Segunda Parte – El comienzo de la Segunda Revolución

I – Del verano del nuevo milenio cristiano

A continuación, a modo de poder ambientar al lector en los sucesos que rodearon a Harry en la época en la que comienza su sexto año en Hogwarts, se incluye una breve reseña histórica, acompañada por extractos de notas publicadas en los diarios del momento. Las ediciones se obtuvieron de colecciones privadas, y actualmente no se encuentran disponibles para la consulta del público; por lo que se desea agradecer a las fuentes anónimas, por medio de la presente, por la amabilidad brindada.

Si hubo una palabra que definió el comienzo del nuevo milenio entre la comunidad mágica de Inglaterra, esta debe de haber sido caos. El panorama político, luego de la renuncia de Fudge, estaba igual de tormentoso tanto para el Partido Popular como para el Partido Tradicionalista; pues si bien se le adjudicaba al primero haber instaurado al decepcionante político en su cargo, para el final de su carrera como ministro era bien sabido que las influencias del segundo movían sus hilos detrás de escenas. A falta de un tercer poder, el Wizengamot había sido reducido a una batalla constante entre ambos partidos.

Por otra parte, el pueblo inglés se encontraba igual de nervioso ante la situación inestable, ya que el desmantelamiento de gran parte del Ministerio a causa de denuncias de corrupción y mal desempeño de las funciones públicas había destruido la confianza pública en la institución que el gobierno representaba. A esto se sumaban las críticas de potencias extranjeras por el desequilibrio económico que aquella crisis política había causado, lo cual había significado una baja en las inversiones en la industria local. La falta de claridad en la conducción del país hacía que el fantasma de la recesión comenzara a tomar forma, y aquello estaba dejando a más de un inglés sin poder dormir.

Sumado a esto, Voldemort había vuelto a hacer acto de presencia frente al ojo público, y aunque hasta el momento no había habido confirmación oficial de su presencia en su país natal, no faltaban los comentarios y los rumores de que se lo había visto dándose una vuelta por tal o cual casa ancestral. Su presencia generó una extraña reacción en la comunidad. Los jóvenes que lo vieron fracasar en su intento de golpe de estado ya eran viejos, pero recordaban claramente el día del golpe, de haber temido su figura y el mito de su poder. Entre ellos había incertidumbre, pues no sabían cómo iban a poder batallar semejante figura cuando su gobierno parecía arder en llamas.

Por otra parte, había dos generaciones que lo conocían por palabra nada más, por alguna mención en algún libro de historia moderna o por los cuentos que sus familiares más grandes les relataban de aquella insólita noche. Ellos no conocían su verdadero poder, y en aquella inocencia se veían más fácilmente encantados por su figura. Entre ellos, Voldemort surgía como una alternativa seductora frente a los corrompidos partidos Popular y Tradicionalista que los habían decepcionado.

Quizás la carta que mejor jugó Voldemort fue la de sus alianzas. Al llegar al país, no se hizo publicitar ni estableció ningún vínculo particular con ninguna familia, lo que hizo especular a la gran mayoría de la población cuál serían sus planes para aquella pronosticada revancha que iba a armar. Si bien su figura estaba relacionada históricamente con el Partido Tradicionalista (un sentimiento del que ellos se aprovecharon para hacer pasar varias leyes en aquél verano), su agenda hasta el momento no era muy clara, y el país se vio sosteniendo su aliento colectivamente en espera de sus primeras acciones públicas.


El cuerpo de Arthur Porridge es hallado en Newcastle.

El jefe del departamento de Aurors, James Potter, ha dicho en un comunicado esta mañana que la causa de muerte habría sido un maleficio asesino. "No hay signos de ensañamiento con el cuerpo, ni hemos hallado indicios que nos permitan sugerir que el señor Porridge fuera torturado antes de su defunción," declaró, sin entrar en detalles acerca de los motivos del crimen. "Por ahora no descartamos nada," agregó, antes de dar a concluir la sesión de prensa.

Fuentes allegadas al departamento especulan que el motivo fue puramente político. "Es muy pronto como para afirmarlo, pero es sabido que Porridge tenía orden del departamento de inteligencia de seguir los movimientos del Innombrable en el extranjero. No me extrañaría que este fuera el primer indicio de que está activo en el país," comentaron, rehusándose por motivos de seguridad, a ver publicado su nombre.


Nuevas indagaciones sugieren que Porridge tenía información confidencial de una red de inteligencia clandestina que filtraba información del gobierno al extranjero.


Una serie de explosiones conmocionó a la comunidad de Garrowby, no se lamentan heridos.

