Buenas! disculpen la demora. mi laptop oficialmente murió. tuve q adquirir un disco duro externo, pedir ayuda y salvar la información que tenía dentro, incluyendo el fic! y pues bueno, ya esta todo listo...usaré la pc de la casa hasta que compre una laptop nueva.
Sin más, les dejo este cap.
Capítulo 8
"Baile"
Era por fin la gran noche. Izayoi se había levantado de muy buen humor, había ido tocando suavemente la puerta de todos y diciendo que era hora de levantarse. Preparó ella misma el desayuno de todos y al sentarse en la mesa tarareó una hermosa canción.
Kagome la observaba desde su puesto en la mesa, al lado de Sesshomaru, quien se ubicaba al lado derecho de su padre, la cabecilla de la mesa. Al lado izquierdo de Inu no Taisho estaba InuYasha. Al lado de InuYasha estaba Shippo. Sobraba un puesto al lado de Kagome y al otro lado de la mesa, estaba Izayoi.
La mujer era hermosa. Piel blanca, cabello castaño largo, ojos entrecerrados, pero muy expresivos, como los de InuYasha. Su nariz, perfilada, sus labios algo delgados, pero hermosos. Si Kagome no supiera nada de ella diría que tuviese a penas treinta y cinco años. Pero ella sabía mejor, e Izayoi debía haber vivido al menos tres siglos ya.
- Kagome, ¿estás lista? – la aludida parpadeó sin entender bien.
- ¿para qué? –
- para la preparación, por supuesto – Izayoi tenía un brillo especial – ¡nos iremos al spa, nos arreglaremos para esta noche! –
Así que por eso estaba de tan buen humor.
InuYasha sonreía perversamente, Inu no Taisho la miraba pidiendo disculpas con la mirada y Sesshomaru mantenía una mirada neutra, mas su sonrisa, reflejaba algo de burla.
- oh…-
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Izayoi había reservado el baño en lodo, los masajes, la sesión de acupuntura, peinado y arreglo de uñas. Kagome jamás había hecho cosas tan femeninas en un día. No era que era una especie de tomboy, al contrario, cuidaba de su apariencia, después de todo en su trabajo, tenía que dar una buena impresión, pero jamás tenía tiempo para este tipo de cosas e incluso se le hacía cansón, pero Izayoi estaba haciendo que fuera relajante y divertido.
- siempre quise hacer esto con una hija – dijo su suegra cerrando los ojos y respirando profundamente – Después de InuYasha, no pude concebir más hijos. El embarazo fue muy difícil.
Kagome había escuchado de eso a través de InuYasha hacía unos años atrás. Sonrió suavemente y se acercó silenciosa a Izayoi. Le tomó la mano, haciendo que esta abriera los ojos.
- ahora tienes dos. Ya Rin pronto estará en edad para estas cosas y yo también.
La sonrisa respladenciente de Izayoi se grabaría en su rostro por siempre.
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- ¿Cómo es tu vestido, querida? – el hombre que la miraba a través del espejo le sonreía con un brillo en los ojos no natural. Sabía que el tipo se tomaría muy en serio arreglarla.
- es verde, de tiras, ceñido hasta las caderas, pero luego toma algo de vuelo. –
- te haré un periado recogido entonces…y el maquillaje será hermoso! –
- oh, Kami…-
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En otro lugar, cerca del monte Fuji, una sombra caminaba. Su velocidad era obviamente la de un demonio, parecía buscar algo. Olfateó varios lugares en busca del peculiar olor a muerte vieja, pero no daba con él. Su memoria no le fallaba, sabía que estaba en algún lugar bastante escondido, pero a la vez visible.
Duró una media hora en capturar el fétido y viejo olor. Era muy, muy sutil, pero estaba allí. Sonrió y sus ojos brillaron con anticipación. Había esperado este momento demasiado. Sentía su boca hacerse agua por los posibles eventos que se desencadenarían.
