DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 9
Después de mucha insistencia por parte de todos y cada uno de los peones del rancho así como de las mujeres Cullen, Bella aceptó ir a la cena que ofrecía la Asociación de Damas de Spearman, a beneficio del hospital de niños del pueblo.
No estaba de ánimo. Al día siguiente se cumplía el tercer aniversario de la muerte de Jake. Pero Billy y Rachel se habían encargado de llamarla y convencerla, y no había podido negarse.
No obstante estaban siendo días duros.
Los chicos se pelearon por llevarla en su coche, así que finalmente optó por ir con Harry y Sue.
—Vaya —exclamó al entrar en el local social del pueblo.
Era un salón bastante grande y estaba decorado con un gusto exquisito. Austero pero elegante.
Las mesas con largos manteles blancos y unos centros de mesa artesanales, hechos con frutas y flores secas.
Alice llegó hasta ellos en cuanto entraron al salón y repartió cálidos abrazos.
Esme había muerto cuando Alice tenía dos años, así que Sue se había convertido prácticamente en su madre.
—Hemos guardado lugares en nuestra mesa —dijo la chica sin soltar el brazo de Sue antes de guiarles hasta una de las mesas donde ya estaban ubicados Emmett, Rosalie y Jasper.
Bella fue ubicada al lado de Alice y notó claramente el asiento vacío a su lado.
Veinte minutos después, Edward se sentaba junto a ella.
—Buenas noches —saludó él alejando la silla de la mesa para acomodarse.
Estaba guapísimo, con sus pantalones de ante, su camisa blanca perfectamente amoldada y sus botas relucientes.
Dejó su sombrero sobre la mesa mientras pasaba sus dedos sobre sus cabellos húmedos.
—Puedes sacar un vaquero de su rancho, pero nunca sacarás el rancho del vaquero —declaró Alice con un mohín —¿Edward, no podías haber dejado tu sombrero en la camioneta, al menos?
—No —respondió escueto sin mirarla, levantando la tarjeta que estaba sobre su plato y donde se detallaba el menú que servirían.
La conversación versó sobre las obras que la Asociación acostumbraba llevar a cabo en el pueblo y Bella comprobó que trabajaban bastante más de lo que hubiera esperado.
Llevaban allí una media hora cuando Billy se acercó a la mesa.
Todos le saludaron efusivamente, pero fue Bella quien recibió el abrazo más cariñoso por parte del hombre.
—¿Cómo estás, cielo? —preguntó Billy con un tono de voz muy discreto.
—Bien —murmuró con la mirada triste.
—¿Está siendo un día duro?
—Supongo que mañana lo será aún más —reconoció y una solitaria lágrima rodó por su mejilla.
Billy la secó y besó su mejilla reconfortándola.
Su conversación fue muy discreta, pero Edward, que no había podido quitar la vista del cuerpo de Bella, la notó.
Billy se despidió y Bella volvió a ocupar su sitio.
Todos los integrantes de la mesa seguían inmersos en sus propias conversaciones, pero Bella no podía prestar atención.
Edward la observaba curioso y preocupado por su semblante triste que intentaba ocultar tras pequeñas sonrisas.
Esa noche estaba especialmente guapa.
Acostumbrado como estaba a verla siempre en pantalones y camisas y con el cabello recogido, el look más femenino de ese día le gustó.
Llevaba un vestido claro, que cubría bajo sus rodillas y unos zapatos con un discreto tacón; el cabello suelto, caía en ondas hasta la mitad de su espalda.
No pudo dejar de prestarle atención a lo largo de toda la cena.
Era bastante callada y, aunque participaba de las conversaciones, escuchaba más de lo que hablaba.
Fue consciente en cambio, de que no le miró directamente ni una sola vez en toda la noche.
Después de la cena hubo varios números.
Entre ellos una subasta y la tan ansiada subasta de solteros que arrancó las risas del público.
Finalmente la banda de country dio inicio al baile.
Emmett y Rosalie se levantaron y se dirigieron a la pista de baile. Harry y Sue le siguieron.
Alice se quejó de su prominente vientre que no le permitía bailar, así que se quedaron en la mesa con Bella y Edward.
Jasper y Edward se adentraron en una charla sobre la última yegua que Edward pensaba adquirir, mientras Bella se enteraba con detalle de todo lo que Alice aún debía preparar para el nacimiento del bebé.
—Buenas noches —una voz melosa y muy femenina reclamó su atención y todos levantaron la vista hacia ella.
En un primer momento Bella no entendió el desagrado que vio en los rostros de sus acompañantes pero lo dedujo nada más ver la mujer que había frente a ella.
Era preciosa, por decir poco.
Su cabello castaño con algunos mechones dorados, caía en rizos por su espalda.