Tres explosiones detonaron en la madrugada del domingo, cuando los habitantes de la pequeña comunidad rural descansaban en sus hogares. "Mis lechuzas me despertaron, y luego escuché la segunda explosión," nos cuenta Madame Harris, quien posee una pequeña granja a cien metros de donde ocurrieron las explosiones. "Salí a ver qué pasaba, y vi una marca en el cielo. Una calavera, con una serpiente que se enroscaba alrededor de ella. Nunca vi nada parecido. Pensé que quizás era alguno de los chicos del pueblo, pasado de firewhiskey. A la mañana nos enteramos que habían explotado varias de las bóvedas de un pocionista local".


Aleksandr Pichushkin, implicado en la muerte de Porridge.

Empleado de una fábrica de pociones cercana a la vivienda del ex funcionario, Pichushkin fue detenido en la tarde de ayer bajo sospecha de ser el perpetrador del crimen. "Hemos incautado material que lo relacionaría con el trabajo de inteligencia de Porridge," declaró el auror Julian Priest. Se espera que el jefe del departamento emita nuevas órdenes de arresto en base a la información obtenida por el ministerio de la vivienda de Pichushkin.


Una trama de contraespionaje y muerte: "Pichushkin trabajaba como doble agente, filtrando información a Rusia".

Así declara James Potter, jefe del departamento de Aurors. "Estamos ante una de las redes de tráfico de información confidencial más grandes que el país haya visto jamás."


El escritor John Mullin fue encontrado muerto en Londres esta mañana.

El autor de La Noche de Walpurgis, Revisada fue encontrado sin vida en su casa en las afueras de la ciudad a primera hora de la mañana por su hija. Fuentes oficiales afirman que su muerte fue producto de la maldición asesina. Mullin estaba trabajando en un informe acerca de las políticas segregacionistas del Partido Tradicionalista, cuya publicación había sido planeada para Agosto del corriente año.


Albus Dumbledore recuerda a Mullin, "siempre fue un férreo crítico de las acciones del Innombrable".


Un asalto de una pandilla sin identificar deja en ruinas cinco casas en el norte de Gales: ya son cuatro las denuncias en el municipio en lo que va del mes.


"Estaba jugando con mis hijos cuando escuché las maldiciones," relata el hombre que luchó contra tres magos oscuros en el fondo de su casa.

"El grito de mi nena mayor fue lo que me puso en alerta," cuenta Robert Grave. "Vimos tres hombres acercarse a nosotros, y no lo pensé dos veces".


Aumentan las denuncias por práctica de artes oscuras.

"Estamos recibiendo un promedio de entre cuatro a cinco por día," dice un portavoz del Ministerio. "Pedimos a la población que permanezca en calma, y que espere a que un escuadrón de magos de choque llegue al lugar. Queremos hacer hincapié en que no deben intentar manejar la situación sin la presencia de un mago entrenado para tal fin".


Temor por la creciente ola de violencia en Inglaterra: el Ministerio empezará a debatir mañana la puesta en marcha del Toque de Queda.


I

Me he sentido extraño desde que volví de la casa de Sirius. Me gustaría decir que es por el horrocrux, pero la verdad es que ya he dormido en esta misma cama con parte de un terrorista en la cabeza, así que no puedo echarle la culpa a la novedad del hecho. Supongo que es Voldemort. Supongo que soy yo. ¿Quieren que les sea honesto? Ya no puedo ser imparcial sobre las cosas. Es extraño ponerse un momento en los zapatos de mi yo más pequeño, y sentir que el mundo pasa corriendo a mi lado, sin que yo pueda hacer nada más que observarlo, y volver a mis propios zapatos para verme como un actor que influencia la forma en la que el mundo da vueltas.

Quizás suene arrogante, sí. Pero me he dado cuenta de una verdad terrible. ¿Qué causó la actual crisis político-económica del país? Fudge, y su renuncia. ¿Quién hizo que explotasen los medios con el escándalo de corrupción que lo llevó a renunciar? Yo.

Soy en parte la razón por la que Inglaterra corre ahora como una gallina sin cabeza. Y me pone algo inquieto, porque sé que es una situación que está favoreciendo enormemente a Voldemort. Es el único partido sin agenda, al menos pública; por lo tanto la población se crea la agenda que más le convenga. Y para algunos, Voldemort es sólo acerca de la supremacía sangrepura, para otros es el líder socialista que limpiará al país de la corrupción, para otros un dictador benevolente que va a brindarle al país la mano dura que necesita. Voldemort es lo que cada uno quiere que sea, y eso le está ayudando a ganar simpatía.

Tampoco que mi propia persona no se haya visto desprovista del desvarío del imaginario popular. Soy la víctima visible de un régimen decadente que estaba hundiendo al país, y por lo tanto en esta hora de indecisión me ponen en el rol de mártir; soy la voz de todos los oprimidos del país.

