Todo lo que invadía ese lugar era ese sentimiento. Arrepentimiento. Como si quisiera que nada más sucediera. Ni siquiera lo esperaba...

Kaede se encontraba sentada en las escaleras que llevaban al tercer piso mientras reflexionaba. No sabía realmente como se sentía, y era extraño.

—¿Estas bien?—oyó una voz atrás suyo, encontrándose detrás a Konan con cara de curiosidad. Esta bufó. Se estaba llevando bien con Konan. Bastante bien, para aclarar bien las cosas. Y era extraño. Quizás demasiado.

—Sí, entrometida.—contesto la pelinegra, intentando ser hostil. Konan rió un poco ante eso. Kaede frunció el ceño. No podía ofenderla, y eso le enfurecía.

—Te toca vigilar el terreno—dijo esta, ofreciéndole la mano para que Kaede se levantara. Kaede la tomo y se levanto. Solo asintió luego.—¿Quieres que le diga a Kyoki que te acompañe?

—No.—respondió esta, cortante. Konan colocó los ojos en blanco.—Quiero que tu me acompañes.

—Como gustes—dijo esta, colocándose a su lado y caminando junto a Kaede hacia el terreno de fuera. Finalmente llegaron. Konan se sentó en una caja y Kaede simplemente se voto en el suelo. Konan miro el cielo y luego pensó.—Por cierto, me acosté con Thoru.

—Interesante.—dijo Kaede, sin siquiera pensarlo.—¿Utilizaron protección?

—Sí...—respondió esta, un poco extrañada.—¿No te importa?

—No.—respondió Kaede, sincera.—Thoru y yo llevamos distancia desde que llegamos. El puede hacer lo que quiera como yo también.—explico, con seguridad. Konan quedó con la boca abierta.—¿Lo hiciste para herirme o molestarme?

—No—dice Konan, sintiéndose extraña. No había considerado la idea de herir a Kaede nunca. No la odiaba ni detestaba de una manera. Le tenía aprecio, bastante aprecio.—No se porque paso.

—¿Fue algo del momento?—cuestiono Kaede, intentando comprenderla. Konan asintió lentamente, para luego mover la cabeza en negación.

—No. O tal vez.—se considero, sin siquiera entender lo que vivió. Luego suspiro.—Pero...se sintió de una manera tan extraña...

—Como si reencarnarás y toda la vitalidad invadiera tu cuerpo.—explico Kaede, encontrando las palabras justas para el momento. Konan la miro directo a los ojos.

—Hubo magia.—susurro, con una sonrisa.—¿No eres virgen?

—Lo soy, solo que esa sensación no solo se encuentra en el sexo.—dijo Kaede. Entonces no pudo negar los sueños con su peliceleste, donde ambas féminas eran felices, amándose...Amándose sin importar lo que pase o lo que venga. Luchando por algo mejor, por la esperanza. Buscando la felicidad y creyendo en ella con toda su alma. Nunca abandonando lo que ama porque quizás al resto no le guste. No dejándose llevar por los comentarios que solamente quieren derrumbarla. Al contrario, volviéndose fuerte con esos comentarios.

—Lose—acepto la Mizaki, haciéndose una mueca.—Digo, no solo se necesita sexo en una relación. De cierta forma parecería superficial si pensara solo en eso.

—Definitivamente.—le reconoce esta otra.—Además, Thoru es bastante romántico. Siempre lo fue.

—Es..."gentil"—dijo esta. Ambas estallaron en risas. Mantenían una buena conversación, y eso era algo bueno.—No, enserio, lo es.

—Eso es bueno.—reconoció Kaede.—Se ven bien juntos...

—No volveré con el.—admitió Konan, levantándose.

—¿Por que?—pregunto Kaede, extrañada.—Tu y Thoru son tales para cual.

—Como tu y Kyoki—dijo esta. Kaede se quedo paralizada al oír eso.

—¿Que?—cuestiono esta, demasiado sorprendida. Konan sonrió levemente.

—Las vi.—admitió, con seguridad. Kaede seguía paralizada.—No creo que lo hayas notado, pero en un momento Kyoki respondió a tu beso. Ella te correspondió.

