—Lo detesto.—murmuro Kyoki, mientras conducía. Todos aun seguían bastantes conmocionados por lo último visto, pero en especial Yuuki. Ymr...se había ido. Era algo tan irreal como doloroso de creer, una perfecta mentira. No sabía como sentirse exactamente, y las emociones lo atacaban como si se estuviera ahogando.

—Vincent siempre ha sido una puta—murmuro Mikuo. Sí, la famosa Mikuo Katatsureshi. Konan, Kyoki y ella eran las mejores amigas, distanciadas y luego reunidas en la guerra, con las cuales finalmente Mikuo decidió escapar junto a Sasuke con Konan y el resto. Ahora eran parte del lado oscuro, y para ellos se sentía maravilloso.—Nunca ha tenido compasión, aunque yo también hubiera matado a esas chicas.

—¿Que dijiste?—le cuestiono Yuuki, algo molesto e impactado. Mikuo lo miro directo a los ojos, demostrando lo calculadora que era. Yuuki definitivamente no estaba sintiendo simpatía por ella, y si tuviera opción le clavaría un cuchillo en el corazón y se desharía de su mal humor y respeto para siempre. Pero no, no podía.

—Si el no las hubiera matado, yo lo habría hecho.—sentenció Mikuo, con seriedad y quizás algo de maldad.—Eran unas inútiles.—Yuuki estaba impactado aun, y Mikuo no tuvo una mejor idea que recurrir al sarcasmo.—Bienvenido a la revolución. Donde las inútiles perras mueren

—¿Como puedes hablar así de unas personas que están muertas?—le cuestiono Sakura, en el mismo estado que Yuuki. Mikuo rodó los ojos.

—"Todos queremos y respetamos a los muertos". Por favor, ese cliché es asqueante.—dijo ella, terminando con la conversación. Mientras tanto, Nagato se encontraba junto a Hatori en los últimos asientos, no prestando atención. Nagato se encontraba estático, observando el camino pasar, mientras Hatori acariciaba sus cabellos y besaba con dulzura su cuello.

—¿Que tan mal te sientes?—susurro Hatori, sabiendo que era una tontería preguntar si estaba bien.

—Como si me arrancaran el corazón—murmuro el otro, aguantando con fuerzas las lagrimas. Hatori beso su frente y lo apego a el, así la cabeza de Nagato quedando en su pecho.—La seguiré extrañando el resto de mi vida. Esto será un infierno.

—Siempre hemos estado en uno—murmura Hatori, sin aun despegar sus labios de la frente de Nagato—El problema es que no saben como sobrevivir.

—¿Nunca seremos ganadores?—pregunta Nagato, en un hilo de voz. Ahora mira a Hatori directo a los ojos, para que su novio note en la agonía que se encontraba. Hatori solo deposito otro beso, dado a entender que decir "No" derrumbaría en una totalidad a Nagato.

—¿Puedes cerrar los ojos?—pregunto Hatori—Ya falta poco para llegar.

—Puedo cerrarlos. El problema es que tengo miedo a abrirlos.—Nagato los cerro, dejándose caer por Hatori. Finalmente cuando llegaron Nagato estuvo dormido, y Hatori felizmente lo cargó hasta su habitación, donde lo tapo y acostó junto a el, abrazándolo y consolándolo. Hasta que despertó.

—Hatori—susurra el rubio, con lagrimas en sus ojos.—No te vayas nunca.—el castaño sintió como algo más en su corazón se abría, un sitio donde se sentía tan enamorado y especial, donde solo quería caricias y besos, para siempre.

Se aferro al cuerpo de Nagato, consolándolo, esperando borrar su dolor como si fueran rayas y el una goma. Pero en el fondo sabía que no se borraría.

—Nunca me iré...—contesta el, unido a Nagato, sabiendo aun la dolorosa realidad.—...Como tu dolor.

Rompes un plato, pides perdón. ¿Se vuelve a recuperar? No.


—Aburrido...—murmuro Ciel, al ver a Sasori leyendo un libro sin expresión alguna. Sasori lo miro directo a los ojos, viendo que realmente el no era el único así.

—Prefiero eso a la miseria—contesto, volviendo a colocar su atención en el libro. Ciel suspiro, para luego acariciar sus ojeras. ¿Hace cuanto que no sentía algo? Todo era una aburrida paz. No quería estar bien, pero tampoco no había algo que lograra dañarlo. Prácticamente desde que Nagato lo dejo el se había vuelto el más fuerte y el más guerrero, aunque nadie pudiera creerlo o admitirlo.

Estaba más alto y pálido, dejando de lado esa faceta de niño inocente. Quizás porque había madurado, o como decía Sasori, había caído a la miseria.

