¡HOLA! He terminado borrando mucha info que pareció innecesaria en el último minuto (incluyendo Gale POV) y escenas que alargaban desconsideradamente la historia. Espero que no les parezca demasiado veloz, pero pues me urge un reencuentro porque comenzaremos a perfilarnos hacia el final... ¿Escucho quejas? ¿O son alivios? :P Bueno... pues lo que sea me los hacen saber por medio de reviews porque he entrado en la modalidad de actualizar más pronto la historia que reciba más comentarios por capítulo (mi siguiente actualización es para mi historia Friends Forever del fandom de Harry Potter por si alguien quiere leerla)
Les quiero y gracias por sus comentarios.
¡Bienvenidos nuevos lectores!
Capítulo XII
Desde que su mejor amigo la besó, ha estado evitándolo. Algo relativamente fácil porque Gale pasa la mayor parte del tiempo en la zona especialmente dedicada a crear y reparar armas y equipo de los rebeldes, al menos cuando no se encuentra de misión en el exterior.
Ella nunca ha puesto un pie ahí, aunque se ha sentido tentada de poder sostener un arco entre sus manos después de tanto tiempo de no hacerlo. Claro que primero tendría que enlistarse como soldado, puesto que no se permite el paso a personal no autorizado; y ella como enfermera de enseñanza no puede entrar.
Detesta al Capitolio, pero detestaría más volver a separarse de su hermana.
Sin embargo cada día parece agonizantemente largo, con el horario impreso en su brazo marcando sus actividades diarias. Se baña, viste, cepilla los dientes. Después se obliga a terminar su desayuno, pero sobre todo porque no quiere terminar como su madre.
Lo que sería muy probable porque ambas han perdido al único hombre al que han amado.
Porque así es. Lo ama. Ama a Peeta Mellark.
¿Cómo pudo llevarle tanto tiempo reconocerlo? ¿Cómo es posible que se descuidara y le dejara entrar a su corazón? ¿A su mente y a su cuerpo? ¿En qué momento bajó la guardia y se enamoró del agente de la paz? ¡Oh! ¡Dicho así suena terrible! ¡Ella, Katniss Everdeen, enamorada de un agente de la paz! ¡Podrían colgarla aquí mismo por esa blasfemia!
Pero ella sabe la verdad y esa es que Peeta es un agente para el lado rebelde.
¿Entonces porque razón no vino con ella? ¡En estos momentos podría tenerlo seguro y a salvo a su lado! Justo como él ha cuidado de ella.
Vuelve a sentirse furiosa con el atractivo agente de ojos como los del color del cielo azul. Si lo tuviera enfrente le gritaría un par de verdades…
No.
La verdad es que se arrojaría a sus brazos y besaría sus labios hasta quedarse sin aliento.
Su ira pronto se desvanece para dar paso a la tristeza.
Espera que se encuentre bien y que no haga nada arriesgado, pero sabe que es imposible ¿Quién sabe si Peeta aún vive?
Tiene que estar vivo, tiene que estarlo.
¿Cuáles eran las palabras que su panadero le dijo que repetía para mantenerse cuerdo durante la batalla?
'Detente. Respira. Cálmate'
Esas precisamente, por lo que las repite una y otra vez, mientras permanece recostada después de finalizar su día de labores. Y al mismo tiempo frota con sus labios la perla que es como un beso frío del mismo donante, mientras suplica con todas sus fuerzas que su amado le sea devuelto entero y pronto.
-¿Cómo has conseguido esa perla?
Katniss se gira sobresaltada cuando su joven hermana entra al compartimento, es muy de noche y regresa de su turno en el hospital. Sigue sorprendiéndole cuan adulta se ve. Prim ha crecido demasiado para su edad; y ella lamenta haberse perdido lo que le quedaba de infancia. –La he encontrado –le repite una vez más –ya te lo he dicho.
La joven rubia suspira, cansada de que una vez más su hermana mayor insista en guardarse sus cargas –puedes decirme. Soy buena guardando secretos, incluso de mamá. Además no sabes mentir. –Se sienta a un lado de la cama. – ¿Cómo la has conseguido?
Katniss se aferra a su dije con mayor fuerza, sintiendo que si guarda su secreto, guarda la vida del dueño de sus tristezas y alegrías. –La he en…
-Por favor –suplica Prim con dolor en la voz. A Katniss se le encoge el estómago porque es la responsable de esa reacción. –Sé que te la han obsequiado –Rue le confió aunque no externa dicha información –pero desconozco que chico te la dio.
Katniss pasa por alto el hecho de que Prim ya sabe que es un hombre quien le ha dado tal obsequio, pero se plantea la posibilidad de compartir esta carga con su hermana. Por primera vez en su vida contará sus penas a la niña que juró proteger y a la que ama como a su vida misma; como a Peeta, porque es su vida. –No le conoces, pero le has de recordar.
Mientras Primrose la mira expectante, la joven repentinamente siente las ganas de que un día Prim y Peeta puedan conocerse mejor. Tal vez cuando el conflicto finalice y puedan volver a casa… Seguramente Peeta conquistará a Prim con sus inocentes bromas y la hará reír hasta las lágrimas como ha hecho con ella. Claro que se llevarían como queridos hermanos porque Peeta y ella estarían juntos.
