Hola!
Me ha dado muchísimo gusto leer sus reviews, mis fieles lectoras :D Espero seguir correctamente con la historia, y no decepcionar a nadie. ¿Ya se han dado cuenta que contamos con 143 reviews para el capítulo 15? Es tan asombroso que quiero llorar de contento. Es mi segundo FF con más reviews en todo mi historial, y todo es gracias a ustedes, quienes se toman algunos minutos o más para dejarme un comentario. Espero que sigan disfrutando de estos semi largos capítulos, que con tanto cariño escribo para todas ustedes.
Capítulo XVI
-¡Mueran, hijos de p***! –grita un soldado en la retaguardia.
Peeta corre guiando a su equipo hasta detrás del Edificio de Justicia para poder resguardarse de las balas, y así recargar sus armas y tomar un poco de aliento. Mientras batalla con el casquillo del fusil, analiza la situación rápidamente, y decide que hay algo que no termina de encajar, pero no da con el meollo del asunto.
Analiza que su equipo permanezca atento, mientras se asoma con cuidado hacia la plaza, donde la escalofriante horca que estuvo a punto de acabar con la vida de Gale Hawthorne, se eleva en medio, con su última víctima, una mujer, aun colgando de la soga ensangrentada. Una bala le roza el cabello, pero logra echarse hacia atrás, antes de escuchar disparos nuevamente.
'Atrapados como en una ratonera' Piensa forzando su mente a trabajar. Por la izquierda, simplemente será volver por donde han llegado y donde no hay qué les ofrezca cobertura. Por la derecha, alcanzarían los comercios más elegantes del distrito, pero pondrían en peligro a cualquier civil que estuviese resguardado por ahí en esos momentos; sin embargo tendrán una mejor vista para poder entrar al Edificio de Justicia y apoderarse de él.
Odiando la obvia decisión que tomará, hace señas a sus hombres y empieza a disparar contra los agentes mientras corren hasta detrás de la tienda de ropa por refugio. Con los últimos soldados, se une a ellos, aprovechando que quienes ya están protegidos, son quienes ahora disparan sus armas.
Al menos los habitantes han sido lo suficientemente inteligentes para permanecer atrincherados en sus comercios. Quisiera echar un vistazo, pero un descuido podría terminar con su vida, así que se enfoca en hallar el momento correcto para correr hasta el Edificio que deben asaltar.
Extrae de su cinturón, una pequeña granada que pesa demasiado poco para el mucho daño que puede causar, sin embargo, les otorgará la distracción que necesitan.
'Espera… espera…' – ¡Ahora! –grita mordiendo el pequeño pestillo y jalando la munición antes de aventarla con fuerza en dirección a los agentes.
El sonido explosivo es la señal y corren hasta el Edificio de Justicia, donde se encuentra con los aterrorizados rostros de los empleados del gobierno, y más específicamente, con los impactados rostros de Ross y Delly Butler.
-¿Pee… Peeta? –pregunta confundida quien fuera su amiga cuando vivía aquí. Sus ojos están abiertos enormemente y sus labios tiemblan incontrolablemente.
-Sí, Dell. Soy yo –hace señas para que su equipo siga adelante con el plan, siendo obedecido de inmediato; después de todo se ha ganado su respeto por haberlos llevado hasta ahí con vida.
-Cre… creímos que tú… que tú… estabas… –continua Delly, con apellido de soltera Cartwright. –Tú papá… el Capitolio…
-Estoy vivo –dice con una pequeña sonrisa. Observa a su amiga y a su esposo, quien permanece protectoramente cerca de ella, mientras los empleados del piso son empujados a una sola orilla. Sostiene en sus brazos un bulto – ¿Qué hacen aquí?
Esta vez es Ross quien contesta –hemos venido a registrar a nuestra pequeña Mandy.
-¿Mandy? –sus viejos amigos asienten, pero antes de poder preguntarles algo más, un soldado se le acerca para preguntar que harán ahora. –Tenemos que evacuar el Edificio antes de volarlo.
-¿Cómo es que…? –Delly quiere preguntar como Peeta terminó con los rebeldes dando órdenes y deshaciéndose de estas instalaciones, pero Peeta tiene que interrumpirla.
-Les explicaré luego, pero por ahora, lo mejor es que salgan de aquí y se vayan lo más lejos posible. ¿Entendido? –Dell asiente sin dejar de verlo con ojos enormes y sin moverse –Ross, por favor –el carpintero jala a su esposa e hijos para seguir a los soldados cuya tarea es sacarlos sanos y salvos por las puertas traseras, que deben forzarse para poder abrirlas tras sus mucho años de no uso. –No vayan a su casa, el lugar más seguro son los bosques.
