Una vez relajada, Kagome decidió entrar a la casa y darse un baño. Agradeció que no se encontró con nadie en el camino al cuarto de Sesshomaru porque no tenía ánimos de hablar con nadie. Al entrar en la habitación, se encontró a su pareja acostado en la cama, mirando al techo. La miró unos intantes y luego continuó mirando al techo como si nada y el corazón de Kagome dolió un poco.

- han denegado nuestra solicitud – la voz de Sesshomaru sonaba distante.

- ¿Por qué? –

- no lo sé. Supongo que es una especie de represalia por el desliz. Parecido a lo que le hacen a los humanos cuando se casan por una borrachera, supongo. –

- entiendo…- dijo Kagome suspirando. Supuso que algo así podría pasar y estaba lista para esa deducción – bueno, si tendremos que estar así, quizá debamos hablar al respecto.- se sentó en la cama y lo miró. – no me molesta estar aquí, pero estaba acostumbrada a vivir sola. Hacer las cosas por mi misma. Por más relajante que sea tener sirvientes, no me gusta. Extraño mi cama, extraño mis cosas.

- podemos traerlas aquí. Hay suficiente espacio. Aunque dudo que tu cama sea más cómoda que la de este Sesshomaru. –

- lo es. – la azabache frunció el ceño molesta por el tono de superioridad de él. – además, extraño a mi gato.

- hn – siguió mirando al techo –

-¡no me digas "hn"! – dijo Kagome molesta dándole un golpecito en el brazo – tenemos dos opciones dado a que somos totalmente dependientes del otro por ahora. O pasamos unos días en mi casa, y nos adaptamos al otro, ¡incluyendo a mi gato! O me iré así tenga que soportar el ardor yo también-

- Este Sesshomaru no necesita a nadie –

- ¿ah no? – la mujer se levantó de la cama y tomó su cartera – Esta Kagome, tampoco – y dando un portazo, salió de la hbaitación.

- se ve adorable molesta – la bestia sonaba complacida.

- lo es – concedió Sesshomaru y continuó mirando al techo mientras el dolor de su cuello seguía latente, preguntándose porque había mentido.

- si sigue molesta, la buscamos

- de acuerdo. –

/7

Kagome manejó el carro de InuYasha a toda velocidad hasta llegar al mirador. Allí se estacionó y bajó del carro lanzando un grito al mar y el hermoso atardecer. ¡Que frustración! No solo estaba atada a Sesshomaru para siempre, sin amor, si no que el idiota era sumamente difícil. Pateó una roca fuertemente y volvió a gritar exasperada.

Estaba molesta consigo misma porque parte de ella estaba feliz de que hubiesen negado su solicitud. Ella quería estar con él más tiempo, quizá así podría florecer el amor.

"Pero sería uno forzado…el realmente no me quiere…para él quizá fue sexo siempre. "

Que inmerecido era todo eso. Algún Kami la debía odiar con potencia para hacerle pasar por esto nuevamente. Aunque al menos esta vez, podría soportarlo. No como aquel año junto a Kouga donde todo había sido extremadamente doloroso.

Lanzando un último grito, se metió al carro y esta vez manejo lentamente por la calle. No había luces de postes por tanto dependía en totalidad de las luces del carro para ver el camino a casa de su nueva familia.

Bajando una de las lomitas fue que notó unos tipos golpeando algo. Entrecerró un poco los ojos para poder ver a que golpeaban y vio una pequeña cola. Frunció el ceño realmente molesta y frenó el carro para bajar rápidamente.

- ¿Qué creen que hacen? – miró a los tipos. Ambos demonios. Miradas rojas y aura bastante fuerte, pero incomparable a la de otros demonios. Vestían de negro y ambos tenía la marca de un rayo en su frente. Lucían similares y a la vez diferentes pues mientras uno era calvo, el otro tenía una cabellera abundante recogida en una trenza. A sus pies un pequeño cuerpo de un ¿zorrito? De lejos le había parecido un animal, pero ahora podía ver que era un pequeño demonio zorro.

El pequeño sangraba por la nariz y conservaba golpes a lo largo del rostro. Respiraba con mucha dificultad lo cual significaba que probablemente llevaba una o dos costillas rotas. La mirada del pequeño le llegó a lo más a profundo de su corazón. No tenía brillo de vida y parecía que deseaba morir, pero a la vez parecía aliviado de que ella hubiera llegado.

