Cuando volví a despertarme, estaba de nuevo en la enfermería. Me sentía extraño, más ligero. Como si hubiese llevado hasta ahora un gran peso entre los hombros, y lo hubieran acabado de levantar. Era el vacío en mi mente, la falta de la presencia de Tom. No pude evitar el suspiro aliviado que surgió de entre mis labios. Me dejé hundir entre las sábanas, enfrentando ahora un nuevo problema: Tom sabía de mis intenciones de hablar con Dumbledore al respecto del horrocrux. Si pretendía seguir con mi plan, tendría que rogar al destino para que Voldemort no se comunicara con esa pieza de su alma. Tom le contaría todo, y yo definitivamente estaría en problemas. Ahora, podría descartar esa parte del plan, e ir directamente por Dumbledore, pero eso seguía dejando a Sirius afuera de todo, y no tenía ni la más mínima duda de que en cuanto mi padrino se presentara ante Voldemort sin el diario, la pasaría mal. Por otra parte podía descartar la (posible) ayuda de Dumbledore, y en cuanto Tom le contara de mis intrigas a Voldemort, trataría de razonar con él que después de que parte de su alma se enterase de mi plan no sería lo suficientemente estúpido como llevarlo a cabo. Lo cual no excluye la posible tortura que me pueda llegar a ocasionar, pero dudo a este punto que exista alguna mejor opción.
Volví a suspirar, esta vez un poco más apesadumbrado. Quise regocijarme un poco más en mi miseria, pero en ese momento mis padres aparecieron por la puerta de la enfermería, y el gesto en sus rostros me sacó rápidamente de mi ensimismamiento.
- Harry - mi madre dijo con voz ahogada, besándome en la frente antes de sentarse junto a mí-, hijo, Albus nos ha dicho del diario.
Parte de mí sintió que algo pesado y abrasivo se deslizaba por mi garganta, y otra parte se regocijó silenciosamente por el hecho de que el acto de Tom no había resultado tan convincente.
- Él cree que es posible que hayas sufrido alguna compulsión o algún tipo de maldición – mi padre habló con gesto grave, y el entrecejo fruncido. No puedo evitar sentir la más profunda de las culpas cuando recuerdo sus rostros preocupados, especialmente porque la verdad es aún mucho peor -, y aunque nos extraña que no haya algún residuo mágico en el diario, no descartamos el hecho de que quizás fue alguno de los hechizos de Umbridge lo que lo libró de cualquier encantamiento que haya podido tener.
- Ese día lo tenías contigo, ¿recuerdas?
Cómo no poder hacerlo, si fue lo que me salvó la vida.
- Sí, si… - murmuré, estudiando sus rostros. Sabía que no había forma alguna de que deducieran la verdad, pero aún así me preocupaban sus intenciones. Aunque tengo que admitir que en parte realmente quería que descubrieran todo, aún consciente del peligro que correrían.
- Albus cree que lo mejor es asegurarnos de que no te haya afectado, - siguió mi padre-. Merlín sabe qué demonios pudo… ese… haber metido entre sus páginas. Por eso necesito que vengas con nosotros a su oficina, voy a hacerte el examen completo que hacemos en el departamento para ver si tienes algo encima.
Tanto mi preocupación como esa ansia secreta por ver este secreto asqueroso al descubierto aumentaron su intensidad. Sentía que el corazón me palpitaba estruendosamente, y me pregunté si mis padres podrían oírlo.
- Vamos, - dije, con una sonrisa extraña, y mi madre me alcanzó un cambio de ropas para que me cambiara la túnica de la enfermería.
No tardamos mucho en llegar a la oficina de Dumbledore, mi madre apretando fuertemente mi mano, y mi padre llevándome del hombro. Su cariño me conmovía, y sentía que en cualquier momento me pondría a llorar. Suena cursi, quizás, pero estaba tan consciente del riesgo que corría que aquellos pequeños gestos se me hacían enormes.
Dumbledore nos recibió con su usual gesto paternal y unos caramelos de limón (mi madre tomó uno), y nos hizo un gesto para que lo acompañáramos al centro de la oficina, donde se notaba que había hecho espacio.
- ¿Tienes todo lo necesario, James? –preguntó, y mi padre en respuesta sacudió su varita con una pequeña sonrisa. Dumbledore se echó a reír, y noté curiosamente que aquello provocó que su fénix mascota lanzara unos melodiosos cantitos-. Es cierto, a veces olvido que ya no es mandatario usar runas para estas cosas.
- Ahí tienes veinte años de sueldos de Inefables – contestó mi padre, guiándome hacia el centro de la habitación-. Es muy sencillo, y no deberías sentir nada – me dijo suavemente-, si es que sientes algún tipo de dolor es precisamente porque tienes algo que necesitamos sacar. Primero voy a hacer el chequeo, y luego tu madre va a hacer el ritual típico de purificación. Es casi seguro que si tienes algún tipo de maldición, esto va a ser suficiente para deshacernos de ella.
Asentí, y sin más ceremonia comenzó a recitar una lista larga de encantamientos. Fue casi como un espectáculo de fuegos artificiales ante mis ojos, y la boca se me llenó de mil sabores, y la nariz de mil olores. Traté de protegerme lo más que pude ante aquél ataque a mis sentidos, pero la magia me rodeaba. El procedimiento se me hizo interminable, casi un suplicio. Cuando terminó, estaba temblando, y sentía que estaba a punto de desmayarme.
- ¡Harry! – mi madre notó el estado en el que estaba y conjuró una silla, en la que me sentó suavemente-. ¿Encontraste algo, James?
Mi padre negó con la cabeza, ojeándome curiosamente. Me decepcionó un poco, pero ya lo había esperado. El tipo de magia que implica ser un horrocrux no es el tipo de magia que pueda detectar un procedimiento standard. O al menos, no si no sabías lo que estabas buscando.
- Tan sólo algo de residuo, que debe de ser de la maldición asesina. ¿Quieres hacer el ritual igual?
Mi madre me miró críticamente; era el tipo de mirada que tienen las madres cuando creen que sus hijos están lastimados.
- ¿Te sientes bien, Harry? Esto no tendría que haberte afectado así.
