Advertencia: Capítulo veloz, 6,733 palabras apróx, escena M.
Gracias por sus comentarios. Les dejo lo que he podido terminar antes de salir de viaje. BESOS :D
Capítulo X
-¡Entienda que está muy indispuesta! –Exclama mirando a la jefa de enfermeras. Y es que la mujer no entiende que para Madge es imposible abandonar la cama. –Pero le he dicho que yo puedo cubrir sus labores.
No le dice que no soporta ver a su amiga, porque definitivamente le recuerda ese difícil tiempo en que su madre tuvo la misma reacción. Así que mientas ella se dedica a cubrir las actividades de Madge, generándole una carga excesiva de trabajo, Rue es la encargada de ver por la deprimida joven.
-Todos hemos tenido pérdidas, Everdeen. No puedo permitir que esto siga así. El Capitolio no está gastando en ella para que se encuentre indispuesta. Si mañana no se aparece a cubrir su guardia, tendré que meterla a disciplina –y dicho esto se va.
Katniss se talla los ojos; le arden y tiene sueño. Estos días han sido difíciles, pero tampoco es que pueda dormir; en sus pesadillas siempre aparece Peeta y en lo que podría estar sufriendo. En sus pocos ratos libres, ha intentado contactar a Finnick Odair porque tal vez él pueda proporcionarle más informes sobre Peeta.
¿Qué no piensa nadie en ir y rescatarlo?
Pero el vencedor no es tan fácil de encontrar.
Debe hablar con Madge, hacerla mover o algo, conseguirle pastillas o antidepresivos. Recuerda que su madre llegó a decirle que necesitaba esas medicinas para sobrellevar el dolor de su pérdida. Al principio la joven no lo entendió, pero a sus ahora casi veinte años comprende un poco mejor que hay personas que necesitan más ayuda que otras. O es lo que Peeta le ha hecho ver.
Peeta otra vez. ¿Es que este hombre siempre estará presente en su vida?
Bueno, no le importaría si estuviera ahí haciéndola reír.
¿Cómo se encontrará? ¿Seguirá vivo?
Frustrada se sigue formulando preguntas de las que no tiene respuestas.
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La celda es fría y húmeda; no podía esperar menos de un edificio del Capitolio. Los muros son gruesos y podrían contener cualquier cosa; incluyéndolo a él.
En ocasiones como estas, después de haber sido interrogado y golpeado; se pregunta si no le habría valido mejor estar muerto.
Así como Ethan.
'Al menos no es un calabozo' Intenta pensar con algo de humor, pero necesita mucho esfuerzo de su parte, ya es que es deprimente estar tras unas barras de hierro todo el día.
Durante las sesiones de preguntas y respuestas se ha visto tentado a revelar su posición como espía, pero ¿le creerán?
Lo duda.
Además no hay nadie por aquí que avale la verdad.
Gale Hawthorne ni siquiera ha indagado más sobre Katniss; tal vez los rebeldes planean atacar el órgano principal generador de agentes de la paz y por eso se siente lo demasiado confiado como para necesitar la ayuda del imbécil panadero que terminó como prisionero. Aunque también puede ser que esté demasiado ocupado en sus deberes como para sospechar que Peeta y la joven son algo mucho más cercano que simples conocidos.
Si Gale supiera seguramente le daría toda su atención en menos de un segundo; el tiempo justo para insertarle una bala en la cabeza.
Antes de ser un agente de la paz, Peeta siempre solía buscar el lado positivo de las cosas, pero ahora es difícil cuando la luz del sol parece ser un mito; y la sonrisa de tu chica un simple sueño.
'¿Qué estará haciendo Katniss?' Se pregunta.
¿Sufrirá su ausencia? ¿Se sentirá aliviada de no tenerlo alrededor?
Él no es precisamente despistado; y tantos años observando las reacciones de la joven de la Veta han dado sus frutos, y por eso se atreve a decir que la conoce bastante mejor que nadie. Así que está al tanto de las sensaciones confusas que la hace sentir. Por eso sabe que, y no por sus acalorados besos, se ha hecho un hueco en su corazón.
Es un bálsamo el consuelo que encuentra al pensar en ella; y al mismo tiempo sabe que es donde encontrará la fuerza para salir de ahí.
Si quiere volver al lado de su musa, debe empezar a buscar una forma para escapar.
Aunque sobrevivir un día a la vez es un buen comienzo.
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-¡Odair! ¡Odair! –grita desesperada corriendo tras el apuesto joven de pelo broncíneo y espectaculares ojos verdes. Es la primera vez que lo ve en semanas y no piensa perder su oportunidad.
Afortunadamente Madge ha estado tomando sus antidepresivos y ha mejorado ligeramente. La jefa de enfermeras puede ser una persona complicada, pero parece saber que lo que necesita Madge para sobrellevar su pérdida es mantener la cabeza ocupada; por eso la ha tomado como su asistente personal.