Abrió arbustos, escavó un poco y allí el olor empezó a hacerse un poco más fuerte. Buscó en su bolsa los elementos para hacer el ritual aprendido hacía siglos, y el libro de hechizos. Suspiró, dejó todo allí y casó un conejo. Lo comió crudo y una vez que se sintió satisfecho, se sentó nuevamente. Expandió su aura hasta un radio de 5 metros, haciendo una barrera. Nadie debía molestarle. Antes de empezar el ritual en sí, leyó las instrucciones una última vez. No cometería ningún error.
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Sesshomaru estaba inquieto. Sabía que Kagome estaba en el spa con Izayoi a solo unas cuadras pero su bestia no le gustaba estar alejado de ella.
- ya vienen – Inu no Taisho le puso la mano en el hombro a su hijo – puedo oler a Izayoi cerca. A unos 5 kilometros. Si te concentras, podrás oler a Kagome.
Sesshomaru cerró los ojos y afinó sus sentidos. Respiró profundamente y allí, a lo lejos, pero acercándose pudo oler a Kagome y a Izayoi. Su bestia se tranquilizó llenándose del olor de ella, y no abrió los ojos hasta que el olor estuvo presente fuera de la casa. Abrió la puerta y vio a su madrastra junto a su mujer y abrió los brazos a tiempo para que esta última se tirara a sus brazos.
Ni siquiera se imutó en apreciar lo suave que era su piel, lo arreglado y perfecto que estaba su cabello ni el hermoso maquillaje natural que tenía. El hundió su nariz en su cuello y se inundó de su aroma. Kagome sonrió en su cuello y aunque pensaba que se debía a su marca, en ese momento estaba feliz de estar con él.
Izayoi le guiñó un ojo a Inu no Taisho quien también la abrazó. Los cuatro pasaron dentro de la casa, los más viejos a la sala, y los más jóvenes a su cuarto.
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Al caer la noche, Izayoi correteaba al pequeño Shippo para peinar su cabello. El pequeño reía porque lo veía como un juego pero Izayoi ya se estaba cansando. Sesshomaru bajaba las escaleras con un smoking negro. Se había rehusado a usar corbata, por lo que tenía la camisa blanca abierta, mostrando a penas su escultural cuerpo. Su cabello había sido amarrado a una coleta baja que caía por su hombro, dándole ese toque varonil y sensual que sólo él y su familia podía poseer.
Al pisar el último escalón de la escalera, tomó al pequeño del cuello de su camisa. Este se asustó un poco pero había aprendido a relajarse alrededor de Sesshomaru.
- no hagas sudar a Izayoi. – el pequeño asintió y el joven taiyoukai lo depósito con cuidado en las manos de su madrastra.
- gracias – dijo Izayoi feliz y se sorprendió que Shippo se quedara quieto mientras le cepillaba su suave cabello y luego su cola. – pensé que no querías…- dijo.
- ¡pensé que jugábamos! – la inocencia de Shippo le gustó y le dio un corto beso. Cuando terminó de peinarle, miró a sus hijos y a su esposo. Todos tan parecidos, y a la vez tan diferentes en su propia manera.
Mientras Inu no Taisho reflejaba paciencia y sabiduría, Sesshomaru reflejaba un fuego abrazador opacado por su desinterés y hasta frialdad. InuYasha en cambio reflejaba inocencia, juventud y alegría. Había aprendido a leerlos, a soportar sus momentos, a amarlos. Con Inu no Taisho e InuYasha había sido automático. Con Sesshomaru había tomado un poco de tiempo. Era muy joven y había tenido que madurar rápidamente. Pero poco a poco había calado en su ser.
Recordaba muy bien aquella vez que casi muere producto de una enfermedad. Al recuperarse, Sesshomaru se había acercado a ella, y sentado en su cama. Sus vistas se habían encerrado en la otra, y con suavidad ella tomó su mano. El miró el gesto y luego, devolvió la vista a sus ojos.
- estoy bien, Sesshomaru. –
- hn - se acercó y le dio un beso en la frente – quédate bien entonces – había sonado como una orden pero pudo sentir la alegría en sus palabras. Así como había entrado se fue.