- Eh sí, me siento bien… algo mareado igual, pero bien.
Noté que mi padre seguía mirándome con la misma curiosidad que antes, y que no era el único. Dumbledore también parecía estar estudiándome cuidadosamente.
De pronto me dí cuenta que nunca les había dicho de mis habilidades como sensor. Se me había hecho tan natural, y por tanto tiempo había pensado que todos podían hacerlo, que casi no pensaba en ello. También, con un poco de tristeza noto que es un triste testamento a lo separados que hemos estado estos últimos años.
- Ah, mamá, papá… tengo algo que confesarles – les dije, y noté que inmediatamente tensaron su postura-. No sé por qué no se los dije antes, pero lo descubrí este año recién… y la verdad es que tenía la cabeza en otras cosas y por eso puede ser que me haya olvidado.
- ¡Lily, te lo dije! – exclamó mi padre, sorprendiéndonos tanto a mí como al resto de los ocupantes de la habitación. Incluso el fénix emitió un suave pitido en protesta. Miré a mi padre como si le hubieran salido dos cabezas-. No hay problema hijo, es totalmente natural y no tiene nada de malo que te gusten los hombres… aunque admito que me decepciona el hecho de que jamás voy a ser abuelo.
Fue tan cómico el gesto que hice que mi padre paró de hablar, y mi madre estalló en carcajadas. Dumbledore, la única presencia en la habitación que parecía haber mantenido la compostura, tosió disimuladamente como para recordarnos a todos de que él todavía estaba allí, y dijo:
- Creo que no era eso lo que Harry les quería decir.
- Si, erhm, gracias profesor – le dije, ruborizándome un poco-. Lo que quería decir es que… soy un sensor.
La revelación tomó a los tres adultos completamente por sorpresa. Ahora tengo el placer de poder decir que he visto a Dumbledore fuéra de su órbita, por ponerlo de alguna forma, ya que en aquél momento podría haber anunciado que venía de Marte y probablemente hubiera tenido el mismo efecto en el viejo director. Mis padres no podían salir de su asombro.
- Pero, Harry… ¿es cierto lo que dices? - mamá fue la primera en hablar-. ¿Estás absolutamente seguro?
- Nunca ha habido un sensor en la historia de la familia, que yo sepa – había duda en el rostro de mi padre.
- Rompo tradiciones, al parecer – dije con una media sonrisa.
El pequeño intercambio de palabras logró sacar a Dumbledore de aquél estupor en el cual el asombro lo había metido, y se acercó unos pasos hacia mí, su semblante inusualmente grave. Sentí que mi estómago se retorcía, aunque no podría dilucidar la razón.
- Harry, discúlpame si peco de desconfiado, pero es que es extremadamente raro encontrar a un sensor tan joven… Esta habilidad tuya, ¿es innata, presumo?
Asentí con la cabeza.
- Al principio, de más chico, solía sentirlo nada más. No podía ver or sentir exactamente la magia a mi alrededor, pero sabía que estaba allí y percibía su intención, es decir si era para proteger, para dañar, esas cosas. Después empecé a verlo, pero apenas. Es como sentir un cabello sobre la piel – al principio no lo ves, pero sabes que está allí. El verano pasado se hizo más fuerte, y podía ver la magia como humo a mi alrededor, si era suficientemente fuerte, o si me esforzaba lo necesario. Para mí todo esto era normal, yo hasta ese momento pensaba que todo el mundo podía hacerlo. Y de casualidad se lo mencioné a Sirius, y él me dijo que era un Sensor. A partir de ese momento fue como si mis sentidos se amplificaran, y ya no me tengo que esforzar para ver o Sensar la magia a mi alrededor, pero si es demasiado intensa me cuesta bloquearla.
- Harry, ¿por qué no nos dijiste? – no se me escapó el tono herido en la voz de mi mamá, ni la mirada decepcionada de mi padre. Sabía que se iban a sentir mal porque se los había ocultado, aunque en realidad no había sido intencional.
- Eh, a decir verdad entre todo lo que pasó en el año y cómo estaban las cosas con el ministerio, me olvidé. Ya se me había hecho tan normal para entonces que seguramente pensé que ya les había dicho algo… perdón – dije, con una mano en la cabeza, y algo avergonzado.
Mis padres obviamente querían seguir con el tema, pero Dumbledore nos interrumpió antes de que nos pusiéramos a examinar los demonios que afectaron a la familia este año.
- Ah, lo que es ser joven… puedo simpatizar contigo Harry, pues a tu edad yo también era bastante descuidado en lo que se refiere a ciertas cosas – sus ojos se perdieron un momento, y supe que nuestra escena le había traído recuerdos de su juventud. Me di cuenta de repente que de su pasado no sabía prácticamente nada, y que su vida más allá de lo académico era totalmente desconocida para el público en general. Su voz me sacó de mis pensamientos:- pero bueno, me temo que es la curiosidad lo que me mueve a tener que pedirte un pequeño favor, Harry, si eres tan amable.
- Seguro.
- Leí una vez que los sensores tienen la capacidad como para manipular directamente la magia, sin necesidad de una varita. Esto es, poder 'tocarla', aunque esto no es más que un modelado rudimentario. ¿Has hecho esto alguna vez?
Asentí, algo divertido ante la idea de que Tom Riddle, uno de los grandes Némesis de este hombre, había pedido ver aquél mismo experimento anteriormente.
- Sí, una vez cuando era pequeño. Mamá pensó que fue un arranque de magia accidental. Y luego un par de veces hace no mucho, para ver si podía hacerlo.
- ¿Te importaría si…?
Entendí al instante lo que quería, y extendí una mano, concentrándome en la brillante aura que rodeaba a Dumbledore. No me costó sentir la suave textura de su magia deslizarse a través de mis manos como agua, fría y ligera al tacto. Tuve que tener cuidado para no tomar de ella más que lo necesario. Estaba ansioso por ver la reacción de Dumbledore, que como se podrán imaginar, posee una mayor sensibilidad a los cambios mágicos que el mago promedio.
