Quiero agradecer a todos aquellos que han seguido dejándome comentarios animándome a seguir; es por ustedes que hoy subo el último capítulo de esta historia. Sé que prometí un Epílogo, pero no sé si tendré tiempo para hacerlo.
Sin embargo, espero que disfruten el final de AECSD, que aunque corto, lleva todo mi cariño. Gracias por acompañarme en esta travesía especial para mí ya que es de lo último que escribiré. Que Dios los bendiga a todos y nuevamente gracias.
Capítulo XIX
Han transcurrido meses desde que el nuevo gobierno de Panem ha comenzado a reconstruir la nación; trayendo un futuro prometedor para todos. La Presidente Paylor es una mujer honesta, de claros principios morales y de interés sincero en la población remanente del país. Las vías de comunicación han sido restauradas, hospitales temporales han sido abiertos a lo largo y ancho de Panem, se ha impulsado la agricultura y la ganadería en la mayoría de los distritos, y la pesca no ha podido faltar en los pueblos costeros. La economía comienza a mejorar considerablemente y la vida y esperanza renacen en todas las comunidades.
Y el distrito doce no puede ser la excepción.
Es increíble el cambio que está siendo operado por sus habitantes. Los kilómetros y kilómetros que antes eran solo cenizas, ahora son sencillas construcciones que albergan comedores comunitarios, clínicas y tiendas de abastecimiento. Una fábrica de medicina da empleo a la mayoría de la gente ya que las minas han cerrado, y las casitas todas iguales, dan un encantador aspecto de villa al distrito.
En la vieja estación del tren, que tantas historias podría contar si hablara, se puede ver a una joven rubia de lindo aspecto meciéndose paciente sobre sus lustrosos zapatos. Está encantadora con su vestido de color azul tierno y su cabello suelto en ondas. Entretenida mira el pizarrón de anuncios como si fuera la cosa más interesante en el mundo.
-Parece que vas a una fiesta –escucha a sus espaldas.
Sorprendida, Prim voltea contenta – ¡Gale! ¡Si viniste! –Abraza a su viejo amigo y este responde a su cálido abrazo – ¿Dónde está Rory? –pregunta entusiasta apartando a Gale para buscar al muchacho.
-Aquí, Prim –la saluda contento el joven que ahora es casi tan alto como su hermano. Y un poco más apuesto…
La joven pasante de medicina lo abraza sin demora. Después se da cuenta que no traen equipaje – ¿y sus maletas? ¿No piensan quedarse unos días? –Pregunta confundida.
-Yo traigo algunas cosas –dice Rory señalando la mochila que trae en la espalda –pero Gale debe volver al trabajo esta misma noche… ¿Y Gale?
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Gale Hawthorne camina con rumbo fijo. Puede ya no vivir aquí, pero recuerda el camino preciso. ¡Hace tanto tiempo ya que le arrebataron a su familia! Pero más que sentir la ira que sintió antes, ahora solo siente la sombra del recuerdo, y la tristeza de que ahora podría darles todo lo que hubiese querido de más joven. Ni hablar, aún tiene a Rory y está dispuesto a hacer de él el mejor hombre de Panem.
Alguna que otra persona a las que sinceramente no recuerda levantan la mano en su dirección a manera de saludo; él lo regresa más por educación que por otra cosa. En menos de diez minutos, ya ha alcanzado los límites del bosque.
Sabe exactamente en donde encontrarla.
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¡Había ocurrido tanto en tan pocos meses!
El juicio en contra del agresor de Madge no fue cosa fácil de afrontar, pero todos sus amigos, ahora su única familia, estuvieron ahí para apoyarla en todo. Afortunadamente todo resultó bien para la joven y de paso, su contrario se llevó entre las patas a sus cómplices. No recibieron la sentencia que hubieran querido, pero Gale comentó maliciosamente que él se aseguraría de que no volvieran a ver la luz del día.