- ¿por qué no nos hemos ido? – preguntó Shippo.
- esperamos a Kagome – dijo InuYasha.
- pero si llevo aquí diez minutos! – la miko tenía sus manos en forma de jarrón, obviamente molesta.
Los tres taishos habían estado tan encimados en sus pensamientos que no habían visto a Kagome bajar. Llevaba un vestido verde oscuro matizado de tiras. Era ceñido hasta las caderas y luego daba un vuelo no muy pronunciado. Su cabello estaba recogido en un moño alto, peinado hacia atrás, pero con varios cabellos sueltos en forma de rizos y su maquillaje a juego con el vestido.
- llegaremos tarde, y Sango me matará. Soy su testigo o algo así. – se dio la vuelta y vieron como el vestido tenía la espalda abierta hasta su cintura. Dejaba ver un tatuaje de una flor y una mariposa posada en la misma.
- ¿CUÁNDO TE HICISTE ESE TATUAJE? –
- hace unos meses – dijo Kagome tomando a Shippo entre sus brazos. –
- vamos…- dijo Inu no Taisho.
El camino en el carro fue ameno. InuYasha conducía, Kagome iba en el asiento delantero junto a él, hablaban sobre la ceremonia de hoy y de cómo las personas tomarían la ceremonia y el anuncio. Sesshomaru iba atrás leyendo mensajes del trabajo en su teléfono móvil y sus padres iban atrás encimados en sus pensamientos.
- ¿qué anuncio? – preguntó Inu no Taisho con curiosidad.
- ya verán – dijeron InuYasha y Kagome sonriendo y haciendo que Sesshomaru gruñera un poco. Ella lo miró y le puso la mano en la rodilla para tranquilizarlo.
Shippo había estado todo el tiempo en el hombro de Sesshomaru con los ojos cerrados. El taiyoukai estaba sorprendido del cambio que estaba pasando en él. Antes hubiera matado a cualquiera que osara tocarle, pero con Rin, Kagome y Shippo era diferente. Su bestia se calmaba y se sentía cómoda. Al igual que con Izayoi y su hermano y padre, pero con los tres primeros había sido instantáneo. Sabía que el pequeño estaba a su lado, porque aún crecía y necesitaba sentirse conectado con un youki más fuerte que el suyo para sentirse protegido. Era natural e instintivo.
Sabía que podía haberse conectado con su padre o con InuYasha quien a pesar de ser híbrido, tenía un youki muy fuerte. Pero el pequeño había decidido hacerlo con él , y eso le llenaba por alguna razón de orgullo y cariño. Suspiró. Se estaba volviendo tan sentimental como InuYasha y su padre y lo peor era que ya no le veía tan malo con antes.
Al llegar, fueron recibidos con una miles de fotos. El evento era tan importante como la premiación de autores de novelas o la de artistas. Los camarógrafos se enfocaron como siempre en Izayoi e Inu no Taisho. La mujer aún no se acostumbraba a la atención y elogios especialmente cuando se vestía tan hermosa, con un vestido blanco ceñido al cuerpo que le llegaba justo arriba de las rodillas y el cabello recogido en una bella media cola. Se veía angelical al lado de Inu no Taisho.
InuYasha se había encontrado con una amiga de cabellos rojizos y con ella había caminado hacia la residencia donde se estaba celebrando el evento. No posaron para nada, al parecer a ella no le gustaba mucho eso.
Cuando les tocó a Sesshomaru y Kagome, esta se puso muy nerviosa. Sin embargo, él le tomó la mano y caminó junto a ella con seguridad. Shippo se escondía tímidamente en el cuello de Sesshomaru pero un gruñido de él le aseguró que todo estaría bien.
- ¡Señor Sesshomaru, unas palabras! – un reportero se acercó a ambos - ¿La bella dama de la Perla de las Cuatro almas y el pequeño con usted? – el taiyoukai suspiró
- iba a organizar esto mañana, pero supongo que ya da igual. – su expresión calmada - Kagome Higurashi se ha convertido en mi compañera. El pequeño, junto a Rin que pronto volverá de sus clases en el extranjero, se han convertido en nuestros hijos.
