DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 11
La relación entre Edward y Bella tuvo un antes y un después de aquella charla en las que se contaron sus pasadas y tristes experiencias.
La relación fría y distante que les había caracterizado, se volvió lentamente más amena y distendida.
Y poco a poco, su camaradería fue rozando la amistad.
Varias semanas después, Bella se acercó a la droguería del pueblo.
Se encontraba llenando su cesto con su champú de fresas favorito, gel de ducha, y algunos otros cosméticos cuando la niña mimada del pueblo se le acercó.
—Hola —le saludó sonriendo.
Bella se envaró al verla.
Era hermosa. No le costaba entender que Edward se hubiese enamorado de ella, al menos físicamente.
Llevaba una cortísima minifalda vaquera y una camiseta también muy corta que apenas cubría sus pechos.
Tenía el cabello recogido en una coleta y su rostro suavemente maquillado. Era preciosa, y su sonrisa la volvía resplandeciente.
Nadie podría intuir que bajo esa piel suave y aquel rostro angelical, se escondía la mujer que le había hecho tanto daño al recio y masculino Edward Cullen.
—Hola —respondió con ciertas reservas.
—No nos han presentado, pero nos conocimos en el baile de la asociación de damas —dijo estirando su mano —Soy Jessica Cullen —se presentó.
—Bella Swan —respondió estrechando la mano de uñas perfectamente cuidadas de la mujer.
—Estabas en la mesa de los Cullen.
—Sí —Jessica la observó arqueando una ceja y se vio obligada a explicarse —Trabajo en el rancho.
—¿Ah, sí? —comentó claramente sorprendida —¿Y puedo saber qué haces allí?
—Soy la adiestradora.
—Oh, vaya, qué extraño. Tenía entendido que Edward era reacio a contratar mujeres para el rancho.
Bella no contestó. No supo qué respuesta esperaba la mujer.
—Supongo que habrás oído hablar de mí.
—He oído que eres la ex mujer de Edward.
—Sí, esa soy yo, pero deberías saber que he vuelto a Spearman para recuperarle y volver a ocupar el lugar que me corresponde. —dijo imprimiendo desdén a su frase.
—Ok —dijo nuevamente sin saber qué más decir —Me doy por enterada.
—Eso significa que si tienes intenciones de convertirte en la nueva señora Cullen, lo tienes difícil —espetó la mujer mirándola de arriba abajo, a la vez que sonreía con arrogancia.
—Oh, no te preocupes por mí, no tengo ninguna intención de convertirme en nada más de lo que actualmente soy.
—Oh, no, si no estoy preocupada —rió burlona mirándola despectiva. —Salta a la vista que no hay nada que deba preocuparme.
—Mejor así. Ahora si me permites me gustaría terminar mis compras.
—Sí, claro. Dale mis recuerdos a Edward.
—Se los daré —aseguró molesta por la presuntuosidad de la ex de su jefe.
Incómoda aún al llegar al rancho fue en busca de Edward, después de haber dejado sus compras en su habitación.
Lo encontró en uno de los cobertizos apilando sacos de semillas.
—Edward —le llamó
Estaba muy cerca de él a sus espaldas, por lo que al darse él la vuelta con ímpetu, su musculoso cuerpo chocó contra ella haciéndola trastabillar.
Sus piernas chocaron con los sacos que había en el suelo y estuvo a punto de caer, si Edward no hubiese sido más rápido y la hubiese cogido por la cintura.
Su cuerpo se pegó al de él y su respiración se aceleró cuando sus pechos chocaron contra el fuerte pecho masculino desnudo.
Fue un instante, pero vio en las pupilas dilatadas del hombre el deseo que le asaltó.
La respiración de Edward se aceleró y vio claramente su decisión de besarla.
Y por un momento lo deseó.
Deseó que la besara con las ansias que se veían rotundamente en su rostro y se sentían en su cuerpo.
Sus manos se apoyaban sobre los firmes pectorales masculinos y por un momento pensó en abandonar su reticencia y aceptar que la besara.
Pero cuando cerró los ojos, vio a Jacob.
Vio a Jacob con su pícara sonrisa de blancos dientes, riendo por la anticipación antes de levantarla y tumbarla sobre los sacos para hacerle cosquillas antes de besarla.
Su respiración se aceleró y sus manos empujaron el pecho del hombre que la rodeaba con sus brazos.
—Disculpa, Edward —murmuró sin atreverse a mirarle.
Edward reaccionó entonces y comprendió lo que inconscientemente había estado a punto de hacer.
No podía resistirse mucho más, esa chica le excitaba y le atraía de formas que hacía mucho nadie lo hacía.
—Oh, no, discúlpame tú a mí —dijo intentando quitar importancia a la situación —No me di cuenta que estabas justo detrás de mí. ¿Te golpeé? ¿Te hice daño?
—No, no, no te preocupes —dijo incapaz de mirarle —Disculpa, no pretendía sobresaltarte.
—No, no hay problema, pero dime ¿me estabas buscando?
—¿Eh? Oh, sí, pero no tiene importancia.
—No, está bien. Dime ¿qué necesitabas?
—No es nada —dijo sin poder calmar su estado nervioso —Es sólo... estuve en el pueblo y me encontré con tu ex.
—¿Con Jessica? —inquirió sorprendido
—Sí.
—¿Hablaste con ella?
—Sí. Vino a presentarse. Me dijo que era Jessica Cullen.
—Maldición —se quejó —Ya le he dicho que deje de utilizar mi apellido.
—Sí, bueno, en realidad me abordó para decirme que ha vuelto a Spearman para recuperarte.
—¿Eso dijo?
—Sí. También me pidió que te diera sus recuerdos.