Llega hasta el joven sin aliento. Sin detenerse a saludarlo, el torrente de palabras sale de su boca, cada una concerniente a Peeta Mellark. Esto es como un desahogo para ella, porque no ha querido añadir sus cargas a los hombros de su dolida amiga. Pero en lugar de sentir alivio, nota claramente como la ira empieza a burbujear en su pecho, incrementando a cada segundo mientras observa que el vencedor rebusca algo en los bolsillos de su pantalón, sin prestarle atención. Como si lo que le ha ocurrido a Peeta no fuera importante.
Finalmente parece encontrarlo – ¿quieres un azucarillo?
-¡No! ¡Lo que quiero es tener informes de Peeta! –grita iracunda, incluso se atreve a empujar la mano extendida del vencedor.
El azúcar sale volando por los aires –vaya –es lo único que dice Finnick.
-Vaya, ¿qué?
-Parece ser que después de todo, sientes algo por él. –Suelta el vencedor con sincera sorpresa.
-¿Me vas a decir qué sabes sobre Peeta o no? –contesta a la defensiva, el ceño fruncido. Nunca ha permitido que nadie, ni siquiera Prim, indague en sus sentimientos ¿Qué le hace pensar al vencedor que él puede hacerlo?
-No sé nada.
-¡Algo has de poder hacer para conseguir información! –Grita fuera de sí, perdiendo la poca paciencia que tiene.
Finnick parece de pronto muchos años más viejo –lo siento, Katniss. –Le dice antes de darle la espalda he irse de allí.
La joven limpia con ira las lágrimas que han surcado su rostro.
Como quisiera tener un arco en las manos para obtener respuestas.
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-¡Confiesa, maldito agente! ¡¿De dónde has obtenido esto?!
Llevan así media hora por lo menos. Desde que se descubriera el mensaje codificado que contenía el cigarrillo que le diera Johanna Mason, lo han sometido a este interrogatorio.
Esta cansado, deshidratado y lo someten a varios cambios de temperatura cada cierto tiempo. Tembloroso y sudado, ya no es capaz de formar frases enteras; mucho menos coherentes. Divaga sobre colores, personas que nadie conoce, y niños muriendo de hambre. Llama a su padre, pero eso no les deja saber nada.
Lo devuelven a su celda bastante mermado, pero las pesadillas que ve despierto siguen ahí, y no lo abandonaran por largo tiempo.
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El vencedor Finnick Odair se encuentra en una disyuntiva; revelar la posición de espía de Peeta o seguir con el protocolo para las personas como él.
Mientras intenta decidir, debe recordarse que cuando se unieron a este grupo especial, juraron que por nada revelarían su información; ni sus actividades secretas.
Por supuesto que personas como él son usualmente gente que no tienen nada que perder, al menos nada que no les haya sido ya arrebatado por el Capitolio. Ni familia, ni amigos fuera de este selecto grupo, y que si les queda alguien a quien aman, han renunciado a esa persona.
Como dijo: nada que el Capitolio no les haya quitado ya.
Pero a alguien se le ocurrió la idea de infiltrar personas especiales entre los agentes de la paz; sujetos sin nombre, ni identidad para el Capitolio.
Y él ha decidido colaborar con esto y ha afiliado personal para misiones suicidas.
Uno de ellos ha sido Peeta, lamentablemente este aún tiene a alguien cuya vida le es más importante que la suya; y aunque otros infiltrados le han visto el potencial, se ha hecho ciegos para no ver la atadura del agente Mellark a la vida en esta tierra.
¿Cómo pudo ignorarlo? Si él mismo aún tiene un último hilo de esperanza que le da la promesa de un futuro mejor en el distrito cuatro; cuya paz descansa en la seguridad que los propios juegos de su mente le han brindado.
Comprende a Peeta Mellark más de lo que profesionalmente debiera permitirse.
Pero lo principal es mantener bajo el perfil de sus infiltrados; y cumplir su juramento hecho a Peeta cuando fue reclutado: llevar a salvo a la chica Everdeen al trece.
Y aunque no conoce la historia completa, ni porqué la joven debe ir allá, está decidido a cumplir su promesa, el problema es que aún no es el tiempo. Y duda que la joven vaya a cualquier parte donde Peeta no se encuentre.
¿Cómo ganarse la confianza de Katniss si no le puede ofrecer respuestas?
Debe mover algunos hilos entre sus contactos para obtener informes sobre el agente cautivo. Espera no equivocarse en esto y que salvar al agente Mellark valga la pena, porque esto podría costarle muchas cosas.
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Katniss ha sondeado la posibilidad de ser enviada al distrito siete; pero sigue habiendo trabas en sus documentos y nadie parece saber qué indica el protocolo. Cree que se debe a que llegó en calidad de 'prisionera voluntaria' y ese término no aparece en los registros del Capitolio.
Madge está muy delgada, y ni Rue ni Katniss encuentran la forma de hacerla comer más. Parece una muerta en vida. Se levanta, se baña, hace su trabajo, cumple órdenes y atiende enfermos; pero no sonríe, no platica y es como si estuviera dejándose morir.
