El despertar llegó acompañado de un sabor amargo en la boca y una ligereza que trascendía su carne y sus huesos y parecía empapar todo su ser. Harry sentía que la luz mañanera no lo recibía como todos los días, y al abrir los ojos casi temió encontrarse cara a cara con la razón. Sin embargo el panorama era el mismo de siempre.
Podría haber sentido decepción, pero no creía que le habían quedado esperanzas para aplastar. Se incorporó. Las imágenes de la noche pasada volvían frescas, nítidas, aunque carentes de la fuerza emocional que hubiera esperado sentir. Por su mente no pasaba más que un frío raconto de todo lo que había pasado; como si fuese un expectador completamente ajeno a los hechos, recreaba la muerte de su madre una y otra vez. Pensó que debería sentir algo más, pero su corazón estaba vacío de suspiros, y en su alma no habitaba más que el fantasma vago de una pérdida.
- Mi madre está muerta – probó, empujando penosamente las palabras fuera de su seca garganta. Quizás si le daba forma al recuerdo en palabras lo podría sentir más.
Sintió que algo se movía a su lado. A un lado de la cama alguien había acercado una silla, y en ella reposaba nadie más y nadie menos que Voldemort. Harry se cuestionó algo horrorizado cómo podía haber caído presa de semejante caso de visión de túnel, al punto que recién en aquél momento se daba cuenta que tenía al mago oscuro al lado. Notó que incluso en tal mundana reacción existía aquél vacío que parecía invadir su pecho, que depersonalizaba todo. Sentía que estaba viviendo afuera de sí.
- Me siento… extraño – dijo, cuando sus brillantes ojos esmeraldas se toparon con la mirada del hombre. Algo en ellos le hizo bajar la vista-. Cuando Sirius y mi padre murieron, me levanté sintiéndome desgarrado. Como si alguien me hubiera abierto en dos el pecho con una espada. Y la herida expuesta… dicen que es como si te desangraras constantemente, pero yo la sentía seca, inmóvil. Alguien le echaba sal constantemente, y me dejaba tumbado mientras miraba sin compasión el espectáculo.
Desesperado, se llevó las manos a los ojos, buscando encontrar lágrimas que no caían. Sabía que tenía la mirada enrojecida, y le molestaba; le molestaba que aquél escozor que sentía era simplemente un rezago del sueño, y que nada tenía que ver con lo que estaba pasando.
- Ahora es como una melancolía – siguió-. Como si me hubieran dicho que la heladería a la que siempre iba de chico cerró, es… es como si fuera el dolor de saber que ya no puedes volver al mismo lugar de antes, volver a revivir las mismas experiencias.
- Con mi madre murió lo poco que quedaba de la persona que existió antes de conocerte – susurró, casi sin aliento. Sentía que su mente finalmente comenzaba a poner las piezas en su lugar, como si el panorama caótico que había asolado sus pensamientos desde que había posado sus ojos sobre el cadáver de su madre finalmente comenzara a ordenarse-. ¿Está mal sentirme peor por eso que por su muerte?
Sintió una mano que suavemente se posaba en su mejilla. No era más que un simple contacto, pero Harry sentía que lo llenaba de energía. Que algo nuevo y refrescante comenzaba a fluir del espacio que separaba su piel de la de Voldemort, algo que barría lo oscuro y sucio de sus pensamientos. Quizás, pensó en aquél momento, aquella era la primera vez que su toque le resultaba reconfortante.
- Tienes una preocupante tendencia por querer juzgarte a ti mismo usando los mismos estándares que usa el resto del mundo – dijo Voldemort-. Si el resto del mundo se encontrara huérfano de la misma forma y en las mismas circunstancias… ¿qué crees que harían?
- Se volverían locos – respondió, cerrando los ojos.
- Hay muchos puntos a partir de los cuales los juicios morales no tienen sentido. Si realmente llegaste a la locura, no deberías preocuparte por el bien o el mal detrás de tus acciones.
Harry no dijo nada. Encerró entre sus dedos la mano que descansaba contra su mejilla, y la separó de él suavemente, sin soltarla.
- Me sorprende que no me estés culpando por lo que pasó.
