Es terrible la culpa que me invade.
Quiero pensar que todo es culpa del diario, y la paranoica mente de Tom con sus hechizos para evitar que hable de él a otras personas. Pero no, la verdad es que soy lo suficientemente astuto como para encontrar una forma de confiar en mi padrino algo tan grave como lo que me ha confiado él. Podría contarles de las quince formas diferentes que he encontrado para poder delatar a Tom, pero sería inútil. Mis propios miedos al rechazo son lo que me impiden hablar.
Y es que me siento como un desagradecido. Sé que Sirius probablemente no espera que yo guarde muchos más secretos que una novia secreta escondida por ahí, pero aún así me siento obligado a darle algo. A dejarle saber que confío tanto en él como él confía en mí. Y el peso de su secreto, tan terrible, capaz de asegurarle una estadía en Azkaban si llegase a los oídos menos indicados, me conmueve profundamente e incrementa mi sentimiento de culpa.
Soy un mal ahijado.
- Díselo – dijo Tom tan despreocupadamente que tuve que detenerme un minuto para asegurarme que había oído bien-. Dile que tienes algo que le pertenece a Lord Voldemort. No seas muy específico, pero asegúrate que lo tenga en cuenta.
- Estoy perfectamente consciente que eso sería un atajo muy conveniente para que le devuelva el diario a tu otro yo – alcancé a decir, aún anonadado-. ¿Pero realmente piensas que…?
Me detuve, consciente que mis pensamientos habían dado con una solución muy interesante a aquél enorme problema llamado Riddle. Monstruo sin sentimientos como era, se me hacía muy obvio que Tom no había considerado la reacción típica de un hombre cuando sabe que su familia tiene prácticamente una bomba de tiempo en las manos. Estaba muy seguro que, por más que no le revelase la verdadera naturaleza de aquél "objeto" de Voldemort en mi posesión, Sirius entendería que no sería nada bueno. A continuación, obligatoria confiscación y adiós Tom M. Riddle.
Lo cual me llevaba a terrenos peligrosos dentro de mi mente.
Me era bastante obvio, a estas alturas, que mis sentimientos respecto al fantasma que merodeaba las páginas de aquél diario eran riesgosos por naturaleza. Me había acostumbrado a Tom de una manera que se me hacía casi incomprensible. Casi milagrosa. Aquél juego de gato y ratón, el peligro constante de sus ácidas palabras… esta es mi realidad ahora. No podía imaginarme quién era el Harry que comenzaba tercer año, y tampoco me interesaba intentarlo. Y quizás aquello era lo más preocupante. La apatía.
No sentía ningún deseo en absoluto de volver a mi antigua y segura vida, sin genocidas en potencia persiguiéndome por las noches. Cierto, probablemente toda esta aventura me llevaría por un camino que no estoy seguro de querer recorrer, pero me es imposible concentrarme en el futuro por el momento.
Aún así, sentimentalismos de por medio, sentía que llevaba las de ganar. Pues a mi ventaja estaba el hecho de que Tom no sabía de mi apego a nuestras conversaciones. Y con un poco de suerte, quizás nunca se daría cuenta; y por Merlín espero que sea así. Saber de mi apatía no solo significaría un triunfo, sino el triunfo. Una virtual posesión de lo que él quería; un vínculo permanente con el mundo que él extrañaba. Y yo no estaba dispuesto a soportar lo que ello conllevaba.
Y es así que también me veo frente a un dilema. El juego está a mi favor, si Tom no se da cuenta. Sirius es mi comodín en esto; si yo elijo contarle la verdad, Tom desaparece de mi vida. Y el triunfo es mío. El problema entonces es saber si realmente quiero ganar, o si lo que quiero es prolongar este juego hasta poder encontrar una forma de salir de él satisfecho y a salvo.
- Tengo que hacer una apuesta arriesgada – murmuré, y Tom me miró confundido.
- Sirius – le dije, un día más tarde-. Tengo algo para decirte.
Habíamos estado mirando algo de televisión. No recuerdo bien qué era lo que estábamos mirando, pues las ansias me distraían. Era un joven decidido, y quería sacarme este peso de encima.
