DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 12
Edward volvió a distanciarse de Bella después de aquel comprometedor encuentro en el cobertizo.
Se había sentido demasiado atraído y le había costado mucho contener su deseo de besarla.
Pero aunque lo había hecho, tenía que reconocer que gran parte de su contención se había debido a que Bella se había alejado de él.
Y eso le había hecho sentir frustrado.
Esa noche había dejado el rancho para ir a Borger. Había visitado La Casa Violeta, pero después de un par de copas en el bar, había regresado a Spearman.
Hacía un par de meses que no tenía sexo, pero aun así no había logrado excitarse con ninguna de las mujeres a las que antiguamente no habría dudado en llevarse a la cama.
Y ahora él y Bella habían dejado de lado aquella incipiente amistad que habían creído vislumbrar.
La relación no se había vuelto agresiva como en un comienzo, pero tampoco se sentían tan distendidos el uno con el otro.
Entonces, un mes después de aquel encuentro, ambos habían aceptado esa situación.
En ese mes, Edward había recibido llamadas de Jessica, pero había colgado a todas y cada una de ellas.
Había confiado en que la mujer pronto se marcharía del pueblo, requerida por algún nuevo trabajo, pero ya había pasado más de un mes y Jessica aún seguía en Spearman.
Bella sólo la había visto alguna que otra vez en el pueblo, pero sólo a la distancia, y la había evitado.
Finalmente, había olvidado sus crudos comentarios y su encuentro con la mujer, era sólo una anécdota.
El mes de mayo había llegado y después de más de tres meses en Spearman, Bella ya se sentía como en casa.
El trabajo le gustaba mucho. Los trabajadores de Edward la trataban como una más de la familia, al igual que los hermanos de Edward y sus familias.
Los sobrinos de Edward la trataban como si de una tía se tratara y, aunque al principio le había resultado difícil aceptar esas relaciones, finalmente había aprendido a sentirse cómoda entre niños.
—El viejo Banner traerá una yegua mañana —comentó Edward una noche durante la cena que compartía con Bella, Harry y Sue.
—¿Una yegua? —preguntó Bella con interés.
—Sí, tiene una yegua que quiere que sea montada por Metis.
—¿No será la misma que trajo la última vez? —indagó Harry
—Sí, la misma. Isis.
—Oh, por Dios —se quejó el hombre ganándose la atención de Bella —Esa yegua es un demonio imposible de montar. —le explicó el hombre a la entrenadora —Hace dos años la tuvimos una semana entera y fue casi imposible. El viejo Banner quería que la montara Ulises…
—¿Ulises?
—Un purasangre que vendimos a final de año —le explicó Edward.
—El pobre Ulises acabó coceado y mordido antes de poder montarla finalmente.
—Oh, vaya.
—Tuvo un potrillo magnífico —acotó Edward
—Y el viejo sacó mucho dinero por el animal.
—Los padres de Isis fueron campeones, la yegua tiene un buen pedigrí.
—Por eso ahora querrá cruzarla con Metis.
—Desde luego. Bella, es probable que tengamos a Isis unos cuantos días. ¿Crees que podrás organizarle un lugar? No se lleva bien con los otros animales, ya sabes.
—No te preocupes, lo arreglaré.
—Si además pudieras hacer algo para que estuviera más relajada, sería fantástico.
—Creo que esperas demasiado de mí —sonrió.
—Demasiado es poco —dijo petulante —Espero todo de ti —agregó divertido —Tienes una muy buena mano con los caballos y lo sabes, así que espero todo de ti.
—Haré lo que pueda, pero no sé si soy capaz de convencer a una yegua para que se deje montar.
—Usa tu persuasión —sugirió risueño.
—Tal vez deberías hacerlo tú, al fin y al cabo eres el hombre. —comentó ella burlona
La observó entrecerrando los ojos.
—¿Qué estás sugiriendo?
—Nada —rió despreocupada —Pero podrías utilizar tus encantos masculinos para con ella…
—¿Mis encantos masculinos? —comentó simulándose indignado —Últimamente no me dan muchos resultados mis encantos masculinos —agregó mirándola con intención.
El rostro de Bella se volvió granate y Edward se carcajeó, ante el asombro de sus empleados.
A la mañana siguiente, Douglas Banner se presentó trayendo su yegua en un remolque.
El animal se encabritó cuando los peones tiraron de ella para bajarla, pero fue la voz de Bella la que calmó al animal.
Los siguientes días fueron arduos.
Isis daba claras señales de estar en celo. Sus genitales estaban inflamados, su vagina enrojecida y segregaba el típico moco viscoso. Se mostraba inquieta y coceaba frecuentemente.
A su alrededor Metis se mostraba ansioso y excitado.
Intentaba cortejarla de esa forma tan elegante que tienen los caballos, mostrándose altivo con el cuello arqueado y destacando los músculos del cuello.
Daba vueltas alrededor de la yegua, brincando a su alrededor, y relinchando enérgicamente.
Isis se mostraba receptiva y le provocaba constantemente, para rechazarle en el último momento.
Era un espectáculo fascinante ver al semental mordisquearla, olfatearla y lamerla para ver cómo ella le rechazaba finalmente, mordiéndole y coceándole.
Después del cuarto día de monta frustrada, los peones dejaron de estar interesados en el espectáculo.
Bella y Edward se sentían casi tan frustrados como el mismo Metis.
