Lamento los largos intervalos que me tomo para actualizar la historia, pero quiero reiterar que sigo trabajando sobre ella. A paso lento, sí, pero trabajo, estudio y me gusta salir los fines de semana, jaja. De paso quiero agradecer a todos los que siguen leyendo esta historia, y espero que puedan seguir disfrutando de ella.


Harry,

Si estás leyendo esto es porque el ministerio me ha puesto bajo custodia. No entres en pánico, los cargos son menores, y estoy seguro de que saldré en un santiamén. Y si no salgo… bueno, digamos que tengo otros canales por los que moverme. Pero lo importante es que sepas que voy a estar bien. No quiero que hagas nada precipitado, pues podría ponernos en peligro a ambos.

Cuídate. Sirius.

recibí esta carta hace unos minutos, espero que sea una broma (aunque sirius ya no bromea así) por favor espero que mi padrino esté bien


Harry, me gustaría poder hablar de esto contigo personalmente, pero por el momento no tengo tiempo y quiero que te enteres por mí y no por El Profeta. Sirius ha sido arrestado por cargos de espionaje de secretos gubernamentales, y ha sido llevado a Azkaban como medida preventiva. El cargo del que se lo acusa es muy serio, y de ser encontrado culpable hasta podría recibir el Beso. No quiero que entres en pánico ni tampoco quiero mentirte, pero la situación de Sirius es muy complicada. Quiero asegurarte que esto me resulta tan sorprendente a mi como debe resultarte a ti. He conocido a Sirius por años. Por eso quiero que estés tranquilo porque voy a asegurarme de que se realice una investigación profunda y que solo se descubra la vedad.

Con amor, papá.

PD: trata de mantenerte al margen de todo esto. Sé que es difícil echarte a un lado cuando alguien a quien amas está pasando por un momento difícil, pero a veces la intervención puede causar más mal que bien. Eres joven todavía y tu lugar está en Hogwarts. Deja que los adultos manejemos esto.

Harry, sé que estás al tanto de las sospechas que tenía tu padre acerca de los amigos de Sirius, pero quiero que sepas que quizás de todos nosotros al que más le cuesta aceptar esta situación es a él. Sé que el distanciamiento entre James y Sirius te ha dolido muchísimo, y quizás este embrollo solo sirva para echar sal en la herida; pero tienes que entender que son adultos y que las decisiones que cualquiera de los dos tomen no siempre van a ser las correctas. Esta semana probablemente iremos a Hogwarts para hablar de este asunto contigo, hijo, hay muchas cosas que necesitan decirse tanto de nuestra parte hacia vos como de tu parte hacia nosotros. Mientras tanto, quédate con la idea de que nuestros corazones están contigo en este momento. Con amor, tu madre.


Como la corteza de un árbol viejo que se van descascarando con mayor rapidez a medida que pasa el tiempo; así me siento. Capas y capas se desmoronan, cada vez con mayor rapidez y siento que no hay nada que pueda hacer para evitar quedar expuesto. Una herida abierta, sangre y músculos mirando la luz del sol por primera vez. Estoy cansado.

Sirius, Azkaban. El frío intenso que recuerdo de la única vez que me encontré con un dementor, y la desesperanza seguida de una taza de chocolate caliente en las manos de mi padre. Es como si la angustia nunca terminara. Este miedo maldito me oxida y juro que puedo escuchar el chirrido de mis dedos al escribir, como si fueran máquinas pobremente aceitadas.

Quiero creer que todo va a estar bien, debo creer que todo va a estar bien. También debo aceptar la realidad de que una parte de mi familia está muy firmemente plantada de un lado de la guerra y la otra parte en el lado contrario, y aunque me lo he repetido todo el maldito verano aun así pasan estas cosas y yo me siento como si alguien le abriera los puntos a esta herida.

No puedo hacer nada por él, sólo esperar. Estoy contando los minutos hasta que empiece el desayuno, y ver con mis propios ojos como todo se desmorona.


SIRIUS BLACK ARRESTADO POR CARGOS DE ESPIONAJE

Un equipo de aurores encabezados por el jefe del departamento arrestó ayer al conocido Inefable Sirius Black luego de que una operación encubierta de la División de Contra-Inteligencia diera a conocer detalles sobre filtraciones de archivos confidenciales del Departamento de Misterios.

SIRIUS BLACK, ¿EL ESPÍA PERFECTO?

Acusado de ser la cabecilla de una red que se dedicaba al tráfico de información confidencial, Sirius Black se encuentra muy lejos de los días en los que provocaba escándalos en los círculos de elite por sus opiniones radicalmente opuestas a la de su familia tradicionalista. Amigo y compañero de andanzas de James Potter (sí, el mismo jefe del departamento de Aurores que ordenó su arresto) desde que el Sombrero Seleccionador los sorteó en Gryffindor, fue nombrado tanto padrino de boda como del heredero de los Potter, Harry. Algunas fuentes hablan de peleas y de distanciamientos en los últimos años, pero incluso con el peculiar ascenso de Black en los círculos sangre pura desde la muerte de su padre Orión, ambos amigos mantenían una relación cordial. ¿Podemos realmente exculpar a James Potter de no estar al tanto de las maniobras sombrías que realizaba su amigo? ¿O quizás hay más oculto de lo que James Potter se anima a decir?

BLACK Y POTTER, CRÓNICA DE UNA TRAICIÓN

Se conocieron en su primer año, cuando Sirius Black le dio la espalda a toda la tradición de su familia y tomó los colores de Gryffindor para lucir en su túnica durante los siguientes siete años. Quizás al joven James Potter, descendiente de una estirpe conocida por admirar la valentía y el coraje por sobre todas las cosas, le llamó la atención aquella muestra de espíritu. Quizás vio en Sirius un compañero con el cual divertiría a todo Hogwarts con sus bromas. La verdad es que ambos se volvieron inseparables desde entonces. Compartieron alegrías y tristezas; Sirius estaba allí cuando James perdió a sus padres. Sirius fue el padrino de bodas de James y luego recibió el honor de apadrinar al pequeño Harry, primogénito de los Potter. James fue la muleta sobre la que se apoyó Sirius cuando la familia de este último lo despreció.

Una y otra vez a lo largo de sus años mozos podemos ver el cálido relato de una amistad que parecía perfecta… y que lentamente se fue desmoronando, con acusaciones de traiciones de ambas partes, intereses conflictivos, una muerte sospechosa, las ambiciones políticas de James dentro del Partido Popular y las influencias de Sirius dentro del Partido Tradicionalista. Continúa en la página 23.

MI PADRINO, EL ESPÍA

Quizás en el revuelo que provocó el Blackgate pocos recuerdan a Harry Potter, la desafortunada víctima de la corrupción del ministro Fudge, quien sobrevivió a la maldición asesina luego de ser confinado y torturado por una de sus secretarias, Dolores Umbridge. Pero con las acusaciones hechas contra Sirius Black el pequeño Harry se ve de vuelta en el ojo de la tormenta, pues Sirius Black no es nada más ni nada menos que su padrino.

BLACKGATE: COMIENZAN LOS ALLANAMIENTOS EN RESIDENCIAS DE ALLEGADOS A SIRIUS BLACK

SIRIUS BLACK A COMPARECER CONTRA EL WIZENGAMOT POR BLACKGATE

El portador de la Oficina de Transparencia anunció anoche durante una rueda de prensa que se ha fijado para el día quince de noviembre la primera audiencia por el tráfico de información confidencial, en el que comparecerán Sirius Black, Dmitry Tsarnaev y Friedrich Wersmacht, los únicos imputados hasta el momento.


No tengo noticias de Sirius, tan sólo lo que leo por los diarios. Quiero saber que está bien, pero las fotos en El Profeta lo muestran desafiante, calmo – y tengo miedo de que eso sea solo una máscara. Mañana vienen mis padres a Hogwarts para hablar conmigo. Quiero creer que me traerán buenas noticias (ilusiones estúpidas mías).


En los labios de mis padres hay consuelos a medio fabricar, pero no pueden hacer mucho frente al semblante ojeroso con el que me reciben. Soy un manojo de nervios y de preocupación, y no hace falta que abra la boca como para que ellos sepan lo que tengo en la cabeza.

Sirius, ¿está bien?

La primera en responder es mi madre (las pecas se pierden en su cara cuando le pega el sol de media tarde; los rayos de luz hacen que su cabello pareciera estar prendido fuego pero en sus ojos se debate una tormenta feroz); me toma del brazo, nos sentamos los tres en un banco frente a los invernaderos y me dice, no sé.

- Sirius está en una situación complicada, Harry, - agrega mi padre, sombrío. Sus ojos marrones se pierden a lo lejos, donde unos estudiantes de Ravenclaw se pelean por una Quaffle. Sus hombros están erguidos, tensos; sé que está consciente de que no me va a gustar lo que tiene para decir-. Las pruebas contra él son muy sólidas. Merlín, sabes que lo he constatado con mis propios ojos. Miré las pruebas mil veces, y allí están, claras como el agua.

Fijó sus ojos en mí, acusadores. Estaba a la defensiva porque imaginaba que yo estaría siempre dispuesto a luchar por la inocencia de mi padrino; que mi enojo sería por la ingenuidad infantil que nos acompaña en todos los asuntos que tienen que ver con la familia. Pero si estaba enojado, era porque era evidente que el concepto que mi padre tenía de mí correspondía a alguien que ya no existía. Perdido en su vida profesional, ¿cómo podía pretender saber cómo iba a reaccionar?

Y se me viene a la cabeza, ahora, en frío; ¿no habrá algo de envidia en todo esto? Mi padre nos ve tan distanciados como nos veo yo, mientras que con Sirius tengo otro tipo de relación. Mi padre ve a Sirius como competencia, y con este último golpe (para él, la máxima traición) es fácil pasar de la pasiva tensión a la campaña difamadora. Él dijo que se fijó en las pruebas mil veces, pero me gustaría saber con qué ojos lo hizo.

- ¿Qué es lo que sigue? – pregunté. Podría haberme enojado, haberle recriminado mil cosas en ese momento (por qué lo dejaste solo, por qué ya no son amigos, por qué no estuviste conmigo cuando más te necesitaba, por qué queres hacer buena letra ahora cuando Sirius fue el único que me ayudó cuando Tom me hostigaba, por qué parece que querés hacerme cargar la cruz de Sirius), pero no me sentía con ganas para pelear. Entre Neville y mi padrino, estaba hecho. Quizás perdí el momento en el que tendría que haber aireado las diferencias entre él y yo; quizás tendría que haber aprovechado para salvar las distancias que nos separan. No sé. Ya no sé nada.

- Por ahora, tendrá que ir a juicio; el resto está por verse. Pero a menos de que tenga algún as bajo la manga que pueda sacar a último minuto, o algún favor que le estén debiendo… ha habido mucho caos en el ministerio desde que sacaron a Fudge, Harry – mi padre emitió un suspiro, y noté que, hasta cierto punto, él tampoco buscaba realmente una pelea-. Sinceramente, la cosa está muy inestable. Entre el Innombrable, y la actividad de sus seguidores en los últimos tiempos, sumado a estas infiltraciones en el ministerio… puso muy nerviosa a mucha gente.

- O sea que buscan condenarlo para tener un poco de paz mental.

- Para sentir que están haciendo algo, quizás, - intercedió mi madre suavemente-. Tu padre va a hacer lo posible para que realmente se haga justicia y que no se vuelva un circo romano. Eso te lo podemos prometer. Pero en cuanto a que Sirius…

- Si, lo sé, - dije, con cierta molestia-. Sirius es un adulto responsable por sus propias acciones. Él sabe lo que hizo, y lo que no, y por qué. Pero lo que no voy a aceptar es que cometan una barbarie, como darle el Beso por esto. Y si no pueden hacer nada ustedes me las arreglaré yo.