- Sirius – tuve que repetir. Es posible que estuviéramos viendo alguna película erótica, pues hay pocas cosas que a mi padrino le produzcan tal estado de concentración que no sean unas mujeres desnudas "divirtiéndose" para la cámara.
- ¿Mmmh? – finalmente me respondió, girando su cabeza para verme -. ¿Pasa algo, Harry?
Apenas podía distinguir sus rasgos en la tenue luz que emitía la televisión, pero sabía que había notado mi expresión. Estaba curioso.
- Tengo un diario que le pertenece al Innombrable.
Sirius se limitó a pestañear confundido un par de veces antes de subir sus piernas al sillón de manera que estuviera sentado enfrentándome.
- Harry, repíteme lo que acabas de decir.
- Eh…- ciertamente no esperaba una reacción así-. ¿Que tengo un diario que le pertenece al Innombrable?
Sirius no cambió de expresión, lo cual comenzaba a preocuparme.
- ¿Estás hablando en alguna especie de código, o algo?
- No…
- Harry, lamento decirte que no entiendo cuando hablas con oxímorones.
Revisando de nuevo la oración en mi mente, comprendí que lo que decía sonaba un poco… chocante.
- Tengo un objeto compuesto por una tapa forrada en cuero y hojas de papel amarillento, datando de las primeras décadas del siglo veinte, que ha estado en posesión del Innombrable durante una parte importante de su vida – le dije, alzando una ceja-. Ah, y dicho objeto apesta a magia oscura y está obviamente encantado para hacer cosas malignas. Como… matar cachorritos. Es una especulación, por supuesto.
Sirius dejó escapar una larga carcajada. Al ver que mi expresión no cambiaba, se serenó abruptamente.
- Espera… estás hablando en serio.
- Jamás soñaría con interrumpir una película porno si no fuera porque quisiera hablarte de una posible arma de destrucción masiva en mi posesión.
- No estás haciendo esto muy fácil si lo que quieres es que me lo tome en serio.
Le sonreí, y busqué el control remoto para apagar la televisión.
- Soy un comediante nato.
El silencio cayó sobre nosotros, y dejé que Sirius prendiera las luces con un movimiento de su varita mientras pensaba en cómo decirle exactamente el tipo de problema en el que me hallaba.
- Sirius… no estoy bromeando. El año pasado abrieron una librería de segunda mano en Diagon Alley. Vendían libros muggles, así que decidí buscar algo de interés para leer. Terminé llevándome un diario en blanco, con el nombre "T. M. Riddle" en la portada – esperé a ver si el nombre le resultaba familiar, pero no hubo ninguna reacción-. En resumen, el diario estaba encantado. Por magia muy oscura, y muy poderosa. Quizás lo activé cuando comencé a escribir en él, pues cuando lo compré no me parecía más que un cuaderno viejo.
- ¿Y dices que este diario le pertenece al Señor de las Tinieblas? – preguntó Sirius. Su ceño, fruncido y pensante, le daba un aspecto grave. Más maduro, quizás. Asentí, y seguí con mi pequeña historia.
- Eso lo supe mucho más tarde. El diario está encantado para responder cuando escribes en él – me tomé unos segundos para decidir la forma en la que le iba a decir lo siguiente-. Pienso que el Innombrable lo creó en sus tiempos de estudiante para recolectar y catalogar información. Una especie de, eh, computadora.
- Eso es… - hizo una mueca, tratando de recordar qué era exactamente una "computadora"-. Uno de esos aparatos muggles que calculan cosas, ¿no?
- Más o menos, sí – le respondí-. Está diseñado para guardar información y encontrar conexiones o relaciones entre datos. Me imagino que de esa manera podía mantener una especie de registro acerca de sus seguidores… o memos. No lo sé. No he podido acceder a la información.
- Y a todo esto, ¿cómo supiste que le pertenecía al Innombrable?
Sonreí.
- Tom Riddle es su verdadero nombre. Lo busqué en los archivos del colegio, pregunté a algunos profesores… eventualmente Dumbledore me llamó a su oficina, y me dijo que Riddle era el Innombrable –noté la expresión en el rostro de Sirius, y me apresuré a decir-. No podía decirle acerca del diario… creo que deben haber sido los encantamientos de protección que Sensé. Así que le dije que había visto su nombre en la Sala de Trofeos, y que me había interesado saber quién era.
