Soy de sueño ligero; el más mínimo sonido me puede despertar. Cuando se abrió la puerta del compartimiento mi cuerpo se puso en alerta, más mi mente tardó en ponerse al corriente y así me mantuve unos momentos, entre el sueño y la realidad.
- Potter, - la voz altanera y levemente acentuada de un Draco Malfoy sonó a mi derecha, mientras sentía el cojín del asiento ceder ante el peso del rubio. Mantuve mis ojos cerrados y mi rostro desprovisto de expresión mientras mi inesperado compañero de compartimiento se acomodaba en su asiento. Cuando cesó el movimiento de sus ropas, entendí que no lo iba a engañar con aquél pequeño truco de hacerme el dormido.
- Malfoy, - le respondí, abriendo los ojos e incorporándome. Mis huesos crujían al volver a la vida, y comencé a estirar mis brazos y piernas para sacarme el sueño de encima. Malfoy me observó con sus ojos grises entrecerrados, y me dio la impresión de que le molestaba que no me postrara a sus pies, agradeciéndole el haberse dignado a compartir un espacio conmigo.
- Me sorprende verte por acá – le dije, sentándome de vuelta en uno de los asientos enfrente suyo-. No es que quiera echarte, pero pensaba que preferirías pasar tu primer día con tus amigos.
- Los vi todo el verano, estoy seguro que podrán arreglárselas sin mí por un día.
Su tono parecía decir que esperaba que pasase lo contrario, bien digno de un típico Slytherin sediento de poder; más no fue eso lo que me llamó la atención, sino sus manos. Las tenía entrelazadas, descansando sobre sus piernas… y aunque era fácil equivocar la imagen por una de completa relajación e intimidad, observé que sus nudillos estaban blancos. Por más de que quisiese aparentar otra cosa, Malfoy estaba tenso.
- Estamos en sexto año, - siguió hablando, y me pregunté si aquello lo había ensayado o si estaba improvisando-; ambos somos hijos únicos de familias de estirpe. Sabes lo que eso significa, Potter.
Asentí, sin molestarme en dejarle en claro a Malfoy que mi familia no era famosa por seguir las tradiciones de las "familias de estirpe". Pero era evidente que a esta edad ya quería empezar a trabajar en las conexiones que en el futuro le ayudarían con sus negocios. No me parece una mala estrategia, y lo tolero lo suficiente como para tomar la rama de olivo que me ofrecía.
- Creo que me entenderás cuando te digo que para mí hay más en juego en estas cosas que el simple honor de mi familia. Algún día voy a tener una esposa, hijos, y voy a ser responsable por su futuro.
Bajó la mirada, lo cual me extrañó. Entendía el sentimiento, pues yo también consideraba que mantener una buena relación con figuras de poder en la sociedad era una forma de asegurar la protección de mis seres queridos, pero había en su gesto una congoja, un lamento reprimido… ¿Qué tenía Malfoy en la cabeza?
- Políticamente hablando, tu familia tiene peso. Tú ya has conseguido hacerte conocer, más allá de quiénes son tus padres. No sería de buen Slytherin… no, no sería de buen Malfoy el dejar pasar esta oportunidad – extendió su mano, y lo miré por un momento, sin comprender lo que me estaba ofreciendo.
- Esto es… muy honesto de tu parte – le dije, aún sin tomar su mano-. Que me digas de frente tus intenciones.
Malfoy arqueó una ceja.
- Potter, serás Gryffindor pero tienes cerebro. Sería un insulto si tratara de acercarme a ti por otros medios.
A esto me dirigió una de aquellas sonrisas marca Malfoy que parecían ser una burla más que nada. Yo dejé escapar una carcajada y finalmente acepté la mano ofrecida.
- Por una relación fructífera entre nuestras familias.
Draco asintió.
- ¡Malfoy! – una voz chilló desde la puerta del compartimiento. Aunque dudo que alguien lo haya notado, creo haber saltado en mi asiento ante el susto. Mis ojos se movieron más lentos que mi mano, y ya tenía mi varita fuertemente sujeta entre mis dedos cuando noté que era Hermione la había irrumpido tan bruscamente en nuestra pequeña charla.
- No sabía que habías aprendido a hablar sirenio, Granger – dijo Draco con su usual tono despectivo. No había amor perdido entre los dos, eso era seguro. A pesar de que Hermione era un año mayor que nosotros y prefecta (aunque la insignia en su pecho pronto me informó que había sido promovida a Premio Anual), había cultivado una profunda enemistad con Draco luego de asignarle detención por jugarle una broma a Neville en tercer año. Aparentemente Draco se vengó, una cosa llevó a la otra y antes de que cualquiera de nosotros pudiera evitarlo los dos no se querían ver ni en figuritas. Sin mencionar, por supuesto, que Hermione a los ojos del rubio era una "sangresucia" (léase con una mueca de disgusto por favor). Ya de entrada le tenía algo de desprecio.
- Vas mejorando la calidad de tus insultos, Malfoy, me sorprende – respondió ella sarcásticamente, y fijó sus ojos en mi-. ¿Te está molestando, Harry?
- Eh, no – le dije, admito que un poco acobardado ante la animosidad que ambos se tenían-. Sólo hablábamos de unos asuntos.
Hermione me miró con una expresión que me dio a entender que no me creía. Atiné a encogerme de hombros antes de que Draco se me adelantara en responder.
- Al menos tuviste la delicadeza de interrumpirnos luego de que termináramos – el rubio me miró, en sus ojos un gesto ansioso-. ¿Si no te importa…?
Con un gesto le indiqué que no había problema. Se levantó rápidamente, inclinando su cabeza levemente en mi dirección de la misma forma que había visto hacer a su padre en el ministerio incontables veces.
- Nos veremos, entonces.
