que todos a los que ama la abandonan.

¿Por qué? ¿Por qué esto le ocurre a ella?

Cuando logra tranquilizarse ya es oscuro, pero afortunadamente tiene buen sentido de la orientación y se vuelve a la zona donde queda su habitación.

Rue la está esperando con gesto preocupado, pero aun así corre a abrazar a su querida amiga – ¡Estaba tan preocupada! –Exclama llorosa. Los papeles se invierten y entonces es Katniss quien la consuela con ligeras caricias al cabello, así como tranquilizaba a Prim en las noches de tormenta; o en las veladas antecesoras a las Cosechas –Peeta vino a buscarte hace horas –al nombre del agente se sobresalta pero deja a la jovencita continuar –como no estabas y no llegabas fue a buscarte. ¿Qué ha pasado? –Dice alzando sus grandes ojos castaños.

Katniss deja salir un suspiro –hemos tenido un… desacuerdo.

-Pelearon.

-Algo así…

Entonces Rue recuerda algo que Peeta le ha rogado hacer –me ha pedido que te diera esto en cuanto te viera –rebuscó en sus desgastados bolsillos –aquí.

Es un trozo de papel rasgado. Como desdobla la nota ve la letra desigual y escrita con prisas. Tiene un mal presentimiento.

'Lo siento. No me has dejado explicarte. Salimos hoy en la noche. Te quiero.'

La última palabra escrita con cuidado, como si hubiera hecho una pausa antes de decidirse a escribirla.

-Katniss ¿Estás bien? –pregunta Rue con inquietud.

Es como la joven repara en que sus manos están temblando visiblemente.

Se va. Peeta se va esta noche y ella en su orgullo, no le ha dejado despedirse.

A pesar del cansancio por la carrera de la tarde, vuelve a salir presurosa para alcanzarlo.

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Peeta muerde sus labios conforme la fila de agentes avanza para subir al aerodeslizador que los llevará al distrito seis. Según las órdenes recibidas, deben ir a frenar el movimiento rebelde que se está queriendo levantar; mientras el capitolio aún tiene la oportunidad. Han sido enviados novatos junto con algunos agentes más experimentados para que sean enseñados en verdadero campo.

Es la oportunidad de aplicar lo aprendido; aunque Peeta hubiera preferido quedarse donde Katniss se encuentra. Empero no puede negarse a una orden directa porque caerían graves repercusiones sobre él. Únicamente le queda obedecer e intentar regresar a la base en una sola pieza y vivo.

¿Además no fue esto por la que se inscribió? ¿Para poder proteger a Katniss? Lo que aprenda estos próximos días, le ayudará para cuidar de Katniss en el futuro. Si es que ella lo perdona y se lo permite. El consuelo que recibe, es que ella no tendrá que ir a esta misión y ponerse en peligro.

La fila avanza lentamente, como si todos estuvieran renuentes a ir. Excepto un agente corpulento que alardea sobre sus habilidades en el manejo de las armas; alguien dice por ahí que se estaba preparando como tributo profesional pero como se cancelaron los juegos, fue el primero en alistarse con los agentes de la paz.

Peeta decide ignorarlo. Ethan tampoco ha sido escogido para ir a esta misión; su superior le ha dicho que lo considera irresponsable y pondría en peligro a los demás (Peeta fingió indignación, pero estuvo de acuerdo con su entrenador porque dos peleas que no eran suyas se lo demostraban)

Acaba de pisar la vertiente que lo subirá cuando la escucha gritar su nombre.

Pero Peeta no puede ir a su encuentro porque la rampa lo ha paralizado y aunque lucha con todas sus fuerzas, es como si lo hubieran magnetizado – ¡Katniss! –Puede susurrar mientras es elevado.

-¡Peeta! –Vuelve a gritar la joven tratando de alcanzarlo, pero es detenida por dos guardias.

-¡No puede avanzar más, señorita! –Le dice uno de ellos.

-Sólo quiero… Promete que regresarás… –dice pero él joven ya ha desaparecido de su vista. Es liberada.