- ¿Y Dumbledore te creyó?
- Eh, no creo. Pero estoy seguro que no cree que me traigo algo entre manos o nada parecido.
Sirius se llevó una mano a la cabeza, despeinándose aún más su oscura cabellera.
- Merlín, Harry… esto es un enorme problema – la expresión en su rostro no me gustaba para nada. ¿Quizás era mi culpa, que no había valorado bien la situación? Sirius parecía actuar como si esto significase mi muerte… lo cual, en retrospectiva, quizás no resultase tan descabellado.
- ¿Le has dicho a alguien más acerca de esto? – me preguntó bruscamente. Negué con mi cabeza-. Qué digo… no eres ningún estúpido, digno hijo de tu madre. Pero esto es serio, Harry. Hubiera apreciado que me lo dijeras antes.
- Sirius – su reacción comenzaba a preocuparme-, si no te lo dije es porque no quería meterte en esto. Estoy consciente que tengo en mi poder algo que contiene información extremadamente valiosa para el Innombrable, algo por lo que mucha gente mataría. Y estoy seguro que es algo por lo que Él me podría matar.
Clavé mi mirada en la suya. Quizás él no lo supiera, pero Tom me había provisto de un valioso entendimiento de la manera en la que Voldemort pensaba. Y mis razonamientos, lo que estaba a punto de decirle, me parecían totalmente correctos.
- Pero matarme por miedo a que conozca los secretos que guardó en el diario equivale a decir que hizo un pobre trabajo para esconderlos. Y ambos sabemos que tiene fama de ser un hombre extremadamente orgulloso. ¿Qué diría de él que un Gryffindor de quince años pudiese sobrepasar los encantamientos que él mismo construyó?
La mirada de Sirius no cambió en lo absoluto. En un movimiento fluído, se paró y comenzó a dar vueltas alrededor de la habitación. El cuarto parecía tan pequeño cuando hablábamos de temas tan serios.
- Eso lo sé. Si los secretos no fuesen importantes, no te haría nada. Si lo fueran, implicaría que ha pasado más que un semestre en Hogwarts reforzando las protecciones en el diario. Sería vergonzoso, como dices, admitir que un adolescente pudo leer del diario como si nada. Tu vida no está en peligro… al menos, por eso. Pero – se acercó a mí, arrodillándose en el suelo para que nuestras miradas estuviesen al mismo nivel-, sabrá de ti. Eso es lo que me preocupa.
- Sirius, si es verdad que los Sensadores natos son tan raros como tú dices, entonces sabes que se enterará de alguna forma u otra… Tu padre….
Se irguió, su expresión preocupada relajándose.
- Ah, no te preocupes por Orion. No dirá nada. Yo me encargo de eso.
Muy escéptico respecto al tema, alcé una ceja. Incluso en su estado enfermizo, Orion podría haber tenido una buena charla acerca de mis habilidades con su hermana, Bellatrix, o alguno de sus antiguos compañeros de trabajo en el Departamento de Misterios. Pero no me parecía el momento adecuado para discutir el tema.
- Bien, Sirius, digamos que en el caso hipotético que el Innombrable no se entere que soy un Sensador, ¿cómo piensas que llamaré en algo su atención?
- Harry, precisamente el problema es que se va a enterar.
Lo seguí con mis ojos mientras seguía caminando de un lado a otro de la habitación.
- Cuando lo encontraste, dijiste que al principio no te pareció más que un librito común y corriente. Fue con el tiempo1 que comenzaste a notar que estaba encantado – Sirius se detuvo, su mirada hacia el techo, perdida-. Eso indica que se alimentó de tu propia magia para poder activarse. Eso normalmente crea un vínculo entre el portador de un objeto y el objeto en sí, especialmente si estamos hablando de un artefacto oscuro.
- En conclusión… -dije, algo confundido. Podía ver vagamente lo que quería decir, pero no estaba muy seguro de que me agradaría.
- En conclusión, todo indica a que estás atado al diario. Es imposible que otra persona lo pueda utilizar, o incluso tocar, porque la única magia que podría reconocer es la tuya. Además de la del creador, por supuesto. Y esto quiere decir que se lo tendrás que entregar al Innombrable en persona…
Asentí, aquello era algo para lo que hacía tiempo me había preparado.
