Primero que nada, gracias por sus comentarios ¡Son increíbles! Comprendo que no haya tantos reviews en historias como esta, no es moco de pavo leer arriba de 5,000 palabras x capítulo y más difícil aún, que a todos les guste esta historia. Por eso atesoro de verdad cada comentario. (Y debo aceptar que en verdad es intenso escribir 'Aunque el Cielo se Derrumbe')

Segundo, trataré de manejar la acción lo mejor que pueda, una disculpa si no cumple sus expectativas :/ Con lo de hoy, espero que le demos un pequeño giro a la historia, porque en teoría nos queda menos de año y medio para llegar al Presente. Tenía pensado lograrlo con este Capítulo pero una cosa a salido a la otra y pues mejor ya no hago promesas. Pero no worries; Seguiremos adelante :D

¡Disfruten la lectura y hasta la próxima!

Capítulo IX


Un importante mensaje del presidente declara que el Capitolio no se quedará de brazos cruzados y que si la guerra es lo que buscan los rebeldes, es lo que obtendrán.

Es así que los agentes se preparan para salir al campo de batalla una vez más.

Peeta Mellark será dado de alta dentro de una semana y entonces será enviado al distrito siete por tiempo indeterminado, como parte del batallón 115.

El problema es que la zona siete ha sido determinada la más peligrosa de Panem.

Pero la mayor preocupación de Peeta en ese momento es que Katniss deberá permanecer en el Centro de Entrenamiento para concluir su curso completo de enfermería, que será precisamente cuando cumplan dos años de estar ahí. Hasta ahí todo bien, (porque su contacto ha prometido que ella no será movida del Centro mientras él cumpla con los objetivos que le han sido encomendados) pero ha habido amenazas de ataques contra el lugar y es lo que lo mantiene intranquilo.

Katniss se autoproclamó su enfermera de cabecera por lo que es quien ha estado controlando su régimen de comidas y sus medicamentos. También se ha encargado de acompañarlo a algunas de sus sesiones de fisioterapia y a ocasionales caminatas por el edificio.

Desde su apasionado beso, Peeta percibe a Katniss más relajada a su lado (cosa extraña porque se esperaba justamente lo contrario)

Y no es el único que repara en el nuevo estado de humor de la joven.

Madge volvió del distrito tres un par de semanas posteriores al arribo de Peeta, y Katniss la recibió con un abrazo y las gracias por haber cumplido su palabra.

-¿Crees que se casen? –le pregunta Rue una tarde de sábado que casualmente a todos ellos les ha tocado turno libre; Incluso Peeta ha obtenido permiso para salir al exterior del hospital donde ha estado encerrado por varias semanas.

Madge sonríe suavemente, pero es Ethan quien contesta por ella – ¿estás loca? ¿Quién va a querer casarse en estos tiempos?

Madge frunce el ceño –a mí me gustaría –dice observando como su querida amiga y el dulce panadero de la ciudad ríen sentados a la sombra de uno de los árboles que el Capitolio se ha encargado de plantar en lo que llaman 'Jardín del Edén' que es una nueva área verde que consideraron necesaria poner para recuperación de los heridos. –En el doce tenemos esta ceremonia especial llamada tueste.

-¿Y en qué consiste? –pregunta Rue mirando con emoción el mismo punto que Madge.

-Cuando la pareja ya ha contraído nupcias, y la gente que los estima ha cantado una canción para ellos; tuestan juntos un pan y lo comparten como familia. No es ostentoso comparado a las bodas del Capitolio, pero es nuestra tradición y es importante; no te puedes considerar casado hasta que haces la ceremonia del tueste.

-¡Qué bonito! –suspira Rue observando con más atención los movimientos de sus amigos.

-¿A dónde vas, Ethan? –Pregunta entonces Madge cuando el joven se levanta y sacude sus pantalones.

-A conseguir un pan –dice pícaramente antes de alejarse rumbo a las cocinas.

-No puede hablar en serio… –dice la rubia levantándose para poder ir tras él. Rue se ríe y hace un gesto con la mano para despedirse de sus otros amigos, y así seguir el camino que ha tomado Madge.

-¿A dónde irán? –pregunta Katniss cuando su amiga del once desaparece de su vista.

Peeta se encoge de hombros, repite tanto este movimiento desde que se ha recuperado, agradecido de no haber perdido el brazo. –Lo importante es que nosotros podemos quedarnos aquí sin tener espectadores. –Contesta inclinándose para besarla.

-Yo no diría que estamos precisamente solos –dice con pena pero devolviendo el beso brevemente.