Espera seguir corriendo con esta misma suerte y asegurarse que su familia y otros amigos sigan vivos.
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El sargento mayor Hawthorne observa con satisfacción como se queman esas condenadas minas que le arrebataron a su padre cuando niño. Finalmente siente que su venganza comienza a cobrarse, y que todo por lo que ha pasado, ha sido con este mero propósito: liberar a Panem de la tiranía del Capitolio.
Ha dado la orden de desalojar la Veta puesto que los agentes no tardarán en llegar armados a este lado del distrito y quiere sacar a tontos civiles como sea posible. Reconoce a algunos conocidos, pero no se acerca a saludarlos, después de todo, no está ahí para socializar.
Intercambia palabras con Haymitch Abernathy, el borracho y único vencedor del distrito, que sorpresivamente es quien ha estado movilizando la rebelión por estos lares.
-Tardaron mucho en venir –gruñe el cansado hombre sobre su barba de varios días.
-Demasiado que planificar –explica Gale por toda razón. –Pero ya estamos aquí y es lo que importa.
-Me resultas familiar, cara bonita –dice el vencedor pensativamente, ignorando el ceño fruncido del sargento rebelde.
-Solía vivir aquí.
-Claro –replica Haymitch, sacando de su bolsillo una pequeña licorera platina. La abre y bebe un buen sorbo. –Ya te recuerdo. Cazabas con esa chica. Una fierecilla como de este alto –señala a la mitad de su pecho. –Así que lograste sobrevivir después de todo…
-Si –dice Gale cortante, girándose para dar más indicaciones. Tiene cosas mejores que hacer que lidiar con este ebrio por más líder de la rebelión que sea.
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Todo es paz y tranquilidad en el lado donde se encuentran, y no es lógico puesto que Katniss observa con la boca abierta como espesas fumarolas emanan del lugar donde las minas se encuentran. Imaginó que algo así debía ser, pero nunca comprendió la magnitud de lo que está sucediendo frente a sus ojos. Hay ansiedad a su alrededor; en su mayoría mujeres nerviosas que esperan su momento de intervenir, esperando que haya sobrevivientes de entre los rebeldes y puedan entrar en acción, y salvar vidas.
¿En realidad han volado las minas?
¿Esos disparos que se escuchan a la distancia son la respuesta de los agentes de la paz?
La joven cazadora, tiene que luchar contra sus impulsos de correr y buscar a Peeta y a Gale y sacarlos de ahí lo antes posible, quien sabe que cosas están pasándoles en estos mismos momentos, mientras ella pierde el tiempo debatiéndose entre quedarse allí donde está, o entrar al distrito doce.
Pero debe permanecer aquí, sintiéndose completamente inútil y fuera de lugar en medio de todas estas gasas limpias e instrumentos esterilizados, que no encajan en el medio de su pradera. Algunos hombres quedaron atrás con ellas para colocar algunas tiendas que puedan resguardarles de las inclemencias del tiempo, o de cualquier otra cosa que no sea tan mortal como las explosiones que se escucharon antes de que humo comenzara a ascender hasta el cielo.
Katniss piensa en los peligros que han de enfrentar los habitantes del distrito. Vecinos, conocidos… incluso mercaderes que fueron amables con ella al intercambiar sus productos por sus cazas ilegales.
Escucha de pronto un silencio en el trasfondo que no debiera estar. Son segundos en los que logra comprender que la falta de ruido pertenece a la naturaleza. Curiosamente, ella ha escuchado este tipo de silencio anteriormente; una ocasión en que cazando con Gale, vieron como dos jóvenes eran perseguidos y atrapados por el Capitolio y…
No puede ser, un deslizador.
Como si rectificara su conclusión, se escucha un silbido mientras no uno, sino varios aerodeslizadores del Capitolio se materializan sobre sus cabezas y para ella solamente una cosa cobra sentido: tiene que ir por Peeta y Gale.
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Peeta evacua con el último grupo de civiles, mientras dos hombres permanecen atrás para volar un ala del Edificio, únicamente una parte para recordatorio de que los rebeldes han pasado por ahí y han vencido al Capitolio.
Sale listo para responder al fuego, peor su sorpresa es que no hay nadie que no sea agente en la desértica plaza. No es el único que se da cuenta de esto, porque algún que otro mercante se atreve a salir de su comercio, algunos señalando hacia el cielo.
Peeta dirige su mirada hacia arriba, olvidándose por completo del grupo que va con él, y que aprovechan para huir por su cuenta.