Hace dos días Katniss perdió el control y la sacudió por largo rato tratando de hacerla reaccionar; Rue tuvo que intervenir y pedirle a Katniss que fuera paciente, que para ninguna ha sido fácil estar ahí. Antes de huir de la bodega donde duermen le gritó que la odiaba por ser como su madre.
Corrió y corrió con los ojos escociéndole con lágrimas calientes. Cuando se detuvo, vio que había llegado al lugar donde Peeta jugueteo con los listones del vestido que Madge le prestara para ese dichoso baile. Ese lugar donde ella sintió que algo faltaba y como si fuera una revelación lo comprendió en ese momento: ansiaba que la besara.
Hace tanto tiempo ya de eso, pero ahora quiere una vez más sentir la calidez y la seguridad que Peeta le da a todo; esa estabilidad y esa fuerza interna que ha hecho sus días más cortos. Que hace que la distancia con su familia sea menos entrañable.
Comprende… No. Acepta que lo quiere.
Quiere todo de él; su sonrisa, su calor, su boca, sus besos, sus caricias. Quiere su humor, sus risas, sus ojos azules, sus rubios y rizados cabellos. Quiere esos brazos fuertes y ese pecho amplio, ese cálido aliento y ese robusto cuerpo. Quiere ese carácter bueno y apacible, desinteresado y humilde, firme y valiente, amado y ardiente.
Quiere a Peeta Mellark.
Lo quiere de verdad y sabe que si él muere, ella nunca volverá a casa, se pasará el resto de su vida intentando huir de todo.
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Ha perdido la cuenta que lleva ahí encerrado, pero los disparos siguen siendo los mismos, las explosiones también y los gritos no han cambiado.
Sin embargo él ha puesto atención; y ha hablado con nuevos prisioneros que ha corrido la misma suerte que él y no han sido asesinados.
Empiezan a formar un plan.
Con oídos atentos y buena memoria comienzan a crear a discreción un mapa general que les brinde la oportunidad de salir. Es arriesgado, pero si no lo llevan acabo antes del próximo martes, morirán siendo ejecutados, como un soldado del trece les ha informado.
Con paciencia se organizan esperando para asentar el golpe.
Mientras lo hacen, Peeta conoce a estos hombres, que han sido obligados a dejar familias, amantes, hijos. La mayoría de ellos por voluntad propia, o porque si se enlistaban deudas les serían perdonadas, ganancias mejores recibirían, les devolverían a familiares retenidos como traidores (avoxes). Cada quien tiene su motivo; pero Peeta inventa el suyo porque no cree conveniente decirles que él lo ha hecho por amor.
¿Cómo estará su familia? Con algo de culpa admite que no ha pensado demasiado en ellos. Para justificarse debe decir que al principio era doloroso hacerlo, sobre todo por lo que acontecía en su vida familiar, pero después simplemente ignoró el hecho de tener una familia.
Tal vez si hubiera tratado más, o si hubiera sido más valiente, o hubiera confrontado a su madre… Cómo es la vida, que cuando se está cerca de la muerte, te hace pensar en todos los hubiera que nunca realizaste.
Pero él no está listo para morir todavía. Mucho menos a manos de la causa por la cual supuestamente pelea.
Así que la oportunidad les llega cuando el soldado encargado de llevar a Peeta a inspección abre la celda y no tiene el cuidado de cerrarla.
Con asertividad el agente lo derriba haciendo acopio de todas sus fuerzas. Los demás provocan una distracción para el segundo soldado que ha entrado a ver qué ha pasado, pero ya es tarde, Peeta está armado, pero no tira a matar, simplemente con un buen golpe deja al rebelde fuera de combate.
Si el plan marcha como es debido, dentro de nada habrán alcanzado la libertad.
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La noticia le ha llegado por medio de su radio ilegal de baja frecuencia.
Le han avisado que escaparon algunos rehenes del Edificio de Justicia del distrito siete. Ha sido mera casualidad que ese día precisamente los agentes de la paz causaran caos en la parte norte del distrito, ocasionando que la mayor concentración de soldados fuera dirigida hacia allá, dejando descuidada la seguridad del Edificio de Justicia.
Finnick Odair sonríe cuando sus sospechas son confirmadas por medido de la red oficial de información del Capitolio. Y se siente aliviado de no haber tenido que tomar drásticas decisiones.
Lo primero que hace es ir a buscar a Katniss para darle la noticia.
Probablemente el témpano de hielo lo abrace y llore en su hombro radiante de felicidad; y entonces él podrá decir definitivamente que no existe poder humano que se resista a sus encantos.
No sale como lo tenía planeado cuando el puño impacta en su perfecta nariz. – ¡Qué diablos!
-¡Eso es por no haber hecho algo antes!
Por desgracia unos agentes ven la escena y confinan a la joven a dos días de aislamiento disciplinario.
Pero a Katniss no le importa. Nada puede quitarle la sonrisa del rostro y ahora sí, y lejos de la sensual presencia de Odair, se permite llorar de felicidad.
Peeta ha cumplido su promesa y vuelve a ella.