Era increíble como puede ser tan arrojada en la soledad y tan tímida en público; pero Peeta no se queja mientras la mujer de sus sueños se deje besar abiertamente o en lo secreto. –Si quieres puedo ahuyentarlos a todos…

La joven se ríe pero pone sus dedos en los labios de Peeta cuando este vuelve a intentar besarla –suficiente. Debemos hablar sobre como librarte de ir al siete.

Peeta suspira con pesadez, ya han tenido esta discusión anteriormente –acordamos que eso de dislocarme el hombro no es buena idea.

-¡Perdona que no se me ocurra algo mejor! –Exclama ella ofendida, pero por dentro debe aceptar que fue una idea absurda.

-No peleemos, Katniss –dice él cansinamente tomando una de sus manos para acariciarla suavemente.

Es su turno de suspirar cansada –es que no quiero que vayas. ¡Detesto esto! –dice enfurruñada pero ambos saben que eso no cambiará nada: Peeta debe partir la próxima semana.

-Prometo que regresaré. –Dice deslizando sus dedos por el rostro de la joven enfermera. Katniss cierra los ojos, la caricia enchinándole la piel. –Confías en mí, ¿no es así?

¿Lo hace?

No quiere dejar que el aliento de Peeta en su cuello nuble sus sentidos; ni que la tibieza de sus dedos sean el factor que juzgue su respuesta. Situación difícil porque este hombre es todo lo que se juró nunca entraría a su vida; y que sin embargo ha atravesado el sólido muro de soledad que se forjó conforme transcurrieron los años para evitar el dolor de la perdida.

El dolor que produce el amor.

Pero ella no lo ama ¿lo hace?

Otra pregunta sin respuesta clara.

Siente como la nariz de Peeta ahora roza su cuello, sube por su barbilla y acaricia sus labios.

No debe dejarse convencer de dar positivo a sus preguntas, aunque cuando la húmeda lengua acaricia sensualmente el borde inferior de su boca, un escalofrío recorre su pecho hasta asentarse en su vientre y quiere gritar en rendición. Obviando que siguen en 'Edén', voluntariamente separa sus labios y no encuentra palabras que describan lo que el tenaz panadero ha logrado provocarle durante este tiempo juntos.

Porque cuando se besan el mundo parece ser perfecto aunque sea por unos valiosos momentos.

Lo que siente agolpándose en su interior cada que se besan es algo tan nuevo y desconocido, pero al mismo tiempo terrorífico y maravilloso que le provoca confusión. Pero que paradójicamente le hace sentir que esto es lo correcto.

-Dime, Katniss ¿Confías en mí? –Vuelve a insistir el agente porque en verdad necesita saber que su presencia en la vida de la cazadora del distrito doce, no es una simple distracción. Necesita saber que aunque se separen y se desaten mil guerras, él se ha hecho un hueco en su corazón. La joven sin abrir los ojos pega su cuerpo al de él y busca nuevamente sus labios. El joven sonríe pero no se la pone fácil. En su lugar susurra a su oído – ¿confías en mí?

El suave ronroneo se escucha sensual y es más de lo que puede soportar. Abre los ojos, aferra con pasión una de sus manos a la camisa de este y murmura –si –antes de besarlo con anhelo y desesperación.

Porque duele. Duele mucho este deseo que la carcome por dentro. Esta necesidad de sentirlo cerca de si, de fusionarlo con ella, de querer embriagarse con el néctar de sus labios y el masculino aroma de su cuerpo.

Y este dolor únicamente tiene alivio en el diente de león que siempre está ahí para traerle esperanza.

Con lentitud suelta su camisa para rodearlo con sus brazos y poder unirse más a él. Una pequeña vocecilla le quiere recordar que olvida algo.

Pero lo que sea puede esperar ahora.

Porque cuando pronuncia su nombre, su cabeza da vueltas y no piensa con claridad.

Sus temores se apagan cuando la boca de Peeta deja un rastro de húmedos besos por su cuello. Las cosquillas placenteras se disfrutan mejor al enroscar sus dedos en los ensortijados rizos dorados de él.

¡Es tan fácil abandonarse a las emociones en momentos como este!

Ahora sabe con seguridad que confía en Peeta. Por supuesto que lo hace. ¿Cómo no podría con alguien tan bueno como él?

Como confirmación a sus palabras, su cuerpo se levanta y con audacia se acomoda a horcajadas en el regazo del joven. Es asombroso lo bien que se siente estar ahí. Ahora ella es quien lidera los besos y es más fácil hacerlo desde que la posición de su cabeza queda arriba de la de él.

-Katniss –esta vez su nombre se escucha como una súplica y ella siente entonces una extraña sensación de poder.

