Ahora sí, agárrense porque nos vamos últra veloces. Prepárense también para montones de drama y lots of love. Que nadie se me desmaye y en verdad, verdad, que estoy ansiosa por leer sus opiniones del capítulo de hoy.

¡Gooocen de la lectura!

Capítulo XIII


Gale sube a un aerodeslizador que le llevará con los prisioneros de vuelta al trece, sumamente satisfecho con el éxito que ha conseguido. Le han reconocido su participación en el asalto a la Fortaleza y ahora será parte de los planes grandes de la guerra. Está ansioso por comenzar a trabajar en su nuevo puesto como Sargento Mayor y ganar este conflicto.

Llega al distrito trece junto con los soldados que salieron de aquí rumbo al dos, y son recibidos con honores. Incluso se ha preparado una comida que incluye carne de verdad y alguna fruta de postre. Nunca se ha visto tal manjar en este lugar.

Pero a Gale Hawthorne no le interesa que le coloquen una medalla frente a toda la población del distrito, desea correr para encontrar a Katniss esperando reconocer la mirada de orgullo en su rostro. Busca entre la población que ha atendido a la ceremonia y localiza a Rory, después a Primrose, a la señora Everdeen que está a un costado, incluso a la pulga, con cariño, de Rue, pero no a la mujer que busca.

Ocultando su decepción, baja de la plataforma el primero, y se acerca con prontitud a Prim para preguntar por Katniss.

-Se ha quedado dormida, no quise despertarla ya que casi no lo ha hecho desde el bombardeo. –El sargento asiente preparándose para ir a buscarla, pero la menuda rubia le detiene del brazo –no es buen momento, Gale.

Busca en la mirada azul cristalina de su joven amiga para entender, pero encuentra cansancio que no le revela nada. –Tú sabes que le pasa –no es una pregunta, mas es una afirmación. –Necesito que me digas, Prim. Yo… –Ira. Frustración. Entierra sus uñas en las palmas de sus manos. –Yo la amo.

La pena en los ojos de Prim aplasta de algún modo esperanzas.

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-¡Arriba! ¡Arriba! –siente un escozor en el hombro donde le han golpeado para despertarlo.

Abre los ojos con dificultad, las luces demasiado blancas y brillantes. La única base rebelde donde ha estado fue la del distrito siete, por eso no sabe qué lugar es este al descender del aerodeslizador. Por un momento tiene la impresión de que le han traído a este lugar para ejecutarlo junto a otros agentes de la paz. Como animal que va al matadero, camina junto con los demás prisioneros que van bajado de otras naves aéreas.

Hoy los rebeldes celebran la derrota de sus enemigos; pero son conscientes de que aún no ganan la guerra y los agentes de altos rangos son considerados una importante fuente de información.

Le obligan a caminar a pesar del esfuerzo. Sus músculos están entumidos y tiene la boca seca. Ve del otro lado de la gruesa pared de cristal a otros prisioneros que incluyen mujeres. La fila del agente es lo bastante escasa para comprender que muchos oficiales y generales no sobrevivieron el ataque.

¿Habrá sido terrible morir asfixiado por falta de aire, o aplastado por los escombros de la Fortaleza? Seguro que sí, porque tan solo salir resultó ser una auténtica pesadilla.

Pregunta a un soldado educadamente en donde se encuentran, pero este no hace el menor intento de responderle.

Continúa avanzando bajo la dura mirada de los guardias. En ningún momento le preguntan su nombre, simplemente le pinchan el dedo índice con un aparato y todos sus datos aparecen en la pantalla; parece que finalmente tienen acceso a los registros del Capitolio.

Pronto leen que no es un oficial más; Peeta Mellark es un oficial en jefe. Y como a un par más, le sacan de inmediato de la fila y esposados los llevan a lo que parece ser lo más profundo de donde quiera que estén. Cuando es separado de los otros agentes, insiste diciendo que es un espía que trabaja para el lado rebelde, pero no recibe reacción alguna. Le empujan a través de húmedos pasillos, donde solamente se ven paredes grises y puertas incontables todas iguales; simplemente algún número sobre ellas pintado en color negro.

Llegan finalmente al final del pasillo y un guardia sostiene la puerta abierta, mientras que el otro le propina un empujón tan fuerte que lo manda hasta la mitad de la pequeña cámara cayendo sobre sus rodillas. Lo jalan con fuerza y le obligan a levantarse una vez más, sin dejar de apuntarle con el cañón del fusil.

'Es el fin' Piensa demasiado agotado para luchar por su vida una vez más. La muerte pasando por sus ojos.

Pero el destino decide que aún no ha llegado su tiempo.

El otro soldado, el que no sostiene el arma, comienza a golpearle sin razón. Es lo que los agentes solían llamar "calentamiento para cooperar" El puño en el estómago lo dobla de dolor y entonces es cuando lo sientan rudamente en la única silla que hay.

El soldado que le ha golpeado se aleja unos pasos. Parece un animal enjaulado, se lleva las manos a la cintura, como decidiendo que hacer después. Esto le da al prisionero tiempo para respirar, pero su verdugo regresa colocándose frente a él.