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Lograron llegar al campamento del Capitolio guiados por el agente Mellark. No hay un gran recibimiento porque los agentes han salido a una misión, donde se cree hay un asentamiento de tanques pertenecientes a los rebeldes. Pero los que han quedado atrás pendientes del lugar, dirigen al grupo de diez, perdieron dos hombres en el Edificio de Justicia, inmediatamente al hospital.
Se les considera mejor una vez ahí. Peeta necesita recuperar peso perdido y estar bajo constante supervisión; pero como están en campo será difícil tratarlo ahí, por lo que lo envían de inmediato al Centro, donde tomará las pastillas que repondrán su masa corporal con mayor velocidad.
No hay nada que el joven agente agradezca más.
El trayecto le parece eterno; sobretodo porque debe ir con una aguja conectada a su mano.
Pero qué más da; ¡dentro de nada podrá ver a Katniss y no únicamente en su mente! Podrá tocarla, podrá besarla, y si se sigue sintiendo con suerte, le confesará que la ha amado desde siempre.
La llegada transcurre sin contratiempos. Se siente bien respirar ese aire que no está viciado y tampoco nublado. El cielo brilla de azul celeste y el sol calienta su piel deliciosamente.
Ha sido acomodado en una habitación del solitario pasillo quince. Debe guardar reposo hasta que el tratamiento haga efecto; y él no tiene problema con eso. Es solo que tiene pesadillas mientras duerme, pero cuando despierta debe recordarse que no es real. O que si lo fueron ya no lo son más.
Cuando la puerta se abre inesperadamente, después de que los médicos se han ido y las enfermeras que lo conocen lo han pasado a saludar, desea que sea Katniss quien entre por ahí.
Sin embargo el pánico se asienta en su pecho cuando la persona que entra es Madge Underseen; o que en otra vida pudo ser Madge Hawk.
¿Qué decirle? ¿Qué él ha llegado vivo y su prometido no? ¿Qué está feliz de estar verla cuando es claro que ella no se encuentra en mejor estado?
Madge rompe el silencio –me da gusto que estés aquí, Peeta.
El agente asiente lentamente, como si estuviera frente al detonante de una bomba que debe desactivar. Tal vez si puede hablarle con la verdad –debí ser yo.
Pero Madge rechaza sus palabras –no digas eso –su voz es apenas un susurro.
-Intenté… yo no… no tuve tiempo de hacer nada… –dice y es como un doloroso lamento.
La joven se acerca y toma su mano para que puedan llorar juntos. Algunas heridas son sanadas, y la memoria de Ethan Hawk quedará grabada en sus corazones para siempre.
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Rue es quien ha ido a buscarla a la pequeña prisión para darle la noticia de que Peeta ya ha llegado. Madge lo ha visto y ya ha llorado con él la muerte de Ethan. Y ahora él pregunta por Katniss.
La joven está desesperada por cruzar esos barrotes y correr a ver a Peeta. Intenta no sentir celos ni decepción por no haber sido la primera en verlo; pero que importa ¡Peeta está ahí y a salvo! Y aunque ella quiere ser quien se encargue de sus cuidados, no la dejaran salir aun.
Logra dormir algunas horas antes de que le informen que puede irse, y que la próxima vez no correrá con tanta suerte.
Ella quiere decir que quien no correrá con tanta suerte será Finnick Odair, pero prefiere guardarse este pensamiento y dirigirse hasta el hospital donde su Peeta se encuentra. Ya está atardeciendo, pero ella no se siente para nada cansada.
Entra a la habitación donde se está recuperando de sus heridas. Su corazón se encoge. Peeta tiene algunas marcas y nadie se ha molestado en afeitarle la barba de días, tal vez semanas.
¿Cuánto tiempo ha sido?
Meses. Mínimo tres ¿O han sido cuatro?
-Es una fortuna que no fuera más tiempo –le dice el doctor que revisa los niveles del agente antes de retirarse –asegúrese de administrarle otra dosis dentro de cinco horas.
La joven asiente; se ha olvidado de que necesita un baño y que su uniforme ha de estar lleno de suciedad.
Por supuesto que es la última de sus preocupaciones.
Con pasos tímidos camina hasta colocarse a un lado de la camilla de Peeta; quien duerme apaciblemente.
Con ternura, pero con manos temblorosas, acaricia los largos rizos que se ven oscuros por la mugre. Nadie le ha dado un baño, pero ella se lo dará. Con su pulgar acaricia suavemente las largas pestañas y también los conocidos labios que tanto ha extrañado.
Es mejor que un dulce sueño.
Necesita que abra los ojos, pero comprende que es más necesario su descanso.
Mientras el joven duerme con su dosis de jarabe, la enfermera va a conseguir de las gavetas algunas cosas para limpiarlo de la tierra y el sudor.
Con cuidado enjabona la barba y con ayuda de una navaja lo va rasurando recordando como su padre solía hacerlo en casa cuando aún vivía. Lentamente Peeta va volviendo a la normalidad y parece nuevamente joven al dormir.
Este es su panadero; su esperanza y su aliento.
Con las puertas cerradas, sabe que pasará la noche cuidando de él; todo lo demás podrá esperar.