Después de eso Peeta acompañó a Katniss al distrito once para buscar que había sido de su amiga Rue, mientras que Amelie, Prim y Madge volvían al trece para recoger sus pertenencias y mudarse al distrito cuatro. ¡Como les había costado dar con Rue! Pasaron varios días indagando, haciendo preguntas aquí y allá, pero parecía habérsela tragado la tierra. Katniss incluso describió a su amiga como a la niña de voz más dulce al cantar con muchos hermanitos; pero ni eso les dio pista alguna.
Fue entonces que se le ocurrió preguntar por alguien más.
-¡Tresh! ¿Conoce a Tresh? Así de alto –dijo señalando desesperada con su brazo hasta arriba y puesta de puntitas –fornido. Creo que vivía con su abuela y su única hermana…
-¿Será…? Es el único Tresh que conozco, y corresponde a las características que menciona, señorita. –Respondió la mujer a quien preguntaron. –Pero no le puedo asegurar nada; aunque un chico de tales proporciones es raro por aquí… Déjeme anotarle la dirección. Está a dos días de camino, viví ahí con mi primer esposo solo por unos meses hasta que lo… bueno… aquí está…
Lo demás ya no lo escuchó la joven, dejando que fuera Peeta quien agradeciera a la señora; ella estrujó el papel con nervios y emoción. Tenía un buen presentimiento.
-Vamos –dijo Peeta ruborizado. –Sin el transporte funcionando al cien, nos tomará tres días llegar hasta allá.
-¿Por qué estás tan rojo, Peeta? ¿Tienes fiebre? –preguntó preocupada genuinamente.
-No. –Dijo –nada de cuidado, hace calor –mintió, no queriendo repetir que la señora le había felicitado por la buena "yegua" que se había conseguido por mujer. –Vamos –repitió y Katniss no insistió, más concentrada como estaba en encontrar a Rue.
Efectivamente viajaron tres días hasta la aldea donde esperaban viviera su amiga.
Katniss comenzó a identificar el lugar recordando algunas de las descripciones que le hiciera su amiga cuando vivían en el centro de entrenamiento para agentes de la paz. –Peeta –susurró emocionada sujetándose del brazo de su novio porque sintió que sus piernas le fallaban –es aquí. Lo sé. Quiero decir, lo presiento, o al menos estamos muy cerca.
-Tranquila, Kat, verás que todo saldrá bien.
-No quiero que se quede aquí. Quiero que vaya con nosotros a vivir. –Confesó la chica en un arrebato de sinceridad. –Tengo miedo que prefiera quedarse con su familia.
-Katniss…
-Lo sé. Estoy siendo egoísta y lo que quieras, pero… estaría mejor con nosotros. He cuidado bien de ella, ¿sabes?
Peeta no dejó de observarla con cariño, pero por otro lado había determinación en sus ojos azules. Y Katniss presintió que de algún modo ella no ganaría esa batalla; y no que quisiera porque sabía que ella sería irracional, y que Peeta en cambio sería la voz de la razón. –Eres la mujer más valiente, capaz y fuerte del mundo, y sé que quisieras ponernos a todos en una caja blindada y protegernos; pero primero debemos ver las circunstancias en que se encuentra Rue actualmente y en base a ello, y con su opinión decidiremos qué hacer. ¿De acuerdo?
Katniss asintió lentamente, aunque no muy convencida. De pronto, terminando de cruzar la fila de árboles, alcanzó a ver una chica que no podía ser otra que Rue. –Mira Peeta, ahí, creo que es ella. – ¡Rue! ¡Rue! –gritó entonces soltándose del joven y echando a correr hasta donde estaba la chica.
Quien huyó al lado contrario.
-¿Rue? –dijo confundida aminorando el paso. No comprendió porque… ah, por eso.
La chica a la que siguió no era Rue; esa niña regresó acompañada de su verdadera amiga.
-¡Katniss! ¡Oh, Katniss! –Ambas emprendieron la carrera hasta encontrarse en un fuerte abrazo que terminó en llanto. –No llores que me haces llorar.
-Todo es culpa de Peeta –contestó Katniss separándose de su amiga, justo cuando su amor llegó hasta ellas. –Es culpable de que me haya vuelto una sentimental.