-¡Eh, enfermera! ¡Que me duele el corazón! –Le grita el corpulento joven causando las risas de quienes están a su alrededor.

Katniss le hace una obscena seña con la mano antes de dar la vuelta e irse de ahí abatida.

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Los días pasan y ella está intranquila.

Madge no dice nada, pero intenta distraerla con lo que está en sus manos sin éxito.

Rue le saca pequeñas sonrisas, pero es lo único que obtiene de ella.

Las noticias dicen que el asunto se ha complicado un poco más de lo previsto y la tropa de agentes se verá obligada a permanecer por más tiempo. Esto solo le pone los nervios a flor de piel; provocando que ande distraída y rompa un par de frascos en su descuido. Como castigo es obligada a limpiar los lavabos del hospital durante toda la semana y por las noches.

Le da igual, de todos modos no ha podido dormir como quisiera. Las pesadillas han regresado con más fuerza, pero esta vez es Peeta a quien ve yacer en un aterrorizador charco de sangre.

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Peeta hace su mejor esfuerzo para mantener la cabeza fría, así como fue enseñado en el equipo de lucha cuando estaba en el colegio, sin embargo el panorama no se lo pone fácil cuando corre a través de edificios incendiados, gente gritando y cuerpos sangrando.

En sus pocos momentos de descanso, se dedica a recordar cada detalle que puede evocar de Katniss Everdeen; como los chistes que la hacen reír, las líneas que se forman cuando arruga la nariz, la delicada curvatura de su cuello, sus diferentes formas de fruncir el ceño. También piensa en la suavidad de sus manos, en lo débil de sus golpes cuando la hace sonrojar (aunque él le hace creer que en verdad le duelen). En como bailan sus ojos cuando se ríe con ganas, en la hebra de cabello que siempre escapa de su trenza (y como la suele acomodar tras su oreja en un gesto inconsciente)

Pero en los períodos de acción se concentra en sobrevivir para poder volver a su amada. Lamenta no haberle confesado sus sentimientos, pero al menos escribió que la quería en esa pequeña e improvisada nota (aunque se recrimina por no haber puesto en su lugar 'Te amo' como había sido su primera intención)

-¡Abajo, abajo! –Grita el líder de tropa mientras entran a un edificio de gobierno que los rebeldes han tomado.

Se supone que deben disparar pero Peeta lo evita a toda costa. En su lugar, somete a hombres que les impiden el paso, derrumba puertas y ayuda a rehenes a escapar si se encuentran en medio del cruce de fuego. Y como alguien lo tiene que hacer, nadie le dice nada.

Una lluvia de balas y entonces debe pensar 'Detente, respira, cálmate'

Y otro momento de valor se presenta; dándole la oportunidad de decidir que si va a morir, elige morir por amor.

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Tres semanas. Han transcurrido exactamente veintiún días desde que Peeta ha ido al distrito seis y no se han recibido noticias; lo que indica que las comunicaciones han sido cortadas por alguna razón que no presagia nada bueno.

-Debe ser un problema del tres, por corte de cables o algo así –dice Madge para darle tranquilidad. Le está claro que a su amiga le importa más Peeta Mellark de lo que reconocerá frente a ella. –Pero mientras se soluciona, nosotras tenemos un examen que aprobar.

-No sé si pueda pasarlo –exterioriza otra de sus preocupaciones –no me puedo concentrar y ¡esto es absurdo! ¿Por qué debo escribir las respuestas? Cuando tengamos heridos no tendré que demostrarles que conozco las partes del cuerpo; solo tendré que frenar sus hemorragias.

Madge sonríe pero niega con la cabeza –al menos tú eres buena para controlar tus emociones, pero llegado el momento estoy segura que alguien tendrá que atenderme cuando me desmaye. Así que por favor asegúrate de cargar siempre con un sobre de sales. –Katniss no la mira pero es porque en realidad su mirada está perdida – ¿En qué piensas?

La joven despierta como Madge pasa una mano frente a ella – ¿Qué?

-Es natural que te preocupes por Peeta, pero él estará bien, Katniss.

-¿Quién ha dicho que me preocupo? –inmediatamente responde a la defensiva.

