Hola! Lamento la tardanza, este capítulo no quería salir (que ingrato...)
Gracias por sus amabilísimos reviews, siempre me hacen sonreír.
Y calculo que tendremos de tres a cinco actualizaciones más antes de decirnos adiós. Not pretty sure yet...
Disfruten la lectura y digan no a las dietas :D
Capítulo XV
Peeta despierta sudando. Su pesadilla ha sido tan nítida que se ve en la necesidad de recordarse que todo ha sido un mal sueño. Katniss está bien y a salvo descansando un par de niveles arriba.
Necesita beber un poco de agua por lo que se levanta, y sale para buscar el grifo que recuerda debe estar por ahí cerca. No necesita caminar mucho para localizarlo y beber largos tragos de agua fría ayudado con sus manos.
Extraña su casa, que si eliminase la sombra de amargura de su madre, hubiera podido ser un hogar feliz. Pero ha escogido seguir a la mujer que ama y no se arrepiente, pero quisiera saber que ha sido de su padre y hermanos… su sobrino. ¿Qué habrá sido de Delly? La última vez que recibió una carta con noticias suyas fue hace más de un año. ¿Tendrá hijos ya? La idea hace sonreír a Peeta, pues Delly siempre había soñado con formar una familia algún día.
Pero ahora que no aparece en las listas del Capitolio… ¿Lo habrás dado por muerto? ¿Les habrán dicho a sus familiares que pereció bajo los escombros del dos? Seguramente a su madre no le sorprendió la noticia y hasta les habrá asegurado que ella lo vio venir desde siempre.
No se preocupa por lo que ella pueda pensar, ni sus hermanos. El que le preocupa un poco es su amado padre. Al menos tendrá a Delly para consolarse en su duelo por un hijo que cree muerto.
Intentando no pensar más en ello, regresa a su compartimiento, verificando que ya es hora de levantarse y que sus actividades comienzan de inmediato. Con los pocos recursos con los que cuenta el trece, no pueden permitirse desperdiciar ni un minuto del día.
Alza el brazo hasta el aparato que descansa clavado en la pared y entonces es tatuado su horario a seguir.
7.30-Desayuno.
Bien, porque ayer le dijo a Katniss que iría por ella para hacerlo juntos. Espera que la chica no se resista porque quiere estar a su lado el mayor tiempo posible.
Haciendo un poco de memoria, llega rápidamente a la habitación de las Everdeen, pero su sorpresa es mayor cuando quien sale primero es Rue.
-¡Peeta! –exclama deleitada la jovencita que ha crecido un poquito los últimos meses. Se abrazan brevemente y la chica parlotea sobre lo que hace actualmente y demasiadas cosas para asimilarlas de inmediato.
-Buenos días, Peeta.
-¡Se… señora Everdeen! –tartamudea Peeta nervioso, llevándose una mano a la nuca. –Buenos días.
La madre de Katniss sale seguida de su hija más joven, ambas con rasgos tan similares. Prim agita la mano para saludar al fuerte hombre que ha ido a recoger a su hermana. Es ella quien se apiada del sonrojo de Peeta. –Katniss saldrá en cualquier momento.
-Gra… gracias. –Vuelve a balbucear nervioso.
La señora Everdeen pide a las chicas que vayan delante, y ella queda atrás lo suficiente para decirle a Peeta, de modo que solo él pueda escucharla –espero que mi hija esté aquí antes de las diez cada noche.
Los colores suben al rostro de Peeta, quien asiente abochornado y sumamente avergonzado.
¡Lo sabe! ¡Sabe lo que han hecho!
Pero no tiene el tiempo de indagar más sobre el asunto (no porque quiera al menos), puesto que Katniss sale del compartimiento, y entonces todo se le olvida al soldado, quien siente que nuevamente tiene doce años.
-Hola –murmura Katniss mirando el piso.
¿Habrá escuchado lo que dijo su madre?
-Hola –responde Peeta, mirando sobre su hombro para asegurarse que no hay moros en la costa. Se inclina para besarle la coronilla. – ¿Nos vamos?
Pero la chica tiene otros planes. Actúa rápidamente tomándolo por las solapas de su uniforme, y lo mete con ella al compartimiento.
Lo besa intensamente en la boca, y Peeta se deja hacer, pero cuando la joven comienza a deslizar sus manos hacia abajo, la debe detener. –No aquí –suplica. –Temo que tu madre vuelva y nos descubra.
Katniss debe besarlo una vez más, hasta convencerse de que esta no es la mejor idea. –Vale. Aunque tampoco es que pueda exigirme nada.
