Cuando dejas de mirar atrás, ya no caerás nunca más.


—Si atraviesas esa linea entre el amor y la locura, juro que tendré que involucrarme—dijo cierta peliazul, apuntando con una larga aguja y teniendo un severo rostro contra cierto pelinegro.


—Deja de jugar con sus sentimientos, el no es tu juguete—le reclamo ella, harta de la situación. El rió agriamente.

—Te reto a Obligarme.—dijo el pelinegro, con actitud. Ymr frunció el ceño. Kaito sonrió triunfante.—He ganado, otra vez. Siempre.

—Cállate—le dijo la pelirroja, molesta. Tenia los ojos entreabiertos y observaba con odio al pelinegro.

—Yo no pienso renunciar a lo que quiero.—dijo Kaito, seguro en sus palabras.

—¿Lo que amas?—cuestiono ella. Kaito bajo la mirada.

—Eso es asunto mío.—dijo el, confuso. Ymr sonrió triunfante.

—Tu nunca lo querrás tanto como yo—le dijo, sintiéndose como una Diosa.

—¿Que cuenta más?—le dijo este, arrogante—¿Quien lo quiere más o quien lo quiere?.

Ymr bufó.

—El me ama—reclamo esta, segura. Kaito rió. Ymr se irrito.—¿Que es tan gracioso?

—El te compra flores, y a mi condones.—dicho eso, Kaito salió corriendo de una furiosa Ymr que lo perseguiría hasta el último día de sus vidas.


Cierto castaño de rojizos ojos se encontraba fumando tirado en su cama con los ojos entreabiertos. Sin siquiera pensar. Sin siquiera mirar.

Este era el paraíso perdido de un asesino, esa total paz que le atacaba salvajemente...y al mismo tiempo le aborrecía. Le aborrecía la monotonía de esa ideal paz para muchos. Para el no. O por lo menos dejo de serlo en un buen tiempo. Quizás el día en el que maduro. Sacó el cigarrillo de su boca, lo giro y con su lengua tocó el lado prendido. Quiso gritar en ese instante. Realmente quemaba, pero por lo menos había logrado apagarlo.

Una sensación nació en el. Esa sensación de vitalidad que parecía haber sido apagada hace mucho.

Corrió al baño, escupió saliva manchada con carbón del cigarrillo y de un momento a otro empapó su rostro con agua, sintiendo como la frialdad rozaba contra su piel. Suspiro, estaba vivo.

—¿Yagane?—y entonces oyó esa voz que tanto amaba. Lee.

El castaño lo miro, y sin importarle que tan mojado o empapado a cigarrillo estuviese, corrió directamente a besarlo.

Lee le correspondió al instante, puesto que los labios de ese castaño eran únicos y totalmente salvajes. Finalmente se separaron.

—Hola mi amor—le dijo el de ojos rojos al yandere, sorprendiéndolo. ¿...mi amor?

—Hola—dijo este, algo extrañado. Yagane solo sonríe burlón, lo cual le encanta a Lee. El pelirrojo lentamente toma al castaño de la cintura, para luego abrazarlo. Yagane respondió al acto con ternura. De un momento a otro Yagane con su pie empuja a Lee contra la pared.

—Vuelvo en un instante—le dijo este, mientras cerraba la puerta con llave, dejando a Lee encerrado. El pelirrojo solo bufó y rodó los ojos.


Cierto chico de grises ojos se encontraba entrenando junto a cierta chica de largos y esponjosos cabellos rubios y facciones de gatos con la espada en un combate.

—¿Y, como vas con Sasori?—le pregunto Kitty, iniciando una conversación. Makoto hizo una mueca.

—Supongo que bien, aunque no nos vemos mucho. Tenemos distintos horarios—respondió el con na amable sonrisa. Kitty se sorprendió ligeramente.

—¿Eligieron ramos por separado?—cuestiono ella, extrañada. Makoto asintió.

—¿Por?—interrogó el, empezando a sentirse inseguro. Como si su ser demoníaco volviera a reiniciar. Como si lo prohibido se alzara ante sus ojos, ante sus almas.

—No, nada, solo pensé que quisieran pasar más tiempo juntos.—explico ella, mientras aun ambos batallaban.—Todas las parejas como Ymr y Yuuki, Kaede y Thoru, Lee y Kaito, bueno, todas las parejas se inscribieron casi en las mismas clases.

Makoto hizo una mueca.

—Sasori es un tipo individual—explico el, algo dudoso—Nunca le cuestione ello, pero...quizás cuando esta cerca mío actúa más serio que de costumbre.

—Sasori es un tipo muy analítico y severo—dijo Kitty, coincidiendole a Makoto—Quizás deberías hablar con el.

—Sí, quizás—acepto este.—¿Has hablado con Nagato?

—Piensa que soy "la puta" que le arruino la reputación—dijo esta, colocando los ojos en blanco. Luego sonrió maliciosamente.—¿Sabes que? Lo amo con mi vida, y me importa un cojín lo que piense.

Makoto la observo con la boca abierta.

—Eres extraña—le comento. Kitty asintió.

—Tal vez—acepto.—Digo, después de todo soy una participante de la revolución Homosexual, y no soy homosexual. Ni Sakura, ni Ymr, ni Kaede, ni Kyoki, ni Konan. No se que hago aquí.

—¿Apoyar a tus amados amigos BISEXUALES?—le recalco este, mientras hacia movimientos más rápidos con la espada. Kitty imito su ritmo.

—Lo se, lo se...pero...—la rubia de un momento a otro hizo un movimiento lo suficientemente fuerte como para lanzar el arma de Makoto al suelo. Sorpresivamente le da una patada y el pelinegro termina adolorido en el suelo.—ahora que estoy aquí, no queda nada más que seguir mi pasión. SER LA MEJOR.

Makoto solo suspiro y sonrió derrotado.

Era cierto, Kitty era y siempre sería una ganadora.


Yagane caminaba por los últimos pasillos del gran edificio, esos que siempre estaban vacíos y te llevaban a la salida trasera del lugar, hasta que vio una silueta caminando más alejado hacia la salida. Entonces lo reconoció al instante.

—¿Intentas huir, cobarde?—le cuestiono con autoridad y bastante confianza. La otra persona lo miro con seriedad.

—No tengo nada más que hacer aquí.—dijo esa persona, con un notable pésame.—Lo he perdido todo.

Yagane se extrañó.

—¿A que te refieres?—pregunto, extrañado por las declaraciones. La otra persona le lanzo un bolso gris, con al parecer dentro casets y un diario.

—Pensaba quemarlo para que nunca lo vieran, pero veo que ya es tarde—explico la otra persona con la cabeza baja.—Llegó hoy.

—Entiendo—dijo Yagane realmente mintiendo. No entendía nada. La otra persona antes de salir, lo miro directamente a los ojos.

—Créeme, esto no es una opción—dijo, para luego abrir la puerta y salir. Largándose como si nada. Huyendo de la dura realidad. Otra vez.