O algo así. Me siguen llegando pedidos de entrevistas de diversos periódicos, preguntándome mi opinión acerca de la situación actual, cartas de lectores que hablan de cambios políticos. Aunque gran parte de mis quince minutos de fama se han evaporado, el nombre de mi padre no deja de mencionarse en el periódico, por lo que al menos por eso deben seguir acordándose de mí. Hay especulación acerca de si piensa lanzarse como candidato a próximo Ministro, sobre todo con la simpatía que generó mi caso, pero sé que mi padre no quiere tener nada que ver con eso. Será parte del Partido Popular, sí, pero no es una figura pujante dentro de él ni mucho menos. No es muy dado para la política.

De todas formas, y a pesar de eso, las hostilidades han aumentado entre mi familia y las que componen al Partido Tradicionalista. No hace dos días que fui a visitar a mi padre al Ministerio cuando me topé con Lucius Malfoy en uno de los ascensores, y me tuve que comer las miradas furtivas del rubio. Aunque quizás en otras épocas aquél escrutinio me hubiera intimidado, sobre todo cuando hablamos de una persona con el carácter de Malfoy, después de la experiencia Voldemort (tenía que ponerle un nombre), me siento algo envalentonado.

- Cuidado, Malfoy, que todavía no soy legal – le dije, cuando me harté de su actitud. Aquello le sorprendió e irritó en partes iguales, y no tardó en amenazarme.

- No juegues con fuego, Potter. A tu padre le queda grande el departamento.

Como respuesta, hice mucha ceremonia de acomodar mi flequillo para dejar expuesta mi cicatriz en forma de rayo.

- Ahora las influencias no te sirven de nada, Malfoy, estás expuesto a la opinión pública. Te guste o no.

Malfoy esbozó una sonrisa cruel, y se apoyó sobre el bastón que ambos sabíamos que protegía su varita. Si había una cosa del maldito bastardo que admiraba, era lo imponente que parecía a toda hora. El muy desgraciado tenía "aristocracia" escrita en cada una de sus moléculas.

- Vamos a ver cuánto dura eso.

Me pareció extraña aquella frase, pero no le di mucha importancia en aquél momento, ya que justo llegamos al piso en el que me tenía que bajar. No le mencioné nada a mi padre del encuentro, en parte porque parecía agobiado de trabajo, y en parte porque sabía que podría llegar a hacer algo estúpido como ir a buscar a Malfoy para cagarlo a trompadas.

Pero cosas como esas son de todos los días ahora. Mi madre, que es la que más vida social tiene, es la que más lo sufre. Aunque como mujer sensata que es, le da poca importancia. También es en parte porque no le interesa el "juego" como a mí. Según los retratos de la familia, esa tradición se debe haber saltado una generación, porque a mi padre tampoco se le da aquella danza de poderes.

Esto, sin embargo, no quiere decir que se hayan mantenido inactivos, o indiferentes a la situación. Oh, no. A medida que la presencia de Voldemort se hace más fuerte en el país, la pequeña resistencia que genera también se fortifica. Viejos opositores de él han comenzado a esconderse, por miedo a represalias (y no es difícil simpatizar con ellos, debido a la ola de asesinatos políticos que hemos estado teniendo en estas tierras). Otros han comenzado a organizarse en asambleas para discutir un posible plan de acción, para cuando comience de vuelta con sus actos terroristas.

Sé que mis padres están debatiendo la idea de unirse a la Órden del Fénix. No estoy muy seguro ahora qué demonios es esta Órden, pero sí sé que no es muy fan de Voldemort que digamos. Por lo que tengo entendido en su momento sirvió como una especie de organización paramilitar que brindaba servicios de contra espionaje al ministerio. Lo he visto a mi director, Albus Dumbledore, pululando muchas veces en mi casa, así que no me sorprendería que intentaran armar un grupo anti-Voldemort hecho y derecho esta vez. Desde tiempos añejos Dumbledore está asociado a todo lo que sea anti-artes oscuras, así que no me sorprendería que se vuelva a poner las botas para encabezar una organización que busque acabar de una vez por todas con Voldemort.

Dumbledore, si se me permite irme por esta tangente, es una persona muy peculiar. Es famoso tanto por su excentricidad como por sus hazañas; es un mago indudablemente brillante, del que se habla mucho pero del que se conoce relativamente poco. Sé que en su momento su familia estuvo envuelta en un escándalo por un ataque a unos muggles, y que siempre se sospechó de las circunstancias que llevaron a la muerte de su hermana Ariana, que las malas lenguas atribuyen a una temprana amistad con quien sería más tarde su enemigo, Grindelwald. Pero pasado turbio aparte, la mayoría de la gente piensa en la derrota del mago oscuro de origen alemán cuando se habla de él, y por supuesto, del duelo mítico que fue en parte responsable por el exilio de Voldemort hace cincuenta años. Parece un personaje de una historia, casi irreal, si uno expone su vida de esta forma…

Y es un hombre reservado, al cual parece no entrarle una maldición. Puedo decir que he tenido una relación más cercana con el director que la mayoría de mis compañeros, principalmente porque es un viejo amigo de mis padres, y por eso es que he tenido tiempo de estudiarlo, si se quiere. Y creo que es por esa razón en particular que pude suponer inmediatamente que ya estaban empezando a movilizarse cuando, ayer por la tarde, llegaron las noticias de que Horace Slughorn, mi profesor de pociones, había sido encontrado muerto en el hogar que había usurpado luego del ataque a sus bóvedas.