-Solo decía…

Las pruebas escritas son tan pesadas que la joven llega cada noche rendida a su cama, Rue es la única que puede obligarla a comer un poco por las noches. Una de esas, llega con una pequeña barra de pan, ofreciéndole una generosa mitad.

-Era panadero en el distrito –dice Katniss de repente, sus ojos fijos en el pedazo de pan.

-¿Quién? –pregunta Rue sin entender a quien se refiere.

-Peeta. Trabajaba en la panadería de su familia. Él… él… –inhala fuerte como si estuviera a punto de confesar algo, y así es –Peeta salvó mi vida, hace muchos años, mi vida y las de Prim y mamá. Oh, cielos, ¡he sido tan tonta! –entre temblores esconde su rostro tras sus manos. – ¡Debí dejarlo despedirse ese día!

-Está bien, Katniss –susurra Rue colocándose a su lado, con una palma en su espalda la consuela –él estará bien, ya lo verás, pronto volverá y…

-Nunca le agradecí como debía. Yo… le dije gracias pero nunca…

-Ssh… Ya verás que él está bien.

Las suaves palabras de su joven amiga le traen un descanso necesitado, no se da cuenta cuando se queda dormida, hasta que los gritos que suenan en el campamento la hacen despertar.

-¿Qué…? –Pregunta pero nadie le contesta. Lo olvidaba, la mayoría de sus compañeras trabajan en la cocina y ya no hay nadie allí con ella. Como no hay quien le otorgue respuestas, se levanta y afortunadamente lleva la ropa del día anterior porque así se apresura a salir de las habitaciones. – ¿Qué ha pasado? –Pregunta a un hombre que pasa por ahí corriendo en la dirección de donde proviene el alboroto.

-Han regresado…

Katniss lo empuja antes de echar andar en la misma dirección. A lo lejos el deslizador que ha aterrizado y ve que descienden de él un par de cuerpos en camillas. Temerosa de que Peeta sea uno de ellos, apresura sus pasos. Esquiva a quien se interpone en su camino.

Hasta que lo ve.

Conforme el tiempo se detiene, sus ojos se encuentran.

Lentamente la sonrisa en el rostro de Peeta se ensancha y extiende los brazos hacia ella, dejando caer su morral y su arma a un lado.

-¡Peeta! –grita sin dudar un segundo en arrojarse a sus brazos.

Después de tanto tiempo, y por vez primera, se siente segura. Siente la calidez de Peeta pegado a su cuerpo y la estabilidad que le da a todo. Los fuertes brazos la cuidan de caerse y no puede dejar de estremecerse cuando el aliento del joven acaricia su cuello.

-Lo siento –pide él.

-Yo lo siento más –murmura en respuesta sin dejar de rodear la cintura con sus brazos. Y con las emociones disparadas se permite decir –quédate conmigo.

-Siempre.

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Con la llegada triunfante de la tropa, los altos mandos ofrecen una fiesta para quien desee asistir. La gente del Capitolio aplaude entusiasmada y Madge ha aceptado ir con Ethan.

-Le ha dado tanta pena el pobre que no le quedó de otra que aceptar –le dice Peeta en son de broma a Katniss mientras caminan hacia el hospital después de la comida.

La joven se ríe –es ridículo todo esto en verdad. En el hospital no se habla de otra cosa que no sea el dichoso baile. ¡Incluso Rue está pensando en ir aunque nadie la invite! Ya sabes, con eso de que es tan joven…

-¿Y tú? ¿Piensas asistir? –se detienen frente a las puertas del hospital.

-¡Claro que no! –exclama casi ofendida, pero pronto se da cuenta de su error, porque la fiesta es por los agentes que han vuelto a salvo, entre ellos Peeta. –Quiero decir… no soy de fiestas… es decir… nadie me ha invitado… –farfulla con las palabras mientras intenta cubrir su desliz.

-Ve conmigo.

-… Y yo no… ¿Qué? –sus ojos abiertos grande como cubos.

-Ve conmigo, prometo que me comportaré –dice llevando sus manos a los bolsillos laterales de su pantalón, intentando ocultar que le tiemblan por los nervios.

