—¡Atrapenla!—grito Takao, herido. ¡Ella había asesinado a su mejor amigo!. Todos seguían estáticos, sin saber como reaccionar.—¡Malditos atrapenla!

—No.—hablo Lee con una sarcástica sonrisa. Se colocó adelante de Kyoki y miro con odio y malicia a Takao.—Nadie dañara a una chica tan desquiciada. Alguien como yo.—Lee entonces hizo algo que nadie jamás esperaría. Rompió una silla, sacando el fierro y amenazando a todos con el.—Nadie dañara a lo que yo quiero.

Entonces le dedico una sádica sonrisa a Kyoki, que según ella fue la sonrisa más bella del mundo.

Otro momento de silencio. Todos no sabían si gritar o correr, por lo cual se encontraban estúpidamente quietos, estáticos.

—Listo—dijo una voz conocida. Todos miraron al peliverde. En un instante a otro sintieron millones de pasos hacia acá.—La policía ya debería estar en camino. Kyoki Chimamire, estas acabada.

—...Con que eras tú.—dijo Kyoki, con rencor.—Tu eras el maldito obsesionado con el poder, el que utiliza a todos. Ese cínico de sonrisa bonita.

Vincent le guiñó el ojo, coqueto y cruel. Era una extraña combinación, pero en Vincent se veía demasiado asombrosa y genial. En especial en una situación como esta.

—Estas acabada.—reitero, seguro de si mismo. Porque Vincent tenía mucha seguridad en esa malvada mente, y no se iba a dejar perturbar.

—¡No!—exclamo Yuuki, también colocándose adelante de Kyoki. El no iba a dejar que dañaran a una persona que quería, porque aunque Kyoki fuera una desquiciada esper, Yuuki se había encariñado mucho con la peliceleste y no se iba a permitir perderle. No lo iba a permitir, no los iba a dejar. Porque el rubio iba a luchar por lo que quería, y siempre iba a ser así. Tomo la mano de Ymr y le indico que hiciera lo mismo. Ella dudo, pero luego imito a Yuuki. Les siguieron Sakura, Kitty, Makoto, Nagato y Sasori. Ciel se encontraba al lado de Vincent, observando con tristeza a sus amigos.

—¡Ciel!—grito Nagato, desesperándose al verlo junto a Vincent.—¿Vas a venir o no?

Ciel lo miro tímidamente dudoso.

—Yo...no lo se—admitió, luego vio como Vincent le sonreía de una manera tan hermosa, pero que aunque el no lo supiera, manipuladora.—No. Lo .

Entonces a la habitación entraron millones de policías.

Todos sabían lo que iba a suceder.

—Vincent...protégeme—le dijo Ciel, abrazando el brazo del peliverde. El recién nombrado se zafó del agarre bruscamente, sorprendiendo al pequeño.

—Lo siento, yo no cuido a nadie—se excusó el, con un tono hiriente.—Y menos a ti. Sobrevive solo. Si lo haces, llámame.

Ciel se sintió tan tonto en ese momento. El había entregado todo por esa relación, había abandonado todo lo que poseía y amaba, solo para luego haber caído en una horrible mentira. Y como pensaba, terminar destrozado. Terminar destrozado...otra vez.

Al instante Nagato jaló del brazo de Ciel, abrazándolo cariñosamente. El pequeño rubio solo apoyo su cabeza en el pecho del pervertido y se dejo consolar ahí.

Entonces, algo sucedió. La sala se lleno de humo.

—Eres una tonta, Kyoki Chimamire.—se oyó una voz que la nombrada conocía perfectamente bien.

—Oh, Hatori. Como si tu no.—contesto esta entre enfermas risas sin explicación alguna. El castaño colocó los ojos en blanco.

—Bien, sígueme. Tus amigos también.—indicó el castaño.—A la cuenta de tres comiencen a correr, solo siganme. Y claro, intenten igualar mi ritmo.—Kyoki rió agriamente ante el comentario de el, pero Hatori fingió no haberla escuchado.—1...2...¡3!

Entonces todos comenzaron a correr, logrando abandonar el salón rápidamente.

—¿Donde esta Kaede?—pregunto Thoru, preocupado. Porque aunque aun no haya vuelto a hablar con ella, no significaba que no le importara.

