¡HOLA! Finalmente he quedado satisfecha con el capítulo; así que no les hago esperar más. Estamos a medio año aproximadamente de lo que es el inicio de esta historia, retocamos summary, tenemos un reencuentro, y espero que con el próximo capítulo logre el objetivo de recorrer los 'tres años antes'.
¡Gracias x sus hermosos comentarios y pues ha leer se ha dicho!
Capítulo XI
No ha podido observar por una última vez, la zona que por algo más de dos años fue su hogar. En cuanto fue elevada hasta el aerodeslizador que estaba por dejar tierra, entró en pánico total y quería volver por Peeta. Rue y otros más tuvieron que sujetarla mientras le inyectaban en el brazo un tranquilizante que la noqueó por horas.
Ahora mismo está parada en la fila que registra a los nuevos miembros del distrito trece.
O lo que parece más bien un búnker de guerra.
Mientras avanza lentamente observando las oxidadas paredes de viejo acero, siente como la ansiedad crece dentro de ella. ¿Aquí es donde su madre y Prim han vivido durante todo este tiempo? Intenta sentir la inmensa felicidad que esperaba al imaginar la escena del reencuentro incontables veces en su cabeza, pero no tiene el éxito deseado.
Y Peeta Mellark tiene la culpa en esto.
A pesar de que Katniss quiere sentirse traicionada, porque Peeta ha escogido la causa antes que huir con ella, no puede hacerlo. No puede sentir nada negativo contra su panadero, nada que no sea añoranza absoluta.
Si Peeta estuviera ahí a su lado, ella no se sentiría toda nerviosa y temblorosa. Con sus dulces palabras lograría tranquilizarla y hasta le sacaría una sonrisa, diciéndole que de ese modo Prim reiría más que llorar al verla.
-Siguiente –indica la voz fría e impersonal de una mujer vestida en un traje militar verde claro, la ropa que todos parecen usar por aquí.
Katniss avanza hasta la mesa donde son tomados sus datos personales y una muestra de su sangre, con la que se analizará si no lleva algún virus contagioso y se decidirá qué tan saludable está para colocarla inmediatamente en algún trabajo útil para la oculta población del trece.
Como Rue es menor de edad, ha sido dirigida a otra zona para ser revisada y como viaja sin familia, intentarán investigar que ha sido de sus familiares que viven en el distrito once.
Katniss pregunta por su hermana y su madre, pero le dicen que ahí no le pueden brindar esa información. Con absoluta seriedad le entregan un uniforme y una desgastada papeleta que detalla el reglamento de vivir bajo tierra. También le muestra el protocolo a seguir en diversos casos de emergencia y le informa además, sobre el manejo de horarios y otros asuntos.
La joven se ve obligada a pasar por una rápida ducha, y debe dejar sus prendas viejas en un cesto. Lo único que le es permitido retener, es la fina cadena que porta la perla que Peeta le ha dado. No necesita nada más.
Aunque se debe reprochar que con las prisas se haya olvidado el pin que Madge le diera hace tiempo.
Autómata sigue avanzando por donde le es indicado y llega a otra zona donde le asignan su compartimiento –siga por los ascensores, tercer nivel, en el pasillo de la izquierda encontrará su habitación. Ha sido acomodada con sus familiares.
La explosión de felicidad opaca rápidamente cualquier sentimiento de tristeza que pudiera haber sentido, justo en el instante en que visualiza a su pequeña hermana, ahora una señorita, quien la mira con sorpresa y la boca abierta.
-Cielos… –apenas puede articular cuando la dulce rubia se arroja a sus brazos y dice su nombre con lo que parece un chillido de sentimientos encontrados.
-¿Katniss? –escucha entonces que su madre le habla desde el interior del reducido espacio que es su habitación.
Prim la deja ir sin dejar de llorar y reír. Katniss sabe que se encuentra en el mismo estado, pero eso no le impide darse cuenta de cuanta falta le han hecho, incluso su madre. En un conmovedor abrazo lleno de reconciliación y perdón, las mujeres mayores Everdeen se reencuentran –mamá…
-¡Oh, Katniss! –dice la señora Everdeen una y otra vez mientras acaricia suavemente el cabello de su hija mayor.
Primrose se acerca hasta ellas y se une en ese abrazo lleno de lágrimas y miles de preguntas sin contestar –Esto es mejor que mi cumpleaños –dice su hermanita (porque siempre será su hermanita)
Katniss sigue sonriendo mientras se separan un poco. Esto es como un sueño, una fantasía de su mente, pero cuando Prim la vuelve a envolver con sus brazos sabe que verdaderamente está ocurriendo –les he extrañado tanto.
-No tanto como yo a ti –dice su hermana por lo bajo, entonces agrega con felicidad aunque tiene el rostro lleno de lágrimas –me están preparando para ser médico.
La joven recién llegada siente un agradable calor en su pecho. Es esto por lo que la rebelión está luchando. Por lo que Peeta está peleando.
'Peeta.'
Algo en su rostro se ha de descomponer porque es indagada por su hermana. Es un alivio saber que después de estos más de dos años, Prim sigue siendo buena para leerla – ¿ocurre algo?