Y no decepcionó. Ante los ojos de mis padres, no hubo de su parte más que un estremecimiento; su cuerpo reaccionó como si una corriente de aire frío le hubiera pegado justo de frente. Para mí, en cambio, hubo algo más. Su magia reaccionó ante la invasión al instante, aquella energía que fluía como agua explotó en un millar de cristales turquesas. Pequeños puercoespines danzaban alrededor de mí, y las puntas afiladas de aquellas pelotitas de luz me querían hacer daño. La magia de Dumbledore me rechazaba. Me acordé de Tom, y su expresión placentera al realizar este pequeño experimento, y sentí una pequeña satisfacción al saber que tenía razón en cuanto al origen de aquél placer. Su magia era en parte mía, y aquello evitaba que se sintiera atacada ante mi toque.
- Interesante – dijo Dumledore, y por el tono de su voz entendí que, por más ligero que hice mi toque, había resultado ser una experiencia de lo más desagradable para él.
- Me imaginé que haría eso – una media sonrisa adornaba mi boca-. Supongo que es una especie de invasión directa a su magia… no tiene la delicadeza de un hechizo.
Noté que mi madre tenía la pregunta en la garganta, y como persona curiosa que era, se moría por preguntar qué había pasado. No me hice esperar.
- Al principio, director, su magia parecía agua. Muy brillante, y fluía por toda la habitación como si estuviera en perfecta armonía. En cuanto la toqué, se volvió una masa de cristales… ¿alguna vez vió un copo de nieve ampliado, en alguna revista muggle? Fue algo así, solo que parecía tener púas en vez de terminaciones, y me pinchaban. Supongo que es un tipo de defensa subconsciente, o algo…
Dumbledore asintió, pasándose una mano por la barbilla. Sus ojos azules se perdieron en algún pensamiento. Me pregunté cuándo me podría ir. Estaba cansado.
- Harry – habló de repente mi padre, sorprendiéndonos a todos con su tono serio. Su rostro parecía haber envejecido de repente, y noté que la leve inclinación de su cabeza le daba un aire siniestro-, ¿le has dicho a alguno de tus amigos de tu… don?
Sentí como mi rostro copiaba exactamente su expresión, deformándose en la misma mueca seria que me resultaba tan ajena en mis facciones. Por dentro me estaba muriendo de la risa, pues entendía que mi padre estaba preocupado por mi seguridad. Lo gracioso del asunto era que precisamente la única persona afuera de mi familia que lo sabía era el hombre más peligroso del mundo, tanto en su encarnación pasada como en su encarnación presente.
- No – dije, de alguna forma sin reírme-, no me he juntado con ellos tanto este año.
- Es importante, hijo –empezó-, que entiendas que esta habilidad tuya tiene que permanecer secreta. Los sensores son magos muy, muy escasos y con habilidades muy, pero muy útiles. Ya sabes de lo que hemos estado hablando, por lo que te imaginarás que este no es el momento de ponerse en una situación en la que alguien pueda prestarte más atención de lo debido.
- Sirius sabe – dije, mi mirada fija en su rostro. Quería ver cuál era la relación entre ambos, quería saber exactamente cuánto se habían distanciado últimamente, y lo ví. Un espasmo rápido como un relámpago en su rostro me dijo todo lo que necesitaba saber. Mi padre estaba dolido que Sirius lo supiera antes que él, pero al mismo tiempo sospechaba de sus lealtades. Puso una mano en mi hombro, y noté lo tensionado que estaba.
- Que quede entre nosotros, Harry. Se lo diremos a Sophie cuando vuelva, pero afuera de este círculo, nadie más puede saber. Es por tu propio bien, ¿sabes?
Asentí. Hizo una pausa, y supe por su rostro que lo que estaba por decir no iba a ser de mi agrado.
- Mira, hijo, sé que esto te va a caer mal. Pero espera a que termine de hablar antes de explotar, ¿puedes? – Era difícil rebelarse ante la mirada que me dirigió-. Sé que es tu padrino, pero en los últimos tiempos Sirius se ha comportado de forma extraña. Tu… eres un poco chico para apreciar todo lo que hay para apreciar en el comportamiento humano, y por más que no eres ningún tonto a veces me pregunto si te has dejado llevar por la imagen que tienes de él de cuando eras chico – mi ceño se frunció al instante, y mi padre me detuvo antes de que pudiera interrumpirlo dándome un suave apretón en el hombro-. Lo que quiero decir es, quizás Sirius no sea la persona que piensas que es, y quizás tenga algo más que ver con el Innombrable de lo que te imaginas.
Estaba sorprendido. Sabía que mi padre debía tener alguna idea de las afiliaciones políticas de Sirius (no era ningún Fudge después de todo) pero que lo exclamara tan abiertamente… me escandalizó un poco, y me hice una nota mental para acordarme de mencionarle a Sirius que tuviera un poco más de cuidado alrededor de mi padre. Es extraño que me ponga entre los dos de esta forma, y a decir verdad me siento un poco como un doble agente, lo cual me hace sentir muy culpable… pero no puedo hacer nada más. No quiero verlos a ambos enfrentados, no quiero que algo tan estúpido como una idea política termine por separar parte de mi familia, pero a veces me desespera sentir que eso es precisamente lo que nos depara el futuro.
Y quiero que esto quede claro, tanto para mí, como para cualquier pobre alma que lea toda esta sarta de incoherencias; no quiero ni considero que estoy tomando partido por nadie. No es que sienta animosidad por mi padre y por eso recurro a una figura paterna alterna; mis sentimientos hacia ambos difieren mucho entre sí. Mi padre es mi padre, con todo lo bueno y con todo lo malo, y por más de que ha tenido sus errores, sé que en su corazón no hay nada más que un profundo deseo de vernos a mí y a mi madre felices. Sirius, por otra parte, es mi padrino, mi guía, y mi compinche. Con él puedo hablar de lo que no puedo con mis padres, y siento que él ha estado conmigo cuando mis padres no han podido hacerlo. Y lo que más me gustaría es ver a mi familia llevándose bien, o al menos haciendo lo mejor para convivir (como Sophie y mi padre).