Pero no importa, lo único en lo que puede pensar es en que esas naves no son de los rebeldes.
'¿A dónde…?'
Y entonces, como una broma cruel, comprende con terror que han subestimado la pronta respuesta del Capitolio.
Se paraliza unos segundos conforme un pesado misil suelta un silbido cuyo sonido incrementa conforme se acerca más y más a tierra, cayendo a un costado de la única panadería del distrito.
-¡NO!
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-No, no, no, no… –repite mientras deja atrás a su grupo, ignorando sus llamados para que se resguarde en un lugar seguro. Pero es que ahora mismo lo último que le importa es su seguridad, su prioridad es encontrar a Peeta y sacarlo de ahí.
Pum, pum, pum, pum, pum, pum…
Echa a correr, mientras su corazón palpita rápidamente, viendo desesperada que los aerodeslizadores son más veloces que ella. Solo una cosa en su mente; que le quitarán a Peeta, esta vez para siempre.
Con más desesperación, empuja a los habitantes de la Veta, que son guiados con urgencia fuera de la zona, los militares ya se han dado cuenta de las intenciones del Capitolio.
Esquiva con agilidad a las mujeres llorosas, a los niños asustados y a los hombres que han salido heridos de las minas, hasta que choca con Gale, quien debió verla venir por la dirección opuesta.
-¡Katniss, que demonios!
-¡Tengo que ir, Gale! –Jadea temblorosa – ¡tengo que ir por él!
-Es muy peli… –enmudece cuando un agudo chillido tiene el mismo efecto en los demás. – ¡Al suelo! –ordena con toda la potencia de su voz. Clava sus dedos en el antebrazo de su amiga y la tira junto con él, pecho tierra.
La bomba detona justo un par de metros hacia abajo.
Gritos de terror y verdaderos ataques de pánico se desatan entre la población, que no tarda en intentar huir en todas direcciones.
-¡Nos están bombardeando! –grita un hombre desquiciado.
El polvo de los escombros comienza a alcanzarlos. Ventanas explotan cuando otro agudo silbido se acerca con velocidad a ellos.
-¡Suéltame, Gale! –forcejea para liberarse, pero el sargento está dispuesto a sacarla a salvo de ahí. – ¡Suéltame! ¡Peeta! –grita histéricamente. – ¡Tengo que ir por él! –aprovecha la distracción que le ofrece la segunda explosión cerca de ellos para morder la mano que finalmente la libera, y echar a correr rumbo a la plaza.
Gale grita de dolor y frustración. Su deber es proteger a cuantos civiles pueda, pero su corazón quiere ir por Katniss. –Mierda –masculla mil maldiciones dándose la vuelta para seguir el camino que ha tomado la joven a la que ama.
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'Esta en el jardín de su casa, rodeada de las margaritas que han crecido bajo su cuidado y el de su estimada Bessie, la ama de llaves que ha sido más su madre que la que verdaderamente lo es. El cielo es azul y brillante, y los ojos cafés de su amado la contemplan con ternura.
Pero ella sabe que no durará para siempre –promete que te quedarás, Ethan.
El joven sonríe tristemente, al tiempo que en el cielo se empiezan a formar nubarrones, y un viento helado que congela sus huesos, deshace las flores de amarillos botones.
-¡No me abandones, Ethan! –suplica en vano mientras el terror se apodera de ella. –No me abandones… –Pero lo peor es cuando trata de aferrarse a Ethan, y los ojos claros como el agua se tornan oscuros y llenos de maldad.
Ya no es su querido halcón; sino el hombre que tanto daño le ha hecho.'
-¡Madge!
Pelea contra su agresor, gritando por ayuda, luchando contra todo el dolor físico de su cuerpo. Nada cobra sentido. Absolutamente nada.
-¡Madge, soy Prim, hermana de Katniss! Estás en el hospital todo estará bien.
¡Palabras que finalmente puede entender y que a la mención de su amiga la extraen de su estupor!
Lidia contra los analgésicos que la han mantenido en el mundo de la subconsciencia para abrir los ojos y convencerse de que sigue viva como se ha jurado.
La borrosidad de las desiguales figuras pronto recobran su forma y su cerebro capta las señales que son procesadas para que pueda comprender que ve paredes níveas y unos bondadosos ojos azules que la observan con compasión. Intenta decir algo, pero con sorpresa reconoce que es inútil.
-No te esfuerces. He tenido que inmovilizar tu mandíbula para que sane más pronto, pero te tomara algún tiempo reponerte. No quiero que te esfuerces, pero necesito hacer algunas preguntas de rigor, así que parpadea una vez si es un sí, dos si es un no, ¿de acuerdo?
