Hatori observo como Kyoki aun sonreía. Esa desquiciada aun sonreía...¿es que realmente su locura no tenía limite?.¿No había algún instante en el cual ella se lograra detener?
—¿Que mierda...?—murmuro para sí mismo. Kyoki no tenía ni una herida, y le había disparado. Hatori realmente empezaba a pensar que Kyoki no era para nada un ser humano ordinario. Porque no lo era. Kyoki Chimamire era única. Única a su escalofriante y propia manera de ser.
—Anti-balas—dijo esta, mostrando una gruesa tela negra debajo de su delicada polera blanca. Hatori se aburrió. Definitivamente además de ser una loca, era una genio. Una maldita genio.
—Tsk—gruño el, haciendo una molesta mueca. Si el deseaba matar a esa loca peliceleste debía esforzarse más. Pero prefirió olvidar esa idea y oculto secreto y concentrarse en la real situación.—Kyoki, necesitamos ir.—le dijo, colocándose más serio. Kyoki dejo por un momento esa triunfante sonrisa que mantenía y se coloco seria también. Algo, que realmente se veía y resultaba difícil de creer. Además de extraño, por supuesto.
—Espera, buscare algo.—dijo esta, caminando hasta su habitación y dejando al castaño solo. Paso un momento hasta que la peliceleste volvió con una gigante ametralladora. Hatori la miro impresionado.
—¿Eso no es, quizás, algo llamativo?—le cuestiono, extrañado. Esta sonrió dulcemente, lo cual era extraño. En definitiva, todo era extraño.
—Un poco de ayuda no esta mal.—dice esta, colgando el arma como si nada en su hombro, como si fuera un bolso.—Así hará las cosas más rápido.
—...Como quieras—dijo este, aburrido. No le interesaba preguntar más allá de eso.—Vamos.
La peliceleste asintió y de un salto llego a la ubicación del castaño. Este suspiro. Iba a ser un largo camino. En especial, con una compañera como esa.
—No se que hacer—comento Kaede, sentándose en una almohada.—Con Thoru las cosas son demasiado complicadas, y todo por Konan.
—¿Tu y ella nunca se llevaron bien?—pregunto Kitty mientras tomaba un sorbo de su café. Ambas se encontraban conversando en la casa de la pelinegra luego de un día de agotadoras y aburridas clases.
—O sea, unas pocas veces mantuvimos algunas agradables conversaciones, y además de que gracias a mi ella tuvo fans.—dijo esta, algo resentida.
—Aun tiene.—dijo Kitty, logrando fastidiar a la pelinegra.—¿Que? Oh, vamos, admítelo. Konan Mizaki es furor.
—...Gracias a Thoru.—dijo, celosa.—Ella es todo eso gracias a Thoru.
—No, No es cierto. Konan es una leyenda viva, un factor de valentía en todos los que alguna vez hemos sido discriminados.—dijo Kitty algo triste, recordando cuando la molestaban por sus facciones de gatos.
—...Cállate.—le indico Kaede, celosa.—¿No ves que quiero echarle la culpa?
—Tal vez tu con Thoru no daban para más.—comento la rubia, sabia. Kaede arqueo una ceja, curiosa.
—¿Y si con Thoru no funciono, con quien si?—dijo, con un gran pesimismo.
—No se, busca a otro chico.—dijo Kitty, positiva.
—No me interesan el resto de los chicos, son unos asquerosos. Thoru era la única excepción, y ya no me interesa.—admitió esta, muy sincera.
—Si no te interesan los chicos, intenta con chicas.—le sugirió esta, tranquila. Kaede la miro fulminándola con la mirada.
—¿Como puedes decir cosas tan tontas?—le cuestiono, histérica.—¡C-Claro Que no!
—Kaede, experimentar no te hará daño.—le recomendó esta con tranquilidad y serenidad.—No es como si fueras Lesbiana. O por lo menos no lo sabes.