En aquél momento, las palabras de mi padre me hicieron reaccionar desfavorablemente, y esto era por una simple razón: abajo se venían mis esperanzas de verlos sin intrigas entre ellos, sin desconfianza. Como en los viejos tiempos. Mi padre era tan talentoso como testarudo, y sabía que nada que le dijera le haría cambiar de parecer, lo cual se traducía en una convicción plena de las motivaciones de Sirius no eran del todo inocentes. Lo cual yo sabía que era verdad, pero no hasta el punto que mi padre insinuaba. Me desesperó darme cuenta de que jamás volveríamos a ser la familia feliz de alguna vez.
-Si estás insinuando que Sirius me vendería al Innombrable por mis habilidades – dije, tratando de calmarme, a pesar de que mi voz se quebraba a causa de la ira que sentía-, entonces deberías examinar todo lo que sabes de él. No sabes nada. Entiendo que te sientas preocupado por esto, y hasta cierto punto comparto tu paranoia, pero esto es ya demasiado. ¡Y ridículo! ¿O acaso no crees que de estar ligado al Innombrable, Sirius me hubiese llevado con él durante el verano que pase lejos de ustedes?
Sentí que mi padre quería discutir, y me preparé para escuchar la perorata que venía preparando, pero mi madre lo detuvo a tiempo.
- Creo que ambos ya han dicho lo suficiente por ahora. Lo seguiremos después.
Le dirigí una mirada de agradecimiento, pues sinceramente no tenía ganas de armar un escándalo enfrente del director de mi escuela. Hablar acerca de Sirius, ya tendríamos tiempo para ello.
- Me parece que lo mejor ahora sería tomar asiento, - habló Dumbledore, sentándose detrás de su escritorio y haciendo un gesto para que siguiéramos su ejemplo. Mis padres y yo no tardamos en acomodarnos. Agradecí el leve descanso que me prometía aquella mullida silla-. Me parece importante hacer hincapié en la importancia de mantener tu don secreto, Harry. Sé que entiendes por qué. Todos aquí estamos conscientes de la amenaza que representa Voldemort ahora que, permitiéndome hablar francamente, ha vuelto al país. Si alguien llega a informarle de tus habilidades – mi padre se movió en su asiento y de reojo pude observar la intensidad con la que miraba a Dumbledore-, no me cabe la menor duda de que hará todo lo posible para que estés bajo su influencia.
Dumbledore apoyó los codos sobre la mesa, sus manos arrugadas y blancas entrelazadas delante de su nariz aguileña.
- De joven, Tom hizo todo lo que pudo para conseguir las más diversas habilidades que puedas imaginarte. Naturalmente, en algún momento de su adolescencia se obsesionó con la idea de entrenarse como sensor, pero jamás pudo lograrlo. Sé que existen personas, particularmente inefables, que han podido adquirir la habilidad, pero normalmente debe existir algún tipo de predisposición. Creo no equivocarme al asumir que debes estar al tanto que el ya fallecido Orion Black compartía tus dones, Harry, aunque él no tuvo la suerte de nacer con ellos – asentí, y noté que mi padre se tensaba al lado mío. Creo que él no sabía acerca de las habilidades del padre de Sirius-. Los Black tienen algunos Sensores natos en su genealogía. La familia de la cual desciende Tom, en cambio, no.
- Y si hay alguna razón por la que te digo esto, que incluso puede llegar a parecer obvio, es que tienen que entender que Tom es, antes que nada, un ser extremadamente envidioso y codicioso. Lo que no tiene, lo quiere, y lo que no puede conseguir, o lo destruye o lo asimila de alguna forma. Es un secreto a voces que Orion Black era uno de sus fieles seguidores, y temo que con su muerte, va a buscar alguna forma de llegar a ti.
Asentí, ya al tanto, en parte, de lo que Dumbledore decía. Intuía, hasta cierto punto, de que las obsesiones de Tom nacían de su personalidad psicópata, y de la constante necesidad que sentía por llenar el espacio que su incapacidad para sentir emociones había dejado. En su mente, a falta de la distracción y el placer que provocan las relaciones humanas, existía una tendencia a suplir su mente con emociones más básicas asociadas a lo material. Creo, y esto no es más que una opinión, que todo surge de nuestro deseo de no aburrirnos. La gente normal trata de distraerse y de divertirse jugando el juego que supone la interacción con sus pares, mientras que los psicópatas como Tom se ven jugando ese juego de manera superficial, ya que no poseen la habilidad de sentir emociones más profundas. Y entonces la ambición y el hambre por saciar esa necesidad de distracción los lleva a buscar satisfacer sus necesidades más básicas. Es algo terrible, pero a veces siento que luego de lidiar tanto con Tom, he llegado a la conclusión de que su aparentemente compleja personalidad se reduce al pensamiento simplista que puede llegar a tener una bestia. Si quiero, poseo, si no puedo poseer, destruyo.
Y en ese juego me había metido yo sin querer. Ahora sabía que Tom quería tener la habilidad de sensar, pero la única forma que tenía de adquirirla era adquiriéndome a mí; lo cual no era noticias de última hora ni nada parecido, pero me hacía entenderlo un poco mejor.
Y con esto en mente me agarró pánico ante la idea de verlo victorioso en sus intentos; nuevamente me pareció tentadora la idea de confesarles todo a mis padres y a Dumbledore. Pero aún estaba preocupado por Sirius. Tenía la sensación de que si llegaba a contarles todo lo que había pasado mis padres terminarían por aislarlo, sin mencionar que mi padre lo mandaría directo a Azkaban. Sirius tiene muchos 'amigos', pero sé que existen dos o tres personas en el mundo en las que realmente confía, y no quiero traicionarlo de esa forma solamente para salvar mi asustado pellejo. De alguna forma yo me había enredado en todo esto, y tenía que sacarme por mi cuenta.
Dumbledore siguió con sus advertencias:
- Deben mantener el diario en secreto – dijo, poniendo una mano sobre el ahora inocuo cuaderno-, no hablen de esto con nadie. Sé que te tienta abrir una investigación al respecto, James, pero aún dentro de tu departamento puede haber orejas desconocidas, y lo mejor es no llamar la atención de Tom de ninguna forma.
Mi padre asintió gravemente. Sabía que le disgustaba el consejo de Dumbledore, pero todos allí entendíamos que era lo más prudente a seguir.