Muchos fotógrafos se apresuraron a tomar foto de la pareja en especial de la marca en el cuello de Kagome.
- ¿Habrá boda? – le preguntó esta vez a Kagome quien se sonrojó automáticamente.
- no…no hemos hablado al respecto…-
- más adelante. Por favor, discúlpennos, debemos seguir. – Sesshomaru siguió caminando junto a Kagome y al llegar a la puerta, buscó a su padre.
- vaya, lo hiciste aquí. Algo informal, hijo –
- da igual. Se iban a enterar igual. –
- Sessh…debo ir con InuYasha a lo de Miroku y Sango. La mujer me tiene loca con los mensajes de texto. –
- hn – Sesshomaru le soltó la mano después de darle un beso en los dedos. Ella se acercó y le dio uno corto en los labios y luego le dio la espalda para caminar junto a InuYasha a una habitación.
Después de un llamado a todos para ir al salón principal, se vio salir a InuYasha al lado de Kagome y a los viejos miembros del consejo que cederían su espacio a sus hijos. El padre del monje y el padre de la Exterminadora. Dijeron unas palabras de despedida que fueron seguidas de un aplauso.
Entonces, el hanyou y la miko pasaron adelante. Se miraron y luego se corrieron cinco pasos al lado contrario del otro, dejando pasar a Sango y Miroku, los protagonistas de la sesión. Él llevaba su ropa de monje y un bastón heredado en su familia con argollas que tintineaba al moverse. Ella llevaba su uniforme de exterminadora, negro, su coleta alta y atado a su espalda su boomerang gigante.
- Yo InuYasha Taisho, hijo de Inu no Taisho e Izayoi, Comandante del Reino del Oeste, soy testigo en la noche de hoy, que Miroku Takeshi es apto para ocupar el lugar de su padre en el consejo. Su poder espiritual es grande, puro y honesto y bajo mi sangre – se cortó con sus garras la piel, dejando caer una gota de sangre en un plato de cerámica antigua – juro que de no cumplir con su deber, le mataré. Miroku asintió y le tendió su mano a InuYasha quien repitió el proceso con su mano.
Con la mano que no había sido lastimada, Miroku pasó el plato a Kagome.
- Yo, Kagome Higurashi, hija de Kaeru y Hitomi Higurashi, Kami los tenga en paz, y Sacerdotisa de la Perla de las Cuatro Almas, soy testigo en la noche de hoy, que Sango Yuen es apta para ocupar el lugar de su padre en el consejo. Su habilidad es grande, precisa y experta y bajo mi sangre – se cortó la mano con ayuda de InuYasha – juro que de no cumplir con su deber, le mataré. Sango asintió, y quitándose el guante que cubría su mano, cortó su mano con ayuda del híbrido nuevamente y el proceso fue repetido.
Las cuatro gotas de sangre brillaron, sellando el antiguo pacto.
Aplausos solemnes llenaron el salón y entonces, Sango y Miroku alzaron sus manos juntos, para poder hablar.
- Es un honor para mí ser parte del consejo y creo que hablo por Sango también al confirmar que haremos un trabajo excepcional en el mismo – ella asintió. – Sé que probablemente esto no debería hacerse en esta noche, pero no creo que haya mejor momento. Hace unos días atrás, le pedí a Sango su mano en matrimonio y ella aceptó.
Algunas caras sorprendidas en la multitud, otras, algo pensativas y otras totalmente pasivas siguieron escuchando la clara voz de Miroku.
- Nuestros cazadores – continuó el monje refiriéndose a InuYasha y Kagome – fueron testigos de la propuesta.
Ambos asintieron manteniendo su mirada en la multitud.