- Piérdete, zorra – dijo el calvo mirándola con rabia. – este idiota debe morir.

- o quizás estás muy sola y prefieres pasarte el rato con nosotros – el de la trenza acortó la distancia rápidamente y la agarró por la cintura.

Kagome simplemente le miró con asco y luego cambió su mirada hacia el calvo que volvió a patear al pequeño contra el asfalto.

- tú, calvito. Tienes tres segundos para dejarlo en paz. –

- cuida tus palabras, perra – el que la sostenía la empujó contra el carro, golpeándole la cabeza contra el marco de la puerta.

Entonces, la paciencia de Kagome llegó a un límite y alzando su mano lanzó una bola de energía espiritual al calvo quien salió despedido por los aires. El de la trenza, entonces la miró sorprendido pues en ningún momento sintió la energía espiritual de ella antes.

- eres una sacerdotisa. – dijo poniéndose en posición de pelea. – veamos quién es más rápido. – el demonio se lanzó contra Kagome y empezó a propiciar golpes, los cuales ella esquivo al principio. Cuando iba lanzar un rayo de energía contra el youkai notó que el calvo se había levantado y se disponía a aplastar al pequeño zorro quien se trataba de arrastrar hasta ella.

Su distracción le hizó ganar un golpe en el estómago que le sacó el aire y la dejó momentáneamente rígida. El demonio sonrió extrañamente divertido con su dolor y dando un giro en el aire cayó frente a ella.

A lo lejos un aullido se escuchó. Era un aullido amenazador, lleno de furia que hizo estremecer a los demonios, haciéndoles quitar la vista de sus victimas.

Kagome entonces hizo algo que jamás pensó que tendría que hacer. Concentró su fuerza en ambas manos, haciendo una bola de energía pura de color azul con matices blanco dándole un aire tornasol a la misma. El demonio de la trenza sintió el picor en su piel y se volteó a tiempo para esquivar la energía.

Pero no fue lo suficientemente rápido. La bola logró alcanzar parte de su torso y piernas, purificándolo al instante. En segundos, la presencia del demonio fue totalmente extinguida de la faz de la tierra.

Kagome respiró entrecortadamente, casi sin creer que había tenido el valor de hacerlo. Miró al otro y este al sentir su mirada encima salió corriendo en la dirección opuesta. Ella entonces caminó suavemente hacia el pequeño y arrodillándose lo tomó en brazos. Fue entonces cuando escuchó un grito y vio al demonio que había salido corriendo.

Ante él, un enorme perro blanco de ojos rojos con pelaje abundante y una cola enorme lo miraba. El canino goteaba algo que parecía baba y que al caer al piso carcomía la tierra, lo cual le dio a entender que era ácido lo que salía de su boca.

La bestia se lanzó contra el demonio quien bajo estado de shock no se había movido. Se movió rápidamente pero tanto ella - y estaba segura que el demonio en cuestión- lo vieron moverse en cámara lenta. Su majestuosidad los había dejado sin habla y ella realmente agradecía no ser el demonio clavo. El perro acercó su hocico de una mordida lo partió en dos, escupiendo los pedazos en lados diferentes. Kagome bajó la vista, no quería ver como el can desmembraba al demonio pero los gritos del mismo le dieron a entender qué estaba sucediendo.

El perro lanzó un aullido a la luna mientras el viento corría suavemente y Kagome sintió la presencia de Sesshomaru a su lado. Miró hacía arriba y vio como el canino la miraba agitado. Poco a poco se fue transformando a una forma humana, dejando ver su pareja: su mirada clavada en ella, su hermoso cabello blanco flotando tras él, siempre perfecto aún después de su transformación. Habló con la voz más gélida que había escuchado mientras sus ojos titilaban entre rojo y dorado.

- Estás lastimada. - se agachó y miró al pequeño quien yacía inconsciente en sus brazos. – médico.

- Sesshomaru…el niño…-

- médico. Ahora. – el taiyoukai la tomó en brazos y en una bola de energía violeta la llevó a su hogar, donde su padre gruñó al oler la sangre de ella. Sesshomaru dio otro gruñido y su pare asintió.

- llamaré.-