- Sin duda, - le respondí con una pequeña sonrisa. Lo observé mientras se retiraba silenciosamente. Hermione se hizo a un lado para dejarlo pasar, pero más allá de eso ninguno de los dos dijo más nada. Cuando estuvo segura de que Malfoy estaba fuera del alcance del oído, entró de nuevo al compartimiento y cerró la puerta tras ella.
- ¿Qué fue todo eso, Harry? ¿Codeándote con Malfoy? ¿Ahora? – dijo en un tono urgente que reconocía muy bien.
- Ah, no te preocupes por él. Está haciendo lo que suelen hacer los modelitos de herederos de sangre pura – le contesté, tratando de calmarla con una sonrisa. No parecía muy convencida-. Mira, ahora todos van a empezar a codearse con todos. No importa si hay una guerra afuera, o si se viene el mismísimo apocalipsis. Los negocios son negocios. Ellos entienden eso.
- Harry, no creo que se te acerque solamente para venderte algo…
Se me escapó un pequeño resoplido de incredulidad.
- Malfoy es un nene, Hermione, sus padres no lo van a poner a jugar un juego tan peligroso ahora. Mira, espera un par de meses y vas a ver las parejas más bizarras del mundo. Como Bones y Zabini, o Bullstrode y Smith. Van a salir a coquetear todos con todos para que cuando sus padres les dejen sus negocios no terminen en la ruina.
La flamante Premio Anual fijó sus ojos en el cambiante paisaje que podían apreciar desde la ventana. Su rostro lucía pensativo.
- ¿Y tú qué piensas hacer?
Buscar una forma de que Voldemort no me convierta en uno de sus esclavos al final del año, fue lo primero que pensé. Una idea llevó a la otra, y se me ocurrió que podría hacer uso deshonesto del genio de mi amiga, para variar.
- Digamos que tengo otras prioridades en mente… con toda esta publicidad del año pasado tengo un poder que ellos no tienen, así que seguramente los interesados van a venir a mí. No me tengo que preocupar por esa parte.
- Acerca de eso, Harry… nunca hablamos realmente de lo que pasó – la vi morderse un labio en un gesto muy característico de ella-. Me refiero a si estás bien emocionalmente.
- Ah, ¿por lo de Umbridge? Sí, si… Fue algo… traumante en su momento, pero estoy bien. Tuve un buen verano.
Ante mi último comentario, la Ravenclaw se rió.
- Ya que estamos tendría que comentarte que mientras hacía las rondas por los pasillos del tren escuché a Ginny Weasley hablando muy bien de vos.
- Eso sí que es una sorpresa – le dije con una media sonrisa-. Hubiera jurado que estaba enojada conmigo por pasarme las últimas dos semanas meditando en vez de prestándole atención.
- ¿Meditando? – preguntó Hermione, extrañada.
- Sí, - me encogí de hombros-, decidí entrenarme un poco este año. ¿Las prioridades que mencioné antes? – Hermione asintió-. Es más que nada por todo lo que estuvo pasando… los asesinatos, el ataque de Umbridge… me hizo pensar que no es suficiente con lo que aprendemos en la escuela. Del otro lado hay magos que tienen más experiencia y menos escrúpulos que los Rowan o Hadrian que aparecen en los ejemplos de los libros. Simplemente no quiero que me agarren desprevenido.
Como lo había esperado, Hermione se tragó la media-verdad sin chistar. Y es que las mejores mentiras nacen de pequeñas verdades; yo me estaba preparando para enfrentar a alguien peor que los magos oscuros ejemplo que usaban los autores de libros de defensa… Y era una batalla que tenía que luchar día a día también, porque todavía no había logrado perfeccionar la técnica de la Oclumancia. Me faltaba poco… pero aún me atormentaba la ocasional visión.
- Eso es muy inteligente de tu parte, Harry – dijo, sus ojos brillando de la misma forma que lo hacían cada vez que alguien mencionaba su interés por el conocimiento-. Si no te molesta, me gustaría entrenarme contigo – asentí, complacido ante la efectividad de mi pequeño ardid-. De hecho, la razón por la que quería hablar contigo hoy era porque necesitaba discutir ciertos… miedos.
Sus últimas palabras despertaron la curiosidad en mí. Me enderecé en mi asiento, dándole a entender que tenía toda mi atención.
- La cosa se está poniendo muy fea allá afuera. Ahora que la vuelta del Innombrable es un secreto a voces, los pro sangre puras se están volviendo cada vez más audaces.
- Tienes miedo de que te ataquen.
- O peor, que ataquen a mi familia. No sé de lo que son capaces… y sencillamente me aterra. Sé que solo me queda un año…- suspiró-, pero estuve pensando en irme del país. Quizás termine mis estudios acá y luego me vaya, pero si la cosa se pone muy mal… pediré el pase efectivo a Beauxbatons y terminaré séptimo allá.
Aquello me tomó por sorpresa. Mis padres me habían comentado que habían aumentado las vacantes libres ese mismo año para segundo en adelante en Hogwarts, por lo que esperaba ver menos gente en el castillo… pero aun así no hubiera esperado que Hermione decidiera marcharse del país.
- ¿Realmente crees que la cosa está tan mal? – le pregunté. Sus manos jugueteaban con un mechón de su cabello.
- No lo sé… lo único que sé es que no me siento segura aquí.
- Ey, - le dije, apoyando una mano sobre su rodilla-, si alguien te da problemas, no dudes en avisarme. Le patearemos el trasero entre los dos.
Hermione sonrió suavemente.
- Gracias Harry, sabía que podía contar contigo.