Ha de pasar largo rato mirándolo, porque el joven abre los ojos lentamente cuando ya es de noche.
-Peeta –susurra su nombre con afecto.
-Katniss –mueve una de sus manos para entrelazar sus dedos con los de la joven que rozan la cama. Se siente infinitamente mejor y continuará haciéndolo mientras la pueda seguir viendo.
-No hagas esfuerzo. Ya estás aquí –dice pero más para convencerse a sí misma que para confortar al joven.
-Tengo algo que decirte –pide Peeta que se acerque para hablarle.
La joven se inclina y el aliento de Peeta le provoca cosquillas cuando le dice –recuerda que puedes besarme cuando quieras.
Katniss se ríe, pero como haría una buena enfermera, quiere obedecer sin quejarse. Rápidamente busca sus labios con hambre y desesperación, mientras nuevas lágrimas de gratitud son derramadas de sus ojos. ¡Es maravilloso poder tocarlo! Se aferra a él como si temiera que de un momento a otro le fuera a ser arrebatado. –No quiero volver a perderte –confiesa en un susurro mirándolo a los ojos.
-No lo harás –contesta antes de que ella vuelva a besarlo.
Lentamente profundizan sus besos, se envuelven en sus brazos y no parecen saciarse del otro.
La joven quiere separarse pero porque le preocupa que Peeta se agote; sin embargo él no lo permite. –He esperado demasiado tiempo para poder hacer esto.
Entonces Katniss es invadida por un torrente de emociones y es fácil dejarse llevar por lo que quiere hacer; es más sencillo no pensar y entregarse plenamente a su querido Peeta. Tampoco quiere saber qué significa toda esta pasión que consume su interior. Lo único que le interesa es que Peeta Mellark está ahí con ella, que es suyo, y que ella quiere ser de él.
-Bésame, Peeta –suplica.
Los ojos azules se ensanchan y posa una mano en la mejilla de la enfermera con suavidad. Lentamente, y con todo el cuidado y amor del mundo, la besa queriendo transmitir por cada poro de su piel cuanto la ama; cómo la desea.
La joven no se queda atrás y es sobrecogedora la urgente necesidad de sentirlo más cerca; de demostrarle lo que significa tenerlo ahí, con ella; justo donde debe de estar. Sube automáticamente a la cama para colocarse a horcajadas sobre él; y de este modo puede apreciarlo mucho mejor.
Ríen con el crujido que hace la cama bajo su peso. Katniss ve maravillada el brillo en la profunda mirada azul. Es increíble lo que puede hacerla sentir con solo verla.
No deja de estremecerse.
¡Allí está él nuevamente! Con sus sonrisas, con ese hoyuelo que se forma en solo una mejilla, con la mandíbula que ya es la de un hombre, con sus largas pestañas, con sus cejas y sus tupidos rizos.
Es el hombre más hermoso que haya visto nunca.
Poco a poco y como si tuvieran todo el tiempo del mundo, sus manos exploran el cuerpo del otro; sus ropas se van. La boca de Peeta besa cada milímetro de esa mujer que desde pequeña tomó su corazón y nunca jamás le devolvió.
Katniss cierra los ojos y canaliza toda su atención a ese rastro ardiente que deja el agente al recorrer su cuerpo. La mira con devoción; la toca como si fuera el material más delicado del universo.
Las inexpertas manos de Katniss para esto, y tan expertas al cazar y cuidar, se deshacen de la bata que cubre el cuerpo desnudo que tiene debajo de sí. Temblorosa pero segura acaricia el pecho desnudo, las costillas que sobresalen. Otra lágrima resbala mientras se inclina para besar suavemente los moretones que ha sufrido durante prisión.
En una muda promesa que jura protegerlo.
La pasión los está absorbiendo y todo parece tan sencillo y correcto que dejan que las cosas tomen su rumbo. Instintivamente sus manos trabajan para obtener el acercamiento, el contacto que tanto necesitan; y de este modo poder calmar la dolorosa necesidad que tienen de tocarse.
Las manos de Peeta se aferran como han hecho en otra ocasión a la cadera de la joven. No puede creer que esto esté pasando; justo aquí y justo ahora. Con más fuerza de voluntad de la que creía tener, toma después las manos de Katniss entre las suyas, deteniéndola de deshacerse de su sujetador. La joven lo mira confundida por lo que Peeta se apresura a decir –sabes que deseo esto más que nada en el mundo, pero quiero que tú estés segura de quererlo también.
Katniss le resulta tierna ruborizada, pero en sus ojos arde la flama de la pasión y sabe que la joven está en llamas.
¡Es su Peeta por todos los cielos; por supuesto que quiere! –lo deseo.
Lo ha dicho con tal convicción y necesidad que Peeta no puede sino responder besándola nuevamente y con renovada pasión. Ahora es él quien la ayuda a desabrochar el sostén; mientras la joven se inclina sobre él para permitirle colocar besos en donde su corazón late con fuerza.
-Eres perfecta –susurra entre beso y beso mientras se permite acariciar cada pulgada de su desnuda piel oliva. Y como si lo hubiera hecho desde siempre, va desenredando la sencilla trenza de la joven y deja correr sus dedos en el oscuro cabello que siempre le ha gustado.