Esto de guardarse tantas emociones finalmente puede con ella, así que lo mejor será abrirse a su única hermana, antes de comenzar a pensar en tantas tonterías. No abre bien la boca, cuando las palabras se desbordan como un incontrolable río, y no hay poder humano que pueda frenarlas.
Los gestos de Prim pasan de la ilusión a la sorpresa, de las lágrimas a la risa, y al menos otras cinco emociones diferentes. Katniss omite únicamente la noche en que durmieron juntos, pero por lo demás, se confiesa a su hermana sintiendo como gradualmente un peso se le quita de encima.
Finalmente tiene a alguien con quien añorarlo.
-¿Lo amas? –pregunta Prim al final y con toda la seriedad del mundo. Aunque únicamente hay lugar para una sola respuesta.
-Sí.
.
-Gracias, Glimmer, pero no estoy interesado. –Peeta aparta gentilmente a la hermosa enfermera que ha sido reubicada en el distrito uno, donde ayuda a los agentes a recuperarse mientras se dedican a limpiar el terreno de rebeldes bien organizados.
Son siete semanas las que lleva ahí y Peeta ya tiene tres cicatrices extra de las balas que le han cobrado pequeños trozos de su piel. Y este lapso en el hospital es el que la joven ha intentado aprovechar para enamorar al atractivo agente de la paz.
-¿Qué no te gusto? –insiste sensualmente mientras comienza a desabotonar su blusa, provocando que Peeta trague fuerte.
Es un hombre y después de todo no está hecho de piedra. Sin embargo una mujer ya le ha marcado la piel con sus labios y el toque de sus dedos –Eres muy guapa, pero yo amo a…
-…a la insulsa y fría Everdeen –complementa Glimmer por él. Hace un puchero con sus generosos labios y no hace el menor intento por ocultar sus voluptuosos pechos.
-No es insulsa ni fría –dice defendiendo con fervor el honor de su amada –es la mujer más hermosa, la más bondadosa, la más valiente…
-Ya entendí –lo detiene la sexy rubia con evidente fastidio. –Por despreciarme podría matarte ¿sabes?
Por supuesto que sabe. Se dice que ella se había preparado en sus años mozos para ser profesional en los Juegos del Hambre, pero que no fue escogida en el sorteo especializado para escoger voluntarios.
-Es una pena que quieras desaprovechar esto –nuevamente insiste Glimmer señalando su fantástica figura. –Pero si cambias de opinión, sabes en donde encontrarme. –Sale con asombroso despecho de la habitación.
Peeta seca el sudor de su frente. Sus sueños húmedos diariamente le recuerdan que tiene necesidades, pero él no está aquí para satisfacerlas. Esta aquí con una misión y debe cuidarse las espaldas, porque dada su nueva posición como Oficial en Jefe, las traiciones incrementan y la ambición por el poder corrompe. ¿Quién sabe si han enviado a Glimmer para asesinarlo mientras duerme? No podría tentar su suerte ni aunque quisiera; no cuando está ligado sentimentalmente a Katniss.
No creyó llegar tan lejos, pero las últimas exitosas misiones le han puesto en la mira del Capitolio. Ha recibido honores por su desempeño y es participe de misiones ultra secretas e importantes. De hecho, si los rebeldes tuvieran una lista de los más buscados, él estaría al final de ella. Ha desmantelado algunas de sus organizaciones, pero también gracias a su información importantes victorias se han obtenido.
Como sea, su deber es seguir pasando información a través del reloj-comunicador que le han dado y mantenerse con vida.
Conforme la guerra transcurre, ha habido cuantiosas pérdidas en ambos bandos. Amplios terrenos de tierra han sido atrincherados y otros destruidos por incendios o las llamadas bombas molotov de manufactura rebelde. El número de personas muertas, los edificios derrumbados y la escasez de alimentos comienzan a alcanzar números críticos. Esto debe llegar al final pronto o no será posible la sobrevivencia humana.
Así que si existe un punto decisivo para que comience a perfilarse un triunfador en este conflicto bélico después de poco más de treinta meses, esa es la fortaleza del distrito dos.
La conocida como Nuez por los rebeldes, es donde el Capitolio salvaguarda toda la información de sus riquezas, los sucios secretos de sus gobernantes, el historial de los distritos, así como acuerdos de todas las clases y muchísima más información que esta celosamente protegida. Únicamente personal autorizado y altamente privilegiado es invitado a recorrer sus instalaciones. Por supuesto que el Capitolio tiene un alto grado de interés por proteger este lugar.
Pronto reclutan a los mejores agentes y entre ellos, el grupo del Oficial en Jefe Mellark, es enviado para ser parte del numeroso escuadrón que estará a cargo de proteger "La Fortaleza", lugar señalado como próximo objetivo de la rebelión.
Esta es, probablemente para Peeta, la misión más importante que le sea asignada en su carrera. Y esto no puede ir mejor, porque esta privilegiada oportunidad puede ofrecerle valiosas cartas para tirar cuando sea su turno; y evitar innecesario derramamiento de sangre gracias a la información.
Mientras sube al aerodeslizador que les transportará al distrito dos, sabe que podrá asegurarse que su amiga Madge se encuentre bien, y tal vez en algún momento, ambos puedan partir al distrito trece donde Katniss y Rue permanecen seguras y a salvo.
.
