DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 2
Bella secó la transpiración de sus manos en sus pantalones, en cuanto detuvo el motor de su Toyota Tacoma roja, frente a la casa del Rancho Masen.
Había dejado Montana dos días antes, y había pasado las noches en pequeños moteles de Billings y Denver.
A primera hora de la tarde había llegado a Spearman y había pasado a visitar a Billy y Rachel.
Después de comer con ellos, condujo los veinte minutos que la separaban del rancho donde esperaba conseguir trabajo.
—Edward es un buen hombre —le había asegurado Billy buscando tranquilizarla —Es un jefe justo y honrado.
—¿No tiene prejuicios? —indagó incomodando a quien fuera su futuro suegro durante cinco años —Ya sabes, ¿no le importa que una mujer sea quien adiestre sus caballos?
—No le importará —aseveró el hombre poniéndola más nerviosa
No sería la primera vez que Bella se enfrentaba al escepticismo de los rancheros. La mayoría pensaban que una mujer no sería capaz de tener la fuerza ni la constancia necesaria para enfrentarse a un caballo salvaje y convertirlo en un animal dócil pero no por ello afeminado.
—¿No le importará significa que no le has dicho que está contratando a una mujer?
—Confía en mí, querida —dijo el hombre golpeando con cariño su mano —Edward es un hombre justo.
—Espero que no te equivoques
Y allí estaba ahora, mirando hacia la enorme casa blanca e intentando calmar su ansiedad.
Sabía que podía con el trabajo. Había sido una de las mejores adiestradoras de Montana y sin lugar a dudas la más solicitada de Missoula.
Pero no había vuelto a adiestrar desde hacía tres años.
La muerte de Jacob había cambiado todo. Había trabajado con él desde que se conocieran cuando ella tenía dieciocho y él veinte.
Entonces había comenzado su relación laboral cuando Jake la había contratado para su escuela de adiestramiento, después de haberla visto trabajar en el rancho de Charlie.
Dos semanas después había comenzado su relación sentimental y las dos habían terminado una noche de invierno, tres años antes, en una oscura curva de la carretera noventa y tres, cuando un camión conducido por un hombre ebrio, les había embestido llevándose con él la vida de Jake y obligándola a ella a ingresar en un hospital donde vivió los siguientes seis meses de su vida, tras someterse a incontables operaciones y sesiones de fisioterapia.
Bella había trabajado con caballos toda su vida. Su padre, Charlie Swan había sido el dueño de un rancho que criaba los mejores ejemplares de la zona y ella había heredado su amor por ellos.
Pero cuando Renée Swan murió a causa de un cáncer que le robó la vida en tan sólo cinco meses, su padre perdió las ganas de trabajar e incluso de vivir.
Tres años después siguió el camino de su mujer y dejó a su hija con un rancho lleno de deudas que ésta fue incapaz de levantar.
Vendió el rancho y todo lo que incluía, pero después de pagar las hipotecas que embargaban la propiedad, poco le quedó.
Con dieciocho años recién cumplidos, alquiló una habitación en Missoula y buscó trabajo.
Estaba dispuesta a trabajar de lo que fuese pero entonces, como caído del cielo apareció Jacob Black y le ofreció trabajar con él en la escuela de adiestramiento del segundo marido de su madre.
Y allí se encontró, trabajando de lo que mejor sabía y saliendo con el hombre más guapo y más solicitado de la ciudad.
Sabía que podía hacerlo, se repitió, pero no por eso dejaba de sentir pavor por la entrevista que debía enfrentar.
"Edward es un hombre honrado, honesto y justo" le había asegurado Billy y Rachel lo había confirmado.
Después de recordar esas palabras finalmente se decidió.
Bajó el parasol del coche para echarse una mirada en el espejo. Retiró de su rostro un par de mechones que habían escapado de su coleta e inspiró profundamente.
"Vamos allá" se dijo y abandonó la seguridad de su coche.
Subió los tres escalones que la llevaban hasta el amplio porche de la casa y llamó a la puerta.
Estaba siendo un febrero muy seco en Texas, y la temperatura era alta para la época. Bella achacó su sudor al clima para evitar creer que se debiese a los nervios.
