Era el 23 de Diciembre. Todos se encontraban reunidos en una habitación bastante grande y algo oscura, puesto que sólo se encontraba alumbrada con velas. Todos se encontraban bastante callados.

—Konan, ¿podemos pasar Navidad con nuestras familias...?—pregunto Kitty con un débil tono de voz, como si fuera a quebrarse. La de largos cabellos oscuros y ojos celestes lo pensó un momento.

—Es una posibilidad—dijo, con una falsa sonrisa. Sabía como se encontraban las cosas en Tokio, y realmente resultaba imposible que sus amigos lograrán ver a sus familias. Probablemente morirían en el intento, pero realmente ella no deseaba eso para sus amigos. No deseaba el daño, aunque estuviera usando la violencia en ese mismo instante.

—¿Algo sin sentido, no?—le murmuro Kyoki, con una típica sonrisa común en la peliceleste. La castaña oscura le miro co aburrimiento. ¿A caso ella estaba hablando de sentido? Era ridículo.

—¿La cuestionas sobre sentido?—le recrimino Hatori en un murmuro. Konan le sonrió servicialmente.

—Podrías ocultar tus preferencias, ¿sabes?—le dijo esta con un tono algo burlón. Hatori coloco los ojos en blanco.

—No son preferencias, sólo es cualquiera antes de ella—dijo, molesto. Konan suspiro.

—Estamos a un par de días para Navidad, por favor, no seas cruel—le dijo, para luego observar a sus amigos.

Su querida amiga gatuna estaba al borde de las lagrimas mirándola con tristeza.

—¿Realmente no podemos ver a nuestras familias, no?—pregunto, con un hilo de voz. Konan asintió y desvió la mirada. No podía soportar ver a alguien llorar, en especial cuando se trataba de una persona que tanto quería como Kitty.—Entiendo.

En ese momento comenzó a llorar.

—¿Sabes? Tranquila, nosotros estamos aquí—le dijo Yuuki en un intento de consolarla. No lo logro.

—¡Yo quería pasar navidad con mis papis!¡No con ustedes!¡ Yo quería ropa, no una revolución!—alegó la rubia mientras hacia un puchero. Todos soltaron una carcajada, y ella sonrió.—Pero una Navidad con ustedes tampoco es tan mala...

—Es una de las cosas más bellas que he escuchado aquí—dijo Sakura con una sonrisa, para luego mirar a cierto castaño de ojos ámbar.—Después de todo, Hatori-kun tiene un lenguaje un tanto obsceno.

—Jódete.—dijo este mientras hacia un leve puchero. Otra carcajada más.

—Esto no es malo—dijo Yuuki, sonriente.—Siempre quise pasar una Navidad con ustedes, pero estaba papá. Papá y yo siempre, era lindo pero necesito que ustedes estén en mi vida, ¿saben?, son muy necesarios en mi existir.

—Eso es muy lindo, Yuuki—le dijo Sakura, sonriente. Luego hizo una mueca.—Pero aun faltan dos días para Navidad. Creo que podríamos guardar estas lindas palabras para el nacimiento de Nuestro Amado Jesucristo.

—Por supuesto—dijo Makoto, alegre.


Era de noche. Konan y Hatori habían salido en busca de velas, puesto que se había cortado la luz otra vez. Llovía profundamente y era 24 de diciembre, faltando minutos para ser el 25 de diciembre, o sea Navidad.

—Estoy preocupada—dijo Ymr, la cual había estado algo distante de todos y hablaba más que nada con Sasori.

—Sí, están demorando mucho—dijo Nagato, mientras se acomodaba en el frío piso en el cual se encontraba sentado.—Y faltan tan solo 20 minutos para que sea Navidad.

Un momento de silencio.

—Podríamos ir a buscarlos—sugirió Sakura.

—No.—negó Makoto secamente, mirando con cansancio la puerta. Sakura suspiro y bajo la mirada. Makoto y ella tenían un cierto resentimiento, lo cual hacía que cada vez que uno hablara el otro aprovechara la oportunidad para contradecirlo y dejarlo mal ante el resto.—¿Y resfriarnos? Que asco de Navidad.

—Me preocupan—dijo la peliazul, ignorando el comentario del pelinegro.—Por lo menos yo iré a buscarlos.

—¿Y perderte Navidad?—le cuestiono Kitty, para luego mirar el lugar. No era exactamente el más lindo ni su preferido.—¿Sabes que? Te acompaño.

—Como gustes.—dijo la peliazul para acercarse a la puerta de salida.

—Necesito acompañarte para vigilar que todo este bien—dijo Kyoki, la cual parecía estar recién despertando. Bueno, era cierto, la peliceleste había estado durmiendo casi todo el día, aburrida de los reproches de Hatori prefería ignorarlo, y durmiendo era una buena forma de hacerlo.

—Esta bien—asintió esta otra.

—Te acompaño—dijo Yuuki, levantándose y caminando hacia la puerta. Sasori, Makoto, Ymr, Nagato, Yagane, Thoru, Lee, Kaede y Kaito decidieron seguirlo.

Finalmente estaban los 12 saliendo, cuando la lluvia golpeteo fuertemente sus rostros. No les importo, simplemente salieron con toda la lluvia atacándolos, todo por sus amigos.

No veían nada, y probablemente ya faltaban pocos minutos o segundos, pero seguía sin importar. Llevaban bastantes kilómetros de distancia recorriendo el gran área de la perdición.

Yuuki miro para el lado, agotado. Pestañeó millones de veces para entender si lo que veía era una alucinación o realidad. Sus cabellos, mojados con el viento, mientras sus amarillentos ojos combinaban con el verde tono de su empapado cabello. Su piel pálida se veía tan húmeda, como si hubiera sudado. Sus labios, como si curvaran una inocente sonrisa hacia el. Tan irreal como si su mayor enemigo estuviera frente a el.

El rubio no dudo en correr a donde lo vio, sin importarle el resto.

—¡Yuuki!—exclamo Ymr. Este la ignoro. Esta empezó a correr donde estaba el y todos la siguieron. El rubio observo asombrado por donde había visto a Vincent no había nada, solo una luz retirándose quizás en mili segundos del lugar. Volteó, furioso. Sin embargo, unos labios calmaron su furia. Una pelirroja lo besaba mientras toda la lluvia los atacaba brutalmente. Finalmente ambos separaron sus labios y se sonrieron.—Hola.

—Hola—dijo este otro, mientras la abrazaba protectoramente.—Te extrañe.

—Y yo a ti—dijo esta otra, quizás con demasiado frío para sonrojarse. Finalmente oyeron una voz.

—¿Que hacen aquí?—les cuestiono Konan, totalmente empapada junto a Hatori.

—Tres...Dos...Uno...¡Feliz Navidad!—exclamo Kyoki, empezando a saltar. Todos se abrazaron en ese instante, incluso Hatori, el cual estaba algo fastidiado.

Caminaron de vuelta al lugar, secándose y pasando el maravilloso día del 25 de diciembre todos juntos y unidos, como la familia que eran.