Nunca había visto a Dumbledore tan afligido, ni tan descolocado. Más allá de ser un golpe a nivel institucional, pues Slughorn tenía una larga carrera enseñando en Hogwarts, era un golpe personal al director, quien era un íntimo amigo del profesor. Sabía que, por más de que la experiencia y los años le habían dado una calma y una mente más dotada para la estrategia que la de cualquier mago con vida, aquello había logrado encender algún deseo de venganza en él. Suena extraño, pero eso fue lo que pensé cuando lo vi sentado frente a la mesada de la cocina de mi casa ayer por la tarde. Sus ojos estaban igual de fieros que siempre, el saludo que me dirigió igual de afable, pero había algo en él que me decía que aquél era un hombre que buscaba rectificar un mal.

Me le quedé mirando largo rato, mientras mi madre volvía de la biblioteca con no sé cuántos libros flotando detrás de ella, y por un momento pensé en preguntarle si realmente pensaba revivir a la Orden del Fénix, pero consideré que la pregunta era muy estúpida.

Era obvio que mis padres ya eran socios vitalicios a ese punto.


Tras varios intentos fallidos, finalmente logré conseguir un momento de paz para poder sentarme y escribir. Las últimas dos semanas, desde la muerte de Slughorn, me la he pasado corriendo de aquí para allá, ayudando a mis padres con esto o con lo otro. En resumen: mi casa se ha convertido en el cuartel general de la Órden del Fénix.

¿Me parece algo bueno? Preferiría que mis padres no fuesen a la guerra como Mambrú, pero creo que mi opinión importa poco, y sería algo hipócrita considerando que les estoy ocultando que soy uno de los horrocruxes de Voldemort. No voy a negar, sin embargo, que por más fastidioso que me resulte que viva entrando y saliendo gente de mi casa (¡y que no pueda tener ni un minuto de paz!), me siento algo fascinado por todo esto. Es como cuando era chico y soñaba con formar parte de organizaciones espías secretas, haciendo misiones y resolviendo intrigas, y todas esas cosas románticas que suenan bien en papel pero no son tan copadas en la vida real. Porque si bien hay una parte infantil en mí que se ve decepcionada con todo el papeleo y la burocracia de la cuestión, hay una parte mayor que tiene el suficiente sentido común como para entender la diferencia entre mis novelas y la dura realidad, en la que gente muere y familias sufren.

No que mis padres me hayan dejado participar en lo crucial; como era de esperarse, "soy muy joven" como para que me dejen participar en las reuniones, o en la actividad interesante de la orden. Tampoco es que aquello me ponga muy triste; no sé hasta qué punto Tom está aislado de mi mente y de mis memorias, y lo que menos quiero es andar alimentándole de información confidencial. Por eso no he levantado ni una ceja en protesta.

(La verdad es que me hubiera gustado que al menos me hubieran preguntado; me ofende que piensen que no puedo manejarlo).

De todas formas, miembro oficial o no de la Orden, me he vuelto en una especie de mulo. Quien dice que es importante ser honesto con los padres de uno probablemente no es un sensor; ahora que saben de mi don, se la han pasado arrastrándome de un lado a otro de la finca para trabajar en las barreras de protección. No puedo decir que no he aprendido muchísimo, o que no me haya encantado poder ver a mi madre haciendo gala de sus conocimientos, pero a veces lo que un adolescente quiere es estar tirado en su cama leyendo una novela. Por suerte ya estamos por terminar con la protección de la casa.

A veces se me da por preguntarme qué pensaría Tom de lo que estamos haciendo. Este tipo de magia, tan avanzada, seguramente le fascina. Es increíble el reflejo que tengo; me he acostumbrado tanto a tener a Tom de confidente que a veces me sorprendo a mí mismo haciendo notas mentales como para hablar de esto o aquello con él. Ahora creo que me empiezo a dar cuenta de las verdaderas dimensiones de nuestra relación, por más de que sea un manipulador hijo de puta y de que algo le tema, algo le odie. Hasta cierto punto (y esto ya lo he dicho, y sigue siendo sorprendente) él se volvió mi amigo. Amigo.

Ojalá que nunca se entere de eso.


