DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 5

Edward entró a la casa irritado y así fue como se dirigió a la cocina para encontrarse con Sue y Harry que acababan de cenar.

—Edward —dijo la mujer levantándose —¿Has cenado?

—No —reconoció —Te agradeceré si puedes llevarme algo al estudio.

—En seguida —dijo la mujer aprestándose a prepararle una bandeja

Se volvió hacia ella antes de salir de la cocina.

—Sue, necesitaré que prepares una de las habitaciones de invitados. La más alejada.

—¿Tenemos invitados? —preguntó extrañada

—Isabella Swan va a instalarse allí por una temporada —dijo molesto

—¿La has contratado? —indagó Harry sorprendido

—Será una temporada. Hasta que consiga alguien más. Harry, puedes decirle a Riley que prescindiremos de sus servicios.

—Será un placer. ¿Cuándo quieres que se marche?

—Cuanto antes.

—De acuerdo. Mañana al mediodía ya no estará aquí.

—Bien. Y espero que también le expliques a Swan todo lo que necesite.

—Cuenta con ello.

—Y ni qué decir que quiero que les quede claro a todos y cada uno de los trabajadores —dijo con dureza —que no están permitidas las relaciones personales dentro del rancho. Es una mujer pero está aquí para trabajar así que nada de citas, flirteo, o nada que se le parezca ¿entendido?

—Entendido, jefe. Se los aclararé a cada uno por si hiciera falta.

—Gracias, Harry —dijo saliendo de la cocina

Cuando Sue volvió a la cocina después de haberle llevado la cena a Edward miró a su marido con una sonrisa irónica.

—Un poco extremo lo de Edward con esa chica ¿no crees?

—Es muy guapa. —dijo su marido como toda explicación

—¿Y crees que por eso está tan a la defensiva?

—Hace mucho tiempo que Edward no tiene cerca una chica guapa.

—Le haría bien tener una mujer —replicó Sue llevando los platos hasta el lavavajillas.

Cuando Bella aparcó su camioneta frente a la casa, la mañana siguiente, tuvo que reconocer que nunca se había sentido tan inquieta frente a un nuevo trabajo y un nuevo jefe.

Esa noche no había dormido mucho, y no tenía nada que ver con que durmiera en un colchón desconocido o con una almohada que no le resultara cómoda.

A pesar de lo que se pudiera imaginar, su nuevo jefe no la había pasado mejor.

Ese día había estado especialmente irascible, y sólo eran las 9:30. Los trabajadores le habían rehuido en cuanto habían escuchado su primer improperio a la hora del desayuno.

—Buenos días —saludó con amabilidad a la ama de llaves que la hizo entrar de inmediato —Mi nombre es Isabella Swan —se presentó estirando su mano que la mujer estrechó con amabilidad

—Encantada, señorita Swan. La estábamos esperando.

—Oh, por favor, llámeme Bella.

—Encantada, señorita Bella. Yo soy Sue, me encargó de todo lo que tenga que ver con la casa —le informó cruzando el salón rumbo a las escaleras e instándola a seguirle —Le enseñaré su habitación. —la guio a través de la galería superior mientras le iba indicando las distintas puertas.

Así supo cuál era la habitación de Edward, la de la señorita Alice y la del señor Emmett. La habitación que había sido de los señores Cullen, y que ahora actuaba como habitación de invitados.

Dos habitaciones de invitados más y una tercera, casualmente la que estaba más alejada de la del patrón, y que era la que le habían destinado.

En realidad, todas las habitaciones estaban vacías, desde que la señorita Alice se había casado con Jasper Whitlock, el profesor de música del colegio, y se habían instalado en el pueblo hacía tres años.

El señor Emmett, el hermano mayor de Edward, vivía con su mujer en el rancho Hale, que la señora Rosalie había heredado de sus padres.

Emmett vivía allí desde su boda con Rose diez años atrás.

Sue le hizo un rápido recuento sobre la familia Cullen.

El señor Carlisle había muerto hacía cuatro años, su esposa, la señora Esme había sufrido una larga enfermedad que se la había llevado hacía ya veintitrés años, cuando la pequeña Alice sólo tenía dos años.

Cuando el señorito Emmett se casó con la preciosa hija de los Hale, Rosalie, se mudaron al rancho de éstos y allí se instalaron.

Emmett estaba a cargo del rancho de sus suegros, ya que Rose era hija única y su padre, ya bastante mayor, no podía llevar el rancho.