Katniss se siente mucho mejor desde que compartiera con Prim sus sentimientos por el hijo del panadero del distrito doce. Ahora gracias a esa confesión, Prim la consuela y atiende con cariño pero al mismo tiempo, no la molesta cuando necesita estar sola.
En alguna hora después de la cena, la joven se encuentra repasando algunas listas con los nombres de los medicamentos que utilizan los rebeldes, comparando con los que usaba en el centro de entrenamiento para agentes de la paz, cuando llegan Rue y Prim riéndose confidencialmente.
Le da gusto que ambas chicas se acoplasen tan bien, pero verlas reír así no deja de provocarle curiosidad – ¿de qué se ríen?
Rue abre la boca lista para contestar, pero Prim se apresura a ponerle la mano encima – ¡de nada! –exclama, pero Katniss distingue la risa en los ojos de la chica del distrito once y el sonrojo de su hermana.
-Vamos, que de todos modos sabes que lo averiguaré.
Prim suelta a Rue mientras decide. Craso error. – ¡Rory tiene sentimientos por Prim!
-¡Rue! –grita la traicionada rubia poniéndose más roja que nunca.
Katniss respira varias veces para apaciguar las diversas emociones que le recorren el cuerpo. Su hermana definitivamente ya no es una niña, y pinta para convertirse en una hermosa mujer. Es delicada, elegante y femenina. Será una fantástica ama de casa algún día y una maravillosa madre. El chico que conquiste su corazón será muy afortunado… ¡Pero todavía no! – ¿Y qué le has dicho? –el tono de voz calmado; pero escalofriante al mismo tiempo.
Prim y Rue se van de espaldas terminando sentadas sobre la cama. Una muy avergonzada y la otra apenada de haber soltado la información –no le he contestado. –Katniss la mira con sospecha, no confiando completamente en su hermana. Aunque claro que Primrose se da cuenta de ello –pero nos hemos besado…
-¡¿QUÉ?!
-Por supuesto que no –descarta la rubia girando los ojos y cruzándose de brazos. Katniss suspira aliviada, pero no le dura mucho tiempo. –Pero no porque me lo impidas. Si quiero, tengo todo el derecho de ser besada. –Ignora el tironcito de advertencia de manga que le ha hecho Rue, rehusándose a mirar a alguna de las dos chicas.
Prim es una chica dulce, pero ha heredado la voluntad de hierro de su hermana.
La mayor de las Everdeen está preparándose para dar un discurso sobre lo joven que es para tener novio, pero su hermanita se adelanta –y no es como si no lo hubieras hecho antes.
Contra eso, no puede decir nada; porque ha hecho incluso más.
-Está bien. Si quieres puedes andar con Rory –siempre decidida a tener la última palabra – ¡pero nada de casarse hasta que tengas mínimo mi edad!
Primrose sonríe brevemente, pero después se encoge de hombros –tampoco es que me apremie tener novio. Quiero ser doctor antes.
'¿Todo esto para nada?' Se pregunta Katniss, pero el alivio vuelve con mayor fuerza al comprobar una vez más que Prim es bastante madura para su edad y tiene un don especial para leer a las personas.
No para de cuestionarse que si ella hubiera sido así desde siempre, hace siglos habría sabido que ama a su panadero, y hubiera aprovechado más su tiempo con él.
.
El distrito dos, en palabras que Peeta puede describir, es impresionante. No es como esos distritos a los que ha ido con anterioridad. No es precisamente sucio como el tres; ni frondoso como el siete; tampoco pequeño como el doce. Es más bien disperso, lleno de aldeas que se distribuyen a lo largo y ancho de las cordilleras donde está ubicado. En un espacio se encuentran algunos edificios, incluyendo el de Justicia, la Plaza de la ciudad y una simple estación de tren. La nieve se aloja en las zonas montañosas más elevadas. Es bastante grande en sí, pero el lugar que deben proteger se encuentra en el centro; una enorme montaña impenetrable que alberga importante fuerza militar del Capitolio.
Los cuarteles son interminables, que incluso los nuevos deben ayudarse de algún mapa para llegar a su destino; ya sea las habitaciones, o las salas de armas. Peeta debe familiarizarse lo antes posible con todos los pasajes, los reglamentos y demás infinidad de información para desempeñar excelentemente su trabajo.
Pronto se corre el rumor de que hay algún soplón entre ellos, y están de acuerdo en que la basura se debe desechar.
¿El encargado de encontrar al traidor?: El oficial en jefe Peeta Mellark.
Aprovechando la oportunidad que prácticamente le están regalando sus superiores, el agente se infiltra en las enormes salas de información y consigue importantes datos que, seguramente, Plutarch estará frotándose las manos para recibir.
-¿Has perdido algo, chico amoroso?
Una gota de sudor frío se forma rápidamente y desciende por su espina dorsal; esta persona son malas noticias. –Hace mucho que no nos vemos, Cato –saluda Peeta apartando cautelosamente ambas manos del teclado del computador. –Desconocía que te habían transferido aquí.
El brusco agente sonríe prepotente –ni yo que te habían nombrado oficial en jefe. ¿Cuándo se volvió loco el mundo?
Así que quiere provocarlo, pues no lo logrará –la fuerza bruta no es lo único que busca el Capitolio, Cato. –El agente Banks cruje sus dientes y aprieta sus puños. –Y respondiendo a tu pregunta, debes saber que tengo autorización de estar aquí. –Es mentira, pero eso su enemigo no lo sabe.
