No sé exactamente de qué forma puedo explicar lo que sucedió a continuación sin sonar incoherente. Como se suele decir, la verdad supera a la ficción, y yo soy el testimonio vivo de aquello.
Quizás sea mejor empezar con la dura realidad:
Tom no está muerto.
Aquella noche soñé, y más que el sueño de playas y homicidios misteriosos en trenes de principio de siglo que siempre me esperaban, me encontré en una habitación familiar, con una persona muy familiar esperándome.
La habitación era mi cuarto en la casa de Godric's Hollow, y la persona era Tom, quien lucía igual que siempre, excepto por los dos brillantes ojos escarlatas que me miraban con diversión.
- Esto es un sueño producido por mi tristeza por tu muerte – dije inmediatamente. Es digno mencionar que lo primero que me indicó que aquél no era simplemente un sueño, más allá de extraño motif y del extraño personaje, era que estaba completamente consciente de mis acciones. Yo no tengo sueños lúcidos. Boom, sospechoso.
- ¿Tristeza por mi muerte? Harry, eres todo un poeta – dijo Tom en su manera tan malignamente afectada, y sentí la nostalgia golpearme. Todavía pensaba que aquello era producto de mi imaginación, aunque no estaba tan seguro, y me dolía pensar que jamás iba a disfrutar de lo deliciosa e innecesariamente malévolo que era-. Aunque el hecho de que tu mente me asocie a mí con tu habitación… mmh, Harry, parece que la pubertad te ha afectado más de lo que tu piensas.
Me sentí indignado de que pudiese pensar que yo… tuviese algún tipo de intención hacia él más que golpearlo salvajemente de vez en cuando por cualquier excusa, pero provocarme era su especialidad y después de tanto tiempo era simplemente un insulto a mi inteligencia en caer en aquellas trampas.
- No soy necrófilo, Tom.
Ante mi respuesta dejó escapar una risa profunda, y se me acercó, mirándome fijamente con aquellos ojos que ahora brillaban con el color de la sangre.
- Entonces te alegrarás al saber que no estoy muerto… aunque esa es una noción estúpida considerando que sabes bien que Voldemort está vivo; y me gustaría creer que no te has olvidado que él y yo somos la misma persona.
Asentí, echándome sobre mi cama.
- En esencia sí; pero en personalidad… incluso en el aura que los rodea, son distintos. Sería como comparar el gusto de un vino añejado por un año con uno de la misma cosecha veinte años después.
Tom me miró con una media sonrisa, y se sentó en un sillón, frente a mí.
- Tienes un gusto pésimo en literatura – dijo, mirando asqueado mi colección de títulos policiales-. Novelas aburridas, amarillistas, y muggles.
- Tom, - dije riéndome- no me digas que has vuelto desde la tumba para criticar mi gusto en libros, ¿verdad? Porque se me está yendo todo el respeto que te tenía.
Su actitud perdió todo lo juguetona que había simulado hasta el momento, y mi cuerpo se tensó en preparación de lo que estaba por venir. Imaginado o no, sé que mi mente jamás olvidaría que el verdadero Tom estaba lejos de ser un rufián con el cual se podía discutir alegremente. La sonrisa salvaje y el brillo enloquecido de sus ojos escarlata revelaron el monstruo que sabía que estaba enfrente mío, y admito que fue con no poco regocijo que me preparé para sus palabras. Estábamos los dos acostumbrados al juego, y fue aquél el segundo indicio de que aquello era más que un sueño. El juego continuaba.
- Aunque vagamente entiendes la idea tras la creación de mi diario –comenzó-, nunca llegaste a entender verdaderamente qué era. Como ya te he dicho, soy inmortal. Voldemort es inmortal. Ese diario era precisamente parte de mi plan para conquistar a la muerte.
Vagamente noté el orgullo y el triunfo en sus palabras, y supe que aquella era probablemente la primera vez que le contaba a alguien de sus proezas. Todo genio necesita una audiencia, y Tom no era la excepción. Estaba disfrutando poder develar su secreto, pues creía que era una clara muestra de su superioridad intelectual.
- El diario era lo que se conoce como un horrocrux, lo cual es un objeto en el cual se guarda una porción del alma de un mago – no pude suprimir el suspiro que me escapó. ¿Separar el alma en partes? Estaba tan horrorizado como fascinado-. Tras años de buscar una forma de superar la muerte, encontré en un viejo tratado de necromancia una breve mención del ritual que era necesario para crear uno. En la antigüedad, los necromantes se veían obligados a separar su alma en partes para poder mantenerlas atadas al plano material, ya que el contacto con la muerte a menudo se los podía llevar antes de tiempo. Por supuesto que el ritual era imperfecto ya que los horrocruxes se descomponían en poco tiempo.
