No había nada de malo en sentir miedo. Podía correr hacia una persona que quisiera y consolarme en ella. Pero ahora estoy solo. Ahora las lagrimas son tan solo un contradictorio de la real misión, de la real realidad. En esto soy solo un niño cobarde. No quiero serlo. No pienso serlo. No queda un camino al cual ir, debo formar uno. Debo formarlo y tomarlo sin mirar atrás, porque cuando las cosas estén mejor...dejare de ser un cobarde. Realmente prometo dejar de ser un cobarde...


Una rosa sobre su cama. Rosado claro, como el color de sus labios. Suave, como su piel. Hermoso, como el. En toda esa rosa podía verlo, tan lejos y tan egoísta. Un egoísta tan cobarde. Yuuki, aunque no quiere, presiona la rosa contra su corazón, intentando sentir la esencia de Kaito. Una lagrima cayó. Una lagrima que ni siquiera el entendía que significa.

Lo siento.

Como si sus suaves palabras chocasen contra su rostro, permitiendole oler su esencia. Permitiendole volver a ver esos ojos entre azul y verde, ese tono único que solamente Kaito lograba tener. Que solo el tendría y probablemente el tono que jamás volvería a ver.

Te amo.

Yuuki sonrió para si. Secó todos sus sentimientos y en un cajón guardo lo único que le quedaba de ese pelinegro. Ese pelinegro que se prometió no olvidar. Lo más seguro y tranquilizador era que el recuerdo lo mantenía vivo, a su lado. Amándolo.


—Lee, cálmate—le decía Yagane, sujetando fuertemente la mano del pelirrojo, el cual lloraba tragicamente.

—Este dolor es hondo, tan hondo—sollozo el pelirrojo, mientras sentía sus ojos quemar. Yagane lo abrazó, intentando controlar todo el dolor que Lee sentía en ese momento. No podía. En ese mismo instante entra Thoru y le da una cachetada a Lee. Lee lo miro entre enojado y extrañado.

—Hola—dice Thoru, mientras se sienta en las piernas del asesino. Yagane solo observa extrañado la escena. Le da un dulce beso en los labios a Lee y lame una de sus lagrimas.—Yagane, ¿nos dejarías solos un momento?

El castaño asintió, y bastante extrañado abandono el lugar, dejando a ese par de pelirrojos juntos.


Hatori se encontraba en otra habitación aparte revisando todos los casets que había dejado Kaito. No pensaba mostrárselos a nadie hasta reconocer claramente todo. Eran vídeos subliminales. Asesinatos, notablemente a las familias de todos ellos. Los reconocía por los grandes parecidos. El más cruel era el de una señora rubia y de infantiles facciones, estaba embarazada. Luego mostraban el hijo muerto luego de un parto. Finalmente mostraban a la señora rubia colgada y ahorcada. Hatori saco varias fotografías de todos los finales de los vídeos y comenzó a analizarlos.

—¿Que haces?—se oyó una voz que asusto ligeramente al castaño. Miro y era Nagato. Hatori colocó cara seria y gruñó un poco.

—Trabajo.—contesto, cortante. Nagato suspiro. Hatori se había enterado de ese pequeño encuentro con Ciel, y aunque había oído como notablemente Nagato había rechazado al "inocente" rubio por el. No le importo. Hatori le recordó cruelmente que el no se enamoraba. Sin embargo, Nagato seguía insistiendo.

El castaño bajo su cabeza para concentrarse, cuando de repente siente besos en su cuello. Evita sonrojarse, sin embargo no hace nada para detenerlo. La sensación es tan buena.

—¿Te gusta?—cuestiono Nagato en un tono seductor. Hatori mordió su labio inferior. Luego miro a Nagato con indiferencia.

—¿Con Ciel no te alcanzo, verdad?—le pregunto en un tono hiriente. Nagato bajo la cabeza.

—No se si lo sabes, pero lo deje.—le contó el rubio, abrazándose a la cintura del otro. Hatori suspiro. Nagato era simplemente impresionante. El rubio podía tomarlo de la manera que quisiera, pero era impresionante. Fuera eso algo bueno o malo, simplemente lo era.

—Hazlo.—dijo, como si nada. Nagato abrió los ojos rematadamente. El era impresionante, y Hatori un atrevido.

—...—buscaba palabras, hasta ver algo que no le agrado. Algo fuera de lugar, y que definitivamente no iba bien.—...¿Esa es mi mamá?.

Tomó una foto, y lo comprobó. Sí, esa era su madre.

—¿Que mierda...?—buscaba el una respuesta ante todo esto, y Hatori silenciaba. Torturándolo, por supuesto. Lo único que Nagato deseaba en ese instante, además de tener sexo con su pareja, era saber la verdad. La pinche verdad.

—Es una larga historia, bonito.—dijo Hatori, para luego volver a los labios de Nagato.


—¡Sasori!—grito Makoto al ver al peliazul pasar por los pasillos. Sonrió y se acerco a el, el cual al verlo le tembló el labio inferior. El pelinegro lo noto y entristeció el rostro.—¿Que pasa?

Sasori dejo de temblar. Lo miro con seriedad y frialdad por un momento.

—Voy tarde a clases.—dijo, intentando seguir caminar, pero Makoto se lo impedía.—Permiso.

Makoto no se movió ni un poco.

—¿Podemos conversar?—cuestiono este otro, aun con amabilidad. Sasori negó con la cabeza sin siquiera mirarlo.

—Tengo que ir a clases. Te lo dije—respondió este otro en un tono reprochador. Makoto se harto de ser amable.

—¿Quieres dejar tu frívola y falsa actitud por un momento?—le cuestiono el pelinegro, molesto. Sasori se sorprendió, pero no respondió nada.—Tu no eres así, Sasori. Ahora dime que sucede.

—Vete a la mierda.—dijo este, intentando empujarlo, pero Makoto seguía ahí, firme por una explicación. El pelinegro, molesto, lo tomó del cuello y apegó contra la pared.

—¿Que te sucede?—le grito Makoto, golpeándolo. Sasori jadeo de dolor. Makoto había golpeado su cráneo contra la dura pared.

—Tu...intentas matarme, otra vez—le dijo Sasori, respirando agitadamente. Makoto recordó.—¡Me apuntaste con un cuchillo!¡Me quisiste dañar!

—¡Te protegía de mi mismo!.—dijo Makoto, sorprendiendo otra vez a Sasori.—Solo me podía atacar a mi mismo para detenerme. Pero tu has desconfiado...y eso es traición.

—Yo...lo siento...—murmuro Sasori, sonrojándose. Ahora Makoto era el frío.

—Soportar algo como tu traición es de los cobardes que temen perderle todo. Sin embargo, yo no soy un cobarde. Lárgate.—el pelinegro soltó a Sasori, y luego siguió caminando. Dejando a un peliazul muy desolado y confuso aun.