Ella cierra los ojos con deleite. No dice nada, pero le besa el cuello, y permitiéndose ser atrevida, recorre con su lengua la concavidad de este.
Si así sabe la esperanza, podría comerla toda la vida.
La reacción que provoca en la anatomía del joven ya no le resulta extraña; sino placentera. No lo creyó posible, pero de pronto quiere sentir más de Peeta Mellark.
Al intentar deshacerse de las últimas prendas que les separan; Peeta se mueve con agilidad e invierte los roles. Esta vez es ella quien queda a merced del agente.
La verdad es que no le importa; hasta podría decir que le agrada y que podría acostumbrarse a esto.
Peeta se rinde a sus deseos finalmente y la besa con más intensidad que nunca. Sus sueños haciéndose realidad; la mujer de su vida entregándose plenamente a él. Es el turno de él para besarla en su cuello, sus hombros, su torso, su vientre, sus muslos.
Es perfecta.
Toda ella.
Y mientras se deshace de la última prenda de la chica, no deja de hacérselo saber una y otra vez. Empero conociéndola, sabe que es más receptiva a los hechos y por eso la besa, y la besa, y la vuelve a besar casi hasta desmayar, dejándola sin aliento; sintiéndose insaciable y dejándola con ganas de más… mucho más.
Acaricia sus brazos, atesora cada jadeo, cada sofoco. Cada grito ahogado, cada vaporoso aliento. Es hermosa. El color de su piel es como el pan dorado. Sus ojos son como nubes tempestuosas. Sus labios rojos como cerezas. Su cuello es largo como de cisne. Sus delineados hombros como las colinas que rodean el distrito doce. Y sus pechos ¡Oh, sus pechos son como firmes y maduras manzanas predispuestas solo para él!
No hay nada que quede de la hambrienta niña que sacó adelante a su familia.
Finalmente está lista y ella se lo hace saber –hazlo, Peeta. –Pide casi con desesperación; porque no se cree capaz de poder soportar durante más tiempo este ardor consumidor dentro de ella.
El joven asiente y deja que las temidas palabras salgan desde su corazón antes de entrar cuidadosamente en ella –te amo.
Un gemido de dolor mientras articula –lo sé. –Porque, ahora entiende, siempre lo ha sabido. Y aunque no es capaz de pronunciar aún las mismas palabras, sabe que él la comprende; y de algún modo, está al tanto de que Peeta no espera una respuesta de su parte.
Parece conocerla mejor que nadie.
Al compás de un solo latir dejan que sus cuerpos se amolden el uno al otro. Sincronizados parecen hechos a la medida, y la perfección en este momento es finalmente alcanzada.
No que no le duela, pero la belleza de esto es que nunca antes ha estado tan unida a otro ser humano. Y sabe que no podría haberle ido mejor.
Exhausto, Peeta se deja caer sobre ella. Una sonrisa en sus labios. Busca la mano de su amada para besar cada dedo y su palma. La mirada de gratitud es suficiente para que ella reafirme que ha hecho lo correcto. Que si es difícil entregarle abiertamente su corazón, es más fácil demostrarle lo que le inspira a través de su cuerpo.
-Te quiero –confiesa después de un rato, mientras Peeta ronca suavemente a su lado. No debería, pero es lo que siente. Aunque solo pueda tener el valor de decírselo mientras duerme.
Esa noche descansan abrazados absorbiendo el calor del otro.
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Se sienten más unidos que nunca a pesar de no tener nuevamente la oportunidad de volver a estar solos durante tanto tiempo; pero la prioridad es que Peeta se recupere.
Una tarde vuelven a sentarse bajo la sombra de su árbol favorito en el 'Edén'.
Katniss está satisfecha con la mejoría del joven. Ha estado tan ocupada en cuidarlo, que siente ha descuidado a sus amigas –quisiera hacer más por ayudar a Madge, pero no sé cómo.
-¿Acaso la letal cazadora del distrito doce me está pidiendo un consejo? –El joven ha sido promovido gracias a su heroica actuación de rescate de cuando logró liberar a varios prisioneros consigo; y ahora tiene más responsabilidades como agente. Ya no es uno más del montón; ahora se encuentra entre el selecto grupo de oficiales.
-Hablo en serio, Peeta –le dice empujándolo en broma.
-Lo sé. Pero créeme que si supiera te lo haría saber. Ethan era un gran amigo y superar las perdidas nunca es fácil. Lo entiendes mejor que nadie.
Katniss asiente, hablar con Peeta sobre su padre duele menos. Y por supuesto que lo entiende, pero no por eso quiere dejar de ser útil. – ¿Cómo haces para sobrellevar todas las cosas que has visto?