Rue saludó con el mismo aprecio a Peeta y posteriormente los guío a su humilde hogar, donde conocieron a su familia; o lo que quedaba de ella. Pronto se enteraron que su padre había muerto y su hermano menor tampoco no sobrevivió a la guerra.
-Pero nos va muy bien –dijo la chica cuando terminó de contar su relato –trabajamos en el campo y los niños irán a la escuela en cuanto inicie el curso. –Sus ojos, cuya luz no se ha apagado por la dureza de la vida brillan con emoción. –Nos va mucho mejor ahora ¿verdad, mamá? Estamos bien, estaremos bien.
Peeta y Katniss se fueron al día siguiente, mucho más contentos y tranquilos sabiendo que su apreciada amiga estaba feliz al lado de su familia. –Y ni siquiera tuvimos que planear un secuestro –comentó la joven enfermera sacudiendo una vez más el brazo para despedirse de Rue y su hermosa familia.
-¿Has hecho una broma? –rio Peeta con humor. Rue se había puesto feliz con las noticias que le dieron de sus demás amigos; pero gritó de emoción cuando el joven le confió que Katniss había aceptado casarse con él en un futuro.
Katniss golpeó ligeramente el brazo de su chico antes de sonreír y tomarlo de la mano caminando por donde habían llegado. –Soy feliz. Puedo hacer una broma si estoy feliz, Peeta Mellark. Rue ha enviado una carta para Prim y Madge. Y además es un día estupendo. ¿No eres tú feliz, panadero?
Peeta asintió poniendo una sonrisa de lado –más que nunca, cazadora.
Satisfecha, guió el camino de vuelta.
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-Supuse que estarías aquí.
La joven no se sobresalta; es que casi lo esperaba. Extraño pero de algún modo sabía que él llegaría a este lugar. Su lugar. Cuidadosamente guarda el papel y el bolígrafo que tiene en las manos. –No podría estar en otro lado.
Gale se acomoda a su lado, en la roca que fue su cómplice por años. –Sí que podrías, y sin embargo estás aquí –antes que Katniss tenga tiempo de alegar, este se apresura a agregar –no me malinterpretes. Lo que quiero decir es que has de tener infinidad de cosas por hacer pero que seguramente necesitabas un tiempo a solas para ti; y está bien, de vez en cuando es mejor estar solo para pensar.
Katniss relaja el ceño. Por lo visto Gale viene en son de paz y entonces de este modo no piensa echarlo de su vista. –Casi logras que me sienta culpable por haber dejado a mamá y a Madge hacerse cargo de todo.
-Es lo justo –contesta encogiéndose de hombros –tú te hiciste cargo de todo por muchos años.
-Nunca esperé retribución. Es lo que la gente suele llamar "hacerlo por amor".
-Dicho así, no te juzgo por haberlo escogido a él –responde Gale rápidamente, pero con tranquilidad.
Como Katniss no sabe que contradecir, permanecen en silencio admirando el panorama frente a su ojos. Es un día cálido, pero la brisa fresca agita las ramas de los árboles provocando un tenue silbido y algún pajarillo por ahí silbando alegremente una canción cualquiera.
Él, pensando en qué hubiera pasado si ellos…
Ella, imaginando en lo que le traerá el futuro.
-Es hora de irnos, Katniss Everdeen –dice Gale poniéndose en pie y sacudiéndose el polvo que se ha pegado a su ropa.
Katniss obedece sin chistar, agradecida de que su viejo amigo no lleve pantalones lujosos.
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-Detesto usar estas porquerías inservibles. ¿Porqué no puedo ponerme mi chaqueta de siempre y ya? –el viejo Haymitch Abernathy gruñe tratando de sentirse cómodo en la ropa que trae puesta.
-Porque me he tomado la molestia de plancharlo, y además Prim te lo ha pedido –contesta Madge suavemente. El viejo vencedor de los juegos del hambre no busca pleitear más, sabiendo que para la chica cualquier actividad por pequeña que sea, la fatiga fácilmente y que a Primrose este estúpido atuendo la pondrá muy contenta.