- ¿Tendría que hacerlo? – Harry le dirigió una mirada cansina al otro hombre-. Derya era un mundo en sí mismo. Hasta a mí me representó oportunidades que tenían poco que ver con cualquiera de los dos.
Voldemort sonrió apenas.
- Sí, Derya tenía sus usos que poco tenían que ver contigo. Pero también sabía que iba a interferir entre nosotros dos de alguna forma – admitió-. Por eso lo llevé a España y dejé que se llenara la cabeza con ilusiones que jamás pensaba cumplir.
Harry cerró los ojos por un instante; la crueldad desnuda de las intenciones de Voldemort nunca dejaba de resultarle algo amargo y cortante, como un cuchillo muy afilado que se desliza por su piel.
- Era un experimento – susurró-. ¿Pero qué sentido tenía al final?
- Al principio pensaba usarlo para arruinar cualquier plan que hubieras hecho con los del continente, pero sabía que si le dejaba saber explícitamente mis intenciones lo echaría todo a perder. El muchacho nunca estuvo muy dotado de sutileza.
- Entonces lo inundaste con inuendos y lo libraste a la buena de los dioses.
Voldemort inclinó la cabeza hacia un lado.
- Podría decirse que fue así. Dejé que hiciera una interpretación liberal de mis instrucciones, pensando que quizás tendría mayor efecto.
- ¿Y? – Preguntó el muchacho-. ¿Funcionó?
El mago oscuro dejó escapar una risa por lo bajo y llevó la mano de Harry que atrapaba la suya hasta sus labios.
- Remus Lupin fue liberado junto a otros quince presos políticos – murmuró, su aliento cálido desplazándose como un fantasma sobre la piel del muchacho. Harry se estremeció. Había algo en la mirada de Voldemort que le provocaba-. En algunas horas debería estar reuniéndose en Francia con representantes de varias organizaciones de derechos humanos para presentar un caso frente a las cortes internacionales.
Harry registró que estaba sonriendo tiempo después de que la sonrisa asomara a su rostro, radiante.
-¿Te parece tan ridícula la idea de la coalición, ahora?
El mago oscuró rió.
- Bien jugado – dijo, y algo en su mirada cambió; los ojos escarlatas lo miraban con cierto interés cauteloso, como quien mira a una bestia que jamás ha visto buscando encontrar cualquier signo de peligro-. ¿Podrías decir que ha valido la pena? ¿Cuántos alfiles sacrificaste?
- ¿Alfiles? – La mirada del muchacho volvió a llenarse de penunmbras-. Perdí una reina ayer.
- ¿Lo valió?
Harry contempló su respuesta por unos instantes, pero sentía que quizás no era una pregunta que debía hacerse en su caso. Evaluar si el sacrificio había sido de utilidad o no implicaba que tenía un mayor control sobre la situación de lo que en realidad tenía; era simplificar la cuestión, reducirla a una causalidad lineal de la cuál era él el responsable.
- Es lo que es –respondió-. Valió la pena hacer todo lo que hice, si. Que mi madre haya muerto en el medio no sé si es algo que pude haber predicho. No creo que sea algo que nadie pueda predecir, a decir verdad. Al menos, por lo que vale, puedo festejar que por fin te saqué la ventaja.
Voldemort alzó una ceja, y se acercó al muchacho, tomando su cabeza con una mano y acercando su boca a su oído.
- Harry, ¿realmente estás tan seguro de eso?
El joven mago se echó para atrás y le echó una mirada confusa.
- ¿A qué te refieres?
- ¿No sientes una diferencia?
Harry entrecerró los ojos, frunciendo el ceño. Su primer instinto fue concentrarse en sus habilidades; dejó que su visión explotara con imágenes y colores, que su boca se llenara de sabores, que su nariz tomara nota de aquellos aromas que parecían invisibles frente al perfume de las sábanas, o el que cubría el cuello de Voldemort.
Había algo allí; algo que tenía que ver con el vacío que lo invadía. Sintió un cosquilleo extraño, enfermizo, en su pecho y bajó la mirada. Una grieta abria en dos el leve resplandor que recubría su piel, los bordes negros de aquella herida temblando al son de una brisa inexistente. Parecía como si un vortex se abriera en aquél espacio que separaba las líneas negras, una nada invisible y voraz que iba consumiendo lentamente la magia que exhudaba su pecho. Pasó una mano por aquél barranco, y sintió un dolor agudo, punzante. Cerró los ojos por un momento, horrorizado.