Pero Cato no es tan tonto –no me ha llegado ninguna notificación de tu permiso. –Observa que Peeta aprieta levemente la mandíbula, y es cuando sonríe como si hubiera dado en el clavo. –He escuchado que puede haber traidores entre nosotros, y tu historia sobre el permiso no termina de encajar. ¿Hay algo que deba saber, oficial?
La última palabra dicha con sarcasmo confirma que le tiene contra la pared. Peeta valúa rápidamente sus opciones. La sala es enorme y estantes incontables cargados de libros e información contribuyen a la insonorización del espacio. Las únicas cámaras de vigilancia se encuentran en los pisos superiores y en las salidas de La Fortaleza. Las puertas deslizantes están cerradas y no hay persona alguna aparte de ellos. Probablemente no hay nadie más en al menos treinta metros a la redonda. –Es parte de mi misión. –Responde tratando de ganar tiempo para pensar en cómo salir de ahí ileso.
-¿En serio me crees idiota? –Gruñe el agresivo agente levantando su fusil para apuntar a Peeta. –Porque no soy yo el que está en una sala clasificada, sin permiso y descargando documentos prohibidos.
Peeta reacciona con rapidez arrojándose contra el desprevenido agente. Forcejean con sus manos aferrándose al fusil tratando de ganar control sobre este. Cato es más alto que él y más robusto; pero Peeta se ha vuelto ágil y siempre ha sido fuerte.
Cato propina un fuerte empujón a Peeta y este cae hacia atrás llevándose el fusil con él, pero el arma se suelta de sus manos y cae deslizándose varios metros atrás. Ambos agentes reaccionan al mismo tiempo y se avientan para cogerlo primero. Peeta está por tomarlo, cuando siente el peso de Cato sobre él.
Se gira sobre sí mismo para recibir el primer puñetazo en la mejilla derecha. El dolor es soportable, inclusive con el segundo y tercer impacto –te asesinaré, maldito traidor.
Peeta alza los brazos para protegerse del cuarto. Debe hacer algo rápido porque ha visto a este mismo agente matar a golpes a las personas. Forcejean cuando alcanza a detener el puño venidero de Cato. Haciendo el acopio de sus fuerzas, alza las piernas para sacárselo de encima.
Lo logra.
Aprovecha la oportunidad y busca con desesperación donde quedó el fusil. Lo ve y se apresura para cogerlo.
Justo en el instante en que carga el arma para apuntar a Cato, ya tiene a este en la espalda y es pescado del cuello. Parece estar dispuesto a estrangularlo.
Mientras aún tiene aire, se aferra al acero y con la culata golpea a su agresor, sacándole el aire y logrando liberarse.
Quita el seguro del fusil en automático, pero en milésimas de segundos se vuelve a encontrar en la posición de forcejear el arma.
Peeta no está dispuesto a morir. No aquí. No así. Desea además con todas sus fuerzas ver a Katniss otra vez.
Y es cuando se escucha el disparo retumbar en los estantes.
.
-Hey, Catnip.
Katniss se endereza en su lugar al escuchar tan cerca la voz de su mejor amigo. Hasta hace pocos segundos contaba las pastillas que sobran en el almacén – ¿Qué hay, Gale? –Saluda actuando como si no hubiera estado evadiéndole las últimas semanas.
Gale luce todo alto, maduro y atractivo como siempre en su uniforme de sargento. –Vengo a despedirme, iremos al distrito dos.
Las palabras le suenan muy familiares, pero tan extrañas viniendo de la boca de Gale. Aunque no importa que diferente sea el uno del otro; sigue siendo su amigo y no deja de preocuparle que deba salir a luchar y enfrentarse a las poderosas armas del enemigo. –Trate de no meterse en problemas, soldado Hawthorne.
Las comisuras de la boca de su amigo suben ligeramente. –Es sargento, y lo intentaré –responde antes de observarla con curiosidad.
-¿Ocurre algo? –pregunta sin saber más que decir.
Su amigo se toma su tiempo para contestar –estás muy cambiada. –Katniss alza las cejas para que Gale se explique pero no lo hace, al contrario dice – ¿qué ha pasado entre nosotros, Catnip?
La pregunta la toma por sorpresa. Quisiera preguntar a qué se refiere su amigo con 'nosotros'; pero siente, con esa especie de sexto sentido que ha desarrollado en los últimos años, que preguntar eso no crearía mas que una serie de complicadas situaciones que no se cree capaz de manejar. Y aunque no quiere contestar, Gale espera una respuesta, así que una le da –no sé de qué estás hablando.
De una zancada el sargento se para frente a ella. Recordando que pasó la última vez que lo tuvo así de cerca, la joven se gira para seguir contando los medicamentos, más bien para fingir que lo hace. –A esto me refiero. Parece que me rehúyes.
-No te rehúyo. –Contesta a la defensiva pero sigue sin mirarlo.
-Lo haces, Katniss. Y en verdad que no entiendo por qué. Pensé que nos entendíamos con esto –señala a ambos con insistencia.
-¿Qué de esto? –pregunta la joven no queriendo comprender.
-Nosotros. Tú y yo. Esto.