—Es una zorra. ¿Qué le dijiste?
—Que te daría sus recuerdos.
—Vaya, gracias —sonrió —Espero que no te incomodara.
—No, en absoluto —mintió —Pero debo reconocer que es un poco intimidante, todo belleza y seguridad.
—Y maldad —acotó Edward —Belleza, seguridad y maldad. No te dejes intimidar por ella, es una zorra. —incómodo se volteó de nuevo hacia los sacos para continuar apilándolos.
—¿Crees que le perdonarás algún día?
—No —aseguró tajante —No me importa Jessica en absoluto. Lo nuestro está más que acabado, y no siento por ella nada más que asco y repulsión. No le odio, porque sería darle demasiada importancia, pero nunca le perdonaré que me humillara como lo hizo. No pienso vengarme de ella, ni le guardo rencor en ese sentido, pero no quiero volver a verla ni a saber nada de ella.
—Ella está dispuesta a recuperarte.
—Será así hasta que encuentre algún perro faldero que le menee el rabo.
—¿No sientes celos?
—¿Celos? ¿De Jessica? En absoluto. Al contrario, sentiría pena por el pobre desgraciado que confíe en ella y crea sus mentiras. Estaría bien que se enredara con Mike Newton —sonrió divertido.
—¿Por qué odias a Mike?
—¿Por qué te cae bien Mike?
—Qué sé yo, no le conozco. Sólo ha sido amable conmigo y eso es lo que me ha parecido, un tipo amable. No sé nada sobre él.
Bella había conocido a Mike una tarde en que había tenido que ir a la veterinaria del pueblo.
Mike le había ayudado a cargar su compra en la camioneta, y se había portado bastante amable invitándola a un café que ella había declinado amablemente.
—Salió una temporada con Jessica antes de que ella y yo nos casáramos, y aún estaba enamorado de ella cuando nosotros estábamos juntos. Nunca ocultó su desagrado hacia mí por esa causa. Cuando pasó todo lo que pasó y tuve que hacer frente a las demandas por el accidente, él intentó desprestigiar más mi rancho tanto en el periódico como en la radio local.
—Vaya.
—Sí —sonrió con tristeza —A veces pienso que si hubiera seguido saliendo con Jessica podría haber evitado que yo me casara con ella y me habría evitado la humillación.
—No serías quien eres si no hubieras vivido lo que viviste, incluso con Jessica.
—No sé si me gusta tanto ser quien soy y lo que soy, como para pensar así —respondió volteándose a verla.
—A mí sí me gusta —murmuró sintiéndose avergonzada, ganándose de él una mirada especulativa.
Sam entró entonces buscando a Edward y se lo llevó para recibir unos potenciales clientes.
Bella intentó calmar su estado de nerviosismo, antes de dirigirse a su habitación.
El calor de Texas poco a poco se volvía más agobiante a medida que la primavera se adentraba más, pero el calor que Bella sentía en su cuerpo, no tenía nada que ver con el clima.
Decidida a darse una ducha, se dirigió al baño de su habitación.
Se desnudó de espaldas al espejo, tal como acostumbraba hacerlo desde hacía ya tres años.
Antes de abrir el grifo recordó que había dejado sus compras en la habitación y volvió desnuda sobre sus pasos.
Fue entonces que se topó con el espejo de cuerpo entero que había junto a la cómoda.
Se observó desnuda y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.
Recordó la mirada despectiva que Jessica Stanley, o Cullen, como ella había dicho, le había dedicado esa tarde.
Con desprecio le había asegurado no sentirse preocupada por la atracción que Edward pudiese sentir por ella y, aunque le doliese, ella sabía que la chica tenía razón.
Tres años antes, en el accidente que se cobrara la vida de las dos personas más importantes de su vida, ella había resultado marcada, y no sólo internamente.
Había quedado atrapada entre los hierros retorcidos del coche que conducía, y además de los golpes y las fracturas, un hierro de la furgoneta se había clavado en su bajo vientre.
El accidente había hecho que se desprendiera la placenta y su bebé había perdido la vida mucho antes de que los bomberos pudieran sacarla del vehículo, varias horas después.
Pero la gravedad de sus heridas había requerido muchas operaciones para reparar su cuerpo, así como su cadera y su pierna derecha.
Su cuerpo había sido reparado casi en su totalidad, pero le habían quedado importantes cicatrices.
La que surcaba su vientre, era la más notoria y dolorosa a la vista.
Las pequeñas cicatrices que recorrían su cadera eran apenas visibles, frente a aquella que día a día le recordaba su pérdida.
Pero nada de eso era comparable, al cambio que su cuerpo había sufrido internamente.
Aquel fatídico día, no sólo había perdido a su familia, sino que las cirugías de urgencia, más la infección que le sobrevino, le habían arrancado las posibilidades de ser madre algún día.
Y sus cicatrices eran un constante recordatorio de lo que había perdido aquel día en la carretera noventa y tres.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.
Adelanto del próximo capítulo.
—Usa tu persuasión —sugirió risueño
—Tal vez deberías hacerlo tú, al fin y al cabo eres el hombre. —comentó ella burlona
La observó entrecerrando los ojos.
—¿Qué estás sugiriendo?
—Nada —rió despreocupada —Pero podrías utilizar tus encantos masculinos para con ella…
—¿Mis encantos masculinos? —comentó indignado —Últimamente no me dan muchos resultados mis encantos masculinos —agregó mirándola con intención
El rostro de Bella se volvió granate y Edward se carcajeó.
Y os recuerdo que se pueden pasar por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde encontrarán encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil los links de los tráilers que han hecho mis amigas para este fic.
Besitos y nos leemos!