Miró sus pantalones de ante y su camisa a cuadros cuando escucho ruidos al otro lado de la puerta.
Una mujer bajita de unos sesenta años, con el rostro afilado y una melena oscura sujeta en un severo moño, la observó con curiosidad.
—¿Sí?
—Buenas tardes —saludó nerviosa ante el escrutinio de la mujer —Soy Isabella Swan —se presentó —He venido a ver al señor Cullen.
Tras un escrutinio especulativo la mujer se apartó de la puerta para dejarla pasar.
—Espere un momento. Iré a ver si el señor Cullen la puede atender —le informó con frialdad
La dejó allí de pie en el enorme vestíbulo de la casa antes de perderse después de cruzar el enorme salón.
Edward estaba en el estudio haciendo anotaciones en los libros de contabilidad cuando Sue le interrumpió.
—Edward —le llamó aprensiva obligándolo a levantar la vista del libro y fijarla en ella —Hay una señorita Swan que quiere verte.
—¿Señorita Swan? —preguntó dudoso
—Sí
—¿Qué quiere?
—No lo sé —le respondió la mujer impaciente —Pregunta por ti. ¿La hago pasar o le digo que se marche?
Edward se recostó pesadamente en el asiento intentando imaginar la identidad de su visitante. En sólo unos segundos hizo la conexión y suspiró molesto.
—De acuerdo, hazla pasar —aceptó con exasperación —Yo me libraré de ella.
La mujer asintió y salió del estudio para reaparecer un minuto después.
Edward miraba la puerta con su mejor gesto de desagrado esperando intimidar a la mujer. El único inconveniente fue que al verla entrar su semblante se transformó en uno de completa admiración.
Frente a él se encontraba la mujer más hermosa que podía recordar. Y eso era mucho decir para alguien que había estado casado durante seis años con Miss Texas.
Era una chica alta, con el cabello castaño recogido en una coleta de la cual habían escapado algunos mechones que enmarcaban su precioso rostro en forma de corazón, con pómulos grandes y marcados.
Su piel, clara y cremosa resaltaba sus grandes ojos de color chocolate. Sus labios levemente desproporcionados daban el toque humano a su belleza casi irreal.
Vestía un pantalón de ante marrón, una camisa a cuadros verde y una chaqueta también marrón.
—Buenas tardes —le saludó ruborizándose ante el intenso examen al que la estaba sometiendo el hombre sentado detrás del escritorio.
Sus palabras sacaron a Edward del trance y se obligó a levantarse y rodear el escritorio acercándose a ella.
—Buenas tardes, señorita ¿Swan? —saludó estirando su mano
Bella respondió a su saludo estrechando la mano del hombre sintiendo un extraño hormigueo.
—Sí —reconoció —Swan. Isabella Swan.
—Encantado. Soy Edward Cullen, pero supongo que ya lo sabe —sonrió petulante
Le indicó un sofá más apartado y se sentó junto a ella.
—¿Puedo ofrecerle algo de beber, señorita Swan? ¿Té, café, algo más fuerte?
—Un té estaría bien, gracias.
Edward salió un momento para pedir a Sue que les trajera té para Bella y café para él, antes de volver al estudio y sentarse en la esquina contraria del sofá.
Había decidido deshacerse de esa mujer con rapidez pero el solo hecho de verla le había obligado a replanteárselo.
La observó durante unos instantes viendo encantado como el rubor subía suavemente por el cuello y el rostro de la mujer.
—En realidad, señorita Swan, me encantaría poder dedicarle más tiempo pero estoy esperando una visita importante y temo que podría llegar en cualquier momento —le dijo apenado.
—Oh, no se preocupe —le respondió con sinceridad
—Pero igual podríamos continuar con nuestra charla, tal vez cenando juntos —ofreció arqueando una ceja
—Eh, oh, sí, bueno, no sé... yo... —le respondió nerviosa cuando Sue interrumpió su balbuceo entrando con una bandeja con dos tazas y un plato de pastas
—Gracias, Sue —la despidió Edward haciéndose cargo de la bandeja —¿Azúcar? —ofreció a Bella
—Sí, dos, gracias —respondió sintiéndose intimidada por el guapísimo ranchero
Sería difícil trabajar con alguien tan atractivo y seductor, se dijo, pero ella ya no estaba interesada en los hombres, por lo que estaba segura que no se convertiría en un problema.
