DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 8

Bella fue ese domingo a comer a casa de Billy.

Siempre había tenido una relación fantástica con la familia de Jake, a pesar de la distancia.

Pero, cuando había sucedido el accidente y Bella había tenido que pasar seis meses hospitalizada, Rachel, siendo enfermera, había pasado mucho tiempo con ella.

La chica se había instalado con Bella en el departamento que ella había compartido con Jacob, y se había ocupado de cuidarla y ayudarla en la rehabilitación.

Bella se había quedado sin familia el día que su padre había muerto, y Jake rápidamente se había convertido en todo su mundo.

Con su marcha, había vuelto a creerse sola, pero en ese momento Rachel, su marido Paul, y Billy, se habían ocupado de ella.

Cuando estuvo recuperada, los había instado a volver a Texas, e intentó decidir cómo seguir con su vida.

Le había llevado mucho tiempo entender que la vida seguía, con o sin su aprobación.

Y ella debía seguir también.

Billy y Rachel, prácticamente la habían adoptado, así que no era raro que pasase tiempo con ellos.

Pero, aunque disfrutaba mucho de su compañía, aún no lograba sentirse del todo cómoda con la pequeña Becky.

La niña de dos años era un encanto. Tenía el cabello muy oscuro y los mismos ojos oscuros y profundos que eran el sello de los Black.

Bella la adoraba, pero cada vez que la veía no podía evitar pensar en su pequeña hijita, que entonces debería ser unos seis o siete meses mayor que Becky.

Cuando por fin decidió volver al rancho al caer la tarde, no le fue mucho mejor.

Al bajar de su camioneta las risas infantiles la asaltaron.

Caminó hacia el patio trasero y allí vio a Edward, junto a otros dos hombres, corriendo por el césped con una pelota en los pies, y cuatro pequeños niños tras él.

—Hola —escuchó una voz femenina en el porche y levantó la vista hacia ella

Había dos preciosas mujeres sentadas en los sillones de mimbre.

—Hola —las saludó acercándose a ellas.

—Tú debes ser Bella —dijo la más pequeña poniéndose de pie.

Era una joven morena de unos veintipocos años, con ojos azules e inmensos.

Era pequeña, no pasaría del metro y cincuenta de altura, y su complexión era delgada. Pero lo compensaba con un enorme vientre que la precedía.

—Sí, soy yo —saludó estirando su mano para estrechar la de la chica.

—Yo soy Alice Whitlock —se presentó —Soy la hermana menor de Edward, y ella —agregó señalando a la preciosa rubia que parecía recién salida de la portada de una revista —es Rosalie, la esposa de mi hermano Emmett.

—Encantada —saludó la rubia estrechando la mano de Bella.

—Igualmente. —sonrió —Disculpadme, no sabía que Edward tuviera visitas.

—No, qué va. No te preocupes. Ven, siéntate con nosotras. Tenemos un té helado delicioso —dijo Rosalie mientras servía un enorme vaso de té.

—Oh, gracias, me vendrá bien. Hace un calor insoportable.

—Sí, lo hace —aseguró Alice sentándose junto a su cuñada.

Bella ocupó el tercer sillón junto a ella.

Alice levantó sus piernas desnudas para apoyarlas sobre la mesa que había junto a ellas.

—Te ruego que me disculpes, pero se me hinchan terriblemente los pies.

—Lo imagino. ¿De cuánto tiempo estás?

—Sólo de cinco meses, ¿lo puedes creer? Soy un globo. En mi embarazo anterior no gané ni la mitad de peso de lo que he ganado ahora.

—Te lo dije —agregó Rosalie —A mí me pasó lo mismo. Con Henry apenas subí de peso, pero con Vera y Lilian...

—¿Son vuestros niños? —inquirió Bella mirando hacia el grupo que continuaba corriendo y riendo por el césped.

—Sí, —explicó Alice —la más pequeñita y morenita es mi hija, Cynthia. El mayor es Henry, y las niñas rubias son Vera y Lilian, los niños de Rose y Em.

—Em es el moreno y el rubio es Jasper —explicó Rosalie señalando a los hombres mayores.

Bella se sorprendió gratamente al ver la enorme sonrisa que resaltaba en el rostro de su, generalmente enfurruñado jefe.

—Creo que no había visto reír a Edward —comentó sin pensar.

—Oh, sí, es el poder de los niños —respondió Alice risueña.

—Está loco por sus sobrinos.

—Ya lo veo.

—Digamos que la zorra de Jessica se llevó con ella sus ganas de reír —gruñó Rosalie molesta mientras volvía la vista a su tejido de ganchillo.

—Sí —aceptó Alice con voz triste —Y ahora esa zorra está de vuelta.

—¿La has visto? —le preguntó Rose

—Sí. Me la encontré en la farmacia hace un par de días. Dijo que pensaba llamar a Edward, pero espero que no lo haga. Espero que se marche antes de que Edward sepa que está aquí.

—Ya lo sabe —comentó Bella y ambas la miraron haciéndola sonrojar.