-Bien…
-Quien lo hubiera imaginado –menciona Finnick. Los Odair llegaron un par de días atrás. Annie embarazada luciendo maternalmente encantadora y Finnick más sonriente que nunca. –El viejo Haymitch sometido por una dulce y menuda jovencita.
-¿En serio era necesario que estuvieran aquí? –Pregunta el vencedor –Y no lo digo por la linda Annie a quien todos queremos.
Mientras Annie sonríe dulcemente, Finnick se carcajea caminando hacia la cocina –Finnick Odair hasta en los mejores eventos.
-No vayas a comerte todos los bocadillos, Finnie –advierte Amelie pasando por la cocina con rumbo al jardín trasero que da al bosque –si tienes hambre hay otras cosas en la alacena.
Mientras Haymitch se burla, Finnick responde –nada que tenga que preparar, señora Everdeen. Aunque siendo esta la casa de Haymitch, seguro solo encuentro botellas vacías de alcohol.
-Nah, llevamos sobrios casi un año –indica Prim que va bajando las escaleras seguida de Rory, mirando muy orgullosa a su amigo el veterano vencedor.
-Eso es lo que te hace creer –susurra Finnick ganándose un codazo de Haymitch. –A todo esto, ¿cómo es que has sido domesticado por esa tierna gatita?
-Aún no tengo la más remota idea –contesta insinceramente. La verdad es que Prim le causa mucha ternura, cosa que jamás aceptará en voz alta. –Me ha de envenenar o algo así… Por cierto, ¿Qué hacían allá arriba ustedes dos?
-Nada, señor. Lo juro –suelta Rory sobresaltado.
-Relájate, Haymitch, es la mera verdad. –Dice Prim muy tranquila. –Ya sé que me has prohibido tener novio hasta los cuarenta.
Ante la cara espantada de Rory, Haymitch se frota la barriga satisfecho –exacto.
-¿Alguien ha visto a Katniss? –pregunta volviendo la señora Everdeen del jardín. –Tengo el baño listo pero ni sus luces.
-Qué tal con la preciosa, ¿eh? Que hasta baño amerita la ocasión…
-¡Haymitch!
-Lo siento, muñequita – el vencedor se apresura a disculparse. Intenta no sonrojarse furiosamente cuando Finnick se burla de él a un costado.
-¿Qué te causa tanta gracia, Odair? –pregunta Katniss apareciendo en la estancia. –Ya llegué, mamá, es lo que importa. –Se adelanta hacia el piso superior donde tomará su baño. Es buena hora, así que no entiende las presiones de su madre.
Después del baño en tina y burbujas olor a flores frescas, una toalla calientita y sobre la cama, un tocado de prímulas níveas y la tela de un vestido blanco que la espera.
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Para cuando dan las seis de la tarde, todo está perfecto.
Desde el jardín, un camino de pétalos conduce hasta los límites del bosque, donde un espacio abierto está bellamente decorado con telas blancas y vaporosas. Luces de colores suaves iluminan el área y lindos centros de mesa, en la única y larga de mantel blanco, comparten flores y velas que ahuyentan a los mosquitos de la festividad.
Bajo un árbol adornado con lámparas y flores, Peeta Mellark mira su sueño volverse realidad cuando la suave música de un violín empieza a sonar y por la vereda de ensueño, ve al amor de su vida caminar. Katniss luce verdaderamente hermosa con su cabello recogido y alguno que otro rizo suelto, el vestido sencillo de simple caída hasta sus delicados pies y las flores por adorno embelleciéndola aún más.
Ella es el ser más bello en el universo; y él el simple mortal más afortunado del mundo.
Con amigos y familiares como testigos, un hombre da inicio a la solemne ceremonia que unirá sus vidas para siempre. –Sus votos, Katniss.
