Sentí una mano en mi hombro, y abrí los ojos. Las cortinas no dejaban entrar el sol, pero podía ver que estábamos solos. La mano, pequeña y manchada de tinta, pertenecía a Hermione.

Me incorporé lentamente, llevándome una mano a la cara para tratar de quitar el sueño de mis ojos. Sentí el peso de su cuerpo hundir el colchón al final de la cama. En cuanto mi mente perezosa me trajo los recuerdos de la noche pasada, supe inmediatamente por qué estaba allí.

- ¿Qué dijeron en el desayuno? – le pregunté, mi voz ronca y rasposa. Tosí un poco para aclararme la garganta.

- Que Neville fue atacado por el profesor Lupin… dios, Harry, ¿tú sabías algo de esto?

Noté que tenía los ojos enrojecidos, y me moví para echarle un brazo por encima de los hombros, sin importarme que estuviera en boxers. Ella me tomó de la mano.

- Sí. Tú sabías que Remus es un amigo de mis padres, por lo que sabía que era un hombre lobo. Ayer por la noche… supongo que en realidad fue hoy a la madrugada, el profesor Snape apareció en la sala común de Slytherin para decirnos que debíamos irnos a nuestros dormitorios, que alguien había sido atacado. Luego me acompañó de vuelta a la sala común de Gryffindor, y me dijo que había sido Neville. Y que… bueno, que había contraído licantropía.

Hermione dejó escapar un pequeño sollozo ante lo último, y se llevó una mano a la cara para secarse las lágrimas. Le acerqué un pañuelo.

- Fui a verlo en cuanto lo supe, pero no dejan que nadie entre a la enfermería… Madam Pomfrey me dijo que está estable, pero que había sufrido de varias mordeduras. Dios, no quiero imaginar por lo que debe estar pasando ahora.

No supe qué decirle en el momento. Nos quedamos sentados así, abrazados un buen rato, hasta que se levantó y se fue sin decirme nada. ¿Qué podía hacer yo? Ha sido un golpe fuerte, un corte abrupto y violento de nuestra pequeña temporada de celebraciones. ¿Carnaval? ¿Qué carnaval? Lo que fue un intento de olvidarnos de estos tiempos de mierda se nos ha escurrido de las manos como agua… parecemos estar destinados a la angustia.

Dos personas son las que tengo en mente ahora. Neville, como es de esperarse… el hijo de las desgracias, al que la mala suerte lo persigue con una insistencia macabra. Quiero escribir lo que siento en este momento, pero no siento nada… simplemente repito los acontecimientos en mi cabeza una y otra vez.

Remus, a quien van a usar de villano en esta historia. El mundo mágico es un lugar lleno de prejuicios, aunque si le preguntas a cualquiera que no esté bajo la lupa te dirán lo contrario. Pero para él, uno de la minoría, condenado a sufrir por lo que nunca eligió, la historia es distinta. Y todavía no he salido de la habitación, pero sé lo que deben estar diciendo detrás de estas paredes. Tiro tres palabras para dar una idea: bestia, monstruo, y cómo no, asesino. Nadie mirará la letra fina; nadie hará la gran pregunta (¿Por qué este hombre esconde lo que es? ¿Quién lo acogerá, quién le dará un lugar en la sociedad sino el castillo donde todos los niños magos son bienvenidos?). Lo único que hay en él es un hombre lobo, y no un hombre en circunstancias desafortunadas.


- ¿Te vas?

- No tengo otra opción… Puedo considerarme afortunado de que no me hagan una causa porque fue el producto de la broma de algún estudiante.

Nos quedamos ambos en silencio por unos momentos. Su cara lucía cansada, casi derrotada. El semblante pálido, las heridas frescas en su cara, el sudor que cubría su frente… Remus no solo estaba combatiendo su propia condición, sino la naturaleza misma de una sociedad que lo rechazaba. Se movía rápido, con una ligereza que parecía haber nacido de la práctica. Me pregunté cuántas veces había repetido esta escena… y sentí una ira inmensa.

- ¿No estás cansado de que siempre pase lo mismo? ¿No te da ira que te traten así?

- Harry, - paró un minuto en su quehacer, y me miró. En sus ojos había cansancio, pero también había una firmeza increíble-, ataqué a un estudiante. No es momento de lamentarse por mis derechos.

- Sí, pero… nadie está hablando de por qué Neville se metió en tu oficina por la noche. Nadie habla de quién fue el estudiante que te mezcló los viales. Todos piensan que esto sucedió porque eres un licántropo.

- No creo que te esté diciendo nada nuevo Harry, pero así es la gente. Sí, me gustaría vivir en un mundo en el cual no me traten de monstruo adonde sea que vaya… pero a la realidad poco le importa lo que yo desee o no. Lo he aceptado. La gente busca excusas para odiar, y soy un blanco fácil.

Lo miré con consternación… para alguien como yo, es casi imposible entender aquella resignación. No sé si será por mi personalidad o por mi juventud, pero para mí siempre hay una lucha por combatir. Y quería que Remus tuviese ese mundo que deseaba.

- Yo ya soy viejo. Quizás tú puedas hacer algo para tú generación… para que chicos como Neville no tengan que pasar por lo que paso yo. Aunque…- suspiró, y con un movimiento de su varita cerró la puerta de su despacho. Lo miré confundido mientras se sentaba al lado mío-. No sé si me corresponde decirte esto, pero Neville me vino a ver hace unas horas.

- ¿Ya le dieron el alta?

Remus hizo una mueca.

- No precisamente. Pero Dumbledore le había informado que me iba, y quería verme – se pasó una mano por el cabello, que cada día parecía estar más y más plateado-. Vino a agradecerme. Merlín…

- ¿Qué?

- Sinceramente me preocupa… - dijo, mirando a la nada-. No creo… en realidad estoy seguro que no entiende todo lo que esto conlleva. Está tan obsesionado con aquella maldita venganza que piensa que algo como esto es un arma. Que convertirse en una bestia descontrolada es algo poderoso.

Volvió a pararse, pero en vez de continuar empacando se quedó parado un instante, observándome.

- Me gustaría pedirte que mantengas un ojo en él, pero sé lo que él siente hacia ti ahora. En su estado actual no es seguro que te le acerques mucho. Pero…

- ¿Te preocupa, no? A todos nos preocupa. Demonios, hasta Draco me habla de lo mal que se le ve. Pero tú me preocupas más, Remus. ¿Qué vas a hacer ahora?

- Supongo que volver a meterme en el hoyo de donde salí – me contestó con una sonrisa débil-. Volveré a Irlanda a enseñar en las colonias.

- ¿Seguiremos en contacto, verdad?

- Claro, Prongslet.

La sonrisa que me dirigió no le llegaba a los ojos.


[En una caligrafía femenina]

No he podido contactarle en toda la semana. Se ve que le ha dejado dicho a Madam Pomfrey que no deje entrar a nadie. Quise hablar con su abuela cuando vino a visitarle, pero ella tampoco fue de mucha ayuda. Se está aislando, y no sé si es por lo que pasó anteriormente o por su licantropía. ¿Has tenido noticias de Remus?

[En la caligrafía de H. J. Potter]

Mi padre me ha mandado una carta gigante diciéndome que no lo contacte. Desde lo que pasó con Sirius están cada vez más irracionales… de hecho sé que no quieren venir a hablarme porque saben que no los puedo ver ni en figuritas. No sé si es el stress de la situación o qué, pero están hechos unos tarados. Mira que culpar a Remus por esto… sí, el tipo es un licántropo, pero si hay algún idiota que le cambia la Wolfsbane por una poción para dormir, ¿qué demonios esperan que pase?

En fin, como era de esperarse ignoré por completo la sugerencia de mi padre y le mandé una carta. La respuesta me llegó hoy a la mañana. Dice que anda bien, que no puede salir mucho de la casa porque la gente lo conoce y lo quieren atacar. Que un amigo lo está ayudando con comida y lo demás, mientras Dumbledore trata de arreglar todo. Hablé con Fletcher después, creo que nunca te hablé de él, pero es un tipo que trabaja con mis padres que lo conoce, y me dijo que anda deprimido. Que no come mucho, y que se culpa por haber mordido a Neville.

[En la misma caligrafía femenina]

¡Eso es terrible! Pero hasta cierto punto se podía ver venir… como odio estos prejuicios estúpidos. ¿Es que nadie quiere ver las cosas como son en realidad?


- ¿Eso fue lo que le dijo?

Draco y yo no habíamos tenido mucha chance de vernos después de la fatídica fiesta en la luna llena. Esta semana ha sido tan caótica como prometía, aunque por razones enteramente distintas a lo que uno hubiera esperado. La gente está en llamas por el ataque, tanto dentro como fuera de los muros del castillo.

Sé, gracias a las quejas que Ron Weasley no podía dejar de vociferar, que en la biblioteca había cola de espera para cualquier libro que contuviera la palabra hombre lobo. Hasta las tragedias se vuelven moda… y en ese voraz y morboso deseo por dominar aquella situación, todos parecen revolotear alrededor de aquellos que se proclamaran "expertos" – ya sea por las tres páginas que recordaban de Criaturas Mágicas y Dónde Encontrarlas, ya sea porque tienen las últimas noticias acerca del paradero de Neville o de Lupin.