La joven lo estudia por segundos que parecen demasiado largos; como si decidiera que le está tomando el pelo – ¿por qué?

-¿Por favor? – Intenta bromear pero únicamente está pensando '¡Si supieras!'

-Yo voy a donde me lleves, guapo –dice una enfermera que va pasando por ahí. Precisamente a quien Katniss no soporta por presumida y porque la ha adelantado en las clases. Es del distrito dos y es rubia y muy hermosa.

Katniss gira los ojos; por lo que no se da cuenta que Peeta únicamente la mira a ella –de acuerdo, pero únicamente porque no soporto a esa Glimmer y prefiero ser tu cita que… ¿qué ocurre? –pregunta cuando Peeta sonríe de lado.

-¿Cita?

-¿Citar qué? –dice ella sin entender.

-Que has dicho que irás como mi cita.

Katniss se pone roja, roja –yo no he dicho eso.

-Claro que sí.

-Que no –dice obstinada –pero si así escuchaste tal vez prefieras ir solo.

-De acuerdo, he escuchado mal y soy un idiota, ¿eso vale? –concede contento.

Katniss no intenta esconder que sonríe; un ligero retortijón en su estómago que la hace morder su labio inferior –y no pienso usar un vestido.

-No te lo pediré –dice Peeta con una gran sonrisa.

Y cumple con su promesa, pero es Madge quien le ruega el sábado a una hora de empezar el evento. – ¡Por favor, Katniss! Este vestido se te verá muy bonito.

-No, Madge. Además ya has hecho demasiado obsequiando aquel vestido a Rue.

-Eso no ha sido nada; Rue es una niña muy dulce y quiero que lo pase bien, ¡Así como tú!

-No necesito ir vestida así para tener un buen rato –dice pensando en la compañía de Peeta que seguramente hará lo que esté en su mano para que se diviertan juntos.

-Hazlo por todos nuestros años de amistad –pide Madge agitando el encantador vestido de un rosa pálido –prometo que no vuelvo a pedirte nada.

Katniss frunce el ceño y una hora después Madge le ha obligado a usar también unos delicados zapatos y le ha arreglado el pelo en algunas ondas porque lo lleva suelto. –Ponle algo de labial también –dice Rue con risitas soñadoras.

Es casi como si Prim estuviera ahí; por lo que satisface los deseos de Rue que está muy bonita en el vestido blanco que Madge le ha ajustado con una delicada cinta azul. –Me siento como una muñeca en manos de un par de niñas –gruñe hostil aunque piensa en que nunca ha tenido una de esas; y de haberla tenido probablemente la hubiera vendido para dar de comer a su familia. Madge y Rue no pueden evitar reír deleitadas. – ¿Cómo es que has podido traer tantas cosas?

Su amiga se encoge de hombros –alguna ventaja debía tener ¿no? –responde quitándole importancia. –Hemos terminado –cambia su tono por uno alegre.

Ethan pasa a recoger a Madge a las siete y media. Dado que el baile empezará a las ocho; él tendrá tiempo de hacer lo que sea que tenga planeado hacer con la dulce hija del alcalde del doce.

-Nos vemos allá, Katniss –dice entonces Rue unos veinte minutos después.

-Espera, ¿Qué no vas conmigo y con Peeta?

-Nope. Quedé de verme con los chicos frente a las cocinas para ir juntos. ¡Diviértete! –Se despide y así como un soplo de aire se va.

En punto de las ocho, Peeta aparece a recogerla. Está impresionante con su pantalón negro y camisa blanca, Katniss se pregunta en dónde lo habrá conseguido. Repentinamente tiene la boca seca –hola –dice consciente de la intensa mirada azul sobre ella.

El joven agente tiene la boca abierta y a ella le recorre un placentero cosquilleo en la espalda. De pronto no se arrepiente de haberse dejado hacer por Madge y Rue.

-Creí que no usarías vestido –dice Peeta estúpidamente. Tose para recuperar su tono normal (que nada tiene que ver con la voz chillona que le ha salido primero) – ¿Rue y Madge? –Katniss asiente, agradeciendo que el joven no le salga con cumplidos que la avergüencen más de lo que ya se siente.