Peeta sonríe ante la renuencia de la chica, pero la toma de la mano y se dirigen al comedor, ella guiándolo. Podría acostumbrarse a esto. –He leído que mi horario dice "reflexión" –comenta como si nada aunque jura que aparece sutilmente una sonrisa en la cara de Katniss.
-Mi hora favorita del día.
Se forman en la larga fila que avanza rápidamente. No consiguen lugar junto a su familia, pero por primera vez no le importa mucho a la joven Everdeen.
-La comida no es tan mala –comenta Peeta probando el puré de nabos. No pasa desapercibido que Katniss mira con la boca abierta el tamaño de su porción. – ¿Ocurre algo?
La enfermera intercambia la vista de su plato al de él varias veces. –Vaya que necesitas comer.
Peeta se ríe. Tiene entendido que sus porciones están basadas en cálculos matemáticos conforme a su peso, edad y trabajo. –Culpa el tamaño de estos músculos.
-Conozco el tamaño de tus bíceps –suelta sin pensar. –Qui… quiero decir… –Las personas en la mesa voltean a mirarlos con curiosidad. Se pone roja y busca suplicante la ayuda de Peeta, quien aunque disfruta demasiado de esto, sabe que Katniss le reclamará si no interviene.
-Me ha atendido en el hospital –le dice a una mujer mayor que los ve con desagrado. –Es una gran enfermera. Ahora… –se vuelve a la joven – ¿Qué decías de mis asombrosos bíceps?
-¡Peeta!
El joven se divierte, pero lo mejor de todo es que le fascina ver el cuerpo de Katniss sacudirse de risa; su segunda forma favorita de verlo…
-Toma –dice vaciando toda su porción de nabos en el plato de la enfermera.
Katniss frunce el ceño. –De ningún modo. Debes alimentarme mejor ahora que estás recuperándote.
-No los quiero. –El rugido de su estómago lo traiciona. Katniss alza una de sus cejas. –Quiero compartirlos contigo.
-De acuerdo, pero toma la mitad –accede devolviendo media porción.
Del otro extremo del comedor, un hombre deja que sus nudillos se tornen blancos al presionar el borde de la mesa.
-¿Qué miras, Gale? –le pregunta Rory siguiendo la dirección en que ve su hermano mayor.
El sargento sabe que no debería sentir celos, o enojarse; sin embargo no se lo ponen fácil, mucho menos cuando alcanza a ver que aquellos desayunando tomados de la mano. –Nada.
Ese debería ser él.
Está bien que les ayudara a mantener vivo al panadero, pero eso no quiere decir que lo que siente por Katniss dejara de existir.
-Fue él quien nos dio el pan.
Se escucha su cuello tronar por la brusquedad con que lo ha girado. Es Prim quien se ha dirigido a él. – ¿De qué pan hablas?
-Esto es algo muy personal de Katniss. De hecho yo lo he deducido con los años, porque ella nunca me lo confió. –La menuda rubia bebe su último trago de leche antes de continuar. –Fue poco después de la muerte de papá. Conoces la historia: nos quedamos sin comer y mamá se perdió en su tristeza. Llevábamos varios días bebiendo te únicamente y un día ella llegó con dos hogazas de pan caliente. Al día siguiente tuvo la idea de alimentarnos de los bosques.
-Que fue donde nos conocimos –dice el sargento recordando.
-¿Y nunca te contó cómo consiguió el pan?
Gale se esfuerza por recordar –no. Supuse que lo intercambio por algo, o que los consiguió en el Quemador. No me digas que…
Prim asiente. –Desde entonces recolectamos verduras silvestres y ella comenzó a cazar. Ella ha de pensar que ignoré el asunto, y de momento si lo hice, pero yo tenía ya ocho años, la edad suficiente para recordar como duele tener hambre. –Estudia a la distancia, casi como si pudiera ver con claridad aquel momento. – ¿De dónde pudo conseguir un pan tan bueno? Definitivamente no de la vieja Sae. Y entonces, años después, cuando yo ya tenía a Lady e intercambiaba queso por pan con el panadero, todo encajó.
Prim recuerda con más claridad cómo en el colegio Katniss andaba como buscando algo mientras caminaban, pero que de pronto miraba hacia frente asustada de haber sido descubierta. O cómo Peeta las miraba a hurtadillas desde las ventanas de la panadería cuando canjeaban con su padre.
-Por eso es el chico del pan –murmura Gale para sí mismo.