Madge hace como le han indicado, y afirma cerrando sus ojos brevemente. Este sencillo movimiento le saca lágrimas en sus párpados inflamados.
Prim intenta ser rápida, verificando que la paciente tenga sensibilidad en brazos y piernas, que ambos ojos ven y que respira con regularidad; pero al final de su interrogatorio, se decide a añadir una última pregunta – ¿has sido agredida sexualmente?
Madge parece mirarla, pero en realidad se está perdiendo en lo que le ha sucedido.
-¿Madge? –pregunta Prim, pero no logra conseguir otra respuesta.
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Silbido tras silbido cae sobre sus cabezas, y Katniss hace lo posible por esquivar las bombas que caen como lluvia sobre el distrito doce, para poder llegar a Peeta y sacarlo de allí.
Una nube de polvo y escombros hacen difícil el camino, y la tierra salpica en todas direcciones como si de agua se tratara. Pero ella únicamente quiere salvar a su panadero.
-¡Katniss! –le grita Gale unos metros atrás. Es el más alto de los dos, pero ella siempre ha sido más veloz.
No se detiene a escucharlo, por temor a que intente llevársela de ahí, por lo que duplica sus esfuerzos y sigue corriendo, esperando encontrar a Peeta antes de que una bomba…
Sacude la cabeza, apartándose a tiempo de uno de los pequeños explosivos que caen interminablemente del cielo.
¿Dónde estará Peeta? La plaza es lo suficientemente grande para albergar a casi toda la población del distrito, por lo que no puede perder el tiempo rodeándola, así que intenta averiguar en qué lugar se ha de encontrar antes de llegar al centro.
Da la vuelta en la avenida principal y es cuando lo ve alcanzando las escaleras que dan entrada a la panadería de su familia.
-¡Peeta! –grita justo en el momento en que otra pesada bomba cae sobre la panadería de los Mellark, volándola en cientos de pedazos.
Aterrorizada observa como el cuerpo de Peeta es envuelto en una densa nube de polvo, antes de desaparecer por completo de su vista.
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En una cama de hospital, un atractivo hombre despierta poco a poco de su letargo. Le han retirado los sedantes y por fin se siente bastante repuesto. Tarda algunos segundos en asimilar en donde se encuentra. Debe haber llegado al trece porque esto no se parece en nada al Capitolio con sus modernas instalaciones y enfermeras ansiosas por tener un vistazo de él.
Gira la cabeza hacia la derecha, simplemente para cerciorarse que Annie yace acostada en la camilla de a un costado. Sonríe satisfecho, aunque sobre su triunfo está la sombra de su amiga y mentora que no pudo salvar.
'Gracias, Mags' Susurra al aire, sabiendo que ya nunca podrá pagarle todo lo que ha hecho por él y por Annie.
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El impacto de la explosión lo ha arrojado escalones abajo. Los vidrios de la ventana rozan cortando su rostro. Las llamas que incendian la panadería están tan cerca de él, que puede sentir como queman su piel.
Siente mucho dolor de la cintura para abajo, pero una sola palabra muere en sus labios –papá…
Ha llegado muy tarde.
Mientras lagrimas empiezan a escocer en su rostro, escucha que lo vuelven a llamar, pero no hace caso. Es como si hubiesen sellado su boca con pegamento y le hubiesen quitado la voluntad de vivir.
El piso comienza a dar vueltas y pronto se sumerge en la inconsciencia por el dolor físico que su cuerpo resiente, aunque por la pena, su alma no.
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-¡Peeta! –vuelve a llamar a gritos a su panadero, avanzando insegura hacia el último punto donde lo vio ser alcanzado por los escombros de la vieja panadería, de la cual solamente quedan despojos ardiendo en llamas.
Tose tratando de expulsar el polvo que han aspirado sus fosas nasales. Sus ojos llorosos por el humo que los hace arder y se sabe cubierta de tierra al toparse con el cuerpo inerte de Peeta.
Sin perder un instante, toma al soldado por los hombros y comienza a arrástralo para alejarlo del sofocante calor de la construcción ardiendo. Pero es pesado y apenas y logra moverlo un poco, ya que está atrapado por un grueso pedazo de metal que…
Oh, no.
Necesitará ayuda para sacarlo de ahí. Entonces se acuerda que Gale no debe estar lejos, eso sí una bomba no le ha alcanzado. Pero su amigo no puede estar muerto, porque entonces ella tendría que cargar con esa culpa en sus hombros. – ¡Gale! –grita antes de toser nuevamente. – ¡Gale!