Los padres de Rose vivían con ellos y cuidaban de los pequeños hijos de la pareja, Henry, Vera y Lillian, de ocho, cinco y tres años.

La señorita Alice, devenida en señora Whitlock, tenía una niña, Cynthia, de dos años y estaba esperando para julio a su segundo hijo, Peter.

El señor Edward, no había tenido tanta suerte en su matrimonio como sus hermanos. Se había casado con la señorita Jessica, pero se habían divorciado dos años antes después de seis años de matrimonio.

Bella escuchó toda la perorata con atención, pero al final, sólo recordaba que Edward tenía dos hermanos que vivían en los alrededores, cuatro sobrinos y un divorcio a cuestas.

—En la sala de lavado que está en la planta baja, hay cestos para que deje la ropa de la colada. Martes y sábados cambiamos la ropa de cama, y las toallas usadas las deja en el cesto que hay en su baño, y de allí las recogeré.

—Puedo hacer mi propia colada —ofreció sintiéndose incómoda

—Se lo agradezco —dijo la mujer con sinceridad —pero es mi trabajo y no me molesta hacerlo, sino todo lo contrario. Desde que esta casa está tan vacía, si le dejara a usted hacer su colada, yo no tendría nada que hacer.

—De acuerdo —aceptó comprensiva

—Imagínese, cuando llegué aquí, tenía que atender a un matrimonio con tres niños pequeños, además de mi propio marido y mis hijos, Leah y Seth. Cuando el señor Edward se casó pensé que pronto esta casa se llenaría de niños, pero no había nada más lejos en el pensamiento de la señorita Jessica. Esa mujer no quería tener hijos, tampoco es que tuviera madera de madre —acotó incomodándola al contarle detalles tan íntimos sobre la familia de su jefe

Después de enseñarle su habitación le explicó los horarios de las comidas y la rutina general de la casa. Sue era la encargada de la totalidad de las comidas, excepto durante el otoño, época en que se juntaba la cosecha con el marcaje del ganado.

En esa época, junto al contingente de temporeros que llegaban al rancho para trabajar, llegaban Eleazar y Carmen Camargo, quienes se ocupaban de instalar y atender el comedor para los trabajadores.

Sue instó a Bella a instalarse dejándola sola.

Nerviosa por comenzar con su trabajo, simplemente se cambió de ropa y sacó apenas tres camisas de la maleta para colgarlas en el armario y su neceser que dejó en el baño de la habitación.

Bajó entonces en busca de Harry, tal como Sue le había explicado que debía hacer.

—Buenos días —saludó al hombre que paleaba heno en el granero.

—Oh, buenos días —saludó el hombre con una sonrisa volteándose a verla —Tú eres Isabella Swan —dijo el hombre con propiedad estirando su mano después de quitarse su guante de trabajo

—La misma —sonrió agradecida por la amabilidad del hombre —Llámeme Bella, por favor.

—Lo haré, y tú llámame Harry. Conocí a tu padre hace varios años atrás.

—¿De verdad? —preguntó gratamente sorprendida y emocionándose

—Sí, nos vimos varias veces en ferias y torneos. Y a ti misma te conocí en Montana, en la feria de hace creo que diez años...

—Es posible —reconoció —Después de que mi madre muriera hace once años, solía acompañar a Charlie a las ferias.

—Lo recuerdo. Y déjame decirte, que aún siendo una cría, creo que no he visto a nadie como tú con los caballos.

—Oh, gracias, espero que el señor Cullen llegue a pensar lo mismo.

—Oh, no te preocupes por Edward —dijo volviendo a palear el heno —Ladra pero no muerde. Es un jefe justo y un ranchero honrado. No estarás mejor que aquí en ningún otro sitio.

—Espero poder hacer un buen trabajo.

—Lo harás —aseguró el hombre.

Ayudó a Harry a acabar su trabajo y éste pasó a explicarle todo sobre su propia tarea.

Estaban en el corral viendo a los animales, y en especial a un potrillo que llevaba unas pocas semanas de nacido, cuando Edward se acercó a ellos desde atrás.

No pudo reprimir que su miembro se excitara al ver a Bella con sus pantalones enmarcando perfectamente un trasero respingón del cual no se había percatado el día anterior, y se reprendió por ello.

Sería una tortura si su cuerpo respondiese así cada vez que se acercase a la chica.

Ella conversaba animada con Harry, y Edward percibió el sonido de su voz sin el dejo de hastío que había empleado con él en sus encuentros.