- ¿Qué has hecho? – susurró.
- Asumo que estarás viendo las consecuencias físicas – respondió Voldemort-. Bienvenido a la inmortalidad, Harry.
El muchacho abrió los ojos de par en par. Por unos instantes, fue como si el mundo se hubiera paralizado. Ahora entendía el vacío, entendía aquella nada que permeaba cada palabra que había salido de su boca desde que se había levantado.
Le faltaba la mitad de su alma.
Fue fugaz, un relampagueo de millares de ideas que se chocaban entre sí; cada una cuidadosamente evaluada, con sus pro y sus contra. Qué decirle, qué rostro poner, qué maleficio echarle, que hacer en cuanto pusiera un pie afuera de aquella habitación y tuviera que empezar a planificar su venganza. Y por sobre todas las cosas, la confusión; cómo sentirse, en qué forma sentirlo, qué era lo mejor que podía hacer.
Pero algo entendía en aquél instante, algo que recién ahora cobraba sentido. Es lo que es. Podía llorarlo, gritarlo, odiarlo, pero cualquier reacción era en última instancia nada más que un capricho de expresión de su parte. Era lo mismo para el resto del universo si a él le dolía o no; nada cambiaba la realidad de lo sucedido. La muerte de su padre, de Sirius, la muerte de su madre, el exilio de su hermana, el horrocrux; la intensidad de sus sentimientos no detendría el andar del mundo. Su corazón podría desgarrarse en mil pedazos y su rostro podría hincharse y enrojecerse con el pasar de mil lágrimas, pero eso era totalmente irrelevante en la marcha de la existencia. Y revestía de cierta ironía el hecho de saber que esa claridad mental venía de la mano de algo tan profundamente perturbador como la ultranza que había sufrido.
Quizás, al final, la única razón por la que jamás había logrado sacarle ventaja a Voldemort era porque Harry albergaba la esperanza que el sentir profundo fuera suficiente como para poner al mundo en marcha; pero incluso en la virtud de la expresión existe una acción, y transformar el dolor en prosa, llevar la pluma ante el papel, constituye una acción y no un sentimiento.
Las cosas eran lo que eran, y él ahora tenía un horrocrux en algún lugar perdido cuya identidad solo Voldemort conocía. Apretó sus dientes, y se paró bruscamente frente al mago oscuro. Mirándolo a los ojos, lo golpeó directo en la mandíbula.
Quizás en el momento pasase inadvertido, pero de revisar de nuevo el incidente Harry hubiera notado que la acción no había sido una sorpresa para el otro hombre, quien se incorporó rápidamente y devolvió el golpe con un gancho propio.
Harry levantó la mirada, mientras se frotaba la boca, sorpresa escrita en cada centímetro de su expresión. De su parte, habría esperado una retaliación mágica; una maldición por parte de Voldemort que hiciera más fácil el idealizarlo como un simple enemigo que solo quiere lastimarlo. Pero el mago oscuro lo miró con una sonrisa, boca sangrando por el golpe que el muchacho le había dado.
- Tuve que comprometer, al final de cuentas.
La tensión en el aire era tan palpante que podría haber sido cortada con un cuchillo. Harry estaba sentado sobre el borde de la silla, piernas abiertas y codos descansando sobre los muslos, espalda corvada como si estuviera agazapándose para saltar entre medio de los otros dos. A un lado estaba Draco, luciendo una mirada incómoda, y del otro estaba Sophie, quien desde la muerte de su madre escondía en sus ojos una llama peligrosa, que parecía estar al borde de cubrir todo con la ira de su fuego.
- Derya ocupaba un lugar central dentro de la aristocracia rusa – dijo el morocho-, pero poca gente lo conocía de rostro. Y no creo que nadie más que un puñado supiera de su verdadero origen.
- ¿Entonces realmente era mitad fae? – preguntó, asombrado, Draco. Harry asintió.
- Por eso lo usaban como un mediador, por ponerle un nombre, entre los fae y el mundo humano. No tengo idea cómo llegó a conocer todo esto Voldemort, pero era obvio que en cuanto se enterase, iba a intentar tenerlo bajo su control para llegar a Carcosa.