Mas cuando siente el bulto que se acomoda bajo su peso, abre los ojos con sorpresa y toda sensación es opacada devolviéndola a la realidad.

-Lo… lo siento… –dice ella ruborizándose furiosamente cuando cae en la cuenta de en donde se encuentran, y por ende, la postura de ella sobre él.

Intenta levantarse pero el joven, con las pupilas más dilatadas y brillantes que nunca, la aferra por los brazos – ¡no! Quiero decir: no. –La ve fruncir el ceño por lo que se apresura a contestar –Es… sería mejor si… ya sabes… –esta abochornado y ella no entiende porque, después de todo es quien lo ha puesto en esa incómoda situación –...si tú no te levantas hasta que… ¡Lo lamento! –Masculla evitando verla a los ojos. Avergonzado de que Katniss sea consciente de toda la pasión que siente por ella.

Las palabras del joven le parecen una locura. Es ella quien se ha sentado sobre él y es Peeta quien se disculpa por…

-¡Oh!

Ahora comprende.

No queriendo exponer el estado del joven asiente mordiéndose la mejilla por dentro. Seguramente cualquier chica habría entendido lo que ocasionaría al sentarse así sobre él, pero tontamente no lo ha comprendido hasta que es demasiado tarde.

-Y… –comienza insegura sobre cómo ayudarle a 'volver a su estado normal' –… ¿qué hacemos mientras…? –no es capaz de terminar la frase.

-En otra situación diría que besarnos estaría bien, pero dadas las circunstancias… –con una risita sofocada bromea.

Katniss se sonroja nuevamente y termina escondiendo su cabeza en el pecho del joven mientras se esfuerza por reprimir las ridículas risitas que quieren escapar de ella. Es lo más tonto y absurdo del mundo. – ¡Qué vergüenza!

Peeta la envuelve con ternura y es cuando se permite reír abiertamente contagiándola, y de pronto ambos se están riendo de esto.

Así es con su panadero, quien siempre tiene el poder de cambiar su perspectiva aun en las más inverosímiles situaciones.

.

El distrito siete tiene bosques similares a los del doce; pero estos árboles parecen ser del doble de alto y tan robustos como una pequeña casa de la Veta.

Claro que los agentes no tienen tiempo de curiosear en estas colinas; su atención enfocada en atacar al enemigo y ganar de vuelta el terreno que han quitado al Capitolio.

Peeta, independientemente de eso, tiene que hacer un encargo que le han asignado. Ese es el motivo del porqué sale una noche con mucha discreción y sigue las señas que le han dado. Es de suma importancia que estregue el sobre de una buena vez ya que no ha podido ni dormir por temor a que le pueda ser quitada.

Por supuesto que tiene mucho más cuidado que la última vez que tuvo que entregar un paquete en el distrito tres; en aquella ocasión se encontró con un hombre de piel ceniza y gafas, cerca de una fábrica y en medio de una refriega. Su descuido casi le cuesta la vida porque fue como cayó herido de bala.

Pero esta ocasión tiene más experiencia y el oficial de su escuadrón parece tenerle confianza, así que no está bajo constante vigilancia. De todas maneras anda con cuidado y además se ha dado cuenta de que si rodea por la parte izquierda de su provisional campamento, tendrá menores problemas para cruzar y llegar hasta el lugar de la entrega.

Aliviado de que nadie le siga hasta el momento, camina con mayor soltura y se pierde entre callejones y edificios que han sido evacuados por seguridad. Decide que esperará algunos minutos hasta que aparezca la persona a la que debe entregar los documentos (como sospecha que son). Si esto ayuda la rebelión insurgente y le dará las facilidades de llevar a Katniss al trece, vale la pena el riesgo en que está exponiendo su vida.

Intenta no sonreír ensoñado con la idea de poder estar con su chica (aunque aún no hayan aclarado lo que son) en un país mejor. Quien sabe, incluso hasta podrían casarse y tener hijos algún día.

-Psst, blondo –escucha un siseo al fondo del solitario callejón donde se encuentra.

El joven se pone alerta de inmediato. Avanza un poco a tientas bajo la oscura noche, apenas iluminado su camino por la luz de las pocas estrellas que se pueden ver en esta parte de la ciudad.

No debería sorprenderle que sea Johanna Mason quien lo espera oculta entre las sombras; después de todo, los Vencedores son quienes mayores razones tienen para odiar al Capitolio. No le ha costado trabajo reconocerla, ganó sus Juegos a base de hacerse pasar por una debilucha y después demostrar sus retorcidas habilidades de asesinato, por eso debe permanecer atento, probablemente ella conoce muchas más formas de matar a alguien que las que le enseñan en el Centro.