- Verás, Harry, no es tan sencillo separar el alma, pues las partes siempre van a buscar estar juntas. Al encerrarlas en un objeto, la magia de aquella porción va desintegrando poco a poco el contenedor hasta que la porción queda libre para buscar al resto del alma. Pero yo perfeccioné el ritual, y lo hice permanente.
Se reclinó sobre su asiento, y su sonrisa se volvió un tanto más natural, como si se acordara de cosas muy placenteras.
- Me di cuenta que para hacer el corte más profundo, necesitaba una gran cantidad de energía… como la que genera una maldición asesina bien ejecutada. La magia residual, si la lograba canalizar a mi cuerpo, podía ser capaz de quebrar mi alma de manera casi irreversible.
No pude evitar mi asombro ante el ingenio de Tom. Era algo complicado, y extremadamente riesgoso. El tipo de energía que me dejó inconsciente dos semanas, siendo canalizado directamente al centro del cuerpo, podía llegar a provocar la muerte, o un shock mágico que lo dejaría como poco más que un squib.
- Eso es… francamente asombroso. Que pudieras hacerlo, sin matarte o drenar tu magia… - de pronto en mi mente relampagueó una rápida deducción-. Oh – exclamé, de pronto entendiendo un poco más las circunstancias que habían llevado a la creación del diario-. Aprovechaste la muerte de los Riddle para hacer el horrocrux.
Su expresión se transformó en una de triunfo, y asintió, complacido.
- Bien, Harry – dijo, casi saboreando mi deducción-. Es bueno saber que la maldición asesina no afectó en nada tus capacidades mentales.
Asentí, sin darle importancia a su comentario. La curiosidad me invadía.
- ¿Y el objeto?
- Ah, inventé unos hechizos para darles la robustez que necesitaban para no desintegrarse. En realidad tenía pensado usar otros objetos, un tanto más poderosos, como horrocruxes, pero usé este diario para probar si mis hechizos funcionaban. Fue un experimento más que nada.
Me mantuve en silencio un momento, procesando todo lo que Tom me había dicho. Me acosté sobre la cama, mirando el techo alto de mi habitación distraídamente. La maldición asesina, mi supervivencia, el diario que tenía contra el pecho en aquél instante… el horrocrux que ahora entendía había recibido el impacto completo de la maldición y me había salvado la vida.
Y en consecuencia…
- El final del cuento es que ahora yo soy tu horrocrux, ¿verdad?
Tom comenzó riéndose ligeramente, hasta que poco a poco su risa se disolvió en un mar de carcajadas agudas, completas con la malicia que esperaría de él.
- Te lo dije, Harry, que no te librarías tán fácilmente de mí – su voz perdió el tono socarrón para volverse un suave susurro-. Pero tengo que admitir que todo esto se ha resuelto de la manera más inesperada posible.
Sentí el comienzo de una profunda frustración adueñarse de mí. Impotencia ante los hechos, indignación ante la injusticia que el destino me inflingía, la más marcada desesperación. Durante el último año no había querido nada más que deshacerme de cualquier conexión que me unía a Voldemort, y ahora, pese a todos mis esfuerzos, estaba vinculado a él de la manera más íntima posible.
Dentro de mí reside una porción de su alma.
En lo que supongo fue un golpe de inspiración empática de su parte, Tom notó que mi humor había empeorado, y se levantó de su asiento para sentarse junto a mí.
- Vamos, Harry, no es tan terrible – dijo, y aunque su voz para alguien más hubiese sonado reconfortante, yo sabía que en realidad estaba disfrutando de mi desdicha-. Ya te había advertido que no había forma de escapar de mí, y que inevitablemente tarde o temprano terminarías sirviendo a Voldemort, ¿y qué mejor circunstancia que protegiendo una parte de su alma?
Si las miradas pudieran matar, sabía que Voldemort debería empezar a extrañar parte de su alma, pero me abstuve de darle la satisfacción de una respuesta. En cambio, dirigí mi mirada al techo, y me pregunté si había alguna forma de despertarme.
- Podríamos seguir las lecciones de magia sin varita sin tener que preocuparnos por ser interrumpidos –dijo despreocupadamente, pero sabía que estaba tratando de ganarme para que no fuera a primeras horas de la mañana a Dumbledore para que me sacara a este engendro de encima, que era precisamente lo que pensaba hacer.
Supongo que alguna idea tenía de mis pensamientos, ya que su actitud se volvió agresiva en un instante, y se echó sobre mí.
- Tus pensamientos te traicionan, Harry – dijo, casi gruñendo-. No te olvides que nuestra situación no es la misma que la de antes, y ahora tengo recursos a mi disposición que no tenía antes.
No dejé que sus palabras me intimidaran, aunque por dentro las implicaciones de su alma residiendo en mi cuerpo comenzaban a preocuparme. ¿Podría poseerme? Merlín sabe el desastre que causaría en tal caso.