—No. No lo se, y no lo quiero saber.—le dijo, molesta y cortante. Kitty coloco los ojos en blanco.
—Nadie va a saberlo. Solo ve, diviértete y conoce a alguna linda chica, ve si te atraen las mujeres y si no, listo. Solo habrás experimentado.—le dijo Kitty en un tono muy amigable.
—No...No lo se.—dijo ella. Luego miro a Kitty. Finalmente se decidió.—...Lo intentare. Aunque realmente no me considero ni Gay ni Bisexual.
—¿Como ha estado Mizaki-sama?—cuestiono la peliceleste mientras Hatori conducía correctamente.
—Ocupada.—dijo este, siendo bastante cortante. Kyoki suspiro.—Ha tenido muchas cosas que hacer, por eso me mando a mi. Aunque probablemente también me quiere torturar por la pelea que tuvimos el otro día.
—¿Pelea?—cuestiona esta, curiosa. Parecía más calmada, pero probablemente solo actuaba así para luego enloquecer.
—Alegue otra vez.—dijo este, con un tono molesto. Kyoki coloco los ojos en blanco y sonrió de manera extraña. Como si temblara, con seguridad. Hatori la miro fastidiado.—Realmente te odio.
—Algún día comprenderás que lo que hice estuvo bien, cariño.—le dijo esta, bajando del auto y observando el oscuro lugar.—¡Hemos llegado!
—Cállate.—le ordeno el, serio.—Nos van a oír.
—Ups.—dijo esta con una maliciosa sonrisa. Hatori la ignoro y salió del auto, sacando la ametralladora de Kyoki.
—Corre lo más rápido y silencioso que puedas, por favor.—le rogó, o más bien sentencio de una manera hostil. Es que así resultaba ser Hatori, un chico bastante disciplinado y hostil. Y claro, lo era aun más si se trataba de alguien como Kyoki. O mejor dicho Kyoki.
Esta le arranco rápidamente la ametralladora de las manos a Hatori y comenzó o correr un mili segundo después.
—¡Como gustes, soldado!—le grito con un tono poco cuerdo y juguetón. Casi como si Kyoki estuviera tentando a Hatori a matarla. O bueno, ella siempre tentaba a Hatori. Al parecer a la peliceleste le parecía divertido tener un enemigo tan mortal como el, por lo cual lo aprovechaba al máximo.
Hatori observo como la peliceleste corría tan rápido como un puma.
—No esta mal.—dijo con una avara sonrisa.—Sin embargo, puedo superarlo.
Entonces el castaño comenzó a correr a una velocidad extrema, alcanzando rápidamente a su desquiciada compañera. Esta lo observo segura.
—¿Es que siempre vamos a competir?—le cuestiono ella, sonriente de una manera escalofriante.
—Debo ganar.—aseguro el secamente. Ella negó con la cabeza.
—Estamos en el mismo equipo.—le informo con locura. Bueno, aunque se tratará de un tono serio o cualquier otra expresión, viniendo de Kyoki Chimamire todo iba a ser locura.
—No me importa, siempre serás el enemigo.—le declaro este con bastante odio. Kyoki rió llamativamente, logrando asustar a cualquiera.
—¡¿El enemigo?!—le grito, histérica. Hatori se sintió incomodo de sus actitudes, como siempre.—Soy la valiente. No tengo miedo, No retrocedo. Mato sin cesar. Si tu temes a eso puedes ser el enemigo. Si no lo comprendes es obvio que me odies.
—¿Valiente? ¡No digas semejantes porquerías de mierda!—le grito, furioso.—Te odio.—sentenció con mucho rencor.—Solo eres la maldita persona que destruyo todo lo que amaba! ¡Derrumbaste todo lo que poseía! ¡Te odio!
Kyoki suspiro, sonriendo levemente. La sonrisa de la verdad. La sonrisa de la culpable del dolor de Hatori. La sonrisa de una desquiciada destructora de vidas y familias.