Su amiga asiente escuchándolo. –Peeta es la causa de que sigamos caminando entre los vivos. –Y de que su hermana sea más feliz que nunca.
Pero para Gale esto significa que; o Katniss ha amado a Peeta desde siempre; o está con él porque siente que se lo debe.
Prefiere apostar por la segunda porque entonces, tal vez, no todo está perdido.
.
Madge casi no ha podido dormir del miedo, temiendo que en cualquier momento pueda ser ella la siguiente en ser agredida sexualmente.
La mujer que intentó defender no volvió y ella claramente se siente culpable. ¿Pero que iba a hacer? Cruzarse de brazos definitivamente no era una opción, y a pesar de la amenaza que se ha acarreado, ha valido la pena, aunque fuese por unos breves instantes, tener algo por lo cual luchar.
Ha perdido a su madre, hace mucho tiempo ya, por causa de sus fuertes jaquecas. Su padre siempre le ha pertenecido al Capitolio. Ethan le fue arrebatado por los rebeldes.
Pero ella se pertenece a sí misma, y por eso, en este momento es que decide que sobrevivirá. No se rendirá sin pelear. Se librara de esta y volverá a casa, y tendrá la vida feliz que siempre ha deseado.
Sola o no; si hay algo que le aprendió a su amiga Katniss, es que cuando más duro golpea la vida, mas tienes que esforzarte para salir adelante.
Y así saldrá victoriosa de sus tribulaciones o dejará de llamarse Madge Underseen.
.
-¿Qué pasó en el dos que te agobia tanto? –pregunta Katniss recostada en su lugar favorito de todo el mundo; en el regazo de Peeta. Han hecho de esto una costumbre durante la nombrada "hora de reflexión" En cuanto llega el período, sin acordar anticipadamente, se reúnen en la habitación de Peeta para tener ese tiempo a solas.
Hay días en los que simplemente permanecen recostados lado a lado, pero otros, que como hoy, han aprovechado para amarse íntimamente.
Peeta inclina la cabeza para verla mejor, en sus labios una mueca –que no ha pasado.
La enfermera frunce el ceño. Ha querido indagar en esto desde que permanecían en las profundidades del distrito trece. – ¿Qué sucedió en el dos que perturba tu descanso?
El joven suspira cansinamente, mientras se entretiene con hebras del cabello de Katniss haciendo tiempo. Piensa en las pesadillas, donde se ve asesinando a Cato una y otra vez; los ojos del agente muerto asechándole con culpa. Recuerda con incomodidad esa horrible sensación de permanecer encerrado, como un bicho a punto de ser aplastado. El caos, el pánico, el hedor a muerte. No quiere preocupar a Katniss con sus cargas –prefiero no hablar sobre eso.
La enfermera no insiste, aunque se reprocha por no insistir. Es consciente del don de Peeta con las palabras y no quiere ser la culpable de revivir las horribles memorias que es obligado a recordar. Prefiere ser ella quien le ayude a olvidarlas. Por eso responde a sus besos agresivos; señal que él ha tenido malos recuerdos; pero también a sus suaves caricias, que son cuando quiere demostrarle cuanto la ama.
Para Katniss es extraño amar y ser amada de este modo; pero le deja una ancha sensación de felicidad en el pecho que la hace sentir llena, plena.
Peeta sella con sus labios varias promesas de un futuro mejor, y lo más increíble de todo es que ella le cree. Verdaderamente cree que el porvenir mejorará y que le espera una vida satisfactoria que nunca aspiró a tener.
Y no puede dejar de considerarse una mujer afortunada.
.
No tiene idea de cómo ha llegado hasta ahí; todos sus recuerdos una masa borrosa de colores, imágenes y situaciones sin sentido.
Esta desorientado, y no distingue el cielo de la tierra, ni las nubes de edificios en ruinas.
Está inmovilizado casi por completo, mientras cada uno de sus músculos gritan de agonizante dolor, pero lo único en resonando en su mente es que tiene que salvar a alguien.
Siente que un líquido escurre por su perfil.
Piensa que es sudor de primer momento, pero al llevar sus dedos por inercia a la cara, descubre que el fluido es más espeso que el sudor.
Es su sangre.
Ahora todo comienza a tener sentido.
Su plan para escapar descubierto. Su huida. Mags siendo asesinada. Robando un deslizador. Annie a su lado gritando aterrada.
Annie.
Intenta moverse, pero es como si tuviera una tonelada de tabiques encima.
-Annie. –Susurra suplicante, comprendiendo que están de cabeza y que tuvo que aterrizar forzosamente en algún lugar cerca de donde se supone está el distrito trece. Si está muerta todo será su culpa.