- Cada nuevo miembro tiene un deseo arbitrario al volverse parte del mismo. – Continuó Kagome – El de ella es que la boda sea aceptada. El de él, es que nadie se interponga ni ahora, ni nunca en la unión. InuYasha y yo como cazadores consideramos estos deseos cumplibles y por el poder del pacto hecho hace unos minutos, somos los únicos que podemos interponernos en tal unión si su deber como miembros no es cumplido. –
- y ambos hemos aceptado – concluyó InuYasha.
Decir que la multitud estaba dividida era ser literalmente exacto. La unión matrimonial de Sango y Miroku representaría un cambio en la sociedad. Hacía medio siglo, se había estado hablando que muchas tradiciones debían ser reformadas por su contexto y concepción antigua, rayando lo que muchos nacidos en los últimos siglos consideraban barbárico. Pero, para cambiar tradiciones, debían ser puestas a consideración por el consejo. Y el consejo se negaba a escuchar. Con Sango y Miroku en el consejo y además de eso, casados, daría pie a una reforma total, pues los miembros que quedaban del antiguo consejo, cederían su puesto pronto. InuYasha había sido escogido para representar a los híbridos en un año, cuando el actual miembro se retirara y el puesto de taiyoukai aún oscilaba entre Sesshomaru, su padre y el heredero de Wolf inc, Kouga.
Pero todos sabían que padre e hijo y lobo estaban de acuerdo con la reforma social tradicionalista.
Los aplausos se escucharon nuevamente y la música comenzó a sonar. Sango y Miroku se voltearon a ver a sus padres quienes miraban entre reproche, orgullo y felicidad. No era nada nuevo que desde siempre el monje había conservado sentimientos hacia Sango, pero pensaron que esta no se los correspondía.
Grata sorpresa y grande la astucia de ambos.
InuYasha y Kagome se dirigieron donde su familia y Shippo se tiró a los brazos de ella feliz. Inu no Taisho les recibió con un abrazo por lo que habían hecho al igual que Izayoi y Sesshomaru. La velada continúo amenamente y después de comer, se empezó a disfrutar de la pista de baile que mantenía una sonata clásica.
Sango y Miroku bailaban con ropas más acordes a la velada, riendo y sonriendo, siendo fotografiados. Inu no Taisho e Izayoi bailaban con Shippo en una esquina de la pista, InuYasha se había perdido con su amiga y Sesshomaru y Kagome conversaban en su mesa, pues habían bailado bastante ya. Ella se excuso y se levantó de la mesa para ayudar a una mesera que había tropezado derramando la bandeja en el piso. Cuando se levantó se quedó pasmada, viendo la pista de baile.
Entonces pasaron dos cosas que nadie vio venir.
Kouga Wolf se acercaba a Kagome, sonriendo cínicamente. La miko no supo qué hacer ni cómo reaccionar, estaba en shock, no pensó por un segundo que él obviamente estaría allí.
Pero salió de su estupefacción rápidamente al sentir una energía poderosamente fétida, pero a la vez, casi imperceptible para muchos. La energía la mareó y buscó con la mirada a Miroku quien también había sido impactado. Se miraron jadeando, tratando de buscar una respuesta en los ojos del otro, sin conseguir nada.
Sesshomaru se acercó velozmente a ella sosteniéndola.
Y en algún lugar, cerca del monte Fuji el demonio sonreía al sentir la energía. Y la voz femenina que salía del sello junto a la misma.
- ¿Así que, es hora de volver? – la voz aterciopelada, profunda y seca resonó en la barrera del demonio.
- sí, mi señora. Es hora. –
- Perfecto. –
Y una sonrisa macabra se dibujo en la oscuridad de la noche.
y? Qué tal? disfrute MUCHÍSIMO escribir este cap. se los juro, lo estaba maquineando hace mucho y creo que lo hice bien! oh sí, no pensaron que sería fácil no? i mean, les dejé pistas en los caps anteriores! no solo acerca de Kouga (come on, Wolf inc, etc) sino del mal que se avecinaba.
anyway! espero q lo dsifruten! cuidense y nos leemos en una semana!