La joven se obliga a no montar una escena y niega con la cabeza, cambiando inmediatamente de tema, reguardando su corazón compungido – ¿Cómo llegaron aquí? ¿En dónde están Gale y Rory? ¡Hay tanto de qué hablar!
-Tienes razón. Todo empezó… –comienza Prim pero es interrumpida por su madre.
-Katniss debe descansar y nosotras tenemos turno en el hospital. En la noche, durante la cena podremos hablar tranquilamente.
Las jóvenes asienten en medio de su disconformidad, y antes de salir tras su madre, Prim le dice con una extraña sonrisa –Gale estará feliz de verte.
Katniss no le da demasiada importancia al guiño que su hermana le ha dado. En cambio vuelve a sentirse sola mientras se sienta en la estrecha cama de rígidas sabanas. Observa la litera que está del otro lado y la cómoda de tres cajones que está decorada con algunas cosas que reconoce de cuando vivían en el distrito doce. Ve la fotografía de la boda de sus padres e identifica de inmediato el viejo libro de plantas familiar. El resto de sus pocas pertenencias permanecen guardadas en un par de cajas bajo las camas. No están sus arcos, pero es probable que les hayan sido confiscados.
Demasiado agotada, física y emocionalmente, se recuesta completamente en la cama y cierra los ojos esperando conciliar algo de sueño.
Pero es imposible cuando él no está a tu lado.
¿Cómo ha sido capaz de abandonarlo?
Ahí, nuevamente en ese momento de densa soledad, se permite aferrarse a la pequeña perla como si fuera el joven de ojos celestes, de este modo sintiendo como si estuviera con ella.
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'-Necesito un favor, Finn. –Le dice una tarde después de una reunión entre los oficiales del Centro. –Quisiera regalar algo a Katniss; pero aquí no venden nada que no sea perecedero.
El vencedor parece meditar las palabras y una sonrisa pícara se dibuja en su rostro –conozco a alguien que vende lencería…
-No seas… ¡tan Finnick! –dice Peeta aunque su mente considera la posibilidad. Sacude la cabeza para pensar claramente, porque seguro que la joven deja de hablarle si le obsequiara eso que suena tan común de entre los del Capitolio. O sea, mala idea –he pensado en comprarle un anillo o algo así, pero no hay nada de eso por aquí.
-¿Qué tal una perla? –ofrece recordando a la mujer que le espera en casa; quien probablemente sigue recolectando estrellas, caracolas y conchas de mar.
-Finalmente decides ayudar –bromea el agente. – ¿Podrás conseguirme una? No muy grande porque a Katniss no le gusta lo ostentoso.
-Me sorprende que a esa chica le guste algo…
-Mide tus palabras, Odair. No quiero ser recordado como el que asesinó al 'guapo vencedor Finnick Odair' –enfatiza al hacer comillas con sus dedos.
-Vale, vale. Pero únicamente porque reconoces que soy guapo. –El guiño de su ojo casi parece un tic.
Peeta se ríe, pero piensa que cuando reciba la perla, podrá llevarla a que la incrusten en una fina cadena dorada, para que luzca en el delicado cuello de Katniss.
Espera que con ese detalle, la joven a la que ama no se olvide de él cuando llegue el momento de separarse.'
Recuerda ese momento porque con semejante ruido, hubiera sido mejor que le tocara montar guardia. Aunque debe reconocer que su falta de descanso no se debe únicamente al alboroto.
Cuando estuvo seguro de que Katniss y Rue se habían marchado, él volvió al campo de batalla para unirse a los agentes que defendían el Centro. No era fácil disparar contra los rebeldes, pero las apariencias debían ser mantenidas y él tenía que cumplir con su misión: seguir ascendiendo en la pirámide militar del Capitolio.
El equipo dirigido por él, ayudó mucho para que los agentes se las arreglaran y despacharan a los invasores. Aunque Peeta sospecha que únicamente habían sido una distracción para que los rebeldes dieran el verdadero golpe en otro lado.
Lo que fuera, esto le ha separado de Katniss mucho antes de lo que lo hubiera querido.
¡Como desearía haberla seguido!
Se remueve incomodo en su bolsa térmica. La herida en su muslo no ha sido grave y gracias al cuidado que Katniss le dio para detener el flujo de sangre, su pierna está cicatrizando rápidamente (hay que admitir que los medicamentos del Capitolio han tenido mucho que ver también)
Es muy noche cuando finalmente se ha terminado de hacer el recuento de los daños. Ha habido considerables bajas, pero Peeta se siente aliviado de que Katniss no sea quien se encuentre entre ellas. Sostiene en su mano el pin de sinsajo; que es el único vestigio que ha conseguido de su amada, y jura que hará lo posible para devolvérselo.
Lo que por el momento debe preocuparle, es que no ha sabido nada de Finnick. La última vez que recuerda haberlo visto, fue precisamente cuando sacaba a Katniss y a Rue de la locura en el Centro. Le pareció que guiaba a un grupo rebelde.
Tal vez se ha retirado con ellos en el mejor de los casos. Pero en el peor panorama, puede haber sido considerado como traidor y tomado como prisionero del Capitolio.