Aunque aquella exhibición de incompetencia y cholulismo al extremo me hace hervir la sangre, he logrado mantener un perfil relativamente bajo en todo esto. Lo cual es bastante irónico, si uno lo considera, ya que Hermione y yo debemos ser los estudiantes que más en tema están. En fin, costumbres sociales detestables aparte, aproveché el minuto de calma que tuve hoy para hablar con mi amigo. Noté distraídamente que a diferencia de ocasiones anteriores, aquél día llevaba el pelo al natural. Sin gomina, sin laca… peinado para que no le molestase, pero libre como el viento. Hay quien dudaría de mi reputación si me encontrase dándole tal atención al cabello de un caballero como Draco, pero una de las primeras cosas que aprendes con su familia es que todos son terriblemente vanidosos (en especial cuando se trata de su pelo) y que lo que no puedes saber por la expresión en su rostro lo sabrás por el estado de su peinado.

- Sí, aparentemente está encantado con ser un hombre lobo – le respondí-. Piensa que volverse un animal una vez al mes le va a dar alguna ventaja sobre un Caballero.

- Realmente no sé qué me sorprende más… que Longbottom haya llegado a tal punto o que tú sepas tanto de la situación.

- Soy una persona muy bien informada, para tu información.

- Harry, ¿te diste cuenta alguna vez que me pasé el año pasado insultándote en los pasillos solamente para ver si reaccionabas?

Lo miré con confusión.

- Estás bromeando.

El rostro de Draco se retorció en una expresión de incredulidad bastante cómica, a la que le siguió una sonora carcajada.

- No lo puedo creer, ¡realmente no te diste cuenta!

- Bueno, - le respondí, completamente ruborizado- tenía la cabeza en otras cosas.

- ¿Me tendría que sentir celoso? – una sonrisa que tenía poco de inocente asomó a sus labios-. ¡Y yo que pensaba que ese beso había sido cien por ciento genuino!

Tendría que haberlo esperado. Era obvio. Pero no sé si incluso dándome tiempo como para prepararme mentalmente hubiera podido evitar la sangre que subió a mis mejillas cuando me recordó el beso que compartimos aquella noche.

- ¡Oh, vamos Harry! Sabes que nunca le negaría su príncipe a las damiselas de Hogwarts… aunque me queda la duda si no van ya por la segunda porción.

- Para tu información, solo estuve con cuatro este año.

- Cinco.

- ¿Eh? No, cuatro.

- ¿Y yo qué soy?

- ¡Un tarado! – le dije riéndome, con un golpe al hombro-. Si sigues con eso, y de la forma en la que se viene comportando mi padre, no me sorprendería que salga a desheredarme por ser gay o algo así…

- De todas maneras se suponía que ibas a ser mi esposa trofeo – ambos nos reímos, pero algo en mi comentario le hizo serenarse enseguida-. ¿Tan mal están las cosas?

- ¿Entre mi padre y yo? – Asintió-. Sí y no. Por una parte entiendo que el tema de la adopción lo puso mal… fue un golpe en la cara tremendo. Pero de ahí a dejarlo a Sirius abandonado a su suerte así… no sé, yo sabía hace rato ya que los dos venían teniendo sus diferencias y que a mi padre no le hacía gracia que me la pasase tanto tiempo con Sirius. Hay algo de celos en eso. Pero lo de prohibirme verlo fue un ataque de histeria. Lo que más me sorprende que mi madre lo haya seguido.

- Y ahora con el tema de Remus hizo cualquiera. Le está echando la culpa por el ataque… sí ya sé que era obvio que tener a un licántropo en Hogwarts sin avisarle a los padres primero era pedir que sucediera algo. Pero él lo supo desde el principio; si le molestaba, ¿por qué no dijo nada entonces?

- Te molesta que esté dejando a sus amigos de lado, ¿verdad?

Asentí.

- Me molesta que se esté volviendo una persona detestable.

- ¿Lo has hablado con él?

- Realmente no sé qué bien haría eso… mi madre está complotada con él, y no sé, me da la sensación de que al final el que está equivocado soy yo. Pero afuera de una conversación con ellos me doy cuenta que no es así. Veré qué hago… ahora me interesa poder encontrar una forma de ayudar a Remus y a Sirius como pueda. Luego me pondré a pensar qué hacer con mis padres.


Hermione se ha ido. Remus ha sido secuestrado. Neville está Merlín sabe dónde. Sirius sigue en Azkaban.

Sólo en estos momentos es cuando extraño a Tom… y sólo porque él sería capaz de decir alguna estupidez que me hiciera enojarme lo suficiente como para olvidarme de mis penas.


Cannes, 5 de Marzo de 2000

Harry,

Espero que esta carta te encuentre bien. Acabo de llegar al palacio. No me hubiera perdonado si lo primero que hacía no era escribirte. Sé que dijiste que no me preocupara, pero lo voy a repetir mil veces si es necesario: me siento increíblemente culpable por esto. Siento que te dejé solo en el peor momento, con esto de Remus y con Sirius todavía en Azkaban… lo siento tanto.

Pero sé que hasta cierto punto me entiendes. Puedo pedir disculpas por lo que sé que estoy haciendo mal, pero no puedo pretender que esto es un capricho. Pedí el pase a Beauxbatons porque no me sentía segura en Hogwarts, en Inglaterra en general, y es algo que sigo sintiendo. No tengo la clase de protecciones que tú tienes, Harry. Tus amigos, tu familia, tu nombre y tu fama te sirven (y te servirán) de escudo para lo que vendrá, pero yo soy sólo una hija de muggles que sabe demasiado para su propio bien. Tú lo viste con tus propios ojos, el racismo a flor de piel… lo más gracioso es que cuando entré al mundo mágico pensé que finalmente iba a poder encontrar gente que me entendiera, que compartiera las mismas cosas por las que mis compañeros de escuela hasta ese momento me habían rechazado. Y hasta cierto punto así fue; te conocí a ti, a Neville, a Luna… pero también había una Carrow, un Bulstrode para perseguirme.

No importa cómo lo quieras ver, pero es una realidad de que ahora en más las cosas se pondrán peor. Que un prejuicio infantil como el de ellos pase a ser algo tan vicioso, tan encarnizado como para atacar otros estudiantes habla de que hay cosas que se están gestando… y los "sangresucia" como yo vamos a tener las de perder.

Quizás esto te suene a que me estoy tratando de convencer a mí misma más que a ti, pero siento que no hablamos bien de esto, y quiero que quede en claro. En cierta forma, a mí no me hace más gracia que a ti esta partida. Tengo muchos a quienes voy a extrañar. Es un poco tonto hablar así, como si fuera un adiós definitivo… ciertamente es un adiós a la rutina, para ti y para mí. Seguramente nos podremos ver en el verano.

Pasando a temas más mundanos, el palacio de Beauxbatons realmente está a la altura de su reputación. El lugar es precioso, aunque no tiene ese gusto a añejo que tiene Hogwarts. No sé si será por alguna peculiaridad de sus fundadores o qué, pero aquí es todo muy cuidado, con mucho énfasis en las apariencias más que en el uso práctico. Hay hadas y ninfas en vez de fantasmas y poltergeists; cristal y arañas en vez de piedra y candelabros. Aquí las habitaciones son individuales, aunque tiene menos que ver con el espacio que con la cantidad de estudiantes.

Sobre la gente no te puedo decir mucho más de que estoy muy agradecida con mis padres por haber insistido en que tomara tantas clases de francés, porque sinceramente hablan de manera tan rápida y con un gesto… creo que ni se dignarían a hablarme si no tuviera la pronunciación casi natural. Creo que la mayoría de los estudiantes son mujeres, sé que eso te agradaría…

No te atrevas a esperar a avisarme si tienes noticias de Remus. Tenía la sensación de que Dumbledore iba a mandar a rescatarlo, si realmente Greyback se lo había llevado a Dublin. Y si no lo hacía por él, al menos por Neville. Dios, ¿qué diablos se le metió en la cabeza como para ir a buscarlo?

En fin, procura no olvidarte de tu querida amiga,

Hermione


Siento como si hubiera vuelto hacia atrás en el tiempo. Con el pase de Hermione hecho efectivo, y la pelea con Neville y su subsecuente huida me siento exactamente en el mismo lugar que hace unos años, exceptuando la ocasional charla con Draco.

Hoy estuve revisando mi diario, y me di cuenta de que pasé tres semanas sin tomar mi pluma. Y no es culpa de una musa rebelde o un horario hético… simplemente me bloqueé. No he pensado en nada más que en recuerdos de momentos mejores. Más simples.

Nadie me ha dicho nada, aunque sé por mi apariencia que mi bache depresivo se dio libertades para redecorar mi rostro. Creo que, de alguna forma, todos estamos un poco en la misma. Volvió el aire enrarecido al castillo con la misma fuerza que tenía luego del ataque a los padres de Neville.