-Vámonos –pide Katniss pero no tanto porque quiera ir a bailar; sino para que Peeta deje de mirarla con tanta intensidad.

El joven se apresura a ofrecerle su brazo. –No pienso morderte –dice divertido y Katniss sonríe antes de tomarlo.

-Me ayudará a no caer –da por explicación.

Es tan extraño, pero al mismo tiempo inquietante ir del brazo de un hombre; sobre todo de Peeta Mellark. Sus nervios anteriores pronto controlados cuando Peeta comienza a decirle algunas bromas. Habla de todo, excepto de lo que ha visto en el distrito seis, pero Katniss no quiere saber; menos esta noche tan despejada con el cielo plagado de estrellas que brillan desde mucho antes de los días oscuros.

¿Han sido estas estrellas las mismas desde siempre? ¿Son las mismas que se ven desde los bosques del distrito doce?

-Es una noche agradable –comenta el joven sin dejar de sonreír. Para Katniss es como si el muchacho fuera acompañado de la mujer más bella de Panem.

-Está bien –concuerda. ¿Desde cuándo este joven se ha convertido en su amigo? ¿Cómo le ha sido tan fácil abrirse a él?

Peeta siente que su pecho vibra con emoción y no es capaz de ocultar su sonrisa; probablemente piensen que está demente, pero no le interesa: ¡Katniss Everdeen camina tomada de su brazo!

Le abre la puerta para darle paso, pero la joven se ha detenido y se muerde el labio – ¿Todo bien?

La joven lo mira apenada –no quiero entrar. –Dice directa, pero en cuanto ve la decepción asomándose en el usual contento Peeta añade rápidamente –podemos ir a caminar o algo así…

Peeta asiente lentamente, pensando que probablemente ha esperado demasiado, pero lo que él quiere es estar con Katniss ¿verdad? Además esto puede librarlo de avergonzarse en la pista de baile –de acuerdo.

Detiene la puerta para permitir que una pareja entre. Finnick Odair le guiña un ojo; este va acompañado por una mujer que, como delata su brillante ropa y nariz de ratón, es del Capitolio; probablemente administradora del centro de entrenamiento.

-Es desagradable –dice Katniss volviendo a tomar el brazo de Peeta mientras echan a andar al lado contrario de a donde se dirigen las jóvenes parejas encandiladas.

-Lo sé. ¿Habrá sido así con todos los vencedores? Quiero decir, ¿siendo parte del circo de creaturas raras?

-Tal vez el viejo Abernathy pueda darte una idea más clara –se ríe del borracho se su distrito.

-Seguro. Si no me entierra su cuchillo antes. –Dice Peeta.

Katniss lo hace detenerse y voltea a verlo – ¿no es mentira eso de que carga siempre con un cuchillo? –pregunta recordando que en la Veta circulan rumores de que esa es la razón por la que ya nadie quiere ir a hacerle la limpieza a su enorme casa en la Aldea de los Vencedores.

Peeta pone una mirada misteriosa –yo mismo lo he visto –dice como si le confiara una secreto.

-¿Y cuándo fue? ¿Cuándo te lo prestaba para partir una tarta? –Es exactamente esto a lo que se refiere Katniss; es tan fácil platicar con Peeta, tan sencillo sentirse cómoda, abrirse a él y mostrarse como es su verdadera forma de ser; porque a pesar de la difícil vida que ha llevado, el ánimo de la juventud sigue en ella.

Peeta ríe con la respuesta, pero sacude la cabeza –no. En una ocasión mi madre me envió a echarlo de la entrada porque alejaba a los clientes. Deduje que pasó ahí la noche. Al momento creí que estaba muerto, por lo que lo empuje con un palo…

-¿Un palo? –repite incrédula.

Sin dejar de reírse explica –Yo era más pequeño y tenía que cerciorarme antes de llamar a los agentes. Entonces en cuanto lo piqué con fuerza en las costillas, se despertó pegando de gritos y sacudiendo su cuchillo. ¿Ves porque no fue mala idea usar un palo?