Peeta suspira. No es un tema que quiera hablar con nadie, pero tarde o temprano Katniss querrá saber ¿y que le dirá él? ¿Qué las pesadillas siempre están ahí y que nunca se irán? –Estar en batalla nunca es fácil; pero para mantener la cordura me repito tres palabras: Detente, respira, cálmate. Y aunado a la fuerza que me da pensar en ti…
Katniss no gira los ojos, pero suspira también –tal vez deba tomar prestadas esas mismas palabras. Mi jefa dice que han arreglado el fallo de mi documentación y que pronto me enviarán al diez para… ¿Peeta? ¿Te sientes bien?
El joven se ha puesto pálido; pero no es por lo que la joven piensa. Rápidamente se pone de pie tratando de controlar su furia.
-¡Peeta! –grita ella conforme el joven se aleja.
Está bien que sea la oportunidad que ha estado esperando para huir al trece; pero tiene pensado convencer a Peeta para que consiga que lo transfieran junto con ella; y así ambos tengan la oportunidad de escapar. Después de todo, Peeta no disfruta mucho siendo agente de la paz.
Decidiendo que no tiene por qué batallar con el ego masculino de Peeta, regresa a sus labores en el hospital; pensando que lo ha hecho enojar. Aunque internamente está segura que en cuanto lo vea a la hora de la cena, bastarán una mirada para olvidar la escena y un beso para sellar su reconciliación.
O algunos más porque le encanta ese lado de Peeta, y porque no le importa que el agente la deje con las rodillas temblorosas y el deseo de más.
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Sin embargo no es lo que Katniss cree, lo que le ha puesto de este humor. Movido por la rabia y la determinación, va a buscar a Finnick Odair. –No has cumplido con tu parte del trato. Te he estado consiguiendo información que únicamente dan a los oficiales, pero tú me quieres ver la cara de imbécil.
Los famosos ojos verdes mar del joven vencedor le devuelven la mirada.
-Dijiste que Katniss permanecería segura aquí –continúa en un siseo –hasta que pudieras moverla al trece sin peligro alguno.
-Tenemos problemas mayores, Peeta –le responde por lo bajo, asegurándose que nadie más pueda escucharlos. –Los rebeldes planean atacar el Centro antes de lo previsto, y con todo el movimiento que se está generando, mi contacto no ha tenido el tiempo de borrar a tu chica de las listas.
-La enviarán al diez –gruñe amenazante.
-¿Y crees que es mi único problema? He escuchado que mi presencia les está comenzando a inquietar; debo actuar con cuidado.
-¿Y crees que a mí me importa? –suelta con brusquedad, pero lo lamenta de inmediato –lo siento. Pero todo esto es agobiante. Únicamente quiero sacarla de aquí.
El vencedor asiente comprensivo –escucha, Peet. Sé lo que te he prometido y también sé que has hecho mucho más por la causa a pesar del lamentable episodio en el siete. Veré que puedo hacer respecto a lo de tu chica. Pero necesito que mantengas los sentidos alerta, porque la situación es delicada y cualquier cosa puede pasar.
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Son dos días desde que hablara con Finnick; y este le ha hecho llegar un sobre donde le indica que un aerodeslizador irá a sacar algunos prisioneros que mantienen ahí. El problema es que será durante el ataque de los rebeldes al Centro y todo se llevará a cabo en medio de la confusión, pero que él cree que es la única oportunidad que tendrán para trasladar a Katniss al trece. Le ha adjuntado las señas que necesitará para encontrar la nave aliada; y ha podido asegurar un lugar para la joven.
Eso significa que Peeta no podrá acompañarla; tampoco Rue ni Madge.
Peeta duda que Katniss acceda a abandonarlos ahí, por lo que deberá confesarle varias cosas; así, si algo imprevisto llegara a pasar, ella sabrá la verdad y hará lo correcto; que es tomar la oportunidad e irse.
No encuentra el momento adecuado, por lo que cualquier tiempo lo es.
Así termina confesándole todo sobre su función como infiltrado; como es que ella no ha sido enviada a ningún campo; como Finnick es quien le ha conseguido la información sobre su familia. Como es que fue Gale quien le tomó por prisionero en el siete.
Una confesión sigue a la otra y pronto le ha dicho todos los secretos de su vida como agente.
Katniss no sabe que decir; pero asiente cuando Peeta le hace saber que nada de esto puede ser revelado. –No quiero ponerte en peligro.
La joven jura que no pasa nada, pero está claro que trata de asimilar toda la información sin perturbarse.
Entonces le explica a medias el plan de Finnick para sacarla de ahí; y aunque la joven se niega al principio, accede pensando en que si es la oportunidad para volver a ver a Prim, lo intentará. –Irás conmigo ¿verdad?
No recibe una respuesta.
Pero ya se las arreglará para que su panadero vaya con ella.
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Peeta quiere convencer a Odair para que le consiga plazas para Rue y Madge; sin embargo es imposible, lo más que puede aconsejarle es no perder a las chicas de vista, esperando que los rebeldes se compadezcan de ellas y se las lleven también.
Aunque no puede compartir toda la información con ambas jóvenes, Katniss promete que estarán preparadas.
Pero nada pueden hacer cuando Madge es enviada a campo en el distrito dos.
A veintiocho meses de haber llegado al Centro para Agentes de la Paz, la invasión de los rebeldes finalmente alcanza el lugar.
