CAPITULO VEINTE
CONFUSION. EL INICIO.
"Juegas con mi mente gracias a mis deseos,
No sabes que buscamos la verdad,
Siempre pierdes el control."
¿Cómo definir lo que está bien o lo que está mal? ¿Cómo saber qué camino elegir o al menos, cuál es el correcto? ¿Cómo evitar que por un mero error cambiara la vida de miles de personas? ¿Por qué aquellos a los que se les llamó amigos, suelen alejarse cuando los problemas son mucho más fuertes de lo que se pensaba?
A veces, es ahí, cuando se dio cuenta de que las personas, sean magos y brujas o unos simples muggles, no eran ni buenos ni malos, solo actuaban conforme la situación lo dictaba, llámese interés o un vano intento de subir de escala social, pero más sola no podía estar.
O al menos así lo pensaba.
Quizá no era la manera de un miembro de la casa de Godric Gryffindor de hacer frente a los problemas, no era más que una cobarde. Actuaba por miedo de enfrentarse a sus amigos, con quienes debía pelear codo con codo para proteger a los que podrían cambiar el rumbo del mundo mágico.
Huir y esconderse no era la solución, ¿Cierto? Y aun así, no tenía el valor para mirarlos a los ojos después de lo que iba a pasar con el paso de los días.
Caminó por los pasillos aledaños al vestíbulo de entrada cuando escuchó las voces de aquellos a los que llevaba evitando casi dos días enteros y se quedó sin salida.
Debía enfrentarlos y lo sabía.
Se encontraban a sus espaldas, podía escucharlos claramente, al parecer su plática trataba sobre algo importante y serio, al menos por el tono de voz que utilizaba Lysander para hablar con ellos.
Sin pensarlo, se giró hacia ellos provocando que detuvieran su plática y su atención se volcara hacia ella quién no pudo aguantar las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos al observarlos frente a frente.
Sonrió a sabiendas de los pocos días que le quedaban junto a ellos antes de que el hechizo de atadura comenzara a hacer efecto porque después ya no habría marcha atrás.
Miró a cada uno de los que hasta entonces, consideraba sus amigos, algunos sonreían con alegría al verla mientras otros, como Lorcan o James, no sonreían. Sintió como un dolor agudo atravesaba su pecho, solo era cuestión de tiempo para que dejaran de creer.
Sonaría egoísta pero no quería que se alejaran de ella. Eran lo más importante al igual que su familia, ellos eran parte de su familia.
-¿Todo bien?-escuchó la voz de Lysander a lo lejos, ella lo miró con una sonrisa tranquila para después encogerse de hombros.
-Si-contestó con un hilo de voz.
Mentira, ¿Cómo iba a estar bien si desaparecía durante dos días y no había querido hablar con ellos?
Poco a poco se iban acercando hasta llegar a ella, observó como James la miraba de arriba hacia abajo como buscando algo que le indicara que efectivamente se encontraba bien, y desvió la mirada con timidez, no tenía fuerzas para encararlo, para verlo a los ojos como antes.
Levantó la mirada durante un segundo y se lanzó a los brazos del chico abrazándolo con fuerza. James estaba sorprendido por la acción de la chica y sonrió antes de corresponder al abrazo mientras le daba un ligero beso en la sien.
-¿Quieres hablar?-le preguntó James en un susurro a la chica que poco a poco se estaba soltando de sus brazos.
Ella solo soltó un suspiro y le sonrió mientras dirigía su mirada hacia los demás que la miraban con curiosidad.
"Quisiera contarles todo lo que ha pasado, lo que planea Zabini conmigo, con ustedes, pero debo callar, quiero protegerlos, protegerte James, es mi deber, el tiempo está corriendo y mi tiempo se acaba, perdona".
La voz de la profesora Mcgonagall desde el rellano de la escalera le hizo dar un respingo, enarcó una ceja al observar a su hermano al lado de la directora.
El semblante de Aarón estaba lleno de angustia, preocupación y miedo. ¿Qué había pasado?
Fue ahí cuando sus pensamientos volaron hasta la Logia y abrió los ojos con sorpresa para mirar a su hermano de forma acusadora, a lo que su gemelo negó con una sonrisa triste.
Entonces entendió que se trataba de algo mucho más importante. Para ambos, al menos.