La novia intenta alisar el mugroso papel arrugado de su mano. Son sus votos que ha cambiado esta misma tarde en el bosque, no satisfecha con las primeras palabras torpes que había intentado escribir semanas antes. Ahora no están mucho mejor, pero…–ehmm… –Intenta sonreír pero es más de disculpa al encontrarse tímidamente con los ojos azules de Peeta, que la ven brillantes y confiados en que lo que diga será perfecto para él. Esto le da valor como siempre. –Peeta… –Aclara su garganta y trata de nuevo. –Peeta, eres como el diente de león en primavera… – ¿Por qué escribió algo tan estúpido? –Yo… tú… –enojada consigo misma arroja el papelito que cae a los pies de Rue. –Lo siento. Una vez más. Peeta… –se recuerda que es el hombre al que más ha amado en toda su vida y solo así puede continuar. –Hace tiempo, un borracho entrometido…
-Ese soy yo –interrumpe Haymitch Abernathy con orgullo.
-Calla –se oye que le dice Prim para que su hermana pueda continuar con sus votos.
Katniss necesita dejar de fulminarlo con la mirada para continuar –como decía; un borracho entrometido me dijo las palabras más ciertas que haya escuchado y escucharé nunca de su boca, dijo que podría vivir cien vidas y no merecerte. Tenía razón. –Casi puede ver a Haymitch satisfecho consigo mismo. –Pero le ha faltado decir algo: que tengo toda esta vida para hacerlo y haré lo que esté en mis manos para lograrlo. –Coge sus manos –Si tuviera que describir lo que siento por ti, solo una descripción tuya me servirían para ayudar a comprender que es esto. Peeta Mellark, eres un pintor, eres un panadero. Te gusta dormir con las ventanas abiertas, nunca tomas azúcar en tu té, y siempre le haces doble nudo a los cordones de tus zapatos. –Ambos se ríen suavemente. –Eres mí ser, mi esperanza, mi aliento, mi diente de león en primavera, mi amarillo sol, mi naranja atardecer. Has dado todo por mí y yo daría todo por ti, mi querido Peeta. –Acaricia su mejilla –Te amo y ten por seguro que siempre te amaré, como dijiste una vez, aunque el cielo se derrumbe.
Están por besarse pero son detenidos a tiempo –Peeta, por favor…
-Sí. –Dice ligeramente ruborizado, sus ojos llenos de lágrimas. –Se dice que las palabras de un hombre enamorado son eternalmente y para siempre; pues entonces que quede registrado que Peeta Mellark amó a Katniss Everdeen desde antes de conocerla. Que sin ella saberlo, fue su fuente de fortaleza, de confianza, de esperanza. Que fue su luz en las tinieblas y descanso en las horas negras. Que no hay mujer más digna, más valiente, más fuerte y más capaz de recorrer el mundo por alguien a quien ama sino Katniss Everdeen. Que quien no es digno de un amor, ese soy yo; y sin embargo, bendecido soy por ser amado por ti. Alguien dijo una vez que "El tiempo es demasiado lento para los que esperan, demasiado rápido para los que temen, demasiado largo para los que lamentan, demasiado corto para los que celebran. Pero para los que aman, el tiempo es la eternidad." Y ese es el tiempo que tengo planeado amarte. Tus sonrisas, tus besos, tus manos, tu sentido del humor, tu pasión… toda tú es lo que amo y que si tú me amas mucho, Katniss, ten la certeza de que te amo más. Y que ni lo bajo, ni lo alto, ni lo profundo, ni lo superficial, ni lo que hay, ni lo venidero me separará de ti. Porque ni la guerra ni la muerte harán que deje de amarte. Juro que por siempre seré tuyo, que por siempre serás mía, por siempre juntos. Siempre.
Y finalmente con un beso sellan sus promesas de amor.
En medio de los vítores, un apuesto joven sonríe triste pero resignadamente; en sus ojos una solitaria lágrima y entonces desaparece sigilosamente diciendo únicamente al viento –estás en buenas manos, querida amiga mía.
-¡Felicidades! –grita emocionada Prim corriendo a abrazar a su hermana. –Ahora si puedo llamarte hermano, Peeta. Bienvenido a la familia.
-Gracias, hermanita –sonríe el recién casado feliz.