Sus ojos azules resaltaban en su precioso rostro de piel clara y suave.
No podía ser otra que Miss Texas.
Vestía un conjunto completamente fuera de lugar para un baile de pueblo, pero por alguna razón, en su cuerpo parecía calzar a la perfección.
El vestido era de tul transparente, con bordados de flores, y debajo llevaba un corpiño y una diminuta minifalda al tono.
Ninguno de los presentes respondió a su saludo, y Bella solo pudo balbucear un Buenas noches.
—Hola, Edward —saludó la mujer con voz sugerente.
La dura mirada que Edward le dirigió hizo estremecer a Bella.
—He pensado que podrías invitarme a bailar —comentó sin recibir ningún tipo de respuesta —Por los viejos tiempos —agregó
La sonrisa irónica que Edward le dedicó entonces, podría haber congelado el infierno.
Bella creyó escuchar la palabra zorra salir de los labios de Alice.
—Por los viejos tiempos —sonrió Edward
—Siempre te gustaba bailar conmigo —dijo sugerente
—Pues eso se ha acabado.
—Venga, Edward, sé que todavía podemos actuar como adultos. Es sólo un baile.
Bella sentía la mirada de la mitad de los habitantes del pueblo, recayendo en su mesa.
—No quiero ser desagradable, Jessica, pero ya puedes largarte.
—Oh, vamos, todos esperan verte bailar aunque tan sólo sea una canción.
—¿Eso es lo que espera este maldito pueblo? —gruñó furioso —Pues entonces bailaré.
Jessica sonrió con satisfacción pero Edward se volteó hacia la chica sentada a su lado poniendo su mano junto a ella con la palma hacia arriba.
—¿Bella? —le invitó.
No podía rechazarle si no quería dejarle en evidencia, así que puso su mano sobre la de él y se levantaron para acercarse a la pista donde varias parejas bailaban.
El salón que había estado sumido en un profundo silencio, pareció recobrar la vida y se retomaron las distintas conversaciones.
—Gracias —dijo Edward cuando apoyó su mano sobre la cintura de Bella mientras sostenía su otra mano entrelazada con la de ella junto a su pecho.
—No tienes porqué —comentó bajando la mirada ruborizada.
—Es una zorra, siempre lo ha sido, y le encanta actuar como la niña buena maltratada por el ranchero rudo y machista.
—¿Fuiste rudo y machista con ella? ¿La maltrataste? —indagó arrepintiéndose al instante de haber formulado esas preguntas tan personales.
Edward contestó antes de darle tiempo a retirarlas.
—No, en mi opinión. Y con eso no digo que no sea rudo o machista a veces. Pero no creo haber hecho nada que justifique su actuar.
—Pero por lo que dices, todos creen que no fue así.
—No me gusta ventilar mis asuntos personales.
—Entiendo.
—Era demasiado humillante para mí reconocer que mi mujer me la pegaba con todos los tipos que se le cruzaban —confesó por fin y Bella se estremeció sorprendida.
¿Cómo era posible que alguien traicionara a ese hombre? ¿Cómo podía, la mujer a la que él le entregara su vida, traicionarle? ¿En que estaría pensando?
—Lo siento.
Ambos se sumieron en sus pensamientos y el silencio los abordó.
Cuando la canción terminó y Edward vio que Jessica ya no estaba junto a su mesa, guió a Bella de vuelta junto a Alice y Jasper.
Harry y Sue se habían marchado cuando Alice les había asegurado que ellos llevarían a Bella de vuelta al rancho, por lo que se quedaron juntos a esperar que Emmett y Rose dejaran la pista de baile.
Nadie volvió a traer el nombre de Jessica a la mesa.
Cuando ya la mitad de los asistentes se había marchado, Rachel llegó hasta ellos.
—Bells —la saludó con una mirada llena de compasión.
—Hola, Rache —respondió abrazando a la mujer que era como una hermana para ella.
—¿Cómo estás, cariño?
—Bien. Estoy bien —aseguró
—Mañana quiero que vengas a comer con nosotros.
—Oh, Rache —se quejó —No lo creo.
—Por favor.
—Oh, no sé.
—Por favor —repitió la chica insistente
—Bueno... no sé... sabes que preferiría quedarme en casa...
—De acuerdo, lo entiendo, pero sabes que eres bienvenida.
—Gracias, Rache. Lo sé.
Cuando Rachel se despidió, Bella sintió nuevamente las miradas curiosas en su persona.
—No sabía que conocías también a Rachel —comentó Alice esperando explicaciones que Bella no se atrevía a dar.
—Sí —dijo a falta de una respuesta mejor.