New Castle, Inglaterra.
La figura de dos hombres con capucha encaminándose rumbo a una casona algo destruida era lo único que podía notarse en aquella solitaria calle. Se posicionaron frente a la casona y voltearon la cabeza hacia los lados para no verse espiados por alguien indeseado y pasaron por debajo de la cinta amarilla que resguardaba el lugar.
Entraron a la casa por a puerta principal e hicieron muecas de desagrado al notar el estado que guardaban los muebles de ese lugar, el piso inferior estaba casi intacto, como si nunca hubiera pasado nada, sin embargo, en el fondo, donde podían observarse unas escaleras en forma de caracol frente a un gran ventanal, estaban despostilladas y gran parte de ellas destrozadas.
Entonces, el segundo piso era el que más daño había recibido tras el duelo que había mantenido el dueño de esa casa.
Avanzaron hasta la escalera a pasos lentos y miraron hacia el techo, y fue ahí donde se dieron cuenta de algo que nunca nadie había notado.
Aquella casa tenia forma de pentágono, podían observarlo claramente gracias a las aristas de la figura.
Era de esperarse por parte de aquél que había vivido en esa casa.
-Vaya, ¡Indagamos por nuestra cuenta y mira lo que nos encontramos!-exclamó uno de ellos con arrogancia.
-No cantes victoria aún, Stephen-contestó su acompañante con tranquilidad-Debemos tener cuidado, supongo que está casa sigue conectada a la mansión de Dossiers en Stonehenge.
-¿Crees que nos descubra?-preguntó Stephen sacándose la capucha y mirando al muchacho que lo acompañaba.
-Sabe que vendría a esta casa algún día-le contestó Diego Brington quitándose la capucha mirando al chico rubio frente a él.
-¿Robert Charlestón le pidió a Nashda que protegiera la casa?-volvió a preguntar Stephen mirando cada rincón de la antigua casa de los Charlestón.
-No estoy muy seguro-respondió Diego mirando alrededor-Pero siendo quien era no dudo que Nashda le haya pedido protegerlo.
Stephen detuvo su inspección visual de la casa ante las palabras de Diego Brington y lo miró con firmeza, después de la pequeña charla que tuvo con Nashda McFarlan tenía en claro que ella no estaba ayudando a los niños ni los estaba protegiendo y que tampoco se encontraba de su lado.
Al parecer los intereses de la líder de Dossiers cambiaron desde que se supo quienes eran los elegidos por el Merlivian.
Observó como Diego sacó su varita y apuntaba cada uno de los cinco lados que formaban las paredes de la casa.
-Specialis Revelio-murmuró Diego mientras apuntaba cada uno de los cinco lados.
Con el hechizo en funcionamiento, ambos hombres pudieron observar como cada una de las aristas se volvían de color azul, rojo, café, naranja y morado. Después la conjunción de colores se unió en una enorme bola de luz alrededor de la luz morada que apareció con el hechizo revelador volviéndose de un color blanco intenso, limpio, sin ninguna impureza.
-¿Magia blanca?-murmuró Stephen con fascinación, nunca antes había visto algo parecido.
Diego sonrió de medio lado antes de encaminarse de nueva cuenta hacia la escalera para comenzar a subir con cuidado hasta el piso superior donde al parecer por la estructura de la casa, ahí era donde se encontraban las habitaciones de la familia.
Llegó a lo más alto de las escaleras y comenzó a brincar los escalones que habían caído hasta tocar tierra en el segundo piso que se encontraba completamente destrozado aunque las autoridades muggles limpiaron la escena.
-Diego, ya estamos aquí, dime, ¿Qué ocultaba Robert en esta casa?
-Eso es lo que vamos a investigar, Stephen-dijo Diego comenzando a caminar con lentitud hacia una de las habitaciones familiares siendo seguido de cerca por el muchacho rubio que no hacía nada por ocultar la fascinación y asombro que sentía desde el primer momento que llegaron a aquella casa.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Mazmorras.
Desde hace dos días que comenzaron a acondicionar el lugar donde llevarían a cabo la iniciación del hechizo de atadura.
Ningún estudiante sabía que existían esas viejas mazmorras dentro del colegio, y si lo sabían, los profesores trataban de ocultarlas a ojos de los estudiantes del colegio.