Ahora que las cosas se apacigüen un poco, tal vez pueda investigar que ha sido del vencedor del distrito cuatro.
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La fatiga pudo más que ella y se quedó dormida.
Entre sueños escucha que alguien le llama. No puede abrir los ojos por el cansancio, pero percibe de algún modo que la miran. Luego siente que unos dedos acarician suavemente su mejilla y un cálido beso que es plantado en la punta de su nariz.
'¿Peeta?'
-Katniss… –vuelve a escuchar y esta vez ella parece salir de su ensueño de verdad, sintiendo una emoción repentina.
Se remueve despertándose, y a pesar de la pesadez de sus ojos se ordena a abrirlos. –Hola.
No es quién ha creído, pero aunque debe ocultar su decepción; no puede dejar de sonreír – ¡Gale! –Exclama en un susurro sentándose rápidamente sobre la cama. Se marea ligeramente, pero no por eso deja de responder el repentino abrazo en que está siendo aprisionada.
Casi se queda sin aire.
-Lo siento tanto… –suplica su viejo amigo una y otra vez en desesperado tono.
-¿Qué? –Pregunta confundida y liberándose del abrazo – ¿por qué?
-Por haberte abandonado. Quiero decir… Cuando llegué al bosque Rory me dijo que tu plan era irnos al trece. Esperamos por ti, pero no apareciste… Prim se puso histérica, no quería irse sin ti. Yo… –traga fuerte –no podíamos regresar… era muy arriesgado. Quise volver, pero no podía dejarlos… Sé que tu familia es lo más importante para ti… Tenía que sacarlos antes de que los agentes salieran del distrito a buscarme. –Al fin se detiene para tomar algo de aire. Hay demasiado arrepentimiento en sus ojos. Temor de que no le perdone.
Pero la joven asiente apretando ligeramente el brazo de su amigo, quien se ha sentado en la cama –es lo que yo quería que hicieran, Gale.
Pero él no la escucha, y se sigue explicando –Pensé… pensé que si llegábamos al trece podríamos hacer algo para volver al doce… salvarte… no sé… cualquier cosa.
-Gracias –lo interrumpe, pero dice con verdadera gratitud. –Gracias por haber traído a Prim y a mi madre. Es algo que nunca podré pagarte.
Tras estas palabras algo cambia en la mirada de Gale Hawthorne. Es algo que incomoda a la joven cazadora. Pero el soldado se da cuenta porque agrega rápidamente aunque sin dejar de observarla, casi como si no creyera que esté ahí. – ¿Cómo estás? Apenas me presenté, Prim me ha buscado para decirme que has llegado.
-Ha…
-¡Gale! –exclama la aludida apareciendo repentinamente por la puerta. –Te hemos dicho que no era buena idea molestar a Katniss ¡Menos mal que mamá me ha enviado a mantenerte a raya!
-Pero…
-Nada. Mi hermana necesita reposo –dice Prim con el tono de una mujer mayor.
-No estoy enferma –replica Katniss ofendida cruzándose de brazos.
-Pero Prim tiene razón, estos dos años deben haber sido difíciles para ti. –Katniss siente de pronto una leve sensación de culpabilidad aunque por el momento lo mejor es ignorarla. –Vendré a verte mañana. –Gale se levanta de la cama en la que ha estado sentado. Está por partir pero duda un instante antes de inclinarse y termina por colocar un beso en la frente de Katniss –estoy feliz de verte.
Se va dejando atrás a una joven confundida y a su hermana menor dando risitas soñadoras –Gale ha sido promovido a sargento.
Katniss asiente, pero es la última de sus dudas –Ahora sí, patito. No te dejaré ir hasta que me cuentes que ha pasado por aquí todo este tiempo.
La rubia asiente mientras se acomoda a un lado de su hermana en la cama. Le pone al tanto de todo. –Pensé que moriríamos –dice hablando sobre su tiempo en las afueras del distrito doce. –Hay demasiados peligros, nunca antes había comprendido cuanto te arriesgabas al salir a cazar. Gale es bueno con el arco pero no es tú. Tardamos casi un mes en llegar aquí, pero porque tuvimos algunos imprevistos. Rory cayó mal del árbol al que trepaba para vigilar que no hubiera agentes siguiéndonos.
-¿Y se lastimó? –pregunta aunque ya se imagina la respuesta.
Prim asiente –se dislocó el tobillo. Afortunadamente mamá supo cómo atenderlo, pero eso nos atrasó mucho y sin nadie que pudiera subir a los árboles, continuamos con miedo, pero Gale estaba dispuesto a mantenernos a salvo. Él y mamá mantuvieron interesantes charlas…
Katniss estudia a su hermana. Primrose ha cambiado mucho esos dos años, ahora se le ve más madura, más adulta, más hermosa. Definitivamente no es el patito, o la niña dulce que ha dejado atrás. – ¿Charlas sobre qué? –pregunta porque sabe que su hermana espera que lo haga.
Prim sonríe como si supiera cosas interesantísimas que Katniss no. –No creo que yo deba contarte… En su momento lo sabrás.
Katniss bufa con gracia pero pidiendo –Entonces continúa por favor.