- ¿Carcosa…?
- La ciudad mítica en la que habitan – respondió Sophie-. Bueno, no tan mítica después de todo. ¿Crees que ese era su interés principal?
- ¿A la hora de cortejarlo? – Preguntó Harry-. Por supuesto. No lo necesitaba para nada si quería negociar con los rusos. Mierda, él puso a su familia en el poder, y no tiene problema en recordárselos. Pero además, y esto es lo que no saben, lo llevó a España a festejar el solsticio, que tradicionalmente en Betanzos incluye dos tipos de ceremonias.
- Déjame adivinar, - interrumpió Draco-. Magia sexual y magia sanguina.
Harry asintió. Los otros dos lo miraban confundidos.
- Mi gran pregunta al final de todo esto era, ¿qué ganó cuando maté a Derya, si eso le cortaba la única soga que lo unía con Carcosa?
Sophie palideció.
- ¿Crees que Voldemort cambió sangre con él? – susurró.
- Estoy totalmente seguro – Harry afirmó-. La última vez que nos reunimos me aseguré de estudiar cuidadosamente su magia, y aunque sé que la suprime a propósito para que no me revele nada, pude notar que había parte de ella que llevaba rastros de Derya.
- Entonces si los fae usan métodos sanguinos para ocultarse… él sería totalmente inmune.
Draco se llevó una mano a la barbilla.
- Lo que nos lleva a preguntarnos si ya ha tenido algún tipo de contacto con ellos.
Sophie se levantó bruscamente, llevándose las manos a su cabello, que volvía a lucir el vibrante color rojo heredado de su madre.
- Esto no es bueno… no es para nada bueno. Tenemos que hacer algo – se volvió hacia Harry, echándole una mirada penetrante-. Hay que asesinarlo.
Harry no sabía por dónde empezar a explicar las contras a esa idea. Trató de ignorar sus sentimientos al respecto, pero no lo suficientemente rápido como para que pasara desapercibido por su perceptiva hermana.
- Harry, estamos hablando de que es muy probable que haya contactado a una raza de seres mágicos que alguna vez estuvieron a punto de borrarnos de la faz de la tierra. No quiero imaginarme qué es lo que podría sacar de cualquier tipo de contacto con ellos. ¿Y me vas a decir que dudarías a la hora de deshacerte de un hombre que se está convirtiendo rápidamente en la peor amenaza al mundo mágico?
- Me gustaría ser un poco más delicado –intervino Draco-, pero sinceramente pienso que estás exagerando.
- Claro, a ti te convendría tener al jefe de papá dominando al mundo entero, ¿no, huroncito?
- Eso fue innecesario, Sophie – dijo con frialdad su hermano, y dejó que todo el peso de su mirada cayera en ella-. Si te hace sentir mejor saberlo, Voldemort puede ser controlado. No hace falta que le saltes a la garganta a cualquiera que venga de un lugar distinto al tuyo, sobre todo si tienen metas en común.
La colorada no le respondió, pero era evidente que no le satisfacía la actitud de su hermano y que tenía más de una respuesta para darle. Harry ignoró su mirada.
- Además, no vale la pena – dijo Draco, reclinándose en su asiento-. Voldemort va a inventar algo y se va a ir del país. Está cambiando de tácticas.
- Lo cual puede ser aún más preocupante – dijo ella, aunque era evidente en su expresión sorprendida que el dato le era una novedad.
- Tengo información de que en Alemania están preparándose para recibirlo de nuevo. Al parecer va a volver a adoptar una vieja máscara que había usado años atrás para seguir gobernando allá. Según ellos, este asunto con Inglaterra fue muy precipitado, y se encontró con trabas – aquí le dirigió una significativa mirada a Harry- que no esperaba encontrarse.
- Va a quedar horrendo para él – comentó Harry, alzando una ceja-, eso es lo que me sorprende. Hace dos días anunció que iba a permitir formar un gabinete de coalición para legislar en el Wizengamot, que iba a perdonar a los presos políticos, y ya me estoy cansando de escuchar las nominaciones cuando me aparezco en mi oficina. Pero si en dos, tres meses se termina yendo, ¿qué van a decir en los medios? Todos van a pensar que al final la UME logró presionarlo al punto de echarlo.