Kaede mantuvo silencio. Luego sintió gotas en sus mejillas. Ella no estaba llorando. Miro hacia arriba, y entonces noto que estaba comenzando a llover.

—¿Puedes ir a buscar parcas?—pregunto ella a Konan, algo neutral. Konan asintió y se entró. Kaede se levanto y aburridamente comenzó a recorrer el exterior. Hasta que sintió un ruido. Camino y camino por el bosque, saliéndose del limite impuesto. Entonces los vio.

—¿Que haces aquí?—cuestiono, con un molesto tono. Vincent Logishi. Al lado había un guapo castaño y una chica de cabellos negros y largos...era...era...¡oh, demonios, sabía quien era!.

Mikuo Katatsureshi.

—Kaede.—dijo Vincent, con un tono normal.—Me has visto.

—Sí, y ahora morirás.—dijo esta, apuntándolo con una pistola. Vincent no respondió.

Kaede fue lo suficientemente tonta para notar que Mikuo estaba arriba suyo. Le intento golpear brutalmente, pero era torpe. No era buena, ni firme.

—¡Suéltame!—grito a Mikuo, golpeándola con patadas y puñetazos. La otra le sujetaba de las muñecas, sin siquiera esforzarse mucho.—¡KONAN!¡KONAAAAN!¡AYUDA!¡Konan ayúdame!

Entonces sucedió. Sintió algo tan duro como frío entrar en su ser. Miro con los ojos de platos a Mikuo y lo que su mano sostenía. Una estaca.

—Ah...—Kaede tenía enterrada una estaca en su corazón. Mikuo se levanto y le indico al par de chicos que se retiraran. Y así Kaede quedo sola.


—Ko...Konan—susurro, al ver a la castaña oscura frente a ella con lagrimas en los ojos.

—Tranquila, estarás bien...estarás bien.—le prometió esta. Kaede miro su corazón, con la estaca destruyéndola. Entonces sintió el dolor. TODO el dolor.

—¡Ah!—grito, desesperada. Dolía. Dolía. Dolía. Corrompía su cuerpo y destruía con tanta crueldad que ni siquiera veía lo real que era.—¡Detenle!¡ Detenle!¡DETENLE! ¡DUELE DEMASIADO!

—Tranquila...—susurro otra voz conocida. Thoru. Kaede le miro con dulzura y dolor.—El dolor pasará...

—¡DETENLO!¡No puedo soportarlo!—Kaede golpeaba cosas y sentía como todo caía. Como si se vaciara.—¡Detenlo!¡Detenlo!¡Detenlo!

—Tranquila, el dolor pasará...—susurraba Thoru, buscando un consuelo que jamás llegaría.


Cierta pelinegra se encontraba en un prado, con un vestido antiguo bastante lindo. Llevaba su cabello suelto y limpio. Se veía más hermosa que nunca, y eso nadie podía negarlo. Ni siquiera el.

—Hola—le saludo Thoru, con una sonrisa. El era encantador. Kaede hizo una reverencia.

—Hola—está lo abrazo y luego ambos se recostaron en el suelo.—Estoy feliz Thoru.—confesó esta con una sonrisa. El la miro curioso.

—¿Por que?—pregunto, curioso. Le gustaba que ella sonriera. Era lindo.

—El dolor se ha ido, Thoru.—confesó esta, feliz. Y era cierto, el dolor se había ido, por lo menos para ella. Thoru sonrió de esa manera encantadora, otra vez.

—Entonces haremos una carrera.—dijo el, levantándola. Ella acepto con una sonrisa de respuesta.—Te ganare.

—Eso crees tu.—dijo esta.—Yo encontrare el paraíso, señor Shion.

—Como usted desee, Señorita Yukina.—dijo el, preparándose.—En 3...2...1...


—Tenías razón...—susurro el, sacando la estaca del ya muerto cuerpo de su novia.—Encontraras el paraíso, Kaede.

Y el dolor se fue, prometiendo que ella estaría bien. Pero se fue solo en ella. Pero pasaría, con la idea de que ella estaría en un lugar mejor. En su paraíso.

Y ese era el mejor consuelo.

—Ya no duele, Thoru. Ya no duele...