-El cielo está despejado…

Observa que Johanna gira los ojos pero añade en un gruñido –…escucho cantar un sinsajo. Maldición, le he dicho a Odair que es la frase más estúpida que se le pudo haber ocurrido.

Peeta no sabe si debe reír por lo que mejor opta por apresurarse a extraer el sobre de su ropa. Johanna lo recorre con la ceja alzada cuando baja el zipper de su chaqueta. –Lo siento, este paquete ya está apartado –dice en broma tendiéndole el envío.

No está seguro pero puede decir que su comentario le ha caído en gracia a la vencedora, quien recibe el paquete con tranquilidad y el asomo de una sonrisa. Es impresionante el temple de esta mujer –una lástima en verdad. Dale recuerdos de mi parte. –Se despide pero se queda ahí parada. – ¿Y bien?

-¿Y bien qué?

-¿No piensas preguntarme que contiene esto?

Peeta la mira con sorpresa – ¿no es más seguro que no conozca su contenido?

-¿Y no tienes curiosidad de saber porque estas arriesgando el pellejo?

-Bueno sí, un poco…

-Pues no te pienso decir.

-Oh… De acuerdo… –Peeta comprende que le está tomando el pelo.

-Toma un cigarrillo, estas demasiado tenso. –La joven le ofrece un pitillo

-No fumo, pero gracias.

-Duh, no es para ti –dice ahora si con exasperación en la voz. –Cuídate de no perderlo –mete el cilindro de papel en el bolsillo delantero de su ropa. Le da unas palmadas satisfechas en el pecho. –Nos veremos en otra ocasión, blondo. –Esta vez si desaparece de su vista.

Peeta regresa a su base sin mayores contratiempos y nadie parece haberse percatado de su ausencia.

Pronto se cumple un mes de estar en el siete. El tiempo se le hace eterno y razona que es porque ahora que puede besar a Katniss cuando quiera, más bien cuando ella quiera, (que no es por alimentar su ego pero es bastante seguido), entonces la espera de volver con ella es insoportable.

Pero debe enfocarse por todos los medios a continuar con las misiones de su escuadrón.

Llegan más agentes del Centro, algunos novatos y otros que finalmente han aprobado su examen de actitud, entre ellos Ethan Hawk.

-Es perfecta ¿sabes? –Dice su amigo con una sonrisa boba en la cara. Peeta sabe que se refiere a Madge, pero deja que Ethan hable y así él pueda enfocar sus energías en las abdominales que está haciendo, en un vano intento por concentrarse. –Siento como si la hubiera esperado toda la vida. Esto sonará ridículo, pero cuando decidí enlistarme a los agentes es como si supiera que algo bueno me aguardaba. Y ya ves, conocí a Madgie.

Peeta se detiene en la número treinta –para tu deleite diré que nunca he visto a Madge Underseen tan feliz.

-Underseen… Hasta su apellido me gusta de ella –dice Ethan con un exagerado suspiro –No pensaba casarme nunca pero creo que Madge Hawk no suena tan mal. Además ya acordamos que tendremos el tueste que ella tanto quiere en cuanto volvamos de esta misión.

Peeta mira a su amigo – ¿El tue…? ¡Vaya! Ya decía que no perderías el tiempo, Hawk. –Dice con grata sorpresa continuando con su rutina de ejercicios. –Mis felicitaciones.

-Gracias. Cuando se trata del amor no hay tiempo que perder –dice su amigo con una sonrisa – ya te enviaré la invitación, pero ahora me largo de aquí que este lugar apesta a sudor.

-Se llama masculinidad –le gritan los demás agentes que trabajan en esos momentos.

Peeta se queda pensando en lo afortunados que son algunos para encontrar el amor y ser correspondidos, en cambio otros como él deben esforzarse para conseguirlo. Claro que a Ethan no lo reconoció su padre, pero su madre se dedicó a cuidarlo y a llenarlo de amor. Cosa que no ocurrió con él a pesar de tener ambos padres. Es difícil no tener celos de su amigo, pero en verdad le alegra que Madge corresponda los sentimientos de Ethan.

Además no debe encelarse de nada porque ahora Peeta tiene finalmente a Katniss; y la posibilidad de que en algún momento se convierta en Katniss Mellark es más real que nunca antes. Entonces olvida los resentimientos que nacen al no recibir respuesta de las cartas que envía a su familia; porque ya no lo son más. Él mismo cortó los lazos familiares, si es que alguna vez existieron, para inmiscuirse en esta guerra en la que en cualquier momento podrían ejecutarlo por considerarlo traidor.