-¿Con que un espía, no? –le dice jalándole con brusquedad de las solapas de la camisa, reventando algunos botones superiores en el camino. Le dan un bofetón que le gira la cara. –Aquí no nos gustan las mentiras ni la gente como tú.

Peeta frunce el ceño, negándose a mostrar debilidad o miedo, pues está familiarizado con el procedimiento. –Me lo has dejado claro.

Antes de que tenga oportunidad de agregar algo más le dan un rodillazo en el estómago. Cae sentado en la pesada silla de frío metal.

-Te dirigirás a mí como señor. Y creo que no me estás entendiendo imbécil –le dice el soldado tomándole del cabello. –Únicamente puedes hablar cuando yo te le pida. ¿Está claro? –Lo suelta pero Peeta no contesta y esto le gana la fuerza de la culata del otro soldado directo en la nariz, la cual no tarda en sangrar profusamente manchando su camisa de sangre escarlata. –Dije, ¿está claro?

-No me ha pedido que conteste, señor.

-Te haces el listo ¿eh? –se cruza de brazos mientras su compañero le planta otro golpe. –Veremos qué tan listo eres cuando estés muerto. Así que si quieres salir de esta, me dirás todo lo que sabes. El dolor que sientes es una pequeña muestra si te niegas a cooperar de buena gana.

-No tengo problema con eso. Le repito que soy un espía de su lado, señor. –Escupe con resentimiento. Contacten a Plutarch Heavensbeen, él puede dar fe de ello.

La mención del nombre no tiene el efecto deseado. El agente no puede evitar sentirse frustrado, pero dice toda la información que puede, aunque no es de mucha utilidad porque la mayoría hace referencia al distrito dos y los rebeldes ya han tomado todo lo que necesitan de ese lugar.

Ambos guardias se miran con cautela, Peeta quiere creer que se preguntan si en verdad será un espía para la causa. Cualquier rastro de duda sería buena señal en este momento, pero al final del interrogatorio le dejan abandonado tumbándolo en el piso y llevándose la única silla con ellos.

Parece ser que después de todo, no le han creído lo de ser espía.

Está al límite de sus fuerzas, y allí sentado únicamente le queda esperar su suerte.

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Acostada en la litera de Rue, Katniss mira perdida el techo de su habitación.

Gale ya debe haber vuelto del distrito dos y seguramente disfruta de la celebración dada en su honor, después de todo ha sido su idea la que le ha valido un ascenso en la complicada escala militar.

Pero ella ha visto las imágenes y no puede creer que su amigo haya estado detrás de toda esa destrucción y muerte. Recuerda las veces cuando salían a cazar y Gale despotricaba contra el gobierno, pero eran simplemente eso; palabras.

Y ahora las ha movido a acciones y aunque comprende que Gale esté enfadado y desee aplastar todo lo que pueda del Capitolio, iniciar un fuego contra personas que intentaban salir de la montaña en ruinas ha sido inhumano.

Pero esto es una guerra y tal vez ella este exagerando las cosas; si no, ¿de qué otro modo podrán vencer a sus enemigos?

Rebusca en su interior intentando dar con la verdadera razón de su depresión. No debe rascar mucho, puesto que conoce la respuesta desde que vio las imágenes: ver como la montaña se venía abajo, le trajo el recuerdo de la muerte de su padre en la explosión de las minas del distrito doce.

Pero al mismo tiempo ver los cuerpos de personas caer muertas encogen su corazón de preocupación por su agente.

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Como hay que trabajar en las reparaciones de la zona dañada por los misiles del Capitolio, el festejo termina pronto y Rory debe ir a ayudar; no le molesta porque para él ese si es un trabajo de hombres. Gale asiste a una importante reunión donde solicitan su asistencia porque se debe tomar una decisión respecto a los prisioneros que van arribando, mientras que Rue vuelve a los cultivos, y Prim y su madre regresan al hospital.

La joven aprendiz de medico trabaja pacientemente en los laboratorios, siendo uno de los internos asignados a la tarea de evaluar los cientos de muestras de sangre que han tomado de los recientes prisioneros que han traído al búnker. La tarea es fácil; deben asegurarse que no haya portadores de bacterias peligrosas que puedan poner en un estado de peligro a la población. Todo marcha bastante bien.

Pero cuando llega a cierta muestra, esta se le resbala de los dedos estrellándose en el piso.

Debe avisar a Katniss de inmediato.

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-¿Puedo pasar?

La joven no se mueve ni dice nada, pero Gale se toma la libertad para entrar. Ha decidido ignorar la petición de Prim, y en cuanto han salido de la junta, fue en busca de la chica.

-¿Cómo has sabido que estoy aquí? –pregunta girándose para saludar a su amigo. Gale es tan alto que no necesita estirarse o subirse a algo para alcanzar la cama de arriba y poder verla a los ojos.

-No fuiste con los demás a recibirme –dice con un deje de reproche con sus pies bien plantados en el piso.

-Sin embargo me da gusto que hayas regresado. –Le dice dándole un par de palmaditas en la mano que reposa en el colchón.

Pero las intenciones del sargento son otras y la atrapa antes de que pueda ponerla bajo su cabeza para usarla como almohada. – ¿Has pensado lo que hablamos? ¿Sobre nosotros?

-Gale, no es el momento.