Para los habitantes del castillo eran mazmorras en desuso y eso les venia muy bien para los propósitos que tenían en mente.
Eran niños de entre trece y quince años los que estaban dentro de la llamada Logia de Hogwarts, habían tenido el mayor cuidado posible de reclutar a aquellos que eran fieles a la causa, quienes aún creían que la magia solo debía ser aprendida por los magos de sangre pura y que ni los mestizos ni los muggles podían ser capaces de realizar magia y adoptarla como una forma de vida.
Pero, se preguntó, ¿Qué era la magia para ellos? ¿Qué significaba que existiera el Merlivian, una magia completamente desconocida para muchos, sino por la mayoría?
Preguntas que mantenían una sola respuesta la cual sonaba bastante cliché y presumible.
Un conjunto de métodos y técnicas para obtener un fin. Lo que llevaba a un bien escuchado "El fin justifica los medios".
No les importaba el cómo ni el por qué, pero si querían eliminar el Merlivian, sus artimañas habían estado dispuestas desde el momento en el que se creó y se dio a conocer.
Sin embargo, ser una logia constituida solo por estudiantes que apenas si podían mantener un duelo decente, no era un gran aliciente desde su punto de vista.
Porque si sus creencias tambaleaban y si seguían así podría darse por muerto de un momento a otro si se enteraban de eso.
Le temía a su padre y le temía a Alexander Roberts.
La cobardía y las ganas de ser alguien era lo que le permitía seguir, además, su ira contra Potter y compañía era bastante fuerte como para flaquear.
Si no se hubiera permitido dudar, a esas alturas Aarón Charlestón hubiera formado parte de ellos, y, ¿Quién sabe? Quizá su padre, Robert, no estuviera muerto.
Pero el hubiera no existe, y con ello, tampoco las casualidades.
Aunque tal vez, las causalidades sí.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Despacho del Director.
Los hermanos Charlestón entraron al despacho detrás de la profesora Mcgonagall, se sentaron en los dos butacones frente al escritorio de la directora.
Gabriela miró a su gemelo con el ceño fruncido. Aarón tenía una expresión dolida y triste pero no lograba entender lo que pasaba por su mente. Miró a la directora con molestia.
-¿Y bien?-soltó la chica con enojo-¿Qué está sucediendo?-espetó Gabriela con enojo.
-Le pediría señorita Charlestón que controlara su enojo-le regañó la profesora Mcgonagall con el rostro inescrutable.
Gabriela se puso colorada al escuchar el regaño y acomodó su espalda en el respaldo de la butaca con pena dispuesta a prestar atención a lo que tuviera que decirle.
Pero no fue la directora quién habló, en su lugar lo hizo su hermano que alzó la cabeza por un momento con expresión compungida.
-Mamá está en la Oficina de Aurores-habló Aarón con un hilo de voz y cerró los ojos con dolor pero no pudo continuar hablando.
Se levantó de su asiento y caminó con desesperación por todo el despacho mientras se tomaba el rostro con las manos y se estrujaba el cabello.
Gabriela miró a su hermano sorprendida, gracias a su conexión como gemelos, podía sentir su dolor como si fuera el propio, pero no entendía nada.
-Profesora, ¿Qué quiere decir con que mi madre está en la Oficina de Aurores?-preguntó Gabriela con nerviosismo.
La profesora Mcgonagall soltó un suspiro con pesar y miró a su alumna con pena, Gabriela sintió que un frio recorría su cuerpo sin dejarla respirar esperando lo peor.
-Gloria Charlestón fue arrestada-se explicó la profesora Mcgonagall-Fue acusada de cometer homicidio contra su marido Robert Charlestón.
Gabriela se levantó de golpe de la silla y colocó sus manos con un fuerte golpe sobre el escritorio de la directora con las lágrimas recorriendo sus mejillas de forma silenciosa.
-No es cierto-susurró. Se giró y miró a su hermano, se encaminó hacia él y lo tomó por la solapa de la túnica para mirarlo a los ojos.
-No es cierto-le dijo en voz baja-¡Dime que no es cierto, Aarón!-espetó ella con dolor.