- Y para estar seguros, sería conveniente que hagan chequeos periódicos, para saber si hay algún tipo de efecto secundario que aún no se haya manifestado – Dumbledore dirigió la mirada a mi madre, quien asintió-. Merlín sabe lo que Tom quiso hacer con ese diario, pero estoy seguro que no es nada bueno. Mejor prevenir que lamentar, ¿no es verdad?
Estaba totalmente de acuerdo con mi director, pero me temía que aquél era consejo que caía en oídos sordos... era inútil prevenir ahora que ya me había mandado la cagada.
H: Estaba durmiendo, Sirius, ¿qué pasa?
S: Lo siento, Harry, pero no sabía si estabas con tus padres o qué. ¿Puedes poner algún hechizo de privacidad?
H: Déjame ver… ¡Muffliato!
S: ¿Dónde aprendiste ese hechizo?
H: Sophie me lo enseñó cuando éramos niños.
S: Ah, ya veo… No tengo mucho tiempo, así que iré al grano. Él ha estado presionándome para que arregle un encuentro entre los dos. Está usando como excusa el diario, pero sé que con esto del ataque de Umbridge y tu don va a intentar proponerte algo.
H: ¿Qué le dijiste?
S: Prometí que iba a hablar contigo, pero sé que no quieres tener nada que ver con él. Tenemos que encontrar una forma de que me puedas mandar el diario de alguna forma, y yo inventaré algo para explicar por qué no puedes verlo. Él sabe, después de todo, que James sospecha de mí.
H: Acerca de eso… trata de mantener un perfil bajo, Sirius. No quiero meterme entre los dos, pero tampoco quiero verte en Azkaban. Ten cuidado.
S: No te preocupes, Harry.
H: Y por lo del diario… creo que será mejor que se lo entregue en persona. Seamos realistas, Sirius, si no lo hago se las agarrará contigo. Y tampoco quiero escaparme de él como si fuera el lobo malo y yo caperucita roja. No le temo. Y quiero que sepa eso.
S: No seas obtuso, no sabes…
H: Matarme no me va a poder matar, y usar a mi padre como escudo va a durar un tiempo nada más. Es mejor si me acostumbro a decirle que no desde temprano.
S: ¿Estás completamente seguro, Harry?
H: Sí. Dile que pasaré una semana en tu casa durante las vacaciones, y que podremos encontrarnos allí.
Hace tiempo que no escribo… es raro que yo diga esto, pero he estado ocupado tratando de mantenerme al día con mis clases, y luego los exámenes, y luego el fin del año escolar. Ha sido un tiempo hético, principalmente porque además de barajar mi vida como cualquier estudiante normal, he ganado fama por haber sobrevivido una maldición asesina, por ser el poster-boy del fin de un gobierno particularmente corrupto.
Esto me ha divertido tanto como me ha frustrado. He recibido todo tipo de correspondencia en los últimos tiempos, desde panfletos políticos, entrevistas con tal o cual periodista hasta pedido por parte de especialistas de universidades de renombre para poder estudiarme, con la intención de averiguar qué había provocado el milagro. Por supuesto que si supieran la verdadera razón, y de cómo hay algo aún más interesante detrás de la cicatriz con forma de rayo que tan famoso me ha hecho últimamente, estoy seguro que habría más reacciones horrorizadas que fascinación por parte del público. No que eso me represente algún problema, pues el ataque de Umbridge me ha generado un gran número de detractores también. Hay quienes dicen que usé las artes oscuras para salvar mi vida – paranoicos que formulan sus propias teorías conspirativas. Hay quienes dicen que nada de eso sucedió y que en realidad todo fue una movida política para que la facción de familias sangre pura a la que pertenece mi padre recuperara el poder que habían perdido sobre el gobierno. Hay quienes dicen, a raíz de las recientes noticias de la vuelta de Voldemort al país, que es un signo de que los dioses me han elegido para ser quien finalmente acabe con él. Y con ellos también están los que creen que soy su discípulo, y que esto es una parte más del gran plan que tiene para llegar a dominar las islas británicas.
No hace falta aclarar que hay de todo bajo el sol, particularmente cuando se trata de ideas.
Toda esta atención también afecto la vida escolar aquí en Hogwarts. Como era de esperarse, no tardaron en aparecer las 'groupies', quienes aseguran estar perdidamente enamoradas de mí, o los oportunistas que querían sacarse una foto conmigo o tener mi autógrafo. También llegué a escuchar toda sarta de estupideces – a muchos les gustaba contar anécdotas en las que estaba involucrado que jamás habían pasado.
Trate de ignorar todo esto lo más que pude, pero no soy de piedra y hubo momentos en los que tanta atención me frustraba. Especialmente porque parecía haber un gran vacío que separaba lo que la gente sabía de lo que yo sabía; y la verdad pesaba duramente sobre mis hombros cuando escuchaba los grititos de todas las chicas que me prestaban atención porque ahora era famoso.
Si supieran… me repetía constantemente. Nadie de ellos comprendía la magnitud de todo lo que había pasado. De que ahora era un horrocrux humano, de que llevaba una parte de Voldemort conmigo a cualquier lado al que fuera, de que en el verano iba a hablar con el mismo hombre que en la mente de todos era el hombre de la bolsa más grande y más terrible, la pesadilla que dejaba sin sueño a una nación entera. Nadie entendía, nadie sabía y eso me volvía loco.
Pero las pequeñas cosas me consolaban. Aquél pequeño acto de oclumencia accidental había sido suficiente para evitar que Tom me invadiera en mis sueños, o peor aún, en mi día a día. Por supuesto que había investigado lo que podía investigar respecto al tema, para poder reforzar la magia que lo mantenía a raya. Me daba un poco de miedo pensar que el dique que lo contenía se rompiera en cualquier momento, pero el tiempo pasó y Tom no hizo acto de presencia, lo cual me ayudó a calmarme.