-¿Y cuándo lo será? Porque no quiero que me digas que cuando termine la guerra y llegado ese momento me salgas con otros pretextos, Katniss.

-Yo... –debe decirlo. Debe hacerlo ahora –lo siento, Gale.

El color escapa de la cara de su amigo. El sargento da una risita nerviosa para aliviar la tensión que se acumula en su cuello –no te entiendo.

Así que no se lo piensa dejar fácil. –Lo siento, Gale –repite. –Te quiero pero… pero no del modo que tú quieres. –El hombre se empieza a alejar, pero ella se baja con rapidez de la cama y lo alcanza a pescar. –No hagas esto más difícil…

-¿Difícil? –pregunta con tal dolor en la voz que hace que se le encoja el corazón a la joven. – ¿Difícil para mí o para ti, Katniss? Porque no pareces sentirlo mucho.

Lo suelta y ahora es ella quien se aleja como si le hubieran dado una bofetada. – ¿Y tú qué sabes sobre lo que siento? –le contesta comenzando a sentir que el enojo quiere hervir en su sangre.

-No sé nada, ¡pero es porque ya no me permites saberlo! –reclama resentido. Se quedan en silencio durante tensos minutos. Frenando las crueles palabras que quieren salir de sus respectivas bocas y que luego lamentarán haber dicho. Cada cual sumido en sus pensamientos.

Ella pensando en lo diferente que efectivamente se siente ahora. En que Gale tiene razón; ya no es más la joven que se vio obligada a separarse de su familia hace tres años ya.

Él, con la idea de que la única razón lógica para que sea rechazado es que hay una tercer persona de por medio – ¿quién es él?

La hora de confrontar la verdad ha llegado; y aunque ninguno quiere discutirlo, saben que deben hacerlo. La enfermera cubre sus ojos por unos instantes tratando de organizar sus ideas, queriendo ganar tiempo para que Gale se calme. ¿Cómo hacerle comprender a un hombre que te ama y que ha sido tu mejor amigo toda la vida, que tú ya amas a alguien más? –Es…

Se esfuerza por procesar que está ocurriendo. Seguramente es lo que Prim quería ahorrarle en el festejo: un corazón roto. La coge por los hombros – ¿Quién es, Katniss?

-¡Katniss! ¡Katniss! ¡Él está aquí! ¡Peet…! … aahoh… –Prim se calla abruptamente al ver que Gale sujeta a su hermana.

-¿Qué dices, Prim? –pregunta la joven soltándose de su amigo y dirigiéndose a su hermana presurosa. ¿Acaso ha escuchado bien? ¿Es posible que…? – ¡Prim!

La jovencita reacciona a las sacudidas de su hermana. –Está… Él está… –Quiere decirle que él está ahí, en calidad de prisionero, pero mira nerviosa hacia Gale un par de veces. El sargento capta el mensaje y se aleja unos pasos para darles privacidad.

Entonces la joven mayor comprende.

Esto no es un sueño.

Peeta Mellark, SU Peeta Mellark ha llegado al distrito trece.

Deja caer los brazos a su costado, la boca ligeramente abierta, las pupilas brillantes… esperanzadas. – ¿Cómo lo sabes, Prim? ¿Le has visto?

La blonda lo niega pero le explica suave y rápidamente, que ha visto su nombre en un frasco con las muestras de los prisioneros que debía revisar.

Katniss asiente asimilando todo a la velocidad de la luz. Su primer instinto es salir corriendo, pero ha madurado y se detiene a pensar. Se dirige de pronto a su amigo –Gale, necesito un favor. Hay un prisionero que necesito ver.

-¿Un qué? ¿Por qué tendrías que ver a un prisionero? –Se cruza de brazos desafiante –creo que tendrás que ser más específica, Katniss.

No tiene tiempo para esto. –Prometo que después te explicaré todo, pero ahora necesito verlo.

Comprobar con sus propios ojos que está ahí.

El sargento frunce el ceño, pero sabe que si no le ayuda, Katniss hará lo que sea para conseguir su cometido, después de todo, su persistencia es de las cosas que le gustan de ella –bien.

Prim le da su pequeña maleta de enfermera porque presiente que la necesitará.

Katniss abraza a su hermana dándole unas silenciosas gracias y sale detrás de su amigo. Hay algo de culpa al utilizarlo así, pero ya se sentirá terrible después. Sigue a Gale quien la lleva a una oficina, donde le ve intercambiar palabras con una mujer ahí. Después hacen una llamada donde Gale habla por algunos minutos.

Finalmente regresa a ella, que le espera a una distancia prudencial –Listo. Dale los datos que te pide y entonces te dará un papel con el número de la celda.

-Gracias, Gale. –Dice con sincera gratitud abrazándole levemente.

El atractivo sargento disfruta por un brevísimo tiempo de la cercanía de la joven –te espero aquí. –Aprovecha su turno para apreciar la figura de la enfermera.

Es una mujer realmente preciosa.

Minutos posteriores y con hoja en mano, Gale lidera el camino hasta los oscuros pasadizos del búnker, donde se encuentran las celdas de máxima seguridad. Le ha sorprendido que vean a alguien en ese lugar. ¿Quién será? La hoja no le da la respuesta porque únicamente señala el número del prisionero, y la cámara. Además de su nombre que aparece impreso junto al de Katniss marcándolos como visitas.