-Los chicos intentaron enseñarme a manejar el arco –Katniss gira los ojos –ya sé… Es exactamente lo que les dije, que tú lo había intentado y que definitivamente yo no servía para eso. Curiosamente la única vez que pude soltar una flecha y darle a algo, terminé golpeando un nido de abejas.
-¿Y no te pasó nada? –pregunta con los ojos enormes y llena de preocupación.
-Sip. De hecho fue divertido, bueno… ahora lo es. Afortunadamente no fueron rastrevíspulas porque entonces no estaría aquí para contarlo…
Katniss intenta no sentir ansias mientras continúa el parloteo de su hermana – ¿Qué más ocurrió, Prim?
-Eso fue lo más interesante. La verdad me sentí muy aliviada cuando finalmente salimos de la espesura del bosque, aunque cuando vimos el pasaje desolado que aparece en los comerciales del Capitolio, mamá se soltó a llorar desesperadamente. Pero Gale notó algunas irregularidades y cuando estaba por descubrir la entrada, unos soldados aparecieron a nuestras espaldas. Les explicamos nuestra situación y nos recibieron bastante bien; aunque confiscaron tus arcos.
-Lo supuse.
-Entonces rápidamente me colocaron como aprendiz de medicina cuando mamá les dijo que era buena –se sonroja –y ella es enfermera. A Rory lo mandaron a las cocinas, lo que no le gustó mucho; pero en cuanto cumpla dieciocho le dejarán entrenar para ser soldado. Gale en cambio, de inmediato lo pusieron en el ejército. Ha conocido casi todos los distritos por las misiones a las que lo han enviado. Me ha traído esto del cuatro –dice rápidamente extrayendo de un cajón una hermosa estrella de mar. Katniss la mira con verdadero interés porque únicamente las conoce por las imágenes de los libros del tiempo en que estudiaba. –Me contó que la consiguió de una mujer que vive a la orilla del mar. Le apodan 'loquita Ann' A veces la gente puede ser muy cruel –continúa con tristeza. –Gale dice que fue la vencedora de unos juegos y que desde entonces quedó mal de la cabeza. Si estuviera aquí podríamos intentar ayudarla…
-Es muy bonita –dice devolviéndosela.
-Gracias –Prim sonríe. –Además Gale trabaja de cerca con algunos importantes tenientes para planear estrategias y crear armas. Es realmente bueno en eso. Lo nombraron sargento después del ataque al distrito siete. Eso fue hace como dos o tres meses…
Katniss contiene el aliento. Debe haber sido la misión donde Peeta fue tomado prisionero. Recordar ahora ese doloroso tiempo, es tan nítido como aquella vez. Lleva su mano inconscientemente al cuello, donde cuelga la perla que él le ha dado.
Ignorante a lo que ha atravesado su hermana, la aprendiz continúa –las personas aquí son un poco raras, pero han sido muy amables al recibirnos. Aunque no somos los únicos, semanalmente llega gente nueva buscando refugio. Lo que me apena es que ni Lady, ni Buttercup estén aquí conmigo –se limpia unas silenciosas lagrimas –pero ahora que estás aquí me siento mucho mejor.
Katniss abraza una vez más a su hermana. Lamentándose no haber estado ahí para ella durante ese tiempo, pero por otra parte, agradece el tiempo que ha pasado con se querido Peeta.
El dulce agente que arriesga su vida por una causa más grande que ellos mismos. El valiente joven que le ha salvado una vez más. El persistente panadero que cavó una brecha hasta su corazón. El apuesto hombre que le hizo el amor y que con cada beso y cada caricia le demostró cuando la amaba.
Cierra los ojos y es como si casi lo tuviera ahí.
No soportando más la opresión a causa de guardarse tantas emociones, empieza a llorar en el hombro de su hermana.
-¿Qué ocurre, Kat? ¿Qué ha pasado? –Pregunta Prim alarmada, ya que nunca antes ha visto a su hermana derrumbarse tan fácilmente. No es propio de ella. Y le asusta porque nunca la ha visto llorar y porque esos no son sollozos de alegría y gratitud.
Puede que Katniss esté finalmente con su familia; pero ha dejado atrás a Madge y a Peeta. Aunque esto Prim lo desconoce.
-¿Puedo entrar? –pregunta la suave vocecilla que una identifica, pero la otra no.
Katniss se separa limpiando sus lágrimas, disculpándose avergonzada por semejante espectáculo, y agradecida de ser interrumpida –ven, Rue. Quiero presentarte a mi hermana, Primrose. Ella es mi amiga Rue.
Y las chicas deciden de inmediato que se agradan. Rue le tiende la mano, pero Prim la abraza –si eres amiga de Katniss, eres mi amiga también.
Rue sonríe con sinceridad y se sube a la cama para sentarse cerca de la joven mayor.
-Creo que hay mucho que tienes que contarme, Katniss Everdeen –dice Prim colocando sus manos en sus caderas como haría una madre que espera una detallada explicación.
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Algunas semanas después y completamente repuesto, se le informa que será enviado al distrito uno para que corrija las estupideces que ha cometido su antecesor, porque el muy idiota cayó directamente en una emboscada y esto les ha traído más problemas que los resueltos.