—¿Tu amiga pelinegra?—cuestiono Hatori. Thoru asintió, extrañado.—Ella esta junto al chico de ojos rojos. Ambos ya evacuaron. Están a salvo.

Thoru asintió y sintió como ya tenía un peso menor en el pecho.

Después de mucho tiempo corriendo y esquivando guardias, atacándolos y matándolos, Hatori, Kyoki y el resto logró salir. A decir verdad había resultado algo complicado puesto que realmente habían cientos y cientos de guardias, por lo cual Hatori solo logró esquivarlos mientras Kyoki los mataba, dejando a absolutamente todos sus amigos sorprendidos, pero más a Lee, que realmente creía que era el único que tenía esa habilidad de destrozar y descuartizar personas.

Al salir lo único que pudieron divisar fue humo y una neblina total. Yuuki y el resto no comprendía lo que pasaba y el nerviosismo entro en sus seres al ver un lugar tan angustiante como lo era el momento que vivían.

Hatori estuvo un buen rato intentando divisar lo que tenía que divisar, hasta que lo encontró.

Junto a Kyoki y el resto otra vez emprendieron camino. Finalmente todos se encontraron frente a una negra y grande camioneta.

—Suban.—les dijo Hatori, cortante. Todos dudaron un momento, excepto Kyoki.—Ahora o nunca.

La primera en subir fue Sakura, y luego subieron el resto, con Hatori último junto a su "amiga". Esta se fue al piloto y Kyoki al eco-piloto.

Hatori comenzó a conducir de una forma rápida y para nada segura.

—Kyoki, ¿que sucede?—pregunto Yuuki, demasiado confundido.

—Bien, esto es algo largo y complicado, así que por favor pon atención.—dijo la peliceleste para luego volver a hablar.—Esto es una revolución. Por años la gente a luchado por la libertad, y sin embargo hemos sido reprimidos y maltratados. No soportaremos esa mierda de vida nunca más. Hay un ejercito revolucionario que lleva años preparándose para lo que viene. Hatori y yo somos parte de ese ejercito.

—¿Pero, que hacemos nosotros aquí?¿En que nos relacionamos con esto?—pregunto Kaito, dudoso.

—Eres Homosexual, Kaito.—dijo esta, con actitud. Todos rieron levemente.—Tenemos ordenes exactas de que ustedes deben ser evacuados y llevados al gran campamento. Eso nos dijo Sama.

—¿"Sama"?—cuestiono Kitty, sin entender. Kyoki le guiñó un ojo.

—Ya verán.—contesto, para luego guardar silencio. El resto del viaje, que aproximadamente fueron unos 30 minutos, se realizo calladamente. Hasta que en un momento la camioneta se detuvo.—Hemos llegado. ¡Wohoh!

—Cállate y ve a abrirles la puerta.—gruñó Hatori en un molesto tono. Kyoki solo obedeció. Cuando los chicos bajaron pudieron observar el lugar atentamente. Todo era arenoso excepto un camino de rocas que los llevaba a una gran mansión de un tono entre gris y cobre que estaba protegida con muchas rejas y púas en las puntas de las rejas.

—...Es bastante lindo—dijo Nagato, rompiendo la impresión.

—Sí—le coincidió Sasori.—Yo viviría ahí.

—Yo también—dijo Makoto, con una pequeña sonrisa.—Se ve tan acogedor...

—Sí, no esta mal—agrego Kaito, estirando sus brazos.

—Le falta algo de color...—dijo Kitty, colocando una cara de asco.

—Si. Si. Muy bonito—dijo Hatori sin realmente tomarlos mucho en cuenta.—Ahora entren.

Todos caminaron y Hatori junto a Kyoki abrieron las rejas. Hasta que todos entraron las volvieron a cerrar y entraron a la mansión. Al entrar, Thoru pudo divisar a una persona que quería bastante.

—¡Thooooru!—chilló la chica ridículamente mientras corría hacia el guapo pelirrojo. Ambos se dieron un abrazo y un beso, así retomando su relación.

—Jamás volvamos a separarnos, ¿si?—le dijo el, acariciando el rostro de la chica. Esta asintió y le dio otro beso.

—Romántico.—dijo una voz bastante conocida. Entonces todos voltearon, encontrándose con una sonrisa bastante conocida.