Pasando la guardia que permite el acceso a las profundidades del lugar, es Katniss quien anda a priesa, cada vez pudiendo contenerse menos. Está ansiosa por llegar, y parece que corre por los pasillos. Gale tiene que detenerla – ¿Estás segura de esto, Katniss? –Decenas de escenarios cruzan su mente, pero presiente que esto tiene que ver con su conversación interrumpida de hace rato.

-Por supuesto, Gale.

Continúan hasta que se detienen frente a la cámara señalada, un soldado haciendo guardia. –Tenemos permiso para entrar.

-Sargento Mayor Hawthorne –dice el guardia reconociendo que esta frente al famoso soldado que dio con la solución para tomar el distrito dos. Presenta sus respetos antes de permitirles el paso.

Katniss entra primero y Gale le sigue a unos pasos, observando cauteloso cómo la joven se acerca al cautivo dejándose caer de rodillas frente a él.

-¿Katniss? ¿Eres tú? –masculla débilmente el agente.

Gale observa el intercambio con curiosidad, pero cuando la joven besa al prisionero se convierte en alarma.

Y entonces lo ubica. Es el hijo del panadero del distrito doce.

'Katniss está bien'

'¡Y Peeta lo ha hecho porque él ama a Kat…!'

¿Cómo pudo ser tan imbécil como para no haber atado cabos antes?

Si desde que vivían en el doce notó como el hijo de comerciantes la estudiaba con demasiado interés en la escuela, y también en la panadería cuando iban a intercambiar sus ardillas. ¡De hecho en todas partes la devoraba con la mirada!

¿Y cómo ignorar el hecho de que ella fingía no prestar atención a las miradas furtivas; o a las competencias de lucha, pero que terminaba observando con avidez y hasta exasperante anhelo?

La tensión cuando le preguntó si la muchacha del zapatero se casaba con el hijo del panadero...

¡Era él a quien Katniss se refería cuando murmuraba incoherencias sobre un chico con pan, o del pan!

¿Cómo no lo comprendió?

Es Peeta Mellark el tercero en discordia.

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-No puede ser cierto, ¿es esto real?

-Real. –Responde antes de volver a besarlo, esta vez con profundidad, botando el maletín a un lado. Por primera vez repara en el sabor metálico de la sangre en su boca. Se separa bruscamente para poder entender la causa. Se fija en que Peeta está mal trecho. Tiene una fea herida inflamada en el pómulo izquierdo. Del otro lado, hay un golpe desagradable de un profundo color negro verdoso. La nariz hinchada, seguramente rota.

Está por limpiar la sangre seca de su rostro cuando es levantada abruptamente.

-¿Qué demonios haces, Katniss? –gruñe Gale apretándola del brazo.

-¡Suéltame, Gale! –dice esforzándose por no entrar en pánico ya que Peeta se ve mal y sacude la cabeza como desenfocado. Tiene que atenderlo pronto.

-¿Es él, verdad? ¡Es él! –El sargento exige respuestas. – ¿Acaso te has vuelto loca?

-¡Suéltame! –se logra soltar retrocediendo algunos centímetros por la fuerza.

Esta reacción no hace sino alterar a Gale – ¡Es un agente de la paz, Katniss! ¡UN MALDITO AGENTE DE LA PAZ!

-¡Lo amo! –Grita con pasión impregnada en esas dos palabras. Sorprendida cubre su boca inmediatamente.

Lo amo.

Lo amo.

Lo amo.

A pesar del silencio en la celda, sus palabras parecen hacer eco en las paredes.

El silencio es sepulcral, ni siquiera las pesadas respiraciones del malherido bastan para atravesar el espeso mutismo.

'…'

Unos instantes y su voz ruge con el dolor de la traición – ¡Lo mataré!

-¡No! –la joven se interpone en su camino, pero el sargento no se detiene hasta que la propia mano de Katniss se impacta en su cara con gran fuerza para devolverlo de la niebla de celos que domina su mente. – ¡Basta, Gale!

Se enfrentan cara a cara.

Se escucha un quejido y Katniss es la primera en romper la guerra de miradas, de voluntades, que mantiene con Gale. Devuelve la atención a su agente para revisar el estado de sus signos vitales, segura que su amigo no cumplirá su amenaza –estarás bien, Peeta.

La voz es la más suave que le ha escuchado nunca. Ni siquiera es con la que solía tranquilizar a Prim los días de Cosecha. Observa estático los precisos movimientos de la joven cazadora. Como sus fuertes pero delicadas manos que solían cazar a su lado, acarician a alguien que no es él. Cada músculo de su cuerpo se pone rígido de tensión. –Entonces es esto lo que quieres… –No recibe réplica. –… lo escoges a él.

-Gale… –cansada pone sus manos en el piso, incapaz de seguir confrontándolo.

-Olvídalo. –El militar maldice y se va.

Katniss se queda mirando la puerta varios segundos. Siente pena, tristeza. Finalmente está perdiendo a Gale, tal vez para siempre.

-Ve con él –susurra Peeta con tremendo esfuerzo, tratando por todos los medios permanecer despierto. La enfermera voltea a verlo. –No iré a ningún lado…

Aún en su estado consigue sacarle una sonrisa. –No, aquí me quedo. –Con cariño le aparta los rizos mugrosos de la frente. Le enternece como Peeta cierra los ojos disfrutando el contacto.