- Bueno, ¿entonces qué me dicen? – resopló Sophie -. Si se está arriesgando a esconder la cola entre las patas por ahora es porque lo que viene después va a ser el triple de lo que podría ganar si se sigue quedando aquí.
- Dudo igual que estemos hablando de una campaña apocalíptica en la que aparezca con una armada fae para destruir el mundo – Harry miró a su hermana con una ceja alzada-. Pero si se va al continente y se esconde de nuevo bajo una identidad falsa, es porque algo va a querer empezar. Y tengo razones de sobra para pensar que va a querer armar algún conflicto armado a pequeña escala, solo para joder con nosotros.
Sophie reaccionó frente a eso, y se colocó frente a su hermano. Sus facciones parecían encendidas, endurecidas, y sus palabras no perdían filo en cuanto salían de su boca.
- ¿Y sabiendo que de vuelta va a querer desangrar el país, no piensas hacer nada al respecto?
Harry no se dejó provocar.
- Pienso hacer muchas cosas al respecto, Sophie – suspiró, y se levantó para estar cara a cara con la muchacha. Apoyó una mano en su hombro, y con la otra guardó un mechón de su cabello detrás de su oreja-. Voldemort ha tenido la particular astucia de hacerse espacios en lugares claves y construir sistemas enteros que se apoyan de alguna forma u otra en él; si fuéramos a eliminarlo, el caos que se desataría traería masacres peores que las que él podría llegar a cometer en su cuenta. Pero lo que se puede hacer es contenerlo, mantenerlo ocupado.
- ¿Y cómo piensas ocuparlo para que no empiece otra guerra? – Preguntó Sophie, y Harry sabía que sus palabras solas podrían ser interpretadas como burlonas, pero la mirada en sus ojos no dejaba ninguna duda en cuanto a la falta de maldad en sus comentarios-. ¿Hasta cuando piensas que bastará con ponerte en el medio para decir algo que le cause gracia suficiente como para cambiar de rumbo?
Harry volvió a sentarse.
- Voldemort es mucho más simple de lo que realmente parece. Su principal debilidad es su mayor virtud; su mente. Cuando se es tan prodigioso, cuando cualquier desafío se puede conquistar con facilidad… Hay una ansiedad en él, algo que otras personas podrían clasificar como un miedo por la soledad. Pero no es eso; simplemente es el deseo de no verse nunca sin desafíos para conquistar.
- Y ahí es donde entro yo. Tom primero, luego Voldemort. Se dieron cuenta que había una alternativa que eliminaría la posibilidad de algún día tener que enfrentarse a ese vacío, y era la opción de tener a alguien que representara la contrapuesta, que fuera el ying a su yang.
- Merlín, - exclamó Draco-. Jamás lo había visto de esa forma… ¿piensas que desde el principio eligió esa posición para ti?
- No, - admitió Harry-. Fue un tiro en el aire. Me fue probando a lo largo de los años, preparándome para asumir un lugar en el cual pudiera representar un desafío. Si le fallaba, se desharía de mí. Pero superé las pruebas, y lo hice tan bien que en el camino logré transformarlo tanto como me transformó a mí –sonrió para sí-. No… creo que el hecho de que logré cambiarlo fue la prueba que necesitaba para saber que había pasado.
- Pero si realmente fuera así – Sophie frunció el ceño-, ¿qué va hacer cuando te mueras?
Harry le dirigió una sonrisa triste a su hermana. Los ojos oscuros se abrieron de par en par. Tanto ella como Draco se levantaron de sus asientos, llevándose las manos a la boca.
- No puede ser… - susurró el rubio-. ¿Te ha…?
Harry se abrazó, bajando la mirada. Estaba consciente de que mucha gente vería su situación como una bendición, pero las verdaderas implicaciones de la magia que lo retendría hasta el final de los tiempos sobre la faz de la tierra eran simplemente horrorosas. Sabía que eventualmente buscaría una forma de morir; pero mientras tanto no le gustaba pensar en el asunto. Se le helaba el alma al pensar que había sido mutilado tan salvajemente.
