DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 14
El trayecto desde el pueblo hasta el rancho tardó en recorrerlo menos de la mitad de lo habitual, furioso como se sentía.
Bajó de la camioneta y la cerró con un portazo que la hizo saltar.
Con ese ímpetu entró en las caballerizas dispuesto a ensillar a Metis.
El caballo relinchó nervioso cuando notó el estado nervioso de su dueño, al intentar colocarle la montura.
—Quieto —gritó y el animal se revolvió en su lugar.
Bella se encontraba en el cubículo de Arish, una de las yeguas preñadas de Edward que intuían pariría en cualquier momento.
El grito de Edward la sorprendió y salió de su cubículo en el momento justo en que Metis se encabritaba y arremetía contra Edward.
—Quieto, cabrón —gritó Edward gruñón saltando hacia atrás.
—¡Edward! —Bella corrió hasta él —¿Estás bien?
—Sí, —respondió sin mirarla —no me ha tocado. ¿Qué coño te pasa? —le gruñó al caballo intentando acercarse a él.
—Hey, Edward, tranquilo —le dijo Bella poniendo la mano sobre su brazo.
—Déjame —le gruñó entonces a ella
—Hey, tranquilo, le estás asustando —le explicó intentando calmarle, mientras su otra mano se apoyaba en el cuello del animal y le acariciaba con calma.
—Mierda —rumió, sintiéndose un idiota —Lo siento, Bella, discúlpame.
—No pasa nada. Sólo debes calmarte un poco. Metis nota tu impaciencia y le incomoda.
—Lo sé, lo sé. Lo siento —volvió a disculparse. —Perdona, chico —dijo acercándose lentamente al caballo que le observó receloso.
Calmó su respiración apoyando la cabeza contra el animal.
—¿Estás bien? —susurró Bella después de unos minutos.
—Ensilla a Athenodora —le ordenó —Tú y yo nos vamos a cabalgar.
—¿Eh, yo? Tengo trabajo.
—Acata las órdenes del jefe, por favor —sugirió esbozando una muy tenue sonrisa.
—De acuerdo. ¿Quieres que ensille también a Metis?
—Yo lo haré. Ya estoy más tranquilo —aseguró.
Salieron del establo en silencio.
—¿Te gusta correr?
—Un poco.
—Bien. ¿Una carrera? —propuso sonriente
—Hey, no. Me harás trampas, tú conoces el terreno y yo no.
—De acuerdo —sonrió indulgente —Pero cabalguemos un rato.
—Te sigo —aceptó Bella y azuzaron sus monturas.
Edward la guió y recorrieron los prados hasta alcanzar un claro junto al río.
Edward detuvo su caballo y Bella se detuvo junto a él.
—Vaya —susurró complacida —Este lugar es hermoso.
—Sí —reconoció desmontando —Siempre vengo aquí cuando me siento superado…
—¿Hoy te sientes superado? —preguntó desmontando también
Edward cogió las riendas de ambos caballos y las ató a una rama baja del viejo olmo que había allí.
Se sentaron en silencio recostados en las rocas.
Edward sacó una cajetilla de Marlboro del bolsillo superior de su camisa y encendió un cigarrillo.
—¿Fumas? —le ofreció
—No, gracias.
Edward inspiró profundamente y dio tres caladas a su cigarrillo antes de aplastarlo contra una de las rocas.
—Intento dejarlo, pero siempre me encuentro encendiendo uno antes o después
—No lo harías si no los llevaras en el bolsillo de la camisa.
—Lo sé —sonrió —pero soy demasiado débil.
—No hay nada de débil en ti.
Edward esbozó una media sonrisa, y continuó pensativo con la vista clavada en sus botas.
—¿No vas a preguntarme qué me dijo Jack Stanley?
—No me gusta entrometerme.
Edward la miró sintiéndose agradecido.
—Gracias por no preguntar.
—No voy a preguntar pero si en algún momento quieres hablar de lo que sea, aquí estoy.