Ahora que el año escolar ha finalizado, parte de la gran tormenta de publicidad y atención ha disminuido. Hace no más de treinta minutos que llegué de King's Cross, y verme sentado en mi habitación, de vuelta entre mis libros y mis cosas, me hace sentirme contento. Me siento seguro. Optimista, incluso. Ahora echo una mirada a mis alrededores y me doy cuenta de lo poco realista que era la copia virtual que Tom construyó en mi mente. Allí no existía esta sensación de paz, el olor de los libros, el polvo sobre los muebles, el ligero olor a la comida de mi madre…
Aunque es extraño sentarme aquí, entre la normalidad de la rutina familiar. Mi habitación no ha cambiado casi nada desde mi primer año. Aquí pase tanto tiempo jugando, escribiendo o leyendo, y en mi futuro me veía como un escritor, un detective, un aventurero. Junto con el polvo que se junta en los rincones creo ver las memorias de aquellos años inocentes, y no puedo evitar sentirme como un extraño en una tierra desconocida. Ya no soy esa persona, ya no tengo esa inocencia. A veces pienso en los personajes de mis libros, y cómo sus infortunios o sus aventuras parecen dominar completamente sus vidas, y no puedo evitar el rechazo que me produce aquella visión tan simplificada de la vida. A mi modo, yo también había, y estoy, pasando por intrigas dignas de un libro de Agatha Christie. Pero mientras Poirot parecía hacer poco más que embeberse de sus casos al punto de que su vida no era más que una excusa para resolver la trama, yo me encuentro con que mis intrigas solo consumen parte de mi tiempo, y cuando no estoy resolviendo esta trama, tengo que lidiar con la escuela, mis amigos, mis padres. Y me encuentro en momentos dispares como este. Sé que en una semana y media volveré a enfretarme con mis problemas, y aunque todo debería parecer dramático, el mundo desdibujándose en una romántica reinterpretación, la verdad es que todo es igual que antes. Mi madre cocina el almuerzo, la brisa veraniega agita las cortinas que cuelgan de la ventana, y yo estoy sentado sobre mi cama, descalzo, con un cuaderno en mi regazo. Probablemente iré a recibir a mi hermana por la tarde, y luego comeremos en familia. Una rutina como la de cualquier año, pero este año yo soy un horrocrux, descubrí que soy un sensor, y puede que Lord Voldemort me mate en menos de dos semanas.
Quizá lo más extraño de todo es lo mucho que me estoy dejando llevar por la corriente, como si esta disparidad ya fuera normal para mí.
N.A. – El siguiente fragmento es un borrador de una carta escrita al editor de El Profeta, fechada dos días después de la finalización del año escolar. Harry ya estaba en negociaciones con el motivo de la publicación de su segundo cuento corto.
Estimado Sr. Laurens,
Estoy de acuerdo en que la publicidad que ha rodeado mi nombre en los últimos tiempos podría llegar a ser beneficiosa si su periódico llegara a publicar mi cuento, pero si le soy absolutamente sincero usar mi propio nombre es algo que prefiero evitar si me es posible. Creo que ambos estaremos de acuerdo que el contexto actual resulta inapropiado para un cuento de tal naturaleza, dado a lo propenso que es el público a realizar análisis y reinterpretaciones innecesarias de cualquier material que provenga de la figura del momento. Si le parece absolutamente necesario evitar el uso de un seudónimo, entonces debo insistir que se atrase su publicación por lo menos dos meses.
Espero con ansias su respuesta,
Harry J. Potter
Sophie no se cansa de decirme lo delgado y alto que estoy.
- Tienes la piel igual que mi padre… ¡deberías salir un poco más! – me dice, arrastrándome afuera por las tardes para cazar gnomos o jugar una partida de quidditch. De pequeños apenas teníamos algún parecido entre nosotros, pues yo era una copia de mi padre y ella era una mezcla extraña entre el suyo y mamá. Pero ahora que yo estaba dando el estirón -¡por fin!- ambos parecíamos tener una estructura similar. Ella es delgada como un palo, y cuando salimos a nadar en el lago, nos reímos de lo pálidos y huesudos que somos.
Sophie tiene sus momentos. Suele levantarse de mal humor, y parece un inferi hasta el almuerzo. Cuando digiere un poco la comida, parece ganar una energía tremenda de repente, y me obliga a seguirla por todos los terrenos que rodean la casa, recolectando hierbas para pociones o jugando juegos de nuestra infancia. Pero, cuando cae la noche y el recuerdo de nuestra infancia despreocupada no puede distraerla, la veo taciturna. Algo nerviosa. Es increíble la dualidad entre la Sophie de la tarde y la Sophie de la noche.
Sé que tiene algo en su mente, y le he preguntado si hay algo de lo que quiera hablar. Sabe que hablar conmigo no es como hablar con mamá, o con su padre. Pero también temo que sea esa la razón por la que se guarde ciertas cosas.
No puedo hacer más que esperar, y asegurarle que estoy para ella.
- ¿Sophie no se queda más que una semana? – le pregunté a mi madre, extrañado.
- Sí, Severus me dijo que están trabajando en un proyecto para el ministerio alemán – me respondió mientras secaba los platos a la manera muggle, un hábito que mi padre jamás había logrado sacarle-. No puede darle más que una semana de vacaciones.
Suspiré, decepcionado, balanceando mis pies en el aire. Estaba sentado sobre la mesada de la cocina, el frío mármol refrescaba mis piernas. Hacía mucho calor ese día.
- Creo que debe ser eso lo que la tiene tan preocupada – murmuró mi madre, mirando por la ventana hacia el jardín, donde Sophie estaba recostada, tomando sol-. ¿Lo notaste?
- Sí. Le pregunté si le pasaba algo, o si quería hablar, pero no me quiso decir nada.
- A veces me parece que es demasiado como Severus – sonrió suavemente, guardando los platos con un toque de la varita-. Se guarda las cosas para ella misma, todo lo malo, porque no quiere que te preocupes.
- ¿No somos todos así?
Si creyera en algún dios, o en algunos dioses, definitivamente los felicitaría por el timing con el que ordenan las cosas. Hoy a la mañana Sophie se fue de vuelta a Alemania. Ayer por la tarde descubrí qué era lo que la tenía tan nerviosa.