- Harry, sabes que podrías complicar más a tu padrino…

- Me acaban de decir que es muy probable que lo condenen, ¿verdad? Endúlcenlo como quieran, pero sé lo que quisieron decir. Y no me puedo oponer a la justicia, pero no voy a permitir que le hagan nada – sentía mis mejillas arder por la furia; apenas puedo soportar la idea de que le den el Beso por esta estupidez. Son capaces, (oh si, este maldito ministerio siempre ha sido y siempre será capaz de todo) y por eso estoy dispuesto a todo para evitarlo. Sabía que tenía cierto poder frente al público (lo único que podía agradecer de todo el maldito escándalo con Umbridge), y sabía que si jugaba mis cartas bien, me serviría enormemente. Pero lo primero era lo primero, y era de hacerles entender a mis padres que no necesitaba que me trataran como a un niño, más en estos momentos.

- Nosotros tampoco, Harry – dijo mi padre, aunque más que una afirmación salió como una pobre excusa para aplacarme. No había más para decir.


Una capa más de nervios para cubrir el gran fracaso que fue Neville para nosotros – eso es lo que leía en las manos de Hermione cuando se acercó a hablarme ayer por la tarde. En sus ojos – simpatía total, y a diferencia de Neville mi corazón se ablandaba entre tanta desgracia porque allí había una amiga, una aliada. Alguien a quien hablarle de cómo se me oprimía el pecho por las noches cuando me acostaba en mi cama y me ponía a pensar que Sirius estaba sobre un piso de piedra encerrado en Azkaban. Que me tomaría de la mano cuando mi imaginación me trajera imágenes de dementores acechando, y que se mandaría un monólogo de media hora cuando intentase hacer algo estúpido.

- Harry, ¿estás bien? – fue lo que me preguntó; simple, directo al grano. Le respondí con una sonrisa cansada (lo único que pude esbozar en toda la semana) y le dije que sí, yo estaba bien. Nervioso, frustrado, con ganas de entrar en Azkaban y sacar a Sirius de allí porque el que seguramente no estaba bien era él. Pero así eran las cosas. Los padres de Neville estaban muertos y sus fantasmas me acechaban, y ahora Sirius estaba tras las rejas y yo sentía que se me estaba yendo todo de las manos.

- Va a estar bien, Harry. Sirius sabe lo que hace.

Y sobre todo, lo que más me frustraba era que ni siquiera podía defender vehemente su inocencia, porque sabía que Sirius tenía las manos metidas en más de un asunto ilegal. No podía llorar por su inocencia y tampoco por su culpabilidad, porque entendía perfectamente las razones por las que hacía las cosas que hacía (aunque no estuviese de acuerdo, aunque su tía hubiese torturado salvajemente a los padres de mi amigo). No podía hacer realmente nada más que sentarme a esperar a que Sirius no se pudriera en esa isla infernal.

(y una parte de mí se pregunta, ¿será esto retribución de algún tipo? Por ser quien soy, por jugar con fuerzas que no entiendo, porque le hablé a la cara a Voldemort y a Bellatrix y me codeé con todos esos torturadores y tengo la hipocresía de sentirme mal por Neville.

¿será que ahora me toca a mí, que me torturen a mi familia?)

Por otra parte, si bien Hermione era toda inocente empatía en Draco encontraba un interés realista por la situación. Ojos grises que analizaban el detalle más mínimo de mis facciones, cuerpo descansando relajadamente contra el tronco de aquél árbol (envidiaba aquella falta de temor, aquella tensión que él no parecía compartir porque estaba demasiado malcriado como para entender las sutilezas de nuestra situación).

- Al final el chivo expiatorio fue Black, lo cual es bastante interesante porque pensé que era un favorito de la tía Bella. Bueno, no fue tanto un chivo expiatorio sino una distracción. El escándalo de la semana es la fuga de información secreta, y nadie se acuerda que no hay detenidos por el caso Longbottom. Peor todavía, porque uno pensaría que teniendo el favor de los Tradicionalistas y siendo amigo de tu padre le daría una cierta inmunidad. Quizás por eso hizo tanto revuelo. Todos pensaban que Black era intocable.

- ¿Crees que debería decir algo? ¿Y si mando una carta al profeta hablando de eso? ¿De la falta de detenidos del caso Longbottom?

- Sería una buena idea si no fueras el hijo del jefe del departamento de Aurores. Así solo vas a terminar cambiando a Sirius por tu padre.

- Draco, no se compara el ir a Azkaban con un escándalo político.

Una sonrisa socarrona de su parte. Internamente me sorprendí por lo bien que había logrado copiar los gestos de Lucius.

- Como están las cosas, Harry, en cualquier momento empiezan a volar cabezas como si estuviéramos en la Terreur.


El Mago-Qué-Vivió de vuelta en el ojo de la tormenta

HARRY JAMES POTTER… ¿BLACK?

Una incautación preventiva de bienes develó que Sirius Black habría nombrado a Harry Potter como su heredero efectivo posiblemente sin el conocimiento de sus padres.

Por Rita Skeeter.

Durante la tarde de ayer se llevaron a cabo la puesta en efecto de las medidas cautelares anunciadas por el jefe de la Oficina de Transparencia, Robert Ringboud, en relación al expediente NSIV-01129 correspondiente al Blackgate, y más precisamente a la participación de Sirius Black en el contrabando de información de alta confidencialidad. Los consejeros habían resuelto el miércoles seguir el Protocolo de Wigglebug de 1768 para la prosecución de casos de alto perfil que implicaran la violación de la seguridad nacional. El protocolo dicta que una vez arrestado, el implicado se verá suspendido en sus obligaciones públicas y sus títulos y efectos personales puestos bajo control de su heredero. Para Black esto no solo significaba ser oficialmente suspendido en sus funciones como Inefable, sino que perdería temporalmente el derecho a voz dentro del Wizengamot como Jefe de la Casa Black y toda su fortuna sería congelada para ser velada por el Ministerio, ante la falta de heredero declarado.

Sin embargo, y en lo que supuso una gran sorpresa para los presentes durante la reunión del Presidente de Gringotts, Falhimirr, con el Consejero Primo en el caso Blackgate, Meredith McDonald, los derechos de los títulos y propiedades de la Casa Black pasaron a nombre de Harry James Potter Black. Harry no es sólo un nombre conocido para los ingleses, luego de que su detención ilegal por parte de Dolores Umbridge deviniera en un desmantelamiento y reestructuración masiva del Ministerio, sino que además es hijo del jefe del departamento de aurores, James Potter, y ahijado del mismo Sirius Black.

Una investigación más profunda reveló datos aún más curiosos – el certificado de nacimiento de Harry Potter también agrega el apellido de Black al final, aunque no fue modificado manualmente desde su concepción. Una vieja costumbre en las familias de sangre puras que quedaban sin herederos era el hacer adopciones de sangre – una práctica que se perdió con la invención de pociones de fertilidad a mitad del siglo XIX. El ritual modificaba la misma identidad del adoptado – a efectos físicos es como si hubiera nacido en la familia adoptiva. Junto con esta práctica también nació la necesidad de actualizar automáticamente los registros, ya que durante un tiempo el ritual se volvió tan popular que la burocracia no daba abasto para procesar los pedidos de modificación de certificados. Aunque prácticamente ignorados por parte de la población en tiempos modernos, estos dos vestigios de prácticas medievales nos dejan hoy con un interesante dato – la adopción de sangre de Harry Potter por parte de Sirius Black.


A veces me pregunto para qué demonios me preocupo por mantener secretos, si en cuestión de meses terminan publicados en la tapa de El Profeta. Maldición, ya me tienen harto; la próxima vez, le daré una entrevista exclusiva a esa Skeeter para contarle de todas mis aventuras con Tom, Voldemort, y de paso publicitarme como un puto Sensor, así la señora ama de casa puede disfrutar de todos los sórdidos detalles del tren en llamas que es mi vida.

Sí, maldita sea, me encuentran dramático y furioso; soy el nudo en el medio de la soga y les encanta tirarme hacia un lado y hacia el otro, ¿no estarían hartos ustedes también?

Para variar, esta vez tuve la fortuna de enterarme con cierto delay, cortesía de una noche de…ah, estudio intenso (rellenen los blancos con lo más pervertido de sus cabecitas). Llegué tarde al desayuno, por lo que pude disfrutar en technicolor la más amplia gama de miradas y expresiones (cabe decir que no terminé desayunando más que bronca). Lo primero que atiné a hacer, una vez que Hermione me pasó el diario matutino, es a tomarla del brazo y arrastrarla hasta el rincón más privado que el castillo pudiese ofrecer.

- Harry, ¿vos sabías algo de esto? – me preguntó ella, entre bocanadas de aire. Tres pisos de escaleras movedizas no ayudan a la conversación urgente entre dos conspiradores.

- ¿De la adopción? Eh… sí y no, - le respondí, haciendo cálculos mentales rápidos para saber hasta dónde le podría contar-. No lo supe hasta que estuvo hecho, porque estaba inconsciente en el momento en el que hizo el ritual.

La expresión de Hermione se tornó lívida.

- ¡No, espera! Todavía no llegues a ninguna conclusión. Te puedes imaginar cómo me puse el momento en el que me di cuenta de lo que había hecho… quédate tranquila que todo lo que pensaste para decir, se lo dije entonces – esbocé una pequeña sonrisa para darle a entender que todo estaba bien-. Pero me explicó varias cosas… situaciones, familiares y que tenían que ver conmigo, que me hizo darme cuenta de que era necesario para protegerme.

Hermione me miraba con una ceja alzada, y sabía que tenía que preparar un buen argumento convincente antes de que me hiciera la cabeza con todos sus razonamientos lógicos de por qué Sirius era un gran hijo de puta (créanme que esta chica es capaz de hacerte creer que es totalmente razonable que el cielo sea rojo, mientras que eso ayude la causa de la justicia social).

- Eh, mira… no sé cuán al tanto estás de esto, pero dentro de las familias de sangre pura, especialmente de la rama Tradicionalista, los Blacks son vistos con mucho respeto. Tener sangre Black… y especialmente, pertenecer a la rama principal, es algo muy importante. No quiero entrar en detalles porque son cosas que no me corresponde a mi decirlas, pero básicamente mi padre se ganó muchísimos enemigos estos últimos tiempos, y a Sirius le llegaron ciertos comentarios que le daban a entender que era posible que intentaran algún atentado contra mí. Entonces se le ocurrió que la forma más efectiva de protegerme era darme su apellido. Se aseguraba que si intentaban algo, sería entonces muchísimo más simbólico. Eh… digamos que no intentarían matarme.

- Pero sigues siendo un Potter.

- Pero tengo algo de sangre Black, en parte por una abuela mía y en parte por el ritual. Y eso es más que suficiente… Hermione, piensa que estos tipos están obsesionados con la sangre.

- Sí, sí, eso lo entiendo… Mira, no puedo evitar que me de mala espina todo este asunto, considerando que Black…- se detuvo, mordiéndose los labios. Sabía que había estado a punto de decir que Black "era un espía del Innombrable" o como sea lo estén nombrando en los periódicos; y sentí algo de impotencia ante la susceptibilidad de mi amiga ante los medios. No sabes toda la verdad, me moría por decirle, ¿entonces a quién vienes a juzgar?

