DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 20

Desde el corral donde paleaba estiércol vio a Bella entrar a las caballerizas como cada día.

Los últimos dos meses los había pasado igual.

La seguía con la mirada y recordaba todas las sugerencias y recomendaciones que Rachel había hecho aquel día en el hospital, pero nunca lograba decidir qué hacer.

Según Rachel sería difícil conquistar a Bella invitándola al cine, a bailar, o a cenar a un restaurante lujoso.

Y él agradecía eso ya que no sabría cómo comportarse en un restaurante lujoso, donde los platos sólo incluían una pequeñas muestras de algo que llamaban comida, había tantos cubiertos y con tantas formas distintas que él no sabría por dónde empezar, y dónde no sabría si podía pedir su vino favorito ya que era incapaz de reconocer con qué plato era adecuado pedirlo.

Bailar tampoco se le daba bien salvo que fuese una fiesta country, y el cine, temía dormirse antes de que acabara la película.

Para su fortuna, Rache no había recomendado ninguna de esas opciones, sino que le había sugerido paseos a caballo por el rancho.

Bella siempre había tenido alguna excusa.

También le había sugerido que compartieran momentos de trabajo, pero Bella siempre había encontrado la forma de involucrar a alguien más, cuando él se le había acercado mucho.

Pero no podía demorarse más, decidió. En poco más de una semana, el contingente de trabajadores que llegaban al rancho para trabajar en el marcaje, y la desparasitación del ganado estaría allí.

Una veintena de peones deseosos de encontrar chicas guapas estarían alojándose en su rancho casi un mes.

Él no podía arriesgarse. Dudaba que Bella fuese a mostrar interés por ninguno de ellos pero él no se iba a arriesgar.

Decidido abandonó su tarea, intentó quitarse un poco del sudor que le cubría en la bomba de agua y por primera vez en su vida, pensó que tal vez debería oler a colonia o perfume francés.

Pero él no era así y nada podría cambiar ya en su forma de ser.

Pasó las manos por sus cabellos y con los dedos los peinó hacia atrás antes de calzarse su Stetson y volver a vestirse con la camisa que había dejado colgada sobre la valla del corral.

Inspiró profundamente y se dirigió a las caballerizas.

Bella estaba junto a Ranya, la yegua que había parido hacía un par de días un potrillo de bajo peso, que pronto se había convertido en el consentido del rancho.

—Hola —la saludó Edward haciéndola dar un respingo sobresaltado

—Oh, hola, Edward.

—¿Cómo va todo?

—Bien. —sonrió satisfecha —Ranya está muy recuperada y el pequeño parece que también.

—Me alegro. ¿Y tú cómo estás?

—Bien, gracias.

—Sé que has estado visitando las caballerizas bastante tarde —dijo viéndola sonrojarse.

—Sí, lo siento. —reconoció —Quería estar segura que todo iba bien.

Esas noches, después del nacimiento del pequeño potrillo, Bella no podía irse a la cama tranquila sin antes verificar el estado de los animales.

Por eso cada noche, después de cenar y cuando ya todos se habían retirado, Bella bajaba a las caballerizas y pasaba un par de horas en la oscuridad viendo a la madre junto a su pequeña cría.

—No tienes que disculparte, pero no hace falta que te vayas a la cama tan tarde y te despiertes tan temprano por la mañana.

—Oh, no hay problema. Estoy acostumbrada.

—¿No estás agotada?

—Un poco, pero nada grave —sonrió

—Bien, pues como tu jefe, te ordeno que descanses y te relajes, y para eso ensilla a Athenodora, que nos vamos a dar un paseo.

—Oh, Edward, no sé —intentó disculparse.

—Es una orden —sentenció el hombre dándose la vuelta para acercarse a su propio caballo.

Recorrieron la propiedad en un agradable silencio.

Edward intentaba encontrar la mejor estrategia para llegar hasta Bella, pero no lo lograba.