Esta es la razón de que casi nadie sepa de su participación en esta, ni siquiera Katniss; únicamente las personas directamente relacionadas y que apoyan a los rebeldes estando en la misma línea en la que él se encuentra.

Las escenas que se desarrollan ante él son crueles, pero no puede evitar ser parte de ellas; las órdenes de Finnick han sido claras: camuflarse como uno de los agentes más confiables. Esperan que con esto Peeta avance en los escalones de poder y por lo tanto, tenga acceso a alguna información que el atractivo Vencedor no puede obtener.

Peeta no entiende como accedió a semejante empresa, pero está dispuesto a todo porque ¿qué es la vida en Panem? Si él y su familia no han muerto de hambre es porque se han alimentado de pan pasado, y es porque todo estará bien si juegan bajo las reglas del gobierno. Entonces la vida no puede ser mejor que la muerte; excepto que esta última te dará la libertad que el Capitolio nunca concederá.

Y si muere, una posibilidad en la guerra, quiere morir bajo sus propias reglas; por eso ser doble agente le da un sello de identidad que el Capitolio no puede controlar.

Por supuesto que sus deseos no pueden ser del todo a su voluntad. Por eso debe ser testigo del derramamiento de sangre que está ocurriendo justo ahora.

Observa con la mandíbula apretada el escarmiento que un soldado rebelde está recibiendo a manos de Cato Banks, agente del distrito dos y es del que se dice se preparaba para ser Profesional en los Juegos. Peeta y Cato se han desagradado desde el primer minuto en que les tocó trabajar juntos en el distrito tres. Desde entonces no se soportan pero Peeta debe guardar las apariencias para no levantar sospechas.

El agente Banks sin embargo, no oculta que desprecia a su compañero agente y con encarecida rivalidad mira a Peeta mientras golpea al prisionero. – ¿Quieres probar, chico amoroso?

Claro, es obvio que conoce lo suyo con Katniss. Además, ¿cómo no notar la forma en que otros hombres ven a tu chica? –Paso –dice fríamente y sin amedrentarse ante la sonrisa burlona del cruel agente.

-¿Has visto eso, Marvel? Te he dicho que esa enfermera es demasiado mujer para esta marica.

Peeta cruje los dientes. Sabe que lo está provocando, pero no piensa caer en su trampa por lo que se limita a mirar hacia el frente e ignorar a los agentes que ríen la broma de su autodeclarado líder. Sabe que odian a Banks tanto como él, pero son demasiado cobardes para enfrentarse a él.

Furioso de que Peeta no le haga caso sirve para aumentar su furia y entonces sus golpes ya no son más para obtener información, sino para descargar su ira.

-Es suficiente, Banks –interviene Peeta finalmente.

-¿Quién lo ordena? ¿Tú? –Se burla Cato propinando otro puñetazo al soldado enemigo. Esta sudando pero la sardónica sonrisa incrementa conforme sus manos se llenan de sangre.

-He dicho que es suficiente –Cato lo ignora y golpea una vez más a lo que parece más una masa de carne y sangre que una persona. – ¡Basta! ¡Vas a matarlo! –Grita Peeta avanzando hasta él.

-¿Esa es la idea no?

-¡Tiene insignia de sargento! ¡La idea es obtener información! –Exclama apartando a Cato de su presa.

-Está muerto –dice otro agente que se ha acercado al prisionero para tomarle el pulso de la muñeca.

-Una mierda menos de la cual preocuparse –se encoje el agente Banks con indiferencia, limpiando la sangre en sus pantalones.

Peeta nunca ha odiado tanto a alguien en su vida.

La próxima misión que es asignada a su tropa, es recuperar de inmediato el Edificio de Justicia que ha estado bajo control rebelde por unas cuantas semanas. Afortunadamente Cato Banks ha sido puesto en disciplina por el 'incidente' ocurrido, por lo que Peeta no debe preocuparse por cuidarse las espaldas de su propio equipo.

Por otro lado, su escuadra lleva encima la tarea más difícil, que es atravesar la barrera de protección que los rebeldes han puesto en torno a la construcción. Una vez dentro, su deber es abrir camino para recuperar el tan ansiado edificio.

Ethan parece más pálido de lo normal, pero se niega a ser dejado atrás y se hace de un lugar junto a su oficial. Siguiendo cautelosos los movimientos de su líder, esperan la señal de avance. Peeta cuida de mantener el fusil de asalto listo para cualquier emergencia.

Lo que sea con tal de volver con Katniss.

El oficial sale de la pared que les protege y corre hasta el otro lado en solitario. Asegurando que el perímetro esté descubierto, indica que pueden seguirlo. Peeta es de los últimos en avanzar, encargado de cuidar la retaguardia de la tropa de ataque. Adelantan de este modo algunas cuadras que están completamente desiertas.