Y ese nombre maldito… no hemos tenido más noticias ni de él ni de Remus (a quién todos, incluso los que antes se morían por llamarlo por el nombre de pila, llaman Lupin ahora) desde fines de Febrero. Fenrir Greyback, un reputado aliado de lo que fuere que causara caos en la sociedad mágica humana, había aparecido por la noche en donde Remus se estaba refugiando, y sin pena ni gloría se lo llevó. Fueron pocos los detalles que le pude sacar a mi padre antes de que, molesto, me dijera que no era de importancia (ahí lo tienen al paladín de la justicia). Pero lo poco que sabía armaba una imagen preocupante: el alfa de una manada peligrosa apareciendo impune en el medio de una villa mágica, y abduciendo a uno de los innumerables infectados que dejó en el país… y nadie pensaba hacer nada.

Más allá de las diferencias ideológicas; más allá del prejuicio y de los liberales peleando por las minorías en contra de los conservadores… ¿acaso nadie pensaba en aquél movimiento como algo preocupante? No sabía hasta qué punto Voldemort podía extender su influencia sobre los no-humanos, pero no me hubiera sorprendido que se apareciese para decirme que Fenrir trabaja para él. Ya saben, porque ese es el tipo de cosas que hace el bastardo. Más o menos.

Paradójicamente, la única esperanza que tenía sobre la cuestión residía en los hombros de Neville, quien al enterarse del secuestro se fugó inmediatamente de la enfermería. No dejó dicho qué pensaba lograr, pero era obvio que iba a buscar a Remus. Y en un mundo en el que todos prefieren darle la espalda, me siento aliviado de que al menos hay una persona en la que puedo confiar. A menos que lo hayan matado, ya.

Quizás hablo de manera muy cruda, quizás me hace falta tacto… pero estos días ya no sé qué esperar, más que lo peor. Hay un aire de pesimismo generalizado, y parece ser un virus terriblemente contagioso.

No he tenido noticias de Sirius desde que el tema de la adopción salió a la luz. Intenté comunicarme por las vías actuales, solo por si las dudas, pero es evidente ya que mi padre intervino mi correo. Alguna vez pasó por mi mente la posibilidad de contactar a Bellatrix… pero con mis lechuzas siendo observadas tan de cerca no puedo arriesgarme. Apenas puedo empezar a imaginarme el lindo revuelo que armaría mi padre si se entera que su hijo se escribe con la Enemiga Pública Número Uno.

(Ella me había enviado una misiva ni bien salió en los diarios que éramos familia, pero nuestra lechuza era muy peculiar… blonda, gruñona y con ganas de sacarme favores. Si quería hablar con ella tendría que pedirle a Draco que me sirva de nexo, y se lo caro que me costaría).

De todas formas, no sé hasta qué punto puedo confiar en ella. Sé que está en su mejor interés que Sirius permanezca lo más sano y salvo posible… pero esta guerra es un juego complicado, y no sé si Voldemort anda con ganas de sacrificar piezas. Si acudo a ella me pondré a moverme en un círculo complicado… con algo tendré que pagar la información. Y aun así me expongo a recibir algo incompleto, o engañoso.

No, Bellatrix no es una opción por ahora. El tema es que tan solo puedo confiar en lo que dicen los diarios, y agarrarme de mis débiles esperanzas. Mi padre se puso la gorra en estos últimos tiempos, y se cobró algunos favores políticos que le venían hace rato adeudando para suspender el lugar de los Black dentro del Wizengamot. Por supuesto que frente a las cámaras todo fue a favor de "evitar que se llamase a prestar obligaciones a una víctima de un juego político" (ah, ¿cuál es la nueva moda entre los artículos de opinión? Hablar de cómo mi adopción fue en realidad una venganza del PT para quedarse con la banca Potter), pero yo sabía que mi padre quería mantenerme bien alejado de Sirius. En la cabeza de mi madre todo es válido mientras que sea por "mi propio bien", así que por ahí se escurrió la única posibilidad que tenía de intervenir por mi cuenta en el juicio.

Así me ven, entonces, incomunicado, encerrado y rencoroso. En un mes vi a un viejo amigo convertirse en licántropo, para que luego él y otro amigo de mi familia se esfumaran totalmente; vi a mi padre dar un giro de 360 para convertirse en una barata imitación de Barty Crouch Sr. Hermione ya no está más aquí conmigo para hacerme entrar en razón, y en cambio lo más cercano que tengo a alguien así es Draco, quien desconoce totalmente el significado de lo razonable.

Y no lo digo porque piense que el rubio es mala compañía; al contrario, me ha demostrado ser alguien muy interesante con el que disfruto pasar el tiempo. Pero tampoco puedo engañarme y decir que tiene las mismas sensibilidades que mi mejor amiga. Quizás lo que más los distingue del otro es el nivel de inocencia que tienen. Mientras que el de Draco es más típica del niño ricachón que jamás ha levantado un dedo para trabajar, el de Hermione era más orientado a lo social, a la forma en la que se relacionaba con las personas. No tiene un ápice de maldad esa chica.

Supongo que me sirve de poco refunfuñar y querer arreglar todo para que vuelva a ser como antes. Hermione ya no está, Draco se queda a hacerme compañía, y a mi padrino en cualquier momento le dan la extremaunción. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte… pero a esta altura debería ser Merlín si eso fuera cierto.


- ¿Y?

Ni un saludo, ni un gesto de forzada amabilidad. Estaba nervioso, como cada vez que dejaba que alguien que conocía personalmente leyera mis cuentos. Quería escuchar una crítica profunda, quería escuchar un "estuvo bien" desinteresado, sin más detalles. No sabía cómo sentirme… y es que si bien todo escritor quiere ser leído, es inevitable que te sientas desnudo al mostrarles algo tuyo a tus amigos o familia. En la escritura te muestras como eres, como quieres ser; qué te interesa, qué te repugna. Quieras o no, entregas un poco tu alma… como un horrocrux artístico (Tom echaría espuma por la boca si leyera esto).

Draco me miró confundido por un instante, hasta que notó mi expresión expectante. Sus ojos se suavizaron un instante, adoptando una mirada que esperarías ver en una madre al ver a su hijo hacer algo particularmente adorable. Supongo que no estaba acostumbrado a mis ticks artísticos.

- Pude leer el del perro nada más – dijo, y me sentí algo decepcionado-. Ya había leído algo tuyo, cuando salió en El Profeta. Este me pareció más… raro.

- ¿Raro?

- Sí, - frunció el ceño mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas-. Era bastante triste lo que escribiste entonces, oscuro incluso. Este parece tener el mismo tono, pero hay otra fuerza… es como más reflexivo, porque te pone de los dos lados de la cuestión. En general, es menos idealista – sus labios formaron apenas una sonrisa-. ¿Lo escribiste por lo de Remus, no?

- Sí, en parte… estaba pensando la otra vez acerca de la situación, y cómo Neville había aprovechado la situación hasta el punto de que… no sé, de pronto se me vino a la mente "¿y si Neville lo hubiera hecho a propósito?". De dejarse a morder, a morder al lobo y de ahí la historia. Pensé en un nene que no entiende las consecuencias de sus acciones, pero que tiene un deseo muy fuerte de ser tan amenazante como el perro… y del perro que es mordido, que al final de cuentas termina siendo la víctima de todo el asunto. Quería jugar un poco con esa oposición de depredador que se vuelve víctima y de victima que se vuelve depredador. Que a través de la mordida uno transfiera el carácter del otro.

- Es una idea interesante. Creo que lo lograste bien. ¿Y el otro?

- Es acerca de un mago que pierde su magia al rehusarse a ayudar a una prostituta moribunda – noté el escalofrío de Draco al mencionar el castigo que sufre mi pobre personaje.

- No me digas que es una especie de fábula, ¿verdad? Esas que te enseñan que debes ayudar al prójimo o te comerá un dragón.

- No tanto… de hecho la prostituta moribunda estaba así porque acababa de intentar robar a un cliente. Es más acerca de la obsesión que termina apoderándose del mago, al punto de que siente tanta culpa por ella que entrega su magia a una alucinación para que retorne a la prostituta, a quien identifica con su madre.

- Eso es… muy perturbador - me encogí de hombros-. ¿Piensas publicarlos?


Cannes, 30 de Marzo de 2000

Harry,

¡Felicitaciones por los cuentos! Gracias por mandarme una copia del diario; aquí solo recibimos la edición internacional, y el espacio de historias lo reservan siempre para escritores locales. Debo admitir que me gustó más el del perro que el de la prostituta… a veces tienes cada idea, Harry… Con tu talento le haces justicia, pero tengo la impresión de que quizás tu cabeza da vueltas alrededor de cosas que quizás no deberían preocuparte a tu edad (¡perdón por sonar como una abuela!). Déjame elogiar la prosa también; tienes una manera deliciosa de crear escenarios y ambientar los hechos, y se ajusta muy bien al tipo de historias que escribes.

(No creas, sin embargo, que no me di cuenta a qué iban los dos… me hubiera gustado que Remus pudiese leer el primero, seguro le habría encantado).

Lamento no poder explayarme mucho, pero como debes saber que estoy preparándome para mis exámenes finales. Aquí les llaman exámenes de habilitación mágica primaria (no tan divertidos como nuestros NEWTS, ¡jaja!), y por lo que sé tienden a hacer énfasis en la teoría más que en la práctica, a diferencia de allá. Otro tema que tienen estos exámenes es que no son necesarios para anotarse en las universidades, pero si tienes los necesarios te ahorras dos años de curso preparatorio. Todavía no estoy muy segura de qué carrera seguir, pero por ahora estoy entre tres opciones: leyes, aritmancia o estudio de la magia. Me gustaría poder trabajar en el campo legal para ayudar a las criaturas mágicas, pero me interesa enormemente el estudio de la aritmancia y de la magia desde un campo más teórico que lo que vemos en el colegio. Tengo todo el verano para decidirme, de todas formas, así que no me preocupa mucho.