- Y Él se dará cuenta – por un instante, no supe a qué se refería, hasta que Sirius agregó:- Siempre se ha dicho que es capaz de saber cosas sin que las digas, de saber cuando alguien miente. Bellatrix… ella me ha dicho que no hay nada que le puedas ocultar.
Sentí un gran nudo en el estómago. Lo había olvidado completamente… Aunque Sirius parecía no saber de aquella rama en la que Voldemort sobresalía, estaba consciente de que si el joven Tom podía usar la Legilimancia... el viejo Tom ya lo tendría asumido como una segunda naturaleza.
- Sé que puede estar exagerando, pero no me gustaría subestimarle. No cuando se trata de ti.
Lo miré a los ojos.
- Entiendo – le dije-. Aún así, sería mejor que verifiquemos tus teorías primero. A lo mejor existe alguna forma de entregarle el diario sin estar en la misma habitación.
La expresión en su rostro no me dio mucha esperanza, aunque para ser justos, yo tampoco esperaba mucho.
Tom me recibió de una manera muy inusual aquella noche. En cuanto me encontré dentro de aquél bizarro mundo que él había creado para sí mismo, sentí que algo se abalanzaba sobre mí. Caí pesadamente al suelo y mi cabeza rebotó muy dolorosamente en el piso de madera, cubierto de polvo. Aquello logró desorientarme unos minutos, y cuando pude lograr distinguir las formas que bailaban frente a mis ojos, noté que era el mismo Tom quién se había echado encima de mí. Su rostro se alzaba centímetros por encima del mío, contorsionado en una mueca de furia.
- ¡¿Qué le has dicho?- masculló, su voz tomando un tono más agudo de lo normal-. ¡Pude sentirlo todo, Potter!
- Por el amor de Morgana, ¿me quieres decir que demonios te pasa?- escupí, mi temperamento adolescente saliendo a flote. Sabía que se refería a los hechizos que Sirius y yo habíamos estado utilizando en el diario para intentar cortar esta pequeña "canilla" que le alimenta mi magia, pero me sentía con las ganas (y la bravura) de divertirme un poco a sus expensas.
- No juegues conmigo, Harry – gruñó-. ¿Crees que te va a ser tan fácil escaparte, Potter? ¿Crees que con decirle a tu queridito padrino que resuelva tus problemas te va a librar de mí?
No sé si los dos shots de Firewhiskey que tomé con mi padrino eran responsables de mi estado emocional, pero en aquél momento la escena me parecía un tanto graciosa. Quizás ya estaba tan acostumbrado a soportar la bipolaridad de Tom que sus amenazas entraban por una oreja y salían por la otra.
- Relájate, Tom. Ambos sabíamos que no iba a funcionar – le dije, cerrando los ojos-. Además, fuiste tú quien me dijo que le contara a Sirius de esto. Tuve que modificar un poco la historia, pero más o menos el resultado fue bueno. Puedes celebrar un poco, ahora que ya tenemos una forma más fácil de llevarte con Voldemort.
Tom hizo una mueca, y rápido como el viento, se incorporó a mi lado.
- Normalmente no estás tan… confiado – dijo, mirándome con los ojos entrecerrados-. Estás levemente alcoholizado.
- Quizás – le respondí, sin molestarme en levantarme. Me quedé tendido, mirando al techo en penumbras, disfrutando de las danzantes sombras que el movimiento de las llamas en la chimenea provocaban-. Deberías aprovechar el momento para tratar de averiguar todos mis secretos. O engañarme para que haga algo que no quiero hacer.
- Ya lo hago normalmente cuando estas sobrio, Harry. No veo cuál sería la diferencia ahora.
- ¡Qué estoy de mejor humor! – lancé una risa ahogada-. Además, estoy lo suficientemente ebrio como para hacer estupideces, pero no como para luego olvidarlas. Diría que es la combinación perfecta.
