—Amo a los tigres.—dijo Kyoki de repente.
—¿Que?—cuestiono Kaede, extrañada. Se encontraba En la entrada del gigante lugar en el cual vivían junto a Kyoki Chimamire cuando eran las 4 de la mañana. ¿El por que? Tenían que vigilar.
—Son lindos. Su pelaje debe ser muy suave—comento la peliceleste, volviendo a extrañar a Kaede.—¿Y, cual es tu animal favorito?
—Los cuervos.—dijo esta de mala gana. Kyoki arqueo una ceja.—No, miento. Supongo que los delfines...son muy bonitos, me gustan las cosas bonitas.
—Se nota—dijo Kyoki, logrando que Kaede la miraba directo a los ojos. La peliceleste se encontraba sentada sobre un par de cajas mientras veía fijamente la luna y caía la luz sobre su rostro.—Thoru Shion es toda una belleza.
—Lo se.—dijo esta orgullosamente. Luego recordó que Kyoki se llevaba bien con Konan, por lo cual era una perfecta oportunidad para molestarla.—Una belleza que solo me ama a mi. A mi.
—Interesante—le dijo Kyoki sin siquiera tomarle atención. Kaede enfureció. ¿A caso esa loca no le colocaba atención?.
—y...¿que chicos te gustan?—pregunto la pelinegra, algo aburrida. Kyoki suspiro.
—No me interesan los chicos.—dijo, sin siquiera mirar a Kaede.
La pelinegra abrió los ojos exageradamente y tragó saliva. ¿A caso Kyoki era lesbiana?.
—...¿No?¿Ninguno?—cuestiono, empezándose a sentir repentinamente incomoda. Kaede seguía dudando, y oír que a otra chica tampoco le gustaban los chicos no ayudaba mucho. Aunque debía admitir, quizás, sentirse comprendida.
—Ningún chico.—sentenció la peliceleste, aburrida.—Estoy metida en esto, no tengo tiempo de pensar en "amor".
—Siempre hay tiempo para enamorarse.—le dijo Kaede mientras se recostaba en el frío suelo echo de cerámica.
—Créeme, aquí no.—le dijo la peliceleste, aburrida.
—Pensé que eras como Konan—admitió la pelinegra mientras inflaba las mejillas.
—¿Por?—dijo Kyoki, notablemente aburrida. No se comportaba como la misma desquiciada de siempre, al parecer por el sueño. Porque aunque no tuviera ojeras ni arrugas se le notaba en el rostro lo adormilada que estaba, y pues tenía todo el derecho ya que eran las 4 A.M.
—No lo se, son cercanas—dijo esta con un notable fastidio.—Ella me desagrada bastante.
—Es obvio que te desagrade, son totalmente distintas—dijo ella, mientras Kaede solo la escuchaba.—Tu eres una persona cuerda.
Kaede arqueo una ceja y sintió un escalofrío. No sabía si lo había causado el frío viento o el pensar que Konan era una desquiciada al igual que Kyoki. O incluso, peor.
—¿Y Konan...no lo es?—pregunto Kaede, sin saber que decir. Kyoki rió ante eso.
—¿Crees que una asesina es alguien cuerdo?—le dijo la peliceleste, confundiendo a la otra.—Cuando la gente cae ante la locura ya nunca más vuelven a ser los de antes.
Entonces Kaede observo detenidamente a Kyoki. Ese especial brillo en sus ojos, su delicada piel, su sonrisa, sus facciones. Kyoki era una real muestra de belleza.
Cierto chico de castaños cabellos y ojos rojizos se encontraba recostado en la esquina de una pared, fumando. Yagane Hioti tenía la expresión aburrida mientras debajo de sus ojos se podían apreciar notorias y marcadas ojeras.
—¿Por que tan cansado?—le cuestiono Lee, colocándose a su lado.
—No hay ningún lugar a donde ir.—dijo este otro, mientras cerraba los ojos un momento. Luego los abrió y observo a un pelirrojo expectante a sus acciones. Sonrío, le encantaba tener a Lee a su lado.—No hay nada más que esto.
—Sí, lo se—contesta Lee, fatigado.
—¿Que pasa?—le pregunta Yagane, notando el humor del pelirrojo. Estaba derrumbándose lentamente, se notaba.
—Kaito y yo hemos peleado.—suspiro ante eso y coloco una mano en su mejilla. Tenía unas uñas clavadas.—El no quiere que lo defienda. Dice ser fuerte.
—Lo odio.—dijo Yagane secamente, mientras Lee lo miraba impresionado.—Kaito nunca me ha agradado.
—¿Necesitas decírmelo en la cara?—le cuestiono Lee, disgustado. Yagane lo miro con los ojos entreabiertos.
—Necesito que sepas la posibilidad, solo por si Kaito termina muerto.—dijo, serio. Lee lo tomo del puño y apreso contra la pared.
—No lo harías.—dijo el, tenso. Aunque peliara, aunque matara, aunque todo sucediera, nada iba a cambiar en sus sentimientos. Kaito era todo para el e iba a luchar por el.—Te puedo quitar lo que más amas.
Yagane rió agriamente.
—¿Suicidándote?—cuestiono el, mientras sonreía maliciosamente.—Lee, eres todo para mí.
Lee lo soltó al instante. No podía dañar a Yagane aunque su mente sádica estuviera controlando. Yagane era una persona que no podía perder. Yagane con su lengua apagó el cigarrillo. Metió una parte del cigarrillo en su boca. Lee echo otra parte del cigarrillo a su boca por la otra punta. Yagane echo otra parte más a su boca, así acercándose peligrosamente a los labios del pelirrojo. Lo tomó del mentón y lo acerco a el, finalmente juntando sus labios.
Yagane escupió el cigarrillo cuando se separaron, así arrancando la otra parte de la boca de Lee. Volvió a besarlo, pero esta vez mordió el labio inferior de Lee, sacándole sangre. Comenzó a lamerla.
—Yagane...—murmuro Lee, adolorido. Se sentía débil, cayendo ante aquel chico de ojos tono sangre.
—Eres delicioso—le contesto el otro con una suave sonrisa. Lee rió un poco y sonrió relajadamente. Los besos de Yagane resultaban inusualmente deliciosos también.
Entonces entró alguien al pasillo en el cual se encontraban. Kaito. Yagane se coloco tenso al instante.
—Te veo luego.—le dijo a Lee, mientras caminaba a la salida del pasillo, en la cual se encontraba el egoísta pelinegro. Yagane camino normal, hasta llegar a la misma altura que Kaito. Se detuvo un momento y susurro en el oído del pelinegro.—Cuidado con lo que tienes, pronto lo podrías perder.
Kaito se estremeció ante eso. Miro molesto a Yagane.
—¿Es una amenaza?¿A caso debiste ser intimidante?—le cuestiono con seguridad el pelinegro.—Porque créeme, no lo lograras. No lograras nada.
—Aseguras y Aseguras.—sentencio Yagane, para luego sonreír desquiciadamente.—¿Y si terminas muerto?
