DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 7

Ese primer día marcó la pauta de los días siguientes.

Bella se familiarizó con los animales del rancho, así como poco a poco fue conociendo los caballos que Edward recibía para entrenar.

En esa primera semana, conoció a los peones y entabló una agradable amistad, cuando al fin se relajaron y dejaron de insinuársele.

Edward, por su parte, la evitaba como a la peste.

Se veían durante las comidas y a diario se reunían algún momento para discutir sobre trabajo, pero sus conversaciones siempre fueron dentro del ámbito profesional.

Edward evitaba involucrarse en las bromas que le hacían a Bella durante la cena, y demostraba un completo desinterés.

Pero cada día, cuando Colin insistía en que Bella les acompañase a tomar una última copa en el Twilight, se relajaba al escucharla negarse.

Bella se iba a su habitación y no volvía a salir hasta la mañana siguiente.

Cuando ella bajaba a desayunar, ya Edward y los demás lo habían hecho, por lo que no solían encontrarse hasta la hora de la comida.

E incluso entonces, Edward muchas veces se saltaba la comida, si le tocaba trabajar lejos de la casa.

Por eso, cuando más de una semana después de haberse trasladado al rancho, Bella salió de su habitación, agobiada por el sofocante calor, no esperaba encontrarse con Edward.

Pasaba la medianoche y los seis trabajadores habían ido de visita al pueblo.

Harry y Sue hacía un par de horas que se habían retirado a la cabaña detrás de la casa, en la que vivían.

Ese día había caído un fuerte aguacero y el calor posterior había sido agobiante y bochornoso.

Bella salió por la puerta de la cocina con un vaso de leche tibia.

Un suave olor a humo le llamó la atención al abrir la puerta y salir a la oscuridad del porche, pero se disipó rápidamente.

Se recostó en la balaustrada con la mirada fija en los establos.

La noche estaba oscura y la luna menguante, apenas reflejaba una suave luz cuando se lograba abrir paso entre los nubarrones.

Ese día estaba siendo duro.

Faltaban tres semanas. En sólo tres semanas se cumpliría el tercer aniversario de la muerte de Jacob, y se le estaba haciendo duro saber que no podría llevarle flores a su tumba, en la lejana Montana.

Tres años antes exactamente, tres semanas antes del fatídico accidente, Bella y Jacob habían fijado por fin la fecha de su boda.

Con su embarazo de cuatro meses comenzando a notarse en su vientre, Jacob no había querido retrasarlo más.

Habían fijado la fecha de la boda para cuatro semanas después, después de haber estado prometidos durante seis meses y conviviendo por más de cuatro años.

Ese día se cumplían tres años de aquella tarde en la que Jacob la llevó a la oficina del juez para fijar la fecha de la boda.

El dolor de los recuerdos aún le oprimía el pecho y aún después de tres años le costaba respirar al recordar.

Se volteó sobre sí misma para recostarse mirando hacia la casa, cuando la luz de un cigarrillo al otro lado del porche le sorprendió.

—Oh, Dios —gimió sobresaltada llevándose la mano al pecho.

Allí, sentado en la oscuridad y mirándola con atención, estaba Edward.

—Oh, Dios, lo siento, no te había visto.

—No, yo lo siento —se disculpó él —Debí haberme hecho notar pero parecías tan concentrada.

—Oh, lo siento. No creí que hubiera nadie aún levantado. No podía dormir. El calor me estaba agobiando —soltó a trompicones —Lo siento, estoy balbuceando.

—No te preocupes —dijo dando una calada a su cigarrillo.

—Lo siento. Te dejaré solo —volvió a disculparse haciendo amago de volver a entrar en la casa.

—No, no te vayas —la detuvo —No te vayas, no hace falta. Hace un calor insoportable hoy.

—No quiero molestarte.

—No me molestas —aseguró —Ven, siéntate —dijo señalándole el butacón que había junto al suyo.

Bella se sentó junto a él y levantó sus piernas para apoyarlas sobre el asiento.

Edward no pudo quitar la vista de sus preciosos pies descalzos que apenas asomaban entre el pantalón de su pijama.

Estuvieron en un cómodo silencio durante bastante rato, y Bella por fin se relajó en presencia de su jefe.