- Quédate tranquilo que conozco bien tu amor por la exageración, y del buen uso que le das cuando te conviene. No me olvido de que este sigue siendo mi cuerpo, Tom, y que ha sido mío mucho más tiempo del que tu lo has conocido.
Mis palabras y mi tranquilidad encendieron algo en él, y sus ojos se entrecerraron. A aquella distancia de su mirada, me pregunté si Tom se habría dado cuenta de lo expresivos que eran sus ojos en comparación con su contraparte adulta.
- Me das asco cuando hablas como Dumbledore – procuré guardar aquella información para más adelante, y me reí con ganas de la expresión en su rostro.
-Creo que acabo de decidir que voy a hacer cuando termine el colegio.
Una sonrisa traviesa se adueñó de sus labios, y de pronto me dí cuenta de lo bien parecido que podía ser Tom cuando se lo atrapaba en aquellos momentos de juvenil arrebato.
- No hagas muchos planes – susurró, y capturó mis labios entre los suyos.
Me gustaría hacer pasar esta ocasión como las anteriores, como el producto de aquella bizarra enemistad que nos unía, pero no le hago favores a nadie cuando entre nos admito que aquél fue un simple beso causado por las mismas inocentes (relativamente hablando, por supuesto) razones que mueven a todo el mundo a hacerlo.
Había algo diferente, algo que hablaba de goce en aquél gesto más que la frustración que nos había movido anteriormente. Creo que en su mente, en su delirio posesivo, festejaba el hecho de que finalmente me estaba viendo obligado a formar parte de la troupè de Voldemort. Y yo le respondía, no por algún deseo inherente de complacerlo o porque me encontraba feliz por las mismas razones. Quería distraerlo lo suficiente como para que no intentara nada antes de despertarme y poder ir a Dumbledore para que me sacase a Tom de encima.
¿Debería preocuparme el contacto cercano que tengo con un miembro del mismo sexo? Varias veces lo he considerado, pero no puedo, simplemente me es imposible considerar que Tom –Voldemort- es lo suficientemente humano como para ser considerado miembro de cualquier género. Sé que no soy gay, o al menos hasta ahora jamás me he podido masturbar pensando en un hombre (nuevamente, entre nos, hice el intento en un ataque de duda luego de besar a Tom, pero sin éxito), por lo que estoy feliz con simplemente catalogar cualquier interacción física entre nosotros dos como el resultado de nuestra bizarra relación.
Pensé que, al igual que las veces anteriores, aquél contacto sería suficiente para que me largase de aquél mundo virtual en el que ambos hablábamos, pero se ve que en vista de lo ocurrido recientemente, Tom pretendía ir más allá.
Sus atenciones se desviaron de mis labios hacia mi cuello, y sentí el enorme deseo de quitármelo de encima y bañarme en aguarrás. Semejante contacto, hasta entonces impensado, es demasiado para mí. Traté de sacármelo de encima tomándolo de los hombros, pero Tom seguía siendo un tanto más alto y más corpulento que yo, por lo que mis esfuerzos encontraron más resistencia que la que podía quebrar. Entonces comencé a desesperar, y cerré mis manos alrededor de su cuello, lo que sirvió para parar sus atenciones. Pero su rostro se deformó en una mueca lasciva, y puso sus manos alrededor de las mías.
- ¡Más fuerte, Harry! – exclamó, su voz ronca-. Usa tus habilidades.
No supe qué juego estaba jugando, y lo miré con desconfianza, pero sin aflojar mi agarre. Su sonrisa se acentuó, su aura invadió la habitación, y con consternación noté que parecía más potente que la última vez. Aquella pesada neblina me envolvió, y se me hizo difícil respirar. Confundido y algo histérico, me concentré en la magia que parecía emanar la piel de su cuello. Por un instante sentí como si su magia y la mía vibraran en unísono, pero rápida como apareció, la sensación volvió a esfumarse. Sentí que Tom temblaba, y traté de disipar un poco su magia con mi Toque cuando de repente escuché un fuerte gemido.
Su aura desapareció, y sentí sus manos cerrándose sobre las mías. Las separó de su cuello, y entonces noté su rostro ruborizado y los profundos jadeos que largaba. Yo mismo me ruboricé, en parte por lo que había hecho, y en parte por lo estúpido que me sentía al no darme cuenta de lo que estaba sucediendo. La epifanía trajo consigo el disgusto y la vergüenza, y me tiré hacia atrás, separándome lo más posible de él.
- ¡Tú…! – dije, indignado, y al ver su rostro de repente me di cuenta de que tenía mi espalda contra la pared, y ambos estábamos sobre la cama, y Tom estaba volviendo a posicionarse encima mío.
La mirada en sus ojos rubíes era simplemente escandalosa.
