—¡Como te atreves!—Mikuo era sujetada duramente por Sasuke, puesto que la pelinegra intentaba golpear, y posiblemente matar a Nagato. Todos se encontraban ahí, observando el crimen ya cometido.
—Cálmate.—dijo Sasuke, intentando sonar normal. Pero conocía bastante bien a Kyoki y verla muerta...impactaba. Era algo tan distinto, algo que ya pasaba a otro nivel de inhumanidad. Algo inaceptable.
—Esto era parte del plan—dijo Hatori, observando con algo de aburrimiento los cuerpos muertos. Nagato lo miro furioso.
—¡Mate a alguien! ¿¡Como que plan?!—reclamo, histérico. Hatori seguía con indiferencia, y no le dirigía la mirada.—¡¿Que demonios te pasa?!
Entonces Hatori lo miro, mostrando odio en su mirada. Nagato sintió como su furia bajaba repentinamente, y se convertía en un leve nerviosismo.
—¿Que hacías aquí?—cuestiono, sin ninguna expresividad en la voz. Nagato no contesto. Hatori frunció el ceño tenuemente, para luego suspirar.—Yo aquí, trabajando para curar al chico del cual mi novio esta preocupado, y el viene acá, fastidiando todo.
—Que agonía—dijo Sasori, con algo de sarcasmo. Hatori lo ignoro olímpicamente, y siguió hablando.
—¿Que más puedo pedir que un novio fiel?—Nagato empezaba a sentirse mal, muy mal. Y Hatori solo seguía.—¿Que más puedo perder, dándole algo que el quiere? ¿Todo por su felicidad, no?
—¡Yo no soy feliz!—exclamo el rubio, sacando otra vez la rabia que había desaparecido. Nagato dejo de hablar, para mirarlo, otra vez indiferente.—¡Mi mejor amiga (Kitty) esta muerta! ¡Y Ciel también!—hubo otro momento de silencio, el cual Nagato rompió con sus gritos.—¡Y lo amo! ¡Lo amo tanto! ¡A cada instante, cada momento, cada respiración! ¡Todo es por el!
Hatori bajo la mirada, razonando todo.
—Kyoki mato a Ciel, por la magia negra. Ella luego tenía que morir de cualquier manera que no la dañara irrecuperablemente, y muerta su alma baja al infierno. Luego de superar su miedo, su espíritu da un beso al cuerpo muerto de Ciel, devolviendole la vida a ambos, y recuperándose en una totalidad al que fue besado.—Hatori guardó silencio otro momento, para luego suspirar.—Cuando Ciel despierte, puedes ser feliz junto a el.
—¿Que?—cuestiono Nagato, casi en un murmuro. Hatori solo camino a la puerta, deteniéndose antes de salir.
—Da igual.—bufó, saliendo sin dirigir la mirada a nadie, otra vez. Poco a poco, las personas empezaron a abandonar la habitación, dejando a Nagato allí solo con el cadáver de su amor y Kyoki.
Sin decir nada, subió a la camioneta, y puso en marcha. Necesitaba desahogarse, ¿y que mejor que el? No podía decir que no estaba herido, y menos que ya no amaba a Nagato, pero necesitaba olvidarlo, y un buen rato con algo de acción no le iban a afectar.
—Oh, Hatori, tan frío, tan duro, ¿es que jamás te permitirás sentir nada?—cuestiono Vincent, mientras jugaba con la sabana que tapaba sus desnudas pieles. Este lo miro molesto.
—¿Y tu dejar de lastimar gente?—cuestiono, para luego tomarlo del mentón y besarle de manera brusca. Era lo único que se planeaba sentir en momentos así, algo de placer que le hiciera sentirse tan fuerte y salvaje en retorcidos sentidos.
—Tengo los cadáveres de tus amigas en mi sótano, hermoso.—contesto Vincent, separándose de Hatori. El castaño, ignorando su cumplido, lo miro sorprendido. Vincent sonreía maliciosamente mientras con un dedo acariciaba su labio inferior. Una escena bastante reconfortable. Hatori separo levemente sus cuerpos y se acomodo.
—Podemos revivirlas.—susurro, más que hablando con Vincent, razonando.
—No exactamente—contesto Vincent.—No pensaba en devolverlas.
Hatori suspiro, sabiendo que Vincent deseaba algo. Y bueno, el también.
Con suavidad, acerco sus labios al pálido cuello del peliverde, para empezar a besarlo. Esa piel por alguna razón le obsesionaba incontables veces, todas las que estuvo con el. Sus manos acariciaban con seguridad la espalda de Vincent, de vez en cuando bajando de lugar, sacando uno que otro jadeo de Vincent.