—Buenos días —saludó haciéndoles voltearse hacia él

Bella se sonrojó levemente y le gustó ver que al menos era capaz de provocarle una reacción, por tonta que fuera.

—Buenos días —respondió correcta

—Hola, Edward —saludó Harry —Bella estaba aquí familiarizándose con los animales.

—¿Bella?

—No pretenderás que le llame señorita Swan —rió su capataz

—Será como ella lo prefiera —volteó su rostro hacia ella con una sonrisa tensa —¿Ya se ha instalado, señorita Swan?

—Sí, gracias, señor Cullen. Y, por favor, llámeme Bella —respondió pensando en comenzar de nuevo con ese hombre intentando olvidar sus desagradables enfrentamientos anteriores.

—Bella —aceptó aunque con seriedad —Supongo que tú deberías llamarme Edward, como todos lo hacen. —dijo a su vez cediendo un poco.

—De acuerdo, Edward —le respondió con una sonrisa y Edward volvió a excitarse —La habitación es muy confortable, gracias. Estoy segura de que estaré muy cómoda allí. Harry me ha estado enseñando el rancho, los corrales, las caballerizas... Estoy ansiosa por comenzar.

—No hace falta que comiences hoy mismo, mejor familiarízate con el rancho. A la hora de la comida te presentaré a los trabajadores permanentes, durante la cosecha y el marcaje vendrán más, pero ya tendremos tiempo para eso. Harry —dijo dirigiéndose a su capataz —Necesitaré que me acompañes, hay una cerca en el lado sur que debemos reparar. —ordenó haciendo que el hombre se despidiera de la joven.

—¿Qué opinión te merece la entrenadora? —indagó Edward a su capataz en cuanto se hubieron alejado del rancho.

—Es excelente —aseguró el hombre —Ya te lo había dicho. La había visto interactuar con los animales cuando no era más que una cría y era increíble. Ahora creo que será simplemente magnífica.

—¿Crees que debería seguir buscando alguien para reemplazarla?

—Aún no entiendo por qué crees que tienes que hacerlo.

Bufó incómodo en su montura.

—Sabes que no me gusta tener mujeres por aquí.

—Por favor, Edward. Eso es una idiotez y lo sabes. Bella no es Jessica. Definitivamente no lo es, y aún si decidiese retozar con los peones, ella no es tu mujer.

—No quiero una mujer retozando con los peones en mi rancho —gruñó entre dientes —Perdí mucho dinero entonces y, honestamente, no tengo ganas de que vuelva a suceder.

—¿Qué fue lo que realmente te hirió de esa situación? ¿Perder ese ganado o descubrir que tu mujer te la pegaba con tus propios trabajadores?

Le miró sopesando su respuesta.

—No quiero volver a perder ganado ni dinero —espetó antes de espolear a su montura para alejarse de Harry.

Dos años antes, Jessica, la esposa de Edward durante seis años, había sido encontrada por el propio Edward, junto a Harry y dos de sus peones, en un claro cercano al río que atravesaba la propiedad, teniendo sexo con Eric Yorkie y Tyler Crowley, los dos peones que en ese momento debían vigilar el ganado que pastaba en la zona sur de la propiedad.

Edward había tenido que salir en busca de sus empleados, después de que varias reses hubieran escapado de sus tierras atravesando una cerca rota.

Seis de sus animales habían ganado la carretera y habían provocado un accidente.

Un camión que transportaba ganado había volcado perdiendo gran parte de su carga, mientras que cuatro de sus propios animales murieron.

La pérdida económica que le supuso al Rancho Masen fue la más importante de la que Edward tenía recuerdo y el prestigio del rancho decayó llevándole bastante volver a recuperarlo.

Pero la humillación y el dolor que Edward había sufrido, al encontrar a su mujer en esa situación, había sido más de lo que había estado dispuesto a soportar.

Se había lanzado sobre los hombres desnudos desde su caballo y había arremetido contra ellos.

Cuando por fin los hombres se habían alejado, se había volteado furioso hacia su mujer que continuaba desnuda, intentando cubrirse apenas con un manta, mientras lloraba y suplicaba.

Harry le había detenido entonces, antes de permitirle cometer un error, porque su furia le impelía a golpearla.

Sólo había escupido a sus pies antes de informarle amenazador que esperaba se hubiera largado en cuanto él regresara a la casa.

Al volver tres horas después, Eric y Tyler ya se habían ido, pero Jessica le esperaba en el salón de la casa.