- Vamos al lago, Harry – me dijo luego de que termináramos de almorzar. A veces mamá venía con nosotros, pero quería hacer unas compras de última hora para mi hermana esa tarde. Fui a cambiarme lo más rápido que pude, y salimos corriendo en dirección al lago que bordeaba la casa de verano de mi padre.
- ¿Piensas buscar esas algas que viste ayer? – le pregunté cuando llegamos, entre bocanadas de aire. Teníamos un buen trecho para recorrer antes de llegar, y Sophie insistía en hacerlo trotando. Probablemente era el único ejercicio, además de subir y bajar las interminables escaleras de Hogwarts, que hacía en el año.
- Sí, pero tienes que acompañarme. Cuatro ojos son mejores que dos.
Acepté, sin darle mucha vuelta al asunto, y dejé que realizara un encantamiento de casco burbuja sobre ambos. No íbamos a poder hablar entre nosotros, pero con gestos más o menos nos podíamos entender. Nos tiramos de cabeza al agua, como siempre hacíamos, y tras nadar un poco en la superficie, acostumbrándonos a la temperatura, comenzamos a descender. Lo bueno de lagos como éste era que no tenían el caudal ni la variedad de criaturas mágicas que tenía el que bordeaba Hogwarts, por lo que podíamos nadar tranquilos sin temer por la amenaza de algún Grindilow perdido, o Merlín no lo quiera, un calamar gigante. Sin embargo, mi hermana había descubierto que no muy lejos de la superficie, las rocas que adornaban el fondo del lago estaban cubiertas de unas densas algas, entre las cuales había retazos de una rara especie vegetal que Sophie usaba mucho en sus pociones.
Seguí los gestos de mi hermana hasta llegar a una formación de rocas que tenía una vaga semejanza con la cabeza de un perro, y a su orden comencé a buscar entre las pequeñas hojas que cubrían densamente la superficie de aquella tosca efigie. Lo bueno de aquella especie es que era reactiva a ciertos tipos de magia, por lo que le pedí a Sophie que hiciera un hechizo cerca de donde estaba yo. Los efectos de la reacción no eran visibles al ojo normal, pero yo podía ver cómo la arácnida red que formaba el encantamiento iba cambiando de colores en ciertos puntos, lo cual me daba la pauta de dónde estaba aquella planta.
Ahora, normalmente trato de bloquear mi sensibilidad a la magia, pues es fácil que te sobrecargue. Es como si estuviera junto a la tele y me tapara los oídos, y cuando quisiera escuchar lo que me están diciendo, me sacara las manos de la cabeza. Es difícil, pero si quiero sobrevivir en un ambiente tan saturado de magia como lo es Hogwarts, lo tengo que aprender. Y en parte lo puedo hacer. Por eso pequeñas cosas se me escapan ya, a menos que me esté concentrando. Es como antes, salvo que ahora lo puedo controlar.
Por eso, cuando me concentré en la magia del hechizo de Sophie, además de tomar una nota mental de los lugares donde estaban las plantas que ella quería, noté que había un leve vapor dando vueltas alrededor de su brazo. Me quedé duro por un momento, y me pareció tener un deja vu, pero era claro lo que estaba viendo. Un hechizo de glamour sobre su brazo izquierdo, concentrado en el interior.
Recogí algunas plantas, y me acerqué a ella con la excusa de colocarlas dentro de su bolso. En cuanto estuve lo suficientemente cerca, toque con mi mano ligeramente aquél hechizo, y aunque no quería removerlo, pude alterarlo lo suficiente como para ver por un segundo lo que ocultaba.
Ya lo había visto una vez.
Era la marca de Voldemort, la misma que adornaba la piel de Sirius.
Por supuesto que no dije nada hasta que estuvimos de vuelta en casa, por la noche. Le había dicho a mis padres que en algún momento pensaba decirle a Sophie de mis habilidades, por lo que les dirigí una mirada para que supieran que no debían interrumpirme. Subimos a mi habitación, y esperé a que estuvieramos cómodos antes de empezar a hablar.
- Mira, Sophie, hay algo que no sabes de mí – dije, pasándome una mano por el pelo-; no es que haya sido un secreto por mucho tiempo, pero es algo que recién descubrí este año que podía hacer. Cuando era chico podía notarlo apenas, era como una especie de humo que giraba alrededor de las personas. El verano pasado, con Sirius descubrimos que lo que podía ver era magia. Soy un sensor.
Sus ojos se agrandaron, y fue un segundo lo que tardó en procesar lo que dije antes de que instintivamente moviera su brazo izquierdo lo suficiente para tapar el lugar donde estaba la marca. Decidí que primero respondería sus preguntas antes de comenzar con las mías, por lo que me mantuve en silencio, hasta que habló.
- Wow, Harry, eso es increíble… He leído algo acerca de ellos pero tengo que admitir que no soy una experta.
- Quieres saber exactamente qué es lo que puedo hacer, ¿verdad? – asintió -. No es mucho, realmente. Puedo ver y tocar magia, a veces oler incluso… Sé que es como con los sentidos normales, hay sentidos que son más fuertes para algunas personas y para otros no. Y también puedo manipularla, apenas. Me cansa mucho, y no es tan efectivo si lo que quiero es producir un efecto a largo plazo.
- ¿Qué quieres decir?
- Por ejemplo, si es un hechizo o un encantamiento, o algún tipo de magia eh, aplicada digámosle, se me hace muy difícil manipularla – ví que sus hombros se relajaban un poco -, puedo hacer algo aquí y allá si el hechizo es sencillo, pero nada más. Y si es con la magia que rodea a una persona, bueno, puedo tocarla. No es algo placentero para el otro, y si es lo suficientemente débil, o si su magia se parece mucho a la mía, incluso puedo arrancar pedazos de ella… como si fuera una tela, sabes. Eso si los puede dejar inconscientes. Supongo que con las condiciones adecuadas podría llegar a matar a alguien de esa forma. No lo sé, pero como te imaginarás no experimenté mucho con eso.
- Ya veo – Sophie dijo, entrelazando sus manos sobre su falda-. Supongo que si mamá y James ya lo saben entonces esto te lo habrán dicho, pero trata de mantener esto en secreto.
- Si, ya se. Hasta Dumbledore me lo dijo.