- Déjame sacarme la duda, Harry – dijo en una voz ronca, grave, que me produjo un cosquilleo extraño-. Un adolescente como tú, debes tocarte todas las noches – se sentó sobre mis piernas, y puso sus manos a ambos lados de mi cabeza. Mi cuerpo no me respondía, y me sentía hechizado por la situación-. Seguramente comienzas pensando en alguna de tus compañeras, completamente expuesta frente a ti y pidiendote, no… rogándote que se la des como la puta barata que es.
Mi cuerpo reaccionó ante sus palabras, y no pude evitar pensar en lo cierto que estaba, e inevitablemente aquello me llevo a pensar en Cho, y en lo mucho que su bonita figura me había calentado más de una vez.
- Ahora, Harry – dijo, consciente del efecto que sus palabras me provocaban-, dime, ¿cuántas veces la cara bonita de tu amiga especial se convirtió en la mía? ¿Cuántas veces terminaste con mi cuerpo en tu mente, deseando que de mis labios saliera tu nombre?
Sus palabras destruyeron inmediatamente mi deseo, y de mis labios salía la negativa cuando sentí el toque fantasmal de su mano sobre mi entrepierna, sensible todavía ante las imágenes de mis recuerdos. No pude evitar que aquél 'no' se convirtiera en un gemido, y mi cuerpo instintivamente buscó más de aquél bendito contacto.
Escuché un silbido que sospechosamente sonó como un "¡si!", y su mano buscó mis partes más privadas otra vez. Pero aunque no niego que la sensación fuese placentera, estaba bastante lejos de desear que que su mano fuese la que acabara con aquella ligera tortura, por lo que aproveché su distracción para sacármelo de encima con un empujón.
Ahora ligeramente encandilado y jadeando, me tomé un momento para recuperar mi voz antes de pararme sobre él.
- Quizás no te hayas enterado, Riddle, pero te lo voy a dejar bien claro. A mi me gustan las mujeres, y cualquier contacto que haya permitido entre nosotros dos es… es producto de cualquier cosa extraña que hace que ninguno de los dos haya borrado de la existencia al otro al día de hoy – Tom se incorporó rápidamente y me miró con una expresión furiosa-. Usa tu tiempo en algo más productivo. Me da asco pensar que el parásito que ocupa mi cuerpo también quiere ocupar mi cama… por más imaginaria que sea.
- Vas a lamentar eso – dijo, en una voz baja y que prometía venganza. Sus ojos escarlatas parecían disolverse en un mar de deseo y fría cólera. Supongo que, con su apariencia y su encanto, en sus épocas de estudiante Tom habrá tenido su reputación de casanova, y en su inacabable narcisismo se le haría inconcebible que alguien lo rechazara.
No puedo decir que realmente me preocupara aquella venganza, ya que al ritmo al que parecía ir mi vida seguramente debería posponerla para atender algo más urgente. Y cuando llegase el momento de efectuarla, bueno, no soy precisamente una princesa necesitada, así que estoy seguro que me las arreglaría para defenderme.
- Ay, tu orgullo – dije sarcásticamente. Su boca se deformó en una mueca, y sentí que el mundo a mi alrededor desaparecía. Desperté la mañana siguiente en la enfermería, seguro que mi ofensa había hecho que Tom me mandase a los brazos de Morfeo.
He decidido pasar toda la noche en vela. Hoy desperté con las felices noticias de que era un maldito horrocrux, y me pasé toda la tarde tratando de sentir algo. Lo más que pude lograr fue sorprenderme ante mi propia pasividad. No puedo creer en lo que hablé con Tom, ni siquiera puedo tratar de imaginar que todo aquello fue un loco sueño provocado por la maldición asesina. Hay algo dentro de mí que simplemente lo sabe, que confirma la verdad. Pero aún así no hay sentimiento de angustia, de derrota; solo siento un vacío, y no me es para nada cómodo saberme tan apático.
Mis padres pasaron conmigo unas horas a la mañana, y por suerte pude distraerme con ellos. Luego Sirius volvió a visitarme, y por la tarde pude ver a Hermione y a Neville unos momentos antes de que Madam Pomfrey los echara. Pero ahora estoy solo de nuevo con mis pensamientos, y no siento el más mínimo deseo de dormir. De ver a Tom.
Quizás finalmente alguien escuchó mis lamentos, porque el solo hecho de pensar en lo que sucedió ayer, tan cerca de volverlo a experienciar si sucumbiese en los brazos de Morfeo ahora, es suficiente para ponerme la piel de gallina. Siento el conocido escozor en mis ojos, y mis lágrimas empiezan a caer… y es furia. Es impotencia. Porque si fuera más grande, más sabio, más inteligente, esto no hubiera pasado y maldita sea el hijo de puta de tom que me ha dejado en esta situación y encima él lo disfruta, lo sé, espera que le sonría y le siga el juego como si sintiera alguna especie de afecto verdadero por él, pero la verdad es que lo odio y lo que más quiero en la vida es poder borrarle a golpes la cara, y luego abrir su cuerpo en dos para tomar sus entrañas y dibujar un puto dedo del medio con ellas porque merlín lo único que hizo fue meterme en toda esta mierda y pretender que sabía lo que hacía, y ahora estamos los dos metidos en esto y
oh dios mio… voldemort. al final del laberinto esta él, y seguramente me va a hacer mierda porque destruí su horrocrux y oh mierda mierda mierda, qué va a pensar que pasó cuando sobreviví la maldición asesina? necesito decirle a sirius, pero no puede saber realmente qué sucede o voldemort lo va a matar, demonios, ¿qué se supone que debo hacer?