Transcurre una magnifica e intima celebración en la que Haymitch informa que consiguió una casa de la Aldea de los Vencedores para la nueva pareja. –Lo suficientemente grande para que muñequita pueda venir a visitarlos cada que quiera.
-¡Haymitch! –ríe Prim emocionada. – ¡Tendrás a los mejores vecinos!
-Di la verdad, perro viejo –interrumpe Finnick divertidamente en alta voz –di que sabemos que han gastado todo en reconstruir la panadería y que ir y venir del distrito cuatro no será rentable a largo plazo, y que por eso nuestro regalo de bodas. Y no aceptaremos un no, Everdeen, quiero decir, señora Mellark.
-Ya hablaremos de eso –es la contestación de Katniss Mellark.
-Con un 'gracias' es suficiente…
-Debiera ser Peeta Everdeen –opina de pronto Johanna, quien se había mantenido bastante callada; tal vez recordando en algo de su pasado. –O mejor, Peeta Mason. –Madge ha querido preguntarle cómo es que está ahí, paseando desenfadadamente por todos los distritos de Panem, pero supone que hay cosas de las cuales es mejor no enterarse.
-Nada de lo que digas de ahora en adelante podrá afectarme, Jo. Ahora Peeta es mío y todas las leyes me avalan.
-Eso es lo que quería escuchar, descerebrada –indica Johanna alzando la copa en dirección a la novia.
La señora Everdeen escucha pasivamente la charla de los invitados. Está muy contenta que su hija mayor haya encontrado el amor verdadero y que haya dejado atrás sus temores infundados. Observa a sus hijas y está orgullosa de ellas; también de Rue y Madge, quienes a pesar de las pérdidas están saliendo adelante. Mira a Rory y es la viva imagen de su padre, ¡como extraña a Hazelle y su apoyo incondicional! Pero sabe que estaría muy satisfecha de sus varones, que aunque Gale no está ya, sigue siendo una muestra del trabajo duro y el esfuerzo constante. No puede estar más agradecida al cielo por las bondades que comienza a traerle la vida.
Peeta y Katniss se despiden con cariño de todos. Con sus dedos entrelazados, caminan hasta su nuevo e inesperado hogar.
-Esperaba que pudiéramos tener nuestro tueste en la panadería –dice Peeta cerrando las puertas tras de sí, las voces con las últimas líneas del coro sonando suavemente. –Después de todo, se podría decir que ahí fue donde comenzó todo.
-No importa en donde sea, mientras sea contigo –sonríe tiernamente su mujer.
-Eres tan hermosa, vida mía –se besan ligeramente. –Encenderé el fuego.
-Yo traeré el pan.
La chimenea crepita alegremente iluminando la sala, por lo que deciden apagar las luces. Ambos se juntan frente al fuego.
-No he perdido el toque –con humor, Peeta se refiere a encender la leña.
-Podríamos sobrevivir en cualquier parte.
-Seguro. Tú conseguirías la comida, yo la cocinaría. Solo nos faltarían los hijos –agrega pícaramente.
Katniss gira los ojos –no vale. Ahora ya sabes que no puedo negarte nada, esposo.
Los ojos de Peeta brillan aún más de ser posible – ¿hablas en serio?
Su esposa asiente –pero no abuses.
-Solo dos o tres –insinúa su marido. –Y en su momento –incluye rápidamente antes de que Katniss se arrepienta de lo concedido. –Ven aquí –sienta a su mujer en su regazo y la rodea con su brazo izquierdo. –Prometo amarte y protegerte siempre – dice con devoción mientras tuestan juntos la rebanada de pan.
-También prometo amarte y ver siempre por ti, antes que por nadie –lagrimas en sus ojos, porque no puede ser de otro modo.
-Te amo, Katniss Mellark.
Y Katniss puede declarar con toda honestidad que también lo ama y que no pudo irle nada mejor que casarse con Peeta Mellark.
Porque la tierra se puede abrir, las montañas moverse a la mar, los océanos desaparecer, los años pasar, la vida transcurrir y el tiempo acabar, pero ellos se amarán…
Aunque el Cielo se Derrumbe.
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Julio, 2014.