Espero que sigas bien,

Hermione


Recordaba como si fuera otra vida aquella ocasión en la que me crucé con el patriarca Malfoy en los ascensores del ministerio. Lo único que me quedó de aquél encuentro es un fugaz cruce de palabras y unas miradas hostiles… nada que uno pudiera considerar un buen historial cuando se trata del padre del que es tu nuevo mejor amigo. Supongo que si alguien pregunta podré escudarme con la vieja tradición sangre pura de darse vuelta como tortilla cuando la situación cambia. Fui todo sonrisas y amabilidad hoy.

Lo que me pareció realmente sorprendente fue que no fui el único que enterró el hacha de guerra… Malfoy padre se portó realmente decente conmigo y no mencionó en absoluto a mi padre, lo cual me da a entender que no solo aprueba mi amistad con Draco (eso me ganaría solamente la fría indiferencia) sino que además se trae algo entre manos (así son los Slytherin).

- Malfoy, - le saludé, inclinando la cabeza. Lo había visto venir a lo lejos, a través de los amplios ventanales, y me puse a debatir si saludarlo o esconderme antes de que me viera. Supuse que me convenía, en esta ocasión, aprovechar a tantear el terreno por sí algún día tenía que verlo más seguido. Después de todo no te conviene empezar a llevarte bien con un tipo recién después de que te metes a full en su círculo social, donde juega de local. Seré corajudo por ser Gryffindor, pero no soy estúpido.

- Potter, qué agradable sorpresa – me respondió con el tono más neutral que puedan imaginar.

- Se podría decir. No estaba al tanto de que se iba a reunir el consejo escolar. Espero que no sea por algo grave.

- Eso es algo relativo, - dijo con una pequeña sonrisa que insinuaba más de lo que afirmaba-. Pero no estoy aquí por razones oficiales.

Acepté aquella velada referencia al ataque a Neville como signo de que no estaba dispuesto a pelear conmigo.

Luego de aquél incidente que nos hizo perder al mejor profesor de defensa que hemos tenido hasta el momento, Draco me hizo saber que había habido cuantiosas reuniones del consejo escolar para revisar el rol de Dumbledore en la cuestión. No había habido mucha deliberación en cuanto a si echaban a Remus o no… hasta el mismo Remus había hecho las valijas antes de que se reunieran. Pero la responsabilidad del director había sido, según Draco, un tema de amplia discusión… en la que seguramente se lo vio a Lucius del lado antagonista.

Sin embargo, y sabiendo que el hombre estaba al tanto de la relación estrecha que había tenido mi padre con el licántropo y de la amistad que yo mantenía con él, me había abierto en la conversación para recibir alguna amenaza o una cruel burla. Si Malfoy quería seguir antagonizándome lo hubiera demostrado en ese momento.

Un poco más relajado, acepté su invitación tácita a acompañarlo mientras se dirigía hacia su destino.

- Debo decir que me causó curiosidad el saber de tu adopción, - comentó casualmente-. No sé si estarás al tanto, pero mi esposa es Black por nacimiento.

- Sí, recuerdo haber visto su nombre, el suyo y el de Draco en el tapiz de los Black. En cuanto a la adopción, estoy seguro de que no fue la única sorprendida.

Aquello me ganó una mirada curiosa. Sabía que se estaba preguntando si Sirius había mantenido la adopción en secreto incluso de Bellatrix, lo cual era curioso; por una parte me decía que la mujer no confiaba tanto como uno pensaría en su sobrina, por otra parte me decía que Malfoy asumía que Bellatrix confiaba lo suficiente en su sobrina como para haberle contado de haber sabido.

Lo cual también me daba a entender, dado que había sido Draco quien me había entregado aquella misiva por parte de la mayor de las mujeres Black, dos posibilidades: o los Malfoy se resignaban a jugar de mensajeros para quien asumían tenía el respeto de Voldemort (muy poco probable), o Draco tenía una relación con Bellatrix de la cual sus padres sabían poco y nada.

Dejé a propósito flotando en el aire el nombre de a quién me refería con mi comentario. Malfoy no comentó nada al respecto, aunque era obvio que lo había notado.

- Tus padres no se lo deben de haber tomado a bien, me imagino.

- Tuvieron la reacción que se esperaría de cualquier padre que ha encontrado que su hijo cambió parte del apellido – le dije con una pequeña sonrisa-. Pero considerando que me queda un año para la mayoría de edad, quizás sea hora de que tanto ellos como yo nos acostumbremos a aceptar aquellas cosas que no nos gustan.

- Una posición entendible que sin embargo como padre no puedo defender.

Dejé escapar una carcajada, y noté por el rabillo del ojo que había arqueado una ceja, entretenido. Se detuvo frente a una puerta (si mis recuerdos no me traicionan podría decir que era la del despacho del profesor Snape) y me tendió una mano.

- Procuraré hacer mis plegarias a Morgana para que no corrompas a mi hijo, Potter. Merlín sabe que tiene suficiente sangre Black como para hacer todo tipo de locuras.

- Por ahora lo mantengo en línea amenazándolo con quitarlo del árbol de la familia. Ha sido un placer verlo, señor Malfoy. Mis saludos a su esposa.


- "Quizás lo más notable de estas cortas historias sean los sentimientos profundos que podemos encontrar expresados en ellas; sentimientos que nos hablan no solo del autor como un individuo, sino de su rol como portavoz de una generación que se ha visto obligada a dejar la edad de la inocencia atrás a golpes". Demonios, Harry, cuándo no apareces en El Profeta por algún escándalo te das el lujo de aparecer como un… ah, aquí está, "emergente talento".

Draco siguió escaneando el artículo con una sonrisa divertida en los labios, echando pequeñas risitas cuando encontraba algo particularmente adulador. El artículo en sí no es tan malo, pero es evidente que su escritor busca agarrar vuelo a partir de la nueva ola de críticos que se la pasan hablando maravillas de los Sidhe, que es el nombre con el que nos han agrupado a un grupo de escritores jóvenes de los alrededores de Gran Bretaña ("quizás las temáticas nos recuerdan a las viejas fábulas que nos prevenían contra los Sidhe Fey; historias de locura, sangre y muerte donde la esperanza y la lucha por la supervivencia se mezclan con la desestructuración profunda de la mente").

- Son cinco párrafos en una parte del diario que nadie lee, Draco. Dudo que eso se compare a salir tres días seguidos en la primera plana porque una loca se la agarró conmigo.

El rubio puso los ojos en blanco, y dobló el diario para luego tirarlo a un lado.

- ¿Y todas esas cartas que te llegan? ¿O me vas a decir que son tus novias?

- No querría ponerte celoso, - le dije entre risas-. Está bien, contra eso no puedo discutir. Me llegan bastantes cartas de gente que leyó mis historias. Con algunos se arma una buena discusión, y a veces esto hace que algún conocido se sume con alguna acotación.

- ¿No te cansas de escribir tanto? – al ver mi cara de confusión, aclaró:- Entre las cartas, los cuentos, y esos diarios que tienes te la pasas escribiendo.

Me encogí de hombros.

- Es lo que me gusta hacer.

- Deberías conseguirte un pensadero. Así no tendrías que escribir en tu diario, y si quisieras, podrías hacerlo con más lujo de detalles.

- Cuestan una fortuna… además ya no hay quien los haga.

- No creas… una vez hablamos del tema con mi madre, y me contó de un chamán peruano que había conocido en uno de sus viajes, cerca de Machu Picchu. El tipo fabricaba una especie de pensaderos que usaban los viejos incas para reflexionar y entrar en trance, que es muy parecido a los pensaderos europeos. Por lo que entendí allá es bastante común encontrar esos cacharros; de hecho tienen problemas con los muggles que los encuentran, porque el líquido que usan para acumular y preservar las memorias es como una droga para ellos.

- ¿Crees que podrías conseguirme uno?


Abril se me ha pasado rápido. Entre las alargadas sesiones de estudio para prepararme para mis exámenes de fin de año y el perfecto impasse que hemos vivido no solo dentro del castillo, sino también afuera de él, se me ha convertido en un mes pequeño. El único evento que vengo anticipando desde hace algún tiempo ya es la fiesta de los Zabini, quienes van a festejar Beltane en su mansión el último día de abril.

- ¿Ya te ha dicho algo Blaise? – me preguntó Draco hace una semana, mientras miraba un catálogo de moda masculina. Le eché una mirada a las páginas abiertas del folleto, y noté inmediatamente que Draco estaba buscando ropa para una gala.

- ¿Hay algún evento?

- Beltane, el treinta – me contestó-. Es casi una tradición para nosotros, sabes. Los Zabini organizan la fiesta de Beltane, mi familia Samhain, los Greengrass Imbolg, los Black Lughnasadh…

- ¿Black?