Cada vez más cerca del Edificio de Justicia, algo parece estar mal. No se escucha nada, no les espera un recibimiento como el que previnieron. Peeta comienza a creer que algo anda mal y el oficial parece pensar lo mismo porque se ve indeciso sobre seguir avanzando.

Sin embargo recibe órdenes precisas de continuar y entonces vuelven a andar. La primera mitad del grupo está reuniéndose en la esquina de una vieja fábrica, que está en contra esquina del Edificio de Justicia, y entonces alguien grita cuando una bomba salida de la nada hace volar la parte frontal de su edificio protector.

Peeta ve aterrorizado como escombros caen sobre las cabezas de sus compañeros.

-¡Ethan!

Grita y sin pensarlo corre en dirección a donde vio por último momento a su amigo.

Otra bomba explota y lo obligan a detenerse detrás de los restos de un vehículo carbonizado.

-¡Al suelo! ¡He dicho al suelo! –grita alguien, pero Peeta no puede ver bien, polvo y rocas dificultan la visión.

Con cautela se coloca de cuclillas y espera. Deja pasar unos momentos en los que escucha un tiroteo y más gritos. Se asoma con cuidado, alzando la careta de su casco para tener mejor claridad, y es cuando finalmente mira que son soldados rebeldes quienes, obviamente, les han tendido una trampa.

Los disparos siguen y él comienza a desesperarse, porque no puede asegurarse que Ethan se encuentre bien.

Una explosión más y Peeta instintivamente se agacha, pero nada cercano ha estallado. Gira la cabeza y ve que los refuerzos han llegado, y agradece esta distracción. Aferra su fusil y sale disparado.

Un rebelde debe verlo porque los disparos van en su dirección. Sin detenerse a pensar que o cual lado es el correcto, devuelve el fuego mientras avanza para alcanzar a su amigo.

-¡Ethan! –vuelve a gritar con la esperanza de escucharlo responder.

Pero nada ocurre.

Sus manos tiemblan cuando recarga su arma. La barrera entre él y su atacante es la sólida columna de cemento.

-¡Ethan! –grita con renovada desesperación.

'Detente. Respira. Cálmate' Repite sus palabras que han sido su sostén en momentos como este.

El polvo sigue levantándose y escucha los gritos y disparos más y más cercanos a donde él se encuentra. Vuelve a girarse, pero su enemigo no lo espera. Sin bajar la guardia, vuelve a correr a través de los escombros. Intenta no mirar el rostro de sus compañeros, ahora muertos, mientras los sortea con únicamente Ethan en mente.

-Mellark… –sobresaltado se detiene para ver que quien le llama es su oficial. Se acerca rápidamente hasta él –esos bas… bastardos.

Esta mal herido y ha perdido todos los dedos de una mano. Su herida de la cabeza sangra profusamente. –Señor, tengo que… Hawk… –quiere decirle que necesita buscar a Ethan, pero tampoco tiene el coraje para abandonar a su superior.

-Está mu…mu…erto. –Suelta antes de inhalar una última vez.

Peeta no tiene tiempo de asimilar la información cuando escucha el clic de una pistola apuntándole en la cabeza.

.

-¡NO! –con un grito aterrorizado se despierta de la siesta que sus amigas le han obligado a tomar. El sedante ha perdido efecto, pero se siente tan cansada como antes de ingerirlo.

La habitación está vacía, y recuerda entonces en donde está y que lo que ha visto es únicamente una pesadilla. Rue seguramente está trabajando en las cocinas y Madge de guardia en la enfermería. Su madre, Prim y Gale están a salvo en el trece.

Si tan solo Peeta estuviera aquí, no tendría nada más de que preocuparse.

Pero no está.

Una vez más, él no está ahí para darle la paz mental que tanto necesita.

Así es. Katniss Everdeen acepta que necesita a su panadero, cuyos amables ojos azules no podrán ser endurecidos ni por las más trágicas circunstancias.

Se obliga a recordar que confía en él y que si le prometió una vez más que regresaría, ella debe creerle e intentar ser fuerte de nuevo y aferrarse a la idea de volverlo a ver.

.

-Suelta el arma.

Peeta libera su fusil y por desgracia nota que es verdad eso que dicen sobre ver pasar tu vida cuando estas al borde de la muerte. Miles de imágenes desfilan por su cabeza mientras alza las manos y lentamente se pone de pie.

Podría gritar que está de su lado, que es un espía para los rebeldes.

¿Pero de qué sirve gritar cuando estas sentenciado a morir?