Había habido gritos y lágrimas, se habían roto un jarrón y una lámpara, se habían escuchado recriminaciones y acusaciones, y para la mañana siguiente, Jessica ya había abandonado Rancho Masen.

El proceso de divorcio fue largo y doloroso, y a Edward le había costado muy caro el no haber redactado un acuerdo prematrimonial.

Pero su abogado había sido un tiburón, y en el proceso había descubierto las varias infidelidades de Jessica durante el año que había ejercido como miss Texas cuando tenía 21 y llevaba un año de matrimonio.

Eso había actuado a favor de Edward en lo concerniente a la indemnización que tuvo que pagar a su esposa, pero golpeó su orgullo bastante más dolorosamente que lo que podría haber sufrido su cuenta bancaria.

—Sabes que algún día tendrás que perdonar a las mujeres, por lo que Jessica hizo, ¿verdad? —comentó Harry cuando le alcanzó.

—No culpo a nadie por lo que Jessica hizo —le corrigió —Pero no creo que las mujeres sean de fiar, y Jessica me demostró que así es.

—Jessica demostró que ella no era de fiar, pero no tiene nada que ver con el resto de las mujeres. ¿Acaso no crees que Rosalie o Alice, son mujeres fiables?

—Sí creo que lo son, pero ambas se han ganado mi confianza a lo largo de más de veinte años. Cuando conozca a una mujer que sea fiable durante veinte años, entonces me pensaré darle un voto de confianza.

—Eso es muy cínico de tu parte, Edward. ¿Qué piensas hacer? ¿No piensas casarte? ¿Tener hijos? ¿Quién heredará el rancho?

—Vaya, Harry, parece que estuvieras en la Inglaterra victoriana —se burló —¿Tengo que casarme para engendrar un heredero?

—No. Tienes que tener hijos porque amas a los niños, y es lo que toda la vida has anhelado. ¿Crees que no veo la forma en que amas a tus sobrinos?

—Tengo cuatro sobrinos y otro en camino, Harry. Estoy seguro además que Alice tendrá más niños aún, después de que nazca Peter. ¿No son niños suficientes?

—No son tuyos, Edward.

—Les amo como si lo fueran.

—Pero no lo son. Vas a resignarte a no tener hijos sólo porque cometiste el error de casarte con una mala mujer.

—Adoptaré.

—¿Adoptarás hijos a los que te niegas a darles una madre?

—¡Dios! —gimió —¿Debo recordarte que estábamos hablando de si la adiestradora era buena en su trabajo o no?

—No, hablábamos de tu aversión infundada hacia las mujeres...

—¿Infundada? —gruñó volteándose furioso hacia el hombre —¿Infundada? ¿No estabas tú acaso conmigo viendo a la zorra de mi mujer desnuda chupándole la polla a uno de mis peones, mientras el otro se la follaba a cuatro patas? ¿A eso llamas infundado?

—No todas son iguales.

—Me importa una mierda cómo sean todas. No tengo interés en relacionarme con ninguna mujer, más allá de las de la casa Violeta.

La casa Violeta, era un afamado y discreto prostíbulo de la ciudad de Borger, donde Edward solía acudir cuando sentía la necesidad de sexo.

—De acuerdo. Haz lo que te parezca.

—Gracias. Ahora veamos esa cerca —agregó desmontando a Metis.


A ver qué opinión les merece Jessica.

Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.

Dejo el adelanto del próximo capítulo.

—¿Le conocías?

—¿A quién?

—A su prometida.

—Sí.

—¿Qué tal es?

—¿Perdón?

—¿Que qué tal es su prometida?

—Disculpe señor Ulley, pero no creo que esta conversación sea apropiada. Estar cotilleando sobre personas que usted evidentemente no conoce.

—Lo sé, lo sé, disculpa. Es sólo que Billy siempre hablaba maravillas de la prometida de su hijo, y luego... morir de esa forma... y que la chica saliera ilesa...

—¿Qué quiere decir?

—Fue un gran dolor para Billy, y supongo, que siendo que la chica conducía, que ella resultara ilesa fue una gran injusticia.

—¿Cree que hubiera sido más justo que ella muriera también? —inquirió entre dientes

Y os recuerdo que se pueden pasar por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde encontrarán encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil los links de los tráilers que han hecho mis amigas para este fic. El de hoy es de Emmaly Swallen. Gracias, guapa!

Besitos y nos leemos!