Hacía rato que no practicaba otro deporte que no fuera la sagrada y masculina práctica de no orinar el asiento del inodoro cuando te despiertas de madrugada, más hoy mi padre ha declarado con orgullo estar completamente seguro de mi sexualidad (por segunda vez) al verme jugar Quidditch con los gemelos Weasley. Todavía no estoy muy seguro que tiene que ver mi sexualidad con un juego en el que tengo que perseguir bolas, pero se veía muy feliz así que intenté no molestarlo. Los gemelos Weasley, por su parte, armaron un escándalo al gritar lo decepcionados que estaban de que "no jugara para el equipo contrario". Admito que me tuvieron que explicar esa analogía.

(De todas maneras mi padre, para callarlos, dijo que él sabía de las expediciones rápidas al bosque que hacía Fred con la hija de Johnson – fue muy efectivo, y consiguió que pudiera observar por primera vez el gracioso espectáculo de un Weasley combinando cabello con piel).

Esta es la primera vez que realmente interactúo con los gemelos. Entre que a veces me pasaba horas ayudando a mis padres con las protecciones y ellos hacían la suya en los alrededores de los terrenos, no los había visto mucho hasta que coincidimos y nos armamos una partida de quidditch en la pequeña cancha que tiene mi padre.

Los Weasley vienen casi todos los días, y se quedan unas horas a la tarde. Sé que se vienen con los hijos menores porque los tres mayores – Bill, Percy y Charlie, me dijo Molly Weasley, la madre- aprovechan el tiempo para fortalecer su propia casa (la vocecita Draco Malfoy en mi cabeza me dice que en parte deben de querer pasar algo de tiempo en un lugar un poco más lindo que su propia casa. Maldito seas Draco por meterte en mi cabeza). Así que vemos desfilar un contingente de pelirrojos – Arthur Weasley, el padre, Molly (que por cierto se ha hecho muy amiga de mi mamá), los gemelos Fred y George, Ron y Ginny.

Esto merece un pequeño comentario, ya que hace un tiempo mi padre estuvo a cargo del arresto y enjuiciamiento de Arthur Weasley. Aunque entre ellos nunca hubo mala sangre – principalmente porque ambos son muy amigos de Dumbledore, y fue por orden de Fudge que mi padre se vio obligado a meterse en ese escándalo- nunca nadie le explicó a Ron Weasley que mi padre había sido usado como una marioneta política para generar controversia (por gracia de Fudge, que Hades lo tenga en su gloria), y hay que aclarar que el pelirrojo no es conocido por su intelectualidad política. Ergo, Ron me tenía entre ceja y ceja, y no le daba vergüenza demostrarlo.

Pero ahora que nuestros padres son colegas resulta algo gracioso verlo actuar como perro con la cola metida entre las patas, porque evidentemente es muy orgulloso como para pedir perdón. Podría actuar como un hombre y decirme "mira Harry, lamento haber pensado cualquier idiotez, ¿quieres empezar de nuevo?" pero prefiere tratar de esquivarme haciéndose el distraído. Allá él, por supuesto; nunca fuimos grandes amigos así que a mí no me duele nada el verlo tan patético.

A la que he venido viendo con bastante frecuencia es a Ginny; quien es un año menor que yo y que tengo entendido solía salir con Dean Thomas. Por Dean es que sabía que a ella le gustaba mucho leer, por lo que la primera vez que vinieron nos la pasamos un rato hablando de novelas de ciencia ficción, lo que llevó a que le diera un free pass a mi biblioteca por si se aburría.

Por esto quiero decir que de vez en cuando terminamos besándonos sobre mi cama como los adolescentes hormonales que somos. Es bastante bonita, su autor favorito es Arthur C. Clarke, ¿qué más puedo pedir? Admito que me produce un poco de morbo que sea pelirroja como mi mamá, pero como es más arisca es difícil encontrar algún complejo de Edipo aquí. Así que a escondidas de sus hermanos nos divertimos un poco.

- Hoy cuando llegue a casa voy a hablar con Bill y los demás para que se vengan un día – me dijo hoy mientras pasábamos el tiempo en uno de los claros de los bosques que rodean mi casa-. Así podemos armar una buena partida de Quidditch, cuatro contra cuatro.

- Cierto que estás en el equipo de Gryffindor – se había sentado sobre mis piernas, de frente a mí. Con cada palabra que decía podía sentir sus pechos apretándose contra mi, lo cual me proveía de cierta distracción-. ¿Cazadora, no?

- Ajá, - dijo, levantando la mirada-. Qué raro que siendo tu padre un jugador profesional no estés más al tanto de eso. Del Quidditch, quiero decir.

- Nunca me interesó mucho – dije, encogiéndome de hombros-. Hice mal, creo.

- ¿Por?