- Si, - Draco me dijo con una pequeña risita-. Veo que tu padrino nunca te lo dijo. A finales de julio les corresponde a los Black organizar la fiesta de Lugh. Siempre me pareció bastante gracioso, considerando que es la más alegre de todas, y teniendo en cuenta la reputación de los Black…

- Sin duda, -asentí con una ligera sonrisa-. ¿Así que es para finales de julio?

- Claro – noté que se había dado cuenta de lo mismo que yo-, cae el mismo día de tu cumpleaños.

- ¿Así que Blaise piensa invitarme? – pregunté, volviendo con un poco de violencia al tema anterior. Yo venía de una familia de tradición más abierta; mis antepasados habían incluido tantos cristianos como paganos, y estaba seguro de que había más de un practicante del Ásatrú y del judaísmo en mi árbol genealógico. Las tradiciones de las familias más conservadores eran estrictamente célticas, y siempre habían visto con recelo aquellos que practicaban religiones con mucha influencia muggle.

- Ahora que eres un Black no tiene mucha opción, sería casi como un insulto – los ojos grises se fijaron en mí, buscando algo en mi expresión-. ¿Por? ¿No es sacrilegio para ti, verdad?

Una de las pocas cosas que creo que he heredado de mi padre ha sido su falta de preocupación por la religión. Las pocas veces que hablo del tema siempre me termino convenciendo que todas tienen respuestas validas a las mismas preguntas; si he de definirme como algo, es como agnóstico. Mi familia jamás ha intentado inculcarme nada; tan solo darme un panorama y la libertad de elegir lo que quiera creer. Mi madre siempre se ha considerado una católica no practicante, y mi padre sólo en los últimos años ha empezado a explorar su religión.

- No, - le respondí, encogiéndome de hombros-. La verdad es que no me genera inquietud el tema de la religión.

- ¿Pero tu madre no es cristiana?

- Católica – lo miré con una sonrisa-. Sabes, Draco, no todos los muggles son fanáticos con su religión. Nunca hizo más que explicarme lo que ella creía. Siempre me dijo que era algo muy personal, y que dependía de mí. De hecho, me parece raro que Blaise quiera invitarme considerando que soy un mestizo para ustedes.

Draco bajó la mirada, y me di cuenta al instante que aquél era un tema sensible para él. Increíblemente nunca habíamos hablado de esto, lo cual era raro ya que el rubio da la impresión de que está a un punto de tatuarse sus creencias en los brazos para que todos lo puedan ver. Él es el más vocal dentro de los Slytherin de nuestro año cuando se trata de hablar de las tradiciones racistas de los sangre pura, y sin embargo aquí estamos, amigos.

Era evidente que esto le resultaba incómodo, pero no me importaba. Me interesaba enormemente ver cómo conciliaba él nuestra relación con sus creencias.

- No es tan así… - dijo-. Cierto, nosotros creemos que los mestizos y los sangr… los hijos de muggles no deberían estar al mismo nivel que nosotros. Pero es un tema de mérito. Ellos vienen de otra sociedad, esperando que se les dé todo servido en bandeja. Invaden nuestra cultura y no se molestan en aprenderla… Es decir, no tengo problemas con aquellos que tengan un verdadero interés por pertenecer a la sociedad mágica, y aguantar todo lo que ello conlleva. Pero mi problema es que mis abuelos, y los abuelos de mis abuelos ayudaron a construir esta sociedad, y vienen ellos y pretenden que se les dé lo mismo que a aquellos que han llevado esta sociedad hacia adelante. Nosotros nos tenemos que probar, Harry, tú lo sabes. Tenemos que hacer mérito, cada día de nuestras vidas, para mantener el honor familiar.

- Para nosotros, alguien como tú es bienvenido. Incluso si no tuvieras el apellido Black, incluso con la historia política entre nuestras familias, estoy seguro que hubieras recibido una invitación en el momento en que hubieras expresado algo de interés por nuestra religión. Pero tú haces mérito; eres uno de los mejores estudiantes en nuestro año, todos saben lo talentoso que eres para escribir. Por eso mis amigos te han aceptado tan rápidamente.

Asentí.

- Bien, ¿qué crees que debería ponerme?


Tuve la más peculiar (y grata, en cierta forma) de las sorpresas. Hermione me envió una transcripción de una carta que le envió Neville hace unos días. Mi amiga parece no caber en sí de la alegría; por lo que me dijo parece evidente que Neville desea amenizar un poco las cosas entre ellos.

[lamento no poder enviarte todo, pero creo que entenderás que hay cosas que deben quedar entre nosotros dos]

Por ahora me las he estado arreglando bastante bien. Tuve que hacer algunas modificaciones a mi apariencia para que no me reconocieran; sé que al ministerio le encantaría atrapar al pequeño lobo fugado… pero ellos no entienden. Piensan que es por mi propio bien, que estoy cometiendo una locura. Pero son humanos; lo que ellos entienden por deber no es lo que nosotros entendemos. Remus es mi alfa, y estoy obligado a cuidar su espalda. Ese es el juramento implícito de los hijos de la luna.

He estado siguiéndoles el rastro a la manada de Greyback por días… no me quiero acercar mucho hasta estar completamente seguro de cuántos la integran. Sé por algunos compañeros que me he encontrado en mi camino que Greyback les prohíbe llevar varitas a sus lobos, y esa es mi única ventaja. Por ahora he conseguido diferenciar veinte olores distintos, así que me las estoy viendo contra veinte lobos adultos. Me he estado preparando para esto, pero sé que debo obrar rápido antes de que sepan que estoy siguiéndoles.

Por lo que he podido oler, Remus parece encontrarse vivo, aunque algo maltratado. A veces dejan una huella de sangre por sus caminos, y sé que es de él. Pero no es mucha ni está viciada, lo cual me hace pensar que viene de pequeños tarascos… Lo quieren adoctrinar, estoy seguro.


Recibí Beltane vestido en una túnica rojo oscuro. Los tradicionales patrones celtas se abrían paso en hilos de oro a través de los pliegues; pequeños dibujos y entramados se entremezclaban, contando historias de aventuras épicas de tiempos pasados. Un mantón verde cubría mi hombro al estilo romano. Draco me había aconsejado dejarme el cabello largo para esta ocasión, por lo que me lo peiné para atrás, dejando que cayera en forma de ondas hasta mis hombros.

- Muy elegante, - me dijo el rubio al verme. Nos reunimos en la sala común de Slytherin, en la cual se había habilitado la chimenea para viajar a la mansión Zabini a través de la red Flú. Gran parte de los estudiantes de quinto, sexto y séptimo año estaban ya allí; como la mayoría provenía de familias allegadas al círculo de los Zabini, era obvio que recibirían una invitación. Mi presencia, por otra parte, causaba evidente sorpresa.

- ¿Saben algo tus padres de esto? – me susurró Pansy mientras Draco hablaba con Nott.

Negué con la cabeza.

- Ya me parecía raro que te hubieran dejado venir…

A mí también me hubiese parecido raro. Desde lo de Sirius se han vuelto un tanto paranoicos; cualquier indicio de artes oscuras los pone nerviosos. Si a Remus le dieron la espalda por ser una criatura mágica normalmente clasificada como "oscura" (lo cual, si bien nunca lo confirmaron tampoco me dejaba mucho lugar a la especulación: era bastante obvio), imagínense que algo como una gala celebrando una fiesta asociada a los practicantes de las artes oscuras les habría hecho poner el grito en el cielo. Así que ojos que no ven, corazones que no sienten; me encargué de hacer mis arreglos por debajo de la mesa y sin que ellos se enterasen.

Cuando vi que Draco me hacía señas para acercarme, me aseguré de tener en el bolsillo interno de mi túnica los regalos que había comprado. Para prepararme para la fiesta no tuve solo que conseguir algo decente para ponerme, también tuve que moverme para conseguir presentes para aquellos que "me son fieles". Según la tradición celta, Beltane es la noche en la que se celebra el comienzo del verano, y es visto como una oportunidad para reforzar y celebrar los lazos de amistad entre los practicantes de la misma forma en la que la celebración busca reforzar el poder de los dioses para las cosechas.

- ¿Listo? – me preguntó Draco cuando me acerqué a él. Noté, no sin poca curiosidad, que parecía nervioso por algo. Asentí mientras miraba a los estudiantes de séptimo desaparecer por la chimenea.

- Vamos entonces.

Un desorientador viaje en flú más tarde nos veía a todos en el hall principal de una imponente mansión. Tenía el concepto de que la familia de Blaise favorecía los colores oscuros y el décor gótico, pero lo que me encontré no parecía estar más lejos de lo que tenía en mente. Mármol veteado, detalles en roble y una alfombra de un rojo suculento le daban un toque de serena dignidad al decorado de la fiesta. Helechos y hiedras parecían divertirse entretejiéndose por doquier, dándole el aspecto de un edificio abandonado a la naturaleza. Las alegres florecillas abrían y cerraban sus pétalos, coquetas, cuando pasabas junto a ellas. Sinceramente me maravillaba aquella perfecta combinación de sobriedad y alegría. Cuidaba la reputación de los Zabini como una casa honorable y solemne sin descuidar el aspecto festivo de la reunión.

- Es impresionante – susurré, admirado. Por el rabillo de mis ojos noté que Blaise sonreía.