Aarón la miró fijamente a los ojos pero no dijo nada. Sintió como su hermana aflojaba el agarre que ejercía en su túnica y sólo atinó a abrazarla con fuerza.
Había pasado esos minutos pensando qué harían a partir de ese momento, si su madre no salía pronto, tendrían que ver por ellos mismos. Ya tenía todas las opciones.
Por un momento, recordó lo que vivió antes de que estuviera en la situación en la que se encontrara, antes de que su vida se encontrara con los Potter, Scamander y los Weasley, si en su momento trató de creer en las palabras de Landon, lo habría seguido y estaría a su lado en la Logia, incluso lo habló con él muchas veces.
Se habría unido a la Logia y no tendrían que haber pasado por todo lo que les estaba sucediendo y su padre ni su madre los habrían abandonado.
Se culpó a sí mismo, de haber roto a su familia, de no ser un buen hermano para Gabriela, por escuchar a Richard Nott cuando le advirtió sobre Landon, por no aceptar formar parte de la Logia y gracias a eso ahora había perdido a sus padres y estaba a punto de perder a su hermana.
Apretó a Gabriela entre sus brazos tratando de calmar el dolor que le quemaba el pecho, mientras recordaba aquello que le hizo cambiar su opinión sobre el que pensó, era su mejor amigo.
Estaba a punto de comenzar la selección, los de primer año se encontraban en una sala aledaña al Gran Comedor. Durante el viaje en el tren se alejó de su hermana buscando a alguien con quién conversar o buscar a alguien conocido pues gracias al trabajo de su padre en el Ministerio, conocía a algunos hijos de los burócratas ministeriales.
Sólo encontró a Richard Nott, hijo de Theodore Nott, que trabajaba en el Departamento de Seguridad Mágica junto a su padre. Así que pasó la mayor parte del viaje junto a él, sin embargo, pensar que su hermana estaba sola en el compartimiento donde la dejó, le carcomió la conciencia y se encaminó junto a Richard al compartimiento.
Sin embargo al llegar al lugar se encontró con que su hermana no viajaba sola, dentro se encontraban cuatro chicos que al parecer estaban platicando muy alegres y Gabriela tan sólo sonreía con timidez.
Pudo reconocer al chico de cabellos negros y ojos marrones, era casi idéntico a Harry Potter, sólo que su aura estaba llena de un aire de egocentrismo que no le gustó para nada.
-¿Así que ese es Potter junior?-preguntó Richard a su lado con una sonrisa burlona.
-Eso parece-contestó Aarón con las manos en los bolsillos de la túnica.
Aarón se encaminó hacia el compartimiento y abrió la puerta de un solo golpe siendo observado por los chicos que estaban dentro.
-Hola-saludó uno de los dos chicos rubios que estaban sentados frente a Potter-¿Cómo te llamas?
Aarón se recargó en la puerta del compartimiento y lo mismo hizo Richard, pero al verlo, Gabriela se levantó de su lugar con un extraño brillo en los ojos y se lanzó a abrazarlo con efusividad ante la mirada despectiva de Aarón y la sorpresa en los otros chicos.
-¿Desde cuándo eres tan efusiva?-le preguntó Richard a su hermana manteniendo el abrazo.
-No soy un cubito de hielo como mi hermano, Richard-dijo Gabriela con un puchero, volvió la mirada hacia Aarón y se soltó de inmediato de Richard ante su mirada.
Le encantaba provocar miedo en su hermana, quería que le temiera, en casa, sus tíos y primos decían que él sería un excelente Slytherin pero no su hermana. A sus ojos, Gabriela era tan patética como un Hufflepuff, sonriente, de buen corazón como un Gryffindor.
Gabriela era despreciada por sus familiares por eso, y lo sería más si quedaba en esas casas y no en Slytherin como el resto de la familia.
Esa imagen de Gabriela, temerosa ante él, con el miedo brotando por sus ojos hizo que un chico castaño riera y aplaudiera lo que provocó risas en Aarón, pero confusión en Richard y en Potter y compañía.
-¿Por qué no vamos a hablar a otro lado?-sugirió el castaño a Aarón y Richard.
-¿Encontraste a alguien de tu calaña, Zabini?-dijo uno de los gemelos rubios.