Fue un comienzo de clases muy extraño. Quizás le dio aquél tono sombrío el discurso de Dumbledore en el banquete de bienvenida ("la esperanza es lo último que se debe perder" y "fuerza es el valor de enfrentar lo desconocido" fueron mis frases favoritas); quizás era que a pesar de la distancia y los muros encantados, todos sentíamos los ecos de lo que pasaba allí afuera cuando las lechuzas entraban al Gran Salón por la mañana. El Reino Unido está pasando por un período muy violento, todos lo sabemos, y por eso se nos hace extraño. Somos hijos de una paz que nuestros abuelos lograron (o malograron, si vamos a ser históricamente correctos) y que nuestros padres aprendieron a amar. No sabemos nada de muerte, ni de intrigas, ni del sentimiento acongojado que te agarra en el pecho cuando te llega una carta de tu familia cuando menos la esperas.
Aun así, y teniendo por supuesto en cuenta todo lo que acabo de decir, lo más extraño de todo el asunto es que aquello pintaba mucho menos a guerra civil de lo que la gente creía. No los culpo – tenemos una prensa amarillista que parece entender al periodismo como una reorganización exagerada de datos parcialmente reales, por lo que desde el vamos las noticias que nos llegan están filtradas para causar el mayor morbo y pánico posible (tip para los profesionales: ¡el miedo vende!). La gente cree que estamos al pie de una guerra civil porque nuestros periodistas se lo dicen… y no solo genera este ambiente sombrío, sino que además re-alimenta el ciclo vicioso haciéndole creer a los extremistas de tal o cual ideología política que ahora es el momento de hacerse valer.
Ciclo vicioso. Quédense con ese término. Aquellos magos oscuros que parecen formar partes de sectas terroristas (que por supuesto responden a quien más si no al "temible Innombrable" – Enemigo Público Número Uno) no son más que ociosos sedientos por algo de acción. Ahí lo tienen. Hechos: los ataques en los que se han reportado el uso de las artes oscuras o que han sido iniciados por algún motivo racial son ataques aislados. Gente con poca educación tratando de conseguir el favor de Voldemort haciendo lo que "supuestamente" y por mito, él gustaba de hacer (torturar muggles, atacar magos nacidos de muggles y demás porquerías que con leer un libro de historia pueden encontrar que no son más que la exageración del imaginario colectivo); gente que pretende esconderse detrás de la imagen de Voldemort para dar rienda suelta a sus perversas fantasias, y gente que lo hace porque siente que tiene que hacer algo.
Entonces la violencia genera pánico que genera violencia. Ad nauseam.
Lo más gracioso de todo es que a pesar de no estar en absoluto vinculado con él, sé que es terriblemente beneficioso para Voldemort. Oficialmente él se puede lavar las manos de todo esto, pero si analizas bien la situación te puedes dar cuenta de que esto está generando un clima de ansiedad que está desestabilizando el poder político en la nación. Thicknesse hablando pestes de Scrimgeour cuando deberían estar tratando de llegar a un acuerdo para el ciclo legislativo de este año. El Partido Tradicionalista oponiéndose como niños a cualquier propuesta del Partido Popular, y viceversa. Un gobierno en donde no hay oposición clara, solo descontento. El país está dividido, y Voldemort lo sabe. Por eso volvió a las islas en primer lugar.
Ahora, la pregunta que se puede hacer naturalmente es, ¿cómo demonios puedes estar seguro de que no haya tenido nada que ver con la ola de violencia? Mis visiones durante el verano, por supuesto. Creo que si tuviera una disposición un poco más arriesgada y traicionera, estaría vendiendo por millones la inteligencia de las operaciones que está planeando Voldemort. Por supuesto que solo veo retazos, y muchas veces no reconozco lo que hablan él y sus seguidores en mis sueños hasta semanas después de que haya sucedido lo planeado… pero algo es algo.
De todas formas esta inconexa y peculiar fuente de información me ha ayudado a distinguir la violencia desorganizada de los asesinatos marca V, como los llamo. Voldemort está eligiendo muy cuidadosamente a sus víctimas, y son casi todos pesos pesados en la política o personas con algún nivel de conexión al gobierno. Supuestos agentes de inteligencia, secretarios de ministros, embajadores… gente que podía saber de su actividad en el extranjero y que sería capaz de encontrarlo hoy en día, o de poner en peligro sus planes. O al menos eso pienso, porque hay asesinatos que me parecen un total despropósito, como el de Slughorn. No concuerdan realmente con mi teoría.
Hermione es un poco más laxa en su definición de lo que constituye un asesinato marca V; en su opinión, Voldemort instigó conscientemente algunos de los ataques simplemente para causar pánico y fomentar el caos.
No sé quién de los dos está en lo cierto y sinceramente me alegro de que sea así. No he tenido una visión en semanas, gracias a las técnicas que aprendí del libro de Sirius (suena como un comercial, ¿no?); luego de muchos experimentos logré llegar a un punto en el que realmente puedo separar mi mente de la de Voldemort, al menos lo suficiente como para no mezclar mis ciclos oníricos con su realidad. Lo cual no significa que eso me haga decente en esta técnica; cara a cara con un Legilimens como él perdería como en la guerra. Por eso (y por las mil advertencias al principio del libro que lograron meterme miedo) decidí ir más allá y volverme un Oclumens decente. No es una magia fácil de aprender, pero estoy decidido…
Esto me lleva a mencionar algo que estuve pensando recientemente. Es simple, una idea al azar que se me apareció mientras pensaba acerca de… lo que sea que hace que tenga estas visiones. Evidentemente si la Oclumancia probó ser efectiva a la hora de bloquearlas, entonces no queda lugar a duda que no es más que el producto de algún tipo de invasión mental. Digo "invasión" porque no me queda otra, pero realmente no sé si Voldemort lo está haciendo inconscientemente o qué razón tendría para dejarme presenciar momentos tan cruciales, con el compromiso de seguridad que eso significa para él… Sencillamente me inclino a pensar que lo que sea que está pasando, no es con su consentimiento. Y el hecho de que no paró luego de la primera vez me da a entender también que es posible que no sepa lo que está pasando, ya que bien podría bloquear las visiones él.