- Para el desastre, sí – dijo Tom, sonriendo. Quizás era todo producto de mi imaginación, pero me parecía que estaba disfrutando del momento. Se sentó a mi lado, y puedo jurarles que no hay nadie en el mundo que pueda lograr que cruzarse de piernas al estilo indio parezca tan distinguido y elegante como él lo hace.
- Dime, Harry – comenzó, e incluso en aquél estado de ligero sopor noté que se avecinaba el desastre-, has dicho que no le has contado toda la verdad a tu padrino. ¿Qué le has dicho?
Peligroso.
- Que eras un diario encantado para retener información y encontrar posibles conexiones entre datos- respondí-. Dije lo suficiente como para que pensara que me he comunicado contigo, pero que no conozco mucho más que tu naturaleza y a quién perteneciste.
Tom se mantuvo en silencio por unos instantes. No quería verle el rostro, por temor a que usara la Legilimancia. Tom no sabía que yo podía Sensar. Y prefería que esto permaneciese así.
- Es curioso que uses esa palabra. "Naturaleza", dices – Sentí sus ojos escarlata clavarse en mi rostro, y supe que estaba buscando algo en mi expresión. Definitivamente, esto se encaminaba al desastre-. Como buen Inefable que es, Sirius sabe mucho de la naturaleza de la magia. Conozco todos los hechizos que usaron ustedes dos hoy, y conozco también cuáles son los hechizos estándares que se utilizan para estudiar un posible objeto encantado.
Sentí que sus dedos se cerraban bruscamente alrededor de mi barbilla, y en un santiamén mi mirada se encontró, obligada, con la de Tom. Sus dedos se sentían fríos y pastosos, y por un momento me pregunté si el toque de un cadáver se sentiría igual.
- Entiendo que Sirius se desvíe del protocolo en estas circunstancias tan… domésticas, pero es terriblemente sospechoso que se halla saltado Ostendam, de todos los hechizos que podría haber omitido.
Podía sentir que la magia a su alrededor danzaba salvaje, y al acercar su rostro al mío, noté pequeños hilos de aquella energía oscura vibrando sobre su piel.
- Sospechoso, sí; no lo suficiente como para pensar que hay algo que me estés ocultando – su boca se distorsionó en una sonrisa despectiva. Todo a mi alrededor se sentía en movimiento, como si estuviera en el medio de una tormenta. Y quizás lo estaba-. Pero entonces, qué sorpresa, parece que tú mismo le has dicho qué clase de encantamientos usé en este diario, para protegerlo. A eso te referías con naturaleza, ¿no es así?
Sentí como emitía un pulso de su magia, y paralizado por aquella sobrecarga en mis sentidos, comprendí por un terrible momento que él sabía. En su retorcida mente, aquella escena era su forma de decirme que no podía esconder nada de él. Y quería llevarme a admitirlo.
- Si – dije, apenas moviendo los labios.
La tormenta se calmó.
Como si una presión invisible se levantara de mí, sentí como mi cuerpo se distendía. Mis brazos y piernas parecían hechos de plomo, y lo único que podía sentir era un ligero hormigueo en la punta de mis dedos. Sentía que flotaba, como si mi cuerpo no estuviera hecho más que de aire.
- ¿Desde cuándo lo sabes? – le pregunté.
- Lo sospeché al ver tus memorias – respondió. Noté como su piel parecía aún más pálida de lo que la había visto, y su cuerpo tenía cierto carácter difuso, como si lo estuvieras viendo a través de unos anteojos mal graduados. Su voz sonaba algo cansina, aunque me parecía que estaba haciendo un gran esfuerzo para que no se notase.
- Te estás quedando sin energía – murmuré, consciente de que me encontraba en la misma situación.
- Estoy alimentándome de la tuya.
No podía decir que me sorprendiera.
- Supongo que ahora no importará realmente si Sirius hace que su padre no diga nada – o que el viejo Voldemort usara la Legilimancia conmigo. Tom se lo diría de todas formas.
- Al menos le sirve para justificarlo – dijo el joven Riddle, escuchando aquél pensamiento que sin notar había expresado en voz alta-. Me imagino que para alguien sentimental como él, eso debe ser importante.
- ¿De qué estás hablando?
Tom me miró como si fuera retrasado, ofreciéndome una de sus sonrisitas indulgentes.
- Pues que se va a sentir justificado cuando mate a su padre.