Peeta está cada vez más confiado en su desempeño como oficial; por lo que menos errores son cometidos y por lo tanto; mayor información y privilegios le son otorgados. Ahora mismo le han confiado un pequeño, pero efectivo equipo de agentes, con los que entrará al distrito uno para retomar la planta de medicinas que abastece al Capitolio.
Mientras acuerdan frente a unas modernas pantallas su estrategia de recuperación; dos agentes armados hasta los dientes, pero con rango inferior, entran repentinamente a la sala de juntas.
-Es requerido en el sector siete, Oficial Mellark.
Peeta es consciente de que su equipo lo mira con curiosidad y no les culpa; el sector siete es precisamente donde se encuentra la sala de interrogatorios y las más espeluznantes formas de tortura. Es el lugar de los prisioneros.
Sin prestarse a dar una muestra de nerviosismo, yergue los hombros y asiente, como si hubiera estado esperándolos. Camina firmemente con sus asignados custodios a sus espaldas.
¿Para qué lo querrán? ¿Le habrán descubierto? ¿Querrán interrogarlo? ¿Le asociarán de algún modo con la huida de Katniss al lado de los rebeldes?
Esforzándose por mantener un gesto impasible, intenta no pensar en nada que demuestre una mínima nota de inseguridad.
'Detente, respira, cálmate' Vuelve a repetirse una vez más mientras cruza las robustas puertas del pequeño edificio, e intentando no prestar atención a los dolorosos chillidos de quien debe ser una persona torturada.
Traga fuerte, pero no basta para dejar de recordar a aquel hombre que Banks matase a golpes cuando debían estarle interrogando. Entonces nuevas ideas se le ocurren y aunque resultan inverosímiles, en estos tiempos todo es posible.
¿Habrán descubierto que no tira a matar? ¿Querrán probar su lealtad al hacerle asesinar a alguien? ¿O simplemente se gozarán viendo cómo se convierte en una pieza más de esta guerra?
-Le están esperando –le indica que entre a la habitación.
Si quisieran torturarlo, no serían tan educados ¿verdad? Simplemente lo molerían a golpes hasta que confesara todo.
Peeta entra con la máxima confianza posible y repara en que es un hombre, al que no había visto nunca, quien le está esperando.
-Siéntate –dice con una sonrisa que no tiene nada que ver con el impersonal cuarto que le recuerda demasiado bien la prisión del distrito siete. Se esfuerza para controlarse porque no quisiera equivocarse por culpa de sus viejos recuerdos. 'Enfoque, Mellark' –Sabemos que fuiste entrenado por el vencedor Finnick Odair.
Si ya lo saben, ¿Qué caso tiene negarlo?
-Así es, señor…
-Heavensbee. Plutarch Heavensbee. –Se presenta el hombre dándole la mano, que Peeta se apresura a estrechar –y puesto que esta habitación está libre de micrófonos, podemos hablar directamente sobre lo que me ha traído aquí.
Peeta siente que una gota de sudor comienza a resbalar por su nuca, y debe reprimir el deseo de alzar su brazo y secarla.
-Finnick Odair está detenido como sospechoso…
El agente contiene el aliento.
'Este es el fin…' Siente que vomitará su corazón de un momento a otro.
-Toma esto –le dice repentinamente, tendiéndole una pulsera que es algo más ancha que un reloj, pero que asemeja uno.
Peeta lo mira con desconcierto, aunque el señor Heavensbee mal interpreta el gesto de Peeta y asiente emocionado – ¿a que es perfecto? Yo hubiera preferido algo más ligero, pero es lo que hay…
Aun sosteniendo extrañamente el artefacto sin saber qué hacer con él, comienza –Me temo que no…
-Querido, muchacho –lo interrumpe Plutarch con una sonrisa –Soy líder del cuadrante Alpha. O lo que es en palabras simples: soy yo quien jodidamente manda a los rebeldes aquí.
Después de ser enseñado a usar el aparato, Peeta regresa a su reunión como si nada. Plutarch le ha asegurado que Finnick estará bien y que si se apega a los planes como todos los demás, esta guerra habrá finalizado en un abrir y cerrar de ojos.
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'Está sentada, con su espalda recargada en un robusto roble de su entrañable pradera. El cielo es de un brillante azul claro y las nubes esponjosas de suaves tonos rosados.
El olor a bosque llega acompañando la ligera brisa que acaricia su rostro con la delicadeza de un pétalo…
Un momento.
Es verdaderamente un pétalo lo que roza su pómulo.
Abre los ojos y se encuentra con la mirada azul penetrante del hombre más hermoso que conoce tan bien.
La sonrisa que se extiende en sus labios provoca que le duelan las mejillas; pero no le puede importar menos cuando los finos labios que tanto le gustan se inclinan para presionarse contra los carnosos propios.
Un suspiro y cuando se da cuenta ya tiene a Peeta Mellark rodeándola con sus brazos.
-Te deseo.
Dos palabras que hacen que su corazón palpite desbocado en su pecho.
No puede dar una respuesta más clara que devolviendo con mayor pasión la tibia caricia de su cálida boca.
Quiere más, ansía más, ¡necesita más!
