Bien. Me falta un capítulo aparte de este y el Epílogo. Crucen los dedos para que publique la semana entrante. Me siento triste y emocionada al mismo tiempo; y espero que ustedes también, y sean buenos y me dejen un comentario.
El capítulo va bastante rápido, pero pues porque es lo que planee desde el principio, así que de todo corazón espero lo disfruten (hay puntos donde me he dado de topes en la pared -pero estoy satisfecha con el resultado)
Si hay dudas, haganmelas saber para aclararlas en el ultimo capitulo de esta historia. Sin más, gracias y no dejen de leer mi nuevo one shot de época "AFFAIR"
Capítulo XVIII
La boda de Annie y Finnick es la festividad más grande que han tenido los habitantes del trece desde hace varios años; y que por ende, genera una ola de excitación que difícilmente puede ocultarse. Desde que es el famoso vencedor más joven de los juegos del hambre; Finnick Odair ha conseguido hacer de este evento algo muy especial y diferente para su Annie; a cambio de jugosa información que ha incluido ventilar asuntos sobre su vida privada como esclavo sexual del Capitolio.
Todo mundo parece estar contento y todos los niños del búnker han asistido para cantar una canción de bodas característica del distrito cuatro, y muchas mujeres mayores han estado elaborando hermosas decoraciones con follaje del exterior.
Por supuesto que siempre hay excepciones a la regla y Katniss Everdeen no sería ella misma si no fuera la enfermera que prefiere mantenerse al margen, molestándose cada vez que recibe indirectas de cualquier persona que conozca sobre ella y Peeta; lo que incluye a toda el ala de enfermería (porque el panadero la recoge diariamente para llevarla a su habitación), y a su propia madre, quien no deja de contar dulces anécdotas del día de su boda para Prim y Madge.
Pero lo más, más molesto, es la enorme sonrisa plasmada en la cara de Peeta, a la que ni los ácidos comentarios de Johanna Mason pueden opacar. Y no es que sea un gesto terrible, porque reconoce que Peeta se ve increíblemente atractivo cuando sonríe, es más bien que le recuerda que es algo que él ansía y que ella, al parecer, únicamente puede ofrecerle cuando él se encuentra al borde de la muerte.
-No sé porque sonríes tanto –le dice enfurruñada el día de la boda mientras las escolta al salón de usos múltiples donde se llevará a cabo la ceremonia. Prim ha insistido en arreglarla para el evento porque ha escuchado que habrá cámaras grabando, y como a su patito no puede negarle nada…
-¿Ya te he dicho que te ves adorable? –Peeta evade la respuesta como ha estado haciendo toda la semana desde que empezaran los preparativos de la boda.
Katniss frunce el ceño –Prim me ha peinado.
-Las tres lucen muy bien –corrige en voz galante para que Prim y Madge puedan escucharlo.
-Gracias, la señora Everdeen me ha peinado –dice la rubia más alta con su suave voz.
Katniss se maravilla de lo fácil que es para su amiga recibir un cumplido; ¿Por qué ella no puede hacerlo igual?
Madge ha estado viviendo con ellas por dos semanas; aprovechando el espacio que ha dejado Rue (de la que aún no han sabido nada) y en lo que Gale resuelve el asunto de la joven. Respecto a él, Katniss casi no lo ha visto, aunque ya ha aceptado que difícilmente su amistad volverá a ser la de antes, sin embargo espera que puedan volver a ser buenos amigos.
La ceremonia transcurre hermosamente, asistida por un chico refugiado del distrito diez, pero con los toques únicos del distrito cuatro como la anteriormente mencionada canción, uniendo el matrimonio como un viaje por el mar; o la red que el novio debe tejer para la novia y que les cubre durante los votos.
Katniss siente un poco de envidia cuando observa con atención los rostros radiantes de los novios. Por el rabillo del ojo, estudia la reacción de Peeta y allí está esa emoción en su rostro. Es tan claro en sus emociones, que no puede comprender como es que nunca se dio cuenta en el doce que él gustaba de ella.
Bueno, si se dio cuenta, aunque en su momento no supo descifrar porqué la veía con insistencia, y ella lo veía también a hurtadillas. Pero no es momento de ahondar en quien miraba a quien. Ahora mismo Annie dice algo y moja los labios de Finnick con agua salada. Es obvio que se aman.