También encuentra hermoso que en su lecho de muerte, su mente aun pueda pensar en Katniss.

Katniss.

No puede terminar así; no le ha dicho que la ama.

-Voltéate, pedazo de mierda.

Esa voz.

No necesita indagar mucho para reconocerlo de inmediato. Es nada más y nada menos el mismísimo Gale Hawthorne quien le está apuntando con un arma.

Aceptando que la vida puede ser irónica algunas veces, reconoce que tal vez si tenga una oportunidad después de todo.

-Ella está bien –dice mientras obedece a su apuntador. Rápidamente decide no revelar su posición como espía. Si se llega a saber esta información y no puede volver al Centro de Entrenamiento, no podrá sacar a Katniss de ahí.

-No hables, escoria –Gale susurra con enfado, casi con odio. No es nada personal, simplemente odia a todos los del Capitolio porque son quienes le han arrebatado a su familia, y los que le han quitado a…

-Katniss está bien. –Repite Peeta con sumo cuidado, jugando su única carta de salida. Se siente mal por hacer esto, es como si jugara sucio, pero ya tendrá tiempo de sentirse miserable.

Ve el brillo de reconocimiento en los ojos de la Veta que identifica bastante bien. También se da cuenta que el soldado rebelde parece luchar consigo mismo; entre deshacerse de un enemigo, u obtener información sobre la joven a la que ama. –Te recuerdo. Eres el hijo del panadero. –Dice queriendo ganar tiempo para decidir que hacer con él.

El agente asiente. Es increíble que de todos los soldados que podrían estar ahora apuntándole, sea precisamente el hombre al que los sentimientos por la misma mujer le unen –Soy…

-Se quién eres –gruñe callándolo. –Que sabes de Katniss.

No es una pregunta, es más una orden, pero como es quien está armado, Peeta obedece prestamente –la llevaron junto con todos al centro. La preparan para ser enfermera…

Esto parece causarle gracia. Para Gale es inverosímil imaginarla tratando con heridos y enfermos, a su opinión es una reverenda estupidez que se desaproveche un talento como el de la joven; ella podría ser fácilmente la tiradora más acertada del planeta. – ¿Cómo sé que no estás mintiendo?

-¿De qué otra manera sabría que en alguna ocasión retó a un oso por una colmena? ¿O que la cabra de su hermana la consiguió cuando mataron un ciervo? –podría agregar que cuando la besa su boca sabe a un brillante día de primavera y que el calor de su cuerpo podría incendiar fácilmente un distrito entero, pero claro que eso únicamente le ganaría una bala en pecho.

El rostro del soldado cambia rápidamente de la ira, a la sorpresa, a la incredulidad, a la creencia y a la ira receptiva. –Supongamos que te creo y no te mato en este instante. ¿Qué quieres?

Peeta comprende; es esa misma tendencia que Katniss tiene para pagar favores –déjame ir.

El soldado da una risotada –Es la mejor broma que me han dicho nunca. No puedo dejarte ir, eres un maldito agente de la paz después de todo. Lo más que puedo hacer hoy es no matarte.

-Me parece justo –concuerda mientras ve la culata del arma de Gale Hawthorne insertase en su rostro antes de caer inconsciente.

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Cuando el mensaje llega desde el distrito siete, estruja la hoja con sus manos hasta casi romperla.

''Se sabe que el Agente de la Paz, Peeta Mellark, ha sido tomado prisionero''

Es increíble como una línea puede afectarle más que cualquier otra cosa en el Centro. Temblando se deja caer en el frío piso, no importándole que se encuentre en medio del pasillo de su sala asignada de hospital.

Todo el mundo parece venirse abajo.

Debió haberlo visto venir. Su instinto le avisó que algo terrible ocurriría y que debía hacer lo posible por retener a Peeta a su lado, pero no se esforzó lo suficiente y ahora es demasiado tarde.

Cuando unos delgados brazos familiares la toman por los hombros, y no es su cuerpo el que está sacudiéndose con llanto, se da cuenta que ha estado mirando el piso sin reacción mayor que haber caído sobre sus rodillas.

Pero entonces quien…

Gira la cabeza para ver que Madge es quien ha entrado en un incontenible llanto, espantando a los pacientes que esperan a ser atendidos.

Por un segundo, Katniss es capaz de olvidar su pena para enfocarse en la de alguien más.

Teme preguntar qué ha pasado. ¿Es que Ethan también ha sido…?

Como si intuyera sus pensamientos, Madge la suelta, pero solo para tenderle una hoja membretada como la que recibió hace unos minutos. Sus ojos recorren velozmente las líneas que ofrecen sus condolencias.