—¿Lo sabe?

—¿Habláis de su ex esposa?

—Sí.

—Hace un par de días me dijo que su ex esposa estaba en el pueblo.

—Oh, vaya, tal vez ya le haya llamado. ¿Te dijo algo?

—No. Pero él y yo tampoco hablamos mucho, en realidad.

—Sí, lo imagino —se lamentó la menor de los Cullen —No me extraña. Desde lo de Jessica se ha vuelto muy desconfiado con las mujeres. Incluso no las quiere trabajando aquí. Nos sorprendió bastante cuando Harry nos dijo que había contratado una mujer como entrenadora.

—Bueno, no es que estuviera muy entusiasmado con la idea, pero Billy Black me recomendó.

—Sólo Billy podía conseguirlo —rió Rosalie

El llanto de la pequeña Lilian les interrumpió cuando su hermano le pegó sin querer con la pelota.

Emmett y Jasper se acercaron a las mujeres dejando a los niños jugando, mientras Edward cargaba en sus brazos a la pequeña Lilian.

—Bella —dijo Rosalie —Estos son Emmett y Jasper. Chicos, ella es Bella, la nueva entrenadora de Edward.

—Encantado —saludó Jasper estirando su mano para estrechar la de la chica.

—Igualmente.

—Es un placer conocer al fin a la primera mujer que consiguió que Edward Cullen le diera trabajo en el Rancho Masen —comentó Emmett burlón a la vez que estrechaba también la mano de la joven.

—En realidad fue Billy Black quien lo consiguió —sonrió ella.

—Aún no he encontrado motivos para arrepentirme —agregó Edward a la vez que llegaba al porche y se sentaba en uno de los sillones con su pequeña sobrina en el regazo.

—Y sabe Dios que los habrás buscado —rió Emmett

—Sabe Dios que sí —reconoció sonriendo

—Lamento no habértelos dado. —sonrió ella a su vez

—Aún —le corrigió Edward con arrogancia.

—Aún —aceptó

—Yo no lamento no tener que arrepentirme. Mis caballos nunca estuvieron mejor, incluso habiendo estado al cuidado de Billy durante décadas.

—Vaya, vaya, vaya —rió Emmett —Disfrútalo, Bella. Piropos así no es fácil escuchar de boca de Edward Cullen.

—Vete al infierno, Emmett. No pretendía ser un piropo sino simplemente un reconocimiento de la realidad.

—Reconocimientos de la realidad así no son fáciles de escuchar de boca de Edward Cullen —se burló el moreno ganándose un puntapié de su hermano menor.

—¿Ya has visitado el pueblo, Bella? —indagó Rosalie cambiando de tema.

—No mucho, en realidad.

—¿No mucho? Hasta hoy no has salido del Rancho.

—Tampoco he tenido necesidad de ir al pueblo. —se justificó ruborizándose

—Es verdad que no hay mucho para hacer, pero estoy segura de que todo el pueblo debe estarse preguntando quién es la chica nueva en el Rancho Masen.

—Tienes que venir con nosotras —propuso Alice —Mañana podemos ir a comer a La Bella Italia. ¿Te gusta la comida italiana?

—Sí, bastante, pero no podré acompañaros. Tengo mucho trabajo mañana.

—Oh, no te preocupes, Edward te dará un día libre, ¿verdad, hermanito?

—No lo creo —negó él dejando a su sobrina en el suelo para que corriera de regreso con los demás.

—¿Cómo dices?

—Déjala en paz, Alice, ya te ha dicho que no tiene interés en ver el pueblo. ¿Para qué quieres que vaya?

—¿Por qué te molesta que visite el pueblo?

—A mí no me molesta en absoluto. En su tiempo libre puede hacer lo que le apetezca, pero en horario de trabajo, espero que haga su trabajo.

—De verdad, gracias, Alice —le cortó Bella sintiéndose incómoda —Mañana tengo el día bastante ocupado.

—Ok —refunfuñó Alice —Supongo que no trabajas los viernes a la noche —agregó en un claro desafío a su hermano.

—¿Eh? ¿Yo? No, en realidad —reconoció Bella temerosa de los planes que la joven pudiera tener.

—Bien. El próximo viernes hacen el baile a beneficio del hospital de niños de Spearman, y tienes que venir.

—Mmm —murmuró sin tener una respuesta mejor

—No hay excusa. Todo lo recaudado es a beneficio del hospital de niños. No querrás dejar de colaborar, ¿o sí? Además habrá una subasta e incluso una subasta de solteros —explicó Alice

—¿La subasta de solteros? —inquirió Bella y Edward se sonrojó cuando miró de su hermana a él.

—Sí. ¿Habías oído hablar de ella?

—¿Eh? —exclamó mirando a Edward que intentaba ocultar su malestar.

Era evidente que no le había explicado a su familia sobre las intenciones de las mujeres de la Asociación de Damas.

Las miradas curiosas de los demás les observaban hasta que Emmett estalló en carcajadas.