—¿Qué te ha parecido todo hasta ahora? —indagó él con interés rompiendo el silencio.

—Me gusta el trabajo —aseguró sin quitar la vista de los corrales a la distancia —Tus animales son magníficos.

—Me alegro que lo disfrutes. Personalmente creo que eres fantástica con los caballos —reconoció

—Gracias —aceptó ocultando su rubor en la oscuridad de la noche —Me gusta trabajar con ellos.

—Sí, algo me comentaron Harry y Billy. Lo has hecho toda la vida, ¿no?

—Sí. Primero en el rancho de mi padre y, cuando éste murió y tuve que dejar el rancho, en una academia de entrenamiento.

—La de Jacob Black.

—Sí, de su madre y el esposo de aquella en realidad.

—Sí, es verdad. ¿Echas de menos Montana?

—No —respondió tajante y le sorprendió

—¿No? Pero has vivido allí toda tu vida, ¿o no?

—Sí, pero ya no había nada allí para mí.

—Vaya. Yo no sabría vivir fuera de aquí.

—A todo se acostumbra uno.

—Sí, supongo que sí, pero imagino que sería duro tener que dejar el rancho de tu familia.

—Sí, lo fue. Pero creo que dejó de ser de mi familia mucho antes de que mi padre muriera. El día que murió mi madre, Charlie abandonó el rancho e incluso su vida. Uno y otra simplemente sobrevivieron los siguientes tres años.

—Espero que te encuentres a gusto aquí.

—Lo estoy.

—También espero que no te dejes incomodar por los chicos.

Bella le miró extrañada aunque en la oscuridad apenas vislumbraba sus rasgos.

—¿A qué te refieres?

—Ya sabes, Colin es un galán nato. Le encanta coquetear y no le faltan encantos.

—Oh, vaya, no lo creo. Creo que simplemente bromea.

—No creo que tanto. Sé que tiene una larga lista de conquistas entre las chicas de Spearman.

—No tienes que preocuparte —reconoció sintiéndose avergonzada —No estoy interesada en Colin.

—¿En Brady, tal vez?

—Tampoco. No estoy interesada en ninguno de ellos, no tienes que preocuparte.

—Ya, lo sé. Sólo llevas poca más de una semana aquí...

—No tengo interés en ninguno de ellos, ni en nadie en realidad.

—¿Por qué no? Eres una mujer joven...

—No estoy interesada en tener una relación, Edward. Puedes creerme. —aseveró

—¿Has dejado algún novio, marido, prometido en Montana?

—No. Simplemente no estoy interesada en una relación.

—De acuerdo —aceptó por fin —Mejor así. Prefiero que no haya ese tipo de líos en mi rancho.

—No tienes que preocuparte por mí.

El silencio volvió a caer sobre ellos, y fue Edward quien volvió a romperlo.

—También quisiera disculparme por nuestra charla el día que viniste a la entrevista... ya sabes...

—Está olvidado —aseguró cada vez más incómoda.

—No suelo ser tan desagradable.

—No te preocupes.

—Pero ese día estaba bastante alterado, ya sabes, entre la falta de entrenador y las dichosas mujeres de esa asociación —bufó y ella no pudo evitar sonreír recordando su confusión.

—¿De verdad quieren que participes en una subasta de solteros? —indagó con una sonrisa burlona que, a pesar de la oscuridad, Edward identificó correctamente.

—Puedes burlarte.

—No es mi intención.

—Sí lo es —la contradijo —y lo entiendo. Yo también me burlaría.

—¿Vas a participar?

—¿En qué? ¿En la subasta esa? Nunca. Sobre mi cadáver.

—Pero supongo que será por una buena causa.

—Yo mismo les daré el dinero que piensan recaudar.

—Supongo que tampoco te pasaría nada por cenar con alguna mujer del pueblo.

—Esas mujeres son pirañas —aseguró —Quieren echarme el lazo, eso quieren y, realmente, no tengo ningún interés.

—¿Eres tan buen partido?

—Mejor del que usted imagina, señorita insolente —le reprendió con una sonrisa

—Ya, supongo.

Edward la miró pensativo antes de hablar.

—Spearman es un pueblo pequeño, así que seguro lo sabrás aunque yo no te lo diga. Mi ex esposa es de allí. Allí nació y allí vivió toda su vida hasta nuestra boda.