-Somos amigos ¿no? –lo dice de verdad.
-Bueno, sí. Pero sabes a qué me refiero –apenas roza con sus dedos el hombro de la enfermera.
Katniss abre la boca en una redonda "O" ¿En qué momento la conversación ha dado semejante giro? Tras lo que parece ser una eternidad puede formular una respuesta. –Yo nunca me he querido casar, Gale, lo sabes. –Se explica pensando curiosamente en Peeta, pero aún sorprendida de poder articular tales palabras con semejante tranquilidad. –Y además somos amigos.
El sargento deja caer su brazo en un seco golpe –sé que somos amigos, pero… pensé que tú y yo…
No necesita finalizar lo que quiere decir, ella lo entiende. Hace tres años ella misma llegó a pensar que eventualmente terminarían juntos. No porque lo esperara, sino porque era el paso más lógico a seguir una vez Prim estuviera libre de las cosechas.
Pero eso fue antes de Peeta.
-Lamento que… –comienza a decir, pero Gale coloca dos de sus dedos en los labios de la mujer de la que está enamorado, y a la que estuvo buscando en su paso por los distritos de Panem.
-No digas nada, Katniss –dice sintiendo una nueva y nada grata sensación en su pecho; muy parecida al pánico. –Piensa en esto… en nosotros, y… cuando regrese hablamos.
-Gale…
-No. Necesito saber… –quiere preguntar si hay alguien más; porque es lo que ha estado pensando desde el desliz que tuviera Rue, pero no puede, no quiere creerlo. No hasta que lo escuche de la boca de Katniss; y justo ahora no se siente preparado para oírlo. –Promete que lo pensarás. Yo te quiero y… recuerda todo lo que hemos vivido juntos. –Dice antes de plantar un beso en la temple de la joven y escabullirse rápidamente.
-¡Cuídate, Gale! –corre hasta la puerta para gritarle a su amigo, ve la espalda del sargento y únicamente alza la mano para darle a entender que lo hará.
Katniss regresa a su trabajo sintiendo pena por Gale. Sabe que lo mejor es rechazarlo ya que él merece encontrar a alguien que lo ame con ese amor que se tienen las parejas. Merece a alguien que se entregue completamente a él; no a una mujer incompleta que, como ella, ya no tiene corazón porque se lo ha entregado a alguien más.
Y sabe que no lo recuperará nunca.
.
Ha matado a alguien.
Ha asesinado a una persona por primera vez en su vida.
Permanece sentado en el suelo, mirando fijamente sus manos, mientras el charco de sangre se extiende lentamente por el piso de insipiente mármol; el cuerpo yaciendo frío y sin vida a su lado.
¿Qué ha hecho?
En su desesperación por sobrevivir, ha arrebatado la vida de una persona.
Se siente sucio, escéptico, nauseabundo, maldito y mil cosas más, cada una más despreciable que la otra. Sabe que ha sido por su propio bienestar, su sobrevivencia…
¿En verdad lo ha hecho?
No puede creer lo fácil que ha sido el acto del homicidio, así como lo patético que es sentir el par de lágrimas que escurren por su rostro; porque a estas alturas es sorprendente que no hubiese matado a alguien todavía; pero no por esa lógica deja de ser doloroso haber asesinado. Aunque fuera alguien como Cato.
Porque nadie merece morir a manos de otro ser humano.
Cuando la humedad de la sangre escarlata humedece el costado de su pantalón, sabe que es momento de ser fuerte y arreglar lo que acaba de pasar. Es obvio que no podrá esconder o deshacerse del pesado cuerpo del agente muerto, por lo que tendrá que alterar un poco los hechos.
Con escalofriante calma que logra reunir, trabaja como autómata y termina de enviar los documentos y planos a Plutarch; así mismo le informa de la situación en la que se encuentra e informa su plan, esperando que pueda contactarlo dentro de algunos días, para continuar con su trabajo como informante.
Una media hora después Peeta presiona el botón rojo del intercomunicador para que envíen a alguien a recoger el cuerpo del traidor; toda la evidencia apuntando al agente Cato Banks. Afortunadamente el oficial Mellark le ha detenido antes de que pudiese enviar los archivos secretos.
Entre ellos el aviso de que el bombardeo del distrito trece está programado para el día siguiente por la mañana.
.
Suena la alarma de emergencia en lo profundo del distrito trece.
Katniss corre llena de pánico para encontrase con Prim, Rue y su madre. Rory se les une en el camino, siguiendo al pie de la letra la última orden que le dio su hermano mayor antes de salir rumbo al dos: cuídalas.
Es increíble como la población de este distrito esta preparara para las emergencias; y como esta alarma que provocaría pánico en cualquier otro distrito, aquí únicamente es un aviso para que la gente siga las instrucciones al pie de la letra.
Katniss envía a su familia y amigos primero, mientras ella se apresura a recoger algunas pertenencias de valor sentimental; incluyendo la perla que le ha dado Peeta, su único recuerdo que tiene de él.
Es de las últimas en llegar a las zonas seguras del búnker.
Todo cimbra bajo la magnitud de los proyectiles por tres días. El cuarto tan silencioso como una tumba.
Ha terminado y han sobrevivido al terror de los misiles intentando acabar con ellos.
.
-Bienvenido, Sargento Hawthorne –le recibe una mujer con profesionalismo. –Le están esperando.