Pero ella también ama a Peeta; con todo su corazón. Tal vez no sean ellos quienes se están casando, pero ya le ha demostrado de otras formas cuanto lo ama, ¿o no? O sea, se ha entregado a él, lo besa en público, le ha dicho que lo ama…
Es suficiente, ¿verdad? Debe serlo.
Los aplausos resuenan y Katniss se une a ellos. Puede que le cueste un pelín aceptarlo; pero también está feliz por los Odair y le ha cogido cariño a la tímida Annie. –… aunque pudo conseguirse a alguien mejor que tú –le dice en tono de burla a Finnick, tras haber abrazado a la hermosa novia.
-¿Acaso has dicho una broma, Katniss? –pregunta el recién casado con una sonrisa mucho más deslumbrante que la de Peeta; como debe ser o ella sentiría muchos celos. – ¡Eh! ¡Que la chica de fuego ha dicho una broma!
Katniss se siente enrojecer – ¿Chica de fuego? ¿Qué clase de apodo ridículo es ese?
Finnick está a punto de replicar, pero Johanna se le adelanta –no te ufanes, descerebrada. Lo dice porque pareces un pollo calcinado.
-No hables con envidia, Jo –dice Peeta con ligereza pasando su brazo por los hombros de Katniss con facilidad.
'¿Desde cuándo ha crecido tanto?' Se pregunta la enfermera.
-Lo único que le envidio es que te tiene a su lado. ¿Estás seguro que no quieres abandonarla y huir conmigo?
Katniss es la única que frunce el ceño, no comprendiendo que tiene de gracioso y porque a todos les parece divertido lo que dice Mason.
-No podría, Jo. Sería como abandonar mi vida –Peeta se inclina hacia la derecha, permitiéndose besar la mejilla de su chica.
El semblante de Katniss se suaviza, e inconscientemente levanta la cabeza orgullosa, y entrelaza sus dedos a los de Peeta.
Dejan que los novios sigan recibiendo felicitaciones; incluidas las de Haymitch Abernathy, que se ve bastante decente con su nueva sobriedad, mientras la música de un violinista se levanta, llamando naturalmente a todos los refugiados del distrito doce, que han sido seleccionados para asistir a la boda.
-Ve a bailar, Katniss –le dice Peeta cuando Prim jala a Madge emocionada a las filas que ya se han comenzado a formar.
-Me quedo contigo –dice rehusándose a dejar atrás a Peeta; como sabe que nunca hará.
-Ve, cariño, además tengo algo que hacer. –Insiste, no queriendo quitarle la diversión, y aceptando que él no podría, al menos por ahora, ejecutar alguno de esos movidos bailes que son tan característicos del distrito doce.
-No me gusta que me ocultes cosas, Peeta. Sé que te traes algo entre manos y no has querido decirme nada al respecto.
-Lo sabrás dentro de nada –prometió. –Ahora ve a hacerle compañía a esa mujer que te está haciendo señas.
-Es Sae. Solía vender comida en el Quemador. –Hace una pausa. – ¿Estás seguro que quieres que vaya?
-Lo prefiero a que algún hombre quiera sacarte a bailar –le dice guiñándole un ojo, pero en el fondo lo dice con honestidad.
Y al menos a ella le encanta.
-Te prometo que esta noche haremos algo que nos divierta a ambos –dice sugestivamente besándolo en los labios, antes de dirigirse hacia la pista de baile, justo al lado de su hermana.
-No puedo esperar.
Peeta desaparece del salón, pero confía en él y por lo tanto, se divierte moviendo los pies y dando vueltas al ritmo de la música folclórica. A pesar de la edad de la grasienta Sae, sí que sabe moverse bien y Katniss lo pasa muy bien.
Varias canciones después y tras el brindis con cidra de manzana, se anuncia que hay una sorpresa especial.
No necesita preguntar quién ha elaborado semejante creación.
Una tarta de bodas bellamente decorada hace aparición; y sabe que Peeta no ha perdido el toque. Así que esto es lo que ha estado haciendo a escondidas.
Vale. Solo por eso lo perdona.