- ¿Dumbledore?
- Tuve que hacer la gran confesión después de que papá me hiciera un examen en la oficina del director, para saber si había algún residuo de artes oscuras después de lo de Umbridge.
- Ah, pensé que eso lo hacía la enfermera.
- También, pero papá quería asegurarse.
Recibí un "mmh" distraído como respuesta, y pensé que aquél momento era tan bueno como cualquier otro para hablar de la marca que tenía en el brazo.
- Sophie, no pretendo hacerme el tonto respecto a esto – le dije, mirándola a los ojos. Noté que había fruncido los labios. El gesto nervioso estaba de vuelta-. Hoy a la tarde mientras estábamos en el lago noté que tienes un glamour sobre tu brazo izquierdo.
Noté que en su mirada existía la esperanza de que malinterpretara la situación, y ya veía que tenía sus excusas en la boca, por lo que me apresuré a decir:
- Y pude manipularlo lo suficiente para ver lo que escondía. ¿En qué te metiste, Sophie?
Se quedó tensa por un minuto, en silencio, y supe que detrás de sus ojos negros se estaban cocinando un millón de explicaciones. Finalmente dio un suspiro y se acercó a mí, sentándose a mi lado.
- Pensaba mentirte, pero sé que lo averiguarás tarde o temprano – me dijo en un susurro -. Lo único que te pido es que no hables de esto con nadie. Ahora sabrás por qué – puso una mano sobre la mía, y la apretó -. Confío en ti, Harry.
La miré a los ojos y asentí, incapaz de decirle la razón por la cual yo era precisamente una de las personas más idóneas para guardar su secreto. No me agradaba absolutamente para nada la idea de que fuera una seguidora de Voldemort, pero si algo la caracterizaba es que era extremadamente testaruda, y una vez que estaba segura de algo, no iba a cambiar su parecer al respecto. Esto de por sí no me impedía el ponerme firme y hacer de las mías para cambiar su opinión, pero también sabía que era una persona con mucho sentido común, y por eso sabía que debía tener una buena razón para meterse en una locura como esta.
Sin mencionar, por supuesto, que a estas alturas del partido, yo tampoco era quién para juzgar a nadie.
- Esta – sacó su varita de un bolsillo y realizó una pequeña floritura que dejó al descubierto la familiar calavera y la serpiente que se entrelazaba con ella- es la marca del Innombrable. Decidí unirme a su pequeña cruzada hace un año, y cuando llegué a Inglaterra me junté con él para hacerlo, ah, efectivo.
- Es decir que te marcó – dije, con desprecio. Por más de que confiaba en ella, no podía dejar de disgustarme el hecho de que se había dejado marcar como un cerdo.
- No es así, Harry – se puso a la defensiva al instante -. No es simplemente un tatuaje. Tiene ciertas funciones, me imagino que lo puedes ver – su voz socarrona me hizo poner los ojos en blanco, pero no quise empezar una discusión.
- ¿Me puedes decir qué demonios se te pasó por la cabeza cuando aceptaste meterte en este lío?
- Lo mismo que a cualquiera que lo sigue – su voz comenzó a sonar cada vez más agitada-. He visto su influencia. He visto cómo conduce un gobierno. Por más de que todos se estén haciendo los tontos, es un secreto a voces que Alemania tiene como ministro de la magia al Innombrable, no a herr Wagner. Y quiero lo mismo para Inglaterra. Quizás años de propaganda te han engañado, Harry, pero a mi la experiencia me ha demostrado que el Innombrable es capaz de llevar adelante un gobierno. Sin ofender, pero la facción en la que está envuelta James es un festival de corrupción, todos los días, todos los años. Fudge fue el resultado de años de mirar para otro lado, y aunque sé que tu padre no está envuelto en esa movida, hay muchos de sus amigos que sí se han dejado llevar por ese poder.
- ¿Y por eso te parece que apoyar a una guerrilla es lo más adecuado? – pregunté, tratando de mantener mi voz baja.
- ¿Acaso crees que hay otra forma? La democracia parlamentaria no existe en este país, Harry. Están haciendo lo que quieren.
- ¡Es mejor entonces adoptar una actitud paternalista, y decidir por el pueblo, entonces! Porque desde donde lo veo yo, no hay diferencia. Un sector de la sociedad, sean ellos o sea un grupo guerrillero, no tiene derecho a decidir por la mayoría.
- A menos que sean la mayoría – replicó, con una pequeña sonrisa. Alcé una ceja, mirándola escéptico.
- Avisame cuando suceda eso – le dije, reclinándome sobre la pared-. De todas formas hay algo más por lo que te uniste, algo que no me estás diciendo. Eres una Slytherin al final del día, algo en todo esto tiene que ser personal para ti.
- Eso, Harry – me dijo seriamente, y entendí que había cosas acerca de ella que jamás podría llegar a develar, aunque intentara e intentara -, es algo que me corresponde saber a mí y no a vos.
La miré sin decir nada. Sabía que por más de que como su hermano tenía todo el derecho a cuestionar lo que ella hiciese, no estaba en mi lugar decirle lo que tenía que hacer. En particular porque obviamente me faltaba entender todo el panorama, porque habían pasado cosas en Alemania que evidentemente no debía saber. Ella entendía que a mí no me agradaba en lo más mínimo que anduviese metida en esa guerrilla-culto que tenía Voldemort, pero ni ella podía decirme todo las razones por las que se había unido, ni yo las razones por las que era una pésima idea.
- Espero que esto no te mate – le dije, igual de serio que ella, y Sophie sonrió apenas, tomando una de mis manos.
- Yo también lo espero.
Estoy hecho un manojo de nervios. Mañana viene a buscarme Sirius.
Apenas puedo escribir. No sé que pensar, no sé cómo expresarme. Los últimos días he estado bloqueado, algo ausente. Sirius me ha acompañado, y sé que ha intentado distraerme, pero es difícil hacerlo cuando lo único en que puedo pensar es en cómo le voy a decir a Voldemort que tengo una pieza de su alma dentro mío.
Creo que voy a improvisar. Estoy cansado de especular, y especular. Que sea lo que los dioses quieran.