Lo guía a lo más alto de un alto edificio donde se encuentra una sala de juntas. Un importante grupo de personas, conocidas como cerebros, están esperando dar con una idea que les ayude a penetrar La Nuez. Desde ahí se puede apreciar la montaña rocosa que deben conquistar.
Estando allí se han enterado del bombardeo al distrito trece, y quieren cobrar al final del día la misma tarifa al Capitolio.
Sacan los planos que uno de sus espías en La Nuez les ha hecho llegar hace unos pocos días; y ponen las mentes a trabajar, esforzándose por hallar un punto débil en semejante fuerte.
Tras agotadoras horas de permanecer encerrados y valuar diferentes opciones que les ayuden a lograr su cometido, Gale Hawthorne se gana el título de Sargento Mayor cuando consigue dar con una solución que es por demás; mortal.
.
La primera secuencia de detonadores explota en las montañas de alrededor.
Peeta Mellark se encuentra en los pisos inferiores al momento en que la alarma de emergencia comienza a sonar en todos los niveles de La Fortaleza.
A través de su comunicador portátil escucha que maldicen y después le indican que es una emergencia nivel cuatro. No es un simulacro.
Peeta se apresura a seguir el protocolo de estos casos; ya que dado el nivel es algo muy grave lo que está ocurriendo, porque la orden es desalojar la construcción por completo en menos de diez minutos.
Con el fusil en mano, y mucho cansancio en sus hombros debido a las noches en las que no ha podido dormir por las pesadillas que le han asechado, comienza a aporrear con fuerza las puertas que se cruzan en su camino – ¡Hay que desalojar!
Con ayuda de algunos agentes, moviliza a la gente a los elevadores, para que de este modo puedan subir a los niveles superiores y abordar un aerodeslizador que les saque de la montaña, pero cuando alcanzan los ascensores, no pueden utilizarlos, están inservibles. –Maldición, ¡MALDICIÓN! –grita golpeando los botones una y otra vez.
-¡Se han obstruido las entradas! ¡No hay salida! –Alguien continua gritando fuera de sí – ¡nos vamos a asfixiar!
Los gritos de terror comienzan a elevarse por todas partes. La gente se comienza a empujar. El pánico se apodera de hombres y mujeres por igual. En medio del caos han transcurrido fácilmente tres minutos y no hay nada que Peeta pueda controlar.
.
Madge Underseen observa cansada a la distancia. Su turno en el hospital ha terminado y ahora se dirige a la casa donde vive con algunas de sus compañeras. Es una tarde demasiado fresca, pero casi todas lo son en este distrito. Piensa que a Ethan le hubiera gustado mucho ese lugar, ya que siempre se quejaba del calor. Tal vez la hubiera abrazado tomando de pretexto el viento helado…
Pero el hubiera no existe, y todo lo que planeó o quiso hacer con su prometido se reduce actualmente a nada.
Se paraliza al abrir la cerradura de su vivienda cuando escucha disparos a la distancia. El sonido de bombas explotando arriba en el cielo no tiene lógica. Los gritos de personas asustadas se oyen cada vez más cerca y es cuando ve la causa del alboroto: los rebeldes se están abriendo camino hasta la Plaza, justo donde desemboca el túnel subterráneo que conecta con La Fortaleza, que comienza a derrumbarse ante los ojos incrédulos de cientos de personas.
Muchas personas intentan huir de los rebeldes, a los que el Capitolio ha presentado como delincuentes sin corazón y saqueadores de aldeas enteras; pero a diferencia de aquellos que han salido pitando lejos de los invasores, Madge comprende que es demasiado tarde, y que la mejor idea es entregarse por las buenas.
Por lo que no se queda mucho tiempo para ver la masacre que se desarrolla poco después.
.
Peeta está por aceptar su inevitable muerte, hasta que recuerda el túnel ferroviario que conecta con la ciudad – ¡El túnel! –Intenta hacerse escuchar, pero únicamente quienes están a su lado le prestan atención. – ¡Saldremos de aquí! –sin tiempo que perder, echa a andar, seguido de al menos diez personas más.
Conforme más personas caen en la cuenta de la misma solución, empiezan a seguir el grupo del oficial Mellark pero es demasiado tarde, se obstruyen escaleras, se genera mayor caos. Los focos comienzan a parpadear y la luz se va.
El polvo terroso comienza a viciar el aire y las paredes se empiezan a tambalear.
El agente apresura a las personas que van hacia túnel – ¡más rápido! –pero al contrario parecen avanzar más lentamente.
La desesperación cae en algunos y es inevitable dar traspiés en la oscuridad. Peeta avanza a la cabeza junto a otros agentes de la paz. En el camino ayuda a personas a levantarse, obliga a otros a seguir andando. Un muro comienza a colapsar cuando están por alcanzar la estación donde se abordan los trenes que salen a la plaza.
En esos horribles momentos los gritos se escuchan cien veces peores de lo que son.
-¡No hay energía! ¡No se pueden echar a andar los trenes! –grita un agente.
-¡Bill! ¡Hermano! –escucha a una joven gritar desesperada intentando volver en medio de los escombros.
Un hombre robusto la sujeta por la cintura. –Es tarde… es tarde ya…
Escenas parecidas se desarrollan frente a los ojos del agente, pero se ve forzado a prestar nuevamente atención al problema mayúsculo que existe con los trenes. – ¿Crees que resista? –pregunta señalando el techo.