Como si hubiera recibido un golpe de electricidad, me levanté bruscamente. Sentado enfrente mío estaba Tom con su expresión paternal, luciendo tan corpóreo como de costumbre.
- ¡¿Qué? – Exclamé, mi rostro mostrando mi indignación-. ¡Sirius nunca haría eso!
El joven Voldemort puso los ojos en blanco, riéndose suavemente.
- Podría decir que es un tema en el cual estoy muy bien versado, Harry.
Lo miré como si acabara de salirle una cabeza más.
- Tom, no todo el mundo es un psicópata sediento de sangre como tú.
- No voy a molestarme en responder algo tan infantil – dijo-, pero deberías saber que no es tan poco común como piensas. El parricidio es algo bastante celebrado, incluso, en las familias de sangre pura. Normalmente es un indicador de que el heredero tiene fuerza de carácter.
- Y que la familia es tan retrógrada como una familia de Neanderthals – exclamé-. Mi padrino no es un bárbaro, él jamás haría…
- No, tu padrino es un mago oscuro con deseo de venganza – me interrumpió Tom, impaciente-. Espera hasta al menos mitad de Septiembre, y me darás la razón. Otra vez.
Anexo – Carta fechada el 10 de Agosto de 1999. Bellatrix Black escribe a su sobrino Sirius O. Black.
Sirius:
Debo admitir que gran parte de la razón por la cual me he vista a posponer el escribirte una respuesta es que sinceramente pensé que habías vuelto a tus viejas andanzas de traidor a la sangre. Afortunadamente, Orion me ha asegurado que este no es el caso y que incluso puede ver algo de mérito en tu propuesta.
En caso de que estés preguntándote, sí, sé que el mestizo es un Sensador, aunque vaya a saber cómo en el nombre de Morgana es que tal habilidad haya ido a parar en el linaje de una sangresucia. De todas maneras quería asegurarme que no estabas cometiendo una imprudencia (Orion es viejo y no me cabe duda que su criterio puede fallar), por lo que he estado haciendo ciertas averiguaciones acerca del chico. Lo que he visto hasta ahora es que promete lo suficiente como para no ser un completo fracaso como tu hermano. De todas maneras, si he de involucrarme en esto, tendrás que comprometerte a educar al chico en nuestras costumbres, y por supuesto, a enseñarle las Artes Oscuras.
No creas que por ser vieja estoy volviéndome estúpida, Sirius. Sé que estás intentando proteger al chico de nosotros, y de Él. No creas que me vaya a poner de tu lado, incluso si fueras la Cabeza de esta familia, cuando Él quiera que se una a la Causa. Ningún heredero de los Black, incluso si es el engendro de James Potter, va a negarle su lealtad a nuestro señor.
Contáctame de nuevo cuando convenzas a la sangre sucia de realizar el ritual, y por el amor de Merlín, usa un Imperio si es necesario para que firme los papeles.
B. Lestrange
IX
Han pasado semanas, e incluso en el ajetreo de esta semana pre-Hogwarts, no me puedo sacar las conjeturas de Tom de la cabeza. Como si hubiera presenciado una profecía, estoy esperando por alguna señal que me diga que está equivocado. Todavía no era la hora.
Creo que nunca me he visto forzado a especular con el futuro de esta forma. Verdaderamente, me sentía cada vez más como una de aquellas personas que viven en el presente porque no entienden el futuro. Y me sentía un poco insultado quizás (¿no era eso signo de poca inteligencia?), pero sobre todo ansioso.
Me perturbaba pensar que Sirius era como Tom.
Aunque era cierto que dentro de la mente de mi padrino no pasaban los mismos pensamientos que por la mente del joven Voldemort, y que quizás había una gran parte de la historia entre Orion y su hijo que yo no conocía, los paralelismos que aquél parricidio-en-proceso dibujaba entre ellos dos me incomodaban enormemente. Era como tomar algo tan representativo de felicidad y seguridad como lo era Sirius y mancharlo con la perfecta corrupción que representaba Tom. Pues, en cierta forma, mi padrino era mi modelo a seguir y el joven Riddle, bueno, mi guía de "cosas que realmente no quiero hacer".