No aparece y entonces vuelve a tomar a Peeta para arrastrarlo otro poco. Sin embargo es inútil, simplemente logra desplazarlo unos cuantos centímetros. Insegura de si reír o llorar, comprueba que Peeta siga respirando, pero su pulso está debilitado –resiste, Peeta –le dice a un hombre que no puede escucharla.
Se acerca al caliente pedazo de metal que tiene prisionero a Peeta. El olor a carne quemada le provoca nauseas, pero no se irá de aquí sin él. Toma el botiquín que milagrosamente no ha perdido y extrae una botella de agua, humedece una venda y se la lleva a la nariz unos instantes para ayudarse a respirar un poco. Humedece otra venda y entonces enrolla sus manos con ellas para poder apartar la viga sin quemarse.
-Pronto nos iremos de aquí, Peeta, te lo prometo. –Con sorpresiva calma, incluso para ella, comienza a mover lentamente el metal, pero la visión que le revela no es la más positiva.
Un generoso trozo de madera, en forma de estaca, tiene atravesada la pantorrilla de Peeta.
-Katniss –Es Gale.
La joven gira la cabeza, porque es mejor hacerlo que ver como la pierna sangra abundantemente. Baja la viga con cuidado. –Ayúdame, por favor –suplica y su amigo no tarda en hacerlo.
Por ella.
Le pasa su fusil que Katniss se cuelga por su cuello y un brazo, y después su arco y carcaj lleno de flechas que su amigo Beetee ha diseñado exclusivamente para él.
Con una patada de su bota quita el metal y rápidamente carga al hijo del panadero, ayudado por ella, para echarlo detrás de sus hombros, sobre su espalda. –Guíanos.
Katniss asiente agradecida, aferrando el arco en sus manos y echa a andar lo más rápidamente que pueden, dejando el botiquín atrás. Van esquivando lo que cae a su paso. Un par de veces deben volver sobre sus pasos antes de que alguna roca les alcance
Las bombas siguen cayendo a su alrededor, como si quisieran reducir a polvo y cenizas el distrito más pobre de Panem. Porque el distrito minero del carbón es más un estorbo que otra cosa.
-¡Alto ahí! –un agente que ha perdido su casco les apunta firmemente con un arma, pero la joven es más rápida y antes de que pueda reaccionar, una flecha ya le está atravesando el pecho.
-Agáchate –indica Gale rápidamente haciendo lo mismo.
-¿Por…? –pero no acaba de formular la pregunta, cuando el agente vuela en pedazos.
-Flechas explosivas –dice Gale antes de volver a ponerse en pie. –Debí avisarte –dice antes de volver a andar. – ¿Vienes o estoy cargando a este panadero para nada?
Katniss se repone del shock que le ha traído matar a una persona de este modo y va detrás de su amigo. Con lo que queda de sus fuerzas, huyen hasta la pradera, donde los soldados levantan fuego contra los agentes que han ido tras ellos.
-Debo ir a ayudar –dice Gale bajando a Peeta en el campamento rebelde. La chica le tiende sus armas –quédate el arco, de todas formas tienes mejor tiro que yo.
-Gracias, Gale. –Lo abraza antes de que se vaya. Le debe la vida de Peeta, dos veces, lo cual es una deuda imposible de pagar.
-Lo hice porque te quiero –murmura sobre su cabeza, abrazándola y disfrutando por un breve momento de su cercanía.
-Yo…
La interrumpe al besarla en los labios una última vez.
Aquí pertenece, pero la decepción en su pecho está por ahogarlo, cuando ella no responde a su apasionado beso.
Se separa, sabiendo que el abismo que los separa es inmenso e irreparable.
Una caricia se lo ha revelado por fin: que ella ya ama a otro, y que él es solo un amigo.
Evita ver la lastima en los ojos de Katniss, y mejor se va de ahí; decidido a descargar su tristeza con cuantos agentes tenga la posibilidad de matar.
Mientras tanto, la joven enfermera regresa rápidamente con Peeta, a quien una enfermera ya lo prepara para cirugía.
El doctor tiene muy malas noticias.
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Por la noche, lo sobrante de las fuerzas del Capitolio se han retirado, y los rebeldes reagrupan a sus hombres. Se forman equipos de rescate para buscar sobrevivientes al bombardeo.
Katniss mira a la distancia como humean los restos del que fue su hogar, y siente tal nostalgia y cansancio físico que teme desmayarse de un momento a otro.
Piensa en como es que el ser humano es capaz de semejante destrucción.