Annie y Finnick dan el primer corte, en medio de conchas, estrellas de mar y flores de azúcar, y después piden a Peeta que corte el resto.
Todos los presentes comentan lo bien que sabe esa obra de arte; y a Katniss le encanta saber que es su amado quien lo ha hecho.
-Es la chica loca que vivía a la orilla del mar –dicen a su oído, sobresaltándola porque no lo ha visto venir.
-Cielos, Gale, ¿me quieres matar de un susto? –Reclama llevándose una mano al pecho. Su amigo no ha perdido la escalofriante habilidad con sus pies de terciopelo. – ¿Conoces a Annie?
Observa a su amigo encogerse de hombros distraídamente –misión en el cuatro. Es bonita, difícil de olvidar. –No recibe una contestación y no es que la espere. –Lo he encontrado –continúa en voz baja.
-¿A quién…? –la pregunta muere en sus labios porque comprende. – ¿Quién es?
Gale no le dice porque sabe que la joven es capaz de ir corriendo a matarlo con sus propias manos. –Vengo por refuerzos. Resulta que son varios los involucrados. Estos desgraciados se han estado cubriendo las espaldas por largo tiempo.
-Voy contigo.
-No. He venido por Mellark y el viejo barrigón –dice refiriéndose a Haymitch. –Me llevaría a Odair, pero no quiero arruinar su día; además Boggs y Beetee ya nos esperan. Aquellos malditos están de guardia juntos y quiero agarrarlos de una vez por todas antes de que hagan otra de sus fechorías. Claro que la presidente quiere que todo se haga discretamente y que se lleve a cabo un juicio justo, pero después de conseguir el Capitolio.
A Katniss no le gusta nada como sonó eso. –Pero son culpables…
-Son ciudadanos del trece, tienen el derecho –le dice evidentemente en desacuerdo.
-Iré por Peeta –la enfermera no le quita más tiempo. Llega hasta donde el panadero está aún repartiendo el pastel e intercambian unas rápidas palabras. Recibe el cuchillo de las manos de Peeta. –Ten cuidado –le pide mientras lo ve ir por Haymitch y retirarse con Gale.
Continúa con la labor, y ve como Madge se sigue divirtiendo con Prim, lo más feliz que ha estado desde hace tiempo.
Agradece tener buenos amigos y cruza los dedos para que todo salga bien.
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La fiesta termina con la canción de bodas del distrito doce, y todos bailando en círculo, alrededor del nuevo y feliz matrimonio.
Para cuando se despiden de los novios, Peeta aún no ha regresado, por lo que van a su habitación y Katniss termina por contarles lo que le ha dicho Gale.
-Si es necesario un juicio, lo enfrentaré –dice Madge con valor.
Prim la abraza para reconfortarla. –Estoy segura que todo saldrá bien, y que los chicos se encargarán de mantenerte a salvo. –Katniss asiente a su lado con confianza.
Pero transcurren varias horas y ni luces de los chicos.
Katniss comienza a ponerse nerviosa, pero trata de controlarse por las demás. En una de las pequeñas camas, Madge permanece recostada mirando al vacío, mientras que Prim acaricia su cabello. La señora Everdeen se une a la espera, tras el agotador día de trabajo que cubrió para que Prim pudiese asistir a la boda.
La menor platica a su mamá los detalles de la fiesta sin demasiado alboroto, porque se siente incorrecto hacerlo cuando están esperando noticias sobre el asunto que concierne a su amiga. Y cuando termina, se vuelven a quedar en ese silencio que estresa a la mayor de las hijas Everdeen.
¿Qué tal si ha pasado algo terrible? ¿Qué tal si no se han dejado coger y han puesto resistencia? Ahora que recuerda Peeta no llevaba arma alguna; debió dejarle tener el cuchillo del pastel… Sin algo le pasara… No quiere ni pensarlo, porque sabe que no podría sobrevivir sin él; la vida ya es lo suficientemente difícil con solo pensarlo. Necesita saber que está bien. Necesita estar con él.
-No lo soporto más. Iré a buscarlos –dice Katniss poniéndose en pie, ignorando la mirada que le da su madre.