-¿Lo has dicho en serio? –su voz es ronca. Katniss, que ha empezado a sacar cosas del maletín que Prim colocó en sus manos, lo mira confusa. –Eso de que… me amas.

¿Cómo negarlo?

No puede, así que se da el lujo de saborear la palabra antes de confirmarla. –Sí. –Ahora que por fin se encuentra con ella, está decidida a ponerlo en un lugar donde no puedan arrebatárselo.

Algo cálido y muy agradable se extiende entre ellos como un finísimo manto.

-Ya puedo morir tranquilo –suelta Peeta, sus facciones hinchadas no ocultan su felicidad.

Le obliga a beber agua. –No vas a morir.

-Duele tanto, pero tienes razón –concede. –Sería un ingrato si lo hiciera ahora que te tengo.

Confiesa en suave murmullo –siempre me has tenido. –Se sumerge en esos orbes azules que ahora cargan algo más en su rostro.

Allí sigue viviendo el mismo deseo que logra enchinar su piel, el amor que endulza su corazón, la devoción que acaricia su alma; pero también hay un destello nubloso que carga remordimiento y sufrimiento.

¿Qué ha pasado este tiempo que han permanecido separados? ¿Qué cosas atroces ha visto, o ha sido obligado a hacer?

Quiere preguntar que ha nublado sus ojos, pero todavía no es tiempo. Primero debe atenderlo un médico porque lo más que ella puede hacer por él es desinfectarle las heridas de la cara y limpiarle la sangre de la boca.

-Ya que me has aseado, ¿crees que podamos repetir ese beso? Es que estoy un poco fuera de form…

Katniss ya se ha inclinado para encontrar nuevamente esos labios que, a pesar de su sequedad, no pierden su candente tesitura. El beso va lento al principio, pero Peeta echa su torso más al frente y la joven separa sus labios para permitirle mayor profundidad.

Apartándose, puede decirle una vez más que la ama.

Y ella contesta que también lo hace. –Pero ahora debo verificar que no tengas algún hueso roto. –Su voz sale como un murmullo sensual que reaviva al reducido agente. Posa su atención en el cuerpo de su amado y se le escapa el aire mientras mira la camisa sin botones que revela el pecho varonil.

Esto será más difícil de lo que debiera.

-Sabes que puedes tocarme cuando quieras –dice con un ligero toque de humor, recordando la ocasión cuando le dijo algo similar.

-No hay necesidad de recordármelo –responde, pero sus dedos tiemblan ansiosos al deshacerse del remanente de sus botones. Lo examina acariciando la piel ¿Cómo puede sentir cosquillas en su estómago mientras atiende a su paciente? '¡Concéntrate, Katniss Everdeen!' –No parece que tengas costillas rotas.

-Lo sé. Me duelen los golpes pero nada importante. La peor parte se la ha llevado mi cara.

-¿Y porque no me has dicho antes? –pregunta indignada. –Pudiste ahorrarme el trabajo.

-¿Y robarnos la oportunidad de que me acaricies? –Se ríe por la cara de su chica. Ya ha confesado que le ama. ¿Qué más puede pedir?

-Esto es serio, Peeta. No tienes costillas rotas, pero tu nariz sí que lo está –dice no siguiendo el delicioso flirteo que el agente quiere empezar. Ya tendrán tiempo para amarse. Su prioridad por el momento es atender sus heridas, puede tener una hemorragia interna, no lo sabe con certeza. –Tienes que salir de aquí. Necesitas que un médico te revise. ¿No les has dicho que eres un espía para la causa?

El joven asiente –lo he hecho, pero no parecen haberme creído. –Está de pronto exhausto – ¿puedo dormir ya, Katniss?

-No. Necesito sacarte de aquí cuanto antes, pero antes te enderezaré la nariz. ¿Cuánto tiempo hace que la tienes así?

-¿Será una hora? La verdad no estoy seguro.

La enfermera se muerde el labio –eso es mucho tiempo. Lo mejor será que un especialista te revise. Tal vez pueda traer a mi madre. –Se levanta. –Volveré, pero promete que no te dormirás.

-Lo juro –y cumplirá su promesa.

-Su tiempo ha concluido, señorita. –Entra el guardia para escoltarla justo a tiempo.

Si quiere que lo atiendan de inmediato, debe apresurarse –vamos.

Recorren los mismo pasillos, sintiendo que es un mundo el que le separa de Peeta ahora que debe alejarse de él por una media hora. Echa a correr para reducir el tiempo; no estará tranquila hasta que Peeta esté descansando en una confortable cama a su lado.

-¿Qué ha pasado? –en el apartado que funciona como hospital, se encuentra con su hermana que ha vuelto a trabajar. – ¿Le has visto?

-Busco a mamá. Necesita revisarlo. –Dice contestando y no las preguntas realizadas.

-Aquí estoy –entra la señora Everdeen secando sus manos con una trapo limpio. –Me han dicho que preguntaste por mí en recepción.

Katniss le explica brevemente que necesita que le acompañe a ver Peeta Mellark, quien está en prisión, pero que necesita atención profesional. Afortunadamente su madre no hace más preguntas innecesarias y rápidamente se dirigen de vuelta a la cárcel.