- Y, si hubiera sabido que había cazadoras tan hermosas…

Ginny se rió, apretándose un poco más.

- No seas tonto. ¿No estabas con Chang el año pasado?

- Salimos un par de veces.

- ¿Y me vas a decir que no sabías que era la buscadora de Ravenclaw?

- Ups – le dirigí mi mejor sonrisa conquistadora; no quiero hablar por mí mismo, pero si el beso que me dio es indicador de algo, debe de ser de lo realmente efectiva que es.

- Pensé que estabas más enganchado con ella – me dijo, poniendo sus manos pequeñas sobre mis hombros y guiándome para que me acostase sobre el pequeño colchón de musgo-. Se rumoreaba que le habías comprado un anillo o algo así.

- Eso lo hizo Diggory mientras salían. Me parece una linda chica, pero es media tonta.

Me pregunté a qué venía ese interés por Cho, mientras mis ojos se perdían en el follaje de los árboles que nos escondían. Sentí la boca de Ginny recorrer mi cuello, y mis manos buscaron algo desesperadas su cuerpo.

- ¿Eso lo decís de todas? – me preguntó con una sonrisa, mirándome desde donde había parado su boca, a milímetros de mi pecho. No había más que un chiste en su voz, expectante y ligero, pero algo en aquella situación me hizo acordar de Tom. Abrí la boca para decirle algo, pero no supe bien qué palabras usar. Era extraño…

Un impulso me llevó a tomar su pequeña cara entre mis manos, a acercarla a mi rostro, a tomar posesión de sus labios. Buscaba algo, pero no entendía bien qué. Aquél movimiento brusco despertó algo en ella, y se inclinó sobre mí, moldeando su cuerpo al mío. Su cabello pelirrojo me acariciaba en olas. Ella tenía los ojos cerrados; yo no. Mis manos tomaron sus hombros y cambié nuestras posiciones; ella estaba debajo de mí, su cabello extendiéndose como un halo ensangrentado alrededor de su cabeza.

Mis manos exploraron su cuello, la franja de piel blanca y cremosa que dejaba a la vista su blusa al abrirse. Estaba como en un trance. Ella seguía con los ojos cerrados, y jadeaba ligeramente; su boca, roja y húmeda por los besos, estaba entreabierta. Era la visión erótica que prometía cualquier fantasía; una diosa por derecho y hecho, y estaba debajo de mí, dispuesta y entregada.

Una de mis manos separó sus piernas mientras la otra la tomaba de la nuca para cerrar el espacio que nos dividía. Sus jadeos eran más pronunciados, y sus manos parecían haber perdido fuerza. Algo en mí gritaba que no era suficiente. Me sentía ido. Entre sus piernas encontré su gloria, su expectativa; con cada caricia ella lanzaba un pequeño quejido. Hundí mis dedos en aquella cálida humedad, y escuché gritar mi nombre, y entonces sentí horror.

Estaba dividido en dos; y fue con lo que quedaba de mi yo normal – quien estaba inmensamente excitado, quien quería ver a aquella diosa rogando por sentirme completamente- que registré la visión de Ginny y su cabello rojizo desbordándose sobre mi estómago, de sus manos abriéndose paso a través de mis jeans para dejarme completamente expuesto. Fue otra persona la que gruñó apenas mientras mi cabeza parecía dar vueltas en el aire cuando su boca húmeda encerró mi miembro. Esa misma persona fue la que murió completamente cuando, al sentir la explosión del orgasmo, notó que mordí mis labios para no gritar otro nombre.

El horror, mi horror, era haber deseado los labios de Tom cuando sentí los de Ginny.


No voy a pretender psicoanalizarme. Puedo (y quiero) creer que Tom está detrás de esto. No hay explicación lógica por la que quiera que él haga lo que Ginny hizo cuando me sentí profundamente asqueado cuando, en su momento, lo propuso. La parte más vil de mí me dice que lo que quería era verlo a Tom tan sumiso como Ginny, pero eso sería decir que estoy al mismo nivel que él, lo cual no es cierto. Yo no busco controlar a la gente. No me interesa el juego mental, el sutil abuso que él favorece.

Ginny me ha buscado con más intensidad desde entonces; la sutileza con la que nos encontrábamos parece haber desaparecido en vistas de su interés. No sé cómo explicarlo… pero a veces me encuentro con su mirada expectante, y recuerdo las veces que Tom y yo llevábamos nuestro juego de poderes al plano físico, y siento cierta satisfacción al ver que ella se ha rendido. Es cierto que es mucho más inocente que Tom, y es cierto que no tiene la misma determinación obtusa que él, pero lo que más deseo es verlo derrotado en nuestro juego; y es fácil sustituirlo a él con ella. Es un morbo. Ella no me trata de golpear; no quiere que salga de encima; me busca, me deja hacer con ella lo que quiera. Me ruega que lo haga. Es un Tom rendido, y me fascina.