(Probablemente la idea del parricidio se me hace tan perturbadora porque significar ver a Sirius como un santo que peca y a Tom como un monstruo que hace lo mismo que los humanos.)
(Sirius me ha regalado uno de esos espejos que vienen en pares, y con los que te puedes comunicar a distancia. Me imagino que se la va a pasar llamándome para hablarme de las chicas con las que sale.
Tom piensa que es una forma excelente de comunicarse en caso de que Voldemort finalmente haga presencia en las islas.)
X
(N.T. el siguiente es un bosquejo previo de uno de los primeros cuentos que Harry publicaría en el '99, bajo el nombre de "Acerca de un soñador", más tarde renombrado en una compilación de sus escritos como "De cambios y sueños").
Historia comienza con un hombre que se levanta de un sueño. El hombre sueña con un mundo donde es un esclavo (¿trabaja en manufactura de pociones?), en la realidad se siente hombre libre. Pasan los años, el sueño se repite. El hombre nota que confunde realidad con sueño. El hombre sigue soñando, pero sabe que puede cambiar en la realidad.
(sueño perpetuo, realidad moldeable: trabaja como guardia en el ministerio? salva a futuro MM)
"Creo que esa charla debe haber sido una de las últimas que tuve con Lily. Creo que luego de haberla visto tanto tiempo como una madre, me olvidé de lo temible que podía llegar a ser cuando se enojaba (risas). De todas maneras, nunca fui un hombre de tacto, y no tenía idea de cómo podía hacerle entender la seriedad de la situación.
Si, fue riesgoso. Incluso estúpido, si uno lo piensa bien. Sabía que la idea le disgustaría a Harry, pero pensé que si obtenía el permiso de Lily y de James, no lo tomaría a mal. Además, ellos me podrían salvar de explicarle todo el asunto, ya que sabía que yo terminaría haciéndome un lío tremendo. Y, me dije, tenía que encarar a Lily cuando estuviera sola. Porque James jamás consentiría a eso, no sin alguien que intentara convencerle. Y ella siempre tuvo ese poder sobre él; James estaba tan loco por su esposa que haría lo que a que ella le pareciera correcto.
Por supuesto que sabía que si no jugaba mis cartas como era debido, me arriesgaba a que me mandaran al diablo y que me prohibieran ver a Harry; y aunque sabía que eso no significaba que no lo vería jamás, me complicaría enormemente las cosas.
Me están presionando para que nombre a un heredero, le dije, ninguno de mis familiares quiere ver que la fortuna familiar termine en manos del Ministerio. Sabes que no tengo instintos paternales y que jamás podría tener un hijo al que sé que no voy a poder criar como es debido.
Lily siempre me había visto como un rebelde; verme tan complaciente con los deseos de mi familia, por más que fuese algo que yo siempre pensé como parte de la responsabilidad que mi lugar me daba, les resultaba ajeno e, incluso, sospechoso. No me hubiese sorprendido que me gritara que era Bellatrix usando Multijugos.
No, me repitió muchísimas veces, y ya no me acuerdo que argumentos usé para tratar de convencerla. Harry es mi hijo, dijo, y creo que en aquél momento no pude evitar gritarle que su hijo era mi ahijado, y era mi responsabilidad el mantenerlo a salvo. ¿A salvo de qué? Lily era una mujer tan bonita como inteligente, y déjame decirte que se llevó el premio de Miss Hogwarts tres años seguidos, sin siquiera postularse. Sabía que la había arruinado, porque enseguida me miró con la sospecha que había estado intentando evitar. Hay algo que no me estás diciendo, Sirius, me reprochó. Y querías hablarme hoy porque sabes que James no iba a estar. ¿Qué pasa, Sirius? ¿Estás en problemas?
Intenté evadir el tema, pedirle que confiara en mí. Pero ella, mujer obstinada que era, se negó a, cómo era… ah, si, 'hacer algo a las espaldas de mi marido'. Intentó convencerme de que le dijera qué era lo que sucedía, pero yo no podía decirle nada. Sabía que se preocuparía por mí, al igual que James (aunque por él, dudaba). Pero no podía hacer más que esperar que no le dijesen nada a Harry ni hicieran algo drástico."
Sirius Black.