-Un par de horas tal vez, pero tenemos que sacar a la gente de aquí antes de que se agote el oxígeno o entren los rebeldes a rematarnos. Hay una reserva de energía, pero tenemos que reactivar los interruptores.
-¿Cuánto les tomará? –a Peeta le preocupa el tiempo, porque efectivamente duda que haya suficiente aire para que sobrevivan algo más de una hora.
-Espero que media hora máximo, pero suficiente tiempo para salir de aquí.
-Empecemos a llenar los vagones –opina otro agente.
Se ponen a la tarea, pero las personas están nerviosas, agotadas y siguen llegando algunas más, las que logran abrirse camino a través de los escombros. Y conforme el calor se encierra, esto parece despertar la mayor desesperación posible, unos comienzan a andar por las vías, desesperadas por salir de ahí, pero el único modo seguro y real son los trenes. Y aun así cuando salgan, probablemente se encontrarán con los rebeldes esperándoles para terminar con ellos.
Las luces regresan, pero el caos también, todo mundo quiere abordar los trenes cuanto antes. Peeta se ve obligado a disparar varios tiros al aire para llamar al orden. La estructura tiembla recordándoles que la corta tregua que les han dado los rebeldes llega a su fin. Las ruedas de las maquinas rechinan al avanzar.
Un agente pierde la cabeza y comienza a disparar sin razón alguna, cae inconsciente cuando alguien lo derriba.
Cada vez es más difícil respirar. Para Peeta la sensación es similar a ser un insecto atrapado dentro de un tazón de aire caliente, con un reloj contando los minutos que les quedan.
Otro temblor.
Más gritos de miedo.
Otra explosión.
Más escombros.
Tras los que son aterradores minutos, los trenes comienzan a evacuar, y el oficial Mellark es forzado a abordar uno para defender a los ciudadanos que no van armados. Esta sudando y los cuerpos se apretujan unos contra otros desesperados por salir de ahí.
Es como la vivida pesadilla de ser enterrado vivo.
Hay heridos en el vagón en el que viaja. Algunos ha conseguido detener sus hemorragias con sus propias ropas; todos tan desesperados por vivir. Mientras recorren las millas que les sacan a la Plaza de la ciudad, la gente no deja de preguntarse ¿por qué a ellos? ¿Porque a sus familiares y amigos? Hay lágrimas y tristeza, incluso odio en los rostros y promesas de venganza.
Peeta se pregunta para qué causa sirve realmente.
Finalmente alcanzan a ver la salida del túnel, y el arribo a la estación. Efectivamente las fuerzas rebeldes les esperan y rechazan a los agentes que quieren ir a auxiliar a quienes van saliendo de la Fortaleza.
Al instante en que las puertas se abren, las personas se empujan entre sí, desesperadas por escapar de las balas que vuelan en su dirección. El hombre a su lado cae al suelo, pero Peeta no tiene tiempo de auxiliarle, debe responder al fuego cuando un rebelde mete una bala sin piedad a la cabeza de una mujer que se cruzó en su camino hacia los agentes de la paz.
Carga. Dispara. Carga. Dispara.
Es una ronda sin fin, y los rebeldes les superan en números y armas.
Enfrentarlos es un suicidio.
Quiere gritar que es suficiente; que deben dejarlos salir, que aun los trenes deben regresar por más personas, pero las palabras no llegan a su boca; y aunque lo hicieran nadie hará nada.
De pronto los agentes comprenden que son minoría y que desde que empezó el ataque a La Fortaleza ya han perdido, que únicamente les queda rendirse, pero hay quienes continúan aferrados a no caer prisioneros de sus enemigos. Y los rebeldes no cesan el fuego; no les quieren dar la oportunidad de izar bandera blanca.
Las balas de su fusil se terminan. A tiempo consigue resguardo detrás de unas vallas de grueso metal que se han desplomado de algún lugar. Un hombre de mayor rango se escuda junto a él sin aliento. –¡Esos hijos de p& #%! No piensan darnos tregua. ¿Te quedan municiones, hijo? –pregunta a Peeta, quien verifica que ya no quedan balas en su arma.
El joven se lo informa. –Se me han terminado.
-Es una pena. Preferiría morir llevándome a uno de esos desgraciados. Lo único que lamento es que moriré antes de ver cómo somos vengados por lo de hoy. –Dice el hombre con verdadera rabia.
-¿Qué quiere decir?
El hombre suelta una risa semejante a un ladrido –moriremos. ¿O crees que permitirán que algún agente de la paz sobreviva el día? –Una horrible mueca en su cara.
El corazón de Peeta falla un segundo.
En el siguiente una bala salida de la nada atraviesa la frente del hombre matándolo instantáneamente, la sangre ajena le salpica en su cara. Y en el segundo después, ve volar una granada en su dirección. –Demonios.
Alcanza a salir disparado antes de que haga explosión, haciendo añicos un vagón entero.
.
Gale Hawthorne lidera un grupo de rebeldes, los cuales corren predispuestos para la batalla. Casi parecen ansiosos. Para algunos de ellos, es su momento de cobrar las vidas de sus familiares.
Cada agente caído es una victoria.