Pero como ella, había todo un país que repetía esos títulos periodísticos que nos daban a las Personas de Moda; todo un país que pensaba que El Profeta era una fuente confiable e imparcial. Pero ese no era ni momento ni lugar para ponerme a despotricar contra los medios; me encogí de hombros por un instante para darle a entender que no me iba a poner a discutir su desliz.

- Hay acusaciones muy graves contra tu padrino, Harry, y ahora resulta que eres su heredero. Me preocupa, nada más. Si lo encuentran culpable… la gente te va a encontrar culpable a vos también.

La miré por un instante, desconcertado, pues jamás se me había ocurrido que alguien quisiese cobrarme a mí las deudas de mi padrino. ¿Podría llegar a ser tan irracional la gente?

- Por tu cara adivino que no lo viste, pero cuando entraste Neville parecía a punto de saltarte encima… imagino que no le debe gustar nada enterarse ahora que estás emparentado con la mujer que torturó a sus padres.

- ¡Pero no tengo nada que ver con ella!

- Creo – dijo ella en un tono conciliatorio- que quizás tenga más peso que no le hayas dicho antes. Ponte en su lugar… ¿no te enojaría que tu amigo te haya ocultado que estaba emparentado con la asesina de tus padres?

Asentí, sabiendo que tenía razón. Pero de nuevo, ella no sabía toda la verdad. No podía simplemente ir por la vida gritando a los cuatro vientos que me habían hecho heredero de los Black, ni siquiera entre amigos. Era necesario que mantuviese las cosas separadas, que tuviese mis secretos… pero ahora parecía que también era necesario que los revelase. ¿Qué demonios se supone que tengo que hacer?

Recé aquella tarde para que todavía estuviese a tiempo de hablar con Neville. No estábamos en los mejores términos, estaba consciente de ello, pero todavía tenía la inocente esperanza de que pudiéramos hablar y poner las cosas en claro. Volver a ser camaradas, como lo éramos antes.

(Se dan cuenta hasta qué punto me habían llevado los acontecimientos, ¿verdad? Uno mira un poco las cosas en frío y se dice "¡pero es obvio, campeón! Este tipo no te quiere ver ni en figuritas").

Y me acerqué a él en cuanto pude, cabeza gacha, tratando de demostrarle que estaba allí para enmendar errores. Había algo roto en el Neville de los últimos meses, algo que me provocaba desconfianza y hasta cierto temor; quizás era lo desconocido de aquella persona que alguna vez conocí y que ahora se separaba de mí tan bruscamente, quizás era la noción de la posibilidad de que la historia que compartíamos había llegado a su fin. Sea como fuese la cosa, estaba él marchando solo por el pasillo de una torre en el ala este del castillo, y estaba yo apurándome para seguirle el paso.

- ¡Ey! ¡Neville! – le grité, consciente de que sabía de todas formas que era yo quien lo buscaba (¿quién más se le acercaría de manera tan desesperada aquellos días, en los que la sola mención de su nombre parecía estar embrujada a traer la plaga?). Hizo un movimiento brusco con la mano, y entendí (a fuerza de haber vivido situaciones parecidas con Tom por mucho tiempo) que su varita estaba a segundos de apuntarme y que lo que seguiría sería una explosión de colores acompañados del grito de guerra que prefiriese en aquél instante.

Neville quería atacarme como no había podido atacar a Bellatrix Black.

Me tiré hacia un lado, y evité el rayo púrpura que se dirigía hacia mí. Algo en mis ojos le hizo dudar un minuto, y se detuvo, tenso, mirándome con gesto hosco. Su varita no temblaba en su mano.

- No sé qué excusa me vas a querer vender, pero te recomiendo que te la guardes y que te vayas.

- Neville, solo quiero pedirte disculpas… - intenté decirle. De poco sirvió; aquella era una mecha deseosa de que alguien la prendiese.

- ¡DISCULPAS! ¡Buen momento para pedirlas, Harry! ¿Las pensaste cuando la puta de tu tía torturó a mis padres, o mientras me querías hablar de "cambiar"? ¿Te dijo Hermione, con toda su estúpida sabiduría, que lo mejor sería dejar al pobre huérfano Neville sin saber, porque sólo conseguiría enojarme aún más? Vos eras mi amigo, - escupió, y cerré los ojos por un instante, sintiendo la puntada en el corazón. No tengo la costumbre, a pesar de que uno pensaría lo contrario de mí, de ponerme a revisar las cosas que hice en el pasado; no creo en arrepentirme de los errores, si no en aprender de ellos para tratar de no repetirlos. Pero si bien sabía (mierda, aquella puntada en el corazón no me lo dejaría olvidar) que esta era una lección que me sabría de memoria de por vida, no pude evitar por un momento el fuerte deseo de volver atrás para deshacer lo hecho. Tomar a Neville de los hombros y decirle a la cara que por mis venas corría la misma magia que le había arrebatado a sus padres.

El arrebato de furia pareció infundirle de coraje; el que había sido un tímido chico, estaba ardiendo y prometía expandirse hasta fulminar en supernova. Me sentía acobardado ante él; en parte por su actitud y en parte porque estaba muy consciente de mis errores.

- Incluso si dejo toda esta artimaña de lado, ¿te crees que me hace gracia que vengas a dar la cara cuando sé que compartes la misma sangre podrida que todos ellos? En lo que a mí respecta, eres la misma mierda. Si tuvieras un poco de dignidad, te matarías antes de salir al mundo con ese apellido inmundo.

Lo miré boquiabierto, incapaz de comprender cómo aquellas palabras podían salir de la boca de una persona que antes había sido mi amigo. Algo de su veneno me infectó en aquél momento, y lo que fue sorpresa pronto se volvió indignación. Había muchas cosas que podía soportar, pero aquello me superaba.

- Estás completamente desquiciado, Neville. Escúchate un minuto. ¿Te das cuenta que no tengo nada que ver con Bellatrix? ¿Qué por razones que no te importan terminé compartiendo apellido con ella? ¿Qué quizás, oh la novedad, el mundo no gira en torno a ti y que la adopción tuvo sus razones, ninguna de las cuales necesitaba de tu bendición?

- ¿Qué no necesitaban de mi bendición? ¿O sea que te da lo mismo pertenecer a una familia de asesinos? ¿O ahora me vas a salir que en realidad es un gran malentendido, que seguramente hay una razón que va a justificar que mis padres estén cuatros metros bajo tierra?

Lo miré por un instante, incapaz de soportar la verdad que tenía ante mis ojos. Neville me parecía detestable en aquél momento; ciego en su ira, totalmente irracional.

- ¡Ahí volvemos a lo mismo! Lo único que quieres es conmiserarte por tu pérdida, ¡le agarraste el gustito a sentirte mal por vos mismo! ¿Y pretendes venir a hacerte la víctima cuando me dices que me mate?

Lo vi resoplar y supe que había dicho lo justo y lo necesario para pasar de la discusión al duelo; pero antes de que ninguno de los dos pudiera hacer nada, escuchamos unos pasos. Una túnica estridente en púrpura y amarillo salió al paso, revelando que nuestro acompañante no era nada más ni nada menos que Albus Dumbledore. Ambos bajamos nuestras varitas y relajamos nuestras posturas casi automáticamente, aunque era obvio que habíamos estado a punto de irnos a las manos. Sin embargo, el director no hizo mención alguna de ese hecho, y comentó ligeramente que Remus había estado buscando a Neville por todo el castillo, por una supuesta detención que le faltaba cumplir.

- Quizás sería mejor que aproveche la iniciativa del profesor, señor Longbottom, antes de que le exija una nueva detención.

Creo que parte de mí había esperado la infantil mirada fulminante al pasar, pero su ausencia me demostró que verdaderamente esta confrontación estaba ya en otro nivel. Neville me ignoró completamente, y asintió bruscamente con la cabeza en dirección al director antes de excusarse. Ya era obvio de que la situación entre nosotros dos no tenía remedio alguno. Y aunque suene raro decirlo así, por no decir que oficia de gualicho, no sé si de mi parte había ya intenciones verdaderas de renovar nuestra amistad. Aquél exabrupto había despertado en mí el mismo rencor que vivía en él; y por más de que pienso las cosas en frío no puedo dejar de repetir aquella mirada idiota llena de ira en mis memorias. Yo me había equivocado, pero luego Neville se equivocó conmigo. No había nada más que decir.

- Señor Potter, si no le molesta me gustaría pedirle un minuto de su tiempo – el director se dirigió a mí plácidamente una vez que la espalda de Neville se perdiera entre los corredores. Asentí, esperando algún reproche por lo que acababa de pasar. Sin embargo para mi sorpresa, el director no hizo mención alguna de la discusión, y se limitó a hablar de sus dulces favoritos (todos muggles) mientras caminábamos hacia su oficina.

- Antes que nada, tengo que informarte que tus padres me avisaron que iban a venir por la noche para hablar contigo, Harry – empezó una vez que estábamos acomodados dentro de su excéntrico despacho. El cambio del tono formal al familiar me puso en alerta, pues estaba acostumbrado a que aquello vaticinara alguna conversación que no me iba a gustar-. Entendiblemente, están preocupados por lo sucedido, y me imagino que querrán hablar contigo.

- No sé si preocupados lo describe, profesor – le dije con una media sonrisa-. Yo diría que van a estar furiosos.

Dumbledore alzó una elegante ceja detrás de sus lentes con forma de media luna.

- Asumo que sabrás más de la situación que este humilde servidor, aunque en cierta forma eso me preocuparía, teniendo en cuenta todo lo que se dice del tema estos días.

- ¿A qué se refiere?

- Supongo que tu padre te habrá puesto al tanto, pero más allá de los cargos que se le imputen a tu padrino, lo que realmente está en cuestión aquí es la posible alianza de Sirius con Voldemort.

Había momentos en los que era fácil olvidar que el peculiar anciano había sido quien derrotara no solo a Grindelwald, sino también al mismo Voldemort en batalla; las charlas inocuas, llenas de sinsentidos y comentarios casi surrealistas te podían pintar una imagen muy errónea de quién era realmente aquél hombre. Debajo de toda la parafernalia, debajo de todo aquél personaje se escondía algo; y en el momento en el que bajabas la guardia salía a relucir. Quizás aquello era lo que lo hacía tan temible como oponente; su afabilidad era una pantalla importante que escondía la aguda perspicacia de sus ojos azules.

El comentario me despertó de mi estupor; sabía que había cometido un error al darle entender que quizás sabía más de lo que me correspondía. Con cuidado, me propuse seguir un esbozado guión para evitar un nuevo desliz.

- Creo que acabamos de presenciar los efectos adversos de esa asociación, ¿no?

Dumbledore me miró gravemente por unos instantes.

- Mi deber es velar por la seguridad de todos mis estudiantes, Harry, y en este momento la que se encuentra en mayor peligro es la tuya. No puedo tomarme la libertad de decir que sé exactamente las razones por las cuales la adopción se llevó a cabo, aunque tengo más de una teoría. Lo cierto es que esto te pone en el medio de una encrucijada.

Cerré mis ojos por un momento. Mierda, profesor, chocolate por la noticia.

- Si, un apellido que guarda banca para el PP y otro que me da una banca del PT. Estoy al tanto de esto, profesor. ¿Me quiere preguntar mis lealtades o esto va por otro camino?

El director sonrió y se llevó a la boca un caramelo de limón con el que había estado jugando (nuevamente rechacé el ofrecimiento de un dulce o algún snack para acompañar la pequeña charla).

- Quiero que me des herramientas para asegurar tu bienestar, Harry. Eso es lo único que me interesa.