¿Por qué tener que eliminarse unos a otros?
No obtendrá respuestas de nadie, pero se siente como si fuera mucho mayor. Hace mucho ha dejado de ser aquella chica que se brincaba las reglas y no se detenía a pensar. Esta tristeza además se une a la pena que siente porque Peeta ha perdido demasiado en un día.
Acordándose de volver a su lado, se sienta en una silla dispuesta a pasar la noche en vela, para bajar la temperatura de su amado, y administrarle pequeñas dosis de agua en sus pequeños momentos de lucidez.
Hasta la hora de nona, en que serán de los primeros en ser trasladados de vuelta al distrito trece.
Se ha hecho un conteo y casi todos los soldados que vinieron del distrito subterráneo han sobrevivido al bombardeo. Los que tuvieron considerables pérdidas fueron los habitantes del doce; aunque gracias a los rebeldes, aproximadamente media población logró escapar del fuego de sus casas.
Pero Katniss no ha visto a ningún Mellark.
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Peeta despierta horas después en el distrito trece, a causa del agonizante dolor que siente en su pierna izquierda.
Su grito hace que le apliquen una dosis de morfina para aplacar su sufrimiento. Está todo sudoroso y siente incomodas molestias.
-Lo siento, Peeta –pide su enfermera con suavidad. Puede ver que tiene lágrimas en los ojos, y no comprende porque.
Todo ha sido solo un mal sueño.
Peeta quiere abrazarla, pero siente un calambre en su pierna –duele mucho. –Dice sentándose sin dejar de sentirse extraño.
-Peeta… –Katniss intenta detenerlo, pero es demasiado tarde, él ya ha jalado la sabana que cubre sus piernas.
O lo que queda de una de ellas. Donde debiera estar su pantorrilla izquierda, hay nada.
Traga espeso, y su boca se abre varias veces con confusión.
Katniss intenta de nuevo –Se hizo lo posible para salvarla, pero… lo lamento. ¿Peeta?
Pero el hombre únicamente ve el espacio vacío en su cama.
-Todo estará bien, Peeta. Yo…
-Quisiera estar solo.
Esta petición duele más que cualquier reclamo, o grito que pudo haber recibido. Quiere estar con él, quiere consolarlo. Pero no sabe que decir. Odia no ser buena con las palabras. Odia no haber podido llegar antes para salvar la familia de Peeta, o a él y a su pierna. –Peeta…
-Por favor –dice con dureza. Se rehúsa a mirarla y espera hasta que se cierre la puerta para atreverse a llevar sus dedos al borde de lo que debe ser su rodilla vendada. Siente ese dolor fantasma, que su cerebro le hace pensar que aún tiene su extremidad completa, aunque no haya nada. Toda la pena del mundo recae en él.
Ha perdido parte de su pierna.
Pero ha perdido también a su familia.
No posee nada, e incompleto, no tiene que ofrecer a Katniss.
Justo antes de sumirse en la miseria, y sentir auto lástima, se abre la puerta abruptamente. –No –dice Katniss con firmeza. –No enfrentarás esto solo. –Da pasos decididos hasta él y lo envuelve con sus brazos.
Peeta se aferra a ella, su ancla, y permite que las lágrimas fluyan libremente, llorando por primera vez, sus pérdidas.
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Los días transcurren lentamente y Prim se siente muy aliviada de que su hermana, Peeta y Gale hayan regresado a salvo del bombardeo del distrito doce. Nadie ha querido hablar de lo ocurrido por allí, pero ella ha podido notar que Gale evita a Katniss, aunque que su hermana está demasiado ocupada como para darse cuenta.
Rue se ha repuesto un poco, y saber lo que le ha ocurrido a Peeta, la hace olvidarse un poco de sus propias penas. No ha vuelto a saber de su familia, pero le han dicho que el distrito once ya ha sido liberado y que dentro de poco, tal vez pueda ser trasladada de nueva cuenta a su hogar.
Sobre Peeta, a quien secretamente Prim ya nombra como hermano, está siendo preparado para llevarlo a rehabilitación y Katniss trata de pasar con él todo el tiempo posible. Incluso duerme en el hospital y pocas veces les vista en el comedor.
Pero Prim está ocupada con sus propias tareas que atiende diligentemente, como para sentirse olvidada.
Por ahora, la novedad en el hospital, es la habitación 35, donde un paciente es increíblemente carismático y se ha ganado el aprecio de las enfermeras. Claro que como siempre está bien atendido, Prim no ha ido a curiosear, ya que hay otros pacientes que atender.