Dumbledore.
Necesito hablar con Dumbledore.
tengo que pensar claramente.
Razones por las que me conviene hablar con Dumbledore y no hablar de esto con Sirius:
Dumbledore no me puede meter preso por poseer un artefacto oscuro. Luego de lo que mis padres pasaron, y sobre todo, la fama que gané en estos días, no es conveniente. Además, sé que si se lo explico racionalmente, va a poder entender mis razones. Y probablemente entienda que mis padres van a asegurarse de que reciba el castigo más ejemplar que toda Inglaterra ha visto en mil años.
Dumbledore, aunque es afamado por sus estudios en las artes 'blancas', debe tener algún conocimiento de las artes oscuras. O al menos conocer a algún experto que pueda ayudarme a sacar el alma de Tom. (Contra: los hechizos que usó Tom son únicos, y probablemente solo él los conoce, por lo tanto solo él conoce todos los efectos y contraindicaciones).
Dumbledore tiene los contactos suficientes para proveer protección para mí y para mi familia. (Contra: la calidad de esta protección no es 100% fiable).
GRAN CONTRA: Voldemort va a pensar que destruí su horrocrux, lo cual lo deja a Sirius en una posición muy vulnerable.
no sé si esto cuenta, pero tiene túnicas amarillo patito con estrellas violetas. imposible no confiar en un hombre que posee tal vestuario. (contra: le gustan los caramelos de limón).
Razones por las que me conviene hablar con Sirius y no decirle nada a Dumbledore:
Sirius es la única persona que puede contactarse con Voldemort, quien debe ser la única persona en el mundo interesada en extraer parte de su alma de un adolescente de quince años con una tendencia decididamente preocupante a meterse en problemas. Sin mencionar su conocimiento del tema, etc. (Contra: quizá Voldemort decida que es más fácil matar a Sirius y luego de sacarme a Tom, matarme a mí también para que nadie sepa el secreto de su inmortalidad).
Sirius no me va a patear el trasero como lo harían mis padres de saber en la que estoy metido.
Quizás Sirius sepa alguna forma alternativa de sacarme de encima a Tom sin contactar a Voldemort ni a Dumbledore.
De cualquier forma estoy extremadamente en pelotas. Aunque he estado pensando (la vigilia se me ha hecho más corta al menos) en una alternativa. Sé que tengo que ser cuidadoso, pues estaría jugando con fuego con las dos manos, pero de la otra forma sé que al menos a alguien voy a dejar muy mal parado (léase: muerto).
Mi idea es contactar directamente a Voldemort y decirle lo que sucedió con su Horrocrux. Esto me servirá para comprarle tiempo a Sirius, lo suficiente como para convencerlo de mudarse a alguna isla en el medio de la nada. O al menos lo suficiente como para conseguirle protección. Al mismo tiempo le confesaría todo a Dumbledore, en quién confío lo suficiente como para esperar que encuentre alguna forma de extraer a Tom sin matarme en el proceso. Porque estoy muy seguro, y de ello me voy convenciendo cada vez más, que Voldemort no se va a conformar con mis habilidades como para permitir que siga vivo, o lo que es peor, va a obligarme a servirle. Y eso simplemente no lo puedo permitir.
Lo que si es seguro, es que no existe una solución que me permita salir de esta sin que exista algún tipo de exilio implicado. Mi vida está completamente arruinada. Ahora recuerdo los rostros de Hermione y Neville, y me siento como si estuviera a millas de ellos, a pesar de que dormimos en el mismo castillo. No tienen en su mente más que las preocupaciones escolares, y yo estoy aquí, un horrocrux humano, una abominación y un milagro al mismo tiempo; y en donde ellos ven un futuro con una familia o con una universidad yo veo, con mucha esperanza, una vida anónima en alguna isla perdida en el caribe. Quizás en una cabaña de la Patagonia.
Tengo miedo, miedo porque no sé si esto es lo mejor, miedo por que no quiero que nadie salga herido y no sé si lo podré evitar, angustia porque el unico idiota que tendría que estar implicado en esto soy yo, pero en cambio estoy arrastrando conmigo a mi familia. Y quizás lo que más me destruye de todo esto es que soy el único (además de Tom) consciente de la gran mierda en la que estoy metido. No quiero ser un esclavo. No quiero morir. No quiero que nadie muera. Dios, estoy llorando. No creo que merezca esto. ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí?