—Tengo que conseguirle un desahogo al pobre Metis —comentó Edward el cuarto día cuando devolvía el animal a su caballeriza, después de un nuevo intento frustrado con la esquiva yegua.
—¿A qué te refieres?
—Este pobre animal lleva cuatro días preparándose para el polvazo del año y se va a la cama sin siquiera una ducha fría —explicó haciéndola reír
—Vaya, hablas como si comprendieras muy bien su situación.
—La comprendo —aseguró solemne mirándola fijamente —Me he ido a la cama en ese estado muchas veces.
—¿Y cómo lo has solucionado?
—Diría que con una ducha fría, pero no creo que haya sido una gran solución.
—No creo que a tus propias yeguas les tarde en aparecer el celo. Es la época, así que en un par de semanas tu caballo estará tirándose dos o tres hembras por día.
Edward sonrió, palmeando el cuello de su caballo favorito.
—Calma, campeón, ten fe en la entrenadora. En un par de semanas tendrás toda mi envidia…
—Venga, semental —rió Bella palmeándole la espalda —Te invitaré a un té helado para compensar y enfriarte un poco…
—Se me ocurren mejores ideas para que me compenses y me enfríes —sugirió atrevido y le gustó verla sonrojarse.
Era la primera vez que se atrevía a bromear con ella con alusiones claramente sexuales, y aunque ella se ruborizara, no se había escandalizado con su insinuación.
El día siguiente algo cambió.
Cuando Edward dejó entrar a Metis al corral donde estaba Isis, la yegua le miró con atención a la vez que levantaba la cola a forma de invitación.
—Hoy es el día —susurró Bella a Edward cuando éste se acodó en la valla junto a ella.
—¿Tú crees? —respondió él, en susurros también.
—Diría que sí. Se la ve más receptiva…
—Tal vez necesitaba más intimidad —dijo Edward, aludiendo a la falta de audiencia de ese día, ya que los peones habían desistido de presenciar el espectáculo.
Metis se mostraba inquieto y excitado. Relinchaba de forma intensa, continua y enérgica y su pene estaba erecto.
Cuando Isis separó las patas posteriores, Metis comenzó a olfatear el aire con énfasis.
Se acercó a la yegua mostrando su pose altiva, arqueando el cuello.
Finalmente comenzó a ejercitar su particular danza en círculos, brincando alrededor de Isis.
Cuando la aceptación de la yegua se volvió explícita, Metis le acarició el cuello con su hocico, mordisqueándole la crin y frotándose contra ella. Olfateó sus orejas, el cuello, las axilas y el bajo vientre.
Lentamente se movió por el costado de la yegua para olfatear, mordisquear y lamerle las partes traseras, la zona genital, la cola y las patas traseras.
El miembro de Metis ya alcanzaba el metro y medio de longitud.
Finalmente Isis demostró su sumisión apartando la cola.
Bella inspiró profundamente y estiró su mano para ponerla sobre el dorso de la mano de Edward y apretarla.
Edward giró su mano y enredó los dedos con los de ella, sin dejar de observar el maravilloso espectáculo que los caballos brindaban.
Metis se posicionó tras la yegua y por fin la montó.
El brazo de Edward rodeó la cintura de Bella, acercándola a él sin alejar la vista del corral.
Metis embistió contra Isis seis o siete veces mientras su cola bombeaba arriba y abajo, y el apareamiento concluyó.
—Al fin —suspiró Edward, a la vez que rodeando a Bella por la cintura la bajaba de la valla para girarla entre sus brazos riendo satisfecho.
Bella rió feliz también.
Giró con ella entre sus brazos complacido, pero cuando la dejó sobre sus pies, no tuvo fuerzas para soltarla.
Sus ojos verdes se clavaron en los de ella. No pudo dejar de admirar su rostro y ver en él la sonrisa más feliz que había visto en ella jamás.
Le hizo dichoso verla reír. Le hizo feliz ver su felicidad.
Sin poder resistirse más, inclinó su cabeza y la besó.
Las manos de Bella sobre sus fuertes hombros. Su cuerpo pequeño y femenino acoplado a él.
La vacilación de Bella duró sólo unos instantes, antes de que se rindiera a su beso separando los labios.
La lengua de Edward se coló en su boca y acarició su lengua y sus dientes.
Las manos de Bella treparon por sus brazos para enredarse en los cabellos cobrizos de él.
Las manos de Edward la aferraron con fuerza por la pequeña cintura.
Se besaron con dulzura pero con ansiedad.
Y por unos instantes, las barreras que los separaban, parecieron desaparecer.
Después de un capi muy triste, uno bastante más feliz.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.
Dejo un adelanto del próximo capítulo.
—¿Qué coño haces tú aquí? —la voz furiosa de Jessica resonó a espaldas de su padre.
—¡Jessica! —le gritó el hombre molesto.
—¿Qué has estado escuchando? —rugió la chica acercándose a Bella frenética.
—¡Jessica! —volvió a llamarla el hombre.
—¿Qué has oído? Ni se te ocurra decirle nada a Edward porque no tienes ni idea de con quién te estás metiendo —dijo amenazadora.
Bella la miró sin contestar, mientras intentaba mostrarse impasible aunque interiormente se sintiera temblar.
Recuerdo que podéis pasar por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde encontraréis encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil los links de los tráilers de esta historia, hechos por mis amigas.
Besitos y nos leemos!