Nunca había sido bueno con las chicas. En su época de instituto, había sido su hermano quien le había presentado a las pocas con las que había salido y Emmett le había concertado las citas.

Al dejar el instituto, las chicas del pueblo habían caído sobre él, hipnotizadas por el futuro dueño del Rancho Masen, por lo que tampoco había tenido que hacer nada especial. De todas formas nunca le había interesado realmente ninguna de ellas.

Su primera novia formal había sido Jessica y con ella no había tenido que esforzarse en absoluto.

Pero Bella era completamente diferente y él no tenía idea de cómo conquistarla.

No era más que un bruto ranchero que se preguntaba cada noche, qué habría hecho Jacob Black para merecérsela.

Finalmente se detuvieron al llegar al río y desmontaron.

Desensillaron los caballos y los dejaron pastando junto al olmo.

—Este lugar es maravilloso. —suspiró Bella.

—Lo es —reconoció recostándose contra una enorme roca.

—Se respira paz —dijo sentándose a medio metro de él.

Estuvieron en silencio durante un largo rato.

Bella se tumbó en la hierba adormeciéndose bajo el sol.

Edward la observaba desde debajo de su sombrero.

Era preciosa. Demasiado.

Llevaba meses admirándola y deseándola por partes iguales. En algunos momentos había sentido incluso que se estaba enamorando de ella.

Bella tenía todo para enamorarle. Además de ser preciosa y atractiva, era inteligente, simpática y divertida.

Amaba sus caballos casi tanto como él mismo. Le gustaba el rancho y el trabajo de campo. No estaba interesada en salir de compras, ir de fiesta, gastar su dinero viajando, más que para asistir a las ferias de ganado.

Se llevaba bien con sus trabajadores pero no se insinuaba ni les daba ideas erróneas.

Su familia le adoraba y ella les correspondía.

¿Qué más podría pedir en una mujer?

Que le amase también. Quería amar a una mujer que le amase y Bella no podía amarle.

Bella amaba a Jacob, y resultaría casi imposible que pudiese desterrar de su corazón a su prometido muerto.

Pero algo había entre ellos, tenía que reconocerlo. Y ella debía reconocérselo también.

Sólo habían compartido un beso fugaz y había sido dado por emociones que nada tenían que ver con el amor.

Buscando cambiar el rumbo de sus pensamientos se levantó.

—¿Qué tal un chapuzón? —propuso mientras se quitaba las botas.

Bella abrió los ojos y le observó.

—¿Un chapuzón?

—Sí, no vas a decirme que no tienes calor.

Bella se sonrojó nerviosa.

—¿Eh? No, estoy bien —mintió.

Tenía calor, y su temperatura aumentaba al ver a Edward despojarse de su camisa azul y de su camiseta interior.

De haber estado sola no lo hubiera pensado. Pero hacía tres años que no se desvestía delante de nadie, ni tan sólo para un inocente chapuzón en un río o una piscina.

—¡Qué va! Seguro mueres de calor. Venga, no le diré a nadie que te he visto en ropa interior —bromeó deseoso de verla desnudarse aunque fuera por un simple baño.

Nunca, pensó Bella. Nunca dejaría que le viera en ropa interior. Edward y ella tenían una relación maravillosa y a ella le gustaba demasiado eso como para permitir que le viera en ropa interior.

La enorme cicatriz que partía su vientre en dos, junto a las cinco cicatrices más pequeñas en su cadera y muslo, le dolían y le avergonzaban demasiado aún.

No debían avergonzarle, lo sabía, eran sólo las pruebas de la experiencia más dura de su vida.

No debía avergonzarse pero no podía evitar notar el desagrado mezclado con compasión que había visto en las pocas personas que alguna vez la habían visto sin el escudo de su ropa.

No quería verlo en el rostro de Edward. De ninguna forma.

—No me gusta nadar —volvió a mentir.