Llegan desprevenidamente un domingo por la mañana; cuando todos los agentes duermen y son tomados por sorpresa.
Katniss se mueve rápidamente y apresura a Rue a seguirla; asegurándole que conoce un lugar seguro. La joven no logra comprender, pero la sigue llena de temor ante el infierno que se está desatando en la base.
Después de todo es lo más cercano a una familia que tiene en ese lugar,
-¡Katniss! –grita Peeta a medio vestir con su uniforme. Esto no le da buena espina a la joven pero no hace preguntas y se reúne rápidamente con él. –Es hora –murmura por lo bajo.
Rue observan el intercambio, pero no comprende.
-Iremos a un lugar seguro –intenta no gritar Katniss sobre el ruido que las armas producen al estallar. Van andando en medio del pandemónium.
Agentes y personal corren despavoridos en todas direcciones; algunos hombres salen y comienzan a defenderse del ataque sorpresa del enemigo.
-Sigan hacia el sur; ya sabes cómo llegar. No se detengan por nada –dice Peeta disparando su fusil para cubrirlas en medio del caos. Lo único en lo que piensa es en sacarlas de ahí inmediatamente.
-No –dice Katniss aunque no hay mucho tiempo –o vienes o no me voy.
-¡Oficial! –Grita un novato, pero Peeta finge no escucharlo y apresura a las jóvenes para que se marchen.
-¡Váyanse! No tendremos todo el día –a lo lejos ve que Finnick Odair se ha unido al grupo de rebeldes y los está guiando hacia el edificio central. Señal de que no le queda mucho tiempo.
-¡No iremos solas! –grita Katniss, Rue aferrada a su brazo.
Conociendo la obstinación de la joven, Peeta las empuja para que corran delante de él.
Cruzan la línea de fuego. Todo parece una mancha borrosa y vuelan balas por todas partes.
-¡Peeta! –grita la joven cuando este cae al suelo, una bala ha alcanzado el vasto lateral de su muslo derecho. Le pasa el brazo para ayudarle a levantarse.
Katniss se echa el fusil al hombro. Peeta está sangrando mucho y Rue llora descontroladamente.
Finalmente encuentran un claro que ni el fuego, ni la batalla han alcanzado. –Deben seguir. Si son ustedes dos las aceptarán rápidamente –dice en un jadeo el herido. No expresa que si lo ven vestido como agente lo matarán antes de preguntar.
Katniss está desesperada. Tienen que irse si quieren alcanzar el aerodeslizador rebelde que llevará civiles simpatizantes al trece, pero no puede hacerlo, no quiere dejar a Peeta. Tira el fusil al suelo y desgarra parte de su ropa para vendarle con firmeza la pierna. –No me iré sin ti.
-Solo habrá un lugar y es importante para la causa que me quede aquí. Rue es pequeña y la aceptarán…
-No… –las lágrimas se agolpan en su cara y rápidamente se aferra al cuello de este.
-… estarán a salvo, pero deben irse ya, Katniss…
-¡NO!
-Mírame, Katniss –dice con prisa, el aerodeslizador rebelde que la llevará a salvo al trece estará a nada de despegar y las jóvenes aún deben alcanzarlo por su cuenta. –Mírame...
La joven lo hace, pero no suelta su agarre –Peeta... –No está preparada para dejarlo ir. ¿Qué tal si le pasa algo y no vuelve a verlo?
El joven ha sacado algo de su bolsillo, es un pequeño colguije con una única y pequeña perla nacarada. La coloca en la mano de Katniss.
-¿Cómo…?
-Odair –explica simplemente. –Promete que me recordarás con esto.
-Yo no…
Pero Peeta la interrumpe –ahora debes irte. Si la suerte nos favorece nos encontraremos…
-No… –Es incapaz de articular palabras. Aprieta en un puño lo que le ha dado Peeta. Se está quebrando, y entonces se aferra a los labios del agente, sabiendo que bien podría ser la última vez que pueda besarlo.
Pero Peeta se aparta sabiendo que cada segundo es crucial; y que deben adentrarse en la maleza si quieren alcanzar el deslizador. Se escucha la batalla más cerca de ellos –vete. Te buscaré –le miente, porque sabe que no podrá hasta que la guerra concluya.
Necesita decirlo. Debe hacerlo. Se arranca las palabras –Te quiero…
Esas dos casi lo hacen flaquear y huir con ella, pero debe permanecer leal a su palabra y este es el momento en que deben separarse. En un suave suspiro agrega –y yo te amaré aunque el cielo se derrumbe, Katniss Everdeen.
La besa una última vez, antes de hacerle una señal a Rue para que se lleve a la joven de ahí.
A cada paso se aleja más de él.
Si amas a alguien, a veces hay que dejarlo ir.
Hasta que desaparecen de su vista es cuando aferra su fusil y regresa heroicamente a la batalla.
Tiene una misión que cumplir, y un gobierno tirano que derrocar.
Y puede que, en algún futuro, Katniss Everdeen se sienta lo suficientemente segura como para formar una familia.
Aunque no sea con él.
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