Cierta pelirroja se encontraba sentada en las escaleras del patio trasero de la escuela, el cual se encontraba vacío. Ella solamente quería estar sola un momento. No quería ver a nadie. No quería ver al resto sonreír. No quería sentir la felicidad que toda persona con vitalidad siente. No quería oír al resto. No quería ayudarlos. Por un solo momento quería preocuparse por ella misma y solo por ella. ¿Porque, de que servía ayudar al resto?.Solo eran valores, solo buenas actitudes. Ella sabía perfectamente que esas personas, aunque fueran sus amigos, iban a fallar en algún momento.
Y eso le asustaba. Siempre fue una niña buena que tuvo a sus padres a su lado, apoyándola. Y pensar que en algún momento ya no iba a tener ese apoyo...le asustaba. Porque ella admitía perfectamente ser una cobarde. Una cobarde que tenía miedo de perderlo todo. Y en perder todo se encontraba Yuuki como un criterio. Porque ella debía aguantar todo esta angustia del beso por amar demasiado a ese rubio.
Porque ella quería gritarle, llorar, insultar, destrozar, pelear e incluso golpear. Quería dejar ir toda esa furia que crecía notablemente en su interior. Ella quería mostrar su histeria y dejarse ir. Y claro, no podía. Aun no lo lograba, porque debía contenerse. Ella debía ser esa niña educada y generosa que ayudaba y trataba bien a todo el mundo, sin siquiera importarle si le agradaba o no. Ella debía sonreír ante todo y ser la perfección que sus padres habían creado y debían sentirse orgullosos, aunque ella a veces ni siquiera se sintiera feliz. Porque era la verdad. Ymr no era una persona feliz.
Quizás podía sonreír, quizás podía reír, quizás podía amar. Pero eso jamás completaría el verdadero corazón que la chica tenía. Ese corazón deseoso de...algo que ella jamás encontraría.
La chica se levanto, y sintió como sus ojos se humedecieron. Los seco al instante e intento salir corriendo del lugar, pero choco con alguien.
—Oh, lo siento Ymr.—dijo la persona, levantándose al mismo tiempo que la pelirroja. Esta la observo extrañada, puesto que no la conocía. Lo único que divisaba de ella era que llevaba una capucha gris oscuro y lo único que se veía de su rostro eran sus ojos tono sangre y sus rosados labios. Se notaba que su piel era muy pálida como la porcelana, y la chica tenía un aire bastante misterioso e intimidante. Como si lograra perturbar a cualquiera. Como si pudiera perturbar la paz.
—Oh, claro...¿te conozco?—cuestiono, curiosa. La chica de ojos rojos sonrió de manera extraña, como si estuviera nerviosa o tiritara. Ymr se sintió algo -bastante- incomoda.
—Sí...—murmuro la otra, mientras Ymr arqueaba una ceja. La pelirroja de ojos morados arqueo una ceja, aun más confusa. Nunca había conocido a alguien de ojos rojos aparte de Yagane.—Etto...¡Bueno, nos vemos luego!
Y entonces esa extraña chica salió corriendo, dejando a Ymr sola y bastante confundida.
—Su voz...hablaba algo bajo, pero...se me hace familiar—pensó ella, para luego tomar su mochila y dirigirse a la sala de clases.
Al llegar se encontró a toda la clase reunida y con el profesor mirándolos a todos con seriedad. Ymr se extraño. Aun no era hora de comenzar las clases.
—¿Kokoru-sensei, por que comenzamos antes de horario?—pregunto esta, ingenua.
—Adichi-san...solo siéntese—le indicó el sensei, serio. Ella asintió y le hizo caso. Se sentó junto a Yuuki, le dedico una indirecta mirada y puso atención a lo que Kokoru-sensei iba a decir. Todos estaban callados y tensos.—Bueno...esto no es fácil de decir. Antes había pasado algo similar, solo que al fin mis alumnos estaban vivos.—el le dedico una mirada a Yuuki y su grupo de amigos para luego seguir relatando.—Masao-san...el...
—Oh, ya veo.—de repente Kyoki interrumpió. Todos la quedaron mirando extraño, puesto que la peliceleste se encontraba hablando por celular.—¡Oh, claro que no!¡Idioooota!¿Por que deberían de volar?¡No. No cambies de tema!
—¡Chimamire-san!—le reclamo Kokoru-sensei bastante enojado. La chica lo miro con su típica expresión de locura.
—¿Pasa algo, Kokoru-sensei?—cuestiono esta, como si realmente no estuviera al tanto de la tensa situación. Porque así siempre era Kyoki, fuera de lugar.
—Esta situación es muy tensa como para que usted ande faltando el respeto a Masao-san.—le reclamo este, conpontándose de manera bastante severa.
—¡Bah!—exclamo esta, sacándole la lengua. Todos quedaron entre risas y sorprendidos por las valientes y atrevidas acciones de la lunática del curso.—¡A el no le importa!¿Y sabes por que?
Kokoru-sensei comprendió perfectamente cual era el resultado de esta conversación, y no le agrado nada.
—Chimamire, lo dice y esta suspendida.—la amenazo con bastante enojo. Kyoki mordió su labio inferior y sonrió con malicia.
—Eso suena tan tentador...—dijo ella, para luego levantarse y pararse en su mesa.
—¡Chimamire, baje de ahí!—le grito Kokoru-sensei mientras hervía de la ira. Todos estaban tan impactados ante todo lo que sucedía que ni siquiera reaccionaban.
—¡Masao Shibune fue asesinado!—grito ella, logrando hacer retumbar su voz por toda el aula. Todos se sorprendieron aun más. Kokoru-sensei guardo silencio y soltó un gran suspiro. El realmente no se atrevía y no se sentía listo para decir esas palabras tan drásticas y dolorosas. Eso era demasiado para un sujeto débil como el, pero al parecer, resultaba muy fácil para una loca como Kyoki Chimamire.
—Chimamire-san, bájese de la mesa.—dijo este. Kyoki negó con la cabeza. Definitivamente la peliceleste ya había entrado en una fase de rebeldía, la cual, no iba a dejar ir con facilidad.—Por favor, es lo último que le pido...
—¿Pedir usted?Usted no puede pedir nada...¡¿Y sabe por que?!—grito esta, arrogante y segura. Por alguna razón se saco la chaqueta, dejando ver una polera blanca manchada en sangre, y luego, de su pantalón sacando un cuchillo.—¡PORQUE YO MATE A MASAO SHIBUNE!