—Gracias.
Bella se recostó contra la enorme roca. Edward lanzaba pequeñas piedras al cauce del río.
—Este lugar está lleno de paz —suspiró Bella a la vez que se estiraba para quitarse las botas y los calcetines
Edward sonrió sin alejar la mirada de sus preciosos y femeninos pies, mientras Bella movía los dedos.
—El rancho de mi familia lo cruzaba el río Clark Fork. Cuando era niña solía cabalgar hasta una pequeña balsa que se formaba entre las rocas y pasaba tardes enteras allí.
—Imagino que echarás de menos el rancho.
—Sí, pero ya sabes, dejó de ser de mi familia mucho antes de que realmente tuviera que venderlo. Cuando mi madre murió mi padre dejó de amar el rancho y yo acabé odiándolo también.
—Yo no podría vivir fuera de aquí.
—¿Hace mucho tiempo que es de tu familia el rancho?
—Desde mi bisabuelo. Cuando era joven, antes de que Emmett se casara con Rosalie y se hiciera cargo del rancho de sus suegros, todos pensábamos que él, siendo el hijo mayor, heredaría el rancho. Yo sólo quería convertirme en indispensable para Emmett para que no me dejara marchar.
—No creo que te hubiera dejado marchar. Se nota que este rancho es tu vida.
—Lo es —reconoció con un suspiro
El manto silencioso volvió a caer sobre ellos.
—Jessica está en quiebra —explicó Edward por fin —Le han interpuesto una demanda millonaria. Sus padres se han hipotecado para pagar los abogados, pero no confían en que la resolución le sea favorable.
—¿Es por dinero que quiere reconquistarte?
—Supongo que sí.
—¿Te duele saberlo?
—¿Por qué habría de dolerme?
—No sé, supongo que tal vez te duela creer que no es por amor.
—No me importa. No me interesa que Jessica me ame. Desearía que me olvide de una vez por todas y desaparezca de mi vida.
—Entiendo. ¿Puedo preguntar por qué le demandaron?
—Eso es lo gracioso —comentó sardónico.
Bella le observó atenta esperando que se decidiera a hablar.
Edward se lo pensó un momento.
—¿Sabías que las miss no pueden estar casadas? —dijo por fin
—¿Cómo? —indagó mirándole con el entrecejo fruncido.
—Sí, no pueden estar ni haber estado casadas.
—No lo sabía, pero entonces ¿cómo es que tu mujer pudo ser electa?
—Falsificó algunos documentos para demostrar que era soltera.
—Oh, vaya —exclamó sorprendida —¿Y tú no lo sabías?
—No, me acabo de enterar.
—Vaya, Edward, no sé qué decir…
—Mike Newton la ayudó a falsificar los documentos.
—¿Mike Newton?
—Sí, su madre ha trabajado toda la vida en el registro civil de Spearman, así que supongo que por eso lo tuvo fácil.
—Pero eso es ilegal…
—Por eso le han demandado.
—Pero además de demandada podría ir a prisión…
—Supongo.
—Oh, vaya, ¿y tú cómo te sientes al respecto? —inquirió cautelosa
Edward se recostó en el suelo pensativo.
—Humillado —dijo por fin
—¿Humillado?
—Es humillante. Mi esposa, a la que amaba y de la que me sentía orgulloso renegaba de mí y de nuestro matrimonio. ¿Entiendes? Yo me casé con Jessica para toda la vida y ella un año después de nuestra boda negaba un vínculo que para mí era sagrado.
—Dios, Edward, entiendo cómo te sientes y lo siento de verdad, pero no tienes que sentirte así. Esa mujer está enferma, no es tu culpa.
—No es mi culpa, lo sé, pero por Dios, Bella, yo era un adulto, un tipo de veintisiete casado con una chica de diecinueve. La chica más hermosa del pueblo. Me sentía orgulloso de ser la envidia de todos los hombres de Spearman —confesó llevándose la mano al rostro para cubrir sus ojos —Dios mío, qué patético.