Gira un poco la cara, y ve con espanto que la joven está inconsciente, su cabello colgando y una poca de sangre goteando desde su boca le dan un aspecto siniestro.
-¡Annie! –grita desesperado.
Se obliga a soltarse de su cinturón y aunque tiene el cuerpo hecho trizas, hace acopio de todas sus fuerzas para salir de la nave junto a la única familia que le queda.
Logra sentarla a su lado, pero Annie está completamente perdida.
De pronto se abre la puerta violentamente, y se encuentra con el cañón de un fusil apuntándole entre los ojos.
-A… yú… da…
.
Peeta se ha acostumbrado a que su vida se mantenga bajo este estricto régimen que es usado en el distrito rebelde.
Afortunadamente su adiestramiento en el manejo de las armas no ha sido dañado, a pesar de que estas son menos fáciles de utilizar que las del Capitolio y se llegan a trabar una de cada cinco veces. Pero no piensa estresarse con estas cosas que de verdad espera no emplear nuevamente contra otro ser humano.
-Sigue así, soldado Mellark, y pronto conseguirás un lugar digno de ti, solo espera a que salgamos a la batalla…
Peeta se aguanta las ganas de decir que lo que menos quiere es salir a la guerra, pero su solicitud de cambio a las cocinas ya fue denegada, y no hace falta decir que Katniss no está muy contenta con el asunto.
La disciplina militar en el lado rebelde no mantiene muchas diferencias con el que recibió durante su estancia en el Centro de Entrenamiento para agentes de la paz. Además, el fin es exactamente el mismo: mantenerte con vida a expensas de eliminar a otros.
Y aunque a diario es realizar las mismas actividades, ocurren algunas cosas que desvían un poco la atención de estas; algún soldado herido, algún gracioso resbalón, un interesante altercado.
Nada fuera de lo normal, y mientras él no sea el herido, como su chica le ha pedido, todo estará bastante bien.
Hasta que sea asignado a alguna misión.
Otra vez.
.
Prim es despachada y por lo tanto no puede estar presente en la operación de uno de los dos sobrevivientes pasajeros que llegaron en aerodeslizador. Ella en verdad ha querido ser partícipe de esa cirugía menor porque rara vez se presenta la oportunidad, sin embargo debe atender de inmediato a la mujer que han llevado desde prisión porque está en muy mal estado.
La vida no ha sido tan mala con ella, y ahora más que nunca su sueño de ser doctor es posible. Sabe que su hermana no entiende cómo puede tener estomago para estas cosas y aunque Katniss no lo exprese en voz alta, sabe que lo que más ansía es volver al doce y olvidarse por completo de sus conocimientos como enfermera y dedicarse a su antiguo oficio como cazadora.
Pero para ella es diferente porque es movida más por la compasión que por la obligación.
Ser la menor ha traído facilidades a su vida, pero siente la obligación de superar las expectativas marcadas por su hermana; porque si bien son muy diferentes, desearía algún día ser tan valiente como Katniss.
-Habitación 212 –le dice una enfermera entregándole una tabla con algunas hojas en ella.
La joven practicante asiente y camina a la deshabitada zona del hospital. No necesita estudiar el historial para entender que tratará a una prisionera que debe haber sido escarmentada por haber infringido alguna orden.
Este es el lado oscuro del trece y que ningún externo se atreve a señalar en alta voz.
Llega frente a la recamara y no es sorpresa que un guardia cuide la puerta. Muestra sus credenciales conforme al protocolo y le es permitido el paso. Abre la puerta y se encuentra con el cuerpo de una frágil mujer cuyo rostro está hinchado y sangrando.
Traga fuerte para no espantarse con el trato que ha recibido esta prisionera. – ¿Qué te han hecho?
El color rubio de sus cabellos le parecen familiares, pero no recuerda de donde, ya que en la Veta las únicas rubias eran ella y su mamá; y aquí predomina el cabello oscuro.
Con suma paciencia comienza a limpiar las heridas de la paciente y habla palabras tranquilizadoras hasta que la mujer parece relajarse y dejar de temblar. –Estarás bien, lo prometo. –Le asegura quitando cuidadosamente los vestigios de sangre seca que manchan no solo su ya sucia ropa, sino que también sus manos.
La prisionera derrama una lágrima que forma un surco por su sien, lo que conmueve a Prim.
-Creo que te conozco –dice en voz baja, temiendo que el guardia pueda escucharla y le asignen a esta pobre mujer una enfermera menos amable. – ¿Distrito doce?