Katniss no puede estar más de acuerdo.

Continúan caminando, en agradable compañía pero se sienten extremadamente a gusto. Katniss no puede recordar la última ocasión que se sintió tan despreocupada, tan femenina, tan… feliz.

Peeta por su parte, piensa en todo lo que quisiera decirle; le hermosa que se ve, lo maravillosa que es, lo bondadosa y pasional. Pero sabe con pesar que esas palabras la harán huir; y siente que estar con ella como amigos es mucho mejor que no tenerla en su vida; porque sabe que no podría continuar sin la valiente cazadora que ha flechado su corazón.

-Estás poniendo esa mirada –dice ella cuando se sientan en un apartado; las calles desiertas, todo mundo apiñado en la fiesta.

Esta ocasión es él quien la mira con sincera curiosidad – ¿a qué te refieres?

Lamenta haber hablado pero si quiere ser en verdad su amiga, debe hablar con completa honestidad – Que pones esa mirada específica… ¿Cómo describirla? Hay momentos en lo que veo en tus ojos atisbos de… resolución. No sé. Como determinación… Es difícil explicarlo.

Peeta asiente en comprensión –es lo que normalmente sientes cuando quieres proteger a alguien a quien amas; que estás dispuesto a sacrificarlo todo, que incluso darías tu vida a cambio de la felicidad de ella. Cuando no estás dispuesto a ser una pieza de los juegos de nadie; y actúas tomando tus propias decisiones aunque al resto del mundo no le guste.

-¿Cómo es que terminaste aquí, Peeta Mellark? –pregunta la joven maravillada por la facilidad de sus palabras pero queriendo conocer más de este hombre; saber cómo alguien como él ha terminado siendo parte de esta cruenta guerra.

Puede ver que el agente se ruboriza un poco y elude su mirada jugando con un listón suelto del vestido de Madge. La joven espera una respuesta pero no lo que escucha a continuación – no sabes el efecto que puedes tener, ¿eh?

¿A qué se refiere? Su lado femenino le grita que ha sido un cumplido, pero su lado terco pelea arduamente para no creer esa locura. Sin embargo, las palabras retumbarán por varios días en su cabeza.

Empero un nuevo tipo de emoción se agolpa en su pecho.

-Tal vez… uhm… debamos volver –dice Peeta.

Katniss realiza que han guardado silencio por demasiado tiempo, pero no sabe lo que espera en ese momento, porque siente que hay algo que le falta. –Bien –dice con simpleza poniéndose de pie. Esta ocasión Peeta no le ofrece el brazo, sino que lleva sus manos en los bolsillos y eso le genera una sensación de vacío (ridículo lo sabe, pero ¿cómo puede ordenarse que sentir y que no?)

Lo que no sabe la joven es que ese es el modo en que Peeta se resguarda del rechazo, porque no está seguro que pueda controlarse durante más tiempo y besarla finalmente. –Deberíamos dar una vuelta por el salón; ya sabes. Ethan querrá sobrepasarse con Madge y tal vez tengamos suerte de ver como le dan calabazas. –La cruda verdad es que es lo único que se le ocurre para retener a Katniss por más tiempo, puesto que no se cansa de mirarla cuanto quiera sin levantar sospechas.

-Supongo –se encoje de hombros aparentando indiferencia –después de todo Madge se ha tomado muchas molestias para esto –dice señalándose.

-No lo dudo –dice Peeta juguetón.

Esta nueva faceta hace que la joven alce una ceja con incredulidad – ¿acabas de insinuar lo que creo?

-No –pero su cara delata lo contrario.

Katniss lucha por mantener la sonrisa poniendo un gesto serio y mortal –te doy tres segundos de ventaja, Mellark –advierte mientras se inclina lo suficiente para despojarse de los zapatos de Madge.

Al panadero no necesitan decírselo dos veces.

En una pesada carrera que Katniss pierde por causa del vestido. Se detienen jadeantes, sudorosos y porque no, risueños en la entrada del salón de eventos (o la bodega de almacén) La chica se recarga en la pared para poder recuperar el aliento. Peeta se apoya con sus brazos extendidos justo a un costado. Cierra los ojos un segundo tratando de regular su respiración.

