—¡Eres una estúpida!—le grito Mikuo, furiosa mientras sentía como su mejilla golpeada enrojecía. Sakura observaba estática, mientras Kyoki le dedicaba una mirada de odio.

—Y tú una maldita.—Kyoki le levanto el dedo de al medio. Mikuo supo que este era el momento para mostrarse, ser quien realmente era. Su verdadera personalidad, verdadero ser. Ella.

Kyoki tenía absolutamente todos los recuerdos de Kaede, de lo bonita que era, y de lo enamorada que Kaede se encontraba de ella. Y la ignoró, bueno, románticamente hablando, y luego varios sentimientos afloraron, sentimientos que nunca tuvo cuando estuvo viva. Y se arrepentía, se arrepentía más que nada. Pero la esperanza de que volviera era tan grande, y las probabilidades no las mejores. Y sin embargo, iba a seguir creyendo hasta el final, hasta verla de vuelta.

—¿Crees que me importa eso?—Mikuo cuestiono, con fiereza. Kyoki entrecerró los ojos.—Es solo matar, tía. Cariño, lo que quieras. No me importa. No me duele. Yo no lo sufrí, ni lo sentí. A mi no me clavaron ese cuchillo incontables veces, cada vez más profundo, destruyéndome el corazón y deteniendo la vitalidad de todo mi ser. Yo no lo viví, ni fui la víctima. ¿Y sabes por que? Porque yo se lo clave, y estoy orgullosa.

Kyoki tiró el cabello de Mikuo fuertemente, haciéndole caer. Luego colocó su zapato en el estómago de la pelinegra, hundiéndolo y haciéndole sacar gritos de dolor.

—Sakura, ayúdame—dijo Kyoki a la peliazul, la cual abrió enormemente los ojos. Kyoki la miró inexpresiva.—Vamos, se que la odias. Se que quieres golpearla. Todo el mundo quiere golpearla.

—Sí, pero...—entonces Sakura recordó todos los momentos en que Mikuo había sido una maldita.—No puedo. No puedo ser tan maldita como ella. No me rebajare a su nivel.

Y se largó, caminando sin siquiera considerar decirle a alguien sobre la pelea.

—¡Kyoki, de-déjame!—reclamo Mikuo, adolorida. Y sin embargo, ese dolor que le estaba causando nunca iba a ser tanto como el de Kaede. Nunca.


Kaito...¿donde estará?

Yuuki miró a su lado, encontrándose a Lee afilando cuchillos en silencio. Yuuki considero que el momento era incomodo, por lo cual quiso hablar con su amigo.

—Te ves recuperado—le comentó este, con simpatía. Lee asintió.

—Es tonto quedarse llorando toda una vida—dijo Lee, quizás un tanto frío. Por alguna razón cuando miraba a Yuuki, su mirada se apagaba. Y el rubio no sabía si sentir miedo o no.—Yo no lo haría. Porque quiero una vida, y tengo una misión.

—¿Y cual es la misión?—cuestiono Yuuki, aun incomodo. Lee casi no pestañeaba, lo cual era más extraño. De un momento a otro, Lee dejo el cuchillo en el suelo, y se acerco a Yuuki, rápido, demasiado rápido. Yuuki sintió con fuerza los labios del pelirrojo contra los suyos, sin entender el porque, le relajó. Luego Lee se separó del beso, para mirarlo con ojos tranquilos.

—Tú eres todo lo que queda de él.—el pelirrojo notaba como Yuuki se estremecía, quizás por miedo, quizás por compasión. No lo sabía ni le interesaba saber.—Y es todo lo que puedo tener, por el momento.

—¿Por el momento?—cuestiono Yuuki, sin siquiera notar como era un objeto siendo utilizado. Lee asintió.

—Luego de que termine esta guerra realizare una búsqueda.—Lee recogía los cuchillos, y luego los guardaba en sus lugares mientras que Yuuki no despegaba la vista del pelirrojo y acariciaba sus labios con lentitud y delicadeza.—Lo encontraré, y seremos felices.

—¿Para siempre?—cuestiono otra vez, quizás con demasiada curiosidad. Lee bufó.

—Que asco. Yo quiero morir junto a mi hombre.—alegó el pelirrojo, con neutralidad—No necesito un para siempre.

—Entonces, ¿tu misión es recuperar a Kaito?—pregunto el rubio. El otro afirmo con la cabeza.

—Y por mientras, tu eres lo que tengo.—el pelirrojo tomó a Yuuki y lo apegó a el, con ternura.—Y lo serás, hasta que lo encuentre.

—Y luego seré basura—murmuro este, con una mueca.

—Exacto.


Basura. Por alguna extraña razón no le molestaba esa palabra, quizás porque sus sentimientos ya le hacían sentirse lo suficientemente miserable, o porque estaba al borde de una oculta agonía. ¿Nunca he amado a nadie más?. Y la imagen de Ymr -aun dolorosa, siempre tan hermosa y masoquista para el- apareció en él. Los besos, los lindos momentos, esa linda amistad, todo. Y entonces lo vio. Esos recuerdos no servían. Ni Kaito ni Ymr. Porque ellos no estaban, y aferrarse a la suerte era la forma más estúpida de mostrar debilidad. Y el no quería mostrar debilidad. El no quería tener debilidad.

Así que se levanto de su cama, en la cual llevaba bastantes minutos y camino hacia el gimnasio, encontrándose a un asesino y sensual pelirrojo entrenando, un tanto sudado y con su piel blanca como si brillara. El era perfecto.

—Lee—Yuuki dijo desde la puerta, observándolo y apretando los puños con inseguridad. El pelirrojo lo miro con curiosidad, y eso solo hizo a Yuuki que su inseguridad aumentará. Un escalofrío paso por el.—Yo...—y simplemente no pudo. Corrió hacia el pelirrojo, y con fuerza pegó sus labios contra los de el, el cual le correspondió con pasión mientras lo tomaba de las piernas y lo aferraba a el. Ese beso siguió y siguió, hasta que Lee lo soltó, lo tomó de la mano y lo llevo a su habitación. Lo tumbo y beso la frente, antes de volver a sus labios.

Yuuki correspondió, deslizando sus manos por los rojos cabellos, y sintiendo un cariño impresionante y un calor emanante del cuerpo de su amante. Algo era distinto. Distinto del chico que había intentado matarlo por un enfermo y obsesionado amor, que ahora lo desafiaba a besos, mostrandole un lado que jamás esperaba conocer.

Distinto, porque ahora ya no pensaba en ese pelinegro de hermosa sonrisa y egoísta actitud, sino en que sensaciones invadían su cuerpo, que manos lo invadían, que alma lo tocaba. Distinto, porque ya no deseaba llorar por tener a su mejor amiga muerta y su amor lejos, sino sonreír.

Distinto, porque estaba en medio camino de superar a Kaito, y nadie lo iba a interrumpir.