Es extraño, es retorcido, es difícil para mí comprenderlo en su totalidad. Pero ella es mi normalidad; y me siento atrapado al ver aquellos ojos marrones cerrarse al sentir mis labios sobre su piel. Posee esa suavidad tan típica de su sexo; aquella complacencia con la figura masculina por la que se deja llevar. Mi madre y yo alguna vez hablamos de un hombre llamado Freud; él decía que el comportamiento nace del primer deseo sexual por uno de los padres. Yo no me veo particularmente influenciado por algún deseo sexual que involucre a mi madre, pero en todas las mujeres que he conocido he visto esa ansia por sustituir la figura del padre. No quiero decir que busquen un calco exacto de sus progenitores, pero he observado que lo que buscan es alguien que pueda cumplir el mismo rol. Que las contenga, que las proteja, que provea por ellas. Es algo que me aburre en ellas; pues no tienen el ánimo de pelea, de aventura que tenemos por naturaleza los hombres. Pero a veces mi madre me dice, "los opuestos se atraen" así que supongo que si hemos de creer en alguna especie de diseño inteligente de la vida humana, podemos pensar en que se supone que sean así para contrarrestar nuestra naturaleza.


- ¡El desaparecido! – grité al verlo en el umbral de la casa. Hacía semanas que no veía ni sabía nada de Sirius; la última vez que habíamos hablado había dejado en términos muy vagos el hecho de que probablemente estaría ocupado en el exterior haciendo el trabajo sucio de Voldemort, y aunque sabía que a estas alturas todavía no corría ningún riesgo de ser herido, había estado un poco nervioso por él.

- ¡Tres semanas que no te veo, cachorro, y estás hecho un hombre! – me dijo, dándome un fuerte abrazo. Sabía que podía esconder muchas cosas a mis padres, pero yo podía leer las arrugas en su rostro (no son muchas, lo admito, pero las que hay dicen mucho de él). Cuando nos separamos, lo miré fijamente, y me sorprendió encontrarlo genuinamente relajado. Con esto de Voldemort, cualquiera esperaría que estaría avejentado, apesadumbrado… pero se movía con gracia, no con pesadez; había una ligereza en su gesto que hablaba de un hombre que se hallaba en el pináculo de su adultez. Sirius parecía estar en su salsa… y una vez que te lo ponías a pensar, no era tan ridículo. Se había vengado de su padre; mi situación, aunque todavía preocupante, parecía un poco más estable que antes; finalmente estaba luchando por la causa en la que creía; estaba ganando fama dentro del departamento… por más de que había aspectos de su vida que no me agradaban, me sentía feliz de poder verlo así.

- Es la comida de mamá – dije, con una pequeña sonrisa.

- ¡Ah, Sirius, ya llegaste! – mi padre entró a las zancadas, extendiendo un brazo para tomarle de la mano. Había una sonrisa jovial en su rostro. Detrás de él, entraron mi madre y Ginny, quienes, a juzgar por el olor que las acompañó, estaban en el medio de una masiva producción de dulces.

- Sí, ¡un poco tarde! – Sirius estrechó la mano ofrecida, devolviéndole la misma sonrisa-. ¿Todo bien, James? ¿Y tú Lily? ¡Cada día más hermosa!

Mi madre lo saludó con un rápido beso en la mejilla y una sonrisa amable; noté que mi padrino parecía un poco nervioso. Quise seguir observando aquél intercambio, más Ginny se aferró a mi brazo, tirándome en dirección a la cocina.

- Necesito una opinión imparcial, Harry – me dijo, mientras por el rabillo de mis ojos noté las miradas divertidas de mis padres. A ese punto mi rendezvous con la pelirroja era un secreto a voces en la casa; sospecho que la falta de celo masculino por parte de sus hermanos era por gracia y obra de Molly Weasley, quien estaba convencida de que Ginny y yo haríamos una excelente pareja.

Me dejé llevar; en parte porque era difícil resistirse a la tentación de probar las delicias de chocolate que estaban preparando, en parte porque sabía que podría hablar de ello con Sirius más tarde. Sentí que nos siguieron con la mirada hasta que desaparecimos por la puerta del living. Aquél gesto me dio a entender que la verdadera razón por la que Sirius estaba allí era que mis padres pudieran persuadirlo para unirse a la Orden, algo que yo ya venía sospechando que harían desde hace un tiempo. Naturalmente mi padre ya daba por sentado que Sirius accedería; y aunque esto era una actitud predecible en él, lo que me daba lugar a la especulación era la respuesta de Sirius.