-¿Cómo que no me puede dejar pasar? ¡Si acabo de salir hace poco!

-Protocolo.

Katniss está apunto de armar un escándalo, pero su madre la detiene.

Con tranquilidad le pide al guardia que aunque sea le deje pasar solo a ella, que un prisionero está mal herido y le han pedido que lo revise. Le explica que es enfermera y que conoce al padre del muchacho, y que sería una pena no atenderlo porque está en deuda con su familia. –Por favor, déjeme hacer este acto de caridad. No hará daño a nadie.

El guardia ha de recordar algo porque de pronto parece ablandarse y verifica que nadie le vea. Permite paso a la señora, pero le da únicamente quince minutos.

-Gracias –dice la joven al hombre cuando se madre desaparece tras las puertas corredizas.

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-¿Señora Everdeen? –pregunta observando atento a la mujer que tiene frente a sí. – ¿Y Katniss?

-Ella está bien, pero no ha podido acceder. –Lo escudriña atenta antes de profesionalmente comenzar a revisarlo. –Lo más grave es la nariz, pero lo ideal sería revisarte con un escáner para asegurarnos que ningún órgano se ha dañado. Ahora. Esto va a dolerte, pero es lo mejor si queremos que tu nariz sea la de siempre. Muerde esto –le tiende un cilindro de madera.

Peeta obedece preparándose para el dolor venidero.

La experta coloca ambas manos a los lados de la nariz inflamada de Peeta y con todas sus fuerzas presiona en un limpio movimiento y endereza el hueso roto de la cara.

Peeta ha apretado los dientes con verdadero sufrimiento, tanto que podría desmayar en cualquier momento, pero no ocurre y ahora que todo ha terminado, se siente bastante mejor. Observa a la señora Everdeen preparar sus cosas para retirarse. –Gracias, señora Everdeen.

Pero Amelie no aceptará la gratitud de este joven, que tanto se parece a uno de sus viejos amigos de juventud. –Lo que sea por quien mi hija ama.

-¿Qué… qué…? ¿Usted sabe…? –masculla atontado para diversión de la dama.

-Es mi deber como madre saberlo. –Sonríe pensando en cómo Katniss ha vuelto a la vida ahora que la ha ido a buscar para que curase a este muchacho. –Sigue haciéndola feliz.

Peeta le devuelve la sonrisa en medio de su rostro hinchado –lo haré, señora Everdeen. Juro que lo haré.

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-¿Y bien? –Katniss pregunta nerviosa, quince minutos después y en el mismo lugar donde se ha quedado esperando.

-Estará bien. Le he enderezado el tabique y le he dado algo para el dolor. –Explica su madre omitiendo que fue un simple trozo de madera de lo que se ayudó. –No será la misma de siempre, pero quedará casi… –se queda sin aire cuando su hija se arroja a sus brazos.

-Gracias, mamá. Te lo debo –asegura agradecida y aliviada.

-No, hija. Yo te debo aún más.

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Dos días han transcurrido desde que se enterara de que el amor de su vida ama a otro hombre.

¡Un maldito agente de la paz de entre tantas personas que pudo haber elegido!

Así que mientras él se jugaba el pellejo luchando por una causa que beneficiará a miles; un imbécil agente conquistaba el corazón de su amada y esta caía directamente en la trampa.

'Nunca te perteneció.'

Ignora la voz de su cabeza, irascible.

¿Qué no juró y perjuró que nunca se enamoraría? ¿Cuántas veces le había refrenado de confesar sus sentimientos con el pretexto de que nunca tendría hijos? ¿Qué no le dijo la última vez que no estaba lista?

¿Y no la había él respetado?

Se siente engañado, traicionado, resentido.

Pero mientras la guerra siga, él tiene deberes que cumplir y ahora mismo se reúnen en la sala de juntas del presidente.

-¿Qué hay en la agenda de hoy, Beetee? –se sienta junto a su compañero en la elaboración de armas.

Este hombre del distrito tres fue el Vencedor de unos Juegos, muchos años atrás. Logró escapar de su distrito gracias a los rebeldes, después de colaborar como espía, sabiendo que era demasiado brillante para ayudar con la causa desde la base del búnker. Tristemente su única amiga, una vencedora llamada Wiress, no lo logró y quedó a merced de los agentes de la paz. Ya van tres meses desde que se ha resignado a darla por muerta. –Creo que es para hablar sobre el ataque al Capitolio –dice nervioso subiendo sus gafas por el puente de la nariz.

Esta es una noticia fantástica, porque quiere decir que la guerra estará llegando pronto a su fin.

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Los días siguientes Katniss trata de hacer que la crean que Peeta no es un agente. Bueno, que si es un agente en cubierto, pero que ha trabajado para los rebeldes por largo tiempo.

Sin embargo nadie parece escucharle, mucho menos creerle.

-¿Tiene pruebas de ello, enfermera…?

-Everdeen, Katniss Everdeen. Y no, señor, pero le puedo jurar que está de nuestra parte. Le contactó el Vencedor Finnick Odair, quien también es espía. Lo conocimos durante el tiempo que permanecimos en el Centro de Entrenamiento para agentes. Peeta nos ayudó a mi amiga y a mí a escapar junto a los rebeldes cuando lo invadieron.