—Es una muy buena mujer. Igual que Billy. Se parecen mucho, aunque dicen que Jacob se parecía aún más a su padre.
—Era cierto, al menos cuando Jake era un niño y venía por las vacaciones. —acotó Edward dando un trago a su copa de champagne
—¿Cuántos años tenía cuando murió? —preguntó Alice y Bella tembló.
—Veintipocos —dijo Edward
—Veinticinco —corrigió Bella con una seguridad que les llamó la atención.
—Tú trabajaste con él en Montana, ¿no es cierto? —indagó Alice
—Sí.
—¿Durante mucho tiempo?
—Seis años —explicó
—Vaya, mucho tiempo. No te recuerdo de su funeral.
—No asistí.
—¿No asististe a su funeral? —indagó Alice sorprendida.
Supo que no tenía escapatoria.
—Estaba en el hospital —reveló y sintió la mirada de Edward observarla con curiosidad.
—¿En el hospital?
—Sí —reconoció Bella con un suspiro —Yo viajaba con Jake el día del accidente —dijo por fin.
Edward dio un respingo en su asiento, y la sangre bombeó con fuerza en su cabeza.
Siempre había sabido que Jacob viajaba con su prometida cuando había tenido lugar el accidente que le había costado la vida.
—¿Sí? —comentó Alice con inocencia —Creía que sólo le acompañaba su prometida —agregó y palideció al interpretar sus propias palabras —Oh, vaya, lo siento. ¿Tú eras la prometida de Jacob?
—Sí —murmuró bajando la mirada a sus manos que se estrujaban en su regazo.
—Oh, vaya, Bella, lo siento —se disculpó Alice.
—No hay problema —murmuró incómoda deseando salir de allí.
La mano de Edward se apoyó sobre las suyas dándoles un cálido apretón.
—Yo volveré al rancho ahora —dijo Edward —Esta fiesta ya me está agotando. ¿Quieres que te lleve, Bella? —ofreció con aire despreocupado y Bella agradeció su gesto.
—Sí, gracias. —aceptó aliviada antes de que Alice pudiera seguir indagando en su dolor.
Abandonaron el salón en silencio y en el mismo silencio subieron a la camioneta e hicieron el recorrido hasta el rancho.
—Gracias —dijo Bella en cuanto Edward detuvo la camioneta frente a la casa.
—No hay de qué.
—Sé que me ofreciste marchar porque estaba incómoda. —reconoció con la mirada perdida a través del parabrisas.
—No tienes que agradecerme nada. En realidad yo debería disculparme por Alice, ya sabes, a veces no tiene filtro en lo que dice.
—No tiene mala intención.
—No, no la tiene —aseguró —pero puede incomodar de todas formas.
—No es su culpa si yo aún no puedo hablar de ello con soltura —dijo y limpió su mejilla de una tímida lágrima que la recorrió.
—Lo siento, Bella. No sabíamos que eras la prometida de Jake.
—No teníais porqué saberlo.
—Lo siento mucho, de verdad. Todos lamentamos mucho lo que le sucedió. Era muy joven. Siempre supimos que Billy y Rachel quedaron destrozados, pero nunca pensamos en que su prometida también lo estaría. Y ahora aquí estás tú, y has pasado por una experiencia tan dura, que no puedo imaginar...
—Yo estoy viva —dijo llamando su atención —Yo sobreviví y seguiré adelante, pero Jake no. Jake perdió todo en esa carretera esa noche. Y aunque yo sienta que he perdido todo, aún me queda la vida, y no tengo derecho a lamentarme. —replicó contundente antes de bajar del coche y dirigirse a grandes zancadas hasta la casa.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.
Dejo el adelanto del próximo capítulo.
—Aquí estás —la voz de Jessica le irritó —Buenos días, Edward.
—¿Qué coño haces aquí, Jessica?
—¿Por qué te portas así conmigo? —sollozó la mujer.
—Oh, por Dios —se quejó —Creo haberte dicho hace dos años, que no volvieras a poner tus malditos pies de furcia en mi rancho una sola vez más.
—Oh, Edward, ¿y qué quieres que haga si te niegas a hablar conmigo civilizadamente?
—¿Civilizadamente? ¿Crees que tengo algo que hablar contigo, civilizadamente o no?
—Por favor, Edward. Dame una oportunidad. Sólo escúchame. Déjame explicarte...
—¿Explicarme? ¿Explicarme qué?
—Por favor, Edward —gimió la chica y las lágrimas desbordaron su rostro.
Edward tembló al verla.
Y os recuerdo que se pueden pasar por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde encontrarán encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil los links de los tráilers que han hecho mis amigas para este fic.
Y no se olviden que este viernes, CAPI EXTRA!
Besitos y nos leemos!