- Quiere información.

- Puedes verlo así, si prefieres.

Debatí levantarme e irme en aquél momento, pero sabía que tarde o temprano aquella revelación de mi nuevo apellido habría de llevar mi culo a aquella silla. Dumbledore seguramente pecaba de mucho menos de poco precavido. No era un tipo que dependiera mucho de su poder; lo suyo era una hábil combinación de inteligencia y estrategia. Y hoy me tocaba a mí oficiar de informante (más o menos).

- Pregunte, pues.

- Preferiría que elijas tú qué contar.

Era difícil insistir ante tal ofrecimiento, y le di una versión más ornamentada de lo que le había dicho a Hermione. Dejé lagunas en los lugares necesarios, y rellené de detalles estúpidos aquello que necesitaba de lo superfluo, como para que Dumbledore pensara que estaba buscando patrones y conspiraciones en los lugares equivocados. Me sirve en este momento que se quede con mi total convencimiento de que Sirius decía la verdad cuando me contaba de todos aquellos supuestos que planeaban un atentado contra mí (mentira) más que subrayar sobre la lógica y la inefabilidad de los sucesos que estaba inventando. No iba a venderle un cuento acerca de los terroristas domésticos que me iban a volar por los aires; iba a vender un cuento sobre lo convencido que estaba que me iban a volar por los aires.

Y hasta cierto punto creo que hizo mella en él. Es fácil querer armar un argumento lógico pero es una mala estrategia si enfrente tuyo tienes a un tipo que se las sabe todas. Ahora, un argumento fundamentado fuertemente por tus emociones te da mucho lugar para jugar con la incoherencia y las contradicciones. No sé hasta qué punto Dumbledore confía en todo el ruido que le vendí, pero sé que al menos se creyó que yo no tenía la más puta idea de qué hacía Sirius pasando información confidencial a Voldemort.

- Con todo lo que pasó no puedo decir cuánto hay de verdad en lo que me dijo… Hablé de esto con Draco en su momento y ambos estábamos de acuerdo que Dolohov no se arriesgaría a hacer algo así, porque se sabría al instante quién estaba detrás de todo. Pero le digo la verdad, profesor, sobre lo que sí no me cabe la más mínima duda es que la intención de Sirius al hacer esto era protegerme – Dumbledore asintió, grave, mientras llegaba al final de mi pequeño monólogo-. No me gustaban mucho los círculos en los que se venía moviendo en los últimos años… pero el tema nunca salió en conversación y tampoco podía salir y decirle "me parece que andas en cosas turbias".

- Entonces, no consideras en absoluto la posibilidad de que lo haya hecho para continuar la línea Black. O, si me permites la indiscreción, para evitar que algún familiar le asesinase para quedarse con el título de Lord Black.

- Para nada, - negué-. Como dije, sabía que se codeaba con el PT pero si hubo algo que siempre guardó fue el desprecio que le tenía a su apellido. Sirius no es tonto, - agregué, casi para mí-; sabe que nació con unos privilegios inmensos. Sabe que puede usar los recursos de su familia para hacer lo que se le venga en gana. Pero se retoba a la primera chance que tiene. Y el no tener heredero era el mayor insulto que le podía hacer a la familia.

Dumbledore asintió, y por un momento quedamos ambos en silencio. A ese punto yo ya había quebrado y había aceptado el ofrecimiento de té con escones de su parte, y aproveché la pausa para probar las deliciosas confituras.

- Discúlpame si estoy repitiendo cosas que ya sabes, Harry, pero tengo entendido que el padre de Sirius adquirió la habilidad de Sensor mientras era Inefable. ¿Tuviste la oportunidad de conocerlo antes de fallecer?

Asentí pensativamente. Me cuidé de no mirarle a los ojos (siempre apuntando al pronunciado puente de su nariz ganchuda, o en los momentos de debilidad, enfocando a los marcos de sus anteojos). Las imágenes del funeral de Orión pasaron, fugaces, en mi mente. Recuerdos que parecían ya de otra vida, otro tiempo. Mis habilidades, hasta ese momento marginadas como algo peculiar que se mantenía en el límite de mis pensamientos, floreciendo a partir de aquél encuentro fortuito.

Dumbledore preguntaba muchas cosas con ese inocente comentario; podría no haberle contestado nada, y sin embargo darle así un torrente de información. Podría barajar la posibilidad de que Sirius haya seguido alguna directiva de su padre para meter a un Sensor en la familia; podría pensar que de esa forma había querido asegurar mi lealtad para con Voldemort en lo que estuviera por venir. Otra posibilidad es que quisiera saber hasta qué punto los del PT tenían idea de mis habilidades. Probablemente eran todas esas y un tanto más.

- Sí, sólo una vez. Fue poco antes de que muriera.

- ¿Sabía él de tus habilidades?

Me encogí de hombros.

- Es fácil darse cuenta. La magia de otro Sensor responde de manera distinta que la de un mago normal – noté que mis palabras lograron ensombrecer su rostro-. ¿Piensa que se lo dijo a alguien más?

- Es difícil hablar por un hombre muerto, pero consideraría que es lo más probable.

- Si alguien lo sabe, al menos nunca intentaron hacer nada. Quizás Sirius se interpuso, no lo sé. Pero jamás nadie de ese… grupito… hizo o dijo algo que me diera a entender que supieran – al ver la expresión del director me apuré a agregar-; no que eso asegure su ignorancia. Pero si tuviera a mi alcance a un chico de mi edad con este tipo de habilidades, y me interesara tenerlo de mi lado, buscaría amigarme lo más pronto posible con él. Aprovechar el momento de inocencia.

- Una estrategia remarcablemente Slytherin de tu parte, Harry – el anciano mago esbozó una sonrisa-. Y que tiene sus méritos. Personalmente me inclinaría a pensar lo mismo, por lo que me gustaría preguntarte, ¿qué te hace pensar que, al final de cuentas, no se acercaron a ti?

Me quedé mirándole por un instante, asombrado ante las posibilidades que me planteaba. Había confiado tanto en el poder de Sirius para protegerme que jamás me había puesto a pensar en que quizás habían intentado una estrategia más sutil. Aunque teniendo en cuenta el debacle con Tom, era bastante entendible que pasase por alto aquellas sutilezas.

- ¿Lo dice por mi amistad con Draco?

- Te corresponde a ti ponerle nombre y apellido – dijo con una sonrisa pícara. Me exasperaba y me maravillaba la manera en la que funcionaba su intelecto. Siempre parecía estar tres pasos adelante.

- No sé… en parte admito que yo también me acerqué a él por razones egoístas, y que he enterrado bastantes hachas este último año por mis propias razones. Pero que esta complicidad de la parte de cualquier hijo de familia tradicionalista sea parte de algún complot para asegurarse mi lealtad… me suena raro.

- Prométeme al menos que lo considerarás.

- Sí, claro – le dije, aún algo mistificado por aquella simple pregunta. Creo que lo que más me afectó fue que básicamente lo que me estaba diciendo en aquél momento era "das muchas cosas por sentado". Y quizás fuese verdad, pero nunca podría pretender vivir en el mundo de la eterna paranoia en la que alguien como… Tom, digamos, vive.

- Entonces me alegra haberte dado algo para reflexionar – Dumbledore dijo, visiblemente más animado-. Lo último de lo que quería hablar era de lo que pensabas hacer a continuación – mi expresión de confusión debe haber sido muy evidente, porque inmediatamente aclaró:- ahora que eres Lord Black, por supuesto.

- ¿Aprovechar la librería para hacer algún repaso antes de empezar a pensar en los NEWTS…? – le contesté con una sonrisa incierta-. No lo sé, sinceramente estoy con la cabeza en Sirius. No me interesa que esto sea algo permanente… en el peor de los casos, por ley, deberían darle prisión con ejercicio completo de sus responsabilidades. Lo he estado revisando por mi cuenta.

- La situación, sin embargo, es bastante más adversa que un simple caso de libro de texto.

- Sí, lo sé. Quiero preparar algo para el juicio. Aparecer como Lord Black y toda la parafernalia, asegurarme que no hagan de esto un show. Que se haga realmente justicia.

Me hubiera gustado aclarar que en ese contexto justicia para mí significaba "sobreseimiento total porque aunque sé que es culpable me importa un comino porque estamos hablando de mi padrino", pero tenía reputaciones y máscaras que mantener.

- Un sentimiento que sinceramente apoyo. Creo que la Orden podría ayudar con eso, inclusive.

Aquello me puso en alerta. ¿Dumbledore vendiendo los servicios de la Orden? Yo sabía que Dumbledore tenía hasta cierto punto la sospecha de que Sirius era agente de Voldemort, por lo que la idea de que involucrara a la Orden en este asunto, de manera oficial, me daba mala espina. O quería volverlo un agente doble, o quería insertarlo de vuelta en el mismo lugar de antes, y sutilmente usarlo para que recogiera información falsa de su parte para repetírsela a Voldemort. Ambas opciones implicaban una alta probabilidad de muerte para mi padrino, porque era evidente que en algún punto Voldemort se daría cuenta del juego que estaba jugando su contrincante.

Mi cara debe haber reflejado algo de mi reticencia. Dumbledore adoptó su máscara de abuelo afable y se volvió todo sonrisas entonces, ofreciéndome más escones y té.

- Podemos ofrecerle protección a Sirius, Harry. Tus padres son miembros de la Orden, después de todo.

- ¿Y qué tipo de protección podrían ofrecerle?

- Me imagino que en tu investigación encontraste alguna mención de Wyderick Welburn, un mago escocés que en mil cuatrocientos ochenta y dos fue condenado por vender información a magos franceses, que les permitieron atacar y asesinar al ministro de magia inglés - asentí-. Welburn argumentó que no tenía conocimiento acerca del fin que se le iba a dar a la información, por lo que lo condenaron a cinco años de prisión. Dos meses después, mutaron la pena a arresto domiciliario.

- Pero el caso de Sirius es mucho más mediático -intercedí-. Eso es lo que me preocupa.

- Ah, el mundo mágico ha cambiado poco en algunas cuestiones, Harry. Verás que la ley es una de esas. Si el público necesita de algún aliciente para aceptar una condena así, se podría hablar de poner a la Orden como guardianes de Sirius.

- Pero… - no sabía bien qué pensar de toda la situación (¿a qué apuntaba Dumbledore con eso? Sólo conseguiría inmovilizar a mi padrino), por lo que el melódico chillido de Fawkes me pareció una intervención divina. Dumbledore carraspeó, y se levantó elegantemente de su silla. Acompañé el gesto.

- Ah, Harry, lamento interrumpir nuestra charla pero Fawkes me ha indicado que tus padres acaban de llegar, y que estoy llegando cinco minutos tarde a una reunión con el consejo académico – me guiñó un ojo con una sonrisa-. Confío en que sabes el camino.

Me fui con la cabeza debatiéndose entre la confusión y el arrepentimiento de no haberme rehusado de primeras. No me importaba cuántos elaborados planes de protección Dumbledore podía pensar, me daba mala espina que quisiera meterse en primer lugar. Sus intereses y los míos no tenían mucho que ver.

Todavía no sé cómo clasificar la charla que tuvimos; como un tanteo del terreno de su parte o como un intento de ablandarme para lo que seguía. Confío que Dumbledore estaba al tanto de que jamás le había hablado a mis padres de la adopción, y a este punto sería muy alevoso el intentar hacerme el inocente. Quizás he entrado en una etapa paranoica en mi vida, pero no puedo evitar sentir que Dumbledore se está aprovechando de todo este asunto para jugar un juego parecido al que Voldemort juega conmigo. Y quizás lo más gracioso (aunque esto está lejos de serlo) es que siempre la balanza gira sobre el mismo eje; mis habilidades, mi familia.