-Katniss…
-¡NO! –dice deteniendo a su madre y lo que sea que vaya a decir. – ¿Es que no lo entiendes? –La miran esperando a que siga hablando. – No puedo estar con esta incertidumbre pensando en mil formas diferentes en las que todo pudo salir mal; cruzándome de brazos mientras que él puede… –Y entonces agrega con suavidad –amo a Peeta… él y yo… yo, él… Y… no espero que lo comprendas.
Su madre la mira con una benévola sonrisa, lo que la toma desprevenida. –Yo solo iba a decir que tuvieras cuidado.
Katniss se siente demasiado avergonzada como para ver los rostros divertidos de Prim y Madge. –Lo siento. –Respira resignada –me quedaré con ustedes.
Su hermana se levanta para abrazarla –está bien que quieras estar con alguien, formar una familia…
La joven morena se separa abruptamente –yo nunca quise formar una familia.
-El amor cambia las cosas –dice Madge suavemente, seguramente pensando en Ethan, lo que hace a Katniss reprocharse por su frialdad en el asunto.
La señora Everdeen está por decir algo más, cuando la puerta se abre abruptamente.
-¡Peeta! –exclama Katniss apresurándose a tomar entre sus brazos al panadero. Satisfecha de que se encuentra bien pregunta – ¿qué ha pasado?
-Ya está todo arreglado –dice reciprocando el abrazo. –Se han puesto difíciles, pero las pruebas que ha reunido Gale son irrefutables. Además ha conseguido que Madge no tenga que volver a las celdas nunca más.
-Gracias, Gale –dice Madge mirando agradecida a su héroe, que va entrando detrás de Peeta.
El sargento únicamente asiente con la cabeza.
-Han tardado demasiado –insiste Katniss comenzando a molestarle que no llegaran antes.
Es claro que Peeta quiere decir algo pero una mirada de Gale basta para callarlo.
Katniss no deja de presentir que se traen algo entre manos. – ¿Qué está…?
- No me gusta nada que les quieran ofrecer un juicio –cambia el sargento rápidamente de tema –pero es lo único que podemos esperar por ahora. –Se sienta en la cama opuesta en donde Madge está, evitando ver a toda costa como Peeta y Katniss se sostienen cariñosamente de las manos.
Aun duele pensar en que eso nunca ocurrirá con él; pero es un Hawthorne y ellos pueden soportar todo, ¿cierto?
-Pero pagarán, ¿verdad que sí? –dice Madge de pronto, lágrimas en sus ojos, dolor en su semblante, ira en sus manos.
-Por mi vida que si –dice Gale. Se miran a los ojos varios segundos; sosteniendo sus promesas.
-Ha sido un pastel encantador –comenta Prim rompiendo el silencio.
-Peeta solía decorar los pasteles en el doce –dice Katniss ruborizándose de inmediato.
-Fue agradable saber que aún no he perdido la habilidad –dice el panadero humildemente, antes de bostezar. –Estoy cansado. Ha sido un día largo. Lo mejor será retirarnos.
Lo dice por Gale, pero es Katniss quien responde de inmediato y sin pensar –vamos.
-Creo que tú te debes quedar, Katniss –dice Prim con una risita.
-Oh… claro –asiente torpemente.
Los varones se despiden; y ya en la cama, una joven específicamente no puede conciliar el sueño. Una y otra vez sus pesadillas y necesita que alguien la reconforte.
Se levanta sigilosamente y sale de la habitación, sin ser consciente de que tres pares de ojos la siguen en la oscuridad.
Encuentra la puerta de Peeta sin pestillo.
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-No puedes ir –dice Katniss furiosa.
Finalmente se han anunciado a las personas que irán al Capitolio; y entre ellas ha aparecido Primrose Everdeen.
No se queda a escuchar razones y va en busca de su amigo de inmediato.
-¿Y qué quieres que haga?
-Iré yo en su lugar –pide desesperada. –Sabes que no puedo arriesgarla a ir. –Su amigo parece poco convencido por lo que prosigue –tú sabes bien como es ir a la guerra. Allá no serán amables con ella; además aun es joven.
-No habrá vuelta a atrás. –El sargento accede antes de volver a sus deberes –de acuerdo, pero presiento que a alguien no le gustará la idea.