Los besos empezaron a bajar, llegando al pecho definido de Vincent y a su abdomen, hasta la parada final, la sensible zona de Vincent.
Hatori mordió su labio inferior, para luego echarla a su boca.
—Ha...Hatori...—gimió Vincent, sintiéndose muy complicado y más excitado. Hatori siguió, excitando y dándole mucho más placer al peliverde.—¡Ha-Ha-tori!
El castaño, haciendolo más fuerte, buscaba la mano de Vincent, para finalmente encontrarla y entrelazar sus dedos con los suyos.
—Eres tan hermoso...—dijo Vincent, para luego jadear. Hatori saco el miembro de su boca, para subirse sobre Vincent.
Podría fingir estar enamorado de el, por lo menos un rato.
Hatori abrazo a Vincent, y el peliverde le correspondió rodeándolo con los brazos y besándolo.
—Eres un estúpido, Nagato—dijo Sasori, observando como el rubio seguía aferrado al cuerpo muerto de Ciel. ¿Realmente creía que eso iba funcionar? Tenía que dejar volar a Ciel y crear una vida, y ya.
—¿Y tú no?—le respondió Nagato, sin siquiera dedicarle la mirada. Sasori arqueó la mirada, pestañeando. No era lindo ser insultado, pero tampoco se largaría a llorar como un tonto.
—¿Y me explicarías el porque de mi hipocresía, por favor?—dijo Sasori, quizás siendo algo sarcástico. Nagato soltó una cruel risita.
—Soy Team Makoto, idiota.—explico, y Sasori colocó los ojos en blanco. El sabía perfectamente que muchas personas tras la separación se volvieron Team Makoto, y no le importaba. Después de todo, Yagane y Lee le apoyaban. Y alguien era alguien, lo sabía.—Y finges, claro, que no estás destruido. Muestras todas sus calculadoras actitudes, sin querer admitir que tuviste un resultado equivocado.
—Eso, apresuradamente respondido, no es cierto, de por mano—dijo, hablando casi robóticamente.—Quizás me recupero más rápido que el resto, por no decir con crueldad que fue indiferente para mi. Uno más.
—Cuando no has tenido a nadie, por supuesto—agregó Nagato, normal. El era el quieto, y Sasori era el que se hervía de locura en su interior, amenazando con estallar.
—Y por eso, soy tan fuerte, calculando para nunca caer.—eso fue lindo, pero era realmente teórico todo lo que Sasori decía. Cada pensamiento, cada palabra revisada y corregida anteriormente en su mente, todo perfecto planeado.
—Eres patético—murmuro Nagato, acariciando los cabellos de Ciel. Sasori suspiro.
—Nunca.—contradijo el peliazul, listo. O por lo menos, no tan inseguro.
—O siempre.—eso vacilo en su mente, tocando su corazón. El corazón que solo había dejado latir, no sentir. Todo lo que evadió, pensando que tendría esa dicha para siempre.
—Simplemente calla.—fue cortante, quizás desesperado. Oh, no por supuesto que no.
—O miente.—Nagato adivinaba su mente, y lo detestaba. Realmente lo detestaba. Y a la verdad.
—Escóndelo, y deja de hartarme la cabeza.—y de repente salió, sin siquiera saber como o el porque.
—¿Es que a caso lo admites?—Nagato se sentía dichoso, y Sasori como el perdedor. Aunque en esta vida el ya tenía ese código, y al parecer era aceptable. Ser una completa miseria.
—...Te doy permiso de irte a la mierda con tu jodido cadáver, imbécil delirante.—Entonces Sasori salió de la habitación, pestañeando varias veces para evitar las la... el agua que caía de sus ojos. Y eso no era común, tal vez era un problema hormonal. ¡Por supuesto! Y eso era anormal, debía preocuparse. En ese mismo instante el se iba a colocar a investigar los problemas hormo...
Y sus pensamientos fueron detenidos cuando unos fuertes brazos lo estrecharon contra sí.
—...—una lagrima se cayo por su mejilla, para luego separarse. Reconocía esa aroma, tanto como a la persona que amo.—No necesito compasión, pues he cometido un error que probablemente nunca pueda solucionar y quiero seguir un camino, una dirección. Y quizás olvidar, todo. Lo que odie, lo que ame. Así por favor, Makoto, no me hagas sentir tu calidez otra vez.
—Espera...—pero Makoto no sintió cuando su amado Sasori ya no estaba entre sus brazos, ni ahí, con el. Realmente no lo sintió, y un golpe de realidad resultó ser bastante doloroso.
