¿Por que nadie puede sonreír?¿A caso les hice daño? Quizás me fui, quizás los deje. Pero era por amor. Era para librar al monstruo de esta eterna pesadilla. Todo por estar en un circo de monstruos, donde las anomalías eramos nosotros. ¿Es que no lo ven? ¿Es que no pueden sentirlo? Sigo aquí, amándolos, apoyándolos. Sigo a su lado, aunque ya no me vean. Aunque ya no me sientan...sigo a su lado.


—Oh, Mizaki.—dijo Hatori, sonriendo satisfactoriamente.—Veo que has llegado antes que nosotros.

—Estas en el correcto—dijo ella, dándole una pequeña reverencia.—Debo tener el derecho a presumir que todo resulto ser un éxito. Takao-san actualmente esta muerto.

—¿Logishi...?—cuestiono Kyoki, mientras hacia una mueca. Konan negó con la cabeza.

—Logró escapar antes de tiempo.—dijo, mostrándose bastante rencorosa.—Si tan solo mi navaja hubiera tocado más allá de su cuello...el estaría muerto.

—Da igual—dijo la peliceleste, colocándose al lado de Mizaki—Quería verlo morir de una manera dolorosa, y ahora tengo la posibilidad de lograrlo.

Konan asintió. Hubo un gran momento de silencio. Thoru la observaba fijamente, incapaz de creer que frente a el se encontraba la persona que tanto había amado. La persona por la cual secretamente había llorado y la cual había buscado desesperadamente, sin lograr nada. La persona que le mostró la verdadera realidad, no la fantasía que creyó toda su vida.

Pero...ella se veía tan distinta. Y era porque lo estaba. Si no fuera por su voz y esa personalidad todos dudarían. Sus cabellos ahora eran oscuros, los cuales caían por sus hombros, en estos momentos desordenados y esparcidos a cada lado de la cara -izquierdo y derecho-. Sus ojos tenían un peculiar tono rojo que la hacia verse más intimidante de lo normal, y eso era mucho decir. Su piel se veía más pálida de lo normal, lo cual hacia considerar a muchos más que esta chica jamás había salido de casa. Llevaba una bufanda gris rodeando todo su cuello, como si ocultara algo. Luego una chaqueta negra y unos pantalones grises bastantes sucios.

—Estas malditas cosas, Kyoki. ¿Donde los conseguiste?—dijo Konan, mientras sacaba sus "ojos". Al parecer solo eran lentes de contacto.

—Fue barato, en una tienda extraña.—explico la peliceleste mientras le pasaba un frasco para guardarlos. Konan los echo ahí y luego comenzó a pestañear, para luego que todos pudieran ver sus celestes ojos con tonos verdes. Thoru sintió la necesidad de hablar, sin embargo no pensó en nada que decir. Ella miro a sus amigos con una sonrisa—Hola, ¿cuanto tiempo, no?

—Sí, bastante.—hablo Kaito agriamente. Konan bufó.—Nos abandonaste, y ahora nos secuestraste.

—Esto no es secuestro, esto es salvación.—dijo ella, bajando la cabeza—Deberías sonreír y agradecer.

—A la mierda tu agradecimiento.—dijo el, cortante. Konan miro hacia otra parte, puesto que no quería que nadie viera sus ojos brillosos.

—Si tanto te molesta decir "gracias" no lo hagas.—dijo Konan, con los ojos ya normales. Lo suficiente como para mirar a Kaito directo a los ojos.—No es una obligación, solo es cortesía.

—Algo que, definitivamente, no me importa tener.—respondió este de forma hostil.—Bien Mizaki, ahora di la verdad. ¿Que sucede?

—Esto es una revolución.—sentenció esta con una leve sonrisa.—No veo otra explicación.

—¿Por que?—dijo Thoru, quitándose todo ese peso de encima. Konan le sonrió dulcemente.