Por ejemplo, está Madge quien se recupera lentamente. Ahora ya se alimenta por sí sola, y permanece sentada largo rato, tiempo que aprovecha la joven aprendiz para cepillarle el fino cabello rubio. Aunque aún no ha podido hablar una sola palabra, y su semblante es triste y apagado, Prim tiene la fe en que mejorará muy pronto.
Así que hoy piensa llevarla a dar un paseo por el búnker, en una silla de ruedas.
-Vamos, Madge. Te llevaré a dar una vuelta. –La paciente camina hasta la silla, lo que Prim ve como un enorme progreso, por lo que la felicita. –Hay un tratamiento que hemos estado estudiando, y que ayudará a tu mandíbula a sanar lo antes posible. Solo que es muy fuerte y doloroso, así que tendremos que esperar al menos unos días más antes de aplicártelo. –Le charla animadamente, mientras bajan en uno de los elevadores hasta los dormitorios. –Aquí está la habitación que comparto con Katniss, Rue y mamá. Cuando te mejores, haré que vengas a vivir con nosotras. Seguramente tendríamos que mudarnos a un lugar más grande, pero aquí entre nos, Katniss raras veces está aquí. Incluso antes de lo de Peeta.
Y añade misteriosamente –de hecho, creo saber en dónde pasaba la noche. Katniss piensa que soy demasiado joven para saberlo, pero he encontrado las píldoras que guarda en su cajón. Aunque no por husmear, así que no vayas a decirle. –Espera que esta información haga sonreír a Madge, aunque sea solo internamente. –Vamos a las cocinas, quiero que conozcas a Rory Hawthorne. Él me gusta mucho, ¿sabes? No es tan guapo como su hermano, o como Peeta, pero… –se encoge de hombros aunque va a espaldas de Madge –Me ha pedido que sea su novia, pero como disgustaríamos a Katniss, le he dicho que lo seré cuando regresemos a casa.
-¿Hablando sola, Prim? –pregunta una masculina voz familiar.
-¡Gale! –exclama sintiéndose avergonzada de que haya escuchado su cháchara confidencial. –Espero que no hayas aguzado tus oídos.
El sargento sonríe un poco –por supuesto que no. No soy un fisgón. ¿A dónde vas? –pregunta señalando la silla.
-A las cocinas. Esta es Madge Undersee, ¿la recuerdas?
Gale abre los ojos con sorpresa. ¿Cómo olvidar a Madge, la hija del alcalde? Más porque ella les compraba las fresas que tanto gustaban a su padre. – ¿Es ella? ¿Y cómo ha llegado aquí? –rodea la silla para saludarla, aunque únicamente se encuentra con una mujer vacía, y frágil que no le responde el saludo. – ¿Qué le ha pasado? –pregunta volviendo al lado de su joven amiga.
Primrose sacude la cabeza con tristeza –no lo sé. Estaba prisionera y fue encontrada en muy mal estado. Tenía algunos golpes y la mandíbula quebrada. Todo parece indicar que ha luchado pero…
-¿Pero qué? –pregunta frunciendo el ceño, olvidándose que es su hora de comer.
-Pero me temo que fue violada.
La revelación de tal ultraje cometido, y que haya pasado en el más desapercibido modo, enfurece a Gale. ¿Qué clase de despreciable cobarde le haría algo así a una mujer? ¿Cómo es posible que cosas así transcurran en el distrito trece? –Dame toda la información que tengas, y veré que más puedo investigar.
La joven asiente agradecida. Cuando Gale las escolta al hospital y las deja solas, le dice con triste alegría a su paciente y a amiga –haremos justicia, Madge. Ya nadie te hará daño.
Una solitaria gota de agua salada escurre hasta la barbilla de la joven.
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Una jarra llena de agua es arrojada contra la pared, seguida de un frustrado grito.
-Vaya genio el que traes, rubio, ¿eh? –comenta Haymitch Abernathy, quien ha sido trasladado con el resto del distrito doce al búnker. Su distrito quemado hasta los cimientos, solo son cenizas inhabitables.
-¿Y tú que quieres? –pregunta enojado el joven Mellark, tras haber corrido a la enfermera que le ayudara en rehabilitación. Peeta y Haymitch se han conocido formalmente, gracias a que el viejo vencedor de los Juegos del Hambre está a unas habitaciones para desintoxicación.
-No quería perderme el espectáculo –gruñe con su usual sarcástico humor.
-Permiso –pide Katniss atravesando el umbral, sin saludar al vencedor. – ¿Qué ha pasado esta vez, Peeta? –está agotada porque ha tenido mucho trabajo últimamente y no puede permitirse cuidar a Peeta personalmente.
