Ignorando los próximos días y el Año Nuevo, todos siguieron entrenando y preparándose, ignorando sus sentimientos en esta guerra. Incluso Kaede empezaba a comportarse, además de que cada vez empezaba a sentirse extraña por cierta desquiciada peliceleste. Por lo cual hacia cosas bastantes extrañas, y una de esas le llevo a una gran duda.

Revisaba ella las cosas de la peliceleste, puesto que eran compañeras de cuarto, y mientras lo hacia encontró fotos. Fotos bastantes extrañas. Eran 5 fotos.

En la primera foto la peliceleste sonreía normalmente y se encontraba parada frente a un poste, pero detrás del poste se formaba una sombra de otra persona, como si alguien más estuviera detrás.

En la segunda foto se le podía ver caminar con Konan al lado, pero a parte de esas dos sombras, se formaba de nuevo una tercera sombra.

En la tercera foto había una explicación de todo esto. Konan con su cabello rubio abriendo saltonamente sus ojos que ya eran grandes, mostrando su celeste. Luego Kyoki, imitando el acto con sus extraños ojos rosados, y otros ojos azules oscuros, de una pelinegra de piel blanca y labios rojo sangre, sin maquillar.

En la cuarta foto se veía a Konan, Kyoki y la chica de ojos azules, cabello negro y labios sangre caminar a lo lejos de dentro de una calle con las manos tomadas.

En la quinta foto solo era una tarjeta con letras y números. M-K-I-A-K-T-U-A-O-T-S-U-R-E-S-H-I-. 8002.20.01.

Kaede no las entendía, pero solamente sabía que se relacionaba con toda la revolución. ¿Quien era esa pelinegra?

Desde ese instante, había intentado oír más de cerca las conversaciones de Kyoki y Konan. Siempre cerca, siempre buscando una oculta verdad. Pensaba que era importante, pensaba que merecía saberla. Hasta que un día alguien la atrapo.


Kaede revisaba otra vez las fotografías, puesto que intentaba descifrar los mensajes. Aun no lo lograba, pero estaba intentándolo, lo cual ya era algo valioso. Lo que no había notado la pelinegra era que no estaba sola.

—¿Y, descifraste el mensaje?—le cuestiono cierta castaña oscura, sentada en la cama de Kaede. Esta la miro asustada.

—¡Mizaki!—exclamo, alterada. La otra solo se hecho para atrás.

—Es bastante cómoda, ¿no?—dijo esta, moviéndose infantilmente en la cama de Kaede. La pelinegra frunció el ceño.

—Dime la verdad—le exigió, impaciente. Konan negó.

—¿Por que debería hacerlo?—dijo. Kaede gruñó. Esta rió.—Esta bien. Antes de que supliques.

—Gracias—dijo Kaede, sentándose en su cama. Konan se sentó también y tomo las fotos. Sacó la quinta foto y la observo de manera nostálgica.

—M-i-k-u-o K-a-t-a-t-s-u-r-e-s-h-i.—dijo Konan, letra por letra con una suave voz. Kaede asintió.

—Ella es la chica de las fotos.—dijo. Konan asintió.

—Vaya vaya, que inteligencia—dijo de forma alabadora. Kaede ignoro el comentario.

—¿Quien es ella?—pregunto Kaede, mirando como la cortina se movía por la furia del viento. Luego empezaron a car unas pocas gotas. Entonces se abrió en una totalidad la ventana. Konan y Kaede plantaron un pequeño grito de susto.

—Lo siento—dijo Sakura, entrando a la habitación—Es que todas las puertas están cerradas, solo me quedaba entrar por la ventana.

—Da igual, entra—le dijo Konan, parándose y ayudándola a entrar. Sakura entró y antes de cualquier cosa sacudió su cabello azul, mojando a Kaede. La pelinegra solo bufó en voz baja. Sakura se sentó al lado de Kaede. Finalmente estaban ahí las 3.—Eres una esper.

Sakura asintió. Kaede la miro extrañada.

—¿En serio?—pregunto la pelinegra, curiosa—No lo sabía.

—Casi nadie lo sabe—dijo la peliazul con una sonrisa—Solo pocas personas.

—Personas que saben que roncas, caminas dormida, amas a Jeff The Killer, y por supuesto, que eres una esper—dijo Konan con tono burlón. Sakura sonrió alegremente.

—Sí—dijo.—¿Que necesitas?

—Tengo que mostrarte algo, no se que conclusiones se puedan sacar con esto, pero de todas formas tienes que hacerlo.—dijo la castaña oscura. Sakura asintió. Konan salió un momento de la habitación mientras que Kaede preguntaba todas las cosas que quería saber sobre las esper y muchas cosas más. Sakura respondía con sinceridad, esperando que llegara Mizaki.

Finalmente esta llego.

Le paso una libreta gris bastante destruida. Sakura la tomo con cuidado.

—Apaga la luz—le dijo. Konan asintió y lo hizo. Sakura con delicadeza empezó a tocar las hojas mientras miraba hacia un punto muerto, así sus ojos perdiendo una gran cantidad de brillo.—"Están desgarrando mi alma. Los demonios de la noche están destruyendo todo signo de vitalidad a su alcance. Ellos solo quieren ver dolor, ellos no me quieren"—leía, mientras la lluvia golpeaba con brutalidad las paredes, haciendo temblar levemente el lugar. Konan lo ignoro. Kaede tembló ante las crudas narraciones de Sakura. Era como si leyera los verdaderos pensamientos de una persona realmente...aterradora.—"Septiembre 2. Mamá, papá esta muerto. ¿Tu lo has matado?".—hubo una pequeña pausa, puesto que Sakura dio vuelta la hoja.—"Septiembre 5. Mamá, ¿por que sonríes de esa manera? Me estas asustando. Mamá, yo te quiero."—Sakura respiro un momento, casi como si saliera de trance.—"Diciembre 17. ¿Por que me odias tanto, mamá? Yo no quiero dañarlos, yo no atacarlos. Mamá, yo no quiero ese cuchillo. Pero tu has roto todas mis muñecas de trapo y ya no hay juguetes, ¿crees que ese cuchillo me entretenga?"—Otro momento de silencio.—"¿Crees que alguna vez la luz alumbre mi habitación? Llevo días aquí, y el cuchillo es un amigo traicionero. Me ha lastimado"."Enero 15. Siento como todas tus heridas queman mi cuerpo, lo derrumban. ¿Desde cuando las lagrimas se volvieron rojas? ¿Por que no puedo soñar como una niña normal?¿Por que no me quieres, mamá?¿Mamá, por que has destruido todas mis esperanzas, todos mis sueños?"—Kaede tembló más fuerte, por lo cual Konan le empujó, haciéndole caer.—"Febrero 20. Ya lo entiendo todo. Se tu plan, mamá. Ya no te quiero más. Pero esas voces no dejan de atormentarme, obligándome a hacer cosas que no quiero hacer. ¡ALEJA ESAS VOCES DE MI!

En ese instante Sakura grita y lanza la libreta. Luego De la mesa toma un plumón rojo de Kaede y empieza a rayar las paredes, como si escribiera mensajes.

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Dejando a unas confusas Konan y Kaede, las cuales, sin saberlo, se acercaban a una peligrosa y espeluznante verdad.