Tengo la sensación de que el horrocrux generó una especie de conexión mental entre nosotros dos. Por eso pasa a distancia lo que debería ser imposible; para un legilimens es imperativo estar frente a la persona a la que desea transmitirle pensamientos o imágenes mentales. No deja de ponerme incómodo la noción de estar tan atado a él, pero admito que me da algo de curiosidad esto de poder acceder a los pensamientos – de poder ver a través de los ojos del mago más impresionante del siglo veinte. Sin embargo no pienso experimentar mucho con esta conexión… tengo un padrino y una hermana que responden a él. No quiero arriesgarme.
- Ey, Potter.
- Weasley, qué placer es escuchar mi nombre en tus labios.
Fruncido el ceño de Ronald Weasley ante mi tono sarcástico (me agarró camino a desayunar, un lunes por la mañana… por favor), me detuve a ver qué se traía entre manos. Si bien desde el verano se había comportado de manera más civil conmigo, Ronald es una bestia de costumbres… y una vez que húbose acostumbrado a odiarme por ser hijo de mi padre, no había nada que pudiera cambiar su opinión de mí. A pesar de que toda su familia era amiga de la mía, y lo que había pasado mientras Fudge estaba en poder había sido todo una tramoya por parte del político, etcétera, grandes etcéteras.
Había que reconocer que era un chico bastante consistente en su testarudez (otras lenguas decían que me odiaba porque Hermione y yo vivíamos pegados el uno al otro y el pelirrojo andaba detrás de los afectos de mi amiga); sin embargo a veces me parecía bastante inconveniente aquella "rivalidad" porque a Ronald se le ocurría jugarme una broma en el momento justo en el que tenía la cabeza ocupada con sobrevivir a Voldemort, o algo por el estilo.
- Apuesto a que lo dirías con otro tono si fuera Malfoy – me dijo, con una indiferencia afectada que me daba a entender que había pasado un tiempo considerable practicando esa misma línea enfrente del espejo.
- ¿Celoso, Ron? No sabía que jugabas para el otro equipo.
Admiré con una sonrisa sorprendida el hermoso espectáculo de ver a un Weasley transformar su color de piel al mismo tono que el de su cabello (¿tendrán genes de metamórfogos?), el cual a este punto consideraba casi un hobby. Sabía que lo que seguía era Ronald diciendo la frase estúpida del día, y me preparé para reírme un buen rato cuando apareció su buen lacayo Seamus Finnigan para interrumpirnos.
- Yo que tú andaría con cuidado, Potter – dijo, acento firme y una mirada seria que pretendía amedrentarme-. Malfoy se está ganando más de un enemigo con toda esa mierda que está diciendo estos días… se te va a pegar a vos.
- ¿Vos decís? ¿El hijo del jefe del departamento de Aurores militando para los Tradicionalistas?
La mirada de Seamus se oscureció.
- Todo el mundo pensaba que Barty Crouch Jr. era el hijo de su padre, y fijate de qué lado de la lista de la primera guerra aparece.
- Ah, - dije, consciente del impasse en el que me hallaba-. Buen punto, Seamus. Pero mis negocios con Malfoy no tienen nada que ver con intereses políticos.
- Los negocios siempre tienen algo de político – dijo de manera grave – y lo político siempre tiene algo de negocio.
Le sonreí, algo tenso. Algo en mí pedía que sacara la varita para enseñarle a los dos a meterse con sus propios asuntos, pero me contuve.
- Me aseguraré de citarte en el próximo ensayo que tenga sobre las guerras de los duendes, Seamus.
Ya han pasado dos meses desde el inicio de las clases, y he notado que puedo contar con los dedos de una mano la cantidad de veces que he hablado con Neville. Y no soy yo solo el que ha notado este distanciamiento – Hermione me lo ha mencionado ("al principio parecía el mismo Neville de siempre, pero de repente comenzó a esquivarme… no sé si conscientemente, pero me cuesta encontrarlo fuera del horario de clases"), Dean me preguntó si algo le pasaba, que ya no hablaba en clase ("Harry sabes que Neville no es el chico más extrovertido del mundo, pero ahora parece mudo") e incluso Malfoy hizo el comentario de pasada al respecto ("Longbottom parece más perdido que nunca"). En clase, aunque usualmente me siento con él en Pociones, ya casi ni me dirige la palabra – admito que no le he dicho nada hasta ahora, pensando que quizás en algún momento iba a mencionarlo el mismo. Pero ya me parece que estamos llegando al límite de lo que es respetar sus espacios y pasándonos al "parece que tu vida me importa una mierda". Y aunque no soy la persona más afectiva del mundo, la vida de Neville si me importa.
- Ey, Neville, - le dije ayer mientras esperábamos en Pociones a que nuestro brebaje tomara la consistencia adecuada-. Háblame. Te noto distante. ¿Pasa algo?
El chico echó una mirada furtiva alrededor de la habitación. Seguí el camino de sus ojos chocolates con los míos, eventualmente enfocándolos en la figura de Snape, quien estaba ocupado mascullando tal o cual cosa acerca de la incompetencia de los Gryffindor. Severus Snape era un tipo muy estricto en clase, y no admitía menos que perfecto silencio y perfecto brebaje – lo cual había hecho de Pociones una de las clases más tortuosas del año para todos los que ya nos habíamos acostumbrado a la manera más llevadera que tenía Slughorn de dar clase. Pero aprendimos rápido luego de que Snape le asignara detención a Weasley el primer día por entrar al aula gritándole no-sé-qué a Seamus, luego de un monólogo de diez minutos que dejó al colorado al borde del llanto. Regla número uno de supervivencia a Snape: no hables. Jamás. Aunque te estés muriendo.
A pesar del riesgo, sentí que esa era mi oportunidad de hablar con mi amigo; tenía la sensación de que en otro momento hubiera encontrado la forma de escabullirme, o que simplemente me hubiera ignorado. Supongo que Neville se dio cuenta de esto, y como un premio a mi valentía decidió contestarme.