No lo pensé entonces porque no tenía tiempo, pero en retrospectiva me estoy dando cuenta de que estoy en una situación, a falta de palabras, de mierda. Por un lado estoy en la cuenta regresiva para que Voldemort me destruya en un duelo (estoy preparándome lo mejor que puedo, pero no soy iluso: a menos de que suceda un milagro, voy a perder). Por otro lado tengo al director de mi escuela respirándome en la nuca, y me escondo como un chiquillo para que el miembro más influyente del Wizengamot no tenga evidencia certera de que mi padrino es un terrorista… ni hablar de que sepa que tuve contacto personal con la cabecilla de dicho movimiento terrorista, lo cual le daría material de chantaje para esclavizarme de por vida (no lo quiero poner al mismo nivel que Voldemort, pero Dumbledore tiene sus objetivos y cualquiera con ojos puede ver que es un firme creyente en que el fin justifica los medios).

Y en esta tragicomedia no se puede olvidar que el héroe no quiere tener absolutamente nada que ver con todo el asunto. Pero errores míos metieron a Sirius en este lío, lo que me metió a mí en los líos de Sirius, y mezclándolos con el quién y cuándo de mi familia y mi genética armó una buena bomba molotov. Y eso, señores, es la vida de un chico de dieciséis años cuya única meta en la vida era ser escritor.

(A tomar un respiro)

El siguiente capítulo sigue así: mamá y papá esperándome en el despacho de Remus con cara de pocos amigos, y yo deseando que la razón por la que se pasean tanto por Hogwarts fuese mi continuación del legado familiar como el bromista por excelencia de mi año. Se levanta la cortina, y el pobre Harry se acerca con inquietante trepidación a sus progenitores, quienes lo miran con marcado gesto sombrío.

- Harry, siéntate por favor. Esto va a ser largo – me dijo mi padre con la voz cansina y la mirada marcada por el agotamiento. Él estaba sentado sobre el escritorio de McGonagall (no creo que con su aprobación, de haber estado ella allí) y mi madre en una silla junto a él. Me senté enfrente de ellos, sintiéndome como uno de esos muggles en las novelas de misterio cuando los llevan a la estación de policía para interrogarlos.

- Sabes por qué estamos aquí – comenzó mi madre con voz suave-. No puedo describir lo que se nos pasó por la cabeza al enterarnos. Tu papá quería que viniésemos a la mañana, pero habríamos venido a pelearnos – sus ojos verdes se fijaron, duros, sobre los míos. Mi madre tenía esa interesante habilidad de poder hablar con tranquilidad mientras te fulminaba con la mirada-. No sé hasta qué punto estás consciente de lo que fue esto para nosotros. Estamos muy enojados… y dolidos contigo.

- ¿Por qué no nos dijiste nada? – preguntó mi padre. Su tono de voz me llenaba de vergüenza; admito que no me había puesto a pensar en el insulto que esto significaba para ellos. El ritual de adopción me había hecho un Black por nombre y derecho, y eso no significaba sólo un montón de títulos… yo ahora barajaba dos familias, y por decirlo de alguna forma, ya no era tan hijo suyo como antes.

- Lo siento, - les dije, y me sorprendí al escuchar mi voz ahogada. Tenía los ojos llenos de lágrimas, y no porque me diera pena decepcionarlos o porque sentía que había hecho algo mal (no me arrepiento de mi decisión, después de todo); me dolía tener que lastimarlos así-. Lo siento muchísimo, pero hice… hicimos lo que teníamos que hacer. Sirius quería protegerme, y en el momento era lo mejor que se podía hacer. Jamás quisimos que fuese un insulto… yo los amo, ritual o no son mi única familia.

- ¿Protegerte…? – mi madre se levantó bruscamente. Su agitación era visible-. ¿Harry por qué nunca nos hablaste de esto? ¿Qué podía hacer él que no pudiéramos hacer nosotros?

- ¿No hablaron de esto con Sirius?

Si antes se habían mostrado heridos, casi superados por los acontecimientos, mi pregunta logro infundirles de espíritu. Instantáneamente sus rostros cambiaron, endureciéndose. El rencor que leía en los ojos de mi padre me dio pausa.

- Tuvo la brillante idea de contármelo hoy media hora después de que toda la nación se enterara – dijo. Entre líneas se podía leer lo tácito; no había sido una reunión pacífica. Me quedaba a mí el hacerme cargo de pacificar los ánimos. Y si fallaba podía decirle adiós a su apoyo ante el Wizengamot en cuanto lo mandaran a Sirius a juicio-. No tiene mejor idea que ir por detrás y querer robarme a mi hijo, y cuando lo descubro se encoge de hombros y me dice vagamente que había Inefables que estaban organizando un atentado contra ti – pausó por un momento para observarme atentamente. Cuando notó que yo había estado a punto de decir algo parecido, lanzó un bufido y golpeó el escritorio-. ¿Qué carajo te metió este hijo de puta en la cabeza?

- Pero…

- Ten cuidado con lo que vas a decir, Harry – el tono de voz de mi madre me daba a entender que estaba igual de agitada que mi padre-. Ni tu padre ni yo nos chupamos el dedo. Si hubieras estado realmente en peligro lo mejor que podría haber hecho es avisarnos para ponerte bajo custodia. Harry, la Orden te hubiera protegido. Dumbledore te hubiera protegido.

- ¿Y quién hubiera protegido a Sirius?

- ¡Sirius es un hombre grande que puede cuidar de sí mismo! Demonios, hijo, lo podría haber metido debajo de un Fidelio si hubiese sido necesario. ¿No te das cuenta de lo que esto implica? En su momento se rumoreaba que lo estaban presionando para tener un heredero porque los familiares lo iban a matar para quedarse con el título… - los ojos encendidos de mi padre se movían frenéticos, buscando algo de simpatía en mi rostro-. ¿Sabías que habló con tu madre hace unos años por esto?

- ¿Qué? – aquello sí era una noticia para mí-. ¿Cuándo?

- Hace dos años me pidió que le diera permiso para realizar el ritual. Dijo que estabas en peligro… - frunció los labios por un instante, dándome a entender lo poco qué pensaba de aquella "excusa"-. Dos años es bastante largo para un complot terrorista, ¿no te parece?

Casi me muerdo la lengua para no decir algo demasiado incriminatorio. Sirius sabía ya en ese entonces de la posibilidad de la vuelta de Voldemort al país, y no me cabía la más mínima duda de que estaba totalmente consciente de quiénes serían los primeros en caer si eso sucedía. Con un ministro como Fudge al mando, yo tampoco hubiera pensado en que la cosa hubiera durado mucho… y él sabía que yo sería un daño colateral. Pero no podía decirle eso a mis padres, y mucho menos ahora que parecían decididos a odiarlo.

- Sirius nunca quiso hacerme daño – les respondí, frente en alto. Quería recordarles que, incluso si ellos consideraban que él se había equivocado, no lo había hecho con mala intención. Y hasta cierto punto funcionó; vi a mi madre relajarse, al menos un poco.

- Incluso si lo que quiso no fue solamente salvar su propio culo – dijo mi padre bruscamente-, eso no quita el hecho de que se tomó la libertad de ir detrás de nuestras espaldas para hacerte su hijo. Y si vamos a ver las cosas como son… está metido hasta el cuello en un escándalo de espionaje, los únicos que van a salir a su defensa van a ser los tradicionalistas y tengo cinco informantes todos los días gritándome que se alió con el Innombrable. ¿Realmente me vas a decir que es un pan de dios este tipo?

- Lo que tu padre quiere decir, Harry, es que si bien de por sí su actitud es sospechosa, lo que realmente nos lleva a cuestionar sus acciones son el entorno en el que se dieron. Sirius no se junta con el grupo con la mejor reputación… y si bien es cierto que esto no signifique que sea igual que ellos ni que los siga cual perro faldero en todo lo que hacen, es imposible negar que le da otro matiz a las cosas. Hoy en día no puedo decir que ni tu padre ni yo confiamos en Sirius. Lo que él hizo, a nuestros ojos, fue intentar usarte como una muleta para resguardarse frente a los tradicionalistas. Y no se lo vamos a perdonar.

Con eso se me cayó el alma a los pies. Si mis padres realmente rompían de esta forma con Sirius… ¿quién me iba a garantizar que iba a estar a salvo del gatillo fácil de la justicia? Mi padre debe haber visto algo de lo que pensaba en mi mirada, porque se apresuró a añadir:

- Olvídate de estar ahí cuando lo lleven a juicio. Mientras estés bajo nuestra tutela no le vas a ver un pelo. No voy a dejar que ese chupasangre te siga usando.

- ¿Me vas a decir que vas a dejar que le den el Beso por esto? – no me respondió, pero no era necesario. Estaba plenamente consciente de que ya no le importaba. Estaba cegado de ira-. No me van a impedir que vaya… si tengo que ponerme el escudo Black, voy a hacerlo.

- No empieces con el melodrama, Harry. No le van a dar el Beso – dijo mi madre, con la misma voz con la que solía decirme que no jugara con su varita cuando era chico. La miré sin comprender; ¿acaso no veían ellos lo que se decía detrás de escena? ¿Lo que hablaban todos los hijos de los que iban a decidir la suerte de mi padrino?

Me di cuenta que nuevamente tendría que ingeniármelas solo para sacar a Sirius de ese embrollo. Mis padres no levantarían un dedo para ayudarlo; y realmente no tengo tiempo de ponerme la casaca de diplomático para lograr que hagan algo. No hablamos de mucho más y tras un tenso abrazo se despidieron. Entiendo que la situación les está explotando en la cara (después de todo, frente al público inglés es bochornoso que el tipo que está en el centro de un escándalo por traición resulte ser ahora el padre putativo de tu hijo cuando eres el jefe de todos los Aurores) pero aunque no de la misma forma, la situación me está afectando a mí también. Y si el precio que tengo que pagar por un Sirius sano y salvo es un poco de estrés por parte de mis padres… bueno, creo que ha habido peores sacrificios.


12 de Febrero de 2000

"Fue un puñal en la espalda": Lily Potter habla del Blackgate y de la adopción ilegal de su hijo en una entrevista exclusiva con El Profeta.

Por Gwendolyn Gailheart

Me recibe con una sonrisa amable. El sol que cae sobre Godric's Hollow hace relucir su flameante cabello. Es una luz extraña, que parece ocultar más de lo que devela. Los ojos perspicaces, vivaces, de un verde intenso se apagan cuando cruzamos el umbral de su oficina. Aquí dentro hay memorias, hay noches en vela, hay conversaciones que no se deberían haber tenido. Lily Potter es una luchadora, pero admite que el título – si es que lo merece, aclara- pesa sobre sus hombros.

"Jamás podría haberlo visto venir," confiesa con una sonrisa tensa. "Sirius y James tenían sus diferencias, pero jamás hubiera pensado que sería capaz de algo así. Fue un puñal en la espalda."

Mucho se ha dicho acerca de las relaciones entre los principales actores del Blackgate, el escándalo que conmocionó a la nación al involucrar el tráfico de información confidencial entre miembros del Departamento de Misterios y círculos allegados al Innombrable. De lo que se ha hablado poco es la manera en la que este ha impactado la vida de los involucrados. De ser una figura importante en el mercado de los servicios de seguridad, Lily Potter ha visto su nombre aparecer en boca de todos estos últimos tiempos. "Visitar Diagon Alley estos últimos meses se ha vuelto una aventura. Hay gente que te para para saludarte, para decirte unas palabras de aliento. Otros te gritan cosas. Hay gente que piensa que nosotros estuvimos al tanto de todo lo que hacía Sirius, y que ahora nos estamos haciendo los inocentes. No es fácil."