La mujer alza un tembloroso dedo para indicar que así es.
-¿Ciudad? –Prim ve el dedo y confirma que sí. Su siguiente pregunta es menos probable de ser acertada, pero no puede dejar de hacerla dado que los rasgos ya son más notorios gracias al jabón y al agua, puede que ella sea… – ¿Madge? ¿Eres Madge Underseen? ¿La hija del alcalde?
Cuando la herida asiente una vez más, Prim deja escapar un gritito. Es la amiga de Katniss: la única chica que le hablara a su hermana cuando iban al colegio. –Por todos los cielos, que te ha pasado…
Madge no puede hablar, lo que hace pensar a Prim que le han roto la mandíbula. ¿Pero qué clase de castigo amerita ser de esta magnitud? Ni siquiera a Peeta… Bueno. Comparar la gruesa estructura ósea de Peeta con el menudo cuerpo de Madge, y en realidad no tiene nada que soportar en comparación.
Por el momento debe conformarse con teorías, hasta que sane y pueda decir porqué los soldados del trece la han dejado en este estado.
Eso sí, debe informar a su hermana que Madge está aquí.
.
Katniss deja desatendido al paciente (que no padece de nada, pero que insiste en fingirse malo para ir a buscarla) y corre hasta la habitación donde Prim le acaba de decir que se encuentra Madge.
La buena de Madge en el trece. Increíble, pero cierto.
Verla tendida en una cama, hace que se le encoja el pecho de dolor. No logra comprender porque su amiga está en ese estado, pero obtendrá respuestas mucho antes que las seis semanas que Madge debe reposar hasta que sane de su luxación mandibular.
Regresa a su trabajo y gira los ojos al ver que el fastidioso soldado del trece, que abandonó a media consulta, sigue ahí todo aferrado.
-Me preguntaba, señorita Katniss si…
-No.
-Pero no me ha dejado…
-No.
El soldado intenta una vez más, pero la misma respuesta es concedida.
-No.
-Pero…
-He dicho que no. Además tengo novio. –Dice exasperada con este mozo que es persistente como el mal olor de la carne descompuesta en la sartén.
El soldado claramente no le cree –si me dieras una oportunidad…
-¿Para qué? –pregunta su salvador que se asoma por la puerta.
Como ya está ahí, debe ser hora de ir a cenar. Aunque a Katniss no le interesa en lo más mínimo la cena, porque prefiere observar lo apuesto que es Peeta, a quien acaba de nombrar su novio. –Aquí está él. –Se apresura a decir cambiando su mala cara por una enorme sonrisa.
Ese horrendo uniforme de los rebeldes le sienta muuuuy bien…
-¿Él es…? –pregunta incrédulo el soldado esperando una reacción de parte del recién llegado que le indique lo contrario.
… algo que no favorece a todos.
-Sí –responde la enfermera desviando la atención de Peeta. Toma unas pastillas del cajón superior del estante que hay allí. –Tomas esto por la mañana. Dos… no. Que sean tres pastillas. Ahora vete.
El soldado es empujado y con ambos pies afuera, la puerta es cerrada abruptamente en sus narices.
-¿Qué fue todo eso? –pregunta Peeta divertido.
Katniss gira los ojos. –Este tipo me ha estado molestando desde que llegué aquí. –Lo más correcto sería decir acosando, pero no quiere enrollar más las cosas. –Le he dado calabazas infinidad de veces, pero no parece entender. Pero con lo de hoy espero que capte el mensaje.
-¿Exactamente qué quieres decir "con lo de hoy"? –Secretamente le encanta presenciar como Katniss batea a sus pretendientes. Por supuesto que mientras no sea él…
Katniss se muerde el labio culpable. Se ve casi adorable. –Le he dado diarreicos.
-Querrás decir antidiarreicos. –Corrige el panadero suponiendo una confusión.
La enfermera agita la cabeza negativamente –no, Peeta. Le he dado pastillas para que tenga diarrea que le dure toda una semana. –El agente se queda con la boca abierta, y ella se ruboriza antes de continuar indiferente. –Aprenderá a no inventarse enfermedades para venir a molestarme; y tendrá que comprender que cuando una chica dice no, es no y punto. Anda, se que mueres por reírte.
El ahora soldado lo hace sin restricciones –pobre, no quiero estar en sus zapatos.
-Pues ándate con cuidado –dice ella como advertencia, pero sus ojos chispean satisfechos por hacer reír a Peeta.