- ¿Te dijo Hermione que pensaba irse a Beauxbatons?
Asentí. Neville bajó la mirada, entrelazando sus dedos manchados de ingredientes, y dejó escapar un pequeño suspiro.
- Para serte sincero, Harry, tengo miedo – noté que sus nudillos estaban blancos, y que sus hombros temblaban ligeramente-. Si Hermione se va… voy a quedarme solo. Voy a perder la única amiga que tengo.
- Pero…- susurré, algo dolido ante lo que sus palabras implicaban-. No vas a estar solo, Neville. Todavía me tienes a mí… soy tu amigo.
- ¿Sí? ¿Somos amigos? – Su tono me sorprendió; intensa amargura acentuando cada punto y espacio en su hablar-. Porque el año pasado apenas nos dirigiste la palabra a mí y a Hermione, y en lo que va del año cuando se te ve con alguien es con Malfoy o peleándote con Ron.
No le pude contestar porque en ese momento sentimos el deslizar zigzagueante de las túnicas del profesor hacerse paso entre los calderos en dirección al pizarrón, pero me pase toda la clase dándole vueltas a lo que me había dicho. Estaba consciente de que Tom había conseguido aislarme de mis amigos el año pasado, y hasta casi había logrado lo mismo con mi familia… pero si bien me dolía el verlos tan distantes una vez que todo terminó, también me molestaba el hecho de que me habían dejado ir tan fácil. Y que ahora me lo recriminara. ¿Dónde estabas, Neville, cuando yo me perdía en la obsesión que representaba ese maldito diario? Si ambos nos acostumbramos a dejar pasar semanas entre charla y charla, fue porque ambos lo sentíamos como algo natural en nuestra amistad. Que me lo recriminara, como si él fuera el amigo ejemplar…
Fue buena suerte el hecho de que la presencia de Snape nos impusiera un silencio obligatorio, pues estoy seguro que hubiera dicho muchas cosas de las que me hubiera arrepentido. Dejé ir y venir aquella indignación, y me contuve de gritarle lo injusto que estaba siendo – y también me preparé para interceptarlo a la salida, para evitar que se me escapase.
No que Neville quisiera hacerlo, pues al final de la clase salió del aula a mi lado.
- Lamento haberte dicho eso, Harry – dijo, claramente incómodo-. No fue justo… sé que el año pasado no fue fácil para ti. Y yo tampoco hice lo que tendría que haber hecho.
- Sí, - le contesté con una pequeña sonrisa- los dos somos pésimos amigos.
- Es verdad…pero, quiero que cambie. Q-que los dos cambiemos. Te considero mi amigo, Harry… por eso me duele que estemos tan separados.
- Sea lo que sea que haga Hermione, sábelo que estoy con vos y que somos dos en esto. ¿Hacemos las paces?
Neville sonrió, no de aquellas medias sonrisas tímidas que regalaba como caramelo, sino una de aquellas sonrisas genuinas que dejan ver las personas cuando están en confianza. Levantó el dedo meñique y lo sostuvo enfrente mío. Acepté el gesto sin pensarlo.
- Ya se lo que me dijiste acerca de quedar en buenos términos para hacer negocios, Harry, pero esto se está poniendo algo ridículo – murmuró Hermione un día mientras salíamos de la biblioteca-. Malfoy no deja de hacerte ojitos.
- Demonios, Hermione, ¿tanto se nota que estoy tratando de seducirlo para quedarme con su dinero? – le respondí con una sonrisa.
- Sí, a decir verdad… - consiguió decir entre risas-. La idea de ustedes dos juntos es lo más ridículo del mundo. ¿Te imaginas tener que cenar con su familia?
- Y tener a Malfoy senior tratando de matarme con la mirada…
- … mientras la señora Malfoy mira toda la escena con asco – la bruja simuló un escalofrío-. Mis condolencias a quien tenga que aguantarse a eso. En fin, ¿qué te traes entre manos, Harry?
- Por ahora, nada – le mentí, encogiéndome de hombros-. No te voy a mentir, Hermione, detrás de toda esa basura supremacista Draco es bastante soportable. Además me encanta discutirle el tema de los nacidos de muggles cada vez que sale. Tendrías que ver lo colorado que se pone.
- Ah, - Hermione asintió con una pequeña sonrisa-, eso es otra cosa.
Por suerte no volvió a tocar el tema en lo que va de la semana, pero de vez en cuando entre nosotros surge un diálogo parecido. Es evidente que a Hermione le preocupa que me esté acercando más a la ideología y a los amigos de Draco que a Draco mismo, y no la puedo culpar. Desde que Voldemort se volvió marca registrada en los pasillos de Hogwarts, el rubio no se ha mostrado tímido a la hora de declarar su lado en este conflicto (no que hubiera sido un secreto ni nada por el estilo). Ergo, tanto él como algunos Slytherin de familias bastante extremistas han sido tomados de punto como referentes de esa particular ideología troglodita que propone la exterminación de todo lo que no sea puramente mágico. Ergo, cualquiera que se lo vea asociándose con ellos es asociado inmediatamente con ese radicalismo emergente.
Pero más allá de las tradiciones y de que Draco no es un mal tipo cuando acabas de patearle el trasero en un debate, la razón por la que me codeo con el rubio es que mi sexto sentido me dice que hay algo gestándose por parte de Voldemort, y que él o su familia tienen algo que ver.
Sí, si, lo sé… ¿sexto sentido? Hablo como Trelawney, pero no me puedo sacar esta maldita sensación de que algo grande va a pasar. Sospecho que proviene de esta conexión que tengo con Voldemort (de vez en cuando, puedo recordar fragmentos de imágenes de mis sueños, cosas que estoy seguro que son partes de visiones… y si bien no tienen coherencia alguna, solo sirven para acentuar esta sensación). Y… sinceramente tengo miedo de que me involucre de alguna forma. Sé que suena bastante paranoico, y hasta un poco engreído, pero Voldemort es un oportunista de primera clase y si tiene negocios en Hogwarts probablemente va a tomarse cinco minutos para molestarme a mí.