Ya han pasado dos horas… creo que ya deben de ser las tres de la mañana, y estoy cabeceando. No sé cuánto más pueda aguantar… y encima siento la presencia de Tom como un zumbido en lo profundo de mi mente, esperando a que caiga rendido ante el sueño para poder atacar…
Sorpresivamente, dormí sin ningún problema. Tom no hizo acto de presencia, por lo que estoy inmensamente agradecido (a pesar de que sé que es por alguna razón nefasta por la que debería preocuparme, pero realmente estoy muy bien descansado como para hacerlo). Lo que me despabiló un poco de esta morroña matutina, sin embargo, fue hallar el diario de Tom en la mesita de luz, cuando lo había dejado en uno de los cajones. ¿Tendrá algo que ver con…
(N.A.: en el manuscrito original sigue un rayón, producto de lo que suponemos un sobresalto. Unos renglones más abajo, el relato continúa en una letra un poco más agitada).
Dumbledore -¡oh, la ironía!- me sorprendió mientras escribía. Casi como si se hubiese materializado de la nada, con unos pocos pasos se anunció junto a mi cama, provocando que diera un pequeño salto. A decir verdad esperaba algún tipo de reunión, pero contaba con que fuera en su oficina y una vez que hubiera terminado mi estadía en la enfermería.
- Buenos días, Harry, disculpa que te interrumpa – me saludó jovialmente mientras cerraba mi diario con practicada suavidad-. Tenía la impresión de que había pasado de moda el llevar un diario íntimo; aunque debo confesar que lo último que supe de modas entre los estudiantes se remonta a los días en los que tu padre asistía al colegio, cuando se pusieron de moda unas lagartijas voladoras chinas que imitaban la voz humana…
Distraídamente me hice un recordatorio mental para preguntarle a mi padre dónde podría conseguir una.
- No es un diario – mentí con una pequeña sonrisa -, no exactamente, claro. Es un cuaderno donde escribo mis ideas para historias, o esbozos de cuentos. Cosas como esas, sabe.
- Ah, cierto, gajes del oficio – sus ojos me sonrieron detrás de los anteojos en forma de media luna que siempre llevaba, y me sorprendió el contraste que existía entre la amabilidad en ellos con la crueldad que habitaba los escarlata de Tom. Traté de no mirarlo largamente, consciente de su proficiencia en la Legeremancia-. Tengo que felicitarte, Harry, realmente tienes un don para la escritura. Hacía tiempo que no leía algo tan interesante. "El sueño de un hombre se transforma en la realidad de muchos cuando la voluntad de uno se multiplica en el pueblo" – sentí el rubor en mis mejillas, y desvié la mirada, consciente de sus ojos penetrantes, fijos en mi rostro-. Muy cierto. También es muy cierta la triste realidad de quien se deja llevar por los sueños de otros, a falta de ambición propia.
Aquél comentario me llamó la atención.
- Gracias, profesor, es usted muy amable – le dije-. Pero no podría existir una sociedad en la que todos impongan su voluntad, ¿no cree? Hay alguna mediación. No todos ven sus ambiciones cumplidas, y se resignan a adoptar las de otro. De la misma forma, los que ven sus ambiciones llevadas a buen puerto las ven en parte cumplidas nada más, porque nadie puede imponer su voluntad de forma absoluta-. En una voz más baja, agregué:- no sin transformar todo en una dictadura.
- Veo que has meditado largamente sobre el asunto – dijo Dumbledore en una voz cálida, pero supe que había alguna insinuación detrás de ello-. Lo que me lleva a ser directo, Harry, pues yo también he estado pensando en ello, aunque indirectamente. Después de todo, uno de mis alumnos escribe un cuento corto acerca de un hombre con muchas ambiciones, un alumno que ha manifestado un interés por la figura de Tom Riddle, y aunque en sí la relación no es para nada preocupante, debo confesar que empieza a perturbarme en cuanto descubro que este alumno posee un objeto del mismo Riddle.
- No te quiero acusar de nada, Harry – siguió, en una voz suave, y supe que estaba siendo honesto-. Pero tengo suficiente conocimiento de Tom como para entender el tipo de persona que es, y qué es lo que se puede esperar de él. Me intriga que en ese diario no haya encontrado más magia que en una lapicera muggle, y esta ausencia, considerando el antiguo dueño, me perturba. Quiero que seas honesto conmigo, Harry, pues no tengo más que tus intereses en mente. ¿Estuvo alguna vez encantado este objeto?
