Desde ese instante en que Sasori fue terminado por Makoto, el peliazul decidió no pensar en ninguna porquería relacionada con el amor. Después de todo, los números y la realidad era lo único que tenía valor en un momento como ese.
—Puedo ser libre—dijo el junto a Sakura. La peliazul sonrió y asintió.
—¿No lo extrañas?—pregunto esta, curiosa. El negó con la cabeza. Sakura sonrió más.—¿Ni un poquito?
—Nada.—sentenció el.—Eso no cambia el hecho de mi Bisexualidad.
—No, por supuesto—le reconoció ella. Sasori le miro fríamente.
—Me alegra que lo comprendas—dijo, para luego seguir caminando a su clase. Sakura quedo extrañada en medio del pasillo.
Thoru se había pasado todo el día anterior consolando a Lee con besos, abrazos y algo de sexo mimado, pero cuando el yandere se encontró mejor Thoru decidió dejarlo solo un rato. Thoru ahora se encontraba en la cocina desayunando, hasta que alguien entró a la sala.
Con su largo y oscuro cabello y esos fríos ojos celestes, y con toda su belleza de estilo Halloween, Konan Mizaki.
—Buenos días—dijo esta, mientras abría algunos cajones. Thoru casi se atraganta. El y Konan no habían hablado nada. Pero nada NADA. Era muy incomodo de un momento a otro mantener contacto con una persona que estuvo evitando meses.
—Hola—respondió Thoru con la voz algo grave. Konan lo noto y se extraño, pero prefirió ignorarlo. Thoru quiso seguir una conversación.—¿Como has estado?
Konan calló por un momento. Thoru se sintió especialmente incomodo. Oír esa pregunta resultaba chocante para ella.
—No lo se. Bien, supongo.—dijo esta, para luego suspirar. Luego miro a Thoru. Sus ojos por alguna razón se veían distintos. Quizás más expresivos.—Pensé que ibas a ignorarme.
Konan hablaba con sinceridad, por lo cual Thoru también iba a utilizar la sinceridad.
—De hecho lo hice—admitió este, con sinceridad. Konan bajo la cabeza.—Pero tenía que afrontarlo, ¿no? Digo, volviste. Tenía que hablarte. Necesitaba hablarte. Quería hablarte.
—Lo se.—dijo esta, sonando cortante. Thoru mordió su labio inferior.
—¿Y?—cuestiono este, serio.—¿Vas a decirme la verdad?
Konan suspiro.
Thoru se levanto y se acerco a ella. Konan retrocedió instintivamente.
—La verdad es que soy una asesina que se deja llevar por las caras lindas como tu.—dijo esta, con una extraña sonrisa.—Luego se dejan caer en sus mentiras. Y luego buscan a otro chico lindo para volver a vivir esa misma frecuencia.
—Yo soy más que un chico lindo—dijo Thoru, seguro. Konan asintió.
—Eres toda una belleza—le dijo Konan en tono desinteresado. Thoru de un momento a otro roza su mano con la de ella. Konan cierra los ojos, disfrutando.—La belleza que más ame.
—Usted también es toda una belleza Señorita Mizaki—susurra seductoramente Thoru en el oído de ella.
Thoru besa su cuello con dulzura. Konan abre los ojos y lo mira directamente. De un momento a otro sus labios vuelven a juntarse. Después de tanto tiempo. Tanto deseo pasional comprimido y reprimido. Por fin podían estar juntos, amándose, entregando ese placer que tanto necesitaban.
Se separan un momento para respirar.
—Cierra la puerta—dijo Konan con el pulso bastante acelerado. Thoru asiente y le hace caso.
—¿Quieres ser una Diosa otra vez?—cuestiona Thoru con un tentador tono mientras devora el cuello de Konan con pasión. Konan le sonríe maliciosamente.
—Ya conoces mi respuesta.—murmura, para volver a sentir los labios de Thoru en ella. Mientras se besan apasionadamente Thoru termina sin polera, Konan termina también sin polera, y ambos sin control.
Dentro de un rato los dos perdieron varias cosas más.
Kaede seguía leyendo ese diario, aun muy curiosa.
—Hola—oyó una voz en la habitación. Kyoki. Bajo la mirada para ocultar el sonrojo. Siempre que sentía que ella estaba ahí podía imaginársela mucho más cerca, lo cual le avergonzaba a mares.
—H-Hola—contesta la pelinegra, incomoda. Kyoki lo nota.
—¿Siempre actúas así?—le cuestiona esta con calma. Hace varios días que Kyoki parecía ser un ser humano normal, pero eso nadie lo podía asegurar con una totalidad.
—Da igual.—sentenció Kaede. Kyoki suspiro. Luego le quito el diario a Kaede.
—Deja de revisar eso.—dijo, con un tono molesto. Kaede sonrió arrogantemente.
—No quiero.—dijo, quitándoselo. Era una buena forma de demostrar actitud.
—Ese diario no es tuyo. Que Konan te de permiso no me interesa, ese diario no es tuyo.—le dijo la peliceleste. Kaede rió superficialmente.
—Me importa una mierda lo que pienses.—le dijo la pelinegra, insolente. Kyoki suspiro, hartada.
—¿Te importa una mierda? ¡Eres una puta mentirosa!—Kyoki estaba enojada, y eso era realmente extraño e inusual. Kaede solo la escucho.—Finges que no te importa, cuando yo conozco todos tus sentimientos.—Kaede abrió los ojos como platos.—Se tu obsesión. Se tu inseguridad. Se todo lo que ves en mí. Maldita mentirosa. ¡"No te importa una mierda" y estas enamorada de mi!
En ese instante Kaede toma fuertemente a Kyoki de la cintura y la besa. Demostrando su obsesión, su inseguridad. Pero sobretodo su amor.
Konan y Thoru se encontraban en la habitación del pelirrojo, tapados en su cama, con una sabana que cubría sus desnudos cuerpos.
—Thoru...—murmuro Konan, acercándose a el y besando su cuello con dulzura.—¿Que fue lo que hicimos?
—No lo se...—contesta este, acariciando el rostro de ella con delicadeza.—Lo único que entiendo ahora, es que te necesito a mi lado.
—Esto no puede ser—dijo la hermosa señorita revolución, levantándose y vistiéndose.
—¿Por que?—pregunto Thoru, extrañado. Esta le sonrió.
—Porque te odio.—sentenció, mirándolo fijamente a los ojos.—Te odio y jamás he superado que me hayas engañado. Te odio.
—Y yo te amo.—dijo Thoru, para levantarse y darle un dulce beso en los labios. Konan correspondió al instante con una sonrisa cómplice.
—Te veo luego—dijo esta, saliendo de la habitación y dejando a un amante con un corazón agitado y una mente enamorada.
