Ciel miraba aburridamente la ventana mientras intentaba concentrarse en clase, pero sinceramente ya no le importaba. Lo único que hacía el rubio era dibujar en clase. Dibujar, dibujar, dibujar. De cierta forma el no lograba llegar a pensar en algo más que dibujar, hasta que noto que tenía insomnio. Entonces simplemente Ciel prefirió dormir y no pensar en el dibujo hasta el otro día. Ignoraba levemente a casi todos.

Era incomodo para el cuando le cuestionaban o criticaban por su actitud, por lo cual solo dibujaba y se desahogaba con sus bellos trazos. Simplemente realizaba bellos e incomprendidos dibujos que para muchos no tenían sentido, excepto para el.

—Vivirás solo toda tu vida, ¿Ciel?

El rubio miro extrañado hacia su lado. Se encontraba Vincent Logishi con una arrogante sonrisa mientras lo observaba dominantemente directo a los ojos. El rubio no pudo evitar sentirse algo incomodo. No era como si Vincent le agradara o fuera alguien con quien bromeaba, así que le hablara de esa forma era algo extraño.

—Ve a tu roca, Vincent.le contesto el rubio con aburrimiento. Vincent ignoro ese comentario y se sentó como si nada junto al rubio. Ciel lo vio con extrañeza. Para cuando lo noto, Vincent husmeaba molestamente en su cuaderno de dibujos. Ciel intento detenerlo, pero no lo logro a tiempo.

—Oh—hablo el peliverde, mostrando una extraña sonrisa. Ciel lo miro con curiosidad.¿Me has dibujado, corazón?

—Tal vezcontesta el rubio, mientras bajaba su mirada, totalmente avergonzado. Ciel a veces sentía la curiosidad de dibujar personas, y Vincent le había parecido un buen objeto de arte. Un buen modelo.

¡Me has hecho muy lindo!exclamo Vincent, siendo muy dramático a la cuestión de Ciel.

—Es...solo...un dibujo de lo que veo...—susurro el pequeño rubio, hastiado. No le gustaba que la gente fuera así con el. El Odiaba definitivamente el dramatismo —No te ilusiones.

Vincent sonrió triunfante.

—No pensaba hacerlo.

Ambos se sonríen por un momento. Vincent, considerándose un ganador, y Ciel, pensando que Vincent no era tan desagradable.


Cierta peliazul caminaba junto a una pelirroja mientras conversaban cansadamente. Entonces, llegó otra persona. Kyoki Chimamire.

—¡Hola!—exclamo Kyoki, con una extraña sonrisa que incomodo a Sakura e Ymr. Kyoki era demasiado extraña. Demasiado.

—Hola...—contestaron ambas. Kyoki se coloco al medio y comenzaron a conversar, aunque aun les resultaba incomodo tener a la peliceleste ahí junto a ellas, puesto que por más que fueran buenas personas y quisieran ser amigables, Kyoki les resultaba una chica extraña. Pero MUY extraña.

—¿Que hacen, potenciales amigas?—dijo Kyoki, intentando ser lo más normal que pudo. Y no lo lograba. Sin embargo Sakura e Ymr solo fueron amigables, intentando descubrir alguna faceta de la loca que no fuera tan como su descripción.


—¿Nagato? ¿Nagato? ¡Nagato!

El rubio oía como Kitty lo llamaba inconsolablemente. Porque aunque el chico le tuviera cariño a la chica cada vez se le acercaba sentía un cansancio y aburrimiento con ella que lo hacía sentir con ganas de alejarse. Alejarse y no volver.

...Correr donde Ciel. El rubio suspiro, sintiéndose derrotado al tan solo pensar en aquella persona que le aceleraba peligrosamente el corazón.

La persona que lograba hacerlo sentir tan vivo y cómodo en un lugar tan incomodo como para Nagato lo resultaba el mundo.

—¿Si, Kitty?—hablo el rubio con un cierto tono de fastidio. La rubia lo noto, y por supuesto, no le agrado para nada.

—¿Donde estabas? ¡Te llevo buscando media hora!—le grito llamativamente la chica, también molesta. Nagato coloco los ojos en blanco.

—¿Has visto a Ciel?—pregunto el rubio, ignorando los griteríos de su histérica novia. Kitty abrió excesivamente los ojos, sorprendida de lo que su amor dijo. ¿Ciel?

—No. ¡No!—grito ella, furiosa. Todos miraban con atención la escena, y murmuraban conclusiones. Ni a Kitty ni a Nagato les importaba.—¡No lo he visto, ni nunca lo haré! ¿Y sabes por que? ¡Porque lo odio! ¡Odio que tu y el estén juntos!

La rubia luego de gritar eso se tapo la boca, totalmente arrepentida. Nagato sintió como todo el mundo le cayo encima.

...Ahora todos...lo saben.—pensó el, sintiéndose derrotado. Con la cabeza abajo solamente se alejo de la escena, conteniendo todo el odio que sintió por Kitty en ese momento.


Thoru esperaba pacientemente fuera de la clase de Kaede para intentar hablar con la pelinegra. No es que el fuera a pedir disculpas, por supuesto. El sabía perfectamente que tenía la razón, pero no quería pelear con Kaede.

El la quería mucho, aunque admitía no estar enamorado ni de ella, ni de Konan. Probablemente jamás la vuelva a ver, y aunque le duela el debía aceptar la realidad en vez de negadla desesperadamente.

Finalmente las puertas del salón de clases de Kaede se abrieron. Thoru observo los negros cabellos de Kaede bailar con el viento mientras la chica caminaba con calma y se detenía frente a el con una expresión dulce.

—Bajo presión.—susurro ella, mientras aferraba sus brazos al cuerpo del pelirrojo y colocaba su cabeza en el pecho del chico. Thoru acarició levemente sus cabellos.

—Me encantas—admitió el, con una sonrisa. Kaede sonrió de vuelta.

—Creo que eso ya lo sabía.—dice ella, con actitud.—Lo se, soy encantadora. Especialmente cuando estoy junto a ti.

—Por supuesto, primor—dijo el, besándola en la frente y siguiendo su camino junto a ella tomados de la mano.

Quizás las cosas iban mejorando para Thoru, aunque fuera lento, todo iba a mejor.

Y Thoru sabía perfectamente que junto a Kaede todo mejoraría. Todo volvería a estar bien.