Peeta se niega a hablar. Si hay alguien que lo hace sentirse profundamente avergonzado de su comportamiento, es Katniss y su hermana Prim.
En cambio, Haymitch da las respuestas a la enfermera que ruega por paciencia. – ¿Qué no es obvio, preciosa? Aquí el chico está frustrado porque siente que ha perdido su vigor sexual, y teme no poder complacerte.
-¡Haymitch! –gritan tanto el paciente como la enfermera sonrojados y furiosos.
El borracho en regeneración, se va dando sonoras carcajadas.
-No sé cómo le puedes hablar –murmura con el ceño fruncido. Haymitch nunca le ha gustado, se le hace rudo y, en general, una persona difícil.
-Ni yo lo sé. –Suspira cansado. –Disculpa, Katniss –pide Peeta finalmente. –Es solo que me siento tan frustrado y enojado. Pero este no soy yo, lo cual me molesta aún más.
Katniss se acerca al joven, una vez cerrada la puerta –sabes que si por mi fuera, estaría aquí las veinticuatro horas de día.
-Lo sé, y en realidad lo lamento –dice apenado. – ¡Es tan frustrante estar así! –Le hace lugar a Katniss en la cama. –No poder pararme ni para ir al baño es lo peor. Tener que depender de alguien hasta por lo más mínimo. Parece que mi madre tenía razón, y he resultado ser un torpe…
-Peeta, no… –lo calla tomando una de sus grandes manos entre las suyas pequeñas. –Eres el hombre más bueno, desinteresado, compasivo y valiente que haya tenido el privilegio de conocer.
-Katniss…
-No lo digo para hacerte sentir bien, es la pura verdad. –Jura con sinceridad; no podría mentirle a su Peeta. –Así que ahora tú se honesto conmigo y dime en realidad que te molesta tanto.
Peeta suspira cansinamente, mientras su chica se recuesta en su pecho. No hay método más efectivo en el mundo para tranquilizarlo, que la cercanía con ella. –Que no tengo nada que ofrecerte.
Siente que la joven gira los ojos –ya hemos tenido esta conversación, Peeta, y te he dicho una y otra vez que no me importa lo que te ha pasado. Te amo y nunca cambiaré de opinión por algo tan trivial como esto.
Peeta sonríe un poco inseguro, pero ella debe, no; quiere convencerlo de que lo dice de corazón. Así que desliza una de sus manos por el estómago de su amante con sensualidad, que no sabía poseer, hasta que le fue revelado el poder que tiene sobre este hermoso hombre de blancos rasgos.
Y no quisiera tenerlo sobre alguien más.
-Me gustas, Peeta. ¿O no lo crees? –sus finas yemas acarician levemente la entrepierna del soldado, y sonríe al escucharlo tragar fuerte. –No me importa si puedes andar o no. Para mí siempre serás el hombre más completo del universo.
-Pero…
-Sshh –sopla por lo bajo, sintiendo de inmediato el calor descender a su estómago. Se levanta lo suficiente para subirse a él con cuidado. Se desabotona los primero botones de su blusa – ¿Crees que si no me gustaras, te dejaría hacer esto? –toma una de sus manos para colocarla sobre su seno. Sonríe malvadamente cuando lo escucha ahogar un chillido. – ¿O esto? –agrega llevando la otra a su trasero.
-Katniss… –suspira, pero esta vez con ansiedad.
-¿Sigues sin creerme? Bueno, entonces ¿crees que si no me gustaras así, haría esto? –comienza a descender para sorpresa de Peeta, quien se ha quedado con las manos en el aire. Besa con cariño el muñón donde termina su extremidad izquierda, expandiéndose poco a poco de regreso hacia arriba, besando igualmente donde está su miembro, que incrementa notablemente, demostrando su desesperado deseo por ella.
Oh, sí. Ama este poder que tiene sobre él.
Sube hasta bloquear sus ojos con los de él –no quiero que vuelvas a dudar ni por un segundo de que lo que siento por ti es real, Peeta Mellark.
El joven traga asintiendo rápidamente.
-Ahora demuéstrame cuánto me amas tú.
Es la orden que más gusto le ha dado cumplir inmediatamente.
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¿Creen que esto podría ser un buen final? ¿O hay cabos sueltos? Claro que me falta el "FIN"... Jaja! Que nadie entre en pánico, excepto yo, que aún me quedan algunas cosas por escribir, pero no se cuantas. Al menos tengan por seguro que habrá Epílogo al final de AECSD. Gracias por acompañarme y nos leemos en el próximo capítulo!
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