- A efectos prácticos, soy inmortal ahora – dijo, tratando de no pensar que existía la posibilidad de llegar a ver un mundo en el cual tanto Sophie como Draco fueran polvo en el suelo, la memoria de su existencia borrada por los años. Era algo que le mantenía en vilo cuando deparaba en ello-. O al menos hasta que encuentre la forma de morir.
Cuando levantó la mirada, notó que su hermana tenía lágrimas en los ojos.
- ¿Cómo dejas que te haga esto, Harry? ¿Cómo puedes aceptar que te manipule así? –preguntó, su mandíbula tensada y su mirada llena de ira.
Harry se encogió de hombros.
- Uno podría argumentar que todos estamos siendo manipulados por algo; nuestros amigos, familia, la sociedad… si se quiere hilar fino es fácil ver que no existe la libertad individual. Todos ocupamos el lugar que nos permiten ocupar. Lo más cercano a la libertad que tenemos es estar consciente de esto, y actuar según nuestra voluntad; nuestros deseos más profundos, más puros. No vale la pena romperse la cabeza acerca del origen de esos deseos. Hoy mi voluntad me lleva a jugar en el rol que preparó para mí; mañana quizás tome un camino distinto. Soy lo que soy, manipulaciones o no.
- No creía que iba a poder ver a Lucius llegar a nuevos niveles de pomposidad.
Harry estaba de pie junto a la ventana que daba al hall de recepción interno del nuevo edificio del ministerio. Había sido construido de forma circular, de manera tal que todas las oficinas se erigían como espirales alrededor del enorme salón; salvo el Departamento de Misterios, que ocupaba un espacio en el subsuelo, no había oficina que no contara al menos con una ventana hacia el espacio común. Las razones eran enteramente prácticas; por una parte era más sencillo enviar memos volando de una ventana a otra que dejar que dieran vueltas alrededor de un laberinto de pasillos, y por otra parte dada la historia del anterior ministerio, el que cada mago dentro del ministerio tuviera en clara vista los accesos al edificio desde posiciones de avanzada representaba una ventaja estratégica en caso de una invasión. Harry, por supuesto, no podía dejar de apreciar la ironía.
Las oficinas del Ministro y sus colaboradores estaban en el último piso, y la única razón por la que Harry era capaz de poder reconocer al rubio y su pomposidad desde la altura del piso quince era simplemente por el hechizo magnificador que recubría casi todas las ventanas de los pisos superiores. A través de los espejos podía ver al patriarca Malfoy como si estuviera en un primer piso.
- Personalmente no creía poder ver expresión semejante a la que me ofreció Bones el día que le anuncié que iba a formar parte del Directorio – comentó Voldemort, acercándose detrás de él-. Veremos como se llevan esos dos.
- Y el resto. Puedes ver el odio en sus ojos en las reuniones.
Voldemort sonrió.
- Lamento perderme el espectáculo de verte, con dieciocho años, calmando los ánimos de magos que tienen el triple de tu edad.
- Te enviaré una foto.
Voldemort sonrió, y levantó un cuaderno que había tomado de su escritorio.
- Me has traído un souvenir – comentó. Harry inclinó la cabeza a un lado, tomando el cuaderno entre sus manos. La textura gastada y las manchas de tinta en la tapa le traían recuerdos de tiempos mejores.
- Me pareció una linda ironía. Yo tuve tu diario, te toca tener el mío ahora. ¿Piensas irte hoy? – preguntó Harry.
- Quizás. Tengo algunos asuntos sin terminar.
Harry se dio vuelta y le dirigió una mirada severa al otro hombre.
- Sé que vas a buscar una guerra, y sé que es inútil que trate de disuadirte. Pero al menos dime algo, ¿vas a usar a Lucius y al resto de los Mortífagos para hacerme la vida imposible?
- Me sorprende que dudes de su nacionalismo. Me temo que ni su lealtad ni su miedo son suficientes como para inspirarlos a cooperar conmigo en el caso de una avanzada alemana.
El muchacho entrecerró los ojos.
- No te creo en lo más mínimo.
- Tendras que andar con cuidado, entonces.
El hombre se acercó y apoyó una mano detrás de su cuello, juntando apenas sus rostros.