Peeta.
No ha pensado en Peeta.
Y como saldrán en dos días, lo mejor será informarlo de su decisión de inmediato.
-También iré –es la respuesta del soldado.
Pero Katniss se opone.
-No me convencerás de lo contrario. Tú has tomado la decisión de ir, y yo he hecho lo mismo.
-Peeta, tu pierna…
El joven la mira en silencio y la enfermera siente que lo ha ofendido. Comienza a disculparse pero Peeta sonríe tomándola de la mano, para besar suavemente su palma. –Te preocupas por mí –no es una pregunta. –Pero también yo lo hago por ti, así que iré contigo y sobreviviremos juntos.
A pesar de su renuencia, Katniss se siente aliviada por su insistencia a acompañarla hasta el fin del mundo.
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-Promete que te cuidarás –dice Prim envolviéndola en un fuerte abrazo. –Y que cuidarás a mi hermano.
Katniss la mira confundida –él y yo no…
-Oh, sí lo harán –le corta su joven hermana besando su mejilla –gracias por quererme. ¡Peeta! –exclama volviendo su atención a la pareja de su hermana.
Katniss los observa intercambiar palabras y esto genera un sentido de nostalgia, de algo que desea, pero que desconoce que es.
Tal vez un día lo averigüe.
Se despide de Madge y de su madre; prometiendo volver a salvo. También besa a Peeta porque este irá con el resto de los agentes. De algún modo ha conseguido el permiso para asistir en su condición y ha pasado la prueba con éxito. Lo abraza para sentir una vez más lo cálido y fuerte que es.
-Te amo –le recuerda mirándolo a los ojos.
Peeta sonríe exclusivamente para ella –lo sé.
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Llegan al campamento que rodea el Capitolio y no es ni remotamente un lugar agradable. Pero las comodidades son lo de menos y por consiguiente el ajetreo se debe a las preparaciones previas.
El presidente Snow y lo que queda de su ejército está preparado para enfrentarse a los rebeles y a todas las tropas del mundo existente si es posible.
Katniss irá rezagada con el grupo de enfermeras que atenderán a los heridos, por lo que desde que abandonaron el trece, no ha visto a Gale; no ha visto a Peeta. Solo pide que ambos se mantengan al margen de cometer alguna estupidez.
Peeta por su parte, ayuda a organizar el escuadrón en donde va y calma, con sus sonrisas tranquilizadoras, a los novatos que por primera vez pisaran el campo de batalla.
Los generales de niveles altos, como Gale, les han informado que posiblemente se encontraran con todo tipo de mutaciones y trampas como las que se veían en las viejas arenas de los juegos del hambre, pero no se inquietan porque van preparados.
-Me da gusto ir junto a una cara conocida, blondo –saluda Johanna Mason armada hasta los dientes, aunque sin el uniforme de los soldados rebeldes; está claro que ella se dirige con sus propias reglas.
-¿Finnick se ha quedado?
La vencedora se encoge de hombros – ¿y para que iba a arriesgarse a venir? Ya que ha encontrado la felicidad, yo no iba a permitir que arriesgara todo por unirse a esta peligrosa misión. Así que lo he encerrado en las mazmorras.
-¿Qué? ¿Y nadie se ha dado cuenta de que no está aquí?
Johanna sonríe con suficiencia –no sería un estupendo plan, si no hubiera cubierto todos los puntos –dice misteriosamente.
Peeta prefiere no pedir más explicaciones por si acaso, así que decide aceptar todo lo que Jo le diga. –Creo que me dará gusto tenerte de aliada.
-A todos, mi estimado amigo, a todos. –Hace una pausa, que Peeta no sabe, pero es para recordar sus viejos juegos. – ¿Y en donde has dejado a la descerebrada? –Indaga finalmente –supuse que la tendrías pegada a tu cadera.
Peeta sonríe –mi única pierna no podría sostenernos a ambos.
Johanna da una estruendosa carcajada. –Tienes razón, chico amoroso, vaya que la tienes.
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Gale va al frente, con un equipo especial, bien preparado con sus tácticas de guerra que conoce tan bien. La idea general es invadir y rechazar al ejercito de agentes de la paz; algo que el sargento Hawthorne considera son ordenes fáciles de ejecutar.