—¿Aún vive allí?

—No y sí. Viaja mucho por trabajo pero siempre acaba volviendo. He oído que está aquí nuevamente. Sé que Jessica sería capaz de ir a esa subasta y ganarla sólo para tener la oportunidad de cenar conmigo.

—¿No crees que las de la asociación esa podrían ayudarte para que ella no participara?

—Qué va. Todo el pueblo quiere que vuelva con ella.

—¿Sí? —indagó curiosa

—Sí. Todo el pueblo salvo mi familia y mis pocos amigos y supongo que los tipos a los que Jessica se ha tirado.

—Vaya, ¿puedo preguntar por qué?

—Jessica es algo así como la hija predilecta de Spearman, y creo que piensan que si fuera mi esposa se asegurarían que no se marchase.

—Creo que no entiendo...

—Jessica fue Miss Texas cuando tenía veinte, hace siete años.

—Oh, vaya, te casaste con Miss Texas...

—Sí. En realidad no era Miss Texas cuando nos casamos, sino una simple chica del pueblo que atendía en el almacén de semillas.

—¿Cómo fue estar casado con una Miss?

—Un desastre —sonrió pero su sonrisa, oculta en la oscuridad de la noche, fue triste —En su momento no parecía tan grave. Durante su año de reinado, estaba poco en casa. Viajaba mucho y yo no podía acompañarla. Después todo volvió casi a la normalidad, aunque comenzó a trabajar como modelo. Entonces viajaba pero no tanto ni por mucho tiempo.

—¿Fue eso lo que os separó?

—No. Nos separó que fuera una zorra —espetó tajante dando el tema por zanjado y Bella no insistió.

—Entonces, ¿cuándo es esa famosa subasta?

—En dos semanas. ¿Qué? ¿Estás interesada en ir?

—¿Yo? Estás loco —rió

—Tengo entendido que nuestros queridos gemelos participan.

—¿Colin y Brady? —inquirió con sorpresa

—Sí. Aparentemente tienen mucho éxito con las chicas del pueblo.

—No me extraña —rió

—Pero tú pareces ser inmune a sus encantos —comentó más interesado de lo que quería demostrar

—Sé que son encantadores, pero yo no estoy interesada en una relación.

—¿Puedo preguntar por qué?

Suspiró con melancolía.

—Digamos que soy un alma solitaria. —explicó de forma evasiva

—Comprendo.

—Creo que me iré a la cama —dijo poniéndose en pie para evitar continuar esa charla

Edward comprendió su retirada y la aceptó.

—Hasta mañana.

—Hasta mañana, Bella. Que descanses.

—Gracias. Tú también.

La vio volver a entrar por la puerta de la cocina.

Era preciosa.

Preciosa y simpática. Una chica muy agradable.

Pero por alguna razón recordó las palabras de Sam e intuyó que llevaba razón.

Bella estaba rota.

Y él no entendía por qué le molestaba tanto.


Aquí el capi extra de la semana! Sé que es cortito pero seguro hay datitos nuevos para conocerlos más a nuestros protagonistas.

Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.

Dejo el adelanto del próximo capítulo.

Bella se sorprendió gratamente al ver la enorme sonrisa que resaltaba en el rostro de su, generalmente enfurruñado jefe.

—Creo que no había visto reír a Edward —comentó sin pensar.

—Oh, sí, es el poder de los niños —respondió Alice risueña.

—Está loco por sus sobrinos.

—Ya lo veo.

—Digamos que la zorra de Jessica se llevó con ella sus ganas de reír —gruñó Rosalie molesta mientras volvía la vista a su tejido de ganchillo.

—Sí —aceptó Alice con voz triste —Y ahora esa zorra está de vuelta.

—¿La has visto? —le preguntó Rose

—Sí. Me la encontré en la farmacia hace un par de días. Dijo que pensaba llamar a Edward, pero espero que no lo haga. Espero que se marche antes de que Edward sepa que está aquí.

—Ya lo sabe —comentó Bella y ambas la miraron haciéndola sonrojar.

Y os recuerdo que se pueden pasar por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde encontrarán encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil los links de los tráilers que han hecho mis amigas para este fic.

Besitos y nos leemos!