- Amo Blaise, - una vocecita chillona reverberó en la silenciosa habitación- la ama Nuha indicó a Najd que debe escoltar a los invitados al salón principal.

Tuve que dar unos pasos hacia el costado para divisar a la pequeña elfa doméstica; de ojos desproporcionadamente grandes y con los restos de un almohadón como única prenda, la criatura parecía haber llegado apenas a la edad adulta. Noté con algo de diversión que su pequeña cabecita estaba adornada con una corona de madreselvas, lo cual le daba un toque exótico.

- Escóltanos, entonces.

El pequeño paseo hasta el salón principal fue corto; los Zabini habían elegido realizar la fiesta en lo que adivino es su salón de baile más grande, el cual por tradición se ubica en el centro de la mansión. Largas galerías lo rodean; tomamos una de ellas al subir por la escalera. El resto del décor parecía tener el mismo estilo que aquél favorecido en la habitación en la que fuimos recibidos. Una conjunción perfecta de naturaleza y clasismo acentuados por pequeños encantamientos.

- Harry, - me susurró Draco mientras entrábamos,- trata de permanecer cerca de mí a toda hora. Se supone que siendo este tu primer Beltane, y yo tu pariente más próximo, me corresponde presentarte y cuidarte.

Asentí, un tanto deslumbrado por la vista como para prestarle mucha atención. Si lo anterior me había parecido impresionante, poco tenía que envidiarle a lo que veía ahora. Al parecer la familia de Blaise había optado por eliminar el techo que recubría el salón, dándonos una vista de primera del cielo estrellado y de la luna que dormitaba por encima nuestro. Las constelaciones parecían fundirse en las sombras con las desdibujadas figuras de los pilares que delineaban las paredes. Piedra caliza, áspera y anciana, brillaba apenas con tosquedad en la débil luz que proveían los faroles. En aquella habitación que parecía sacada de ruinas helenas, el acento era dado por el mobiliario, el cual era lujoso, rico en detalles de figuras voluptuosas. Al bajar los ojos, lo que a primera vista había parecido ser una alfombra oscura revelaba ser musgo; fresco, natural, esponjoso como nubes. Miré por un instante a Draco y me pregunté si se molestaría si me sacaba los zapatos.

Como si me leyera el pensamiento, el rubio me dirigió una mirada primero a mí, y luego hacia mis pies y sonrió.

- Vas aprendiendo rápido, - dijo, y con un movimiento de su varita, nuestro calzado desapareció.

Hay cosas en el mundo que provocan placer, y hay cosas como caminar sobre musgo fresco sin calzarse. Un ligero cosquilleo en mis pies me indicaba que aquél musgo tenía poco de inocente, y me concentré sobre él, tratando de sentirlo con mis habilidades. Algo así me sería imposible en Hogwarts, donde la concentración de magia se había vuelto abrumadora a medida que mi sensibilidad se agudizaba (algo que he leído está relacionado con la edad, y la experiencia). Era para mí como taparme los oídos; lo hacía para callar los gritos y los tronadores vozarrones que venían de afuera… en cuanto aflojaras un poco la mano, sentirías el doble de dolor al experimentar aquél ruido al que no estás acostumbrado.

Pero aquí la cosa era diferente. Si bien era un lugar antiguo, pasado por años de encantamientos y hechizos, era como estar dentro de mi propia casa. El sabor era distinto, sí, pero difícilmente me saturaba. Por eso relajé un poco el siempre presente control que tenía sobre mis habilidades y me dediqué a explorar un poco los encantamientos que habían conjurado aquél musgo extraño.

- Es como si fuera alcohol, - dije con voz ronca, disfrutando de la sensación de la magia fluyendo libre a través de mi piel -. Está encantado para desinhibir.

- ¿Qué? – me preguntó Draco, pero no respondí. Sentí algo raro en el aire por un instante, algo familiar… pero tan rápido como había aparecido, había vuelto a desaparecer. Solo permanecía un fuerte olor dulzón que parecía impregnar todo; no sabía si aquello era debido a los encantamientos o a la gran cantidad de flores.

Cuando volví a prestarle atención a mi amigo, noté que ya se había alejado en dirección a sus padres, quienes parecían estar hablando con una señora que guardaba un increíble parecido a Blaise.

- Vamos, Harry, quiero que conozcas a mi madre – me dijo el Slytherin, tomándome delicadamente del codo para llevarme hacia donde los tres Malfoy ya estaban participando de una animada conversación.

(Sinceramente agradecí el día que acepté la invitación, pues me permitió tener el placer de ver al honorable y temible Lucius Malfoy haciendo algo tan poco aristocrático como pararse sobre un musgo mágico descalzo.)

- Harry Potter-Black, - me recibió el patriarca con evidente sorpresa-. Es una grata sorpresa encontrarte por aquí.

- Sin duda, - indicó la mujer a su lado, quien no era nada más ni nada menos que una nueva prima mía-. Estaba ansiosa por conocerte, Harry. Draco me ha hablado mucho de ti.

- Puedo decir lo mismo, señora Malfoy, aunque estoy seguro que Draco me ha hablado mejor de usted de lo que él ha hablado de mí – tomé la mano que me ofrecía, y efectué el tan caballeresco saludo que mis padres me habían enseñado de pequeño.

- Narcisa, por favor. Somos primos, Lord Black – dijo con una pequeña sonrisa.

Le devolví la sonrisa, pero elegí no comentar acerca de lo incómodo que me hacía sentir aquél título. Sería Lord en cuanto Sirius dejara de serlo, lo cual yo calculo no pasará hasta que mi padrino tenga el pelo completamente blanco y no le quede otra más que resignarse a la edad. Pero las tradiciones pesan para familias como las de Draco, y no soy ningún extraño al hecho de que mucha gente ha estado en mi situación y se ha aprovechado de ella en formas más rastreras de lo que yo he hecho.

- Me gustaría presentarte a mi madre, Harry, - Blaise dijo, tomando de la mano a la mujer que había estado hablando con los Malfoy. Su piel morena brillaba sensualmente a la pálida luz de los faroles; era extraño como parecía hechizarte, invitarte a recorrer su figura con tus ojos… Nuha Zabini no dejaba lugar a dudas de por qué tenía la reputación que tenía. Su cuerpo ostentaba una agilidad, una juventud, una firmeza que parecían recordarte a una amazona. La mirada traviesa y los grandes ojos eran encantadores en todo el esplendor de su inteligencia. Era una mujer que inspiraba respeto y sensualidad, de una forma que pocas mujeres pueden lograr.

Me sentí inhibido por su mirada, lo admito. Ella parecía ser aquello de lo que se cuentan leyendas; la heroína de algún cuento perdido en el tiempo… más que atraído por su belleza, me sentía inspirado por su presencia.

- Es un gusto conocerla, señora Zabini, - dije, tratando de contenerme para que mi voz no se quebrara. Lo extraño del artista es que nuestras musas nos arrebatan en momentos inoportunos, y nos toman totalmente de sorpresa. Otra persona pensaría que he sucumbido a un enamoramiento infantil, pero no se me ocurriría jamás intentar algo con alguien como ella… tenía ganas de escucharla, guardar nota de sus palabras y convertirla en la heroína de una de mis historias-. Debo admitir que supe quién era al cruzar la puerta; Blaise saca mucho de usted.

- Afortunadamente, - dijo con una pequeña risita-. Su padre tenía poco para los ojos, pero mucho para los oídos. Un verdadero cuentista… como tú, Harry. Confesaré que soy una ávida lectora de tus historias.

- Me alegra saber que alguien las lee.

- ¡Ey! – Exclamó Draco, indignado - ¿Qué hay de mí?

- Tú las lees por obligación, Draco – respondió Blaise con una sonrisita divertida.

- De hecho, esperaba poder presentarte a algunos amigos míos – siguió Nuha como si nadie hubiera dicho nada-. He estado jactándome que uno de los Sidhe iba a venir.

- No creo que aquello haya significado mucho – comentó Lucius, echando una significativa mirada alrededor de la habitación. Fue entonces que noté las extrañas figuras vestidas en largos velos que danzaban alrededor de la habitación, llevando bandejas y bebidas a cada uno de los invitados. Me pregunté cómo no los había visto antes; su piel parecía relucir con un brillo que los diferenciaba del resto de los magos y las brujas en la habitación. Sus elaborados vestidos, que parecían estar compuestos de capas y capas de velos traslucientes, giraban y se retorcían con una fluidez poco natural. Podía ver claramente como su magia recorría su cuerpo entero, para fundirse con sus ropajes, las bandejas, todo lo que tocaban. Justo en aquél momento uno de aquellos pequeños elfos de baja casta eligió pasar cerca de nosotros, y noté que el olor dulzón que impregnaba el salón entero lo emanaban ellos.

- ¿Celoso, Malfoy? – Nuha arqueó una ceja-. Secreto de familia.

- Los Zabini siempre han sido conocidos por poder invocar y retener espíritus salvajes como estos elfos de los bosques – me murmuró Draco, al notar mi expresión de confusión-. Padre siempre ha querido tener espíritus como sirvientes en vez de elfos domésticos, pero Nuha se rehúsa a invocárselos. Dice que es para proteger los secretos de su familia.