-Déjalos que se vayan, Lorcan-habló Potter por primera vez-Los tipos como ellos que gozan de hacer daño a los demás no me agradan en lo absoluto.
Aarón miró con curiosidad como la mirada del chico se intercambiaba entre Gabriela y él y sonrió.
-Pensé que eras diferente-dijo Potter dirigiéndose a Gabriela-Yo al menos no consiento que mi hermana sea tratada como a ti, pero que tú lo permitas, eso me decepciona.
-Acostúmbrate, Potter-siseó Aarón como respuesta mientras sacaba a Gabriela con fuerza del compartimiento.
Después de ese altercado, no volvió a mirar al chico Potter y a sus dos amigos, sin embargo, Gabriela se mantenía ligeramente escondida al fondo de la sala donde estaban esperando, posó su mirada en ella por unos breves segundos y sonrió al notar que nadie le hablaba.
-¿Qué piensas hacer si tu hermana cae en otra casa que no sea Slytherin?-escuchó cómo le preguntaba Landon colocándose a su lado.
-Supongo que no tengo otra opción más que despreciarla, ya lo hemos hablado-contestó Aarón sin una pizca de sentimientos en la voz.
-A ese paso harás su vida un infierno dentro del colegio-replicó Richard a su lado con el ceño fruncido.
-Nadie pidió tu opinión, Richard-refunfuñó Aarón-Además como trate a mi hermana o no, no es asunto tuyo.
-¡Pierdete, Charlestón!-espetó Richard con los puños apretados-¡Ella no se lo merece!
-Basta, Nott-dijo Landon con una media sonrisa burlona.
Cuando fue la selección, Gabriela fue mandada a Gryffindor y Aarón a Slytherin y comenzó el maltrato hacia su hermana.
No le importaba si la molestaba frente a los miembros de su propia casa, incluso frente a los de ella, la trataba como si no mereciera el mismo aire que respiraba.
Apretó más fuerte a su hermana soltando algunas lágrimas de dolor e impotencia, en ese entonces nunca imaginó el daño que le había hecho y todo gracias por seguir las ideologías de su familia.
Fue regañado muchas veces por su padre ante el trato que tenia con Gabriela pero nunca le hizo caso y hasta ahora, al ver en su madre la posibilidad de que fuera condenada a prisión, al fin entendía lo que su padre siempre trató de hacerle ver, incluso le hizo prometer cuidar a su hermana si algo llegara a pasar.
Y le dolía.
-¿Aarón?-escuchó la suave voz de su hermana en su oído-¿Qué sucede?
Soltó a Gabriela poco a poco y miró a la profesora Mcgonagall con decisión en sus ojos verdes.
-¿Qué decisión ha tomado el Consejo Escolar, profesora Mcgonagall?-preguntó Aarón con seriedad.
De esa decisión dependía su educación mágica y su estadía en el colegio.
-Señor y señorita Charlestón, el Consejo Escolar decidió esperar hasta el juicio que decidirá el destino de Gloria Charlestón, hasta entonces se tomará una decisión.
-Profesora, ¿Qué sugiere que hagamos hasta entonces?-preguntó Aarón encarando a la directora quien lo miró con sorpresa ante la pregunta realizada por el muchacho.
-Lo importante es que sigan con su educación mágica, trataré de ayudarles pero me temo que si en el juicio contra su madre, ella resulta condenada, el Consejo Escolar no permitirá que sigan estudiando en el colegio-respondió Mcgonagall mirándolos por encima de sus gafas.
-Era lo que me temía-murmuró Aarón apretando los puños-¿No hay otra opción, cierto?-preguntó a la directora.
Mcgonagall negó con la cabeza. Aarón asintió con un ligero movimiento y salió del despacho de la directora sin mirar atrás, dejando a su hermana parada en medio de la estancia.
Gabriela miró a la directora con decisión y con la frente en alto, sabía que lo que tenía que hacer era arriesgado pero ya no había marcha atrás. Ahora no sólo debía defender a sus amigos, ahora también su familia dependía de ella.
-Profesora-dijo Gabriela con firmeza-Pido su permiso para realizar el contra ataque a la Logia, es lo único que nos queda.
-Es peligroso, señorita Charlestón, su hermano la necesita ahora más que nunca.