No puede ser.

Ethan Hawk está muerto.

-Madge… yo lo… –no puede decirlo, es demasiado doloroso para hacerlo. Ella misma no puede creerlo. No fueron los más allegados pero aun así… ¿Es egoísta pensar que al menos no ha sido Peeta?

-Nos íbamos a casar cuando volviera –maneja a decir la enfermera entre sollozos.

Por supuesto que es egoísta.

Sintiéndose culpable y sin saber muy bien que hacer, pero sintiendo de pronto el dolor de su amiga como suyo, reciproca el abrazo y acuna a Madge en sus regazo; justo como Peeta ha hecho con ella. Acaricia el suave cabello mientras la deja desahogarse, porque después de todo, es una de sus únicas dos amigas en el mundo.

Entonces se permite liberar un par de lágrimas, recordando lo que es perder a alguien a quien amas.

Y sabe que no es suficientemente fuerte para poder perder a uno más.

Peeta tiene que regresar.

Tiene que hacerlo.

.

-¿Cómo sigue? –pregunta Rue con suavidad. Ha sido su idea llevar a Madge a dormir con ellas para que no tenga que enfrentarse a esto sola.

Katniss sacude la cabeza –apenas se ha dormido.

Rue la mira dudosa algunos segundos antes de decir – ¿y tú como estas? He visto la carta –acepta con evidente culpabilidad.

-Lo odio –dice la joven de pronto sorprendiendo a su amiga. Ve que Rue no entiende por lo que explica –no a él precisamente. Más bien que prometiera que se cuidaría pero me ha mentido… –sigue con amargura –detesto que él no… que él no pueda estar aquí. Es que… –es cuando su voz se vuelve apenas un susurro audible –…detesto lo que me hace sentir.

-Pero, Katniss…

-Me hace sentirme como mi mamá –continua su explicación. –La he juzgado duramente tanto tiempo, por dejarse vencer ante la muerte de papá y ahora, después de casi siete años, tengo miedo de comprenderla finalmente.

-Oh, Kat…

-No quiero casarme –vuelve a interrumpir, no queriendo la lastima de su joven amiga. –Tampoco quiero tener hijos… Sería una terrible esposa ¿sabes? Yo no estoy hecha para eso. Y… y mira a Madge. Es a lo que queda reducida una mujer cuando pierde a quien ama.

-Me parece una justificación de tu parte, Katniss. –La cazadora la mira con el ceño fruncido –quiero decir que buscas justificaciones para negar lo que sientes por Peeta.

-¿Y que siento por él? –pregunta cruzándose de brazos en actitud retadora.

-Amor –la enfermera se ríe esta vez. –En serio –alega Rue como una conciencia de carne y hueso. –Lo he visto en los ojos de mi mamá cuando veía a papá. Lo he visto cuando Madge miraba a Ethan. Y digo con seguridad que lo he visto en tus ojos desde que estás con Peeta. Debes reconocerlo, Katniss. Si querías mantener tu corazón protegido, ya es demasiado tarde: Peeta Mellark se ha alojado en él y tú le has dado la bienvenida.

Deja a Katniss perpleja –yo no… no… estás equivocada. Prometí que nunca me enamoraría… No puedo… ¡no quiero!

-Estás asustada y está bien, pero no dejes que eso te detenga.

-Estás muy equivocada –insiste la joven con persistencia.

La niña ve que Madge se remueve en su cama y se encoge de hombros –si tú dices, pero recuerdo que mamá decía que en el corazón no se manda. Intentaré dormir un poco y, Katniss…

-Uhm –dice nada más porque no quiere que el torrente de palabras furiosas salgan de su boca.

-Peeta estará bien, ya lo verás…

-He escuchado eso muchas veces. –Responde con resentimiento.

-Y no nos hemos equivocado ¿verdad? –Con una última suave sonrisa la pequeña se acomoda junto a Madge, quien ahora solloza suavemente entre sueños.

Aunque Katniss intenta endurecer su corazón y no pensar en lo que puede ocurrirle a Peeta, porque los rebeldes no saben que es un buen hombre en realidad, le resulta imposible con los dolorosos gemidos de su amiga.

¿Qué es esto que puja en su pecho y que la lastima tanto?

No puede ser amor como ha dicho Rue porque el amor no puede doler así.

Su amiga está errada.

¿Pero entonces porque tiene el ansiado deseo de volverlo a ver? ¿De sentir sus brazos? ¿De acariciar sus labios?

¿Por qué lo necesita desesperadamente para sobrevivir?

Peeta debe regresar vivo para que pueda ayudarla comprenderlo.

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