Entre los distintos nombres imputados a la causa ninguno ha causado el revuelo que ha provocado el de Sirius Black. Con fama de haber sido un chico rebelde en sus días en Hogwarts, en su adultez se presentaba como una figura emergente dentro del Partido Tradicionalista, siguiendo la línea de su padre, Orion Black. Carismático, apuesto y talentoso, luego de la muerte de su padre el ex Inefable había asumido con elegancia su rol como Lord Black. Quienes estaban al tanto de las internas del PT veían en él un futuro prometedor. Amigo de las esferas más influyentes dentro del ministerio, que incluían nombres como Lucius Malfoy, Marian Zabini y Edward Parkinson, ascendió con rapidez los escalafones del Departamento.

Sin embargo, las malas lenguas hablaban de tratos secretos, de corrupción. Dentro de su propio círculo su ambivalencia política era vista con recelo; una fuerte relación con una de las principales figuras de la escena del PP, Lord James Potter, era un crimen que no se podía perdonar. El quiebre se precipitó con la dimisión de Cornelius Fudge luego de que su ahijado, el Niño-Qué-Vivió, fuera secuestrado y atacado por la mano derecha del ex ministro, Dolores Umbridge. La salida de Cornelius Fudge, quien en sus últimos años de gobierno había dado un marcado giro hacia el PT, provocó una aguda crisis dentro del partido en el que Black se vio afectado, aunque sea solo por asociación.

Quien ve en sus acciones un intento desesperado de Black por volver a captar las simpatías que tenía en su cúspide puede que no esté tan equivocado. "Había rumores de que iban a tratar de sacarlo de la escena," confiesa Lily, "Aunque nunca hablamos directamente del tema, siempre me dio la impresión de que Sirius se había ganado enemigos importantes. Siempre fue muy radical en algunas cuestiones, y supongo que eso le molestó a mucha gente cuando Fudge renunció. No estoy completamente segura, pero James y yo llegamos a la conclusión de que tanto el espionaje como la adopción de mi hijo fueron manotazos de ahogado. Sabía que si no intentaba algo drástico lo iban a…"

Su voz suave se pierde en lo tácito, pero la gravedad de sus ojos no dejan lugar a duda sobre su significado. Ya fuere una sospecha con fundamento o no, la realidad es que Sirius Black creía estar en peligro. "Usó a mi hijo de salvavidas," dice Lily con la voz cargada de indignación, "como si fuera un escudo. Si Harry era su heredero no le iban a poder tocar un pelo, porque jamás hubieran querido que la fortuna y el asiento de los Black en el Wizengamot terminara en manos de un Potter."

Acerca de su reacción el día que se enteró de la adopción dice, "hasta ese entonces nos permitimos darle el beneficio de la duda. Pero en cuanto lo supimos, fue como un baldazo de agua fría. Es como si apareciese la pieza faltante de un rompecabezas que se armó solo. Y hoy lo denunciamos públicamente; aunque haya sido el padrino de mi hijo y un buen amigo de la familia por muchos años, hoy en día no queremos saber nada con él."

El mencionar el estrecho lazo que unía a ambos patriarcas nos lleva a la cuestión que se ha planteado repetidas veces desde el estallido del Blackgate. Siendo James Potter el jefe del Departamento de Aurores, ¿se puede asegurar un tratamiento justo de la causa? A esto, su esposa responde, "James ha tratado de estar a la altura de las circunstancias, y jamás a tratado de actuar con nada menos que un profundo profesionalismo. Está al tanto de lo polémico que resulta su relación con un imputado, por lo que la investigación de la causa se ha realizado desde el comienzo por una comisión independiente, con auditoría de organizaciones independientes."

Eventualmente, la conversación desemboca en un punto final. Quienes recuerdan la saga que desembocó en el gran escándalo político del año pasado, seguramente se preguntan acerca de cómo se ha visto afectado aquél que parece estar en la encrucijada de cualquier escándalo político de los últimos tiempos: Harry Potter, también conocido como el Niño-Qué-Vivió.

Harry, quien a los quince años sufrió una triste presentación en sociedad al sufrir el cautiverio a manos de una desenfrenada Inquisidora, para luego pasar a la historia como la única persona capaz de sobrevivir a una maldición asesina, es recordado por el público como un chico de bajo perfil y gran talento.

De personalidad taciturna, y confeso amante de los libros, la única ambición en la vida de Harry Potter es la de ser escritor. "Tuvimos que refaccionar su cuarto para darle más espacio a su biblioteca," dice su madre con una sonrisa. "Me acuerdo como si fuera ayer cuando nos dijo, con cuatro años, que iba a ser escritor. Lo dijo convencidísimo, aunque todavía ni siquiera había aprendido a leer."

En la mesa puedo observar viejas fotografías. Algunas están cortadas, amontonadas en pilas dentro de cajas de zapatos. "Fotos con Sirius," me explica. "Harry siempre estuvo muy unido a su padrino. Hacían de todo juntos."

Llegamos a la pregunta inevitable. "No se lo ha tomado bien. Hasta cierto punto se niega a creer lo que pasó. Él sabía de la adopción, como era de esperarse, pero creía… cree que Sirius lo hizo para protegerlo. Por eso no dijo nada. Entiendo sus sentimientos porque sé lo mucho que lo quiere…pero hoy en día Sirius Black representa un peligro para mi hijo, y es mi deber protegerlo, aunque no lo entienda o no concuerde con lo que hago."


Frankfurt, 11 de Febrero de 2000

Harry,

Lamento no haber respondido tu última carta tan rápido como hubiera querido. El ritmo de mi vida se ha vuelto hético, entre mi trabajo, mis investigaciones, la poca vida social que puedo manejar… creo que hasta cierto punto me entiendes. Si consigo escribir algo coherente, tendrás que felicitarme.

Esta mañana me enteré de lo de Sirius. Los diarios publicaron algunas notas muy por encima, pero tengo una conocida que está suscripta a la edición internacional de El Profeta, y me mandó la matutina en cuanto vio la nota de tapa. Siento que no puedo recriminarte mucho por lo poco que hemos hablado en lo que va del año, pero aun así admito que me dolió un poco que no me dijeras del ritual. Si fue por alguna razón personal, sabes que jamás reaccionaría como estoy segura que reaccionaron mamá y James. Pero si lo hiciste por otras razones… lo entiendo.

Sé que otras personas con menos información serán rápidas en juzgar las acciones de Sirius. Va a haber mucho malentendido por ahí… tú sabes a lo que me refiero. No lo conozco personalmente, pero conozco el ámbito en que se mueve y puedo ver porqué llegaría a la conclusión a la que llegó. Tienes una suerte increíble; te ha tocado a un hombre muy noble como padrino. Se ha asegurado que recibas la protección de la Casa Black. Quizás ahora no te des cuenta porque vives entre Hogwarts y los confines de la vida social de tus padres, pero te puedo asegurar que al menos por aquí, hay muchas simpatías para con tu nuevo apellido, y en particular, mucha curiosidad por ti. No sabes la cantidad de gente que me ha parado para preguntarme por ti en cuanto se supo que éramos hermanos.

No puedo extenderme mucho, ya que hay temas que es preferible hablar cara a cara. Espero que esta carta te encuentre bien, y veré de tomarme algunas vacaciones lo más pronto posible para ir a verte.

Tu hermana que te extraña,

Sophie

[Escrito en una hoja adjunta, con la caligrafía de H. Potter]

desde cuándo me manda cartas en código? habrá pasado algo? preguntar a draco


Harry,

Me resulta desagradable este primer contacto como familia bajo estas circunstancias, pero sabrás entender que la presente situación no nos brinda mucho margen de acción. No sé qué te habrá dicho mi sobrino, pero tengo la impresión de que yo estuve al tanto de tu adopción mucho antes de que tú te enteraras. Mantén eso presente la próxima vez que nos veamos.

Como te puedes imaginar, la detención formal de Sirius implica que temporalmente los títulos propietarios de Lord Black recaen en ti. No te atrevas a deshonrar nuestra Noble Casa. Mantén un bajo perfil y trata de no meter las narices donde no te llaman, que Sirius está bajo la protección de poderes superiores.

B. Lestrange


- Odio acudir al recurso infantil de "te lo dije", pero creo que la situación lo amerita. Longbottom se ha vuelto completamente loco.

A falta de buenas influencias masculinas en mi vida me veo obligado a compartir más tiempo con Draco. Lo bueno de estos años es que parecen haberle dado un contenido y una profundidad que su personalidad había estado pidiendo a gritos. A veces me resulta odioso, pero la verdad es que me estoy encariñando con el rubio, y honestamente tampoco voy a rechazar una buena charla honesta. O al menos tan honesta como se lo podía permitir un Slytherin.

Sentados los dos sobre las raíces de un árbol frente al Gran Lago, aventuré una mirada fugaz a su rostro.

- No puedo contestarle a eso, - dije-. Me dijo que me matara… sólo porque ahora resulta que soy un Black.

- Lord Black – intercedió, su voz provista de un suave deje burlón-. Qué rápido que subes por la jerarquía, milord.

- Si sigues así te borro del árbol familiar.

Aquello me ganó una carcajada.

- ¿Y dejar que ese tapiz se afee aún más? ¿Justo después de tu aparición en él? – El rubio me guiñó un ojo, lo que me hizo poner los ojos en blanco-. Bueno sí, ya sabemos de tu reputación de casanova. ¿A quién estás viendo ahora?

- Una puffy de quinto año. Meredith algo, nunca me acuerdo de su nombre.

- Para variar, - respondió Draco con una media sonrisa-. ¿D'Alambert? Yo me vi varias veces con una de sus amigas, una petisa. Parecía bastante callada.

- Sí, lo bueno es que no habla mucho. Se está entusiasmando mucho, igual. No sé cuándo le voy a cortar…

Me distraje al ver unas figuras a lo lejos. Reconocí el andar hosco que había adoptado Neville en los últimos tiempos, acompañado del gentil vaivén que caracterizaba a Remus. Draco notó mi distracción y siguió mi mirada.

- Draco, ¿me parece a mí o últimamente Neville anda muy pegado a Remus?

- Ah, - dijo, irguiéndose como hacía cada vez que la conversación se tornaba interesante, que era normalmente cuando él tenía algún rumor cotilla para compartir-. No, todo el mundo anda hablando de eso. Hace poco lo Blaise y yo vimos a Longbottom saliendo del despacho de Lupin con vendas en las manos. Pansy dice que los escuchó hablando al salir de Defensa… al parecer Longbottom le pidió que lo entrenase – giró su cuerpo hacia mí, y me dirigió una sonrisa socarrona-. ¿Puedes creerlo? El gordito quiere que lo entrenen para ir a vengarse. Se piensa que va a poder hacerle frente a un Caballero…

No podía decir que después de lo que pasó me sintiera profundamente acongojado por la noticia, pero parte de mí sentía algo de angustia. Neville no tiene idea de lo que es alguien como Bellatrix en persona. Lo único que tiene es un montón de odio sin sentido y poco sentido común, y es inevitable sentir que se está dirigiendo irremediablemente hacia su ruina.