—Necesito tu ayuda—dijo Ciel, haciendo que Sasori bajara su libro. El peliazul lo observo, expectante. Ciel supo que era el momento para seguir hablando.—Quiero que me ayudes a cumplir un sueño.

—Por supuesto. ¿De que trata?—pregunto el. Ciel simplemente negó con una maliciosa sonrisa.

—Ya verás.


Mikuo había notado que quizás sus comentarios no habían agradado, pero realmente su arrepentimiento había quedado en su olvido. Lo único importante para ella iba a ser sobrevivir, sea o no con ellos.

—No vivo por ellos—dijo, mientras caminaba junto a Sasuke por los pasillos.

—Lose—contesto el, con una amable sonrisa. El siempre sabía como responder a Mikuo cuando se enojaba, y eso era bueno. Bastante, a decir verdad.

—No me importa ni un poco la mierda que son—dijo Mikuo, empezando a rasguñar su brazo. Le picaba, le picaba harto y con el enojo solo sentía ganas de arrancarlo.

Entonces oyó un grito. Era tan alto, tan doloroso, tan extraño.

Solo pudo ver a cierto chico rubio quemándose en una gigante cruz de madera, como en la hoguera. Lo primero que sintió fue miedo. Luego sus instintos fue empezar a gritar por ayuda, la cual consiguió al instante.

Al parecer, por lo menos ya no iba tan mal. Había ayudado a alguien, salvándole. Y eso era algo bueno.


—¡Ciel!—gritaron, cuando el fuego había logrado ser apagado. Tomaron el cuerpo y lo llevaron a una habitación para curarlo.

—Bien, necesito alcohol etílico—dijo Kyoki, mirando directamente a Hatori a los ojos. Este corrió al instante. Kyoki observo a Ciel con horror, puesto que estaba todo quemado, y lo peor es que se encontraba consciente.—Ciel, ¿podrás aguantar?

El inocente rubio solo soltó un gemido de dolor, puesto que se sentía pésimo. Finalmente llegó Hatori con el alcohol etílico, se lo entregó a Kyoki y se quedo en la habitación para observar que sucedía. Era necesario vigilar a una psicópata como ella, puesto que sabía que aunque no quisiera ella podía dañar a Ciel con su locura.

Kyoki abrió el alcohol etílico y observo a su paciente antes de echarlo. Quemado, totalmente quemado. Toda su piel estaba rota, con el rojo de su carne sobresaliendo, exceptuando su rostro, que no habría sufrido tanto. Ciel de cierta forma era un monstruo, cuando antes había sido tan hermoso.

—Lo siento...—susurro, antes de echar el alcohol por los brazos. Lo siguiente fue el desgarrador grito de Ciel, notando su vivo y constante dolor. Hatori simplemente volteó, puesto que le estremecía ver eso.

—¿A caso no hay anestesia?—cuestiono el castaño, con tono molesto. Bueno, cuando hablaba con Kyoki casi siempre su tono era así. Otras veces era rencoroso, desagradable y cortante. Kyoki suspiro.

—Consiguela tú, genio.—le contesto la peliceleste, viendo como la piel de Ciel de cierta forma sudaba, eliminando liquido. Hatori suspiro y salió de la habitación, en busca de algo que ayudara al adorable Ciel, el cual no le caía nada bien, pero de todas formas sentía lastima por el.

Kyoki siguió echando alcohol por todo el cuerpo, hasta finalmente llegar al rostro. Hatori llegó, con anestesia.

—Por los cajones hay agujas, se lo inyectaremos—dijo la peliceleste, mientras ella acomodaba su larga trenza y la dejaba caer por su espalda. Hatori hizo exactamente lo que Kyoki le dijo, sin dudar ni un segundo de ella. Finalmente, en unos minutos el "lindo" y "pequeño" Ciel se encontraba dormido. O inconsciente, en otras palabras.

Kyoki finalmente iba a echar en el rostro, pero se fijo de un detalle. Los parpados estaban levemente quemados. Kyoki tuvo una mala impresión.

—Llama a Mikuo.—le indico ella, tan seria como nunca. Hatori en instantes trajo a la pedida. Esta la miro con indiferencia.

—¿Que sucede?—pregunto al ver a Ciel. Ni siquiera le dio tiempo de responder a Kyoki cuando se coloco guantes y con delicadeza se acerco al ojo. Acarició los parpados, para luego abrir el ojo. Kyoki y Hatori se quedaron sorprendidos con lo que veían.—Degeneración Macular. De tipo húmeda o exudativa. ¿Ven? Hay una fuga de vasos sanguíneos en la parte superior.

—¿Es muy grave?—pregunto Hatori, sin saber porque se encontraba acariciando los rubios cabellos de Ciel, que al parecer había sido lo único que se salvo del fuego. Mikuo lo miro directamente a los ojos con dureza.

—...Esta ciego.