—¿Como resulto todo?—pregunto una persona, mientras pintaba sus uñas de un color negro, el cual contrastaba notablemente con su pálida piel de porcelana.

—El termino muerto.—sentencio Hatori, sentándose junto a la persona.

—Excelente.—murmuro esta otra, dedicándole una pequeña sonrisa de satisfacción. Hatori frunció sus cejas y la miro con los ojos entrecerrados.

—¿Por que me enviaste con Kyoki?—cuestiono, molesto. Esta otra persona suspiro.

—Estamos todos ocupados, Hatori. Los sabes.—dijo esta, seria. Hatori asintió, y se levanto. Estaba a punto de salir del lugar cuando la otra persona volvió a hablar.—...Además, es divertido molestarte.

Hatori gruño y la otra solamente rió.


Yuuki e Ymr caminaban tranquilamente por las calles, camino a la escuela. Ambos iban callados y tomados de la mano, contemplando el hermoso y pacífico lugar que los rodeaba. Todo era tan hermoso, tan perfecto.

Hasta que Yuuki decidió romper la perfección.

—El me besó.—susurro de repente, deteniendo el paso y mirando a la pelirroja directamente a los ojos. Ymr también se detuvo. Y no solo sus pasos. Su respiración, su mirada, sus latidos, sus sentidos. Todo su ser.

—¿...Que dijiste?—pregunto en un hilo de voz. Yuuki tragó saliva, tenso. Notaba, que aunque ella aun no reaccionara, estaba frágil. Por lo cual ya estaba advertido por si reaccionaba de una manera agresiva o estallaba en llanto. Por lo cual estaba obligado a cuidar sus acciones, quisiera o no.

—El me besó. Me apego a el y luego me besó, Ymr.—hubo un momento de silencio. Yuuki, sintiendo como sus mejillas ardían y como sus manos comenzaban a sudar, e Ymr, analizando toda la situación.

—Fue forzado—dijo ella dulcemente, tomando la mano del rubio con delicadeza. Entonces lo notó. El estaba sudando. Prefirió soltarla al instante y acariciarle el brazo a la persona que más amaba.

—Sí, pero...—Yuuki estaba cabizbajo ahora, aun con las mejillas sonrojadas.—Yo...Yo pude haberlo detenido. Y no lo hice.

Ymr lo tomo tiernamente del rostro y lo acarició dulcemente. Yuuki levanto la cabeza y le sonrió a aquella hermosa chica que tenía de compañía y como la dueña de su corazón.

—No sabes cuanto te amo...—murmuro Yuuki, para luego Ymr callarlo con un beso. Estuvieron un cuanto tiempo con los labios juntos, hasta que ambos necesitaron aire.

—No necesito palabras. Te necesito aquí.—dijo esta, volviéndolo a besar. Yuuki sonrió y le correspondió al instante.

Al parecer, el amor junto a Ymr volvía las cosas más maravillosas y fáciles de lo que realmente eran. Por eso la amaba tan intensamente y no quería perderle. Quería ser feliz, y junto a ella. Quería estar a su lado el resto de la vida, costara o no.


Cierto par de pelirrojos se encontraban sentados en sus respectivos asientos de su salón de clases mientras conversaban. Eran los únicos en el lugar, y les daba igual.

—Oye Thoru...—dijo Lee, con una sonrisa traviesa. El otro pelirrojo lo miro curioso.

—¿Que?—cuestiono, arqueando una ceja.

—¿Viste tus nuevas fotos en Facebook?—cuestiono, aguantando las ganas de reír. Thoru negó con la cabeza, muy extrañado y confundido.

—¿Que sucede?—pregunto, intentando averiguar el "porque" de la actitud de su amigo.

—Alguien subo unas fotos tuyas en bikini—dijo Lee, entre risas, mostrandole las fotos por su celular. Thoru en ese momento deseo no haber existido. El, en una playa mientras corría con un bikini -quizás- solo quizás...muy ajustado. La parte del pecho era rojo sangre mientras que la parte inferior era de un tono arcoiris.

—Genial—dijo Thoru. Lee solo rió otra vez. De un momento para otro se coloco sobre Lee, aprisionándolo con sus puños. El más alto de los dos empujo a Thoru y se coloco sobre el.—Maldito.—murmuro Thoru, molesto. Por un momento ambos observaron los ojos del otro, impactados por la belleza que poseían. Tanto Lee como Thoru eran personas hermosas, pero la vista que ambos tenían del otro resultaba impactante. De un momento a otro ambos entrelazaron las manos y acercaron sus cuerpos, casi uniéndolos en uno. De repente, Lee toma con delicadeza el rostro de Thoru, lo acaricia con suavidad y une los labios de ambos en un dulce beso. Thoru corresponde al instante, cerrando los ojos y haciendo una guerra de labios contra Lee.

Ambos duraron un buen rato besándose de esa intensa manera hasta que se separaron por la necesidad de aire. Luego de respirar ambos quedaron mirándose un buen rato. Ya Lee no estaba sobre Thoru, pero seguían bastante cerca.

—No te enamores—le dijo Thoru mientras jadeaba levemente. Tenía los labios algo hinchados y recién recuperaba el ritmo normal de su respiración. Sin embargo, aun tenía esa juguetona y seductora sonrisa que atraía y enloquecía a todo el mundo.

—Tu tampoco—le dijo Lee, recostándose en el suelo. Hubo un momento de silencio. Entonces Thoru lo corrompió.

—¿No te sientes culpable?—di jo de repente.—Has sido infiel.

—Kaito se puede joder por un momento.—dijo este, volviendo a juntar los labios de Thoru con los suyos, y probar el delicioso sabor de la traición. Del pecado y del engaño. Y sin embargo a Lee ya no le importaba, puesto que la sensación de caer ante la tentación, ante este hermoso chico lleno de belleza, era todo lo que lo llenaba, todo lo que lograba llegar a la felicidad. Era tan perfecto, tan propio.

Y por Thoru, ya nada importaba.


El cadáver de Masao yacía tirado en el suelo, causando un repugnante y efímero olor por toda la habitación. Su sangre ya se encontraba totalmente adherida a la alfombra y el otro poco que aun salía, vaciando su cuerpo, estaba goteando por la parte construida de cerámica.

Con toda la pinta de ser un asesinato.

—Al parecer los secretos se irán a la tumba...—dijo una voz, el cual se encontraba tan cerca de Masao que podía ver con claridad esos grises ojos que ya no podían ver. Ese corazón arrancado de su cuerpo, el cual ya no podía latir. Ese alma que ya no podía sentir nunca más.—Porque, al parecer, solo dos pueden guardar un secreto.—Entonces el sonrió malvadamente.—Si uno de esos dos esta muerto.