Kaede Yukina era un tema prohibido de hablar. La gente solo pasaba por los pasillos y podía encontrar a Thoru y Konan encerrados en sus habitaciones, y se podía oír la desesperada y retorcida risa de Kyoki en la suya. El resto solamente se dedicaba a llorar en silencio y pasar su duelo en soledad. Y así paso una semana. Y otra. Y otra. Nadie quería reaccionar, ni tenían la fuerza necesaria para lograrlo. Hasta que Hatori lo logró.

—No pasaremos llorando el resto de nuestras vidas.—dijo este, con ese recto tono y actitud que parecía imposible corromper. Konan asintió.

—Tienes razón.—le reconoce esta, sin siquiera inmutarse.—¿Quieres encargarte de todo? Tengo hambre...

—Como gustes.—respondió el de forma cortante pero educada. Konan mientras se rascaba la cabeza caminaba a la cocina.

Al entrar vio a cierta peliceleste sirviéndose leche. Konan suspiro.

—¿Como estas?—pregunto la de oscuros cabellos, con curiosidad.

—Bien—admitió la loca secamente.—Es triste perder a una amiga como Kaede, pero ya no es nada.—explico esta.—Un cadáver, quizás.

—Era una molestia.—dijo Konan, también seca.—Era tan molesta que me encariñe de esa perra.

—Por cierto—le interrumpió Kyoki, ya neutral.—La persona que la mato fue Mikuo.

—Lo note—admitió la Mizaki, segura.—Al parecer, sigue ahí.

—¿No queda más remedio que asesinarla?—cuestiono la otra, sin siquiera inmutarse.

—No.—sentenció esta, cortante.—Y lo harás tú.

—Que masoquista seré.—dijo esta, con una desquiciada sonrisa. Como si volviera a ser la loca que fue.


—Nagato—dijo Kitty, acercándose al rubio. Este la miro con cansancio.

—Estoy ocupado—dijo este, sin siquiera mirarla. Esta lo sujeto del brazo.

—Ahora no.—sentenció ella, saliendose con su merecido. Nagato coloco los ojos en blanco.

—¿Que quieres?—le cuestiono este, tajante. Kitty frunció el ceño.

—Deberías hablarme de una mejor manera.—le dijo esta, con un signo de enojo. Nagato suspiro, hartado.—¿¡A caso no puedes ver que una amiga murió?! ¡Estoy en duelo, imbécil!

—Y a mi eso me importa una mierda—le contesto el, cruel.—No me importas, y esperaba que yo no te importara.

—Pero me importas—dijo ella con los ojos brillosos. El suspiro otra vez.

—Que lastima—dijo con crueldad, otra vez. Luego hubo un momento de silencio.—Si te importaba lo hubieras pensado antes de cometer errores. De herirme. Porque yo seguiría amándote si hubieras sido más cuidadosa.

Kitty solo guardo silencio. Nagato se quedo estático, impaciente a una respuesta.

—A veces desearía desaparecer.—confesó ella.—Desaparecer y no dejar rastro. Y tan solo para que la infelicidad de la persona que amo termine.

Entonces ella se retiro, dejando a Nagato solo. Como siempre.


Para dar comienzo es la parte más difícil. Nada es seguro en la salida. Dejar ir, así que algo pueda comenzar. Averiguar cómo conseguir una vida. Deja el mañana en vivo esta noche. Tengo que tirar, tirar tu corazón a la derecha adentro ¿Porque todos caemos? Todo el mundo conoce el final, cuando el telón cae al suelo. Todo el mundo conoce el final. No quiero llegar al final. No quiero que alguien lo desee. Esto no ha terminado, hasta que se acabó, así que ¿cómo empezar?. Cuando todo el mundo conoce el final.


—¿Esas fotos estaban editadas?—pregunto Nagato, con la cabeza en el pecho de su amado Hatori. El castaño sonrió levemente.

—¿Que tan tonto crees que te consideran?—cuestiono este otro, de cierta forma, ofendiendo al pervertido. Este negó con la cabeza mientras un tierno sonrojo nacía en sus mejillas.

—Quizás mucho.—sentenció Nagato, con la aceleración más rápida. Hatori acarició los rubios cabellos de su pareja mientras disfrutaba de la calidez, de su compañía.—pero ese no es el punto.

Nagato se levanto, dejando a un Hatori confuso. Hatori suspiro y se sentó en su cama, ya que antes estaba tumbado.

—¿Cual es el punto?—pregunto el castaño, con un tono distante. Nagato le miro directo a los ojos, con una mirada que preocuparía a cualquiera, excepto a Hatori. Pero exactamente preocupación no era el sentimiento que sentía Hatori al ver esos verdes ojos.

—Están intentando herirme.—sentenció Nagato, quizás, solo quizás, muy serio. Hatori rodó los ojos. Nagato cruzó sus brazos por la altura de su pecho y observo a Hatori con algo de reproche y enojo en su ceño fruncido.—¿A caso no te preocupa?

—Me asustaría si no lo hicieran.—le contradice Hatori, logrando sorprender a Nagato. El rubio no puede evitar sentirse fascinado cuando Hatori habla. En la mente del rubio, el castaño siempre ha dicho cosas tan interesantes y fascinantes para el, siempre dejándolo sorprendido y sin palabras.—No se si los has notado, pero estamos en medio de una guerra.

—¡No me trates como un tonto!—le grito Nagato, molesto. Hatori suspiro. Otra vez, y una más.

—¿Tonto? Te informo de la realidad, bonito—le contesto el, en un tono cortante. Nagato asintió, para luego abrazarse del torso de Hatori.

—Perdóname—dijo este, buscando los labios del castaño. Cuando los encontró, intento acercarse a ellos, pero Hatori desvió el rostro. Nagato hizo una mueca.—¿Te enojaste?

Pero entonces sintió labios en su cuello.

—Bastante—mintió, con una juguetona sonrisa. Nagato se sonrojo levemente y cerró los ojos.—Ahora recibieras un castigo.

—¿Es malo?—pregunto Nagato, sintiéndose débil. Hatori soltó una carcajada.

—Mis labios te quieren solo para ellos.—susurro en su oído dulcemente, haciendo a Nagato sentirse especial.—Eres de su propiedad, hermoso.

—Pueden poseerme...—susurro Nagato, sintiendo los pocos centímetros que lo separaban de Hatori ahora.—...¿ahora?

Hatori sonrió maliciosamente, cumpliendo el deseo de Nagato.


—Ymr.—dijo un rubio, cortante.

—¿Yuuki?—pregunto ella, con un débil tono.

—Sí...—acepto el otro, serio.

—¿Que sucede?—cuestiono esta, con inocencia. Yuuki suspiro.

—¿Tu...conversaste con...Kaito...antes...de que el...se fuera?—cuestiono este, apenas logrando decir las palabras que quería decir.

Ella asintió. El sintió como en todo lo que creía cayo.

—Le he dicho que te dejará en paz...—admitió esta, con inseguridad. Yuuki estaba serio, cortante y distante.

—¿Ah, si?—dijo el, con sarcasmo.—¿Alejando a lo que más amo?

—¿Lo que más amas?—ahora Ymr estaba molesta.—¿Significa que eres un mentiroso?

Pero Yuuki no dijo nada. Solamente la tomó del cuello y estrelló contra el suelo, dejándola inconsciente.

—¡POR TU CULPA PERDÍ LO QUE MÁS AMO!