En este momento lo mejor que puedo hacer es intentar acercarme a Malfoy para ver si puedo sacarle la información que necesito. Sirius y Sophie evidentemente no deben estar al tanto del asunto, por obvias razones, por lo que la última opción que me queda es mi nuevo "mejor amigo".
Merlín, Tom me debe estar afectando más de lo que pensaba.
TRAGEDIA EN LA MANSIÓN LONGBOTTOM: AURORES ALICE Y FRANK LONGBOTTOM ATACADOS POR MAGOS OSCUROS, TORTURADOS HASTA LA LOCURA
[Neville quiso prender fuego el artículo en cuanto lo vio… su abuela no quiere que vaya a ver a sus padres todavía, y se ha escondido en su cama desde el desayuno.]
HP: ¿Ya saben quién lo hizo?
HG: Oficialmente no, pero en la radio no han parado de hablar de una tal Bellatrix Lestrange. Dicen que durante la primera guerra se hizo famosa luego de torturar con el Cruciatus a Barty Crouch padre hasta… hasta que él mismo se arrancó sus ojos… dios mío…
HP: ¿Bellatrix… Lestrange?
HG: ¿La conoces, Harry?
HP: Ehh… (susurro) Hermione, por favor no se lo digas a Neville… pero Bellatrix es tía de Sirius.
HG: ¿Sirius, tu padrino?
HP: Si.
HG: ¿La has visto alguna vez?
HP: Durante el funeral de Orion, el padre de Sirius.
HG: ¿Cómo es ella…? ¿Piensas que podría hacer algo así…?
HP: (risa) Hermione, toda la familia de mi padrino podría hacer algo así. Toda la familia de Malfoy también. La de Goyle, Crabbe, Bullstrode, Greengrass… no faltan los magos oscuros con ganas de darle rienda suelta a su maestría de las imperdonables.
HG: Pero, ¿por qué, Harry? ¿Por qué hacer algo así?
HP: (suspiro) Siempre me pregunté lo mismo… algunos están locos. Sirius me lo ha dicho… las artes oscuras juegan con tu mente. Si no las puedes controlar, ellas terminan controlándote a ti… te hacen hacer cosas imperdonables, cosas que nadie puede justificar. Otros piensan que el fin justifica los medios.
HG: Aun así… lo que me asusta de esta gente, de los supremacistas, es que no parecen tener límites. Sé que todos son humanos, que seguramente tienen un padre y una madre, esposa o esposo e hijos… gente a quienes aman, y sin embargo levantan su varita contra alguien que también es el ser amado de alguien más. ¿Qué es lo que lleva la gente a hacer estas cosas?
HP: A veces pienso que es la naturaleza humana… que la sociedad nos ha hecho mansos al punto de tener que buscar una excusa antes de cometer una atrocidad, porque sentimos que tenemos que justificarlo de alguna forma… como si el hecho fuera correcto simplemente porque tiene un por qué. Como si hubiera diferencia entre la violencia injustificada y la justificada, a pesar de que al final las dos lastiman lo mismo.
HG: Es lo que define la condición humana, ¿no? El hecho de que seamos tan absurdos como para buscar una razón que explique lo irracional. (Suspiro) Me gustaría poder hacer tener charla en otro contexto… me da cosa esto de hablar de la condición humana como si fuese un ejercicio abstracto, cuando acabo de ver como a mi mejor amigo le destruían la vida. Es…
HP: ¿Horroroso? ¿Qué frente a la tragedia mostremos curiosidad en vez de tristeza absoluta? Todos reaccionamos de manera distinta frente a la pérdida.
HG: ¿Piensas que va a estar bien?
HP: No lo sé. No quiero interrumpir su duelo, por ahora. Solo han pasado unas horas desde que se enteró. Luego podemos ir a las cocinas y traer comida para cenar con él aquí, y podemos hablar.
HG: Hablando de eso… no puedo creer lo que hizo su abuela. ¿Dejar que se entere mediante un periódico? ¿Qué tiene en las venas?
HP: Pragmatismo, excentricidad y Merlín sabe qué más. Augusta Longbottom es una mujer muy extraña. Obró como le parecía mejor.
HG: Igual… Neville…
HP: Ya lo hablaremos con él. Por ahora lo mejor que podemos hacer es darle su espacio y ofrecerle nuestro apoyo.
Es un otoño frío, y las hojas que caen como un torrente de fuego y marrones oxidados ocultan los semblantes oscuros de los estudiantes. Ha pasado una semana desde que los Longbottom fueron atacados, y ha sido casi como si nos hubieran atacado a todos.
Para muchos, aquellos que conocían a Neville solo por nombre, es un golpe bajo porque se ven a ellos en el lugar que hoy ocupa mi amigo. Les invade el terror de que hay algo que a todos se nos escapa de la mano… y al final del día somos niños, y la guerra no nos lo perdona. [guerra; si, porque si Bellatrix demostró algo ese día fue que estamos en una maldita guerra civil, y todos somos el enemigo] Estamos encerrados en esta prisión de cristal, separados del resto del mundo, y ya sea por esto o por nuestra edad poco podemos hacer. Esto los está volviendo locos. [murmullos desesperados, marcas de lágrimas en las mejillas de unas chicas de segundo año; escuché como una chica le preguntaba a su amiga "¡mi mama podría ser la siguiente!" y todos lo miran a neville, en parte por respeto a su duelo y en parte con miedo – que lo que sea que haya traído esa desgracia a su familia no sea contagioso, eso piden]
Para quienes Neville es Neville y no Longbottom el dolor es el doble (mi padre es el puto jefe del departamento, si Alice y Frank fueron torturados, ¿qué le espera a mi familia?) porque estamos nosotros y nuestra angustia y luego está él, impenetrable en su sufrimiento –
Nada que le podamos decir sirve para nada. Estamos allí, con nuestros abrazos y lágrimas, con nuestras condolencias y nuestras palabras de aliento pero nada puede contra la cruda realidad de que le han quitado algo que jamás va a recuperar y que incluso con todas nuestras buenas intenciones nosotros no entendemos un carajo lo que está viviendo [un abismo gigante que nos separa – "ya nada importa" nos dijo en un murmullo y nadie tuvo el corazón para decirle que estaba en lo cierto porque no importaba nada que nadie hiciera o diría porque la tristeza no se detendría nunca]
El miércoles enterró a sus padres y desde entonces no ha dicho una sola palabra.