-Lo tendré –asegura cuando consigue tranquilizarse. Acaricia la punta de la trenza de Katniss que cuelga sobre su hombro. –He venido a darte las nuevas –dice cambiando de tema.
-Cada vez que empleas este tono, son malas noticias. –Reprocha haciendo un mohín con la nariz.
-Lo siento. Créeme que si por mí fuera, únicamente me dirigiría a ti con bellas palabras y dulces noticias.
-Tan encantador como siempre. ¿Ahora que sucede? –pregunta perdiendo la paciencia.
-Me acaban de asignar mi primera tarea.
-Esto nunca es bueno –dice sintiéndose repentinamente toda exhausta. – ¿A dónde y por cuánto tiempo?
-Espero que no sean más que unos días, pero hay algo positivo en esto. –Espera a que Katniss le regrese la mirada para decirlo –saldremos rumbo al distrito doce.
.
Lo busca desesperadamente hasta que logra encontrarlo. Ha aprovechado ahora que Peeta ha sido llamado a junta para hablar con Gale.
-Vaya, pensé que no volverías a hablarme –dice el sargento cruzándose de brazos mientras se recarga en la pared.
Implica muchas cosas tras sus palabras, pero la enfermera se brinca todas y va directo al grano –no quiero que Peeta vaya al doce.
Gale la analiza ceñudo –eso es lo que tú quieres. ¿Te has puesto a pensar que quiero yo?
Hasta este momento a Katniss no se le ha ocurrido que su amigo también irá al distrito doce. Siente esa familiar culpa que la incómoda por lo que se cruza igualmente de brazos, como si con eso pudiera protegerse de cualquier cosa. – ¿También tienes que ir?
-Por supuesto. Soy sargento, ¿recuerdas? Aunque puede que lo hayas olvidado puesto que pasas demasiado tiempo con ese cabo.
La exhibición sobre la posición de Peeta demuestra a la joven que Gale aún no asimila su relación, pero no gana nada con pelear – ¿y por qué van?
-¿Qué no te lo ha dicho tu chico dorado? –pregunta y Katniss se encoge de hombros. –Lamentablemente los rebeldes en esa área son pocos y no han podido levantarse, así que iremos a echarles una mano. La guerra está pronta a concluir, pero antes debemos liberar a todos los distritos.
La joven asiente en comprensión –aun así preferiría que no fueran. Ninguno de los dos. No soportaría que algo te pasara –lo dice de verdad, con todo el corazón.
-Podría vivir con ello si fuera cierto –tiene el arrojo de quitar la hebra de cabello oscuro de los ojos de Katniss.
-Lo es, como también lo es con Peeta.
Esto aparta al sargento, quien parecía tener intenciones de besarla. –En un día no muy lejano la guerra terminará y entonces serás libre de escoger sin presión alguna, Katniss. Piensa con claridad.
La enfermera está a punto de aclararle que no necesita escoger nada, pero Gale se aleja velozmente dando pasos furiosos.
Por lo visto no recibirá la ayuda que fue a buscar, así que tendrá que tomar el asunto en sus manos.
.
-Descansa, Madge. Aquí estás a salvo –susurra Prim revisando los niveles del suero de la herida. No lo ha confiado a nadie, pero tiene sospechas de que la hija del alcalde tiene marcas de agresión, no tanto de castigo. Su silencio se debe al juramento del médico que se practicaba desde antes de los días oscuros, por lo que todo lo que ocurra en la enfermería, se mantendrá en estricta confidencialidad. –Cuando despiertes, podremos aclarar varias cosas.
-Acompáñame a mi oficina, Everdeen –es la jefa de enfermeras. Prim asiente y la sigue hasta la oficina, que es un pequeño cuarto con dos sillas, un pequeñísimo escritorio y un computador. –Tendrás mucho trabajo ahora que salgamos junto a los soldados en su próxima misión. Estarás a cargo de la administración de los suministros, y quiero que no dejes de darle seguimiento a los casos más graves. ¿Cómo sigue la paciente del 212?
-Estable, pero su mandíbula tardará en sanar.
-Me imagino. Si somos honestas, no me gusta la discreción con que ha sido traída, así que no le quites el ojo de encima, ¿entendido? –Prim asiente, no que pensara dejar de hacerlo. –Bien. Ahora ve a despedirte de tu hermana porque partimos en una hora.
-¿Perdón?
La jefa de enfermeras la mira con sorpresa – ¿no sabías? Tu hermana se ha anotado para salir a zona roja.
'Oh, Katniss, Lo que hacemos las mujeres Everdeen por amor'
.