-Lo sé, profesora, pero es el único método, además cuando la noticia se sepa, mi apellido quedara manchado, así que, ¿Qué mejor excusa que esa?
-Gabriela-llamó Mcgonagall a la chica con preocupación-Ten mucho cuidado.
Ministerio de Magia, Oficina de Aurores.
No llevaba una hora dentro de esa celda dentro de la Oficina de Aurores cuando la llevaron rumbo a la sala de interrogatorios.
La esposaron mágicamente, le confiscaron su varita a su llegada y le quitaron las joyas que portaba en el momento de su arresto.
Pensó en que si sus padres aún vivieran sería una aberración que a un miembro de la familia le pasara aquello, no es que fueran una familia mágica de gran alcurnia, tenían sus costumbres y tradiciones pero nada más.
Pero nadie de la familia Dougal estaba en ese momento con ella, y ahora se encontraba luchando sola contra ese inexplicable arresto, incluso Potter la dejó sola.
El auror que la encaminaba hacia la sala de interrogatorios abrió una puerta oculta dejándola entrar sin miramiento alguno estrujándola con fuerza de su brazo izquierdo.
Cuando estuvo dentro, repasó la estancia con sus ojos verdes de forma escrutadora.
Tenía aspecto de cueva cubierta de piedra gris, con sólo una antorcha en la parte alta desde donde iluminaba de manera tenue la sala de interrogatorios.
Una mesa cuadrada con tres sillas desgastadas por la humedad de la cueva era lo único que se encontraba en la sala. Gloria enarcó una ceja escéptica. Así que ahí interrogaban a los magos oscuros, pensó con cierta ironía.
Un rechinido proveniente de la puerta de acceso, la hizo girarse de inmediato para observar a los dos hombres que al parecer serian los encargados de interrogarla.
Hizo una mueca de sorpresa que no se preocupó en disimular al reconocer a esos hombres.
Uno pelirrojo y de ojos azules y el otro de cabello negro y cara redonda. Ambos formaban parte de la Orden del Fénix.
-Buenas tardes, Madame Charlestón-saludó Neville con un gesto de cabeza en señal de respeto a lo que Gloria solo sonrió mientras esperaba a que comenzaran a hablar.
Neville señaló las tres sillas detrás de ellos y se dirigieron a sentarse en silencio. Los dos aurores frente a la ahora acusada.
-Nuestro protocolo dicta que debe ser el Jefe de Aurores quién la interrogue, pero dadas las circunstancias no podrá ser porque fue el mismo Jefe de Aurores quién se negó en arrestarla-le comunicó Neville con seriedad a una perpleja Gloria que no entendía nada.
La mujer relajó sus facciones y miró a los aurores con seriedad cruzando los brazos sin importarle si era una mujer de sangre pura, lo único que quería era irse de ese lugar lo antes posible.
-Vamos a empezar con el interrogatorio, ¿Queda claro?-habló Ron Weasley soltando una sonrisa comprensiva.
Gloria fijó su mirada en cada uno dándoles a entender que comenzaran y los dos hombres así lo hicieron.
-¿Qué estaba haciendo usted, el día en que falleció Robert Charlestón?
-Me encontraba en nuestra casa de New Castle junto mis dos hijos-contestó Gloria con simpleza encogiéndose de hombros.
-¿Tenía usted conocimiento de que el señor Charlestón tuviera algún enemigo?-preguntó esta vez Neville con rostro serio.
Gloria negó con la cabeza con nostalgia mientras contestaba-No, ninguno-luego se quedó callada unos momentos para después mirar a los aurores con confusión-Aunque-dijo con algo de duda y miedo en la voz-Esa noche fue atacado por Blaise Zabini… No estoy muy segura.
Dijo esto último con un susurro apenas audible para sus interlocutores que intercambiaron miradas ante lo poco o mucho que pudieron obtener de Gloria Dougal.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Medianoche.
Después de que los hermanos Charlestón se encaminaron hacia la oficina de la Directora, cada uno de los muchachos se había separado para buscar un rincón donde pensar con claridad cuál sería el próximo paso que darían.
Descifrar la expresión en los rostros de cada uno podía ser posible si sólo se posaba la mirada fijamente en cada uno de ellos.