El Teniente la escucha con cansancio – ¿algún otro nombre que pueda darme? Porque si bien es cierto que el señor Odair ha actuado de espía, no se le ha podido contactar en meses.

De un modo extraño siente tristeza por Finnick, pero sobre su caso ella no puede hacer nada. Sobre lo de ahorita: afortunadamente el día anterior consiguió otro pase para revisar las heridas de Peeta y hablar un poco más sobre cómo sacarlo de ahí. –Me ha dicho que contacten a Plutarch Heavensbeen, señor.

Asiente con lentitud. –Le hablaré con la verdad, señorita Everdeen. Ambos hombres trabajan efectivamente con nosotros. Entonces… –Tocan a la puerta –adelante.

Entra una mujer con su uniforme militar –le envían estos papeles desde arriba, Teniente Boggs.

-Gracias, Leeg –la despide. Hojea las nuevas órdenes que debe cumplir mientras prosigue –como le iba diciendo. Efectivamente sé que ambos hombres luchan por la causa y que reclutan espías, por lo que le creo. Pero es extremadamente difícil contactar a Plutarch ya que trabaja desde el Capitolio y… –hace una extraña pausa. Relee con más atención la misiva, frunce el ceño – ¿Cómo dijo que se llama su… amigo?

-Peeta Mellark. ¿Por qué? ¿Hay algún problema?

No le contestan de inmediato. Escoge con mucho cuidado las palabras que dirá a continuación. –A menos que logremos contactar al señor Heavensbeen o me dé alguna otra referencia…

De la nada siente que su corazón late con más velocidad, siente el pulso de la sangre en su sien palpitando expectante – ¿Qué ocurre, señor?

-Si no… su amigo estará muerto mañana al medio día…

El mundo comienza a derrumbase a su alrededor –no.

Nada tiene sentido.

-… ha llegado un orden de fusilamiento…

-No.

Más bien, sin Peeta su vida no tendrá sentido. No puede permitirlo, no puede dejar que lo maten, porque quitarle la vida es como arrebatársela a ella.

¿Es que los rebeldes le despojarán de lo que no pudo el Capitolio?

-Tiene que hacer algo. ¡Por favor! Usted… usted me cree… sabe que Peeta… él no…

-Lo lamento, señorita Everdeen. Las órdenes vienen desde la misma cabeza y no puedo hacer nada para cambiarlas. –La mira casi con compasión, pero Katniss no presta atención a la mirada paternal de este desconocido.

Exclusivamente piensa en que necesitará un milagro que ella no conseguirá.

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Madge permanece encerrada junto a otras mujeres prisioneras. Ha deducido que se encuentra en el desconocido distrito trece, pero esa información carece de importancia. Espera a que llegue su turno para ser parte del grupo que será canjeado por algunos rebeldes.

En la esquina de la prisión, eleva una silenciosa plegaria para Ethan, lo que le brinda un poco de tranquilidad y quien sabe, a lo mejor con un poco de suerte termine siendo enviada a su casa en el pobre distrito doce.

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-Piensa, por favor –suplica con la voz quebrada pegando su frente a la de él. Ha bajado a encontrarse con Peeta. Lo más que ha podido hacer por ella el teniente Boggs es conseguirle un pase para entrar un par de veces a las mazmorras, derecho reservado únicamente para las familias de los prisioneros sentenciados a muerte. –Por favor… No… no puedes – 'morir' –seguir aquí… –Suplica besando su rostro con desesperanza, aferrándose a él como si fuera su propia vida.

El encadenado no comprende la desesperación tras los besos de la chica, pero no se queja y los recibe. –Ya saldré, Katniss –susurra al responder, y por eso lo intenta una vez más. Ya ha nombrado a Finnick y a Plutarch. ¿Quién más sabe sobre su posición? –Había un hombre en el distrito tres, usaba gafas para ver, pero no supe su nombre…

La joven estornuda su nariz llorosa, preparándose para regañarle por confiar en cualquier persona sin preguntar al menos su nombre –Esa manía tuya de…

Pero es interrumpida por el repentino murmullo que sale del prisionero –Johanna, Katniss.

-¿Quién? –es absurdo sentir celos de una mujer a quien no conoces bajo estas circunstancias.

-¡Johanna Mason del distrito siete! –Exclama el agente recordando a la abrasiva vencedora del distrito donde cayó prisionero. ¡Tremendo que no la recordara antes!

-¿Johanna? ¿Qué no es o fue una vencedora? –Peeta asiente. En la emoción Katniss lo besa una vez más, pero no tiene tiempo que perder. – ¡Debiste acordarte hace horas! –Se levanta antes que el agente pueda decir algo más y sale corriendo esperando librar a Peeta de esta sentencia que aún desconoce.

Corre y corre por interminables pasillos. Toma apriesa esos ascensores y aporrea la puerta del Teniente Boggs al alcanzarla. –Johanna Mason –dice a penas con suficiente aliento, en cuanto el militar responde a su llamado. Está inclinada sujetándose el costado. – ¡Por favor! ¡Tiene que contactarla! –ha dejado a Peeta a medio beso por venir una vez más. –Sé que es tarde, pero tiene que intentarlo.