Parte de mí sentía pena ante la pérdida de alguien que había sabido ser tan prometedor. Parte de mí recordaba su expresión, y sus palabras llenas de veneno y no podía evitar conjurar algo de infantil despecho. Pero yo ya había hecho lo que podía hacer, y mi tiempo en su vida había pasado ya.

Si Draco notó la dirección que tomaron mis pensamientos, eligió no decir nada.

- El diecinueve vamos a hacer una fiesta en la sala común, por la luna llena. Si quieres venir a buscarte una nueva novia, estás invitado.

- Agendado.


Los paseos a la luz de la luna pueden resultarles románticos a los iliteratos cuya mayor ambición en la vida era que su día a día se pareciese a una novela púrpura, pero para alguien con un mínimo de imaginación era casi una invitación para que algo malo sucediese.

Mi particular mezcla de esnobismo y paranoia no me impide, sin embargo, desatender mis propios consejos. En parte porque teniendo en cuenta todo lo que me viene pasando, dudo que pueda pasar algo peor… (Esa también es la cábala del protagonista de la novela de horror, lo sé; ahora es cuando alguien viene y me dice "no pidas porque después se te va a dar"). En parte porque quizás llegué a un punto que me está confirmando que efectivamente la vida quiere complicarme la existencia. Dejarme llevar es mi única opción, entonces.

Bien; ubicados como estamos en un oscuro pasillo de un oscuro castillo repleto de mocosos y adolescentes teniendo sexo a escondidas, visualizamos a un apuesto joven de pelo negro como la noche misma y ojos verdes que denotaban una inteligencia superior…

Bueno, sí; estaba mi menuda figura dando vueltas como un imberbe alrededor del castillo. Por suerte no había muchas personas patrullando, por lo que se me hizo bastante fácil escaparme en dirección al Gran Lago. Una luna agonizante se erguía en el firmamento; explosiones de galaxias manchaban el cielo de colores y luces. Es una vista capaz de quitarte el aliento.

Me dejé llevar por mis pies hasta que divisé a lo lejos una figura que parecía estar imitando mi costumbre nocturna de dar una vuelta por los alrededores de la escuela. Me puse en alerta, pues parecía lo suficientemente alta como para ser un profesor.

No quise arriesgarme, por lo que me apresté a retirarme. Pero era demasiado tarde, ya me había visto. Un chiflido familiar me retuvo donde estaba, y pronto el desconocido se acercó lo suficiente como para reconocer a Remus Lupin.

- No te tenía como alguien dado a romper las reglas, Harry – me saludó con una cálida sonrisa y me indicó que caminara junto a él.

- De vez en cuando, y sólo porque el Sanador me lo indicó.

Se rió con ganas.

- Ah, bien, entonces no tendré que asignarte detención. Es una noche demasiado hermosa como para desperdiciarla en una oficina.

- Estoy de acuerdo, pero…- me mordí los labios, inseguro de cómo hacer mi pregunta-. Sinceramente pensé que estabas… paseando por el tema de tu…

- Ah, sí, algo que ver tiene – sonrió pesadamente, como si estuviera cansado de responderse la misma pregunta mentalmente-. Estaba fijándome que todo estuviera en orden para la próxima luna llena. Dumbledore me hizo el favor de pedirle a todos los prefectos que organicen algún tipo de celebración para mantenerlos dentro de la sala común por la noche.

- Ah – exclamé – eso explica por qué de repente estoy escuchando tanto acerca de fiestas por aquí y por allá.

- ¿Vas a ir a alguna?

- A la de Slytherin, creo. No me llevo muy bien con mis compañeros en Gryffindor.

- Sí, lo he notado – dijo Remus pensativamente-. Eras amigo con Longbottom y Granger nada más, ¿no?

Le dirigí una sonrisa sardónica que nunca llegó a ver.

- Exactamente. Con algunos las cosas se pusieron tensas porque sí, con otros fue más un tema de intereses opuestos. Y Neville… bueno, creo que has escuchado lo que pasó con él.

- Una pena, realmente… - su voz se tornó pensativa, y creí adivinar adónde se dirigían sus pensamientos-. Muchas amistades se han roto en este tiempo. Podrías innovar.

- Digamos que hice mi intento, pero él ya está en un lugar en el que no lo puedo tocar. No sé si me explico… - Remus asintió, y sentí la necesidad de preguntarle acerca de los rumores que me había dicho Draco-. Lo que me recuerda, escuché cosas interesantes este último tiempo.

- ¿Ah, sí? – el profesor alzó una ceja.

- Sí. Las malas lenguas andan diciendo por ahí que Neville te pidió que le entrenaras para que pudiera vengarse de Bellatrix Lestrange. ¿Hay algo de verdad en eso?

Remus detuvo su andar, y me di vuelta para observar su semblante, pálido y sudoroso a causa de la proximidad del cenit lunar. Era imponente ver el contraste entre su apariencia agitada y la relativa calma que mostraban sus facciones.

- No era exactamente un secreto pero sí, me pidió eso – respondió-. ¿Qué podía hacer? Lo he visto tan desanimado, tan apagado que no pude rehusarme cuando vi algo que parecía volverle a dar la vida que tenía antes. En el mejor de los casos aprende algo interesante que algún día le sirva para defenderse. En el peor de los casos vuelve a su estado inmutable al darse cuenta de que no va a enfrentarse a una horda de Caballeros todos los días.

- ¿Y si vuelve su conocimiento contra algún estudiante? – pregunté muy alevosamente.

- No pienso enseñarle más que encantos protectores o de seguridad.

- Si tuviera una cerveza en la mano haría un fondo blanco por vos.


Aunque el mundo mágico no era muy dado a la adopción de nuevas costumbres, en los últimos años todos los estudiantes de Hogwarts nos encontramos celebrando una especie de carnaval de invierno, luego de que los gemelos Weasley volvieran de Brasil encantados con los trajes brillantes y las mujeres semidesnudas bailando al sonido de los tambores. Para su completa decepción, las chicas inglesas estaban muy lejos de aceptar la alegre y liberal disposición de sus hermanas cariocas. Sin embargo, algo en el espíritu carnavalesco logró conmover los corazones de los estudiantes, y se adoptó una informal y caricaturesca parodia del carnaval para las últimas dos semanas de febrero.

Tres cosas hacen evidente la época del año. Uno, los decorados estrambóticos y coloridos que recubren las túnicas de los estudiantes. No está bien visto decorar tu propia ropa, por lo que el inocente estudiante se ve a la merced de sus amigos y familiares a la hora de ilustrar los negros lienzos. La inocente moda hizo eco en algunos profesores (encabezados por Dumbledore, por supuesto) quienes lo veían como una oportunidad para aumentar los niveles de excentricidad.

Dos, aquellos dotados de un oído musical recorrían los pasillos cantando en un arruinado portugués las sambas y las murgas, lo cual llevaba a improvisadas organizaciones de comparsas con resultados previsiblemente hilarantes. Tuve la ocasión de visitar Brasil en el verano antes de comenzar mi primer año; y habiendo visto en vivo y en directo los cuerpos tostados, brillosos moviéndose como si hubieran nacido haciendo ese mismo ritmo, me resultaba muy graciosa la comparación con mis torpes compañeros.

Tres, y quizás lo que me lleva a mencionar esto, era que era temporada abierta para los traviesos. Los graciosos y los que trataban de serlo se complotaban en una sutil guerra que raramente dejaba bien parado a alguien. Los profesores, conscientes de que la creatividad de un montón de adolescentes hormonales podía resultar un arma de doble filo si intentaban prohibir cualquier manifestación de ella, se resignaron a controlarla para que nadie saliera realmente herido.

Bien, ya tenemos una idea de cómo estaba el ambiente. Ahora: noche del diecinueve, luna llena. Remus estaría ya en Hogsmeade, me imaginaba. Bajé a las mazmorras tomándome mi tiempo; la fiesta se suponía que empezaría más tarde pero en la sala común de Gryffindor ya habían empezado con sus propias celebraciones y no andaba con ganas de aguantarme ninguna reunión en donde Ron Weasley se hiciera la estrellita. Quizás podría haberla disfrutado un poco de haber estado Hermione y Ginny, pero la primera había decidido irse a la fiesta de Ravenclaw para acompañar a una amiga suya y la segunda últimamente me estaba ignorando, o al menos haciéndose la enojada. Tengo la impresión de que ella esperaba que nuestro pequeño romance en el verano llevara a algo más serio, pero sinceramente me debato entre lo mórbido de que tu novia parezca un calco de tu madre y la idea de salir con una chica con la que tengo poco en común.

Draco me estaba esperando en la entrada cuando llegué. Aunque hacía relativamente poco que había comenzado a compartir una vida social con el rubio más allá de las ocasionales charlas en nuestros ratos libres, ya notaba su tendencia a lucir mucho menos formal que de costumbre cuando se trataba de algún evento especial. Imaginen el contraste que hacía ver al prefecto de Slytherin en su vestuario habitual (mucho negro, mucho azul y verde oscuro, y pelo cuidadosamente tirado hacia atrás) con el que prefería para las noches de parranda (blancos y plateados, camisas desabrochadas estratégicamente y el pelo que aunque quisiera lucir despeinado seguía mostrando las horas que se pasaba preparándolo).

- El concepto es llegar elegantemente tarde, no elegantemente temprano, Black – dijo al verme, lo que causó que algunas cabezas se giraran. La entrada estaba abierta, y estudiantes entraban y salían frecuentemente, me imaginaba para algunas preparaciones de último minuto.

- Primito, - le respondí con una sonrisa, devolviéndole la gastada. Draco había comenzado a llamarme Black en público, porque según él "hacía que la gente pusiera las caras más graciosas". En respuesta a eso, le recuerdo nuestro nuevo parentesco-. La fiesta ya empezó en Gryffindor, y sinceramente no quería quedarme a ver como un Ron Weasley borracho se pone a jugar al strip poker.

El rubio hizo cara de asco.

- Eso no se lo deseo ni a mi peor enemigo… vamos entrando, los demás están en nuestro dormitorio.

Aunque desde afuera ya presentaba una vista imponente, al entrar en la sala común de Slytherin me vi deslumbrado por la decoración. Los arcos góticos habían sido complementados con un arreglo de cortinas de terciopelo fijadas en su lugar gracias al abundante follaje de unas trepadoras. Como un jardín de invierno en una noche victoriana, enredaderas, arbustos y hiedras se entremezclaban delicadamente con los elementos humanos; columnas, colgaduras, tapices y velos con los colores del invierno. Contraria a la decoración en mi propia sala común, los Slytherin habían usado poco los distintivos tonos de su casa; en cambio habían favorecido una mezcla de azules, dorados, plateados y violetas. No había más iluminación que las que proporcionaban los arreglos de flores; ubicados en los frisos, en las alturas y hasta recubriendo los brazos de los sillones, la luz intermitente que emitían creaba una atmósfera placentera, misteriosa.

Draco no dijo nada, pero supe que había tomado nota de mi expresión de pura admiración. En simples palabras habían hecho un trabajo magnífico.

- Tenemos la suerte de tener a un par de entusiastas de la decoración, -me dijo, a modo de explicación-. Astoria Greengrass y Marcel Huite se encargaron de diseñarlo todo. Si hubiera sido por el resto, seguramente hubieran tirado unos cortinajes verdes y plateados.

- Un poco como hicieron en mi sala común, - comenté mientras subíamos las escaleras hacia los dormitorios-. Aunque le agregaron un montón de estandartes y tapices que dibujaron Dean Thomas y una chica de tercero.