—Por ustedes. Para que sean libres.—especifico mientras se colocaba al lado de Yuuki e Ymr.—Por que siempre los han discriminado tanto. Busco su libertad, su felicidad.

—¿Y era necesario una revolución?—pregunto Kitty con un tono impaciente. Konan le miro de reojo.

—Es la única manera de conseguir las cosas.—dijo esta, suspirando.—Violencia. Mucha Violencia.

—Y yo que pensaba que eras una pacifica.—dijo Sakura de forma burlona. Konan miro a Lee de reojo y luego a la peliazul. Se le hacia extraño volver a ver todos esos hermosos y armoniosos rostros de sus amigos y amigas.

—La violencia es la única forma de resolver las cosas en un mundo como este.—dijo Lee con mirada severa.

—Tan despreciable, tan...—decía Makoto, sin encontrar la palabra perfecta.

—Cruel.—le completo la oración Yuuki. Todos asintieron.

—¿Y que dicen...?—volvió a hablar ella, otra vez.—¿Son parte de esto...?

—¿Ya estamos lo suficientemente involucrados, no?—dijo hostilmente Kaede con una odiosa y mala onda mirada. Definitivamente a la pelinegra no le agrada la chica de la revolución. Y es porque Konan y Kaede ya tenían antecedentes de mala onda, como cuando Kaede le molestaba continuamente con preguntas de Thoru y Konan le respondía de manera cortante. En conclusión estas no llevaban una amistad, y al parecer, jamás la llevarían.—Ya no tenemos opción. Ni siquiera elegimos esto y ya estamos condenados.

Konan hizo un puchero adorable.

—¡De nada!—le contesto con un tono agudo y un notable sarcasmo. Kaede enfureció.

—¡Eres una maldita!—le grito esta, furiosa. Al parecer Konan no le tomo mucho en cuenta.—¡Maldita!

—Hatori, la jaula.—dijo Konan en un tono monótono. El castaño asintió y camino hacia un lugar extraño, para luego, como dijo Konan, traer una jaula. Literalmente. Era de altura 2 metros y de ancho 1,8 metros. Kaede abrió inmensamente los ojos, sorprendida.

Luego miro a Konan con cara de víctima.

—Por favor, por favor no lo hagas—le suplico ella, bastante nerviosa. Konan negó con la cabeza.

—Hatori, entradla.—indicó. El castaño se acerco a Kaede, pero esta comenzó a golpearlo.

—¡No, No, No!¡Aléjate!—exclamaba esta, histérica y miedosa. Yagane gruñó.

—Entra ahí de una vez, molestosa.—dijo este, no muy sonriente. Tomo a Kaede fuertemente de la cintura y con mucha fuerza empujo a la jaula. Esta cayó de rodillas. Hatori cerró la puerta al instante.

—Llevare a esta "rebelde" al pabellón.—dijo, para luego tomar de un lado la jaula e ir arrastrándola. Realmente no avanzaba mucho.

—Podría ayudarlo.—sugirió Nagato. Kyoki le indicó que fuera con una señal. El rubio corrió a la jaula y la tomo del otro lado, así ayudando bastante a Hatori.

—Bien, como decía antes de que esa malcriada interrumpiera...—intento proseguir Konan, pero fue interrumpida.

—Por favor, no la insultes—le dijo Thoru, serio. Konan colocó los ojos en blanco.

—Antes de que esa malcriada interrumpiera, les estaba preguntando algo.—dijo esta, ignorando el comentario de Thoru.—¿Son parte de esto?

—Claro.—acepto Yuuki con una encantadora sonrisa. Konan asintió. Este la abrazo sorpresivamente.—Nunca nos separaremos.

—¡Nunca!—grito el resto, para luego unirse al abrazo, que luego paso a ser un abrazo grupal.

Porque al parecer, las cosas no iban tan mal. Por lo menos con tenerse el uno al otro cerca, las cosas no iban a estar mal.

Porque la amistad podía volver todo un paraíso de felicidad.