- ¿Son una raza de Sidhe? – pregunté, incrédulo-. Nunca los había visto.

- No son muy conocidos, - me respondió Blaise con un dejo de autosuficiencia-. Hay pocos textos que los mencionan.

- Pero son fieles, eficientes y se contentan con poco – agregó una Nuha sonriente -. Ideales para este tipo de trabajo. Harry, si me permites, - me ofreció un brazo que tomé algo atontado-, es que me muero por que te conozcan. Les robaré a su amigo por un instante, chicos. Nos veremos más tarde.

Dejamos atrás al resto del grupo. Volteé por un momento y noté la expresión perspicaz en el rostro de Lucius. Aquello me recordó la extraña sensación que había tenido antes, y comencé a preocuparme. Nuha se traía algo entre manos.

- Tengo que admitir que me sorprende saber que lee mis historias, señora Zabini, - comenté como quien no quiere la cosa mientras nos hacíamos paso entre los animados invitados, quienes de tanto en tanto le dirigían algún saludo a la dueña de casa. Noté con algo de alarma el efecto que el musgo parecía tener sobre ellos, y me pregunté si haría lo mismo con Malfoy y con los mismos Zabini, o si ellos tendrían algún tipo de protección-. Tenía la idea de que alguien como usted consideraría mis trabajos algo infantiles.

- Es difícil echarte la culpa por tu edad – dijo ella, su voz suave como la seda-. Lo que te falta de maduro lo tienes de sensible.

- Mmh, - murmuré-. ¿Puedo saber con quién me lleva o debo disfrutar de la sorpresa?

- Creo que deberías disfrutar de la sorpresa.

Una mirada hacia su rostro me develó una sonría impía, traviesa. Si Nuha planeaba algo, dudaba de que fuera algo demasiado… dañino, aunque no estaba seguro qué significaría eso para alguien como ella. Mi anfitriona me manubrio con habilidad hasta llegar a una pequeña glorieta, en la cual había un circulo de sillones dispuestos alrededor de una mesa ratona. Mis pies se pararon en seco al posarse sobre el mullido tapete que recubría el suelo, y me sentí muy estúpido por no haberlo visto venir.

- Y aquí tenemos al hijo pródigo, - me recibió Bellatrix Lestrange con la misma mirada caída y malévola que recordaba haber visto en su rostro. Noté al instante que a diferencia de antes, lo que parecía haber estado contenido dentro de ella había sido liberado… y ahora enfrente mío encontraba a la veterana hechicera en todo su retorcido esplendor. La misma magia que había parecido formar un velo alrededor de su rostro en el funeral de Orion estaba presente, dando vueltas perezosas alrededor de sus manos, de sus labios, de cada rizo en su cabellera invadida por la vejez.

- Bellatrix Lestrange, - dije, y acepté la mano que me ofrecía de la misma forma en la que lo había hecho tiempo atrás. Mientras la saludaba le eché un ojo al hombre que permanecía detrás de ella; silencioso y osco, Rodolphus Lestrange no hizo más que dirigirme un brusco movimiento de su cabeza como único saludo.

- ¿Ahora te escapas de mama y papá, Harry? – me dijo con una cruel sonrisa mientras los cuatro nos sentábamos en los sillones. Me sentía extraño estando sentado allí, frente a una mujer que a efectos legales era mi tía pero por la que sentía nada más que miedo y rechazo; sentado así nomás frente a una mujer que había destruido la vida y la mente de uno de mis mejores amigos.

Me sentía extraño porque no sentía absolutamente nada.

- Hacer cosas a sus espaldas difícilmente es escaparse, - le respondí-. Algún día se enterarán, y cuando llegue ese día les explicaré lo que tenga que explicarles.

- ¿Ah, sí? – Murmuró la bruja con una ceja levantada-. ¿Y qué es lo que les explicarás? ¿Qué Draco te obligó a venir aquí? ¿Qué viniste a pedir ayuda en favor de tu padrin- oh, cierto, casi me olvido… de tu padre?

- Les voy a explicar que vine aquí para verte, tía Bellatrix, - respondí con sorna. Escuché una risa ahogada a mi derecha, y no tuve que mirar para saber lo divertida que estaba Nuha con aquella escena-. Que quería pedirte que vinieras a casa algún día, para conocerlos, que estoy seguro que mi padre está ansioso por verte.

Rodolphus me fulminó con la mirada, pero era su esposa la que me preocupaba. Bellatrix dejó escapar una pequeña risa que tenía poco de afectiva, pero que me daba a entender que aquello no había sido más que un cruel e inocente juego… del cual había salido ileso.

- Esa sería una oportunidad que no me perdería por nada en el mundo… - dijo con malicia, intentando hacerme enojar. Pero si bien entendía la amenaza implícita, me parecía que tenía poco de realista. Mi padre era tan buen auror como era jugador de Quidditch, y mi madre no tenía nada que envidiarle. No había forma que Bellatrix, por más terrible y real que sea su fama, les pudiese hacer frente a los dos-. Pero te has comportado como un buen muchacho, Harry. La tía Bellatrix está más que contenta contigo, por lo que te va a dar un consejo.

Arqueé una ceja, pero no dije nada. Bellatrix sonrió por un instante, casi como si estuviera compartiendo un chiste consigo misma.

- No te resistas.

Las palabras se mezclaron por un instante con aquella sensación extraña que me había recibido al entrar a la habitación… y el golpe fue duro, intenso, directo al estómago. Una rápida inspección en el rostro de la mujer me develó lo que más temía… que efectivamente ella se refería a lo que yo pensaba. Casi sin palabras, como un concepto abstracto que solo puedes entender en imágenes, entendí que mi razón para estar allí no era guardar las apariencias ahora que tenía un título formal, sino recordarme que el fantasma de Voldemort seguía marcándome el paso. Era un despreocupado "se acaba el juego" en los labios de una mujer que sabía demasiado para mi comodidad. Por un instante me sentí como un conejo, acorralado frente al zorro segundos antes de ser devorado.

Sentí entonces una ira que no había sentido en meses. Algo familiar, algo que me recordaba de noches de conversaciones que poco tenían de inocentes; ira que prometía venganza y que traía con sí una sed de poder que no sabía si estaba preparado para saciar. Aquello me llevaba de vuelta a Tom, y a sus juegos enloquecedores.

Me miré la mano, sintiendo el cosquilleo de mi propia magia al moverse agitada, respondiendo a mis emociones. Todo parecía ser más claro en aquella luz; la figura de Nuha oculta tras una nerviosa nébula rosácea, la de Rodolphus envuelta en un áspero humo marrón, la de Bellatrix, apenas cercada por una masa que convulsionaba irregularmente. Sentí el loco deseo de extender mi mano y hacerle pagar por aquél comentario, por aquella crueldad, y antes de que pudiera evitarlo, mi brazo se movió por cuenta propia…

Y luego, oscuridad. Algo familiar que enrarecía el aire, y que ahora me rodeaba. Algo que podría haberme quemado, haber roído mis huesos hasta que no quedara de ellos más que polvo y recuerdos, pero que sin embargo parecía acariciarme. Distraídamente noté una mano que sostenía mi muñeca, pero no podía verla; solo podía sentir el contacto de su piel, fría contra la mía. Estaba pero no estaba, un fantasma en el límite de la consciencia, un nombre en la punta de la lengua…

- Harry, - dijo la voz, y la oscuridad desapareció. Estaba echado de espaldas en el musgo maldito que no podía afectarme, mis ojos llenándose de constelaciones y nebulosas. No podía verla, pero sabía que estaba muy alejado de la glorieta. Levanté mis brazos y los llevé frente a mis ojos; me sentía fuera de mí mismo.

- Harry – repitió aquella voz. Algo familiar, como el recuerdo de noches malditas que había pasado jugando un juego perdido. Mis ojos se movieron antes de que pudiera permitirlo, y mis labios esbozaron una sonrisa antes de que me pudiera contener.

- Voldemort.

Me incorporé como pude, notando en el camino que el hombre no estaba descalzo como el resto. Paranoia en la mejor de sus expresiones.

- ¿No has escuchado la expresión "no mates al mensajero"?

- Es gracioso que me lo digas tú, considerando tu fama.

Miré a nuestro alrededor, y noté que estábamos en un salón más pequeño, idéntico en todo salvo en tamaño a donde habíamos estado antes. Estábamos solos, algo que no dejaba de preocuparme. Mi magia reaccionó al instante, y se envolvió protectoramente alrededor mío. La suya pareció reaccionar al cambio con algo de desdén, casi retándola a hacer algo. En muchos aspectos me recordaba a la forma en la que se comportaban las serpientes. Perezosas, orgullosas y letales.

- No busques enemigos donde no los tienes… después de todo, nunca sabes quién puede resultar un aliado valioso en un momento inoportuno.

- ¿Realmente pretendes que me lleve con Bellatrix?

Aquello le arrancó una carcajada.

- Velo por tus intereses, Harry. La vas a ver muy a menudo a partir de ahora.

Arqueé una ceja.

- Lo dudo – su rostro no experimentó cambio alguno. En muchas formas parecía estar exactamente igual que la última vez que lo había visto, pero en él había algo de distinto… aunque no estaba seguro si era él mismo quien había cambiado o si yo lo estaba viendo de manera distinta-. ¿Por qué estás aquí, Voldemort?