Avanzan lentamente, pero en realidad son tantos los rebeldes que se han unido; desde el distrito dos hasta el trece, que los agentes no tienen de otra más que irse rindiendo.
Claro que una que otra sorpresa toma desprevenidos a los soldados rebeldes. Luces moradas que matan gente, haciéndoles sangrar por cada orifico posible; por la nariz, oídos, boca. Mutos con formas de lagartos, o panteras, o cualquier animal posible que atacan sin piedad. Explosiones en el suelo, trampas activadas.
Para Katniss, los heridos son interminables. Personas con miembros mutilados, cuencas de ojos vacías, narices desaparecidas, intestinos colgando. Trabaja sin parar, con el temor de que alguno de los soldados que llegan sea Peeta o Gale. Coloca vendas, aplica inyecciones de morphling, da la mano a quienes cruzan del otro lado.
Hay dolor, sangre a chorros y mísera. Arrepentimiento, ira y tristeza.
Pero esto acabara pronto, muy pronto.
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-¡AL SUELO! –escucha gritar y el soldado Peeta obedece sin pensarlo dos veces.
A estas alturas el coronel a cargo ya ha muerto y siguen a su segundo al mando. Para Peeta ha sido duro moverse al ritmo del resto, pero se ha esforzado y con ayuda de Johanna, ha sobrevivido en dos ocasiones por los pelos.
El escenario desarrollado frente a sus ojos es triste, porque hay niños tirados en la calle, claramente del Capitolio, asesinados por los mutos o los pods de su mismo gobierno. Es una horrible miseria todo lo que ve. Alguien comenta que es lo que se merecen, tras muchos años de matar a niños inocentes en los Juegos del Hambre.
Pero Peeta está en desacuerdo: nadie debería morir así. No que justifique lo que ha hecho el Capitolio por años, pero si juzga lo incorrecto de asesinarse unos a otros.
Cada vez más cerca de la mansión donde el Presidente Snow se halla escondido, Peeta puede ver a los miles de niños agazapados rodeando la enorme propiedad estatal.
-El muy cobarde escondiéndose como la alimaña que es –murmura Johanna y todos quienes la escuchan están de acuerdo.
La tierra de pronto comienza a temblar y se abre a sus pies.
Peeta no necesita escuchar a que su amiga lo ordene, hasta su pierna artificial corre antes de que sean tragados por un agujero abriéndose a sus pies, y que seguramente lleva a la muerte.
-El hijo de p**** me sigue haciendo la vida imposible –ruge Johanna, pues en algún momento una horrible bestia ha alcanzado a insertarle una de sus garras antes de que una de las hachas de la vencedora se clavara en su cráneo.
-Necesitas atenderte esa herida –masculla Peeta cansado. Se han ocultado en un callejón y apenas pueden ver el caos que predomina en las calles.
-Shh… –lo calla Johanna. – ¿Escuchas eso?
Peeta guarda silencio y presta atención.
Es algo así como un trueno, ¿o es un crujido?, cada vez más cerca de ellos.
-Mierda –dice tomando a Johanna del brazo y tirarla junto a él. Logran salir de ahí antes de que los edificios que les protegían exploten y se vengan abajo.
Casi al mismo tiempo, los cientos de niños del Capitolio que rodean la mansión del presidente, son calcinados en fuego.
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Katniss ha escuchado que el propio Capitolio ha volado a sus ciudadanos en un desesperado intento por defenderse; pero lo único en lo que ella puede pensar, es en que Peeta y Gale están allá afuera arriesgando sus vidas; mientras ella parcha heridos a los que no conoce.
Supone que debe sentirse afortunada de no hacerlo.
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La misma noticia llega al distrito trece a una velocidad vertiginosa.
-Esto no hace más que confirmar que es lo que tenemos que hacer –dice Haymitch Abernathy confidencialmente a Finnick Odair.
-No puedo creer que Johanna me haya encerrado en los baños.
-¿Estas escuchando una palabra de lo que te he dicho? –reprocha el viejo vencedor.
-Obvio que no.