Su cuerpo da sacudidas de avidez. Su boca saliva deliciosamente con anticipación.
Lo necesita dentro de sí, porque nada más es suficiente; ni las riquezas, ni la comida, ni el mundo entero pueden saciarla de este abrumador deseo.
Gime y gime mientras las hábiles manos fuertes de Peeta obran su magia en ella. Abre las piernas, desesperada, y siente un placentero dolor entre sus muslos.
-Peeta… –suplica ferviente mientras el sufrimiento se agolpa en la parte baja de su vientre.
¿Qué no puede entender la urgencia con que lo necesita?
Pero antes de que pueda sentirlo; el joven panadero se detiene y la mira con esos ojos que desquebrajarían su voluntad en cualquier momento.
-¿Qué…? –pregunta consternada.
Pero Peeta no responde. Se limita a sonreír tristemente mientras poco a poco se aleja de ella…
-...te amaré aunque el cielo se derrumbe...'
Temblorosa y sudando, Katniss se despierta en la madrugada, sobrecogida por la nitidez de su sueño. Jala la sabana para secar el sudor de su frente y de su cuello.
Decepcionada de que en su estrecha cama únicamente está ella.
Frustrada de que su sueño terminara abruptamente.
Abatida de no estar con Peeta.
Siente la urgencia de finalizar lo que acaba de ocurrir en su subconsciente, pero no puede. De alguna forma absurda quiere reservar esa labor para cierto oficial de cándida sonrisa.
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El Distrito uno es árido y caluroso, pero la interminable capa de roca naranja le gusta mucho, tanto como para plasmar su belleza en un lienzo, pero no por ahora que se encuentra de servicio.
Han podido liberar a los agentes cautivos, pero han perdido algunos hombres, incluyendo el oficial que cayera en la emboscada (la razón de que Peeta tuviera que venir a limpiar el desastre)
Algunos de sus hombres han enfermado por haber bebido agua contaminada; por eso ha tenido que tomar el turno de guardia. Afortunadamente esta es una noche despejada y se siente complacido de poder estar afuera observando las estrellas.
Cuando era niño, solía pensar que si conseguía una estrella, se la obsequiaría a Katniss Everdeen y entonces ella lo amaría para siempre.
Ahora que piensa en eso, le parece ridículo que de niño fuera semejante soñador. Tal vez deba agradecerle a su madre, porque por su dureza, él aspiró a encontrar el verdadero amor, e incluso luchar por él si era necesario.
De acuerdo. Había dejado ir a Katniss (prácticamente la obligó), ¡pero únicamente por el bienestar de ella!
'¿Y qué hay de tu bienestar?' Le pregunta su mente.
Sacude la cabeza.
Se da por satisfecho gracias a lo lejos que llegó su relación.
Y está contento de que con cada sacrifico hecho, Katniss lo amó lo suficiente como para llorar su ausencia, besar sus labios y entregar su cuerpo.
¿Lo recordará con cariño? ¿Lo ansiará tanto como él a ella? ¿Se tocará pensando en el ardor de sus besos? ¿Le dedicará algún pensamiento, algún cariño?
Está más que seguro de que sí, porque después de todo, le dijo que le quería.
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Consiguieron que Rue fuera asignada junto a ellas, por lo que la que antes era la cama de Katniss Everdeen, se convirtió en litera para la jovencita a la que le han dado la oportunidad de estudiar ciencias de los alimentos. Gracias a su experiencia con plantas comestibles, Rue ayuda en las plantaciones que abastecen el distrito trece; por lo que adora levantarse cada mañana para trabajar.
Han transcurrido aproximadamente dos meses desde su llegada.
-Es mejor que estar en las cocinas –dice Rue un día en que a la hora del almuerzo se reúne con las Everdeen y los Hawthorne para comer.
Rory ha crecido mucho estos años; es casi tan alto como su hermano, pero aún conserva sus facciones infantiles, aunque está muy orgulloso de su escaso vello facial al que llama bigote. –Cualquier cosa es mejor que estar en las cocinas o la escuela –murmura malhumorado.
Katniss ha puesto al tanto a su familia y amigos sobre casi todo lo que ha tenido que vivir estando separada de ellos. Pero por alguna razón que ella misma no se puede explicar, no se ha atrevido a contarles sobre Peeta; por lo que cada que se refiere a él, dice 'un amigo'.
Y aunque Rue la mira con extrañeza cada vez que lo hace, no interviene. Aun así, Katniss intenta ignorar el sentimiento de culpa.
Pero no es por lo que tiene, o tuvo, con Peeta. Más bien es porque ahora que está con su familia recuerda esos juramentos que hacía de más joven, diciendo que ella nunca se iba a enamorar. Y siente como si los hubiera traicionado al amar a…
No puede ni completar la frase. Hacerlo es demasiado doloroso.
¿Cómo puede querer a quien ya ha perdido?
Duele tanto como esas noches en las que no puede dormir añorando la calidez que desprende el cuerpo de Peeta. O esos sueños que aparecen cada vez más seguidos; pero que son más una dulce tortura que una bendición.
Su dolor es tan punzante que diariamente despierta con soportables, pero persistentes dolores de cabeza; y hambrienta de algo que la comida no la puede llenar.