- Es una fiesta a la cual acuden muchos de mis seguidores. ¿Por qué no debería de estar aquí?

- Digo aquí, jugando conmigo – aquello captó su interés. Una maliciosa sonrisa comenzó a asomarse en su rostro, e inclinó levemente su rostro para observarme de la misma manera en la que lo haría un depredador a su próxima presa-. Dudo que tu pasatiempo favorito sea atormentar adolescentes – y entre dientes, añadí-. Es por Sirius, ¿verdad? Estas esperando que te pida que lo liberes o que hagas algo para sacarlo de Azkaban. Estas esperando que te haga otra oferta.

- Espero muchas cosas de ti, Harry, - sus ojos se entrecerraron y sentí un escalofrío que me recorría la espalda-. Quizás esta sea una de ellas. Dime, ¿qué me ofrecerías a cambio?

- ¿A cambio de la libertad de Sirius? – me mordí un labio, sabiendo qué era lo único que podía ofrecerle-. No te pongas en codicioso, que sé que no te permitirías tenerlo demasiado tiempo allá. Sirius te es útil. No te serviría de nada si estuviera quebrado por los Dementores.

Voldemort alzó una ceja.

- Black es útil, pero en su afán por protegerte cometió el error de hacerse prescindible al hacerte su heredero – entrecerré los ojos, y me mordí los labios para no decir nada que pudiera lamentar-. Por ahora me es más favorable que se pudra en Azkaban para forzarte a tomar sus títulos, lo cual te ataría a mis seguidores.

- Podría renunciar a la herencia.

Aquello le molestó. En un abrir y cerrar de ojos tenía sus ojos rojos a un aliento de distancia de los míos, su varita presionada fuertemente contra mi antebrazo izquierdo. Su magia me resultaba intoxicante a tal proximidad.

- Harías bien en recordar – susurró venenosamente- que si hasta ahora no te he marcado es porque me divierte verte así, desesperado por no hundirte.

Sentí brotar dentro de mí la misma ira vengativa que me había visto levantarle el brazo a Bellatrix para tocar su magia, y de un saque le tomé la mandíbula con la mano que tenía libre; sin pensarlo, y buscando mayor contacto para amplificar el efecto, acerqué mi rostro al suyo. La fuerza del tirón unión nuestros cuerpos, y busqué su magia con toda la intensidad de la furia que sentía en aquél momento.

Recuerdo haber visto sus ojos rojos abriéndose desmedidamente. A esa visión le siguen imágenes incongruentes; recuerdo haber visto algo blanco, algo negro, la impresión del musgo debajo de mi mejilla desintegrándose. Una risa, quizás la mía, probablemente la suya; un manotazo desesperado, manos que se apoderan de mi túnica y labios sedientos sobre los míos. Pero más que lo que pueden contar mis ojos, lo que realmente recuerdo con claridad es la sensación de estar siendo atravesado por mil agujas calientes a la vez; y al mismo tiempo sentir mil orgasmos convulsionando mi cuerpo, agudos, vibrantes, grandiosos. De alguna forma había logrado llegar hasta el núcleo de su magia, de la misma forma que él había logrado llegar hasta el núcleo de la mía.

Es un milagro que siga vivo.

De vuelta en el mundo coherente me levanté en el medio de un salón oscuro, apenas iluminado por los rayos de la luna que se dejaban ver entre los rasgados cortinados. Estaba de vuelta en aquél pequeño salón, pero ya no había magia que encantase la vista; se había perdido en nuestro abrazo vengativo, y había dejado atrás una habitación media derrumbada.

A mi lado estaba desparramado el cuerpo de mi principal tormento. Inmediatamente me puse en alerta, pensando que aquella era una trampa… pero los segundos pasaron, y me resultó obvio que él no estaba consciente.

Shiva, el destructor de los mundos, inmóvil y vulnerable junto a mí.

Me resultó muy extraño… allí estaba el alfa y el omega de mis problemas; mi principal obsesión de los últimos años. Lo he visto amenazarme, jugar conmigo, erguirse como un dios de la muerte para prometerme una vida de esclavitud. Y ahora lo veía perdido en los brazos de la nada, incapaz de decir ni hacer más que transitar el mundo de la inconsciencia. Su cara tenía una expresión serena, pacífica, que podía hacerte olvidar de la terrible mirada escarlata que se escondía detrás de aquellos párpados.

Era una sensación horrenda; aquella tentación de hacer mil cosas, y saber que ninguna te haría sentirte satisfecho. Todo parecía quedarse chico ante él… hasta que una idea, una idea diabólica pasó por mi mente. Debía actuar rápido, antes de que se despertara. Si llegaba a agarrarme antes de que lo terminara de poner en práctica, ni mi condición de horrocrux me salvaría de su castigo.

- Najd – llamé con voz ronca.

Un suave "pop" fue la única indicación de que allí había alguien más. Le apunté con la varita, y me apresuré a hechizarla antes de que se pudiera escapar.

Las deudas de vida son cosas bastante engañosas. Se ha escrito mucho de ellas, pero la verdad es que nadie sabe realmente cómo ni cuándo entran a surgir efecto. Una creencia popular es que un mago que le salva la vida a otro pasa a ser acreedor de una deuda de vida, la cual es el más vinculante de los contratos mágicos. Esta misma creencia sugiere que el orquestar una situación que ponga en peligro la vida de otra persona nulifica cualquier deuda de vida que se le pueda deber al conspirador, pero la verdad es que ha habido casos en los que esto no ha sido así, y que en realidad las deudas tienen más que ver con la conexión entre la magia de dos personas y las emociones que los unen.

O eso es lo que yo me inclinaba a pensar, y por lo que me estaba jugando.

El plan era simple; poner a la elfa bajo una ilusión, alimentada por sus propios miedos, y llevarla a un estado de agresión en el cual identificaría el origen de sus males con el inconsciente Voldemort. Ella intentaría acabar con él, y yo lo salvaría. Si todo salía bien, el acto más la naturaleza de nuestro vínculo (yo un sensor y su horrocrux) crearía una deuda de vida entre nosotros dos.

Era muy, muy especulativo, pero algo en mi decía que saldría bien.

- ¡Impedimenta! – exclamé, apartando a la elfa desquiciada del ahora muy consciente Voldemort. Lo peculiar de los elfos domésticos es que se presentan como criaturas muy patéticas pero son extremadamente poderosas; con un chasquido de sus dedos aquella criaturita podría haber reducido al mago oscuro más temido de todos los tiempos a cenizas.

Mis sentidos captaron un fino hilo que se movía de mi corazón al suyo; lento e inseguro parecía cortar a través de su magia confundida y molesta, hasta llegar a su pecho.

Sus ojos se entrecerraron; se movieron de la elfa hacia mí, hacia la varita.

- Potter – escupió, y su magia me envolvió. Sin embargo no se me hacía tan sofocante, tan terrible; aquél fino hilo cortaba a través de ella, casi con desdén, y me aliviaba los sentidos.

- ¿Qué demonios has hecho? – susurró, sonando casi como un silbido; había algo raro en sus palabras, y si no hubiera estado tan asustado probablemente hubiera comentado algo al respecto.

- Me debes una deuda de vida – le dije, con una sonrisa. Su expresión se volvió homicida, y estaba seguro de que si no estuviese seguro de que le era imposible matarme ahora que me debía su vida, me hubiese estrangulado allí mismo.

Pero en un instante su ira se disipó, dejándome confundido y algo preocupado. Una sonrisa se asomó en sus labios, y a los segundos comenzaron a brotar carcajadas. Aquello me tenía trepando paredes.

- ¿Qué…? – murmuré, al verlo llevarse una mano al rostro.

- Estúpido y astuto muchacho…- dijo con aquella voz sibilante que me producía escalofríos-. Debería encerrarte en una mazmorra para que no causes más problemas.

- Eh… ¿no estás enojado entonces? – pregunté.

- Al contrario, - sus ojos rojos se fijaron en mí, y su mirada intensa me hubiera destruido si no estuviese ya acostumbrada a ella-, estoy furioso. Pero te has hecho valer hoy, pequeño Sensor. ¿Sabes lo que acabas de hacer?

Aquello no se refería a la deuda de vida.

- Intenté atacarte, tocar tu magia, pero…

- Llegaste hasta mi núcleo, y yo hasta el tuyo – mi cara se tornó pálida entonces-. Y luego creaste una deuda mágica entre los dos. Si no supiera lo contrario, hasta diría que estás desesperado por crear cualquier tipo de conexión entre los dos.

- Si piensas que lograste algo, - siguió, con la voz engañosamente suave – lamento decirte que te equivocas. La deuda de vida no significa nada para mí. Jamás ha estado en mis planes matarte. Ahora, no te da ninguna ventaja si quieres negociar por la vida de tus seres queridos… después de todo, no me sirve ya de nada una promesa de lealtad cuando sé que los vínculos mágicos que nos unen te terminarán trayendo de vuelta hacia mí te guste o no.

Sentí que mis piernas me fallaban, y caí al suelo. Al pasar junto a mí, acarició paternalmente mi cabello.

Nunca me sentí tan asqueado conmigo mismo hasta ese momento.