Por una parte, Voldemort tenía la oportunidad perfecta para conseguir un espía dentro de la Orden, más con la reputación ambigua de Sirius. Por otra parte, yo sé que Sirius no tiene el temperamento necesario para convertirse en un agente doble, y sé que él está al tanto de eso.

Es en momentos como ese en los que me doy cuenta de la extraña posición en la que estoy, pues no soy más que un observador inerte; sé aproximadamente quien juega de qué lado, pero no estoy en posición, ni me interesa, hacer nada. Me siento medio traidor, ¿pero traidor a quién? Pues si no hablo, traiciono a mis padres; y si lo hago, traiciono a mi padrino. Es terrible conocer todos estos secretos y no poder hacer nada con ellos; sobre todo porque sé que esto puede costarle la vida a alguien.

Si tengo que ser sincero, trato de no pensar mucho en ello, porque me encierro en un callejón sin salida. Hay tanto a favor como en contra; y como un trapecista en la cuerda floja no hay muchos lugares donde pueda ir sin caerme al vacío. Solo espero poder hacer lo mejor para todos al final.


Sirius le dijo que no y mi padre está hecho una furia. Los Weasley ya se han ido; antes de aparecerse vi que mi padre le susurraba algo a Arthur, quien dejó ver un gesto grave en su mirada. Sé que probablemente estará en su estudio ahora, hablando con mi madre. Voy a ir a ver

(N.E. – el siguiente fragmento parece haber sido escrito con un método de escritura automático, como una pluma a vuela pluma).

"¿…conveniente, no te parece?

James…

Lily, sabes que me duele decirlo, pero es difícil de ignorar lo mucho que ha cambiado en estos últimos años.

Madurado, querrás decir.

Tal vez, pero… ¿no has notado que parece un poco más… siniestro?

Sé que piensas que desde que entró al departamento de Misterios se ha dejado llevar un poco por los amigos de su padre, pero creo que es exagerar un poco la situación que insinúes que por eso es un mago oscuro.

No es exagerar, Lily, ¡es la verdad! Demonios, soy un Auror, ¡reconozco a un mago oscuro cuando lo veo!

¡James, estás hablando de tu amigo!

¡Sí, del padrino de mi hijo! Sabes que me preocupa que Harry pase tanto tiempo con él.

No quiero discutir esto de nuevo, por favor… ya sabes lo que pienso.

Mira, está bien; hablemos de los hechos. Sirius empieza a trabajar en el departamento. Sabes que allí no trabajan con la ley en la mente, ¿o miento? Ok. Se empieza a juntar con Lestrange, a quien por cierto odió toda su vida. Rockwood lo invita a la cena de fin de año. En los pasillos anda codo a codo con Parkinson, Malfoy. ¿Ves la tendencia? Y luego su padre, que muere misteriosamente.

Es circunstancial, James.

Lo sé, pero hay algo allí… mi intuición me lo dice. Y ahora nos dice que no. Que supuestamente no quiere 'meterse en el conflicto'. ¡De chicos soñábamos con esto! Se desvivía hablando de su odio por los magos oscuros.

Ya no es un chico, y tampoco lo eres tú. No es un crimen no pertenecer a la Orden. Quizás no está de acuerdo con la forma en la que llevamos las cosas.

Si, pero ponlo en el contexto de sus amistades. Es muy conveniente.

¿Sabes qué es lo que no me convence de tu teoría, James? Que te olvidas que Sirius adora a Harry. Si realmente fuera un mago oscuro, como dices, si realmente tuviera en mente la causa de los tradicionalistas, ¿crees que se desviviría por Harry como lo hace?

¡Por supuesto! Precisamente porque lo quiere tanto es que desconfío, Lils. Sirius no tiene heredero, y con las ganas que tiene de seguir las costumbres de sociedad, no me extrañaría que quiera robarse a nuestro hijo.

Piénsalo. Una adopción. Merlín, me horroriza el pensar en estas cosas, sobre todo de un hombre que he considerado por tanto tiempo mi mejor amigo, pero no puedo evitar sospechar de él. Me aterra pensar que nos tome desprevenidos.

Será mejor que investigues bien el tema, de todas formas, antes de apuntar dedos.

Si, por supuesto. Demonios, es increíble lo mucho que nos hemos separado.

¿Sirius y tú?

Los merodeadores, en general. Hacía años que no sabía de Peter, y lo llamé hace unos días para saber cómo estaba y si, ya sabes… si le interesaba unirse a la Orden.

Ah, no me contaste que te dijo al final.

Me dijo que lo lamentaba, pero que estaba cuidando de su madre, que está muy enferma. Me dijo que no quería comprometerse con algo en lo que no iba a poder dar el cien por ciento.

¿Y Remus?

Remus está en una colonia de hombres lobos, dando clase. Pensaba hablar con él mañana para ver si puede ayudarnos.

Trata de que venga para la reunión, si puede."