Mi primera reacción fue decirle que sí, seguido de un gran monólogo en el que expondría mi alma y mis penurias ante sus pies, tras lo cual pensaríamos en alguna forma de protegerme a mí y a mi familia. Pero noté casi tán rápidamente como surgió aquél impulso las pequeñas vibraciones de su magia, vibraciones que se resolvían en un patrón muy familiar, y que reconocía como un hechizo de sugestión. Estaba tratando de que le dijera la verdad, usando alguna compulsión para ayudar a mi confesión. Nunca estuve tan agradecido por mi don que en aquél momento, pues me dio tiempo para detener aquél deseo artificial y suicida y considerar mis opciones. Que tampoco eran muchas, y se reducían a a) contarle todo o b) no contarle nada.
Por un momento, e independientemente de cualquier intento de su parte por manipularme, pensé en confesarle todo. Quería creer que aquello solucionaría mis problemas, o que al menos, me los sacaría de las manos para ponerlos en los de otra persona. Pero me hacía sentir algo inmaduro el pensar así… y estaba tan acostumbrado a decidir por mí mismo, que no podía soportar el perder el control sobre mi destino, por más seguro y (relativamente) tranquilo que eso me hiciera sentir.
Quizás podría expandir un poco más mis sentimientos sobre el tema, pero es que a continuación sucedió algo inexplicable que no dejó lugar a más introspección (no que fuera el momento adecuado, tampoco).
Perdí el conocimiento. Mis memorias del encuentro con Dumbledore terminan allí. Lo siguiente que logro recordar es hallarme nuevamente en mi habitación, aquella que Tom había creado en mi mente. Estaba acostado en la cama, y al "despertarme" me incorporé de golpe. Tardé unos segundos en darme cuenta del bache en mi mente, pero cualquier pregunta que pude haber tenido murió en mis labios en cuanto vi el rostro furioso de Tom. Él estaba del otro lado de la habitación, que ahora notaba estaba totalmente destruida.
- S-si esta fuera mi verdadera habitación, estarías en problemas – dije, algo atontado aún por aquella pérdida de conocimiento. Sentía como si mi cerebro trabajara más lento, y por ello me sentía vulnerable ante Tom.
Me dirigió una mirada fría, y dio unos pasos hacia mí. Noté que su magia parecía haberse comprimido dentro de él, y con cierto horror noté lo fuerte que era.
- Si no fuera porque compartimos el mismo cuerpo, ya te hubiera hecho torturado lo suficiente como para hacerte olvidar tu nombre – dijo, y en mi estupidez sentí algo de ira que hablara de nuestra situación como si fuese algo voluntario. "Compartiera", ¡ja! Más bien, "habitara como un parásito".
- Puedo escuchar cada pensamiento que pasa por esa ignorante cabecita tuya, Harry – me dijo en un tono agudo -. ¿Pensaste que ibas a poder traicionarme? ¿Contarle todo a Dumbledore?
Dejó escapar una risa fría, y se me heló la sangre. Sentía que la niebla que cubría mi mente se disipaba en un instante, y de pronto entendía realmente que había perdido el conocimiento en el medio de una charla con Dumbledore, y que no sabía qué había pasado después. No sabía si Tom había hecho algo.
- ¿Q-qué hiciste? – le pregunté, sin poder evitar que mi voz temblara. Me odié por mostrarme tan débil, algo que Tom no dejó de notar. Algo en su mirada me dijo que estaba disfrutando mi miedo (no que no lo esperara).
- Ah, ¿te gustaría saber, Harry? – su actitud cambió rápidamente de aquella fría ira a algo más peligroso. Se acercó un poco más a mí, y con un poco de pánico intenté pararme, no queriendo encontrarme en la misma situación que la última vez. Sin embargo, mis rodillas me fallaron, y caí al piso.
- ¡Demonios! ¡¿Qué me hiciste, Tom?! – grité, tratando de incorporarme de nuevo.
Tom dejó escapar una risa aguda y me pateó en el costado. Caí pesadamente, dejando escapar un grito de dolor. Su pie conectándose con mi cuerpo me pareció un millar de agujas penetrando mi carne, y comprendí que aquella reacción no era normal. Tom volvió a patearme, esta vez en la cara, y sentí el sabor metálico de la sangre deslizarse entre el agudo dolor que me invadía.
Apenas sentí sus dedos tirar de mi cabello, acercando mi rostro al suyo.
- Te queda bien el papel de víctima, Harry. Me pregunto hasta dónde puedo llegar antes de que me empieces a rogar por tu vida.
Las palabras penetraron el dolor y la confusión, y fueron directo hacia mi orgullo. Le escupí en la cara, lo que fue suficiente como para que lanzara un rugido y me soltara. Comenzó a patearme otra vez, esta vez en el estómago y en los riñones.
En el delirio de mi dolor comprendí que no había daño alguno, y abrí mis ojos, cubiertos en lágrimas, que concentré en su rostro. Levanté ligeramente una de mis manos, pero Tom adivinó lo que estaba por hacer, y cruelmente la pisoteó. Aullé del dolor, e instintivamente me llevé la mano al pecho.