Era una herida abierta, sangrante y enrojecida y todavía supurando los vestigios de la tragedia – eso lo teníamos muy presente Hermione y yo. Por eso buscamos y rebuscamos las frases adecuadas, y hablamos por horas acerca de cómo podíamos aplicarle algo de ungüento a aquella horrenda herida. Sentimos que Neville se estaba escapando, deslizándose entre las grietas hacia un abismo del que no lo recuperaríamos jamás – y queríamos evitarlo.
Quizás sea demasiado tarde.
- Neville – le dijimos, casi en coro. Nuestros ojos fijados casi con temor en su rostro (y había mucho que temíamos, sobre todo el rechazo), nuestras manos nerviosas retorciendo la tela de nuestras túnicas-, queremos hablar contigo. Queremos saber cómo estás.
Hizo un ademán extraño, casi como si hubiese estado a punto de darnos la espalda para irse para al final quedarse – y había algo de exasperación en su mirada (un golpe al corazón). No dijo nada, y su silencio solo sirvió para poner más nerviosa a Hermione.
- Mira Neville, sé que no podemos entender lo que estás pasando ahora… Pero te estás cerrando tanto, no nos hablas, directamente nos evitas. Estamos preocupados.
Neville frunció el ceño.
- No necesito un psicomago, si eso es lo que les preocupa. No necesito hablar de nada con nadie.
Sentí como mi amiga se tensaba a mi lado, y me preparé para escuchar el tono autoritario que usaba cuando algo no iba de acuerdo a sus planes.
- Discúlpame pero no creo que ese sea el caso, después de lo que pasó…
Como era de esperarse, Neville reaccionó de la peor forma.
- ¡Ves, Hermione, ese es el problema con ustedes dos! O me dejan de lado todo el tiempo, o se me vienen encima como si fueran mi abuela. ¿Nunca se pusieron a pensar que quizás necesito un tiempo solo, para digerir todo?
- Quizás, - dije, tratando de pacificarlo-, o quizás lo único que logres con eso es encerrarte en la tragedia. Sinceramente, al verte no veo la cara de alguien que esté lidiando con su duelo de la mejor forma. Veo alguien que está cambiando, y para peor.
Era extraño hablar de esa forma con él, quien siempre había sido una persona bastante pacífica, bastante calmada. Neville era el típico chico que te daría la razón para evitar una discusión, aunque estuviera totalmente en desacuerdo contigo. Ante nosotros teníamos a alguien que estaba en carne viva, alguien combativo. En sus ojos marrones entrecerrados existía un brillo familiar, y fue solo cuando volvíamos a la sala común luego de nuestra pequeña charla que me di cuenta que había venganza en ellos.
- Me hablas de cambio, Harry – dijo Neville entonces – pero no sabes realmente de lo que hablas. ¿Te crees que podría seguir mi vida de la misma forma luego de tener que ver a mis padres golpeándose la cabeza contra la pared porque lo único que queda de ellos es un reflejo motor?
Se detuvo un minuto, tragó saliva, y noté que había dolor en ese gesto – lágrimas sin derramar todavía, que se las tenía que tragar porque tenía que ser fuerte, valiente frente a aquella enferma situación.
- ¿Te crees que puedo hacer como si no me pasara nada cuando me tuve que sentar frente a ellos para decidir si les daban la eutanasia o no? – sus manos se cerraron en puños -. Ni siquiera puedo dormir con la conciencia limpia. Los habrán dejado como vegetales, pero a mis padres los maté yo.
- Neville, lo siento tanto… - susurró Hermione suavemente. Se había llevado una mano a la boca, y en su rostro se leía la más profunda tristeza. Yo tenía un nudo en la garganta, no se me ocurría nada para decirle que no fuera extremadamente estúpido. Lo único que quería en aquél momento era poder encontrar la combinación correcta de palabras que hiciera que todo estuviera bien. Si tan solo la vida fuera tan fácil…
- Yo también lo siento, créeme. Lo siento más que nadie, - bajó la mirada, su tono duro como el acero-. No lo pueden entender, y por eso no tengo ganas de hablarles. Los veo a ustedes, o al resto de Hogwarts, y se ríen, la pasan bien. No tienen que vivir con esto. No tienen que sentirse una mierda por haber matado a sus padres, no tienen que vivir con este puto vacío en el pecho porque cuando termine el año sus padres los van a estar esperando en King's Cross. Y no los puedo culpar por eso, pero por dentro me mata porque sé que estoy solo en esto.
- No estás solo, Neville. Que no compartamos las mismas tragedias no significa que no podamos escucharte.
- ¡¿Y qué consuelo me trae eso?! ¿Qué diferencia hace? No me van a escuchar, porque lo que tengo para decir les helaría la sangre.