Katniss lo mira divertida, le hacía tanta falta esta carrera que no puede dejar de reír y lo que antes era una sonrisa se transforma en una carcajada. Se siente libre, viva.

-¡Ay, ay! –Dice Peeta contagiándose de su risa pero sujetándose el costado un poco por el esfuerzo. Abre los ojos para poder disfrutar de una visión más amplia de la joven a quien ama.

Katniss tiene los ojos chispeantes, las mejillas arreboladas, el cabello despeinado y la sonrisa ensanchada. No puede evitar acercarse a ella. Sus respiraciones se cortan, sus corazones palpitan con fiereza, sus oídos zumban y dejan de escuchar la música del interior del edificio. La joven humedece sus labios lenta e inconscientemente; invitante, atrayente.

Peeta se inclina un poco más; pero únicamente la besa suavemente en la frente antes de quitarle algo del cabello –tienes una pluma –dice como disculpándose y se aparta de inmediato.

Katniss siente un enorme golpe de decepción, pero lo oculta junto con el fuerte rubor de sus mejillas, mientras observa sus pies desnudos –gracias, supongo.

Los segundos que siguen son extraños; pero Peeta se repone primero y la toma improvisadamente de la mano –vamos. –Espera a que Katniss se coloque los zapatos antes de abrir la puerta como hizo más temprano y cederle el paso. La fiesta que sigue en su máximo apogeo. – ¡Hay demasiada gente! ¡No me vayas a soltar! –Intenta hacerse escuchar en medio del barullo.

La decoración es más rica que cualquier otro festejo que se haya visto en su distrito; casi en competencia con las fiestas que se transmiten cuando es el tour de los vencedores. Es seguro que el evento haya sido organizado por personas del Capitolio, los que no ocultan que aman las buenas celebraciones.

En un rincón hay mesas repletas de ricos manjares y abundantes bebidas de brillantes colores – ¡Lo único que puedo reconocer es el agua! –Le dice Peeta entrelazando sus dedos para mayor comodidad.

Katniss sin darse cuenta, dibuja una pequeña sonrisa en sus labios y no puede dejar de sorprenderse por la comodidad que le genera este gesto tan natural. Así andan el resto de la noche; incluso mientras se ríen de los ridículos bailes que se ejecutan en la pista.

La celebración termina y Peeta caballerosamente la acompaña hasta su habitación.

Esa noche Katniss duerme con una sonrisa en la cara.

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Es increíble darse cuenta que han transcurrido casi once meses desde que llegaran aquí. El tiempo ha pasado volando y Peeta no podría estar más complacido consigo mismo. Sigue entrenándose duro; es como si tuviera nuevos bríos para continuar con los pesados ejercicios; y su jefe muy satisfecho.

Pero no es lo que le mantiene de buen humor; más bien tiene que ver con una hermosa enfermera de ojos grises.

-Demonios, Mellark. Baja de esa nube y ven acá. –Le dice una tarde su superior –no sé qué ten han hecho pero estoy muy contento con tu actuación. Además he escuchado que en tu ida al distrito seis te encargaste de liberar rehenes y alguna que otra buena decisión por ahí; cada vida cuenta cuando se está por entrar a una guerra que no tiene dimensiones. Ha sido un honor tenerte entre mis entrenados, hijo.

-Gracias, señor. –Dice Peeta con sencillez.

-Aun no termino. Dados tus avances te he propuesto para tomar lecciones especiales. Será más trabajo pero confío en que estarás a la altura de la situación, Mellark. –Le tendió una hoja –este es tu nuevo horario y espero que demuestres que en mi unidad no se hacen ridiculeces.

-No lo defraudaré, señor. –Promete Peeta y es despedido.

La noticia no le cae muy bien a Katniss.

-No me gusta esto. –Dice suspicaz como siempre. –Podrían enviarte a zonas de mayor riesgo, podría pasarte algo.

-Pero te tendré a ti para curarme –dice tomando su mano entre las suyas. Se han acostumbrado tanto el uno al otro que esto comienza a ser normal.