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-Vamos, Peeta, quiero matar al maldito con mis propias manos –dice Johanna echando a correr en medio del caos y cuerpos quemados. La peste es insoportable, pero lo único que le queda a Peeta hacer es seguir a la vencedora.
Su arma no es requerida, pero aun así, se aferra a su fusil con la promesa de volver, una vez más, a su musa y amada Katniss.
Se cuelan al escuadrón que tomará la mansión y Johanna, que sospechosamente conoce bastante bien el lugar; se apresura a llevar a Peeta por algunas puertas secretas.
Avanzan en la oscuridad, no a tientas, pero bastante más despacio de lo que a la joven que gustaría. –Si salimos victoriosos de aquí, me aseguraré de premiarte, chico amoroso.
-No, gracias –dice con el poco aliento que tiene.
-¿Pensaban divertirse sin mí? –escuchan a sus espaldas.
-¡Con un carajo! ¡Me has asustado! –gruñe Johanna furiosa. – ¿Siempre es así de imbécil?
Peeta le dice que sí, contento por primera vez en horas. Después se vuelve al recién llegado. – ¿Katniss está bien?
Gale asiente –he dejado ordenes claras de que por ningún motivo le dejen salir del campamento.
-Bien –aprueba Peeta.
-¿Quieren callarse, señoritas? Van a advertir a todos que estamos aquí –gruñe Johanna por lo bajo.
-¿Y a donde vamos precisamente?
Peeta se encoge de hombros –yo únicamente le cuido la espalda.
-Una misión suicidad –comprende Gale y entonces agrega –Katniss te matará cuando se entere.
-Eso si no morimos primero –acepta Peeta.
-¿Cómo nos encontraste? –pregunta Johanna irritada. Permanece vigilante, esperando algo, ¿qué? solo ella lo sabe.
-Les he visto entrar con el equipo de asalto. Tu corte de cabello no es lo que se dice discreto.
-Ahora comprendo porque la descerebrada se quedó con Peeta.
-Golpe bajo –contesta Gale.
-A callad. Ahora síganme.
Siguen avanzando y Peeta puede ver que Johanna tiembla de expectación. Gale detrás de él, va pendiente de que nadie les siga.
Entonces cruzan la última puerta, y se encuentran cara a cara con el mismísimo presidente Snow.
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-¿Cómo que no me puede dejar salir? ¡Hay heridos allá afuera! –grita Katniss a un soldado que sostiene un holograma con su cara.
-El sargento mayor Hawthorne…
-¡Al carajo con Gale! O me dejas salir o…
-Lo siento. Ordenes son ordenes –le dice el soldado inyectándole un tranquilizante que el propio sargento Gale le ha dado.
-Me las pagarás, Ga… –logra decir la enfermera antes de caer en la inconsciencia.
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-Atrápenlos –ordena el presidente secamente.
Un agente, que asombrosamente Peeta reconoce como Marvel, antiguo amigo de Cato, es más rápido que Johanna y la pesca por el cuello, girándola hasta pegarla a su pecho.
Es claro que el agente lo reconoce también, porque le manda un mensaje con la vista: "me vengaré, traidor"
-Muévanse y mi querida Jo estará muerta –amenaza el presidente.
Claro que ni Gale ni Peeta siguen órdenes de nadie.
Lo siguiente pasa demasiado rápido, Gale dispara al techo, provocando que una lámpara pesada caiga sobre otro agente, y Peeta dispara directo a la cabeza de Marvel.
-Gran tiro –felicita Gale con aprobación, mientras Jo echa a correr tras el presidente, que ha aprovechado la confusión para escapar. –Ahora vayamos por ella antes de que termine muerta; o peor, eche nuestro plan por la borda.
Peeta lo sigue de cerca.
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Con las dobles explosiones que terminaron con gran cantidad de niños y adultos, del Capitolio y rebeldes por igual, se deduce que el antiguo gobierno ha caído finalmente, y ahora la nueva presidente de Panem es Alma Coin.
Gale Hawthorne ha ido a limpiar el distrito dos de los remanentes agentes de la paz; y mientras que Peeta ha tenido que quedarse con el resto para mantener el orden y la paz; Katniss ha tenido que volver al trece para poder pensar que es lo siguiente en su vida. –Quisiera ir a buscar a Rue –le informa a su familia.
