Kitty Saiki definitivamente no era una chica a la cual pudieran llevar a pasar sin siquiera notarlo. Era notablemente hermosa, sin embargo su orgullo y quizás demasiado confiada actitud resultaba un tanto molesta para el resto. Inclusive Nagato. Pero aunque la rubia fuera considerada como "perfecta" o por lo menos eso pensara ella en su mente, ella sabía cuando admitir errores. Y con Nagato había cometido un error enorme.

—Nagato—dijo la rubia mientras lo seguía. Ambos tenían clase en el mismo salón, inclusive sentados juntos en los mismos bancos, pero ella sabía que Nagato se la iba a pasar fingiendo poner atención e ignorándola.—¿Podrías escucharme un segundo?

El la miro con odio y severidad. Kitty no pudo reconocer a la persona que tenía enfrente y se hacía llamar como el que ella amo. Porque en el fondo, Kitty seguía amando a Nagato, y aunque no le gustara admitirlo, siempre lo amaría.

—Lo arruinaste todo...—dijo este, bajando la cabeza.—Todo.

Kitty no pudo evitar sentirse culpable. Era fuerte, pero ver sufrir a la persona que amabas destruía toda la fortaleza que había logrado llevar y mantener todo este tiempo.

—Yo...lo siento...pero...—intento hablar ella, pero el la interrumpió.

—¿Sabes? No estoy enojado, pero...me gustaría estar solo.—dijo este, alejándose de la rubia con facciones de gato y dejándola con la boca abierta. Kitty odiaba cuando Nagato actuaba así de misterioso, sin embargo, en una situación como esta, ella no podía quejarse de la actitud de alguien a quien daño y de cierta forma destruyo.

—Definitivamente...lo arruine.—admitió esta, sintiéndose derrotada. La distancia gano esa guerra, alejándola de lo que más amaba.


—No evito pensar en ti cada segundo...—admitió el, besando dulcemente la mejilla del pelinegro.—Me obsesionas, Makoto.

—...Odio que me hagas sonrojar.—le dijo el pelinegro, obviamente, sonrojado. Sasori rió levemente y luego sonrió de una forma triunfadora.

—En el fondo, sabes lo hermoso que te ves así. Aunque normalmente sigues siendo hermoso. Porque lo eres, Makoto. Eres hermoso...—Sasori se acerco lentamente a los labios de Makoto, para luego probarlos dulcemente. Makoto correspondió al instante, tomando las manos de Sasori.

Ese día ambos habían decidido fugarse del colegio, y realmente, no les importaba lo que llegara a pasar. Ellos simplemente estaban viviendo la vida como si fuera el último día uno junto al otro, y así ambos eran felices. Aunque Sasori había calculado cada segundo del cual debían aprovechar, y prácticamente, toda la fuga y situación.

—Sasori...—Makoto se separo por falta de aire, agotado. El peliazul lo recostó sobre sus piernas y le acarició suavemente sus cabellos tono carbón.—Tengo algo que decirte.

—¿De que se trata?—pregunto el aun sin mirarlo a los ojos.

—...Es un secreto.—dijo Makoto, quitando su cabeza de las piernas de su amor.—Solo...observa.

Sasori solo asintió.

Entonces observo extrañado e incluso algo alterado como Makoto se sacaba un ojo. O al parecer, uno de contacto. Observo con horror como el ojo de Makoto estaba totalmente ensangrentado, solo con un tono casi rojo y la pupila, y el otro ojo mostraba un intenso y bello azul. Makoto tenía los ojos grises, o por lo menos así lo parecía según Sasori.

Entonces el peliazul noto la avergonzada mirada de Makoto en el, casi suplicante.

—Debo ser escalofriante...—dijo el pelinegro, bajando la cabeza y dejando caer unas lagrimas.—Odio no poder ser quien quiero ser. ¡Odio esto! Tengo que esconderme de mi realidad...y...y...¡No lo puedo soportar! No me reconozco, no se como...como puedes querer o estar con alguien como yo...tan miserable...

Sasori tomo a Makoto de la barbilla y lo obligo directamente a mirarlo a los ojos.

—Eres hermoso.—le susurro con delicadeza y dulzura.—Tanto por fuera como por dentro. Eres hermoso, Makoto.

El pelinegro se levanto y volvió a colocarse sus grises ojos.

—Si vas a mentir, mejor olvídalo.—sentenció el pelinegro, bastante serio. Sasori coloco los ojos en blanco.

—¡Te amo Makoto!—le grito, hartado.—¡Te amo y eso no es una mentira! ¿Lo sabes, no?

Sasori probó, esta vez a la fuerza, los labios de su amado pelinegro.

—Entiéndelo, te amo. Jamás te mentiría...—le aclaro y prometió Sasori, actuando como un enamorado. Pero, ¿como no? Si estaba enamorado. Estaba enamorado desde la cabeza hasta los pies de Makoto y no podía ocultarlo.

—...Esta bien.—acepto Makoto con una pequeña sonrisa que notó Sasori, y por supuesto, le encanto.

—¿Me dirías como terminaste así?—le pregunto el de ojos azules, curioso. Makoto asintió.

—Cuando tenía 5 años...yo y mi madre tuvimos un accidente automovilístico.—Makoto guardo silencio un momento. Sasori lo miro curioso; su novio mantenía una impresionante seriedad, la cual incluso resultaba ser escalofriante.—Mi madre me coloco adelante de ella para salvarse el pellejo.—Sasori abrió los ojos excesivamente, notablemente sorprendido. Makoto ignoro las expresiones e impresiones de su novio y siguió relatando.—Ella salió completamente ilesa, mientras que a mi un vidrió había atravesado mi ojo. Todo mi cuerpo atacado y mi ojo ensangrentado fueron una gran emergencia para el hospital; oh, lo fueron.—ahora miro a Sasori de reojo, y volvió a hablar al ver al peliazul concentrado en escuchar.—Antes mi apariencia era peor, mi ojo...ni siquiera podría decirlo: era una monstruosidad. Pase meses con un parche, y finalmente el doctor me mostró mi resultado.—Makoto volvió a sacarse el ojo de contacto, mostrando-le otra vez el horripilante y escalofriante ojo rojo a Sasori.—Me asuste de ver en quien me había convertido. Cambie todo mi ser, incluido mis ojos, porque me resultaba asqueroso y repulsivo verlos. Me volví...lo que soy ahora.

—...La mejor persona del mundo...—murmuro Sasori, con una triste sonrisa.—Makoto, te prometo que todo saldrá mejor...te lo prometo.

—Confiara en ti, pero...—Makoto mostró una rencorosa mirada, para luego extrañamente sonreír tiernamente—Te probare. Probare tu lealtad.

—Y yo superare esa prueba...—Sasori acarició el rostro de su hermoso amor y beso su cuello.—Porque te amo.

Y Makoto, por un momento, pudo olvidar su otro doloroso y rencoroso ser que odiaba a Sasori al sentir los labios del peliazul gratificar su alma. Su corazón. Y su partida, partida mente. La cual obviamente era la de un desquiciado enamorado. Pero claro, como siempre adorable.

Es que Makoto no podía evitar ser la representación de la luz y la oscuridad al mismo tiempo, porque así era. Así lo sería y no lo podía evitar.