Pero Katniss aparta su mano decididamente –no es gracioso. Además no sabes quién va a entrenarte –dice pensando en los agentes del distrito dos, en su crudeza y su agresiva forma de ser. Aunque dentro de ella sabe que nada podría cambiar la nobleza del chico del pan.

-Pronto lo sabremos.

Cuando se presenta al amanecer en la estación sur, cerca de los aerodeslizadores y el lugar menos frecuentado del campamento, quien está esperando que un grupo de diez se reúna es nada más y nada menos que el famoso Finnick Odair.

-Están aquí porque sus entrenadores los han valuado y considerado dignos de confianza. Mucha gente se ha cuestionado que hago aquí y deben creer que no es precisamente para divertirme –les guiña un ojo con tanta facilidad que los relaja visiblemente. –Me han ofrecido que prepare algunos equipos para afrontar cualquier circunstancia, y aquí estoy. Advierto que no será fácil y tendrán que afrontar algunos de sus miedos, sin embargo les ayudaré a sortearlos y haré lo que este en mis manos para que estén listos antes de su primera misión.

Peeta piensa en que si le enseñan a volar un deslizador; tomará a Katniss y la llevará muy lejos y a salvo de ahí.

Claro que no corre con tanta suerte.

La primera lección es de, y en verdad no sabe porque no lo imaginó cuando vio que Finnick Odair los esperaba, natación.

-Consideren que no es igual nadar en esta agua tan tranquila; que si lo hicieran en el mar. Mis amigos vigilantes, sí, los mismos que han diseñado las arenas de los Juegos, han hecho algunas mejorías a esta alberca; claro que reservaré la sorpresa para después.

Peeta ve los rostros de sus compañeros, algunos claramente aterrorizados. Él únicamente está inmóvil en lo que Odair ha llamado bañador y no sabe si correr cobardemente en la dirección opuesta o afrontarlo como un hombre.

Como no está Katniss presente bien optaría por lo primero.

Mientras el vencedor sigue hablando camina a espaldas de ellos; presumiendo probablemente de sus pectorales bien formados. Se detiene detrás de Peeta. La alberca tendrá mínimo tres metros de profundidad y el joven está calculando la longitud cuando es empujado por el mismísimo Odair.

Caer al agua fría sin aviso previo es desagradable, pero entra en pánico cuando debajo del agua comprende que no ha tomado aire suficiente para sus pulmones. Desesperado lucha por salir a la superficie y cuando lo logra, la bocanada de aire es la mejor sensación del mundo.

-A esto me refería con estar siempre alerta… –Explica satisfecho el vencedor con una de sus famosas sonrisas.

Ethan, Madge y Katniss no pueden dejar de reír mientras Peeta remueve humillado su plato de verduras ese día más tarde. –Vale, ríanse del panadero que necesita usar flotadores…

Esto los hace reír aún más fuerte – ¿en serio no… en serio no sabes nadar? –pregunta Ethan entre carcajadas.

-Tú tampoco –lo calla Madge compadeciéndose finalmente de su amigo. –Creo que los únicos que pueden presumir de eso son los del distrito cuatro.

Katniss se muerde el labio batallando por no seguir riendo y atraer más miradas sobre su mesa. Peeta le parece tan tierno todo rojo que le provoca darle suaves palmaditas de confort en la amplia espalda –tal vez si le pides que cambie su método de enseñanza…

-Sería mil veces mejor que busquen a alguien que tome mi lugar –murmura solo para Katniss.

La joven se asegura que Ethan y Madge estén hablando entre ellos para decir –o si consigues que Odair nos consiga el permiso, yo puedo enseñarte.

Katniss sabe que ha hecho bien cuando la cara del joven se ilumina, toma una de sus manos y besa firmemente el dorso de esta –prometo recompensártelo –asegura resuelto.

Katniss sonríe; parece que Peeta comprende su idioma; un favor por otro.

Sin embargo, una pequeñísima parte de ella le dice que se ha ofrecido para pasar más tiempo con él que por otra cosa.

Pero entonces… ¿Debe temer que así sea?

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