Era la misión desde el principio, y desviarse del tema era tonto. Llevaba dos meses refugiándose en Vincent, ocultándose de Nagato. Hace 2 meses que no había rastro alguno de Hatori Nioki, y solamente el podía saber la verdad. Lo que ocultaba Vincent, lo que lo volvía invencible, lo que lo hacia tan poderoso, tan mortal contra el resto, y perfecto. Simplemente tan perfecto.
—Es tonto—dijo Hatori, con una sonrisa. Vincent arqueó una ceja, confuso.
—¿Que es tonto?—pregunto, formando una leve sonrisa al ver la de Hatori.
—Eres la persona más maravillosamente bella que he visto en mi vida, y tu me dices hermoso. Eso no tiene sentido—Hatori se recostó, dejando su espalda descansar después de un duro entrenamiento.
Vincent mordió su labio inferior.
—¿Que no eres hermoso? No se como describirte, Dios griego de extrema belleza, sensualidad y sexualidad que he visto.—Vincent besó con dulzura el cuello de Hatori, haciendo que este se sintiera bien.—Esa actitud masculina y fría, me hace más desear a un macho como tú. Desearlo y desearlo, sin limites, sin finales.
—Pues aquí lo tienes.—Hatori lo tomó de la polera, lo colocó encima suyo y comenzó a besarlo, demostrando toda la pasión y amor que había cultivado en estos 2 meses.
—Hemos matado a todos sus guardias, todos sus guerreros y destruido todos los lugares que le el ha poseído. ¿Como aun sigue?—cuestiono Kyoki, mientras caminaba junto a Sasori. Desde que había vuelto, logrado volver, era de nuevo esa increíble chica con esa habilidad única para matar y con esa ansia de atacar a Vincent, que parecía ser nunca detenida.
—Vincent tiene un secreto, además de a Hatori—dijo, para luego suspirar. Sasori en estos 2 meses había tenido una crisis de pánico, en la cual había logrado suicidarse. Kyoki se ofreció a revivirlo, deshaciendo todos los sentimientos que había logrado desarrollar en ese poco tiempo de revivida. Ahora, ambos eran inmortales y unos tipos fríos, que pensaban en guerra en vez de humanidad. Ciel también logro revivir, volviéndose inmortal. La única diferencia, es que el con Nagato había desarrollado casi todos los sentimientos, excepto el odio.—¿Cuando se supone que recuperaremos a nuestro amado y carismático amigo de vuelta?
—Yo lo quiero de vuelta, y necesito ayuda.—dijo esta, segura. Sasori bufó.—Si Makoto desapareciera, tu también ayudarías.
—No me importa Makoto—mintió este, intentando no formar una sonrisa. A decir verdad, luego de revivir, podía admitir unos besos secretos entre el y el pelinegro, en cuestión de regreso. Era solo para recuperar sentimientos, pero a este paso...todos podían gritar boda.
—Y a mi no me importa Hatori—suspiro esta. Sasori le miro impresionado.
—¿Desarrollaste la compasión?—cuestiono, sin realmente entender que sentimiento mostraba Kyoki. Esta suspiro.
—Supongo que el amor, o el compañerismo.—explicó esta, para luego seguir caminando por su propio camino.
—Si recupero el cuerpo de Ymr, podemos revivirla—dijo Yuuki a Konan, la cual caminaba con Sasuke.
—Realmente habría que revisar que su cuerpo este normal, o habría que arrebatar la bala y restaurar la zona cerebral, pero sí, es una posibilidad.—dijo esta, con una pequeña sonrisa. Todas las personas que alguna vez habían perdido, las recuperaban. Era como si todas esas lagrimas derramadas no valiesen nada, o ahora fueran recompensadas. Todo iba mejorando.
—¡Oh, eso es fantástico!—exclamo Yuuki, emocionado. Luego siguió caminando por otro lugar, dando saltitos por algún otro lado.
—Que lindo es—murmuro Sasuke, con una sonrisa. Konan suspiro.
—Has crecido mucho, Sasuke.—dijo ella, provocando un sonrojo en el chico.—Cuando te conocí, a los 5 años, eras una pulga. Mikuo era mucho más alta que tu, pero ella era mayor.
—De hecho, yo soy el mayor.—dijo el, avergonzado. Ella asintió.—Tengo 19 años, actualmente.
—En ese entonces no lo parecías—le reclamo esta, con una mueca cercana a una sonrisa.
—Era un niño flojo, bastante—explicó el, con el sonrojo ya borrado.
—Interesante, pero ahora necesito ayuda—dijo Konan, cortando con el tema. Sasuke asintió, concentrándose.—Vamos a desenterrar el cuerpo de Kaede.
El solo asintió. El no tenía idea quien era Kaede, y sin embargo iba a ayudar. Había algo en el, amable, bueno, sincero y agradable que lo hacía ser un chico totalmente lindo, esos príncipes de sueños. Esos príncipes de sueños que todas las chicas buenas adoraban, y el quería a la equivocada. Solo a ella.
Y así, ambos, desenterrando y trabajando duro, encontraron el cuerpo de la chica. En su avanzado estado de pudrición, sintieron nauseas al ver el cuerpo.
—Tómala por un momento, vuelvo en un instante—dijo Konan, y Sasuke obedeció. Y el obedeció, siempre tan servicial. Porque quería. Y porque sabía quien era Konan Mizaki. Y no le dolía, ni un poco.
—¿Con que esa chica me investigo?—cuestiono Mikuo, caminando con Kyoki y Sakura. Kyoki asintió.
—Encontró tu diario, y luego se interesó.—respondió Kyoki, mirando a Mikuo.
—Hatori le entregó un tanto más de información, pero nada útil.—agregó Sakura, algo aburrida. Mikuo la miro un momento. No, no le agradaba Sakura. Y a Sakura no le agradaba Mikuo. Y a la gran mayoría de esas personas tampoco les agradaba Mikuo. Así que todo era desigual, pero daba igual.
—Es irónico, esa chica me investigaba, y yo la maté—confesó Mikuo. Kyoki abrió los ojos, quedándose paralizada un momento. ¿A caso Mikuo había matado a una de las personas que más quería?
—¿La mataste?—Kyoki instintivamente la sujetó de la muñeca, teniendo una mirada un tanto más intensa. Mikuo la miro extrañada.
—¿Que haces?—cuestiono Mikuo, dudosa. Kyoki no la soltó ni un poco.
—¿La mataste?—repitió, seria. Mikuo se sentía extraña, muy incomoda y nerviosa.
—Psicópata, ¿ahora te importa lo que hago?—Mikuo intentó bromear, quizás con su sarcasmo algo cruel, pero lo intentaba. Kyoki ni siquiera respondió. Y Sakura solo observaba, con pistola en bolsillo por si algo sucedía. Ella iba a apoyar a Kyoki a muerte, pues esa era su misión. Gente como Mikuo no merece la vida.
—¿La mataste?—la voz de Kyoki ni siquiera temblaba, lo decía fuerte y seguro.
—¿A caso te importa mucho?—Mikuo intentaba tener seguridad, pero el nerviosismo seguía invadiéndola.—¿A caso es tu novia o que?
—¿La mataste?—Mikuo suspiro, harta de esa pregunta. Además de que Kyoki apretaba cada vez más su muñeca, haciéndole doler.
—Sí.
En ese instante una cachetada golpeó duramente el rostro de Mikuo, con una peliceleste descubriendo un nuevo sentimiento: Odio.