El hombre le permite la entrada mientras se dirige a su mesa de trabajo para tomar su extraño teléfono que se encuentra bajo una montaña de papeles. Dice algo sobre odiar el papeleo, pero no hace el intento por arreglarlo. Katniss sigue nerviosa los precisos movimientos.

Media hora después, no ha conseguido nada.

-Lo lamento profundamente.

No son palabras que basten para evitar que se desgarre por dentro ya que su último eslabón de aguardo se ha desvanecido frente a sus ojos.

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Primrose escucha la noticia por boca de su madre, y se une al dolor de su hermana y a las lágrimas que comparten su mamá y Rue, mientras Katniss se obliga a no romperse y va decidida a encontrarse con Peeta una vez más.

-No podemos dejar que pase –dice con firmeza en la voz.

-¿Qué haremos? –pregunta Rue llorando. –Katniss no ha podido hacer nada…

La joven aprendiz de médico no responde, en su lugar se pone de pie y sale decidida sabiendo con quien acudir.

Rue la sigue preguntándose que tiene la rubia en mente.

Llegan a su destino algunos pasillos al frente. –Necesito un favor, Gale. –Y afortunadamente el sargento se abstiene a simplemente escuchar lo que Prim tiene que decir.

Conforme se entera de la orden de fusilamiento, piensa en como la suerte parece ponerse de su lado.

Tal vez después de todo, Katniss y él si están predestinados a quedar juntos.

Pero una minúscula parte de él le hace sentir que no podrá competir contra la sombra del espía, si es que lo es realmente. Por lo que si espera recuperar el corazón de la cazadora, deberá ganárselo limpiamente.

-¿Con quién dices que ha hablado?

-Con el Teniente Boggs –se apresura a decir Rue por su amiga.

Gale las estudia desde su considerable altura y no pueden decir que no las intimida un poco. Tampoco el gesto en su cara les ayuda a sentirse más valientes –si Boggs ha dicho que no se puede, no habrá nada que yo pueda hacer para cambiarlo, Prim. Su autoridad es mayor que la mía.

Prim siente horrible porque quiere ayudar a su hermana como ella le ha ayudado, pero es incapaz de hacerlo.

-¡Prim! –Escucha la voz de su amigo llamándola, pero ella necesita llorar de impotencia en la soledad.

Rue se vuelve al sargento antes de irse a buscar a Prim –por favor no finja que le importa.

El sargento se queda allí parado. ¿En qué momento se ha convertido en el malo de la historia?

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-¿Katniss? –Para Peeta no pasa desapercibido el abatimiento en los hombros de la joven. Ha estado así desde que entró por la puerta, y después de todo, la situación no es fácil para ninguno de los dos.

No puede evitarlo por más tiempo y encuentra finalmente esos ojos azules que tanto ama. Abre la boca varias veces, pero no salen palabras de ella.

Van a quitárselo para siempre.

Sus ojos de pronto se llenan de lágrimas y su cuerpo se sacude con esos horribles sollozos que no puede controlar.

-Katniss… –Odia tener las manos esposadas por detrás, quisiera alcanzar a su amada y envolverla entre sus brazos para ahuyentar su pesar. –Todo estará bien, Katniss. –El guardia le ha informado mucho antes que llegara ella, que su fusilamiento se ha programado para el medio día de mañana.

Para la enfermera es una locura que quiera consolarla cuando lo que ocurrirá en menos de veinticuatro horas no parece tener solución. –No puedo perderte, no otra vez… no para siempre.

El pesar que rodea a los moribundos cuando se acerca su fin, llena las cuatro paredes de la celda.

No hay lengua alguna que pueda describir la sombra de la muerte cerniéndose sobre ellos amenazante. No hay palabras existentes que puedan consolar a una persona en pena.

-Debe haber alguien más que te reconozca como espía…

-Katniss…

-Piensa. –Dice negándose a darse por vencida. Rehusándose a dejarle derrotarse.

-Katniss –comienza de nuevo. –Quiero que recuerdes que te amo desde siempre y que… –Es su despedida.

Pero no puede dejarlo despedirse así que lo besa para callarlo.

Lo besa para decirle que también lo ama.

Lo besa para no volverse loca de pena.

Tras varios intentos de hablar y fallar estrepitosamente, Peeta cede finalmente y devuelve los besos llenos de sufrimiento, pero plagados de amor.

No puede tocarla con sus dedos, pero puede sentir como las yemas de su Katniss acarician su rostro, tocan su cabello, aprisionan su cuello, y memoriza cada milímetro que puede alcanzar con los labios.

Puede sentir como pega su suave cuerpo al suyo, como sus senos se aprietan contra su pecho.

Como abre su corazón a él.

Esto es mucho más de lo que nunca pudo imaginar antes.

No puede morir.

No quiere morir.

A la humedad de sus besos se entremezclan las lágrimas de ambos.

-Te amo, Peeta. Te amo demasiado –con su aliento pesado se embriaga del azul de sus ojos, de la calidez de su cuerpo.

Del néctar de sus labios.

Se besan como si fuera su última oportunidad, porque tal vez lo sea para ambos.

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Manifestaciones de huelga y paros sindicales en la zona de reviews por favorrrr… x_x !