—No pienses eso…
—No quiero ni recordar la forma en que caminaba arrogante por el pueblo, pensando que Miss Texas era mía y me había elegido a mí. ¡Por Dios, qué idiota! ¿En qué coño estaba pensando para creerme que un ranchero bruto como yo, que huele a estiércol y a sudor la mitad del día podía atraer a una mujer como Jessica?
—¡Hey, hey hey! —le cortó enfadada —Tú eres más hombre de lo que podrá ser cualquiera de los que se haya podido cruzar esa mujer en su vida. Si Jessica considera que debe elegir a un hombre por si huele a colonia o a sudor, es que es una idiota.
—Si ella es una idiota ¿qué dice eso de mí que me enamoré de ella?
—Tú no estás viendo la realidad ahora mismo. Cuando dices una mujer como Jessica ¿qué quieres decir? ¿Una mujer guapa? ¿Crees que es guapa a pesar de ser una persona oscura, traicionera, infiel? ¿Preferirías que te quisiera una persona tan superficial y egocéntrica?
—No, claro que no, pero desearía no haberme enamorado de ella. No haber sido tan infantil, tan ingenuo, tan inmaduro. Es obvio que agradezco haberme separado de ella después de saber que no tiene corazón, pero eso no quita que me sienta humillado. —explicó volteándose a verla —Dios, Bella, yo habría seguido con ella. No la habría dejado nunca si no la hubiera encontrado follando con alguien más.
—Eso es mucho decir, Edward. No puedes saber cómo hubiera seguido vuestra relación ni qué hubiera pasado. Pero por lo que sea, no estás con ella. Y yo creo que es porque tú no te mereces una mujer así, sin corazón, fría, que considere que es más importante un título de Miss que defender su matrimonio por sobre todas las cosas. Tú no te la merecías porque te mereces mucho más, Edward.
—Gracias, pero no sé si eso me hace sentir mejor.
—Tal vez no, pero debería.
—Y sólo pensar en que lo hizo asociándose con Mike Newton… puff, no puedo dejar de imaginar lo que se ha de haber reído de mí ese maldito cabrón todos estos años…
—Edward, tú te quedaste con la chica que él quería, y la dejaste cuando tú lo decidiste, ni siquiera ella te dejó a ti, ¿de verdad crees que Mike no lo ve? ¿que no ve que tuviste a la chica cuando lo deseaste y la dejaste cuando lo deseaste?
—¿Tú crees?
—Desde luego. De haber sentido que tenía algo para humillarte, no habría dejado de hacerlo. No es tan noble.
Edward meditó las palabras de la chica intentando sentirse mejor.
—Lo único bueno de todo esto es que nunca tuviéramos hijos. No soportaría un vínculo tan fuerte con Jessica. Supongo que Dios me iluminó —sonrió aunque con tristeza —y nunca quise tener hijos. —confesó sorprendiéndola.
Bella nunca hubiera imaginado que Edward no desease tener hijos. Amaba a sus sobrinos y se le notaba.
Ese hombre había nacido para ser padre, Bella no lograba entender que no lo deseara.
Pero la vida a veces da giros extraños.
Allí estaban dos personas sin hijos y que probablemente nunca los tendrían, afrontando la misma situación con dos sentimientos completamente opuestos.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.
Les dejo un adelanto del capítulo que viene:
Silenciosas lágrimas rodaban por el rostro de la chica.
—¡Hey, Bella! —le llamó extrañado —¿Qué sucede?
Bella sonrió tranquila mientras secaba sus mejillas.
—Lo siento, tuve tanto miedo —confesó sintiéndose una tonta
—Hey —sonrió acercándose a ella para rodearla con su brazo y estrecharla contra su pecho —Tranquila, pequeña, todo está bien.
—Sí, lo sé —reconoció contra su pecho
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Besitos y nos leemos!