Edward la observó frunciendo el ceño.

—¿Segura? Tu virtud está a salvo conmigo —aseguró aunque no estaba completamente convencido de su sinceridad.

—Sí, gracias.

—Como quieras —respondió él quitándose los vaqueros antes de correr y zambullirse en el río.

Bella ya le había visto sin camisa antes, y desde luego había intuido sus fuertes piernas bajo los vaqueros, pero su cuerpo desnudo, cubierto solamente por un bóxer oscuro, era escultural.

Hombros anchos, brazos fuertes, cintura estrecha.

Sus piernas ligeramente combadas, musculosas y fuertes.

Su pecho recio, bronceado, cubierto por suave vello cobrizo.

Bella se excitó. Quiso impedirlo pero no lo logró.

Se recostó nuevamente sobre el pasto e intentó borrar a Edward de sus pensamientos.

Finalmente, bajo el cálido sol se adormeció.

Edward nadó hasta lograr enfriar su cuerpo y sus pensamientos. Cuando salió del río se acercó a Bella, para tumbarse a su lado.

Era preciosa, no podía dejar de admirarla, allí tumbada durmiendo de lado pacíficamente.

De frente a ella estiró su mano para retirar un mechón de pelo del rostro de la chica, y no pudo resistirse a acariciar su suave mejilla.

—Edward… —la voz de Bella sonó en un susurro.

La observó atento y comprobó que aún dormía, y eso le regocijó el alma. Bella dormía y estaba soñando con él.

Bajó sus dedos por el cuello de Bella y siguió por el escote de su camisa. La respiración de Bella se agitó y cuando Edward volvió su mirada al rostro femenino, estaba despierta.

Su rostro se ruborizó mientras le observaba en silencio.

Sin dejar de observarla fijamente, Edward bajó sus dedos hasta el primer botón de la camisa de ella y lo desabotonó.

Sintió acelerarse la respiración de Bella pero no dijo nada para detenerle.

Bajó un poco más sus dedos hasta alcanzar el botón que descansaba entre sus pechos y lo abrió también con lentitud

Con la yema de los dedos acarició el valle entre sus pechos y los ojos de Bella se cerraron.

Trémula levantó su mano y asió con fuerza la de él.

—Shh… —intentó tranquilizarla.

—No, Edward —fue su respuesta susurrada.

—Shh… tranquila… relájate —ordenó Edward con suavidad.

—No —sentenció rotunda antes de alejarse de él.

—Bella, espera —dijo levantándose para ir tras ella que se dirigía veloz hacia los caballos —¡Bella! —gruñó cuando la alcanzó acorralándola contra la yegua a la que acababa de colocarle la montura.

—Tengo que irme, Edward —gimió sin mirarle.

—Espera un momento —ordenó girándola hacia él —No tienes que irte. ¿Por qué te vas?

—No puedo quedarme.

—Hey, espera, ¿qué pasa? ¿es por lo que acaba de suceder?

—Nada sucedió —dijo volteándose nuevamente hacia la yegua.

—Espera Bella, no puedes ignorarlo. ¿Hasta cuándo lo ignoraremos?

—Te has equivocado conmigo, Edward —sentenció saltando sobre la yegua y azuzándola para volver a la casa.


Sé que todos esperaban este capítulo, así que aquí está.

Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Adelanto del próximo capítulo:

—No te he visto desde ayer por la tarde —comentó Edward rompiendo el silencio

—Rachel me invitó a comer hoy con ella y Rebecca —explicó

—Sí, me lo dijo Sue. También dijo que ayer no te sentías bien como para bajar a cenar.

—Es verdad —dijo ruborizada.

—Parecía que estuvieses huyendo de mí.

—No lo hacía.

—Bella, no tienes que huir de mí.

—Lo sé. No estaba huyendo.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de esta historia.

Besitos y nos leemos!

Calendario de Actualizaciones:

Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.