- Si me permites darte un consejo – susurró-, no pierdas tiempo tratando de llegar a un acuerdo. Reconstruye el ejército, haz que cada hombre y cada mujer salgan de su casa con un cuchillo en las botas, invéntate una campaña contra el terrorismo… pero no pienses que esta vez voy a dejar que las cosas lleguen a una resolución pacífica.
Harry clavó su mirada en la del otro hombre, y una pequeña sonrisa trepó cuidadosamente a sus labios. Quien hubiera tenido el placer de presenciar aquella escena hubiera pensado que los dos habían cambiado cuerpos; quien había sido presa ahora era depredador y viceversa. Había poca inocencia en los ojos del muchacho, algo que Voldemort notó con cierto placer.
- No, ya no hay paz para mí.
Voldemort cerró la distancia entre ellos, buscando frenéticamente los labios del joven. Harry respondió con entusiasmo, tomando la mandíbula del otro hombre con una posesividad y una ferocidad que le resultaban nuevas a ambos. Cuerpo contra cuerpo se fusionaron en una lucha pasional; la magia de ambos mezclándose y cantando sonatas que solo Harry podía escuchar. El dulce crescendo se fue intensificando, trepando estrato por estrato hasta que Harry finalmente puso el punto final con una separación brusca, una mirada cargada de emociones que ninguno de los dos podría llegar nunca a articular y una varita que presionó contra la garganta de su amado y que llenó la habitación con un resplandor verdáceo.
Las notas finales de la sinfonía se apagaron con el susurro quebrado de un Avada Kedavra.
El epílogo no se hizo esperar.
Harry observó la furiosa concentración de la esencia de Voldemort; rabiosa, oscura, vibrando con un poder que superaba lo visto en cualquier cielo o en cualquier infierno. La silueta confusa se fue amoldando hasta formar apenas la silueta de un hombre. Harry podía escucharlo gritar de dolor; pues incluso si el alma de Voldemort jamás podría perderse en la no-existencia, estaba condenada a sufrir el dolor del destierro al tener que abandonar el receptáculo de su elección. Dejó que su varita se deslizara entre sus dedos, y concentró todas sus habilidades en la tarea que debía realizar.
La silueta oscura del alma de Voldemort se echó sobre él – aullando, Harry podía escuchar el grito infernal de cada partícula vibrando con su ira, pero él podía hacer oídos sordos. Con una mano, tomó de su magia y la condujo hasta el diario que había dejado abandonado a sus pies – diario que había cubierto con lágrimas en los años que se había visto obligado a tratar con Tom. Vio como sus páginas se permeaban de un brillo oscuro; como cierta podredumbre parecía adueñarse del inocente librillo. La tinta se desparramó salvajemente, formando rostros, palabras, imágenes. Harry no quiso mirar.
Cerró las páginas del libro, y lo apretó contra su pecho. Podía sentir el latido de un corazón contra su piel.
- Nos vemos en un par de siglos, amor – susurró, y tomando su varita, salió de la habitación.
Epílogo
Es importante entender que esto trata tanto de una confesión como de un recuento de lo que sucedió entonces. La idea original de armar esta recopilación de mis diarios, auxiliados más tarde por las memorias que fui recolectando en mi pensadero, fue la de permitir preservar la realidad de una historia que esperábamos ver distorsionada en el tiempo. La historia aprovecha la falta de detalles para ennoblecer a los villanos y convertir en criminales a los santos; y sé hasta cierto punto que actualmente las figuras de gran parte de mi familia son contadas entre las listas negras de la historia del mundo mágico. De la misma forma, he visto como el nombre de Harry Potter ha pasado de ser el de un héroe, al de un villano, al de una figura mítica.
Quizás podría preguntárseme, ¿por qué lo publicas ahora, trescientos años más tarde? Y la respuesta es tan sencilla como entender que me ha tomado trescientos años superar la vergüenza de tener que exponer tanto de mí al mundo. Pero era esto o nada, ya que censurar mis memorias me parecía lo mismo que seguir con las mentiras que estaba tratando de desterrar.
No sé si podré tener la dicha de poder categorizarme en la dicotomía tan sencilla de héroe o de villano, y no creo que alguna vez llegue a importarme, pero prefiero que el que quiera juzgar que al menos tenga las herramientas para hacerlo, y es por eso que presento esta humilde colección de memorias que cuentan la historia detrás de la confusión que reinó en suelo inglés al final del siglo XX.