Finalmente anoche, por vez primera desde que llegara al distrito trece; usó sus temblorosos dedos para calmar un poco la necesidad que tiene de Peeta. Mas no se ha saciado y al final ha terminado llorando; pero le ha ayudado a descansar unas cuantas horas sin tener una sola pesadilla.
-Katniss –Gale le está hablando por lo que se esfuerza en poner atención, mientras comen esta insípida comida que sirven en el búnker rebelde – ¿en qué estás pensando?
Es imposible no ruborizarse pero lo intenta –en nada. ¿Que decían?
Todos se han dado cuenta del cambio de carácter de la joven. Sigue siendo tan obstinada como siempre, pero no es la misma que dejaron allá en el distrito doce. Sin embargo tratan de hacer como si nada hubiera pasado y fingen que le creen; esperando recuperar la familiaridad de antes.
O para cierto sargento, ese apego que les predestina a estar juntos.
Empero la señora Everdeen puede jurar que ha ocurrido algo que Katniss les está ocultando. ¿Cómo no podría una madre darse cuenta de la, ahora notoria, redondez en las caderas de su propia hija? ¿Es que Katniss ha entregado ya su...? ¿O se la han arrebatado? Pensar eso le duele. ¿Debe preocuparse? Como madre lo hace, pero es consciente de que hace muchos años perdió el derecho de pedir explicaciones; y como consecuencia, debe vivir con esa carga para siempre.
-He dicho que me parece un desperdicio de tu talento, que estés detallando todo lo que has aprendido del Capitolio. Con gusto puedo recomendarte con el teniente Boggs y estoy seguro que podrían colocarte como tirador.
-Pero eso la enviaría a algún distrito y recién ha llegado; no quisiera que tuviera que irse tan pronto –dice Prim con un deje de nostalgia.
-Pero es importante contar con los mejores recursos para ganar la guerra. Esos malditos agentes están muy bien entrenados…
-Supéralo, Gale –dice Rory rápidamente, contento de poder hacer una observación, se voltea hacia Katniss –no les ha perdonado que un grupo de prisioneros escapara cuando estuvo en el siete. No cuando él atrapó a más de la mitad –finaliza con orgullo.
-De haberlo sabido, les hubiéramos fusilado en el acto. Algunas escorias menos por quienes preocuparse…
A Katniss le falla el corazón un segundo. Cuando Peeta le dijera que Gale tuvo que ver con su arresto, ella lo entendió como que su amigo reconoció a Peeta como el hijo del panadero que intercambiaba con ellos en el distrito doce; y le permitió vivir. Ese era el Gale que conocía, pero ahora ya no. Parece ser que lo único que lamenta es no haberse deshecho de los agentes cuando tuvo la oportunidad.
-¿A dónde vas, Catnip? –indaga Gale cuando la joven se levanta sin haber concluido su almuerzo.
Pero no le responde, simplemente necesita unos minutos para ella sola; sobre todo si no quiere discutir con su mejor amigo.
Mientras la observan cruzar las puertas, comienzan las preocupaciones a exteriorizarse.
-¿Qué mosca le ha picado? –pregunta Rory. Para el chico no ha sido fácil enfrentar la muerte de sus hermanitos y de su madre. Pero ha encontrado la mejor forma de enfrentarlo al igual que su hermano: prometiendo venganza.
-No sé –le contesta Prim. –Aunque es la misma Katniss de siempre, hay algo que no termina de encajar en su temperamento. Es como… no sé. Como nostalgia o algo así. –Duda antes de continuar –como si hubiera perdido algo… –No agrega que por las noches su hermana mantiene pesadillas que la hacen gemir y a veces gimotear como una niña pequeña.
Gale frunce el ceño pero no comenta nada. Se aferra a la idea que de Katniss hallará su camino hacia él como ocurrió cuando se conocieron.
La señora Everdeen prefiere guardarse su opinión, pero no impide que Prim pregunte a su nueva amiga si ella sabe algo.
Rue se muerde el labio. Si su amiga no les ha confesado sobre su relación con Peeta, sus razones debe tener ¿pero mientras que les dice ella?
Su silencio solo le confirma a la rubia aprendiz que hay algo que Katniss le ha ocultado. Se siente herida de que su amada hermana ya no le confíe todo como antes. –Por favor, Rue. Si hay algo que debamos saber, que nos sirva para ayudar a Katniss a ser feliz de nuevo…
-Ella es feliz –interrumpe Gale bruscamente. –Debe estar feliz y agradecida de que esta con aquí con nosotros y a salvo, y no con esos malnacidos.
-No todos los agentes son como usted piensa –sorpresivamente Rue habla con más pasión de la que la han escuchado en estas pasadas semanas. Incluso Gale espera para escuchar lo que tiene que decir. –Muchos están en el centro porque no han tenido opción.
Gale suelta un bufido –todos la tuvimos. Pero la mayoría ha escogido cobardemente servir al gobierno que les oprime, en lugar de enfrentársele.