- No, tus dones serán útiles pero no vas a salir de esto hasta que yo te lo permita.
Sin darme tiempo para que me recupere, me tomó del cuello, y con una fuerza que quiero creer se remite solamente al plano mental en el que estábamos, me tiró sobre los restos del sillón que había ocupado la última vez.
- Quiero que esto te sirva de lección, Harry – empezó, mientras yo trataba de calmarme y de controlar mi respiración -. Tú me obligas a ponerme así. Tú y tu estúpida ilusión de que tu destino no es servirme. Escuché cada pensamiento traicionero que pasó por tu mente, y esperé. Sabía que Dumbledore estaba al tanto del diario, y sabía que no tardaría en visitarte. Y quise darte una oportunidad, para que no digas que no soy un hombre generoso.
- Pero lo echaste a perder, por culpa de tu estúpido orgullo, y tuve que hacerme cargo de la situación antes de que arruinaras todo.
- ¿M-me pos-seíste? – farfullé con dificultad, aún tratando de recobrar mis fuerzas.
Tom sonrió como si no acabara de torturarme, y junto sus manos detrás de la espalda.
- Obviamente. Dumbledore no sospechó nada. Piensa que el diario fue un proyecto fallido de Voldemort que tuviste la desgracia de encontrar.
Conté hasta tres, y me concentré en la magia que me rodeaba, tanto la de él como la mía. Es una suposición mía que todo lo que sucede en ese plano mental (heridas, sensaciones, etc) no es más que la sensación que produce una cierta intención aplicada a través de la magia. Es decir, que en ese momento esta sufriendo porque Tom había aplicado su magia en mí con esa intencionalidad, y porque en parte yo me había sugestionado para recibirla. Por eso en ese momento eliminé mi dolor usando lo que me rodeaba, aplicando las intenciones contrarias. No es algo que funcione en el mundo físico, pero prácticamente todo es posible en aquél plano mental. No hace falta tener mis habilidades para hacer este tipo de cosas, o al menos eso es lo que yo pienso.
Me incorporé, completamente consciente y ya sin dolor, y con una ira que crecía a cada minuto.
- Dejemos algo en claro – dije en una voz más grave de lo normal-. Primero, "traicionar" no es una palabra que puedas aplicar en este contexto porque nunca te juré lealtad, y de hecho, creo que ambos estamos muy conscientes de que siempre he hecho todo lo posible para deshacerme de ti. Segundo, no sé cuántas veces necesitas que te lo diga, pero prefiero morir antes de convertirme en uno de esos tarados que te rodean. Y tercero… - me abalancé sobre él, y lo golpeé con fuerza en la mandíbula. Tom logró tomar mi muñeca, y ambos caímos al suelo.
Inmediatamente alcé mi puño libre para golpearlo, pero un golpe al estómago me dejó sin aire, y Tom me tiró a un lado, cambiando nuestras posiciones. Antes de que pudiera hacer nada, me pegó un buen puñetazo en la cara, y sus manos se cerraron alrededor de mi cuello.
- Escucha Harry – me dijo en un gruñido peligroso-, como insistes en ser tan obtuso te lo dejaré bien claro: desde el día que escribiste tú primera palabra en mi horrocrux, tu vida me perteneció. Podría haberte poseído, podría haberte chupado hasta la última gota de tu fuerza vital, podría haber generado con tu muerte un cuerpo para mí. Pero no me convenía ni a mí ni a Voldemort, así que esperé. Fui extremadamente generoso contigo, Harry. Te permití vivir. ¿Quieres que te lo deletree? Me perteneces. Y por lo tanto, aunque tanto te duela, tu lealtad es hacia mí, y no me gusta que me traicionen, Harry.
Puse mis manos sobre las suyas, y empecé a tironear de su magia. Sus ojos se abrieron de par en par; sorprendidos, algo temerosos. Mientras continuaba mi ataque, su cuerpo comenzó a temblar, y sentí que en mi rostro nacía una sonrisa impregnada con todo el sadismo que sentía en aquél momento.
- No, Tom – le dije, sin cambiar el tono grave que había usado anteriormente-. No te pertenezco, no te debo nada, mi lealtad no es hacia ti, ¡y no pienso seguir aguantando esta mierda nunca más!
Sentí el deseo de encerrarlo en una caja; de tomar toda su esencia y cubrirla de mil cadenas, dejándola atrapada en lo más profundo de mi mente. Y no sé cómo lo hice, o cómo sucedió, pero su magia se desvaneció, y su figura desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Pensé por un instante que me había librado de él, definitivamente, pero sentía sus gritos y sus aullidos de furia haciendo eco en alguna parte de mi mente. Casi instintivamente comprendí que había logrado encerrarlo dentro de mi consciencia.
¿Es esto lo que llaman oclumancia? Definitivamente se siente bien.