Angustia, miedo y desazón. Esos sentimientos eran los que brotaban por los poros de los chicos. La balanza se estaba inclinando hacia sus enemigos y podían notarlo gracias al ambiente que se notaba en el castillo y entre ellos.
Dudaban unos de otros, no podían evitarlo. Era como si el antiguo dogma que regía el sistema de casas y el estatus de sangre también los marcara a ellos gracias a los largos años de tradiciones y costumbres que sus familias traían arraigadas desde hace generaciones.
La inteligencia no intervenía en ese momento, porque no hay explicación a una situación tan irascible.
Se sentía como una rueda de la fortuna que daba vueltas lentamente sin detenerse, en ocasiones cambiaba y era una montaña rusa con su ir y venir de emociones.
La confianza que pensaron, creció poco a poco entre ellos, se desmoronaba con el paso de los días, como si no hubiera existido.
Como una ilusión creada por la ingenuidad infantil y una falsa creencia de poder cambiar las cosas que conocían.
Ingenuos. Fueron inocentes e ingenuos sin duda.
Cada uno peleando por ideales distintos, juntos, pero no con el mismo destino que se les planteó desde el comienzo de esa aventura que en algún momento deberían emprender.
El miedo se apoderaba de ellos a cada instante y más aún con la noticia de un traidor que se encontraba a su lado, que podía ser cualquiera de ellos y todo apuntaba a aquellos cuyos orígenes eran oscuros.
¿Qué debían hacer? ¿A qué, a quién debían creer?
Rachel se preguntaba todo eso recostada en su cama en la sala común de Slytherin con la mirada perdida en el techo de su habitación.
Se pasó una mano por el rostro con expresión de fastidio mientras dos silenciosas lágrimas caian de su rostro.
Quería hacer muchas cosas, pero al mismo tiempo no podía hacer nada.
Hasta entonces su presencia sólo logró que los problemas con la Logia aumentaran por más que Roxanne se encargara de decirle que no era su culpa, ella no lo creía así.
El ataque a Jordana Thomas, a James. Todo eso gracias a la Logia.
Rachel se levantó de su cama como un resorte y se acercó a la ventana de su habitación desde donde podía observar las oscuras aguas del Lago Negro.
La luz de la luna se reflejaba en las oscuras aguas del Lago, sonrió con pesar, esa imagen se parecía bastante a una que tuvo en un sueño reciente.
El problema era que no estaban en el colegio ni tampoco eran estudiantes.
Ese año en especial, decidió matricularse en la asignatura de Adivinación con la Profesora Trelawney para encontrar algún sentido a esas visiones que no le dejaban tranquila.
Algunas visiones las tenía por las noches, otras, en sueños y siempre despertaba alterada por esos sueños que más bien eran pesadillas donde cada uno de ellos moría sin nadie poder evitarlo.
Sobre todo recordaba una voz dulce, amable y serena que buscaba tranquilizarla en medio de sus sueños.
Era la voz de una mujer, lo sabía por su porte y vestimenta de tiempos medievales, su cabello ondeando al viento, sus ropas perfectamente colocadas como si fuera parte de una familia de alcurnia.
No se parecía en nada a algunas de las mujeres que conocía en su corta vida, ni a sus antepasadas Zabini ni Parkinson. Tenía un aura especial.
Un aura que la rodeaba de color índigo y que Rachel podía observar con facilidad desde su primer año, así como podía ver las de las personas que la rodeaban.
¿Era ese su poder por portadora del Legado de Merlivian? Esperaba que sí, no encontraba otra explicación para ello.
Se alejó de la ventana soltando un suspiro y se acercó a su escritorio sacando pluma y pergamino y comenzó a escribir con rapidez mientras la mano no dejaba de temblarle.
Es medianoche y no entiendo lo que está pasando.
Estoy tan asustada, que temo lo que sucederá en un futuro.
He caminado mucho buscando miles de explicaciones
Pero no encuentro la respuesta.
Nadie entiende por lo que estoy pasando.
Durante las noches lloró y despierto asustada pensando que alguien ha muerto.
Pensé que podía acostumbrarme a esas visiones
Pero no puedo.
La última vez soñé que no podríamos cumplir con
Nuestra misión, que no saldremos vivos ni ellos ni yo.
Me pregunto si ese es nuestro destino. Morir.