A diferencia de la torre de Gryffindor, en donde los dormitorios de las chicas están separados de los de los chicos, en las mazmorras no hay diferenciación alguna. Aunque exclusivos para un género, estaban dispersos a lo largo de un pasillo común, separados por año. Podía escuchar los gritos, las risas y la música al pasar; considerando la reputación estoica de los Slytherin, esto fue más o menos un shock para mí.

En el dormitorio de Draco estaban casi todos sus amigos cercanos. Noté que Crabbe y Goyle brillaban por su ausencia, por lo que tras una ronda de saludos general pregunté por ellos.

- Fueron a las cocinas a asegurarse de que nos traigan la comida que pedimos – respondió Pansy Parkinson-. Ya nos ha pasado que nos trajeron lo que pidieron los de las otras casas.

- ¿Te acuerdas de esos dulces muggles horrendos que trajeron una vez? –Preguntó Millicent Bulstrode con una risita.

- Ugh, no me hagas acordar – comentó Nott, quien estaba acomodando su corbata enfrente de un espejo al fondo de la habitación-. Mi padre casi me envía un vociferador por eso.

- ¿Por? – pregunté, confundido.

Blaise se rió por lo bajo y me contestó:

- Hay quienes piensan que son venenosos.

Mi cara de incredulidad hizo reír a más de uno, pero entendí que incluso en la prejuiciosa Slytherin había chicos que no compartían todas las creencias de sus padres. Me encogí de hombros y saqué el paquete de "dulces" que le había comprado a Seamus Finnigan por la tarde.

- ¿Entonces jamás tuvieron el placer de experimentar esto?

- Son brownies, Potter – respondió Pike con confusión.

-Tut-tut – los miré con una sonrisa maquiavélica mientras se acercaban a ver qué tenían de especiales los brownies-. No son brownies normales… son brownies locos.

Draco me miraba como si me hubiera salido otra cabeza, y puse los ojos en blanco.

- ¿Nunca probaron brownies con marihuana? ¿Fumaron alguna vez? – Las caras de absoluta confusión me dieron pie a que fuera mi turno para reírme-. ¿Saben lo que es la marihuana?

- Es algo muggle, ¿verdad? – dijo Bulstrode con algo de repugnancia.

- Es una planta, - expliqué-, que produce algunos efectos. Te hace reírte de todo, te tranquiliza. Considérenlo una especie de estimulante.

- No me convence mucho, - Draco me miraba con una ceja alzada.

- Ah, come uno y después me dices – le dije, ofreciéndole un cuadradito. Lo miró dubitativo, pero tras lo que pareció una feroz batalla interna, cedió y lo tomó. Yo ya estaba comiendo uno cuando los demás se unieron. No faltaron las amenazas en caso de que tuviera efectos adversos, que traté de recibirlas con la mejor sonrisa inocente que podía poner.

Al ver que los efectos no eran inmediatos y que no habían caído muertos, empezaron a repetir porciones con ganas. El sabor raro les daba desconfianza, pero aquél grupo de Slytherins (como cualquier otro dentro de la casa de las serpientes) responden al mando de su líder, que en este caso era Draco; y si Draco lo hacía, ellos lo hacían también.

Los Slytherin son bastante peculiares en comparación con el resto de las casas. Son totalmente distintos a lo que se proyectan. Si te hablan de Slytherin normalmente dices que son individualistas, orgullosos, recelosos de sus pares, fríos. Pero una vez que pasas la entrada de la sala común te das cuenta que son los más comunales dentro de las cuatro casas. Se organizan formando grupos distintivos; no existe la idea de un Slytherin que no forme parte de algún grupo. Ya sea por año, por intereses comunes o por tradición, todos rápidamente se integran a alguna cliqué. Y dentro de aquella camarada hay una jerarquía específica, que responde normalmente a las habilidades o al prestigio de cada uno de los integrantes.

Por eso sé que mientras mantenga relaciones cordiales con Draco, sé que seré inmediatamente aceptado por el resto de su grupo, más allá de los prejuicios personales que ellos pueden tener hacia mí. Y miren que no estamos hablando de alguien que sea el hijo de la vecina; mi familia ha sido un gran rival político para la mayoría de las familias de estos chicos, sin mencionar el historial reciente. Si bien ellos no mencionan nada al respecto, al poner un pie afuera de su dormitorio es dolorosamente obvio el recelo que provoca mi presencia allí. La razón por la que Draco me trata tanto de "Black" es precisamente por ello; tengo el apellido de una de las familias tradicionalistas más prestigiosas cuando soy el hijo de uno de los referentes de la corriente contraria.

Sin embargo aquella era una noche de fiesta, carnaval, y después de un par de tragos en aquella situación, nadie estaba muy dado a hablar de política. Los brownies más el alcohol nos convirtieron en un grupo bastante atrevido, y no pasó mucho tiempo desde el inicio de la fiesta hasta que estábamos en el centro de la sala, sentados en forma de ronda, jugando a un verdad consecuencia con la mayoría de los presentes.

- Verdad – dijo Draco, mirando a Blaise con una sonrisa perezosa. Se escuchó un coro de sugerencias que venían de todos lados, más era obvio que el moreno tenía ya pensada su pregunta. Sentado sobre una mesa al lado de la infartante prefecta de séptimo (con la que me venía haciendo ojitos hacía rato) pidió silencio con las manos antes de hablar.

- Me tienes que responder con la verdad, ¿ok? – Draco asintió con una risita histérica-. ¿Estarías con un hombre?

Un coro de "uh" acompañado de risas hizo eco en la sala. Draco estalló en carcajadas, afectado enormemente por los brownies como el resto de su grupo, y contestó mientras se secaba las lágrimas con la mano.

- Si se da… sí, ¿por qué no? – y se levantó para acercarse a mí, tirando un brazo alrededor mío-. A ver, miren a este espécimen… ¿me van a decir que no les entran dudas?

Mientras Draco se deshacía en risas yo me ponía rojo como un tomate. En mi estado de sopor me vi lo bastante desvergonzado como para guiñarle un ojo a la prefecta (Violet Rosier, pongámosle nombre y apellido) y gritarle un "si tienes dudas, déjame que te las aclare" que fue en su mayor parte ahogado por los gritos del resto. Por suerte ella pudo escucharme, lo que pronunció su sonrisa, y por desgracia Draco y Pansy también lo escucharon, aunque pensaron que era una respuesta a lo que el rubio había dicho.

La doble desgracia es que en el momento estaba demasiado embobado por Violet como para darme cuenta de hacia dónde iba la cosa. El siguiente en jugar fui yo, y estúpidamente elegí "consecuencia"… lo que llevó a que Pansy pidiera a gritos un beso.

- ¡Que le saque las dudas a Draco! – la acompañó Daphne Greengrass, entre risas.

- ¡Beso! ¡Beso! – comenzaron a corear algunas almas benditas (nótese la ironía).

Aunque siempre había considerado a Draco un tipo muy apuesto, y nunca tuve problema en admitirlo, siempre lo hice desde el más heterosexual punto de vista. Que me pidan darle un beso es en cierta forma como si me pidieran que me dé un beso con mi hermana, salvando las distancias. Mi única experiencia remotamente homosexual fue con Tom, y eso porque con Tom las cosas pertenecen a otro orden.

Desgraciadamente mis preferencias importaban poco a esa altura de la noche, cuando todos estábamos pasados de droga y alcohol. Alentado por los coritos y las risas, Draco me agarró de la nuca y me plantó un torpe beso en la boca. No tengo idea cómo pero lo siguiente que supe fue que me estaba comiendo la boca de una manera tan poco acorde a lo que uno esperaría de parte de un amigo, que el que terminó con dudas fui yo.

Dos minutos después lo vi corriendo al baño para vomitar, pero para ese punto el foco de atención estaba sobre Nott admitiendo tener fantasías sobre una profesora con la cual una persona en óptimo estado mental no debería tener fantasías. Aproveché para hacerme terriblemente el inocente, y tomé el lugar en el que Blaise había estado sentado, junto a Violet.

Con la conversación que siguió después, entendí que no importa cuán pervertido te puedes creer, siempre hay una mujer lo suficientemente reprimida en su día a día que te va a superar. No que Violet sea particularmente perversa, pero después de tal exhibición confesó un marcado interés por un trío, y ello ya consigue superarme. Traté de negociar para que aceptara un estudiante de sexto en vez de dos (por ahora), pero mi coqueteo sufrió una abrupta interrupción cuando entró Severus Snape con la expresión más amarga que podría hacer un ser humano para decirnos que la fiesta llegaba a su fin.

- Malfoy, Parkinson, Thule, Carrow, Burke, Rosier y Evanson, ¿están en condiciones para acompañar a los estudiantes de otras casas de vuelta a sus salas comunes? – preguntó. Aunque hasta ese momento las mazmorras habían sido un descontrol, en cuanto su figura oscura pasó por el umbral de la puerta un silencio de muerte invadió la sala. Me sorprendió notar lo rápido que todos se habían serenado… hasta que me di cuenta de lo sobrio que me había puesto yo también. Seguía volando por los aires todavía, por supuesto, pero podía disimular mejor. Era increíble cómo te afectaba el aura del tipo.

- Malfoy no se siente bien, profesor – dijo Nott, parándose-. Si quiere, puedo ir en su lugar.

Snape asintió bruscamente. Un estudiante de tercero habló:

- Disculpe profesor, pero ¿se puede saber qué paso?

- El profesor Lupin atacó a uno de los estudiantes. El director pidió que se interrumpieran todas las celebraciones y que todos los estudiantes volvieran a sus dormitorios.

Había estado volando, pero con eso caí al suelo abruptamente. Por supuesto, era luna llena… sin embargo Remus tendría que haber estado en Hogsmeade. Bajo los efectos de la Wolfsbane. ¿Qué demonios había pasado?

- Potter – me llamó Snape al darse cuenta que estaba allí-. Ven conmigo.

No presté atención a nada ni a nadie mientras salía; estaba confundido y mi cabeza estaba llena de pensamientos acerca de Remus y de lo que podría pasarle si realmente había atacado a un estudiante. Esperé a que estuviéramos lo suficientemente lejos de la sala común de Slytherin, y de cualquier oído curioso como para hablar.

- Profesor, ¿qué pasó? Remus tenía que estar en Hogsmeade bajo los efectos de la Wolfsbane – le pregunté en un susurro agitado mientras lo seguía por los pasillos oscuros del castillo.

- Algún estudiante pensó que sería gracioso reemplazar el vial que iba a tomar con una poción para dormir. Longbottom entró a la oficina para molestarlo con alguna pregunta estúpida y cuando lo despertó, Lupin se transformó – sentí que se me caía el alma a los pies, y tuve que detenerme por un instante. Snape se dio vuelta, pero no dijo nada. Estaba seguro que estaba más pálido que una calavera.

- ¿Están bien?

- Longbottom logró defenderse lo suficientemente bien como para que no lo matara. Ahora está en la enfermería.

- ¿Se ha…?

- No preguntes estupideces, Potter – sentí un vacío en el pecho al escucharlo. No sabía qué pensar al respecto. No podía decir que era un santo de mi devoción, pero la licantropía es un mal que no se desea a nadie. En aquél momento sentí ganas de tirarme en mi cama y dormir para olvidarme de todo. Era demasiado.

- ¿Quería decirme algo o sabía que iba a preguntarle de todas formas y quería asegurarse de que no lo hiciera enfrente de todos?

- Ambos, - respondió mientras volvíamos a la marcha-. No hables de esto con nadie; no menciones la licantropía de Lupin, ni que fue Longbottom el que fue atacado. En su momento el director hablará con todos.

Asentí, demasiado en shock como para articular palabra.