¿Donde esta mi oso?
Todo era tan simple que se podía resumir en una palabra: Suicidio. Simplemente quise librarme del vacío que me iba a atormentar. De la distorsión que se transformo en mi realidad. Quizás porque las lagrimas que no son curadas no tienen valor. Las sonrisas que no son sinceras. Pero entonces, ¿por que Nagato apreciaba tanto las sonrisas de Hatori?. El era una persona falsa en sí, y lo sabía perfectamente.
Quizás me angustió esa injusticia y por eso intente hacer lo que hice. Aunque cuando lo pienso con claridad, tampoco comprendo el porque.
Quizás tuve miedo. Desesperación. Agonía. Alegría. Aburrimiento. Histeria. Y un vacío del cual ya no viene nada. Porque luego ya no viene nada.
Nada. Y eso me encanta profundamente. ¡Siempre ame los cuentos de hadas! E intento ser positivo ante todo, intento no ver la sangre correr ni oler la fragancia que emanan los cadáveres. Porque la muerte rodea mi espíritu y mi alegría la enfrenta.
Con una sonrisa puedo derrotarlos a todos.
En este momento deseo solo ser un niño, sujetar la mano de mi mamá y correr hacia mi papá y abrazarlo. Deseo subirme a los columpios y jugar toda la tarde mientras el aire acaricia mi rostro.
Quiero ser un niño. Quiero volver a soñar. No quiero crecer...pero esto ya no lo puedo detener. Aunque lo desee tanto...es irreversible. Es irreversible que el haya elegido a alguien más. Claro, para el puede ser fácil olvidar si jamás estuvo enamorado. El solo jugo a la perversión conmigo y cuando se aburrió simplemente me dejo y boto.
Y aunque vea todo el dolor, sigo siendo un tonto al caer a sus pies por esa sonrisa, esa falsa dulzura, ese falso amor. Porque en el fondo solo sigo creyendo las mentiras que dirá. Sigo esperando que esto sea una pesadilla.
—Me preocupaste.—dijo el, entrando a mi habitación. Bufe.
—No necesito preocuparte. No quiero preocuparte—le respondí, embozando una débil sonrisa.
—Sin embargo sigues haciendolo Ciel. ¡¿Como te arriesgas de esa forma?!—me grito, furioso y nervioso a la vez. Sin embargo puedo ver cierto toque de vulnerabilidad en su mirada, en sus labios tiritando tenuemente.
—Quizás estaba aburrido.—digo, mientras intento dormir. Pero en el fondo, se que no lo lograre con Nagato aquí. El me sujeta fuertemente del cuello, pegándome a el. Sonrió, sabía que tenía razón.
—¿Por que siempre me causas esto?—pregunto el, mientras sus ojos se humedecían. Puse cara de confundido con inocencia. Me gusta ser un eterno niño.
—¿Causar que?—pregunte con un aniñado tono de voz, con un aniñado rostro. Una aniñada alma, un pecador corazón. Unas sucias manos, una seductora sonrisa.
...Realmente deseo volver a ser un niño. Pero ya no puedo hacer nada. Sinceramente nada.
—Esos sentimientos que no quiero sentir.—dijo el, molesto.—Compasión. Ternura. Angustia.
—Quizá sea porque estas enamorado.—le dije con frialdad. El cerro fuertemente sus ojos un momento. Luego los abrió y quedo mirando los míos. Yo le concorde la mirada. Le conecte.
Mis latidos se volvieron más y más rápidos en el momento que sentí su mano acariciar mi rostro.
—Niño bonito, tienes tanta suerte.—dijo el en un tono suave mientras embozaba una burlona sonrisa. No pude evitar sentir su calidez. Eso me agradaba. Tener a Nagato de esta manera era tan mágico...tan perfecto.
Pero si yo pudiera ser un niño...sería el niño más feliz del mundo.
—De tenerte aquí, ahora.—dije, mientras aferraba su cuerpo más al mío. Estaba arriba mío, y podía sentirlo perfectamente entero. Nagato tenía un cuerpo escultural y perfecto. Nagato es el sex symbol que todo el mundo ama, incluyéndome.
—Eso es un privilegio que has ganado, bonito.—dijo el en un tono burlón. Adoraba sus bromas, su hermosa manera de ser el mismo. De un momento a otro nuestros rostros estaban más cerca. A Nagato le encantó romper el contacto. Nuestros besos eran tan intensos y se sentían tan bien, tan vivos. Como si nunca más deseara separarme de estos provocadores y hermosos labios.
Puedo dejar de ser un niño por un momento...
Nuestras lenguas están juntándose, oh. Se siente tan bien esta gloria, y no se como me controlo de gritar por el enorme placer que entra en mi cuerpo. No se como mi piel no se destruye con sus mortales y exquisitos toques. Sus roces, sus caricias...estoy sumiso en su mundo. Perdido en su aroma e hipnotizado con su hermosa sonrisa. Desesperado a obtener más esta noche.
El se desliza a mi cuello y empieza a besarlo. Se siente tan bien...
—N-Nagato—logro pronunciar su nombre con dificultad y con un gran sonrojo en mis mejillas. El sonríe malicioso. ¿Eso debería asustarme?.
—Tranquilo. Todo estará bien...—susurra, mientras su voz se desvanece en el aire. ¿Debería creerle?.
Desabotona mi camisa. Pronto todo mi abdomen quedo visible. A su poder y complacencia. Prefiero cerrar los ojos. Quizás así sea menos vergonzoso.
Pero en el fondo se que no. Es una dulce mentira que solo calma los fuertes y fugaces latidos de mi corazón, aunque sea, un poco.
Siento su lengua deslizarse por mi. Quiero gritar. ¡Se siente tan bien! Estoy en el cielo, mientras el placer me invade y retuerce todos mis sentidos. Este ángel sex symbol me ha corrompido, y yo he caído. ¿Soy un pecador?
—Na-ga-t-to—tartamudeo, mientras algo en mi crece. Se levanta. ¿A caso yo...? Abro los ojos. Mientras Nagato muerde y juguetea con mis cuerpo, compruebo lo otro. Sí, estoy "emocionado".
Porque en el fondo, aunque finja...ya no soy el mismo niño inocente.
Besa con dedicación y pasión cada parte de mi cuerpo hasta llegar a esa zona tan delicada y sensible. Baja mi pantalón.
—No.—dije de repente mientras mis mejillas se ponían coloradas. Lo logre detener.—No quiero que esto sea así.
—Claro que no.—dijo el.—Si Vincent ya te desvirgo.
—Lo se—digo, arrepentido. Vincent solo fue un error. Lo miro directo a los ojos.—Aunque no hayas sido el primero...puedes ser el último.—bajo la cabeza, avergonzado. El me mira impresionado.—NO. Yo quiero que seas el último.
—No te puedo prometer algo así.—murmura el vagamente. Asiento, algo desilusionado.
—Puedo esperar...porque tu serás mi último—digo, con una media sonrisa. El se levanta, sonríe dulcemente, besa mis labios y veo como con cada paso se aleja más de mi. En su propio camino. En su destino. El cual, en algún momento volverá a unirse con el mío. Y ambos nos marcharemos hacia nuestra felicidad.
Crecí... Ya no soy un niño nunca más.