Por los altavoces se escuchan las indicaciones para que el personal que irá al doce, se reúna en las compuertas de salida.
Peeta, que ha permanecido sentado en su cama, se levanta preparándose para ir. Toda la noche y parte de la mañana ha estado esperando a que Katniss haga aparición, pero ella no se ha dejado ver desde que la dejara para ir a la reunión a la que fue convocado.
Fue estrictamente necesario que atendiera la reunión, desde que es el único de su escuadrón que conoce el distrito carbonero. Y está bien con eso. No le molesta la idea de poder encontrarse con su familia o con algunos de sus amigos, aunque precisamente no tendrá tiempo para saludarlos ni socializar debidamente.
La idea general es ayudar a los pocos rebeldes a levantarse contra los agentes de la paz, por lo que Peeta no deja de hacerse preguntas: ¿seguirá el mayor Underseen como alcalde? ¿Los habitantes de la ciudad cooperarán con la rebelión? ¿El último y cruel agente en jefe seguirá estando a cargo?
Estas y un sinfín de dudas le rondan con preocupación. Este es uno de esos momentos que tienes un mal presentimiento, pero que no puedes hacer nada para evitarlo. Intenta recordarse que ya ha sobrevivido a muchas cosas, así que cuenta con la experiencia suficiente para mantener la cabeza fría y el cuerpo listo para actuar con buenos reflejos.
Además Katniss estará aquí segura y él no tendrá que preocuparse innecesariamente de nada más que de asegurarse una vez más de volver con vida.
Y está el hecho de que si logran liberar el distrito, finalmente podrán volver a casa.
Se une a las decenas de soldados que, como él, irán por esta empresa. Hay ánimos, pero también nervios y algunas lágrimas. Cerca de una nave, puede distinguir a Gale Hawthorne que habla con otros oficiales de alto rango.
Peeta en verdad se alegra de no tener que estar a cargo de la misión.
Pero mientras busca reunirse con su equipo, espera con los dedos cruzados que Katniss tenga tiempo de despedirlo, ya que odiaría irse sin verla antes.
Sus deseos son cumplidos cuando siente que le tocan el hombro.
-Pensé que no vendrías a despedirte –comenta con una ligera sonrisa.
-Es que…
-¡Everdeen, a formación! –ordena una gruesa mujer que está pasando lista a las enfermeras voluntarias.
Peeta frunce el ceño y observa la culpabilidad en su chica –Katniss no me digas que…
-Así que decidiste venir –esta vez quien se ha acercado para interrumpir es Gale, y no es una pregunta lo que ha hecho. –Intenta estar cerca de mi vista, como cuando solíamos cazar… solos…
Peeta siente un calor nada agradable extenderse por su cuerpo. Esta es la insinuación de todo lo que le hacía sentir frustrantes celos cuando vivía en el doce: de que Katniss y Gale pasaban juntos demasiado tiempo, haciendo quien sabe que cosas.
-No será necesario, Gale, simplemente voy como enfermera.
Peeta observa con los puños apretados como Gale ignora su presencia y se acerca a Katniss. –Una pena en verdad, porque no hay nadie que tire como tú.
-¡Everdeen!
-Creo que es hora de que vayas –dice el sargento por primera vez mirando a Peeta, quien parece a punto de saltar sobre él.
No puede dejar esto así.
-Te veo por allá, Pee… –sus labios son callados por los labios del soldado, quien la besa con voracidad, y le ha pasado un brazo por su cintura, apretándola contra él posesivamente.
Dejando en claro con quien está la chica ahora.
En medio del rostro furioso de cierto sargento, la llamada de atención de una jefa de enfermeras, y un apasionado beso, se levantan vítores, burlas y silbidos de los soldados de alrededor. – ¡Eso es, Mellark, demuestra a los jefes quienes mandan!
Renuentemente se separan, ambos con los labios hinchados y los rostros ruborizados.
-Cuídate –pide Peeta.
Katniss asiente, porque no puede ni hablar. Definitivamente Peeta sabe lo que hace.
El soldado mira con satisfacción como la enfermera se aleja con piernas temblorosas, su corazón palpitando a todo lo que da.
.
Han pasado algunas horas desde que buena parte de la población del subterráneo distrito trece saliera del búnker, cuando Rue es llamada para recibir una noticia que no puede considerarse completamente buena. Personal del trece ha contactado finalmente a su madre y les han comunicado por breves minutos; pero únicamente bastaron para que les informara que su padre padece gravemente en la pequeña clínica del campamento rebelde del distrito once.