Edward le entregó su taza y se volvió a sentar junto a ella después de ofrecerle una galleta que Bella aceptó sólo por no rechazarle.
Se sentó nuevamente en su sitio sin dejar de mirarla fijamente, intimidándola aún más.
—Sabe, señorita Swan —dijo al fin obligándola a levantar la vista —Estaba resuelto a negarme y rechazar su solicitud sin darle más vueltas...
Bella le miró y la desilusión se reflejó en lo profundo de su mirada.
—... pero —continuó él —ahora que le he visto a usted —sonrió seductor —creo que me lo podría replantear, aunque con algunas condiciones.
Bella le observó expectante.
—Tal vez si usted me asegura que pujará por mí... —explicó con una sonrisa conspirativa
Bella frunció el ceño claramente desconcertada.
—¿Disculpe?
—Participaré en vuestra ridícula subasta pero no estoy dispuesto a irme con cualquier mujer, ya debería saberlo.
—Discúlpeme, señor Cullen, pero creo que no le estoy entendiendo...
—Creo que estoy siendo bastante claro —dijo petulante —Pueden poner mi nombre en sus invitaciones pero no aceptaré pasar una noche con cualquiera. Ni tan solo una cena.
—Temo que no estoy entendiendo... —repitió confusa exasperándole
—No es tan complicado, señorita Swan. Cuente conmigo para participar en su subasta de solteros, pero yo mismo le daré el dinero para que usted puje por mí. No saldré a cenar con la primera mujer desesperada de Spearman que quiera pasar una noche conmigo.
—Subasta de solteros —repitió Bella mirándolo con ojos desorbitados —Cree que estoy aquí para proponerle participar en una subasta de solteros —dijo más para ella que para él
—¿No es eso lo que están buscando desde hace meses acaso?
—¿Quiénes?
—Las de la Asociación de Damas de Spearman.
Bella asintió en silencio dándole forma al puzzle de ideas de su cabeza.
—Creo que se ha confundido, señor Cullen —aclaró después de un momento
—Ah, ¿sí? Entonces ya no es una subasta de solteros. ¿Y ahora qué es lo que pretende llevar a cabo su bendita asociación?
—Oh, no, tal vez sí. Es probable que las damas de la asociación aún quieran llevar a cabo una subasta de solteros —reconoció divertida —Lo que quiero decir es que yo no formo parte de dicha asociación —explicó haciendo que él la observara con extrañeza.
—Ah, ¿no? Y entonces ¿puedo preguntar quién es usted y qué hace aquí?
—Sí, desde luego. Soy Isabella Swan, la adiestradora que le recomendara Billy Black —le informó sacando una copia de su currículum vitae de la carpeta que tenía sobre el regazo.
Nuevo capi de este nuevo fic, que tan bien ha sido acogido.
Solo espero no defraudar, y pido un poquito de paciencia ya que tengo mucho que aprender de ranchos y trabajo de campo, jeje.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.
Dejo el adelanto del próximo capítulo.
—Me refiero a que no voy a contratarte sin importarme tus referencias.
—Oh —respondió molesta por el tono condescendiente de su voz —Y eso es porque... —dijo levantándose de su asiento para caminar hasta el escritorio.
—No contrato mujeres —dijo cortante
—Entiendo —replicó intentando acallar su furia cruzando los brazos sobre su pecho —¿Y su misoginia es innata o adquirida por alguna experiencia particular?
—No soy misógino, cariño. De hecho, no te imaginas las cosas que estaría dispuesto a hacer contigo —sonrió petulante haciéndola sonrojar —Pero en mi rancho no trabajan mujeres.
—¿Ah, no? Pues la persona que me abrió la puerta parecía bastante femenina.
—Sue, es la única mujer que trabaja aquí y es así porque lleva treinta años trabajando para los Cullen.
Y os recuerdo que se pueden pasar por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde encontrarán encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
También les cuento que en mi perfil encontrarán el link de un hermoso trailer de este fic, realizado por Yanina Barboza Patil.
Besitos y nos leemos!