De hecho, si hubiera sido por él, hubiera volado el túnel para que no quedaran sobrevivientes. Una lástima que hubo más votos en contra.
Movido por la ira, la venganza y el odio, tira a matar, pensando que por cada agente caído, glorifica la memoria de aquellos a los que amó y fueron asesinados.
Lo hace por Vick. Por Posy. Por su madre. A los que no verá nunca más.
.
Una mujer yace debajo de una viga; con lágrimas en los ojos suplica por ayuda. El agente se detiene por compasión, aunque se expone al estar cerca de un fuego cruzado. No tiene armamentos, no tiene nada más que este acto de caridad en sus manos.
Con fuerza mayor a la de un hombre promedio comienza a levantar la pesada madera para liberar a la mujer, quien logra salir, pero sangra profundamente. No durará mucho.
Todo alrededor es un tiradero. Las calles llenas de escombros, tierra y nieve que ha caído junto con La Fortaleza. El Edificio de Justicia arde con llamas tan altas como las de un tanque. Hay cuerpos tirados, miembros mutilados.
Necesita salir de ahí, pero en menos de un segundo se encuentra a merced de un rebelde. Y sí sabe cómo ocurrió: el soldado está armado. Él ya no.
-¡Wow! Baja esa arma, amigo. No pienso hacer nada –exclama Peeta rindiéndose. A estas alturas ya ha perdido hasta el casco y no tiene más arma que el cuchillo en su bota, y duda que pueda hacer mucho con él. Es esposado rápidamente por atrás y le obligan a arrodillarse en la tierra de modo nada amable; parece que quieren hacerlo tragar tierra.
-Dame una sola razón y te meteré una bala en el cuerpo –le dice un soldado demasiado joven para serlo. Sus brazos tiemblan bajo el peso del arma y aunque hay un asomo de duda en su voz, Peeta sabe que es capaz de cumplir su promesa.
Esta la segunda ocasión que se encuentra cara a cara con un cañón apuntándole a la frente. –Créeme cuando te digo que no quieres manchar tus manos con sangre. –Mira al soldado con cautela. El agente tiene sus ropas mugrientas y la chaqueta rota. Y sabe que no le creerán la historia del espía. No en este momento, pero debe jugarse su única carta. –Soy espía de los rebeldes.
-Y yo el presidente Snow.
-¿A que juegas, novato? –llega un soldado de tosco gesto. Observa con desprecio al agente y pronto identifica el rango de oficial del prisionero. –Veo que has cogido un pez gordo.
-Es mi prisionero.
-Ya no. –Dice el soldado más alto con hosquedad. –Es un oficial y de esas escorias me hago cargo yo.
-Exijo hablar con uno de sus supe… –Es golpeado en la boca antes de poder terminar. Con el impacto sus dientes han rasgado un poco del interior de sus mejillas. Siente el sabor metálico de la sangre de inmediato –necesito hablar con tu superior.
-Ha dicho que es un espía –dice el soldado más joven, dejando que su fusil cuelgue del brazo.
-Es lo que te dirán todos.
-Necesito…
Le propinan otro doloroso golpe en la cara.
-Habla cuando te den permiso de hacerlo. ¿Con que espía, eh? Te enseñaré a no mentir.
Peeta debe escupir su propia sangre para poder hablar –No estoy mintiendo.
Otro cortante golpe.
-¿Por qué pierden el tiempo? Llévenlo con los demás. –Peeta alcanza a ver que es un hombre con corte estrictamente militar el que da la orden, obviamente un teniente o sargento.
-Es un oficial, señor –responde de inmediato el soldado que le ha golpeado.
-Entonces llévenlo con los de su rango –zanja el hombre y dice algo sobre perder el tiempo.
De un tirón Peeta siente que le levantan del piso y a empujones lo llevan hasta un aerodeslizador.
El cielo ya es oscuro y frío, y conforme lo meten a las celdas que contiene la nave le despojan de su uniforme dejándole en camisa y pantalones; incluso le sacan las botas y el cinturón.
-Así no se suicidarán –les dice un soldado burlón.
No son muchos. Peeta imaginó que se encontraría con muchos oficiales, pero lo más seguro es que la mayoría pereciera asfixiado o aplastado en La Fortaleza. Ambas horribles formas de morir.
¿Y los que no murieron habrán logrado escapar? Que importa, porque se supone que son los malos ¿verdad? Aunque después del ataque de hoy, y ver de lo que los rebeldes son capaces de hacer, se guarda su derecho de opinión.
Con esfuerzos se las arregla para quedar cerca de la única ventana y poder ver desde ahí el exterior. Como si fuera nuevamente ese pequeño niño enamorado, alza el rostro al cielo y ruega que le sea concedida la posibilidad de ver a Katniss Everdeen una última vez.
Finalmente vencido y con dolor punzante en todo el cuerpo se deja caer derrotado.
.
Para quienes me preguntaron: Nope. Katniss no está embarazada (aún... jiji), es solo que su mamá está formada a la antigua usanza y piensa que cuando tienen la primera vez las caderas se redondean más. (¿Referencia?: mi madre, jaja! -aunque nunca se ha equivocado, uhmm, sospechoso?)
Por cierto, ¿Creen que Gale se rinda sin luchar? :/ Y ahora sí, que sí: A tres años del comienzo; reencuentro próximo Capítulo :D