Su mirada en aquél momento nos dejó muy en claro en qué ocupaba sus ratos libres por aquellos días. O quizás yo lo tuve muy en claro, pues Hermione parecía querer seguir con sus palabras de aliento. Yo no sabía qué decirle, y no me sentía con muchas ganas de asentir la cabeza cuando Hermione se pusiera a hablar de su psicología optimista. Sé que algo de razón tiene, pero cuando te encuentras frente a alguien que está pasando por algo tan extraño a lo que estás acostumbrado se te hace difícil creer en las fórmulas. Me pongo en su lugar y siento rabia al imaginarme a alguien diciéndome "¡pero tienes que ver el vaso medio lleno!" luego de que mis padres fueron torturados hasta la locura.
- Lamento no poder ser el mismo de antes. Pero no puedo ser esa persona. Hay cosas que tengo que hacer… cosas que el viejo Neville nunca hubiera podido hacer. Si me disculpan, tengo que ir a hablar con el profesor Lupin.
Y así fue que nos dejó.
En momentos como este realmente extraño la presencia de Tom… incluso con toda su gloriosa psicopatía estaba seguro que entendía el comportamiento humano lo suficiente como para darte buen consejo.
- Tienes que darle algo de tiempo, Harry – me dijo Draco mientras admirábamos los terrenos desde la torre de Astronomía-. Todavía es algo muy reciente. Quizás cuando pase el shock vuelva a ser el mismo de siempre.
- No lo sé… dio un giro de ciento ochenta grados. Neville nunca hubiera pensado en lastimar a una mosca, pero míralo a los ojos hoy en día y te das cuenta que en lo único que piensa es en vengarse. Tengo miedo de que se esté perdiendo en todo ese odio, de que se esté convirtiendo en un monstruo.
- Aquel que lucha con monstruos…
- Exactamente.
- Pobre tía Bella, debe empezar a andar con cuidado… - mi mirada fulminante le recordó con quién estaba hablando-. Oh, vamos, no puedo pretender que realmente simpatizo con él.
- Lo sé, pero existe esta cosa maravillosa que se llama tacto.
- Si, pero… mira, si te pones a pensar ella también es tu tía.
- ¿A qué te refieres?
- Tu abuela era una Black… ¿no eres algo asi como el primo tercero de Bella? Y Longbottom también está relacionado con los Black, aunque de manera más lejana.
- Qué triste que la familia mate a la familia.
Supongo que luego de mi amistad con Tom, debería estar acostumbrado a aquél concepto.
- Cosas como esa siempre han pasado, Harry. La sangre no importa nada si hay ideales de por medio. O dinero. Podría estar hablando hasta mañana de todos los Malfoy que han asesinado a sus parejas, hermanos, primos, sobrinos, padres y otros grandes etcéteras por poder o por dinero.
- Creo que todos estamos al tanto de la reputación de tu familia.
- No me hagas hablar de la tuya, que tampoco se queda atrás.
- Bueno, no hablemos entonces. ¿Crees que haya algún arresto pronto?
- ¿Por el tema Longbottom? ¿Y me preguntas a mí? Tú eres el hijo del jefe de departamento.
- Por favor. No estamos hablando de John Doe, estamos hablando de una prominente socialite de sangre pura. Rica hasta la médula. Más allá de su reputación, de lo que se dice de su participación en el intento de golpe, ¿crees que van a ir por ella directamente o van a buscar un chivo expiatorio?
- Supongo que lo que me estás preguntando es ¿van a dejar que tu padre haga lo que quiera o las influencias de Bella le van a poner trabas? No lo sé. Probablemente. Sé que podría, si quisiera realmente. Tú la conoces, sabes como es. No le cuesta nada asustar a un par de aurores.
Traté de recordar la expresión en el rostro de Bellatrix Lestrange durante nuestro breve encuentro en el funeral del padre de Sirius, pero solo podía recordar sus oscuros ojos, llenos de locura contenida. La mujer era una bruja poderosa, definitivamente temible. Quería creer que mi padre era un auror más hábil aún, capaz de defenderse llegado el caso. Quería.
[N/A: el siguiente fragmento fue escrito en una letra distinta a la de Harry Potter, y se supone que corresponde a su amiga Hermione Granger]
… ando quince minutos en el baño después. No podía creer lo que me dijo. ¿Podrías haberlo esperado de Neville? Ya no sé qué hacer. Quiero ayudarlo, quiero estar ahí para él, pero nos sigue rechazando y cada vez sinceramente tengo menos ganas de acercarme a él. No tiene derecho a hacerme llorar. Sé que mi decisión de cambiarme a Beauxbatons lo ha tenido tenso desde que empezaron las clases, pero jamás lo hice con la intención de abandonarlo. La idea es ridícula. ¿Acaso me hace una cobarde eso? ¿Querer irme de aquí, porque estoy harta de vivir con este miedo? Quizás lo mejor a esta altura sería que los dos nos transfiriéramos, pero pienso en lo que me dijiste ayer y te doy la razón: en la cabeza de Neville solo hay espacio para la venganza.
Estos últimos días he estado muy tenso. Ha llegado el invierno y siento como si el frío se colara hasta mis huesos – y la nieve se deposita copo por copo en mis venas, derritiéndose lentamente…
Es la espera, es el aire que respiro. Hemos vuelto a una cuasi-normalidad desde el ataque a los padres de Neville, pero si digo cuasi es por algo (y las diferencias son lo que pesan – más durante la noche, cuando estás solo con tus miedos y la sonrisa de un amigo no te puede distraer). Tengo un presentimiento horrible, y vivo con el miedo de que mi familia sea la siguiente. Y me doy cuenta de lo efectiva que es la estrategia de Voldemort – porque vivimos todos con miedo, vivimos todos pendientes de las lechuzas que aparecen por la mañana rogando para que traigan solo buenas noticias.
Es casi como si nos hubieran sitiado detrás de las fortalezas de nuestra mente.
(Y el tiempo pasa, segundo tras segundo y no me he olvidado del reto de Voldemort – y a veces siento ganas de llorar porque es como si me hubieran puesto frente a la esfinge para resolver un acertijo y no tengo voz para contestarle.)