-Los caminos aún no son seguros –dice Amelie Everdeen con calma.
-Y además tenemos que estar con Madge para el juicio contra su atacante.
Es verdad.
-No será necesario –dice la joven suavemente. Está muy delgada y su estado de salud no ha vuelto a ser el vigoroso de antaño; pero aun así, sigue viva y está muy agradecida.
Las hermanas Everdeen la ven como diciendo 'Claro que lo es'
-¿Y qué haremos después?
-Me han ofrecido una beca para continuar mis estudios como doctora en el distrito cuatro –dice Prim contenta.
-Entonces nos mudaremos al distrito cuatro –dice Katniss.
-Pero, ¿y Peeta?
-Vendrá con nosotros –dice la joven con convicción.
-Tendrías que preguntarle antes, hija. Además yo iré con Prim, y Madge si gusta acompañarnos.
-Después del juicio, yo quisiera volver a casa –comenta la joven Undersee con sencillez. Ninguna dice en voz alta que su distrito fue quemado hasta los cimientos (aunque lo piensan) y que está lleno de dolorosos recuerdos. –Después de todo, es nuestro hogar.
Nadie puede debatir eso.
-Ya veremos –dice la madre de las chicas. –Tenemos que esperar a que se apacigüen un poco las cosas.
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Los días pasan, y únicamente ha sabido de Gale por medio de su hermano Rory, y de Peeta por una llamada telefónica que recibió. Pero hasta que los medios se restauren, comunicarse es complicado.
Finnick, Annie y Haymitch, son llevados al Capitolio para declarar en el juicio contra el ex presidente Snow, por lo que se despiden de sus amigas; prometiendo que se verán en el distrito cuatro cuando Primrose vaya a estudiar.
-Annie les enseñará a nadar –dice contento, su esposa sonríe tímidamente.
El día en que es fusilado Coriolanus Snow y visto por medio de la televisión en todo Panem, se observa como Alma Coin, su nueva presidente, es asesinada a manos de Johanna Mason.
El provisional juzgado la declara mentalmente inestable tras varias semanas de juicio televisivo; aunque Katniss sospecha que hay algo mucho más profundo detrás de todo eso; pero hay cosas que a ella no corresponden saber.
Pero su emoción es enorme, cuando Peeta regresa al distrito trece.
-Ya todo terminó –dice Peeta abrazando a su chica con cariño. Tiene lágrimas en sus ojos. –Ahora sí.
-No todo. –Contradice Katniss como sus buenas costumbres declaran que debe hacer. –Falta el juicio donde Madge declarará. –Cuenta con los dedos. –Además tenemos que ir a buscar a Rue y aun tendremos que decidir en donde vamos a vivir. –Peeta la mira con confusión. – No me pensabas abandonar, ¿o sí, Peeta Mellark?
Peeta niega con la cabeza agitadamente –eso nunca.
La verdad es que ha pensado mucho en esta posibilidad, (y la posibilidad de que nunca ocurra por igual) y ha llegado a la conclusión de que necesita a Peeta tanto como el aire que respira.
Y además no se imagina viviendo en algún distrito donde no esté él.
-Bien. Porque entonces no sé cómo nuestro matrimonio podría funcionar.
-¿Qué? –pregunta Peeta sin aliento.
-Supuse que esto te haría feliz y que me besarías, pero si no quieres…
El panadero grita de contento – ¡claro que quiero! ¡Claro que quiero! –y la eleva con sus brazos para darle un par de vueltas, con cuidado de no perder el equilibrio y caer. Y entonces la besa como nunca antes.
Como un hombre besaría a su prometida.
-Esto está mucho mejor –dice Katniss suspirando en los labios de su amado.
-¿Cómo es que…?
-¿… este milagro ha ocurrido? –ríe Katniss contenta, mientras que Peeta asiente feliz. –Algún día te lo diré, Peeta Mellark.
-Bueno, ¿y entonces en donde firmo?
Los ojos de Katniss casi se salen de sus orbitas.
-Es broma, cariño. Sabes que esperaré el tiempo que quieras, porque te amo.
Katniss sonríe dulcemente, con una expresión casi maternal –también te amo, Peeta. Para siempre.
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