Harry Potter – 4 de Abril de 2307.
Me parece justo terminar este libro con un breve comentario acerca de la resolución de muchos de los aquí mencionados.
Draco Malfoy, quien por cierto fue el ideólogo detrás de este libro en principio, y quien se encargó de recopilar y ordenar todos mis escritos antes de cederme la posta para relatar mis memorias, pasó a mejor vida el 13 de Diciembre de 2134. Quienes tuvieron la suerte como yo de conocerlo en vida han dejado amplios registros escritos de la excelente persona que fue. Ocupó primero el cargo de Director en los tiempos del Directorio, y luego fue elegido como Ministro de Magia por dos términos consecutivos. Logró encontrar la felicidad con Astoria Greengrass y juntos tuvieron tres hijos.
Sophie Snapefalleció el 24 de Octubre de 2018 a causa de complicaciones relacionadas con las heridas sufridas por un atentado hacia su persona. Luego de la abdicación de Voldemort, e instaurado el directorio, se fue a vivir a Francia por un tiempo para ayudar en causas humanitarias. En 2013 tomó contacto con un grupo de mujeres musulmanas de Siria que buscaban derrocar el régimen shiita reinante en la región, y se involucró ampliamente en la causa por su liberación. Dos años más tarde logró formar una coalición de varios grupos disidentes en el medio oriente, quienes luego estarían detrás de la Primavera Árabe del 2016. En 2018 un miembro de un grupo extremista de Arabia Saudita se infiltró en una conferencia en la que Sophie iba a participar, e hizo detonar una bomba, la cual mató a 15 de las personas presentes e hirió a otras 50 más, entre ellas mi hermana. Dos días más tarde moriría en el hospital a causa de sus heridas.
Remus Lupin se hizo famoso en el mundo mágico por su activismo a favor de las creaturas mágicas, y fue el principal impulsor de la ley de acción positiva para los licántropos. Se casó con Nymphadora Tonks en el año 2005 y fue padre de cuatro preciosos hijos. Escribio numerosos libros acerca de su activismo y de su vida como licántropo, entre los cuales está el best-seller "Un Aullido Más". Murió el 12 de Septiembre del 2086, de causas naturales.
Neville Longbottom se unió al ejército inglés durante las épocas del directorio, y tuvo a cargo un grupo de tareas especial compuesto por licántropos. Desapareció durante una misión en Noviembre del 2004.
Severus Snape luego de la abdicación de Voldemort volvió a Hogwarts como profesor de pociones, en donde desempeñó el cargo hasta el 2037, año en el que se retira definitivamente. Muere el año siguiente más tarde en circunstancias sospechosas mientras realizaba experimentos en su laboratorio.
Tom Riddle, también conocido como Lord Voldemort disfrutó de una larga estancia dentro de sus horrocruxes hasta el año 2306.
Notas finales
Uf. Aquí estamos, 260.000 palabras y tres años más tarde. Con este fic quise hacer muchas cosas. Una cosa que siempre me molesto de la dinámica Voldemort/Harry es que en casi todas las historias el interés de Voldemort por Harry es en virtud de la predestinación que los une; es casi el argumento de un fic acerca de "almas gemelas". Yo quería construir una relación que no estuviera pre-destinada, queria que fuera una relacion que construyera su propio destino. Otra cosa que queria hacer era encontrar una forma un poco más realista de explorar el fondo político detrás de los personajes, y por ahí encararlo de una forma más cercana a nuestra realidad. Finalmente no quería escribir una historia romántica; quería escribir una historia de supervivencia, y de cómo dos personas construyen un vínculo tan profundo y tan obsesivo sin necesidad de meter romance en el medio.
Me saqué las ganas de muchas cosas con este fic, y creo que me ha servido para agotar todo el potencial creativo que pueda tener para el fandom en los siguientes años :P Desde que lo empecé supe que iba a ser mi ultima contribución, por un tema de tiempo y porque tengo la cabeza saturada de ideas para historias originales en las que quiero trabajar. Espero que hayan disfrutado de esta pequeña historia. Agradezco a los que me vienen siguiendo desde el principio, a los que se unieron más tarde y a los que encontrarán este fic cuando ya esté terminado.
xox