Desconsolada, trata de hallar refugio en los terrosos campos bajo la superficie en lo que lleva trabajando varios meses. Sin embargo, es deprimente el olor a humedad, y ni las pequeñas flores blancas que asoman de las cebollas silvestres que han podido fructificar allí logran alegrar un poco su sencillo corazón.
¿Podrá acaso verlo de nuevo?
Ya no le importa volver a colgarse de las ramas de los enormes árboles, ni escuchar a los sinsajos cantar. Lo único que quiere es que su papá esté con vida.
Mientras llora discretamente en un rincón oculta entre nabos y calabazas, comienza a cantar la más triste de las canciones que puede recordar. Es una melodía lenta, grave. De oscuros matices, pero extrañamente reconfortante. Esperando de este modo hacer menos agónica la espera de reunirse con su familia nuevamente.
.
El aire limpio de los bosques es una de las muestras más reconfortantes de estar afuera, rodeada de naturaleza. Es como estar nuevamente en su elemento. Intenta intercambiar una mirada con Gale, porque después de todo, estos son sus bosques, sus montañas, pero el sargento está muy al frente, dirigiendo a uno de los siete equipos que se han formado para invadir el distrito doce.
Al principio se había pensado atacar desde las alturas, pero el sargento mayor se opuso, diciendo que la estructura de los edificios y casas del distrito no soportarían un ataque tan denso.
Tal vez Gale no esté del todo perdido.
Lo que no ha terminado de gustar a Katniss, es que Peeta ha sido asignado al equipo que entrará por el lado norte, y que ha sido puesto a guiar a una escuadra puesto que conoce esa parte de la ciudad como la palma de la mano.
-Peeta estará bien –susurra para sí, recordándose que él es experimentado en los enfrentamientos de esta índole.
No hay de qué preocuparse.
Las enfermeras como ella van en la retaguardia, permitiendo que los soldados sean quienes abran el paso, para que ellas avancen sin dificultad. Afortunadamente el uniforme que llevan es de pantalones, lo que les facilita moverse entre la espesura del lugar.
El trayecto recorrido no les quita mucho tiempo gracias al conocimiento de la zona que tiene Gale, por lo que en nada, ya se encuentran a unos metros de la verja que rodea el distrito. Está claro que revisan que la energía esté apagada; supone que son arreglos previos que los rebeldes aquí ya se han encargado de adelantar.
La pradera es visible desde donde está parada, pero por más que desea recorrerla como hubiera hecho años atrás, esta vez le corresponde permanecer en las afueras, hasta que su ayuda sea requerida.
La anticipación la carcome con los nervios sobre lo que pasará.
Espera alerta hasta que los soldados cortan el alambre, y ve por una última vez los ojos de Gale decirle "ten cuidado" antes de desaparecer de su vista.
.
Peeta conoce bien estas veredas, siendo el lugar donde, junto a sus amigos, solían ponerse retos para atravesar la alambrada y adentrarse al bosque; el que llegara más lejos, ganaba.
No falta decir que él pocas veces lo logró.
Pero esos tiempos han quedado atrás.
Abandonó su hogar siendo un chiquillo tímido; pero vuelve siendo un hombre.
Como es de esperar, la valla carece de energía eléctrica, por lo que él y otros dos hombres se apresuran a tomar enormes pinzas y a cortar los alambres para abrir una entrada al distrito doce.
Esta debe ser la zona más peligrosa dado que es la más cercana al Edificio de Justicia. Si avanzara hacia el oeste, se encontraría con la estación de trenes, pero tomarla le corresponde a otro escuadrón; el liderado por el Teniente Boggs.
Aunque hubiera querido tener a Katniss cerca, sabe que está más segura en la entrada a la zona de la Veta; donde la tarea de los soldados, será reunirse con la mayor parte de los rebeldes posible y tomar posesión de las minas. No sabe cómo lo lograrán, pero seguramente Hawthorne ya tendrá algo en mente.
Antes de entrar, esperan la señal: una fumarola que debe elevarse por el sur.
Cuando finalmente la ven, no lo piensa dos veces antes de trotar hacia el centro de la ciudad, arma cargada en mano, seguido de los miembros de su equipo.
Rápidamente se encuentran con los primeros agentes de la paz.
Ha llegado la hora de enfrentar la muerte una vez más.
.
Para el próximo Capítulo tengo planeado algo de drama, así que no se lo pierdaaaan.
¡Reviews por favor si no quieres que esta loca pseudo-escritora pierda la inspiración!