—No me dirás, hermanito, que participarás en la subasta.

—Desde luego que no participaré —rugió furibundo

—¿Te lo ofrecieron? —inquirió su cuñada

—Ofrecerme —comentó con desdén —Ni que fuera un premio. Me rogaron que participara.

—Oh, vaya, y has dicho que no, imagino.

—Desde luego que he dicho que no, ¿qué creías que habría hecho?

—Participar —comentó Jasper —Yo he donado para la subasta un mes de clases de música.

—¿Y crees que lo mejor que yo puedo ofrecer es mi compañía?

—No, supongo que no —comentó Rosalie —Y menos con ese humor que llevas últimamente.

—Vete al diablo, Rose. Puedo ofrecer una visita guiada por el rancho, clases de lazadas, clases de equitación…

—¿Clases de equitación? —inquirió su hermana —Tú no sabes dar clases de equitación.

—Pero cuento con una excelente profesora que trabaja para mí —sonrió petulante.

—En primer lugar ese sería un premio ofrecido por Bella…

—Y en segundo lugar yo entreno caballos, no doy clases de equitación.

—Pero serías buena enseñándole a la gente a tratar y montar sus animales.

—Sigo diciendo que sería un premio entregado por Bella.

—Bella no tiene horario libre para hacerlo, a menos que yo se lo ofrezca y tampoco tiene un espacio donde dar clases.

—Por ello, Bella tal vez prefiera hacer una simple donación económica —comentó Bella incómoda por la conversación que se daba en su presencia y que la tenía como protagonista.

—Tú deberías presentarte para la subasta de solteros —acotó Alice risueña

—Podría ser divertido —adujo Rosalie

—Sí, claro.

—Lauren Mallory estaría dispuesta a donar mucho dinero por la causa —comentó Alice con sorna

—¿Y qué me dices de Katie Webber?

—Oh, sí, Katie Webber.

Las mujeres siguieron dando nombres hasta que Emmett y Jasper se les unieron.

Bella les miraba divertida y Edward exasperado.

—¿Y cuánto creéis que estaría dispuesta a pagar Jessica Stanley? —gruñó Edward molesto y haciendo caer un manto silencioso sobre el porche —¿Acaso creíais que no sabía que había vuelto? ¿A ninguno de vosotros se os había ocurrido decírmelo?

Bella se revolvió en su asiento incómoda por estar presenciando esa conversación tan íntima y familiar.

—No creímos que te importara —se defendió su hermana

—Y no me importa. Desde luego que no me importa, pero no por eso tenéis que ocultármelo. Es una tontería. ¿No os parece que me habría gustado estar sobre aviso cuando tuviera que ir al pueblo?

—¿La has visto?

—No, pero Sam se la encontró en la tienda hace algunos días.

—Oh, vaya, ¿le dijo algo sobre ti?

—Sólo que se pasaría por aquí, pero confío en que no lo haga.

—Me la encontré hace unos días en el pueblo —explicó Alice —Dijo que te llamaría o probablemente viniese a verte. No entiendo cómo alguien puede ser tan caradura, después de lo que te hizo…

—Ya está bien, Alice —la cortó Edward

—Es que no lo entiendo… con todo lo que sucedió…

—Basta, Alice

—Pero…

—Basta, Alice —rugió furioso —No hace falta ventilar temas familiares delante de los empleados —sentenció con rudeza hiriendo a Bella

Todos quedaron en silencio mirándolo incrédulos, sin saber qué más decir.

No pasó mucho antes de que Bella se disculpase y subiese a su habitación.

Poco después Alice le regañó.


Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.

Dejo el adelanto del próximo capítulo.

—Buenas noches —una voz melosa y muy femenina reclamó su atención y todos levantaron la vista hacia ella.

En un primer momento Bella no entendió el desagrado que vio en los rostros de sus acompañantes pero lo dedujo nada más ver la mujer que había frente a ella.

Era preciosa, por decir poco.

Su cabello castaño con algunos mechones dorados, caía en rizos por su espalda.

Sus ojos azules resaltaban en su precioso rostro de piel clara y suave.

No podía ser otra que Miss Texas.

Vestía un conjunto completamente fuera de lugar para un baile de pueblo, pero por alguna razón, en su cuerpo parecía calzar a la perfección.

El vestido era de tul transparente, con bordados de flores, y debajo llevaba un corpiño y una diminuta minifalda al tono.

Ninguno de los presentes respondió a su saludo, y Bella solo pudo balbucear un Buenas noches.

—Hola, Edward —saludó la mujer con voz sugerente

La dura mirada que Edward le dirigió hizo estremecer a Bella.

—He pensado que podrías invitarme a bailar —comentó sin recibir ningún tipo de respuesta —Por los viejos tiempos —agregó

La sonrisa irónica que Edward le dedicó entonces, podría haber congelado el infierno.

Y os recuerdo que se pueden pasar por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde encontrarán encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil los links de los tráilers que han hecho mis amigas para este fic.

Besitos y nos leemos!