-¡Yo estuve ahí porque mi padre era un rebelde! ¡Mi amigo Tresh ha tenido que servir porque amenazaron con matar a las últimas dos personas que le quedan en todo el mundo! ¡Y Peeta lo ha hecho porque él ama a Kat…! –se calla abruptamente, los ojos enormes como jarras. En el fervor de su defensa ha revelado buena parte del asunto. Intenta recuperar la compostura, cualquier cosa que la saque por la tangente –así que por favor no se atreva a decir que todos somos unos… malnacidos.
-No es lo que Gale ha…
-Discúlpame, Prim. Pero es precisamente lo que tu amigo ha dicho. Lamento sus pérdidas, Gale, pero no es usted el único que las ha tenido. –Regresa al resto de su comida en silencio.
Gale se levanta furioso y nadie intenta detenerlo de ir a buscar a Katniss. Rory acaba su almuerzo y se levanta al mismo tiempo que la señora Everdeen, bastante indignado con la extraña amiga de Katniss, pero Prim se queda en su lugar.
-Siento que te separaran de tu familia.
Rue sacude la cabeza avergonzada –yo siento haber hecho una tormenta de un vaso con agua, pero su amigo ha estado siendo muy injusto.
-Es que Gale ha perdido demasiado por culpa del Capitolio. Él y Katniss han sido amigos desde hace muchos años; poco después de que nuestros padres murieran en la misma explosión, y siempre fueron tan parecidos que ahora lo desubica no poder entenderla. Pero es en verdad una buena persona.
-Él la quiere ¿no es así? –pregunta Rue con la misma suavidad de siempre.
Prim asiente con tristeza repentina en sus ojos –…pero Katniss ya ama a alguien más ¿verdad?
Un nuevo silencio vuelve a confirmarle que está en lo cierto.
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Cuando se entregó a Peeta, entendió que su corazón ya se había rendido.
¿Y cómo no ante una persona tan buena? Porque nunca ha conocido a alguien tan desinteresado, tan bondadoso, tan optimista.
Tal vez lo ama desde siempre. Incluso puede que antes que ese lejano día bajo la lluvia.
No es posible que ahora que no volverá a verlo, se dé cuenta de lo que Peeta significa para ella.
Por eso ha permanecido en este estado de ensueño; donde nada es lo suficientemente intenso para que valga la pena su tiempo.
Camina a través de familiares pasillos que llevan a todas partes; todos iguales. No le impresiona tanto la diferencia de recursos que comparten los distritos rebeldes a los del Capitolio. Extraña la poca libertad del campo de entrenamiento para agentes de la paz, al menos ahí podía respirar algo de aire fresco y sentir las ocasionales brisas cálidas del verano.
Y aquí no tiene nada de eso; ni a Peeta.
Se pregunta si no ha salido perdiendo.
-¿Cuál es tu problema? –no ha escuchado los pasos de Gale; pero no es nada nuevo. A veces le resulta escalofriante su paso tan ligero: tan diferente al de Peeta. La toma del brazo y la obliga a girarse sobre su eje para enfrentarla.
Lo conoce lo suficiente para saber que está furioso, aunque no podría decir porqué. –No tengo ninguno, pero si no me sueltas lo tendré.
Gale mantiene el ceño fruncido pero libera uno por uno sus dedos del agarre –estás muy cambiada, Katniss.
-Lamento que no te guste –contesta cortante mientras sigue avanzando para entrar a un cuarto vacío, para tener más privacidad.
Gale se cruza de brazos, pero la sigue y entra tras ella –tu madre y Prim están preocupadas por ti.
-No deberían.
-Apenas terminas tus comidas, pocas veces sonríes y no parece importarte la rebelión…
-Así que a esto se reduce todo –lo interrumpe girando los ojos –estás enfadado porque no quiero ser soldado. Pues discúlpame que no quiera ir por ahí matando agentes, sargento Hawthorne.
-No estoy enfadado por ello –intenta conciliar al pasar por alto el como lo ha llamado. –Pero sí me molesta que andes en esta actitud de "nadie me comprende", como si hubieras sido la única que ha pasado por dificultades. –Es irónicamente lo que casi le acaba de decir Rue – ¿Qué no estás contenta de estar aquí con nosotros? ¿Conmigo?
-No es eso, Gale –avanza hasta recargarse en la pared. Es un poco extraño encontrarse los dos solos después de tanto tiempo. Confía en él, pero tras un gran lapso sin estar juntos… y luego están las circunstancias en que se separaron.
-¿Entonces? –se acerca a ella. –Si no quieres compartir que te carcome, no habrá modo alguno en que pueda ayudarte.
Katniss se siente de pronto tan a la defensiva que no quiere contestar, pero su boca se abre por sí sola –no es ayuda lo que necesito… –'Sé que es a Peeta' –… yo…
Pero antes de agregar más, la ha acorralado contra la pared y la está besando.
Al principio es una sensación que es bienvenida; porque le recuerda que sigue viva, pero rápidamente esto está mal.
No debería estar ocurriendo.
Aprovecha el segundo inmediato en que Gale se aparta para sacárselo de encima –… no…
-Catnip… –intenta acercarse de nueva cuenta, pero es obstaculizado cuando la mano de Katniss se lo impide.
-No, Gale –dice confundida antes de salir literalmente huyendo por la puerta.
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